Ven conmigo dentro de los arboles, nos tenderemos en el pasto, y dejaremos las horas pasar (R+)
Los supuestos delincuentes que habían entrado al colegio aquella noche habían sido atrapados, nada que ver, los verdaderos culpables brillaban por su ausencia en la dirección, muchachos que ya no tenían remedio eran regañados, ellos se consideraban inocentes, pero ya tenían la fama. Como siempre especulaciones erróneas corrían por todos los pasillos, lugar por donde ahora, Santana era regañada.
Eres idiota López! Era solo venir por la cámara! – Quinn decía mientras la fulminaba con la mirada.
Dejame Fabray, salimos ilesos, además cumplí a medias mi fantasia con Britt ¿Te divertiste con Berry no? Se te nota en la cara, tu cara de momia comienza a parecerse a la de una persona, felicitaciones! – Reia.
No cambias nunca mas no? Fue divertido. Yo que se. – Se encogía los hombros. Que divertido, había sido sensacional, todavía sentía fuego dentro de los huesos.
Claro, tu nunca sabes nada. Claro miénteme, trata de mentirme… - Santana de verdad tenia doble personalidad.
Fue divertido! ¿Qué mas quieres?
Ahí vienen nuestras esposas… - Veian como Britt, Blaine, Sam y Rachel se acercaban a ellas.
Eh? – Quinn no conseguía entender el chiste.
Chicas, esta noche, festejaremos por festejar en mi casa – Decia Blaine – Bebidas, karaoke, piscina y habitaciones para pernoctar, ¿Qué dices Santana?
Digo que eres demasiado gay. – Levantaba las cejas – Pero cuenta conmigo, si hay alcohol, cuenta conmigo.
¿Quinn? –
Eh? - La rubia estaba en la nebulosa, miraba a Rachel y conseguía al fin entender la broma de santana, la latina estaba insinuando que Rachel era su esposa, un chiste demasiado simple que la rubia tardó demasiado en entender. – Si claro, estaré ahí, si puedo – sonreia aceptando la invitación, quizá su madre llegaba esa misma tarde, trataría de pasar la noche en casa, para evitarse problemas.
¿Por qué no puedes? – Decia Rachel y conseguía la mirada de todo el grupito – Digo, será genial como para perdérselo!
Cosas… - Haria que después de clases o en el próximo recreo Rachel le hablase. – Cosas – Sonreia.
O Quinn hacia magia o algo extraño sucedia.
Hola? –R
Estoy en matemáticas, que te puedo ofrecer? –Q
Tengo tu remera del rey león y prácticamente tengo tu closet –R
Bien, necesito esa remera, cuando me la devuelves? –Q
Rachel encontraba la vuelta.
Esta noche, si es que vas. Vas? –R
No creo, mi mamá vuelve de un viaje y seguramente tenemos mucho para pelear –Q
Con mas razón, vas? –R
No Rachel –Q
Las clases finalizaban, y tocaba el timbre del almuerzo, Quinn ya se encontraba con su grupo. Rachel en el suyo, bueno, prácticamente estaba sola a dos asientos de Quinn. El club Glee formaba una sola mesa, pero dentro de esta había subgrupos.
Vas? –R
Veo ¿Qué comes? -Q
Ensalada, demasiado sintetica –R
Ñam… -Q
Boba. –R
Ahaha, vas a comenzar a pelar conmigo? –Q
No, hay luz. –R
Quinn al leer eso ultimo salto de su silla y rio en voz baja, R escuchó eso y se miraron, Q mordió su labio y respondió.
Eres terrible, terriblemente cobarde xP –Q
Si claro. Espera a que… –R
No adios. –Q
Si adios –R
El dia escolar finalizaba, Quinn debía ir por su cámara, el castigo había pasado. Figgins jamás imaginaria que ella fue la que ideó todo el plan que había dejado al colegio prácticamente con una perdida de 20.000 dolares, valor de las maquinas que Santana había roto.
Si sabe algo señorita Fabray no dude en contármelo, vamos a llegar al fondo de todo esto.
Claro que si director, lo haré – sonreia de manera inocente, quedaba absolutamente sin culpa delante de cualquier persona.
Puede irse y que no vuelva a suceder.
Claro, adiós.
Ya no quedaba nadie en los pasillos, el reloj marcaba las dos de la tarde con catorce minutos. 14:14 en cualquier reloj digital.
14:14 Make a wish Escribia Quinn sobre un papel, lo doblaba y lo tiraba sobre un banco, alguien vendría lo abriría y pediría un deseo, asi una cadena de estrellas y planetas se iban formando imaginariamente para ella. Llegaba a su casa completamente agotada, desde aquella noche estaba tensa, tenia nudos en el cuello y en la espalda, para su sorpresa Gloria estaba en su casa.
Mi niña, vine a ordenar porque esta tarde llega tu madre y no creo que tu lo hagas– Saludaba con un abrazo.
Lo sé – Tiraba las cosas sobre el sillón pero las volvía a agarrar para dejarlas ordenadas, sabia muy bien lo que significaban las miradas de Gloria – Listo, ¿comida para mi?
Si leoncita, en el horno. – Otro abrazo – Estas gigante y se te ve cansada.
Gracias, sabes a que hora vuelve mi madre? Es que hoy nos juntamos por ahí y me gustaría ir – Charlaban mientras Q comia pasta.
Al atardecer, no he hablado con ella. Comes y me dejas el plato en la pileta, yo me encargo…
Okey, me voy a dormir, estoy algo cansada.- Evitaba a toda costa interactuar con Gloria, esa mujer le haría vomitar todo lo ocurrido
Como nos tiene el amor… - Reia.
Jajaja nana, ¿Qué dices? – Quinn estaba por abandonar el comedor cuando escuchó eso.
No me cuentes, solo disfrútalo, hace mucho no tenias esa cara tan iluminada… Estoy aquí para lo que sea mi niña… - Gloria podía descifrar cualquier expresión de Quinn.
