Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling!

Muchas gracias a todos los que leen el fic y sobre todo a los que se toman el tiempo de enviar Reviews!!

11 – La sombra

La noche había avanzado lenta pero consistentemente, indiferente a todo. La luna se hallaba ya cerca del horizonte y su luz se desvanecía, mientras el frescor de algunas horas atrás se mantenía gracias a la humedad. El silencio era completo a estas horas de la madrugada en el oscuro y semi-abandonado suburbio de Liverpool, un lugar que había conocido tiempos mejores y en el que la vida nocturna ya no existía.

Las farolas sucias y amarillentas que apenas iluminaban la calle fueron testigos de un ligerísimo plop seguido de la aparición de una sombra oscura que luego de unos segundos de vacilación comenzó a caminar mirando para todos lados. La figura estaba cubierta por una capa negra y una capucha. Extrañamente sus pies parecían no hacer ningún ruido pese a la suciedad de la calle, y siguió caminando hasta llegar a un edificio de dos plantas que parecía abandonado. Su frente descascarado dejaba al descubierto sus viejos y mohosos ladrillos, y sólo mostraba como detalle particular una puerta de madera salida de sus bisagras y en apariencia a punto de desplomarse si no fuera por la barra metálica que la sostenía.

La sombra permaneció frente a esa puerta unos cinco segundos hasta que repentinamente desapareció.

El edificio en cuestión parecía ser una antigua fábrica abandonada décadas atrás, casi totalmente despojada de sus viejas maquinarias. Su interior era vasto aunque dividido en secciones, y su techo se hallaba a unos diez o doce metros. La figura encapuchada avanzó atravesando las secciones que daban al frente y luego de rodear la inmensa y vacía sección principal por unas escaleras y puentes metálicos entró raudamente en una larga habitación que se encontraba en penumbras, apenas iluminada por la luz de algunas velas.

Se plantó en la puerta y miró hacia el interior. Allí encontró a un par de personas sentadas en el rincón más lejano, y cuando se iba a dirigir hacia ese lugar otra persona salió de una habitación contigua y lo encaró.

"Y bien?"

"Nada."

La persona que había aparecido lo miró fijamente. Era sensiblemente más alto que el encapuchado, y su rostro provocaba miedo.

"Has… buscado en donde te dijimos?"

El encapuchado asintió. Resignado, su interlocutor suspiró gravemente y se dio vuelta para retornar de donde había salido.

"Sígueme."

Entraron en una sala aún más extensa, aunque pobremente iluminado como el anterior. Lo único que se podía distinguir era una mesa rectangular de madera y algunas sillas ubicadas en el centro, un par de sillones mal cuidados contra una de las paredes y una alta repisa con estanterías en otra; la pared que daba al enorme espacio de la sección de abajo contenía una pequeña ventana de vidrios sucios.

Allí no había más nadie, lo que le resultaba familiar. Había estado en esa habitación varias veces los últimos meses y jamás había visto a nadie; en la otra habitación, que era como una especie de antesala, alguna que otra vez podía ver a alguien sentado en alguna de las sillas sin realmente saber quién podía ser o qué hacía allí.

"Siéntate." Le dijo el hombre en forma tajante, e hizo aparecer un vaso y una botella media llena de whisky de fuego frente al encapuchado.

"Los planes están listos, pero sin información que los alimente no servirán de mucho."

El encapuchado tomó un trago y apoyó el vaso en la mesa, mirándolo. Luego dijo:

"Pude ingresar en la casa sin demasiado esfuerzo. Las protecciones eran débiles, aunque una vez dentro no encontré nada de lo que buscábamos."

El hombre, de rasgos fofos y con algunas cicatrices en su rostro, lo miró con desdén.

"Por supuesto que debían ser débiles, era la casa de un maldito sangre impura." Retrucó con asco en su voz el hombre.

"El maldito sangre impura como tú dices tiene afectado su núcleo mágico, por eso las protecciones eran débiles."

"Y si el chico no puede hacer magia, dime entonces por qué cuatro de los nuestros fueron capturados!" Recriminó el hombre de las cicatrices, fastidiándose y golpeando la mesa con sus manos.

"No lo sabemos, debe haber recibido ayuda." Comenzó a defenderse el encapuchado, pero fue interrumpido por su interrogador.

"Ya basta! Es un asqueroso sangre impura! Por más ayuda que haya recibido..."

Esta vez fue el encapuchado el que interrumpió. "No debemos cometer los mismos errores que…" Frunció su entrecejo arrepintiéndose de lo que ibaa decir y luego corrigió: "No debemos cometer los mismos errores de antes. No debemos subestimar a nadie, menos a él."

