N/A: ¡Gracias por seguir allí! Tuvimos problemas con el proveedor de Internet y casi
me da una crisis nerviosa. Mil perdones. ¡Ya regresé!
Reunión
Starlight Glimmer se incorporó de su rincón con el recuerdo amargo de la escaramuza
en forma de dolor a lo largo de toda la espina. Pero no solamente le mortificaba el
cuerpo. Si sus oídos no le traicionaban, Twilight parecía conocer por nombre a quien,
momentos antes, le había propinado una tremenda coz, ¿cuándo pensaba decírselo?
¿Cuándo ya le hubiese roto los huesos? Y todo el mundo parecía embelesado en la
contemplación de esa pequeña y pálida unicornio que ahora se erguía ante ellos. ¿Así
que todos sabían quién era?
- ¿Twilight…? – Sunset se atrevió por fin a articular palabra, no sin dificultad. Su
lengua se movía con cierta torpeza, como si hubiese bebido demasiado. Resopló con
fuerza como para despertarse de un muy mal sueño. Lo que oyó le sobresaltó. Era el
resuello de un caballo, claro, ¿qué esperaba? Se tomó unos segundos como para intentar
pensar con claridad. Le resultaba extraño hallarse dentro del cuerpo de un pony después
de tanto tiempo; ahora su audición volvía a ser aguda y su visión, pobre. Había olvidado
que los potros deben ladear el rostro para enfocar con claridad; había olvidado que el
equilibrio se sustentaba con cuatro patas de un solo dedo. Había olvidado el golpeteo
potente del pecho proveniente de un poderoso corazón; había olvidado que todo su
exterior, cubierto de pelo, era capaz de sentir el paso etéreo de las imperceptibles brisas
cargadas de polen, y estremecerse ante el más ligero cambio de temperatura. Empezó a
degustar nuevamente el inmenso abanico de aromas capaz de percibir y sofocó el
remanente de nervios con un solo golpe de cola. Algo pesaba en su frente; algo que le
otorgaba dignidad. Reconoció nuevamente el denso marfil de su cuerno.
Instintivamente, también, golpeó el suelo de mármol con su pata delantera y todos
supieron que la ansiedad se agitaba dentro de su cuerpo, como un espíritu ajeno que
acaba de encarnar en un ser nuevo.
Fluttershy se conmovió hasta las lágrimas; Sunset era como los retoños de unicornio
cuando apenas aprenden a andar. Hacen todo a la vez; se beben la vida de un sorbo. Y
eso estaba haciendo Sunset: desplegando su esbelta estampa con cada una de sus
articulaciones. Como quien estira todo su cuerpo al despertar después de un intenso e
interminable sueño. Eso parecía haber sido su realidad en los últimos tiempos; un eterno
y monótono sueño, colmado de limitaciones.
- No puedo creer lo que ven mis ojos… - Twilight se aproximó, con cuidado. – Estaba
convencida que desde algún tiempo el portal a ese reino se había cerrado. ¿Cómo
llegaste hasta aquí? ¿Cómo sé que eres tú quien dices ser?
Starlight frunció el entrecejo, más disgustada que aliviada. Además del sinnúmero de
preguntas sin respuesta que ahora merodeaban en su mente, nadie parecía recordar que
esa advenediza le había tratado muy mal.
El incidente parecía haber alejado a Starlight del ojo de la tormenta anterior, pero si bien
le había valido como distracción, la verdad es que no le resultaba nada gracioso. Allí se
respiraba una suerte de hermetismo respecto a ciertos asuntos que la mantenía excluida
de un modo terminante. Nadie le había hablado antes de esa tal Sunset… o como se
llame. ¿Cómo estaba eso de ese otro reino? ¿A qué se refería? ¿Hablaba de Equestria, o
había más datos subrepticios? ¿De dónde veía? ¿Era peligrosa? Y con peligrosa, el
parámetro de Starlight apuntaba muy alto. Siendo una experta en magia, que
avergonzara incluso a veces a su devenida instructora, lo único que podría crisparle los
nervios sería una unicornio más habilidosa. ¿Sería éste el caso?
¿Y qué con Twilight? ¿Así que esperaba ser acreedora de su absoluta confianza
reservándose información? ¿Qué clase de amistad sería esa? Starlight acechó a la recién
llegada con desconfianza, como olfatean los perros de caza antes de decidir si lo que
tienen delante es perjudicial o no. Luego arrojó una mirada extrañada a su amiga Trixie;
ella le observaba estupefacta. Obviamente era quien menos comprendía los hechos.
Sunset cogió aire, emocionada. Intentaba dejar de temblar; por fin el maravilloso aire de
Equestria le colmaba los pulmones, rejuveneciéndole. La alegría era incalculable. Lo
había logrado. No sabía cómo, pero estaba en casa.