Jajaja que dices Gloria… - Prácticamente escapaba de esa situación. Subía a su habitación y no permitía que sus neuronas hagan sinopsis, se tiraba sobre la cama y se forzaba a dormir.
Carajo carajo carajo estoy hecha una plastilina!
Se tapaba completamente y a los minutos dormía.
Rachel se montaba sobre sus rollers y se perdia en la música de sus auriculares.
Esta noche es para amar, todo listo está, y las estrellas resplandecerán, romance irradiaran, esta noche es para amar, pero compartir, porque el destino nos trajo hasta aquí para reviviiiiiiir – Cantaba nuestra morena mientras el aire que generaba la velocidad que llevaba golpeaba en su cara, la transpiración ya mojaba su cuerpo, de verdad amaba hacer ejercicio, llegaba a su meta de 5 kilometros y frenaba para elongar, recuperarse y volver.
Su teléfono sonaba sacándola de el trance en el que oscuridad la ponía, estaba pensando en la anatomía de cierta rubia que había estado aquella noche cuando el muro la sacaba de aquel precioso lugar y golpeaba de lleno en su cara.
Tienes un rato libre? – Finn volvia a intentarlo.
Oh dios mio, de verdad no te cansas? – Oscuridad iba a hablar por la morena.
Tratame bien, quiero volver. Te necesito.
Dejame en paz. – Atinaba a cortar
Te veré esta noche y de verdad vas a volver conmigo, no quiero enojarme y ponerme como loco – Finn gritaba, estaba enfermo.
De verdad vamos a hablar. Te veo esta noche, yo tampoco quiero enojarme – Cortaba la comunicación.
Yo tampoco quiero enojarme y darte por el culo, idiota! Pateaba el suelo y volvia a toda velocidad sobre esas ruedas que daban miles de vueltas por segundo. No había sido ella.
En menos de 10 minutos estaba en la vereda de su casa, toda sudada y con la bronca en la garganta. Aun tenia ganas de seguir gastando energias, saludó sus padres y aviso que iria al gimnasio. Eso casi nunca pasaba, Rachel o corria o iba al gimnasio, nunca conseguía hacer las dos cosas en un mismo dia. Terminaba agotada con solo una rutina.
Ingresaba al gimnasio y maldecía, Santana estaba ahí, seria pesado pero no se dejaría molestar, estaba furiosa. De verdad sentía que el mundo estaba en su contra.
Oh, el enano! Mira Quinn! Vino el enano! – Decia mientras estaba sobre una bicicleta fija.
Callate. – Seguro la latina mentia, ni la miraba y ya se subia sobre una caminadora, ponía la velocidad en 5.9 y corria, no rápido, pero a un ritmo intenso.
Enojada Berry? – Se ponía detrás de ella y después de unos minutos activaba una caminadora.
No, dejame. – Subia la velocidad a 6.3, bastante rápido, pero el cuerpo de Rachel podía con eso.
Tranquiiila! – Ponia la velocidad a 5.9, la misma que la morena llevaba en un principio.
Oye, deja de molestarme, no estoy de humor y no dudaré en ser cruel contigo – Rachel se giraba y se encontraba con la cara de Quinn.
Está bien… - Quinn apagaba la caminadora y se bajaba – No tenia malas intenciones… Lo siento si te hice enojar. - Se iba y la dejaba sola como una tonta.
¿De verdad había tratado mal a Quinn? El enojo que tenia dentro no le había permitido distinguir las voces. Se bajaba también de la caminadora y seguía a Quinn.
Brittany Santana y ella ya estaban en la clase de spinning con aproximadamente 10 personas mas, escogió una bicicleta al lado de Quinn.
Perdon, de verdad no te había visto – Ya pedaleaban al ritmo de la música.
Como sea – Jamás le dirigía la mirada.
Un hombre llegaba y comenzaba a dictar la clase,- Chicas, bienvenidas soy Paul y vamos a quemar calorías.
-Nos relajamos, aflojamos los hombros y las manos. – El chico se subia a una bicicleta madre y comenzaban las ordenes.
Lo siento! – Rachel decía mientras se relajaba.
Lo que sea dije. – Quinn también lo hacia.
Ya relajadas, subimos y aumentamos la carga, vamos! – La clase se ponía heavy a los dos minutos de comenzar.
Me vas a evitar? – Rachel hablaba, la gente que siempre recurría ya se giraba para ver quien era la que interrumpía de esa manera.
Un poco mas de carga chicas, que se sienta! – El muchacho gritaba.
Me vas a evitar?
Rachel no hables, nos van a sacar a patadas – Decia Quinn mientras la transpiración ya se hacia notar en el nacimiento de su cuero cabelludo.
¿Por qué?
Todas las mujeres se giraban a mirar, era odioso que interrumpan asi, sabían que no estaba permitido hablar.
Muy bien, las dos muchachas del fondo, cotillas! Basta de hablar. Quinn… - El hombre les llamaba la atención.
Basta…
De verdad lo siento… No estoy de hum…-
Bien, listo, la morena de flequillo, puedes retirarte? Gracias por venir, pero intentalo en otra clase. Quinn tu quedate, pero basta de interactuar.
Lo siento – Tomaba su toalla y se retiraba ante la mirada de Quinn
Te lo dije – Quinn movia los labios y guiñaba un ojo rogando que Rachel supiera leerlos. Involuntariamente tiraba un beso que llegaba hasta el pecho de la morena y golpeaba quebrando algunas costillas.
Rachel se giraba y volvia a la cinta flotando, reia y corria contenta, ya estaba medianamente relajada y el beso que Quinn le había regalado la había terminado de dejar en la lona, ya estaba cansada, pero el fuego seguía dentro. Esta noche lo acabaría. Eso creía.
Se fue hacia su casa, se ducho y merendó con sus padres, faltaban pocas horas para ir a lo de Blaine.
Lo mismo hacia la rubia pero con la diferencia de que ella merendaba en su patio y con sus amigas.
Que dices Fabray tu madre te comprará lo que le pediste? – Decia santana mientras entraba al patio con tres vasos de chocolatada.