El hombre, cuyas cicatrices en la cara eran perfectamente visibles aún a la luz de la vela, asintió con desprecio comprendiendo lo que iba a decir antes de arrepentirse. Luego continuó:

"Necesitamos información verídica y confiable. Ya casi no tenemos presencia en el Ministerio ni en ningún lugar público, y no podemos basar nuestro conocimiento en lo que publica el Profeta." Hizo una pausa, y continuó mientras caminaba de aquí a allá por la habitación.

"Si hubiéramos sabido en su momento que esos cuatro imbéciles aún se hallaban apresados en Francia podríamos haberlos rescatado antes de que los Aurores los escoltaran hasta Londres. Ahora en menos de dos días serán juzgados en una audiencia en el Ministerio y no podremos hacer nada por ellos."

"Necesitamos información, Patrichs! Sobre todo si debemos operar desde la oscuridad del anonimato en este sucio y asqueroso edificio muggle!" El hombre se había exaltado de nuevo, pero se calmó al instante.

El encapuchado lo miraba sin decir una palabra.

"Uno de tus grupos se encarga de ello. Saben cómo pasar desapercibidos, y saben cómo recabar datos. Necesitamos resultados!"

"Bien." Contestó el encapuchado cerrando los ojos. Sus objetivos no eran fáciles en estos momentos. Si bien la comunidad mágica se había "relajado" después de la caída del Señor Tenebroso, bastó que un solo muchacho abriera la boca para que ese estado de relajación diera paso a un estado de "alerta relajada", haciendo que los Aurores continuaran molestando.

Mientras se marchaba recorrendo los pasillos metálicos colgantes seguía pensado en ese maldito chico que tanto odiaba, el eje y causa de todos sus problemas. Los grupos que estaban a cargo de él eran capaces y sigilosos; al fin y al cabo había sido él quien había podido localizar la casa de Potter en Francia.

Y pese a que el idiota de las cicatrices en el rostro parecía no comprender la dificultad de su misión, coincidía en algo. Debían planificar y actuar paulatinamente, pero sin perder de vista el objetivo final: el regreso del Señor Tenebroso.

--

Algunas horas antes, Harry repentinamente notó un levísimo movimiento de Teddy, que estaba durmiendo encima de él. Fue suficiente para que abriera los ojos y mirara al bebé, chequeando que estaba bien. Tanteó los anteojos con su mano izquierda y cuando se los puso descubrió la cara de una sonriente Hermione que lo observaba de cerca.

"Hola!" Dijo la muchacha con una sonrisa en su rostro.

"Mmmmmff" Fue lo único que atinó a decir, aún desorientado por el sueño. Puso sus manos cuidadosamente sobre Teddy para no despertarlo mientras se incorporaba un poco sobre el sillón.

"Te presento a Teddy Lupin, mi ahijado." Le dijo en un susurro unos momentos después.

"Es hermoso, Harry." Hermione le pasó sus dedos suavemente por su pequeña cabecita.

"Si, verdad? Y parece que le gusta mucho dormir."

Hermione sonrió y tomó su piecito cubierto por un calcetín blanco. Harry notó cierta preocupación en el fondo de sus ojos marrones.

"Te ocurre algo?"

Su amiga arqueó sus cejas y luego negó con su cabeza. "No, sólo que al verlos no pude evitar pensar... bueno, que el destino los haya dejado sin padres. Teddy es muy afortunado de tenerte como padrino."

Harry sabía que eso no era lo que le molestaba a su amiga, pero decidió no preguntar más y agregó: "Si. Yo no pude pasar mucho tiempo con Sirius, así que haré lo posible para que eso no suceda con Teddy."

"Lo harás bien, Harry."

"Eso espero." Deseó. El bebé bostezó y emitió algunos sonidos incomprensibles para luego darse vuelta y seguir durmiendo boca arriba sobre Harry en una posición tan ridícula que arrancó sonrisas de los amigos. "Necesitaré ayuda."

Hermione lo miró intensamente y le puso una mano en su brazo, apretándoselo. Harry le sonrió con gratitud.

Unos minutos después Andrómeda se había llevado al bebé dentro de la casa, dejando a los amigos solos en el jardín.

"Harry, puedo... preguntarte algo?" Le dijo su amiga con un hilo de voz.

Por algún motivo desconocido para él se le aceleró el corazón incomprensiblemente.