- Si quieres saber si soy quien crees, hazme cualquier pregunta. – respondió, con sentido
común.
Flash, que desde el tremebundo chillido del corno había quedado aturdido, espiaba,
petrificado, con la boca abierta. Allí había caballos hablando. Y no diciendo tonterías,
precisamente; incluso parecían más sensatos que él mismo. No se había atrevido a
mover un músculo y el pasmo le otorgaba un aire perturbado muy peculiar. Como si
habiendo estado durmiendo en su cama, una mano fantasmal le hubiese tomado los
tobillos. No había rostro más estremecido de terror. Todavía no se había despegado del
suelo, y tampoco habría sabido cómo hacerlo, dado lo irracional de las circunstancias.
- Muy bien... – Twilight se acercó más; no parecía percibir ningún peligro – Quiero que
me digas qué nos sobresaltó en casa de Pinkie a media noche.
- ¿En mi casa? – Pinkie brincó – No tengo nada que sobresalte. Excepto los payasos
siniestros en paquetes de regalo. ¡Oh! Y las tarántulas falsas. Y el refrigerador de
cerebros. Y la pony de las Sombras.
Twilight insistió, ignorando el cuchicheo a sus espaldas.
- ¿Y bien?
Sunset sonrió.
- ¡Maud! ¿Quién podría hallarla en la oscuridad y no aterrarse?
- ¡Por el gran Reino de Equestria! – Twilight gritó, eufórica. Se aproximó
definitivamente, casi lanzándose sobre ella. No podía contener la sorpresa. - ¡No es
posible! ¡No es posible!
Sunset echó a reír afirmándole una y otra vez que lo que veían sus ojos no era un
espejismo. Y cuando la exaltación se apoderó de las dos, comenzaron a girar en
redondo, brincando y soltando exclamaciones como dos colegialas inmaduras a punto
de conocer a alguna estrellita del rock.
Las amigas de Twilight soltaron el aliento, aliviadas. Rainbow ordenó descanso a sus ya
tiesos aprendices. Aunque la mitad de los presentes aún no entendieran nada, la
tranquilidad de la Princesa Twilight era garantía de seguridad.
Applejack, Rarity y Dash fueron las primeras en hociquear más de cerca a la visitante.
Habían oído de Sunset, le habían visto unos escasos segundos en el pasado, pero todo
cuanto pudieran poseer en sus recuerdos no bastaba para hacerles sentir que no la
estaban conociendo apenas en ese momento. Por primera vez le miraban a los ojos, por
primera vez resguardaban el sonido de su voz en la memoria. Por primera vez cotejaron
todo cuanto creían saber con la imagen viva que ahora tenían ante sus ojos, y por
primera vez, Sunset Shimmer dejaba de ser historia, para convertirse en presente.
Nada de esto escapó a los ávidos oídos y mirada de Starlight. Al parecer, ofrecerle una
cálida bienvenida a la advenediza era más importante que explicarle a ella los detalles.
A ella, que en breves horas sería proclamada Aprendiza de Princesa. A ella, que debía
velar por su conocimiento y edificación intelectual, y por el bien de Equestria. Bien,
perfecto, si así comenzaban las cosas…
- Así que… por fin te conocemos… - Applejack, impunemente frontal, fue la primera de
las amigas de Twilight en dirigirse a Sunset, cara a cara. – Eres la famosa Sunset
Shimmer.
"Famosa…", pensó Starlight, dando un respingo.
Qué hermosa es tu melena. – observó Fluttershy, conciliadora. Apenas fue capaz de
sostenerle la mirada. Sunset reconoció en ella a su compañera de escuela, la que sufriera
por su causa infinidad de veces. El parecido era atroz. Es más, ahora que paseaba su
mirada sobre todas ellas, tomaba realmente en cuenta la dimensión de las maravillas que
parecían conectar ambos mundos. Applejack, Dash, Pinkie,… eran ellas,…y a la vez no.
Increíble.
Pero Fluttershy le dolió. Y a pesar de que no fuesen la misma alma, Sunset se conmovió
a actuar para con ella con especial atención.
- Pues yo creo que tu melena es algo inusual y encantador. – dijo. Fluttershy alzó la
vista y sonrió. – No tengo memoria de haber visto una igual. Es evidente el cuidado que
le das a las cosas. Debes ser muy solícita y amable.
Applejack le echó una mirada a Twilight. Para ser sus primeras palabras, Sunset parecía
ser muy agradable. No había rehuido de la mirada directa de la campirana, no mostraba
nerviosismo. No había dado paso atrás ni daba indicios de ocultar algo. Twilight supo
adivinar la consternación de Sunset y su deseo de enmendar sus actos, aunque los
hubiese perpetrado en ese otro reino y no en Equestria. Se dio cuenta, que Sunset había
llegado a la conclusión de que el mejor camino para con ellas, sería la transparencia.