No creo que necesite comprarlo, ojalá lo traiga hoy – Sonreia, hace tiempo a su madre le había pedido una mascota, nunca había tenido una, ni siquiera un hamster, una niña tan correcta como ella no podría mantener a un perro sucio y pulgoso que moriría de hambre. Así pensaba la madre de Quinn. Jamás había creído en ella, la habían criado a su manera, como hacen muchos padres, intentando de que sus hijos sean lo que ellos no tuvieron la oportunidad de ser, desde los 5 años Quinn tocaba todos los martes el piano, desde los 8 bailaba danzas clásicas y desde los 15 se escapaba de danzas para ir al curso de fotografía. Jamás la dejarían unirse a ese tipo de lugares. Esa gente no tenia futuro, ser fotógrafo no traería demasiados ingresos, los padres de Quinn esperaban que algún dia ella sea Economista o Medica, tenían muchas expectativas sobre su hija y la habían echo crecer como ellos querian. Por eso el malestar de Quinn, siempre sintiéndose reprimida y creyendo que no estaba a la altura de las cosas.
Q, mis padres tienen unos amigos que crian perros Terranovas, son preciosos, hace cuatro meses nació una camada, deberías anotar el numero – Le alcanzaba el móvil para que la rubia tome nota. – Espero que tengas el dinero, no son muy baratos. Son puros.
Por supuesto que tenía el dinero, Quinn había estado ahorrando desde hace años, de verdad quería una mascota y la iba a comprar con su esfuerzo, había trabajado el verano pasado como camarera en un bar de mala fama, siempre a escondidas, se escapaba de noche y volvia a altas horas de la madrugada. La matarían si descubrían que hacia eso.
Habia ahorrado 4000 dolares, la mayoría eran propinas, una chica bonita siempre se llevaba grandes premios. Guardaba ese dinero dentro del closet para cuando quisiera darse un gusto.
Tengo el dinero, cualquiera de estos días lo consigo… - Santana estaba contenta de su amiga, se estaba desatando, se la notaba contenta e iluminada, estaba haciendo lo que de verdad quería.
Creo que ya tengo que irme, necesito una ducha… - Se levantaba y buscaba sus cosas, Britt ya se había retirado hace unos minutos.
Quinn, estoy orgullosa de ti, no se porque lo estoy diciendo, pero estoy orgullosa – Soneia y le regalaba un abrazo sincero y tierno.
La rubia no hablaba, solo seguía con la corriente.
Sueltame sucia, era solo unos segundos! Quieres besarme! – Decia santana intentando zafarse.
Jajaja fuera de mi casa, jamás te besaría marciano! No eres mi tipo… - Pateaba su trasero, literal, y la empujaba fuera de su casa. – Adios. Te veo en unas horas.
Quinn subia las escaleras y pensaba en Santana, realmente la valoraba, esa mujer era de fierro, con sus idas y vueltas la quería de verdad.
Entraba a su habitación y el silencio reinaba en toda su casa, se sentaba en su cama y descubría que debajo de su almohada estaba la remera que Rachel le había prestado aquella noche en la que estaba muy borracha como para recordar. Se acordaba, pero le daba miedo pensar o ver la realidad. Olia la prenda que la mas pequeña le había cedido y como por arte de magia comenzaba a llorar, un nudo la estrangulaba y le hacía doler el pecho, apretaba con todas sus fuerzas la tela que estaba sobre su nariz.
Dolía saber que estaba sola, sola más que nunca y sus padres eran los culpables, la habían echo perfecta desde los inicios, dolia saber que todos le temian, aunque ya no era malvada como antes, dolia saber que nadie se acercaba a ella por miedo a ser lastimado, ya gritaba ahogándose con sus propias lagrimas y se agarraba el abdomen. Su corazon se trizaba, otra grieta mas, no existía pegamento alguno que la salve de esa inminente ruptura, ella creía en todo lo bueno y mistico, estaba tan sola que a veces comenzaba a charlar con el cosmo, y juraría que este le respondia. Estaba en el punto del no retorno, su barquito de papel, chocaba con un pequeño cubo de hielo, cubito que era solo la punta del iceberg.
Su teléfono jamás sonaba, se quedaba horas y horas mirándolo esperando que alguien recuerde que existía, una prueba, alguien que le muestre que no estaba sola. Nada sucedia, nadie se acercaba, había echo demasiado daño, lo hacia porque se odiaba, se odiaba por no poder ser valiente y seguir su camino sin esperar nada de nadie o seguir el camino con alguien, los gritos salian de la habitación y se expandían revotando por toda su casa, nadie los escuchaba, necesitaba de alguien urgente ¿Hace cuanto su boca no entraba en contacto con otra? Estaba completamente en la lona y en ese instante se daba cuenta, era miserable.
Arcadas comenzaban a salir de su boca, corriendo iba al baño y vomitaba todo lo que había comido, hasta su cuerpo la odiaba, últimamente rechazaba todo lo que ella le daba. Sus manos se posaban sobre su cara, no podía aceptarlo, gritaba y mordía sus manos dejando marcas profundas, se quedaba asi por media hora aproximadamente, sabia quien la tenia asi, todos los miedos en su cabeza se movían de arriba hacia abajo, de abajo a arriba y en círculos. ¿Qué hace? ¿Qué está haciendo? ¿Qué me hizo? No se atrevía a abrir los ojos, no se animaba a admitir que realmente Rachel le gustaba o peor aun, que la noche anterior se había sentido completa y comenzaba a enamorarse, o el acabose, moria de ganas de morder la boca de la morena. Rendida se quedaba en el baño, se duchaba y salía hacia su cama, no tenia intensiones de salir esa noche. Era como un vegetal.
Su celular vibraba
Deberías cambiar de rutina, tu profesor se cabrea por cualquier cosa. –R
La morena buscaba cualquier tipo de acercamiento, ella también había pasado por la situación que estaba viviendo Quinn, pero ya estaba en el juego, entonces debía jugar y hacerlo bien. Comprobar si lo que sentía era real o solo algo pasajero.