"Err... piensas estar así mucho tiempo más?" Preguntó Hermione con cautela. "Es que... lo que quiero decir es que... "

Harry frunció su entrecejo. No entendía a dónde quería llegar su amiga.

"Demonios Harry! No puedes seguir viviendo en el jardín!" Completó Hermione, entre exasperada y divertida.

El muchacho observó su juego de living completo, y tuvo que reconocer que era ridículo.

La chica sacudió su cabeza, impotente. "De cualquier manera, dime, cómo te fue?"

"Bueno, a decir verdad..." Contestó, intentando poner un poco de suspenso. "Bien, eso creo."

"Eso creo? Sólo bien?"

"Endemoniadamente bien!" Dijo Harry sonriendo. "Me mantuvieron volando casi dos horas y he atrapado la snitch en varias oportunidades. Mi nueva escoba es fantástica, aunque nunca estuve tanto tiempo volando. Acabé agotadísimo."

Hermione lo miraba con un gesto de impaciencia exasperada.

"Qué?" Le dijo Harry.

"Y?"

"Y qué Hermione?"

"Que si lograste obtener el puesto de reserva Harry!"

"Oh! Pues... sí pero no por ahora."

Ante la incomprensión de su amiga, agregó: "Me dijeron que el puesto era mío pero que si iba a cursar en Hogwarts tendría que esperar a que termine mi último año."

Hermione no comprendía, y ahora era Harry el que ponía los ojos en blanco.

"El campeonato de Quidditch no acepta jugadores que aún estén cursando el colegio, debido a las cuatro o cinco prácticas semanales y a los partidos de temporada que ocupan la mayor parte de los fines de semana."

"Y ya te dijeron que no?"

"No, me dieron tres días para decidir y responderles."

"Creía que tenías decidido no asistir a Hogwarts este año."

"No es cierto, te dije "no lo creo", además me tomaré esos días para decidir otras cuestiones aparte del colegio." Harry aún debía decidir dónde viviría y si comenzaría su carrera de Auror, lo que también le imposibilitaría jugar en el Puddlemere.

Hermione se quedó pensativa. "Y tu carrera de Auror?"

Harry abrió los ojos sorprendido, ya que había pensado en ello un segundo antes.

"Qué hay con eso?"

"Ya sabes que debido a todo lo que hiciste y a que derrotaste a Voldemort no te pedirán los Éxtasis, pero..."

"Lo sabía!" Rió Harry. "Sabía que insistirías!"

"Es que es verdad Harry! Tienes más experiencia y talento que cualquier Auror del Ministerio, pero obtener los Éxtasis te ayudarán muchísimo en tu carrera. Y no estoy hablando sólo de lo que puedes aprender."

El muchacho la miró. Ella realmente deseaba que asistiera a su séptimo año. Ese fue el único motivo por el que no había aceptado aún el puesto de buscador reserva. De hecho, tanto Duncan como Benjy se habían sorprendido tanto por las dudas de Harry que le ofrecieron pensarlo por tres días.

Hermione lo observaba con su típica mirada calculadora mordiéndose el labio inferior, y le preguntó:

"No entiendo aún por qué no aceptaste el puesto."

Definitivamente su amiga lo estaba asustando, si no la conociera creería que estaba utilizando legeremancia con él.

"Yo... ya te lo dije, quiero pensarlo bien." No quería que ella se sintiera culpable, pero sabía que no había manera de engañarla. Hermione lo miraba aún con los ojos entrecerrados y su cerebro trabajando. Harry sonrió.

"Déjalo, quieres? No busques más razones!" Dijo, provocando una mirada de incredulidad actuada y una sonrisa en su amiga.

La noche acababa de desplazar los últimos atisbos de los reflejos del sol. Era tan plácida y estrellada como la noche anterior aunque un poco más húmeda, menos fresca y los grillos parecían rodearlos con sus chirridos.

Se había hecho silencio entre ellos, un silencio cómodo y confortable que Harry estaba disfrutando mucho. Siempre fue adepto al silencio, quizá por su carácter solitario y taciturno, y una de las cosas que siempre le había gustado de Hermione era que ella parecía comprender esa necesidad suya.

Ambos miraban las estrellas sentados en sus respectivos sillones sumidos en sus pensamientos. Él en los suyos y ella... bueno, él seguía creyendo que su amiga estaba preocupada o molesta por algo. En un momento determinado, cruzaron miradas y por algún motivo ninguno de los dos pudo (o quiso) romper el contacto. Harry comenzó a sentir esas extrañas e impropias sensaciones dentro de él que últimamente sentía con su amiga.

