¡Buenas tardes preciosas criaturas! Espero estén disfrutando de su Domingo.

En serio, muchas gracias por sus comentarios, me animan mucho a escribir! yo sé que el fandom de Free! revivirá. Quiero agradecer a una página de facebook en especial, que es amante del MakoHaru, la página "Lo dijo una rinharu" no tomen a mal el nombre, son realmente un amor. Yo se que varias personitas que les gusta RinHaru leen mis fics, yo los amo a todos y esta página me ayudó con publicar mi fic y darme la bienvenida después de mi í que pasen por su página y ayuden con un like.

Vamos con el capítulo de hoy!

Los funerales japoneses tienen tradiciones como los de los sobre con dinero que son las condolencias de los cercanos a la familia del fallecido, las condolencias pueden ser de mucho o poco dinero dependiendo de la cercanía que se tenía con la persona.

El Sutra son las frases u discurso dichos por Buda (En el budismo han existido varios budas, ya que son personas terrenales) se usan mucho en los velatorios, el sacerdote comienza a cantarlo y los asistentes le siguen.

Las urnas son los recipientes donde depositan las cenizas del fallecido.

Si bien, muchas de estas cosas ya la pueden saber, no está demás informar. Bien, no molesto más! perdonen todos mis errores, ya me estoy acostumbrando de nuevo.

Disfruten de su lectura!


Makoto salió de la consulta del psicólogo y vio a su mejor amigo esperándolo paciente,quien le dio una muesca que parecía una sonrisa deprimida, sus esmeraldas decaídas y cansadas comprendían el gran esfuerzo que estaba haciendo Haruka al ayudarlo y dejarlo quedarse en su casa, pues a la suya ya no podía volver ni, aunque quisiera. El chico de cabello negro se levantó y en palabras suaves le dijo que era hora de irse, el más alto sólo asintió y prosiguió a caminar junto al nadador de estilo libre; mañana se venía un día pesado y definitivo para él, "El término de un ciclo" según le había dicho su psicólogo, pero él en su mente no estaba de acuerdo, si bien sus padres y hermanos merecían un funeral digno, para Makoto le era imposible terminar el ciclo de toda su vida ahí, sincerándose con su alma, él también quería ser parte del funeral y estar muerto, para él, ese sería realmente "El término de un ciclo". Ensimismado en su despedazado y oscuro mundo, se cegó por una luz que brillaba intensamente, estrechó un poco los ojos y queriéndose esconder de aquella luz, alzó su mano para cubrirse el rostro, dentro de unos segundos se daría cuenta que ya habían salido del hospital y que aquella cegadora luz, sólo era el sol que intentaba tapar; miró hacia abajo pensando en lo molesto que era cuando amanecía, pues se había acostumbrado a las pesadillas de noche y al dolor que era casi un consuelo para él. Se sobresaltó un poco al sentir la mano de Haruka en su espalda, lo entendía, lo estaba preocupando porque no había emitido ninguna palabra desde que había salido de su cita con el psicólogo.

—Está bien… Haru —Contestó casi automáticamente, tratando de conectar su mirada con la del más bajo, pero fallando rotundamente, ya no lograba conectarse con nada, ni siquiera con él mismo.

—¿Te dijo algo malo el psicólogo? —El muchacho de orbes oceánicos miró a su amigo, anticipando la respuesta que le daría, mañana era el funeral de su familia después de todo, por lo que Makoto estaría mucho más perdido en sus pensamientos y actuaría más melancólico, sin embargo, la respuesta sin vida que le dio, fue suficiente para removerle toda idea dentro de su mente, provocando algo de gran inquietud.