Pero no dijo nada; antes bien, se regocijó su alma, ya que los efectos de la amistad
parecían haber torneado su carácter muchísimo más de lo que se esperaba. ¡Celestia
estaría tan feliz de saberlo…! Si es que Celestia…
Tales pensamientos le arrancaron por un momento de la felicidad que estaba viviendo,
arrostrándole otra vez a sus sospechas y angustias. Recordó el cofre con la tiara oculta
bajo el plumaje de su ala. Pero Starlight Glimmer se encargó de regresarla al aquí y
ahora con un fuerte carraspeo.
- Ehm… Me parece descortés no ofrecer una presentación. – sentenció, en voz alta. Se
hallaba de pie, a cierta distancia, pero no parecía tener intenciones de acercarse al
grupo. – Mi nombre es Starlight Glimmer. Soy alumna de la Princesa Twilight Sparkle
asignada especialmente por Celestia y futura Aprendiza de Princesa Real.
Los ojos se Sunset se abrieron, admirada. Jamás le habían contado nada al respecto,…
aunque cierto era que la comunicación entre ambos reinos se había visto trunca.
- ¡Oh! ¡Hola!
Starlight prosiguió, con desdén.
- ¿Y tú eres…?
Pinkie se entrometió.
- ¡Sunset Shimmer! Una alumna favorita de Celestia, que descubrió el pasaje a otro
mundo, robó la corona de Twilight con el elemento de la Armonía y desató una guerra.
¡Fue redimida por Twilight en su viaje a través del espejo, se hizo amiga de las amigas
de Twilight, venció a la magia oscura en ese reino alterno y redimió a la otra Twilight
Sparkle para que pudiera unirse a sus amigas y ser todas más amigas y ahora dejó a
todas sus amigas para venir a ser amiga de nosotras!
Starlight hizo rodar la mirada, pero antes de que pudiera añadir nada, Trixie saltó a su
lado.
- ¡Ja! ¡Sí, pero ella es la grandiosa y todopoderosa hechicera heredera de la corona
de…! De….de… - se volvió hacia Starlight – No me has dicho en Princesa de qué vas a
convertirte.
- Ella es mi alumna en materia de Amistad, por el momento. – intervino Twilight. Intuía
que si no se inmiscuía la conversación podría derrapar hacia cualquier sitio. – Starlight,
ella es Sunset Shimmer, una muy querida amiga. Ambas han pasado por situaciones
difíciles. Estoy segura de que cuando se conozcan, hallarán múltiples puntos en común.
Starlight torció el gesto. Sunset pudo leer el mensaje y enlistó su defensiva,
instintivamente. No había que ser un genio para percibir la rispidez. Twilight creyó
conveniente cambiar el foco de atención.
- Ellos son los Aprendices Wonderbolt que Rainbow tiene a su cargo. – comentó a
Sunset, continuando con el ritual de presentación. – Son buenos chicos. Rainbow es
ahora miembro titular del Escuadrón. Ha logrado mucho en la Academia en estos
últimos años, tiene mucho talento.
Sunset saludó con una inclinación de cabeza. Obtuvo la misma respetuosa respuesta.
- Intuyo que adivinas el nombre de todas mis amigas. - Twilight sonrió, y recorrió al
resto con un gesto. – Allá tienes a Coco Pommel, Trixie, y… bueno, ya tienes visto a
Spike.
- Ehm… ¿Twilight? – Fluttershy susurró - ¿No van a ver el estado de su compañero?
No luce muy bien…Creo que le va a dar algo…
La pequeña tímida se había aproximado cuidadosamente al pegaso que yacía tumbado
de lado cerca del acalorado grupo de charlatanes que le había olvidado. Flash respingó
al sentir la proximidad de la nariz del caballo que su mente intentaba asimilar como real.
Todo aquello no podía ser verdad. Quizá el césped de la escuela había sido
fumigado…y los vapores tóxicos le estuviesen dando alucinaciones exóticas.
- ¡Agh! ¡Aléjate de mí! – gritó, e intentó incorporarse; Fluttershy dio un salto hacia
atrás, espantada.
- ¿Flash...? – Twilight reconoció el tono de su voz - ¿Flash Sentry?
Flash intentó una vez más; se colocó sobre sus patas pero resbaló y acabó haciendo
sonar su mandíbula sobre el piso. El aire se le había escapado de los pulmones como un
bufido. Sunset corrió hasta él.