"Traeré algo de beber. Quieres una cerveza u otra cosa?"

"Una cerveza está bien Harry, gracias."

Unos minutos después, volvió con dos botellas en la mano y unos vasos, y se sentó en el sillón grande. Acercó la mesita y apoyó todo allí, y luego de servir los vasos le ofreció uno a Hermione, la cual se levantó y se sentó a su lado.

Luego de un buen rato de charla liviana y tragos de cerveza, Hermione se recostó sobre su costado en el sillón apoyando su cabeza en las piernas de Harry. Éste se sorprendió aunque no dijo nada, e intentando controlar sus deseos de acariciarle el cabello se animó y preguntó:

"Entonces, de quién estás huyendo?"

La pregunta tomó de sorpresa a la muchacha, y si bien no podía verle la cara (ya que miraba hacia el jardín) se la imaginó levantando las cejas.

"Quiero decir, estás aquí conmigo, no?"

"No huyo de nadie Harry!" Dijo en forma terminante para luego continuar con un tono de voz más suave. "Hacía mucho que no hablábamos, y… bueno es que éramos muy jóvenes y luego aparecieron los problemas. Ya sabes, Voldemort, la profecía, los mortífagos, los horcruxes. Recuerdo que sólo hablábamos de eso, y ahora que todo terminó… sólo... me gusta estar contigo, eso es todo."

Ahora fue Harry el que arqueó las cejas. Hermione parecía mucho más afectuosa de lo normal con él ahora, y no dudaba en demostrarle su cariño. Quizá su amiga siempre había sido así y él nunca se había dado cuenta. Él había cambiado desde que estuvo en Francia; quizá su amiga se animaba a ser más demostrativa que antes por ello.

Sin haberse dado cuenta Harry se descubrió acariciando el cabello de Hermione, y a ella parecía gustarle por sus casi imperceptibles gemidos. Su corazón latía con fuerza.

"Te has peleado con Ron, cierto?"

Hermione se incorporó y lo miró. Suspiró mirando al césped y después de un rato dijo:

"Parece que sí. Ni siquiera sé por qué. Lo cierto es que le pedí algo y por algún motivo comenzó a disgustarse. Luego yo comencé a disgustarme y... en fin, terminamos peleándonos por..." Hermione se interrumpió a sí misma y observando de nuevo a su amigo le preguntó: "Y tú como lo sabías?"

"Yo..." No sabía qué decir. Cerca del final de su prueba en el Puddlemere se hallaba descansando un par de minutos con sus ojos cerrados cuando una breve y borrosa imagen de su amiga había aparecido en su mente, aparentemente discutiendo con alguien. Pero no podía contarle eso, quizá sólo era alguna especie de recuerdo, aunque ya le había pasado antes.

"Pues lo vi en tus ojos desde que me desperté y te vi." Completó Harry congratulándose, ya que no era una mentira del todo.

Aparentemente satisfecha con la explicación de Harry, volvió a su posición anterior con su cabeza sobre las piernas de su amigo, esta vez mirando hacia arriba.

"No estoy aquí por eso Harry. Quise saber cómo te había ido en la prueba."

"Oh. Pensé que me habías dicho que te gustaba estar conmigo." Agregó, jugando.

Hermione sonrió mirándolo con ternura.

"O quizá temes que me vaya de nuevo." Dijo, esta vez sin jugar.

A su amiga se le borró la sonrisa de su cara. Le acarició el rostro con su mano y contestó: "Aún sigues sin creer merecer el afecto de nadie, verdad?"

Harry se incomodó y suspiró. Su amiga tenía la costumbre de "leerlo" como ninguna otra persona que él conociera. Se sintió un poco expuesto ante ella pero no dejó de mirarla y disfrutar de la caricia en su rostro.

"Tus tíos han hecho estragos con tu autoestima, Harry, pero te aseguro que te mereces mucho más de lo que piensas. Y te lo digo de nuevo: me gusta estar contigo."

--

Menos de dos días después, a las ocho de la mañana en punto, Harry volvía a entrar al Ministerio de Magia acompañado por Bill, Fleur y Arthur. A diferencia de sus visitas anteriores en esta oportunidad apareció en el Atrio por una de las chimeneas conectadas a través de la red floo. El Ministerio le producía sensaciones ingratas, ya que siempre había estado allí por cuestiones ingratas, desde su primera vez (una audiencia por utilizar su Patronus para salvar a él y a su primo de dos dementores) hasta las últimas veces en las cuales se practicaron los juicios y sentencias a los mortífagos capturados durante la última guerra contra Voldemort y a los acusados de colaboración con dicho nefasto régimen; no podía olvidar además sus dos irrupciones en el Ministerio, una engañado intentando salvar a Sirius y la otra durante la guerra, en búsqueda desesperada del horcrux de Voldemort.