— Quiero ir al mar…

Haruka no comprendía el porqué de aquel extraño pedido, ¿Habría un motivo detrás de esto? Con un poco de inseguridad, aceptó el pedido de su amigo, y juntos se encaminaron por el camino que los llevaba directamente al mar. Era un día muy silencioso, al menos así lo sentía el mayor que mirando de vez en cuando al de preciosos y apagados orbes verdes, se preguntaba una y otra vez, qué es lo que había en su mente. No había que caminar mucho para llegar a la playa, sintiendo la brisa marina más cerca, recordó lo encantador que era nadar y disfrutar del agua las veces que quisiera, esa sensación de libertad… de paz, que había perdido, y es que no era culpa de Makoto, él no le arrebató su libertad; cruel era el destino que les provocó sufrimiento y mala fortuna, y es que estaba seguro, que esto no era todo lo que les traería, podía presentir la venida de algo peor. Se detuvieron y ambos atrapados en sus propios pensamientos, observaron la magnificencia de aquel océano que tranquilamente oscilaba a la par del viento, tan sereno, tan hermoso, pero también temible; temible para aquel chico de hebras olivas que, sin entender sus razones, por decisión propia quiso acercarse al gran monstruo marino que tanto le aterraba, o es que como ya lo había perdido todo ¿Su miedo se volvió insignificante a lo que era ahora su más grande dolor? Sin titubeos, ni quejas, Makoto se sacó sus deportivas para luego comenzar a caminar por la arena que con su temperatura tibia no hacía daño, Haruka parpadeó un par de veces sin entender, rápidamente hizo lo mismo que el menor y lo siguió; dio un pequeño salto, había olvidado la sensación de sentir la arena debajo de sus pies.

—Mira Haru —El chico de hebras oliva apuntó el mar— ¿No es inmenso? —Haruka ladeó su cabeza, para luego mirar al océano ¿Qué le estaba tratando decir?

—Lo es —Respondió y al ver que el nadador de espalda iba a avanzar hacia el agua, lo detuvo sosteniendo su muñeca— ¿Qué estás haciendo? —Preguntó sin soltarlo— A ti no te gusta el mar.

—No, no me gusta… —Bajó la mirada— pero me quería perder en él —Dijo en voz tan baja que fue imposible para el pelinegro escucharlo— Só-sólo quería mojarme los pies —Se soltó del agarre de Haruka y se sentó en la orilla del mar, viendo cómo las olas rompían con fuerza, pero se debilitaban hasta no ser más que una simple onda de agua. Haruka se sentó junto a él suspirando, Makoto se había vuelto un enigma imposible de resolver. Realmente no tenía idea de qué hacer ni qué decirle, todo se había vuelto más complejo, más denso. De repente sintió un peso sobre su hombro y se percató de que era Makoto quien se estaba apoyando en él, una leve sonrisa apareció en su rostro y apoyó su cabeza en la del menor, sintiendo el sonido del mar como también su brisa.

Tarou miró el establecimiento frente suyo, adolescentes iban de aquí a allá despreocupados, como debería ser la vida de un adolescente, la escuela de Iwatobi no era tan grande como otras, pero tenía el tamaño apto para la cabida de todos los estudiantes, caminó entre los pasillos ignorando las miradas escrupulosas de los estudiantes, el motivo del porqué estaba ahí, fue por la llamada de una persona quien tenía conocimiento sobre un familiar de Makoto, lo que era un alivio no muy seguro. Subió las escaleras dirigiéndose hacia la sala de profesores, estaba doblando hacia el pasillo cuando accidentalmente chocó con una chica de hebras rojizas que estaban atadas en una coleta, con un pequeño susurro y con la cabeza gacha se disculpó, alejándose rápidamente, el detective le que quedó mirando, le recordaba al otro chico que era amigo del nadador de espalda, pues tenía un gran parecido. Encogiéndose de hombros, prosiguió su caminar hasta toparse con la sala de profesores, estuvo a punto de tocar la puerta cuando ésta se deslizó abriéndose, una mujer aproximadamente de su misma edad o un poco menor se le quedó mirando, su cabello era castaño y le llegaba sobre los hombros, se trataba de Miho Amakata. La profesora al ver al hombre de orbes miel, se sorprendió un poco.

—¡Usted! ¡Ozaki-san! —Tarou la recordaba, pues ella era la maestra guía de Makoto, había tenido una entrevista con ella junto al director de la escuela pocos días después de que la masacre ocurriera, el director había pedido que mantuvieran cualquier noticia e información sobre el caso Tachibana lo más discreto posible, por lo que se les prohibió a todos los del club de natación tener contacto con el chico de orbes esmeralda, pues no quería que su escuela fuera punto atractivo para la prensa, ni tampoco exponer a los estudiantes— Necesito hablar con usted —Le tomó del brazo.