- ¡Espera, lo estás haciendo mal! No levantes tanto la columna, Flash, no eres un ser
humano ahora. No, no, otra vez está mal. Flash… ¿me oyes? Espera, te ayudaré, o
perderás todos los dientes.
- ¿Sunset? ¡El césped de la escuela! ¡Seguramente tiene algo! ¡Llévame al hospital, me
hablan los caballos!
- Cálmate, Flash.
Sunset quiso hacer las veces de sostén para que lograse ponerse de pie, pero al perder
nuevamente el equilibrio, Flash tensó todos sus nervios de puro instinto y terror a otra
caída; sus alas se abrieron con brusquedad y Sunset debió eludir rápidamente el azote.
Sus plumas extendidas hicieron gran ruido, como suena el batir nervioso de las
palomas; Sunset acometió por el otro flanco e intentó estabilizarle. Flash soltó un
quejido de horror; el fuerte golpeteo de sus alas no le había gustado nada. Parecían
moverse solas, no había reparado en la orden mental que las impulsaba. No las
consideraba parte de su cuerpo, ni si quiera podía creer lo que le pasaba. El estruendo
era demasiado fuerte y se hallaba muy cerca de su cara. Pero lo peor es que no podía
quitárselas.
- ¡Agh! ¡Qué es esto! ¿Qué me pasa? ¡Haz que pare!
- ¡Si tan sólo cerraras un segundo la boca!
- ¡Pst! Sí que sus amigos son raros… - musitó Starlight en un desaire.
- Quizá yo pueda ayudar. – Twilight se apresuró a hechizar a Flash para que su cuerpo
dejase de retorcerse con espasmos violentos, como un gusano en un vaso de salmuera.
Ralentizó todos sus movimientos,…incluso sus pensamientos, al menos hasta que
tuviesen su estrés bajo control. Y sólo cuando fue posible tenerle de pie sobre sus cuatro
patas, con las alas en calma y la cabeza gacha, intentó encauzar su mente en la senda
correcta.
- Flash, mírame. ¿Me recuerdas? Soy Twilight, la Princesa del Baile de Otoño…
Parapetado entre Sunset y el muro del Palacio, Flash abrió mucho los ojos. ¡Que si la
recordaba! Pero, entonces,… ¿era ella? Sunset ya le había dicho antes sobre su
verdadera imagen, y de dónde era. Lo que no hubiese esperado nunca es emprender un
viaje para verla. Así que… ¿así lucía cuando era…? ¿Cómo había dicho Sunset? ¿Pony?
Creía que los Ponies eran esos simpáticos caballitos que las ferias llevan de aquí para
allá para que se fotografíen con los niños. Incluso su hermanita tenía una foto de ese
estilo. Esperen a que él le contara que la chica que pretendía como novia era uno de
ésos…
- ¿Flash? – Twilight no estaba muy segura de que el chico hubiera salido del shock. Le
miraba como un borrico. Lengua afuera, ojos desorbitados, melena revuelta y una
mirada de borrego a medio morir. Para qué mentir,… Sí, era bochornoso.
Twilight acercó aún más la nariz y Flash pareció derrumbarse por dentro. Sí,… esos
ojos… esa expresión benevolente pero confusa… su cabello… parecía ser… ella. Sólo
que de menor estatura y con cuatro patas. ¿Y eso? ¡Dios mío, además tenía cola!
- ¿Flash? ¿Puedes oírme?
- ¿Cuándo se supone que despertaré? – balbuceó el chico. Twilight intentó calmarle.
- Ya te encuentras despierto, Flash, tómalo con calma. Yo me sentía igual cuando
aterricé en tu mundo.
- No, no puede ser verdad. Es sólo una sobredosis de insecticida.
- Flash, ya no estamos en la escuela. – intervino Sunset. – Corrían tras de mí y te me
echaste encima. Ambos caímos al césped y atravesamos el portal hasta aquí. Luces así
porque esta es la forma que toma tu ser en este mundo alterno. Vamos, eres inteligente,
sé que puedes comprenderlo.
Flash se mantuvo unos minutos en silencio. Sunset y Twilight alargaron el cuello.
- …Okay… - murmuró al cabo el muchacho, no muy convencido. – Ustedes ganan…
Sólo díganme por dónde volver y prometo no escandalizar nada.
- Bueno,… eso no lo sé exactamente. – confesó Sunset. – Ni siquiera esperaba que
sucediera, no logré tocar el pilar del monumento de la escuela.
- ¿Te perseguían? ¿Quiénes? – Inquirió Twilight, ajena a sus correrías. Frunció el ceño -
¿Y por qué Flash se te echó encima?
- Es… una larga historia. – respondió Sunset. Starlight no perdió pisada. Y afinó sus
oídos muchísimo más que antes.