Ahora nuevamente debía asistir a una de esas odiosas audiencia, aunque esta vez la víctima había sido él mismo. Los cuatro mortífagos capturados en Francia habían sido trasladados la noche anterior por los Aurores del Ministerio desde el país vecino, y enfrentarían seguramente su destino en Azkabán. Según le comentaron, él no vería a los acusados en ningún momento y el Wizengamot sólo le haría preguntas al igual que a sus dos testigos Bill y Fleur.

Raudamente comenzaron a dirigirse hacia los ascensores. Harry seguía de cerca a Bill y Arthur, caminando al lado de Fleur, y notaba las miradas curiosas y de admiración de las personas que se hallaban en el Atrio.

"Mis encantos Veela están llamando mucho la atención, no es así?" Dijo Fleur socarronamente codeando a Harry.

Una vez que sus varitas fueron registradas por Eric, pasaron por al lado de la nueva fuente del centro del Atrio inaugurada unos meses atrás: una serie de pequeñas representaciones de construcciones semi-destruidas que representaban la destrucción del mal, y una enorme estatua de un mago (varita en mano) que se alzaba sobre la destrucción. A Harry siempre le había parecido más decente que las anteriores, sobre todo la última versión que lamentablemente recordaba muy bien.

Al llegar a los ascensores de puertas doradas se sorprendió al ver una cantidad enorme de personas esperando a subirse en ellos. Después de un buen rato, pudieron subirse a uno de ellos junto a unas cuantas personas más. Descendieron en la novena planta, en donde se hallaba el Departamento de Misterios, y luego de bajar las escaleras llegaron a la Sala del Tribunal, otro de los lugares que le traían malos recuerdos.

"Espera aquí, Harry. Te avisaré cuando te llegue tu turno." Le dijo Arthur, entrando a dicha sala. Como ahora era Subsecretario del Ministro tenía vía libre para entrar en casi cualquier lugar del Ministerio.

Harry esperó pacientemente. No estaba nervioso como la audiencia de hacía ya varios años ya que no había roto ninguna regla y era mayor de edad, conocía a unos pocos miembros del selecto jurado de magos y hechiceras, y definitivamente se había ganado el respeto de la mayoría de ellos. Sin embargo enfrentarse de nuevo al Wizengamot le producía cierto escozor en su cuerpo.

Pero había algunos a los cuales deseaba enfrentar de nuevo por haberlo tratado de "demasiado temperamental" y "paranoico" durante los juicios a los mortífagos capturados. Ansiaba verles la cara y demostrarle con hechos que él no estaba equivocado, que los mortífagos seguirían activos. Había ido más allá todavía en sus sospechas, lo que hizo que se ganara esos y otros adjetivos más, no sólo de algunos miembros del Wizengamot sino también de algunos periodistas.

Su cara, empero, debía transmitir cierto nerviosismo ya que Bill le puso una mano sobre su hombro y lo intentó calmar.

"Tranquilo Harry. No tienes de qué preocuparte, al fin y al cabo les demostraste que tenías razón. Además Fleur y yo atestiguaremos para que no queden dudas."

Harry sonrió agradecido. Era bueno tener apoyo en ese momento, y mejor aún testigos más confiables que la señora Figgs. Su testimonio había sido importante durante su audiencia del caso de los dementores pese a que muchos miembros del jurado no la habían tomado en serio, pero había sido Dumbledore quien había logrado que lo liberaran de todos los cargos.

Media hora después Harry tenía que darle la razón a Bill aunque no había quedado conforme, y en cuanto salió por la puerta de la Sala una muchedumbre de periodistas se abalanzó contra él y comenzaron a atosigarlo con infinidad de preguntas acerca de lo que realmente había sucedido en Francia y lo que le habían preguntado durante la audiencia. Ya con cierta experiencia sobre sus hombros los atravesó sin contestar ninguna de ellas, flanqueado por Bill y Fleur y luchando por sacarse de encima los brazos y plumas que lo rodeaban y entorpecían su salida. Una vez que atravesaron la guardia de los periodistas Harry se sorprendió al ver a Molly, George, Neville y su abuela parados a unos cuantos metros del asedio de reporteros, aunque esperaba que Ron y sobre todo Hermione estuvieran allí.