—Lo siento, pero vine exclusivamente por el llamado de…

—Mío, yo fui quien llamó —Detrás de la castaña, se acercó un hombre algo más alto que el detective, su cabello azabache perfectamente peinado hacia el lado, no era ni demasiado corto ni demasiado largo, de tez blanca y ojos de color grises azulados, estaba perfectamente vestido, con un pantalón de vestir negro y una camisa blanca que lucía una corbata roja— Es un gusto conocerlo Detective Ozaki, mi nombre es Kasumi Arashi, soy el profesor de historia de Tachibana-kun —Le dio la mano presentándose— Si gusta acompañarme, dispuse de un salón para que pudiéramos hablar tranquilamente, por favor sígame —El detective asintió y comenzó a seguir al otro hombre, pero se detuvo para mirar a la mujer de orbes cafés, tenía una mirada de preocupación y ansiedad, algo quería decirle.

—Espere un momento Kasumi-san —Dijo con su tono de voz severo— Amakata-san, ¿Tiene tiempo ahora? —La maestra sonrió comprendiendo las intenciones del detective, asintió y se acercó hasta él, comenzando a caminar a su lado. Al llegar al salón que el maestro Arashi había reservado para hablar, Ozaki y Amakata entraron primero, para luego él, quien se aseguró de que nadie los viera— Muy bien vayamos al grano, usted dijo que tenía información sobre un familiar de Makoto, es curioso, ya que la búsqueda de familiares sólo se estaba haciendo en la estación, ¿Cómo lo supo?

—Realmente es un detective a toda hora —Rio dulcemente con su suave voz— Sus policías son muy despistados, escuché a dos de ellos hablar de eso mientras esperaba el tren para ir a casa, pero no lo vea como algo negativo —Acercó una silla para sentarse e hizo el ademán para que los dos adultos se sentarán también— Al menos lo escuchó una buena persona —Sonrió, pero para Tarou no era algo para sonreír, no cuando tenían a un asesino suelto.

—Entonces, ¿De quién se trata? —Contestó impaciente.

—Es el hermano mayor del padre de Tachibana-kun, verá… Yo conozco a esos chicos desde que eran unos pequeños, siempre les he hecho clases de historia y con respecto a la familia, yo estudiaba en la misma escuela que el padre de Tachibana-kun y su hermano, claramente era unos años más joven que ellos, pero hablábamos bastante, sin embargo, cuando terminaron la secundaria, el hermano mayor del señor Tachibana decidió irse a Tokyo a estudiar, aún mantenían contacto pero no tanto, perdieron todo contacto con él cuando se graduó de la universidad y emigró del país, lo último que supe de él fue que se encontraba en Corea. Su nombre es Taiki, Taiki Tachibana.

—Entiendo —Dijo anotando el nombre del familiar de Makoto, esto no era para nada fácil, en especial si el tío del muchacho se encontraba fuera del país— Sabe mucho acerca de la familia Tachibana, me sorprende un poco.

—Éramos buenos amigos hasta hace unos años.

—Ya veo… —Tarou dirigió su mirada a Amakata quien se había mantenido en silencio todo el tiempo— ¿Qué es lo que me quería decir?

—Yo… Estoy muy preocupada por Tachibana-kun y Nanase-kun, además sus amigos, se acercan todos los días para preguntarme si sé algo de ellos, sé que tienen la prohibición de verlos, pero realmente están muy preocupados como yo, ellos se encuentran muy tristes y desanimados y verlos así… ver esa piscina vacía y a ellos tan apagados —Empuñó su mano y la recargó sobre su frente queriendo ocultar su rostro, pequeñas lágrimas habían empezado a asomar— Es muy frustrante… No poder ayudarlos —Decía entre sollozos.

—Calma Miho-chan, eres una buena maestra —La consolaba el hombre de orbes grises azulados.