De verdad no vuelvas a escribirme. –Q
¿Por qué? –R
No estoy sintiéndome bien. –Q
Hey, si quieres hablar aquí estoy –R
No, nadie está Rachel. –Q
Está bien, lo que digas, espero verte esta noche. –R
No iré, no estoy de ánimos –Q
Si eres así de tonta como para quedarte en tu cama durmiendo en vez de salir y divertirte de verdad no quiero que te vuelvas a acercar. Vamos, no estas enferma de muerte, tienes que sacarte la mierda Quinn, ¿Tan débil eres Fabray? –R
La morena sabia que con ese texto tendría la presencia asegurada de la rubia. Debian terminar con lo que habían empezado.
La casa de Blaine iba llenándose de a poco, algunos Warblers, chicos de otros colegios, gente de Mckinley, definitivamente su fiesta tenia cara de que seria epica, mas que la de Santana. Que ella si se tomaba el tiempo y seleccionaba cuidadosamente a quien invitaría. Estarian en su casa, templo sagrado de encuentros.
Rachel iba llegando 15 minutos tarde, golpeaba la puerta y un Blaine lleno de alegría y con alcohol en sangre saludaba.
Mi Julieta! ¿Noche de dueto? - Se abrazaban – Sam me dijo que Finn vendría, ¿todo bien con el? – Mientras charlaban el chico le mostraba todo el lugar.
Terminamos, pero, que mas da, es noche de duetos mi Buzzlightyear!
Habia una pequeña tarima en el medio del living, afuera había una gran piscina y una cancha de básquet , una mesa llena de bebidas y comidas, la fiesta seria para todos los gustos, la gente que quería cantar y bailar o simplemente descansar y pasarla bien estaría en el living, y la mayoría de seguramente los muchachos jugarían al básquet o algo asi afuera. O hasta quizá darse un baño en la fría agua que llenaba la pileta de cemento.
A los veinte minutos llegaban Quinn y Santana.
Entraban sin golpear, Santana ingresaba a saludar a Blaine.
Blaine… - Se saban un beso – Bonito decorado, espero que tu habitación no sea tan gay… - Ya comenzaba a bromear.
Espero nunca entres a mi habitación… - Blaine atrapaba en un abrazo a Santana.
Oh Berry! Ya sal, feo! – Santana se zafaba y veía a la morocha al lado de B. - ¿Dónde está tu mueble de roble? – Se refería a Finnesa.
No lo sé. – Respondia cortante.
Quinn… Viniste – Se acercaba y besaba la mejilla de Quinn.
Rachel – Sonreia. – Vine!
¿Quieres tomar algo? – Ya ingresaban ellas dos solas, Blaine y santana se separaban y cada uno comenzaba a hacer sus cosas. Blaine jugaba al básquet y Santana charlaba con algunos de los Warblers.
Claro… Muestrame. – Recibia un trago extraño que Rachel le daba.
¿Y Brittany?
No se sentía bien, creo que comio demasiado chocolate, en un rato creo que viene…
Jajaja es adorable – Juntas se sentaban sobre un sillón rosado brillante.
Pero que mierda esto es fuertísimo! – Quinn sentía como toda su garganta quemaba. - ¿Qué es esto Berry? Ya quieres verme borracha?
Si… un poco. – Rachel reia, ya tenia en su cabeza todos los pasos a seguir. – Emborracharte, descuartizarte y hacer embutidos con tu cuerpo – Las dos reian y bebían esa extraña sustancia mezcla de vodka, licor de chocolate, whiskey, caramelo y granadina, quizá también alcohol etílico. – Demonios, es fuerte…
Lo sé – Tosia – Uy, mira quien viene…
El gaucho gimene! – Rachel comenzaba a tener una dosis de alcohol en el organismo.
Que mierda fue eso! – Las dos comenzaban a reir, o porque estaban dejando la etapa sobria o porque el chiste había sido realmente malo…
Finn aparecia.
Rachel ¿Cómo estas? ¿Tienes un segundo? – La invitaba a levantarse y se iban escaleras arriba. Cosa que comenzaba a preocupar a Quinn, conocía las intensiones de Hudson.
¿Vienes Fabray? Necesitamos a alguien más… - Santana entraba por el umbral de la puerta de cristal y se llevaba a la rastra a Quinn.
No puedo, dejame, tengo, tengo que… - tarde, ya tenia el balón en las manos y era marcada por dos warblers.
Aquí! – Santana pedia un pase, que llegaba tres segundos después dando como resultado un triple para su equipo, Sam, Puck, Blaine y ellas dos. – Si! Bien! – Chocaban los cinco, comenzaban a divertirse.
El partido seguía entre trampas, tragos y risas, escaleras arriba en los oscuros pasillos, nuestra bendita señora Oscuridad no podía hacer nada, Finchel estaba en una habitación iluminada, no podía entrar, esta vez su presencia no serviría de nada, trataba y trataba de abrazar todo el lugar y actuar, pero las barreras estaban arriba, la luz se reia en su cara.
Rachel, perdóname… - Cerraba la puerta detrás de su espalda y se sentaba. – quiero que vuelvas conmigo. Se que me amas. – Ya no suplicaba, directamente este chico ordenaba. – Quitate ese abrigo vuelve conmigo, besame, cambiarás de opinion. – Trataba de besarla.
No – Era sostenida por dos grandes manos, juntos caian a una cama, parecía ser la cama de Blaine – Basta… - Su voluntad era de plastilina. El muchacho estaba encima de ella besando su cuello tiernamente, para sus dimensiones sus movimientos no eran tiernos si no que eran torpes y desesperados. Horror.
Solo dejame mostrarte lo que puedo hacer Rach, por favor, soy tu novio – Apretaba las muñecas de Rachel y las ponía sobre su cabeza tratando de llegar hasta sus pechos.
BASTA! BASTA! – Lo empujaba – DIOS MIO! – Gritaba y se abalanzaba golpeando el pecho del muchacho. Estaba llena de ira pero era pequeña, sus golpes no harian mucho. – No entiendes que ya no te amo? BASTA!