"Hola Harry!" Gritó la señora Weasley extremadamente ansiosa. "Dinos cómo les fue allí dentro!"

"Madre, dale un respiro quieres?" Contestó Bill por Harry.

"Hola Neville!" Saludó Harry a su amigo con un abrazo. "Hola señora Longbottom."

La abuela de Neville le devolvió el saludo de manera altiva. La señora podía caerle mal a cualquiera por su rigidez de modales y su carácter exigente, pero a Harry le caía bien ya que finalmente su nieto la había hecho sentir orgullosa, y pese a su edad estuvo presente en la batalla de Hogwarts; además siempre había estado a su favor (algo que muy pocos podían reclamar) y nunca se había perdido una audiencia suya.

"Dime, hijo, les diste su merecido?"

Harry sonrió ante el eterno espíritu de lucha de la señora. "Eso intenté, pero creo que aún no me creen demasiado."

"Bah! No les des importancia! Son una junta de buenos para nada que no reconocerían un mortífago ni por accidente." Dijo la señora Longbottom apoyándolo.

"Cierto." Replicó parcamente George mientras Molly asentía un poco descepcionada. De pronto Arthur apareció de la nada y saludando a su esposa dijo:

"Harry, Kingsley quiere verte en su oficina en cinco minutos. A ustedes dos también." Concluyó señalando a Bill y a Fleur. "Andando."

Harry se despidió apresuradamente de Molly, George y la señora Longbottom. Neville lo tomó de un hombro y le preguntó:

"Oye Harry, Seamus me dijo que te recordara lo de esta noche. Vendrás, cierto?"

"Claro, ahí estaré. Nos vemos en las Tres Escobas!"

Luego de bajar del ascensor en la primera planta, Harry y los demás se dirigieron al despacho del Ministro. Y al entrar no debieron aguardar que los anunciaran ya que Kingsley estaba allí esperándolos parado al lado del escritorio de su secretaria. Una gran pintura del Ministro colgaba sobre la puerta que daba a su despacho.

"Por aquí." Dijo sin más preámbulo, señalando otra puerta. Entraron a una sala con una enorme y ovalada mesa de la misma madera brillante que el piso del Atrio. Las paredes estaban atiborradas de pinturas de antiguos personajes y el techo brillaba por sus incontables adornos de oro. Harry no pudo dejar de notar que a diferencia del resto del edificio esa sala tenía paredes blancas, las cuales hacían más acogedor y luminoso el ambiente.

Una vez que todos estaban sentados, aparecieron sobre la mesa copas de vino élfico y unos pequeños platitos de porcelana con bocadillos. Harry sonrió internamente al imaginarse a Hermione con los brazos cruzados y negándose a probar bocado en apoyo a su P.E.D.D.O.

La puerta se abrió y entraron tres magos vestidos de capa y de aspecto muy serio. Harry conocía bien a uno de ellos.

"Ahora sí. Ellos son: Gawain Robards, jefe de la Oficina de Aurores. Zewen Flennon, jefe del recientemente creado Registro de Magia Oscura. Y Dullus Robbin, jefe del Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica (D.A.L.M.)."

Los tres personajes asintieron al ser presentados por Kingsley. Harry había tenido cierto trato con Robards y lo consideraba sumamente capaz, aunque reacio a considerar teorías que no encajasen con su parecer, algo que él consideraba impropio de un Auror.

"Tanto el Registro de Magia Oscura como la Oficina de Aurores dependen del D.A.L.M., por lo cual Robbin quiso estar presente." Siguió hablando Kingsley. "Como bien sabes, Arthur, el Registro se ha creado unificando distintas oficinas del D.A.L.M., y creemos que será muy útil en la investigación sobre lo sucedido últimamente."

"He decidido tener una reunión con ustedes ya que son los únicos sobrevivientes de la Orden del Fénix. Y Harry está por cuestiones demasiado obvias como para enumerarlas."

"Sólo falta Aberforth." Se lamentó Bill. Harry se maldijo, recién ahora había recordado que quería ir a visitarlo a su taberna.

"Aberforth Dumbledore ha decidido ocuparse de su taberna y por ende desligarse de estos quehaceres, lo cual respeto profundamente." Contestó el Ministro, para luego continuar.

"Estamos aquí para analizar concretamente los sucesos de Francia y otros más ocurridos aquí en Inglaterra. Además creo positivamente que los Aurores y la Fuerza de Choque debe compartir información y colaborar con lo que queda de la Orden… y viceversa."