—Mañana… —Ozaki no tenía idea de que si lo que estaba haciendo era lo correcto— Mañana se realizará… —Suspiró— El funeral de la familia Tachibana, será a las seis de la tarde —Sin embargo el caso de Makoto le había llegado a tocar— Tome este es mi número —Le entregó una tarjeta— Infórmeles sobre el funeral, solamente a los amigos más cercanos de Makoto, para cuando lo haga, quiero que me llame y me diga los nombres de quienes asistirán —Miho asintió secándose las lágrimas— Bien, si eso es todo, debo irme —Se levantó del asiento y miró al maestro de historia— Gracias por la información —Estaba a punto de irse pero se detuvo dirigiéndose nuevamente al otro hombre — Olvidaba decirle… No vuelva a escuchar las conversaciones de las personas, en especial si se trata de la policía, Ah y no puede asistir al funeral, sólo los amigos cercanos de Makoto —Dicho esto, el detective se marchó del lugar, tal vez el forense tenía razón y era demasiado amable.

La noche reinaba cuando Makoto salió a alimentar a los gatos, su aura melancólica podía sentirse a diámetros, Haruka lo observaba desde su lugar en la sala de estar, estaba planchando los trajes de mañana, jamás pensó en que se volvería a vestir así, la única vez que lo hizo fue para el funeral de su abuela. Ya había recibido la llamada de que los chicos del club de natación asistirían al funeral, como también Rin, quien le había comentado que Gou al enterarse de que podía asistir al funeral y ver a sus amigos de nuevo, rompió en llanto. Nadie la estaba pasando bien, pero Makoto era el principal perjudicado; terminando el planchado, fue hacía donde se encontraba su amigo, sobándose los brazos del frío que hacía afuera, el chico más alto estaba absorto mirando a los gatitos comer, Haruka simplemente respiró hondo, miró hacia la luna que brillaba soberbia opacando todas las estrellas, mañana no sería un día soleado, definitivamente no. Mientras miraba el cielo nocturno, sintió como la mano delgada pero suave de su amigo se entrelazaba con la suya, se sobresaltó un poco al sentir este tipo de contacto, pero no dijo nada, sólo lo dejó estar, después de todo se trataba de Makoto, y él tenía derecho a todo.

—¿Tienes frío? —Preguntó el chico de orbes oceánicos en voz baja, el más alto asintió y despidiéndose de los gatos, sin soltar la mano del mayor, entró a la casa, deteniéndose a mirar los trajes fúnebres, su pecho se reprimió, algo de miedo y angustia se apoderó de él, esto era la realidad.

—¿Puedo ir a la cama? —Miró al más bajo, a lo que esté le respondió en silencio, iba a soltar la mano de Haruka, pero decidió mantenerla junto a él— ¿Puedes venir conmigo?

El pelinegro alzó las cejas en signo de sorpresa, al parecer Makoto tenía una sensibilidad muy delicada el día de hoy y no quería estar solo. Le dio un leve apretón a sus manos entrelazadas, consentiría a Makoto lo más que pudiese; era cierto, su mejor amigo de la infancia ya no era el mismo chico cariñoso y amable, simplemente ahora era un hermoso desastre que sufría por la terrible soledad en la que se vio envuelto de la nada, sin embargo no importa si era un desastre, pues él lo atesoraría y cuidaría sin importar si salía dañado.

—Claro… —Y apagando todas las luces, los dos adolescentes compartieron la cama y el silencio, expectante por el día que vendría. Sin soltarse las manos, el menor cerró los ojos con una angustiante y a la vez apacible calma, Haruka lo observó por unos minutos, rozó delicadamente el sedoso flequillo para luego rozar el contorno de la cara del muchacho, oyendo su suave respiración, cerró los ojos juntando su frente con la de Makoto, sus respiraciones sincronizadas eran la melodía más hermosa que aquella casa hubiera podido escuchar en mucho tiempo.