Eso fue el clic, los ojos de Finn reflejaban ira, enojo puro, se quitaba la remera y gritaba. – NO ME AMAS? VEN AQUÍ DEMONIOS! – Corria abrazando a la morena y cayendo juntos al colchón que ya estaba desecho.
Muchachos, voy al baño y a controlar que nadie esté teniendo sexo en mi casa… - Reia Blaine y subia las escaleras corriendo con Quinn que se le sumaba segundos después.
Espera, también necesito ir al baño – Mentia, las ranas negras amigas de la oscuridad la llamaban indicando que algo no andaba bien.
A Blaine de verdad le gustaba estar con esa gente. Entraba a su habitación a buscar un abrigo porque afuera comenzaba a reinar la helada. Entraba y quedaba anonadado. Finn estaba enfermo, estaba sobre Rachel tratando de llegar al siguiente paso, mientras Rachel pedia por favor.
Sueltame… Sueltame! – Gritaba e intentaba defenderse.
Blaine tradó unos segundos en responder. Estaba estatico pero un empujon lo hizo reaccionar, la rubia llegaba detrás de él y lo empujaba para que le cediera el paso.
Dejame pasa… - Veia lo mismo que Blaine.
Pero que mierda estás haciendo enfermo? – Jalaba a Finn de los pelos y hacia que este se levante.
Sueltame! Ella me ama! – Decia mientras intentaba golpear al chico que literalmente le estaba arrancando los pelos.
Deja de hacerlo! Estás enfermo! – Comenzaba una pelea.
¡Tu no me dices lo que tengo que hacer, homosexual! - ¿De verdad lo había dicho? Eso enfurecía a Blaine, que sin pensarlo dos veces colocaba una piña sobre la boca de Finn y este caia al piso abatido agarrándose la cara, su boca ya sangraba a borbotones.
Rachel lloraba sobre la cama y Quinn aun no reaccionaba.
Deja de ser tan imbécil! – Golpe - ¿Sabes lo que harás ahora? – Volvia a golpearlo pateando su estomago – Vamos a bajar como si nada pasara, vamos a jugar al básquet y vas a decir que te sientes mal, después de eso te vas a ir, te vas a ir al jodido infierno hijo te puta! – Agarraba a Finn totalmente desatado del cuello y lo levantaba. - ¿Entendido? – Finn ya lloraba, le habían dado de su propia medicina.
Quedate con ella Quinn… - Pateaba a Finn y se movían hacia afuera de la habitación.
Si, vayan. – Debia parecer fuerte, pero la imagen de Rachel le rompia el corazon en miles de pedazos.
Quedaban solas, Rachel lloraba como una nena echa un bollito sobre la cama. Luz y oscuridad dejaban la guerra por unos segundos, debían dejar las rivalidades por algunos minutos y prestar atención a la situacion.
No, no Rach no dios no… Que... no… - Abrazaba a Rachel y comenzaba a llorar. – Estás bien? Dime, dime que… Dios no puede ser… - Acariciaba las mejillas de Rachel y miraba su cuerpo buscando respuestas. – que…
Estoy bien… - Mas llanto.
No… mirame, que… - Agarraba una mejilla y la acariciaba – Está bien, no mas… No… Ven aqui- Las dos lloraban y se abrazaban.
En el patio de la casa la gente se divertía, las tres de la mañana decía el reloj, la hora de las brujas, la hora del mal en cualquier religión.
Sigamos muchachos! – Decia Sam – Ahora se nos sumó Finn… - El ciclope gigante fingía una sonrisa, comenzaban a jugar un entretenido partido de Basquet.
Cuando se sume Quinn juega para nosotros! – Finn y Quinn quedarían enfrentados.
Mirame, mirame, ¿Hizo algo? – La mano de Quinn jamás se había despegado de la cara de Rachel. – Rach, dimelo, le voy a partir la cara… Se la voy a partir. – Intentaba pararse para ir a destruir al idiota que había intentado llegar a algo mas con su… Su amiga Rachel.
Espera no, no, ven… - Tomaba de la mano a Quinn y la volvia a sentar – Tienes que tranquilizarte, no pagues con lo mismo, basta… No mas problemas Quinn. – Ahora era la morena la que acariciaba la mejilla de nuestra rubia.
Está… Está bien, pero de verdad, esto no se va a quedar así, espera a que Santana se entere… - Cerraba los puños y su cara decía todo, se vengaría. – Le voy a… Su vida, se va a odiar, lo prometo. ¿Estás bien? Solo, trata de borrar ese mal paso… Vamos, vamos a jugar al básquet, luego te acompaño a tu casa, vamos, ven. No mas alcohol, solo jugamos unos minutos para que te relajes – Intentaba pararse pero una mano la volvia a sentar – Que…
Hace frio no crees? – Miraba el sweater que Quinn levaba. Era obvio que pedia a gritos que se lo preste.
Y ahí finalizo la tregua, oscuridad siempre era mas inteligente y traviesa que la luz, mientras la materia clara observaba embobada toda la situación pensando en que bello era todo eso y pensando que el mundo no iba tan mal gracias a personas como esas dos muchachas, Oscuridad subía lentamente hasta todos los focos de la habitación, movia sus tentáculos lentamente envenenando todo el sistema. Los focos morían automáticamente dejando la habitación solo con la iluminación exterior. Oscuridad miraba a Luz, sonreia y veía como Luz era arrastrada fuera de la habitación apuntando con su dedo índice y llevando una cara de "Esto no queda asi". Nuestra señora encendía una especie de sahumerio, que ya hipnotizaba a todo ser vivo del lugar.
Que mierda… - Las dos notaban como la luz ya no estaba.
No importa, reformulo, ¿Hace frio no crees? – Rachel miraba a Quinn, si podían ver, la luz del patio era suficiente como para poder ver sus caras.
Oh si, quieres mi abrigo?
No había respuesta del otro lado.