"Creí que el Wizengamot había sido suficientemente claro al respecto: no hay pruebas de que haya actividad mortífaga…" Comenzó a decir Bill, pero fue interrumpido por el Ministro.

"El Wizengamot pertenece al D.A.L.M., pero se les ha conferido independencia en su poder de administrar justicia y en su proceder."

"Anteriormente las distintas oficinas encargadas de la seguridad e inteligencia han mostrado reticencias en cuanto a compartir información y trabajar en conjunto, en parte debido a la ambición de poder de sus dirigentes. Esos errores del pasado no deben volver a cometerse."

Luego de un buen rato de silencio, el jefe de los Aurores opinó:

"De acuerdo. En principio la Oficina de Aurores no tiene información o pruebas que indiquen actividad mortífaga. Hasta ahora lo de Francia fueron casos aislados en cuyas investigaciones no podemos interferir ya que no tenemos jurisdicción en aquel país."

Kingsley pasó su vista de Robards a Flennon.

"El Registro de Magia Oscura tampoco tiene pruebas contundentes al respecto, aunque debo decir que nuestros nuevos dispositivos aún no funcionan como queremos. Lo único que pudimos obtener hasta ahora son tenues rastros de magia negra en el sur de Inglaterra."

Luego de considerar las opiniones de ambos, Kingsley meditó un par de minutos y continuó.

"Robbin, puedes hacer que las investigaciones del Ministerio Francés lleguen al D.A.L.M. directamente?"

El jefe del Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica ni siquiera esperó un segundo para responder. "No. Cooperación Mágica Internacional recibe dicha información y no se resignarán a perder esa fuente."

"Me lo temía. Sería muy beneficioso tener una oficina de Aurores que realicen actividades en el extranjero, no es verdad?" Dijo el Ministro, mirando al jefe del D.A.L.M. y guiñándole un ojo.

Robbin apenas sonrió un par de segundos y luego su rostro adoptó sus acostumbrados rasgos de piedra. A Harry le pareció extraño que hablaran de esa posibilidad frente a ellos.

"Entonces Bill, me has dicho que en el Ministerio de Magia Francés no pudieron relacionar los dos ataques sufridos por Potter."

"No. En realidad no tienen recursos suficientes como para realizar una investigación decente."

"Entonces no debemos esperar ninguna conclusión fehaciente de ellos." Agregó Flennon parcamente.

"Lo que nos lleva a lo que hemos estado analizando desde hace días. Hasta que no tengamos más pruebas de actividad mortífaga no es necesario seguir investigando los hechos de Francia." Dijo el jefe del D.A.L.M.

"Pues... existen rastros de magia oscura detectados..." Comenzó a decir Flennon pero fue tajantemente interrumpido por el adusto Robbin.

"Eso no es suficiente! Los rastros de magia oscura no significan necesariamente actividad oscura. Si rastrean en el callejón Knockturn sus dispositivos se volverán locos."

El jefe de los Aurores, Robards, asintió levemente, pero Flennon no parecía satisfecho. Y Harry mucho menos; Robbin, como jefe del Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica, no podía ser tan reticente a tener en cuenta hechos que no podían ser pasados por alto. Y ya no pudiéndose contener más finalmente se metió en el debate.

"Entonces usted quiere decir que lo que ocurrió en Francia fue aleatorio."

Robbin levantó las cejas sorprendido por la irrupción del muchacho, y se quedó observándolo detenidamente con un dejo de soberbia que molestó mucho a Harry.

"Potter, se trató de dos ataques diferentes de los que no se puede concluir que hayan sido coordinados. Han existido infinidad de ataques de este tipo a lo largo de los años."

"El segundo ocurrió al día siguiente del primer ataque. Qué probabilidad hay que yo sufra dos ataques dos días seguidos?" Espetó Harry con la mayor frialdad posible.

"Mínima, pero posible." Agregó escuetamente Robbin.

"Dos ataques de dos mortífagos cada uno, dispuestos a matar en un país extranjero. Veo que tampoco le sugiere nada."

"Y qué es lo que me tiene que sugerir, Potter?" Ahora el clima se estaba tensando al máximo.

"Los seguidores de Voldemort normalmente llevaban a cabo sus ataques en grupos de dos. Y se tomaron unas cuantas molestias para llegar a Francia sin ser registrados ni detectados y encontrarme." Aclaró Harry, con su furia apenas contenida entre sus dientes.

Robbin frunció su entrecejo por una décima de segundo, lo suficiente como para que Harry se diera cuenta de que sus palabras tuvieron su impacto en el jefe del D.A.L.M.