Se vio al espejo, peinándose por última vez, ahogando un suspiro, el chico que estaba detrás de él observándolo, notó que temblaba levemente, aunque no lo quisiera aceptar Rin se encontraba nervioso, sólo quedaba una hora para que el funeral de la familia de Makoto comenzara, estaba algo retrasado, debería estar yendo en camino hacia el templo, pero usaba cualquier excusa para poder retrasarse, por supuesto, lo hacía inconscientemente. Sousuke que ya estaba vestido de negro, lo esperaba con los brazos cruzados, sólo acompañaría a Rin al velatorio, pero al funeral no, ya que no era cercano al nadador de orbes esmeralda, sabía que el pelirrojo era sensible, mucho más de lo que demostraba y era muy notorio que se estaba haciendo el fuerte, no tenía mucho conocimiento sobre cuán cercanos eran él y Makoto, pero sin duda alguna, Rin sabía mucho sobre el otro chico.

—Tenemos que irnos —Dijo cansado de esperar, Rin se volteó sin chistar y asintió.

—¿Dónde está Gou? —Buscó a su hermana con la mirada al notar su ausencia.

—Se fue sola, estaba algo molesta ya que nunca te alistabas —Sousuke tomó la chaqueta del más bajo y se dirigió hacia la puerta.

—Por favor Rin, dale mi pésame a Makoto-kun —La madre del nadador se acercó mientras se secaba las lágrimas con un pañuelo, le entregó un sobre blanco, adornado con lazos negros y plateados— Claro que esto no será suficiente… —En el sobre iban unos 15,000 yenes, que normalmente se entregan a modo de condolencia.

—Está bien —El chico de orbes escarlatas guardó cuidadosamente el sobre en el bolsillo interior de su chaqueta— Ya nos vamos…

Haruka miró el reloj, ya era hora, respiró hondo manteniendo la estoicidad para no afectar a Makoto, quien luchaba para anudarse la corbata negra muy torpemente; el mayor le tomó las manos y con un simple gesto le dijo que él se encargaba de ello. Podía sentir la respiración pesada sobre él, hoy como nunca, estaba muy callado, quería preguntarle cómo se sentía, qué era lo que pasaba por su mente en ese momento, pero no era capaz de formular ninguna pregunta. Por unos segundos, sus ojos se conectaron, azul y verde, mirándose, demasiado cerca o demasiado lejos, la respiración de Haruka también se volvió pesada, pues la mirada que le estaba entregando el más alto, no la había visto nunca, los preciosos orbes esmeraldas miraban con una intensidad tal, que podía lograr abrumar a cualquiera, era tan intensamente oscura, que al pelinegro se le erizó la piel. Makoto le estaba mostrando sin palabras, todo el dolor que tenía dentro, toda la soledad y desolación. Sin darse cuenta, lágrimas cayeron por sus mejillas, el menor limpió aquellas lágrimas e impactantemente le dio una sonrisa, estremeciendo al nadador.

—Está bien así, Haru… —Volvió a tomar la corbata entre sus manos y ordenó el cuello de su camisa.

—¿Có-Cómo eres capaz de hacer eso? —Preguntó Haruka claramente afectado por la acción de su amigo— ¿Cómo puedes sonreír en un momento como este? —Makoto respiró y miró hacia abajo para después dirigirle su mirada a su mejor amigo.

—Porque… —Carraspeó un poco al sentir que su voz se quebraba— Porque creo que a mi familia le gustaría verme sonreír… Al menos una última vez, algo así como un regalo de despedida…

Haruka apretó los puños con fuerza, era increíble lo horrible que era la vida, era increíble lo despiadado

que podía ser el destino, pero lo más increíble, era aquel chico de orbes esmeraldas y hebras olivas, quien, despedazado y maltratado, lograba esbozar una sonrisa para aquellos a quien amaba. El timbre sonó indicando la llegada del detective, quien los llevaría al templo. Makoto tragó saliva y Haruka suspiró, el momento ya llegó.

Con algo de nerviosismo, Rei limpiaba sus lentes una y otra vez, el templo estaba vacío y en silencio, miró el altar frente a él, cuatro cuadros adornados con un lazo negro llamaban toda la atención, sacó el sobre que tenía y temeroso de dejarlo en la entrada, limpió nuevamente sus lentes, una mano sostuvo su brazo, miró al chico rubio que estaba junto a él, Nagisa le dio una sonrisa tranquilizadora y llevando también con él un sobre del mismo aspecto que el del muchacho de orbes morados, lo puso en la entrada del templo e invitó a su amigo a hacer lo mismo, suspirando puso el suyo y al mismo tiempo otro sobre fue puesto al lado, ambos muchachos miraron a la chica que había llegado, quien les sonrió dulce pero tristemente, el sobre de la chica pelirroja era distinto a los otros dos, pues tenía el signo del club de natación de Iwatobi. Los tres adolescentes se habían puesto de acuerdo para recaudar todos los fondos del club y llevarlos como condolencia.