¿Hace frio no crees?
Si Rach, quieres mi abrigo? – Comenzaba a quitárselo pero nuevamente aquellas dos manos.
¿Hace frio no crees?
No consigo entender… - De verdad no entendía. - ¿Quieres mi abrigo?
Claro… - Los ojos de Rachel brillaban como dos estrellas.
Entiendo… ¿Lo quieres? – Posaba sus manos en el comienzo del sweater.
Claro… - Miraba embobada la cara de Quinn
Quitamelo – Sonreia.
Rachel se encogía los hombros y unia sus manos a las de la rubia, sentadas sobre la cama, subían la tela por el tronco de Quinn. Rachel ayudaba subiendo los brazos al compas de las manos de la rubia. Conseguían deshacerse del sweater, un par de manos ya no se encontraba en el juego, solo las manos de la morocha seguían quitando la prenda. Al finalizar Rachel acomodaba el pelo que había desordenado segundos antes.
Quinn agitaba la cabeza y se mordía el labio inferior. Juraria que si seguía ahí se prenderia fuego y moriría.
Gracias… - Decia su compañera en forma de susurro mientras se colocaba la prenda.
De, de nada – Se atragantaba con sus propias palabras. – Deberiamos…
Deberiamos… Pero bueno… - Seguian mirando y tratando de ingresar al cuerpo de la rubia.
Deberiamos… - Involuntariamente estaba acariciando la mejilla de Rachel.
Un celular sonaba y rompia cualquier atmosfera.
Hola? – Nadie respondia.
Hola? – Nadie.
Cortaba y se levantaba automáticamente.
Vamos? Deben necesitar de mis habilidades. – Tomaba la mano de Rachel y juntas bajaban las escaleras. Saliendo de la oscuridad.
Nuestra señora maldecía a ese teléfono, su enemiga de la infancia aparecia detrás de ella riendo, ella había sido la que había hecho sonar el celular de la rubia. Oscuridad no lo podía creer, solo unos segundos mas y ese cuarto seria un volcán.
Deberiamos…
Chicas! – Blaine les daba la bienvenida. – Quinn tu juegas conmigo, Santana, Puck y Sam. Los muchachos de Dalton mas Finn conforman el otro equipo, a jugar! – A Blaine le iría muy bien actuando. El semblante de Finn estaba serio.
Solo toma agua, juega si quieres, después te acompaño a tu casa – Se soltaba de Rachel y corria a jugar mientras esta se sentaba a un costado de la cancha.
El equipo de santana ganaba 25 a 19.
Vamos, Sam! Corre corre! – El rubio lindo encestaba. – SSSSIIII, EN TU CARA HUDSON! – Movia la pelvis festejando el tanto.
Finn le devolvía una mirada de asesino.
Ay Finnesa! Juega!
Otra corrida comenzaba, Finn pasaba empujando a todos y solo levantando la mano, conseguía encestar, levantaba un ceja y miraba a Santana.
Tenemos que organizarnos muchachos! – Blaine pedia tiempo, esta seria una de las ultimas jugadas de la noche. – Haremos marcas personales. Santana tu a Wes, Sam tu con Davis, yo me encargo de Thad, tu Puck intercepta a Nick y tu Quinn, ya sabes, pateale el trasero, EQUIPO! – Ese partido se tornaba competitivo.
Los warblers pasaban a ganar, todo se tornaba violento, Quinn no dejaba de golpear a Finn em cuanto tenia la oportunidad, estaba enojada y se lo haría notar. Interceptaba la pelota de las grandes manos y encestaba tres.
Sssiii mi niña! – Santana abrazaba a Quinn – Hudson… - Quinn miraba a Finn, realmente era superior y se lo comunicaba.
Santana cortaba un pase, pero Finn era mas grande y rápido, pasaba entre todos y se encontraba con Puck y Quinn, Puck delante de el intentaba quitarle la pelota.
Ganaremos! – Decia Finn, ya había ulilizado los típicos tres pasos que hay en básquet.
Puck era como una pared que se interponía entre el y el aro. Finn se movia como un pezcado defendiendo la pelota y giraba con todas sus fuerzas encontrándose con la nariz de Quinn que ya desde hace un tiempo estaba detrás de él esperando a que se descuidara y asi obtener el balón.
Finn terminaba de girarse y un codazo daba de lleno en la nariz de Quinn. Un crack! Se escuchaba dentro de la cabeza de Quinn.
El silencio se apoderaba de prácticamente el universo.
El mundo comenzaba a girar para Quinn, llevaba sus manos a su cara y se cubria, automáticamente caia al piso arrodillada.
Quinn, Quinn estás bien? – Sam se agachaba a ayudarla.
Oh por dios… - Involuntariamente comenzaba a llorar, veía nublado y el dolor en forma de electricidad se expandía por toda su anatomía. – Dios mio… Mi cara…- El suelo estaba completamente empapado en sangre. Todos los muchachos estaban junto a ella ayudándola, salvo Finn, Rachel y Santana. Esta ultima al ver lo que el gigante hacia prácticamente corrió lanzándose hacia el y golpeándolo nuevamente en la cara, los dos caian al piso, Santana empecinada rasguñando, pellizcando, haciendo daño al que había lastimado a su amiga y Finn horrorizado intentando sacarse a la molesta piraña que en este momento mordía su brazo. Un griterío se apoderaba del lugar.
Oh dios mio… - Todo giraba, menudo golpe se había llevado. Rachel corrió hacia ella intentando levantarla.
Vamos, vamos al baño… Vamos – Sacaba fuerzas del infinito y casi llevaba a upa a la rubia que lloraba como una niña.
Mi nariz… Mi nariz! – Lloraba y todo su vestido estaba manchado.
Santana corria detrás de ellas e ingresaba al baño.
Correte Berry… - desesperada tomaba el rostro de Quinn – Hijo de puta! – Habia desviado el tabique de la rubia. – Lo voy a castrar!
Quinn se atragantaba con su sangre y tosia.