"Te han atacado porque eres Harry Potter. Eso no significa que haya actividad mortífaga, sólo fueron dos ataques dirigidos a tu persona." Ahora era Robbin el que levantaba temperatura, no dispuesto a dejarse avasallar por un chico de dieciocho años.

Harry cerró los ojos del fastidio. "Y por qué piensa usted que los cuatro mortífagos se arriesgarían a matarme en un país extranjero, sabiendo que Voldemort fue derrotado?"

"Porque eres Harry Potter y te quieren ver muerto!" Espetó Robbin.

"Ya no responden a Voldemort! Han sufrido las bajas de sus integrantes más poderosos, y saben que los Aurores y los Grupos de Choque siguen activos buscándolos! Por qué me quieren ver muerto y arriesgarse a terminar en Azkabán?" Harry se esforzaba por no levantar la voz.

Los demás asistentes sólo atinaban a mirar de un lado al otro de la mesa, temiendo que el fuerte carácter de Harry y de Robbin dirija la discusión a niveles bíblicos.

"No lo sé, Potter! No tengo mentalidad de mortífago!"

"Se arriesgaron a matarme la primera vez. Y cuando fracasaron, otros dos intentaron lo mismo al día siguiente! Acaso no lo ve? No se trata de una acción aleatoria y casual! Hubo planificación y coordinación detrás de los ataques!"

"Imposible! Realmente crees que siguen organizados? Y a quién responden? Dime Potter! A Vo... Vo... Voldemort que los dirige desde el más allá?" Robbin estaba furioso, y se había parado apoyando sus manos en la mesa con un golpe.

Harry también estaba enojadísimo, pero permanecía sentado y sin gritar. "Por supuesto que no. Nosotros sabemos que Voldemort está bien muerto, eso se los puedo asegurar. Pero ellos pueden no saberlo."

"QUÉ?" Gritó Robbin desencajado; tenía sus ojos muy abiertos, seguramente a causa de tamaña revelación. "Todos saben que está muerto! Todos vieron su cadáver y su incineración! Todos! TODOS!"

Harry se permitió una media sonrisa mentras se tomaba la frente con una mano ya que veía venir una jaqueca. Luego respondió, bajando la voz:

"Cuando Voldemort regresó la primera vez, los convocó y les recriminó que no hubieran creído que él volvería y que no hubieran hecho nada por buscarlo. Lo sé porque yo estuve allí. Los torturó a todos y los amenazó con matarlos por no haber creído que él era inmortal."

Esta vez Robbin no abrió la boca, y quizá ya se estaba imaginando hacia dónde apuntaba el muchacho. Los demás seguían callados y muy atentos lo que contaba Harry.

"No veo por qué los mortífagos darían por muerto a Voldemort." Harry ahora hablaba tranquilo, con el convencimiento de saber lo que seguramente estaba ocurriendo. "Por terror o por devoción, probablemente crean que su amo regresará nuevamente."

El silencio en la mesa era abrumador. Robbins terminó por sentarse aunque sin dejar de mirar fijamente a Harry. Se veía en su marcado rostro que su cerebro seguía maquinando.

"Y... cómo sabes que Vo... que Vo... que él está muerto? Porque definitivamente está muerto, verdad?" Preguntó Flennon acobardado y aún intimidado por la discusión.

Harry sólo asintió. No tenía pensado divulgar lo que él sabía sobre los horcruxes y las reliquias de la muerte. Luego de algunos momentos de tenso silencio, el Ministro suspiró y decidió hablar.

"En ese caso, además de continuar en alerta y perseguirlos, lo más apropiado sería... intentar convencerlos de que Voldemort no retornará nunca más."

Robbin frunció su entrecejo en señal de incomprensión, mientras que Flennon y Robards asintieron levemente. Arthur fue el primero que reaccionó ante tan descabellada pero lógica proposición.

"Quieres decir... publicidad?"

"Es una posibilidad. Quiero que trabajen en ello buscando alternativas."

"Qué diferencia hay? De una forma u otra..." Comenzó a criticar Robbin, pero fue abruptamente cortado por Kingsley.

"Si supieran que Voldemort no va a regresar serían mucho menos peligrosos que actuando coordinadamente. Si Harry tiene razón, no sólo él estará en peligro."

A esta altura Harry ya no prestaba atención. La política y sus manejos lo aburrían enormemente. Su mente en cambio estaba fija en las Reliquias, y en especial en una de ellas.