Mi cielo, mirame, mirame… - Santana se ponía delante de Rachel. – Berry no te metas. – Se adelantaba cerrando la boca de Rachel. – Solo se neutral por una puta vez en tu vida! Ya la tendras! Dejame! – Hacia callar a la desesperada Rachel que no sabia que hacer.
Linda, mirame, hay que acomodarlo… Quinn… - Santana intentaba que la rubia la mire pero la otra no conseguía ver, estaba empañada de lagrimas. – Vamos, cuéntame algo… Hay que acomodar eso Quinn, serás un boxeador… Golpeame si duele, golpeame.
Voy a matarlo – Musitaba Quinn – Con mi cuerpo no Hudson, te voy a destruir, te voy a destruir, tocaste demasiadas cosas importantes, voy a destruirte y cuando lo haga me voy a reir en tu estúpida ca… - Escalofrios, baterías, lanzallamas, bocinas, maullidos, rugidos, gritos y locura pasaban en forma de dolor por el cerebro de Quinn. Habian acomodado su tabique, automáticamente se levanto y golpeó el estomago de Santana.
AAAAAAAAAAAGGGHHH POR DIOOOOOOOS! – Golpeaba y gritaba en el oído de Santana – MI CARA! MI NARIZ! – Conseguia abrazar a la latina y pedia por favor que la maten, el dolor era demasiado fuerte.
Listo, eres genial, adiós, me escribes cuando llegues a casa. – Santana la sentaba de nuevo y se iba – Toda tuya Berry, solo no lo arruines, cuidala. – Por primera vez en toda su existencia, sonreia sinceramente a Rachel, sabía que la enana esta vez lo haría bien.
Quinn… Quinn, vámonos… - Se quitaba el sweater y lo ponía sobre los hombros de la rubia. Juntas caminaban hasta el auto de la morena.
Quinn seguía tosiendo, el gusto a sangre estaba en toda su boca. La rubia lloraba mientras en auto comenzaba a moverse. Los sollozos de dolor se escuchaban por todo el lugar. Gemidos de dolor salian de su boca, todavía seguía mareada.
Quinn, estamos en tu casa, las llaves? – Despertaba a la rubia.
Toma. – Se las daba y juntas bajaban hasta llegar a la habitación de Quinn, había sido difícil el trayecto, Quinn no era liviana.
Sientate, siéntate Quinn, basta, no llores, eres fea, basta – Rachel acomodaba el cabello de la rubia que estaba todo desecho.
Botiquin?
Ba… Bañ… Baño
Basta, no llores, no eres tan linda, basta Quinn – Intentaba ayudar.
Volvia con una caja roja y veía como Quinn no se había movido de su posición, seguía llorando con los ojos cerrados y la boca abierta.
Estoy aquí, abre los ojos – Acariciaba el pelo de la rubia – Me sumo, vamos a destruirlo.
Voy a matarlo. – Lloraba
Basta, dejame que te cure…
¿Me va a doler?
No lo sé, ¿Nos fijamos?
Si… Despacio, por favor… Tratame bien – Quinn no lo decía por el dolor, lo decía porque de verdad necesitaba que la traten mejor, creía que lo merecía. Pensar eso la hacia llorar ruidosamente
Jamas te trataría mal… - Secaba las lagrimas.
Abria los ojos y se encontraba con la mirada de Rachel. No los volveria a cerrar aunque muriera de dolor
Hazlo…
La morocha mojaba un algodón con un producto que no causaría dolor y comenzaba a limpiar la sangre alrededor de la nariz, tranquilamente, se movia observando el rostro de Quinn, no lo podía creer, ¿Podia alguien ser tan bella? Sonreia y seguía con su trabajo.
Que es lo gracioso? – Preguntaba Quinn.
No se, eres linda cuando estas con la nariz a medio romper...
Soy linda siempre, nada mas que la sangre y el estilo carcelario me quedan bien…
Claro que si… Estoy llegando a tu nariz, ¿Me avisas cuando?
Hazlo…
¿estas apurada? ¿A quien esperas?
A Lindsay… - Ya nadie pasaba el algodón por su cara, Rachel intentaba levantarse para irse.
Te cura ella entonces, yo me voy.
De verdad quiero que lo hagas… - Miraba a Rachel y esta obviamente volvia, no podía resistirse a ese cuerpo asi, de esa manera, en ese lugar
Bueno pero, bueno… Mirame.
Para que quieres que te mire, solo hazlo y no me lastimes…
Cierra los ojos.
Quinn obedecía y los cerraba, de a poco sentía como con una suavidad de otro planeta Rachel pasaba el algodón por su herida y como con su otra mano acariciaba suavemente su mejilla, explotaría, si que lo haría.
Listo… - Rachel sonreia y la invitaba a que abra los ojos.
Gracias – Sonreia de igual manera, no se esperaba lo que seguía, segundos después Rachel colocaba un beso sobre su nariz y Quinn sonreia como una niñita con un juguete nuevo.
Debo irme…
Me arde… - Tenia que hacer que se quede.
Rachel soplaba, un aliento extraño salía de su boca.
Espera, de donde sacaste esas pastillas? – Rachel había comido una de las pastillas que Quinn siempre consumía, las había encontrado dentro del buzo.
Estaban en tu buzo.
Las amo – Cerraba los ojos y se relajaba al sentir el aliento de Rachel tratando de apaciguar el calor. - ¿Podrias?...
Rachel volvia a soplar en su cara.
¿Gusta?
Las amo…
Otra vez ese aliento…
Mas… - Quinn ya no era ella.
¿Tienes? Necesito algunas, tengo aliento a sangre… Puaj…
No, la ultima está en mi boca, si quieres… - Rachel buscaba llegar hasta ahí y sacarse una duda existencia que tenia.
Si quiero… - Se hacia la de no entender
Puedes…
Puedo…
Deja de repetir lo que digo…
Deja de repetir lo que digo…
Quinn…
Rachel… Dame mis pastillas.
Quitamelas – Sacaba de su bolsillo un paquete.
No quiero, damelas. – No pretendía moverse del lugar.
Y si no qué…
Leones, leones por todas partes, atacándote.
Uy… Sexy – Rachel jugaba duro.
Jajaja pobre…
No le temo a los leones Quinn.
No te creo.
No me creas, tengo tus pastillas.
Solo una, que quieres a cambio? – Iba a hacer que caiga e iba a comprobarlo.
Leones…
Ven, damela y te muestro.
Rachel se acercaba y se sentaba prácticamente pegada a Quinn, rompia un envoltorio y sacaba una pastilla.
Abre la boca… Estas lastimada, dejame hacerlo – La voz de Rachel era ronca.
Quinn lo hacia y una pastilla ingresaba a su boca, junto con la punta de los dedos de Rachel, esta los sacaba de a poco acariciando los labios de la rubia.
Deberia…
Claro que debes…
Rachel se acercaba de poco acortando la distancia entre sus bocas. La rubia cerraba los ojos y esperaba. La distancia era casi milimétrica, no había retorno.
Hablame… - Decia Rachel, necesitaba sentir el aliento y la voz completamente transformadas de Quinn.
Que quieres que diga… - Quinn tomaba del cuello a Rachel, nadie se animaba a acortar el abismo. – No hay retorno.
Lo sé. – Se miraban a los ojos y todo el universo danzaba. – Creo que estoy a salvo…
Quinn sonreia y se animaba, cerraba los ojos y mordía suavemente el labio inferior de Rachel, era el comienzo de algo. Se alejaba esperando reacciones.
Rachel conseguía abrir los ojos y ya no podía mantenerse sin tocar el cuerpo de la rubia, despacio, se acercaba un poco mas y tocaba su abdomen y luego ponía sus manos en la cintura.
¿Puedes hacerlo de nuevo? - No hubo respuesta, el sabor a cereza se metia por toda su garganta impregnando todo su cuerpo nuevamente, lo que parecía un beso, se estaba concretando. Rachel besaba apasionadamente los labios de Quinn, sus manos estaban en su cabello, alborotándolo y aumentando la temperatura del ambiente, Quinn mordía con mas intensidad los labios de la morocha quitándole a esta un suave gemido que no hizo mas que prender fuego a la rubia. La lengua de esta pedia entrar a conocer toda la humedad de ese oscuro y gran lugar la respuesta era obviamente afirmativa. Asi pasaron los minutos, nuestras chicas estaban conociéndose de una forma mas especial, sus lenguas jugaban juntas a un juego que a partir de ese dia no podrían olvidar y sus manos se mantenían estaticas en un solo lugar por miedo a arruinarlo todo.
Una sinfonía de ruidos que salian de sus bocas se escuchaba por todo el lugar, una molestia en la nariz de Quinn la hacia desistir de saborear ese gran manjar.
Mi nariz… Duele… - Se separaban y Rachel tocaba despacio la zona afectada quedando hipnotizada por la boca de Quinn que se veía roja producto de lo que había sucedido.
Estarás bien, solo, olvidate… - Se acercaba tímidamente y besaba tiernamente los labios de la otra – No creo poder parar… - Lo hacia de nuevo. – Lo siento… - De nuevo.
Solo espera a que me recupere – Levantaba una ceja.
Ay mierda… - Rachel creía que era posible llegar a la cúspide solo con esa mirada. – Demasiado sensual, eres demasiado sensual cuando levantas las cejas – Pasaba la lengua por el labio inferíor de Quinn – Basta, pecado! Alejate de mi! – Se paraba, tenia que irse, si se quedaba arruinaría todo, quería ir despacio y de verdad. – Tengo que irme…
YA? Solo te dejo ir porque estoy cansada y toda sucia, pero dame unos días Berry – Beso fugaz.
Ya estaban en la puerta, ninguna de las dos, ni todo el universo que las observaba querían que eso termine.
Creo que… - miraba hacia su auto – Adios…
Rach, escribes cuando llegas si?
Claro… - Besaba en la mejilla a Quinn y se giraba. – Adios.
Adios… - Quinn cerraba la puerta y se apoyaba en ella, un gritito de emoción salía de su boca, como una adolescente que se encuentra o se toma una foto con su icono favorito. Gritaba y reia, pero la puerta cortaba con todo. Corria a abrirla y era Rachel.
Que… - Decia Q sonriendo por la presencia de su compañera.
Rachel hacia puntitas de pie y dejaba un ultimo beso en la boca de la rubia, eso seria una enfermedad. De verdad le estaban agradando los besos de Quinn.
Eso, adiós…
Escribes cuando llegas! – Gritaba Quinn.
Llegué –R
Hasta mañana y gracias por cuidarme :) –Q
Por favor… -R
Adios, no me hagas ir hasta allá corriendo –Q
Puedes, los leones corren como por 5 horas… -R
Esos son los lobos, los leones no superan los 58 km/h, no trotan. -Q
Dork, dork, dork. –R
Adios, de verdad gracias –Q
No, te voy lo a cobrar, la proxima vez que nos veamos –R
Está bien, espero que no sea caro y esté a mi alcance, descansa enana :) –Q
Y asi terminaban, destruidas y completas, habían podido comprobarlo, sus bocas sabían milagrosas, caian pesadamente sobre sus camas y cerraban los ojos. Un cielo brillaba para ellas, ya no existían barreras, la señora oscuridad lo había echo bien, el cosmos y la luna se fundían en un abrazo gigante, las estrellas se ponían en ronda y todo era una fiesta, lo habían conseguido, habían tirado el muro que separaba. Finn comenzaba a salirse del camino.
Creo que tengo que decirlo, amo sus reviews! Dependiendo de la cantidad de lectores y reviews sigo o no escribiendo la historia, se actualizará rápido o no, comienza a depender de ustedes muchachos y muchachas! Yo tengo las ideas, ustedes tienen el combustible para que lleguemos a buenos puertos. (Yo y mis metaforas)
PD: Son hijos del rigor ¿Eh? 00:00 en este momento, corresponde que pidas un deseo :)