—¿Y Rin-chan? —Preguntó el más bajo, Gou resopló recordando lo molesta que estaba con su hermano.

—Me adelanté —Respondió mientras observaba el templo, el velatorio ya estaba por empezar— De alguna forma… Me siento algo nerviosa.

—Sentimos lo mismo Gou-san —Rei puso una mano sobre su pecho— Tengo mucha ansiedad por ver a Makoto-senpai y Haruka-senpai, me pregunto cómo estarán, si podré hablar con Makoto-senpai, realmente… No sé cómo reaccionar.

—Calma Rei-chan, sólo tenemos que apoyarlos —Nagisa tomó la mano del más alto y la de la muchacha— Todos nosotros, tenemos que apoyarlos.

—Pero qué lindos —Los tres adolescentes se voltearon a ver al hombre quien les sonreía— Deben ser los amigos de Makoto-kun, ¿Verdad? Mi nombre es Anami Tora, su doctor —Se presentó el de hebras castañas, mientras dejaba otro sobre en la entrada— Él es un chico muy dulce, de seguro los extraña —Suavizó las ansias de los menores— Asegúrense de darle un fuerte abrazo.

—Anami-san —El sacerdote del templo se acercó al adulto, tenía varios años encima, pero una mirada muy afable— ¿Ozaki-san está por llegar?

—Sí, en unos minutos estará acá con Makoto-kun —Afirmó el doctor recibiendo unos papeles que le estaba entregando el sacerdote, miró a los tres menores y les entregó a cada uno un papel que contenía unas palabras escritas— Estos son los sutras que se usarán en el velatorio, ya pueden entrar al templo y sentarse, sus puestos tienen sus nombres, los adolescentes se miraron y asintieron en silencio.

—¡Lamento la tardanza! ¿Ya comenzaron? —Decía un Rin algo agitado, Gou al escuchar la voz de su hermano se volteó a mirarlo y se fijó en cómo sus manos temblaban.

—Matsuoka-kun, Yamazaki-kun —Los saludó el doctor entregándoles los papeles con el Sutra.

—Hermano… —Rin miró a su hermana que lucía un reservado vestido negro, se iba a disculpar con ella, pero fue interrumpido por un abrazo de ella, el mayor la abrazó devuelta, sabía muy bien que a su pequeña hermana no le agradaban los funerales para nada, había tenido suficiente con el de su padre que le había afectado bastante en ese entonces.

—Ya estoy aquí… Lo siento —Acarició el sedoso cabello de la chica,

—Es hora de entrar —Dijo Sousuke, que entendía las sensaciones que los dos hermanos tenían en ese momento.

Al entrar al templo, el olor a incienso impregnaba el lugar, el altar era hermosamente devastador, Una familia entera iba a ser enterrada esa tarde. Todos se sentaron en sus respectivos lugares, los primeros asientos eran para Makoto y Haruka, luego en segunda fila estaban los lugares de sus amigos y en la tercera fila se encontraba el doctor Anami, quien a su lado se sentaría el detective Tarou. Una pequeña campana comenzó a escucharse, avisando de la llegada de los fallecidos, todos se voltearon a ver, cómo dos mojes cargaban en sus manos las urnas correspondientes a las cenizas de los difuntos, detrás de estos dos monjes, iban Makoto y Haruka, quienes también cargaban una urna cada uno, siendo cuatro en total. Se dirigieron hacia el altar y colocaron las urnas junto al cuadro con la fotografía correspondiente, el chico hebras olivas con una desolada parsimonia, dejó la urna junto al cuadro de su madre, todo su cuerpo temblaba, pero se mantenía fuerte, al menos por este día. Ozaki se sentó junto al doctor quien le entrego el Sutra que deberían cantar. Los dos adolescentes tomaron asiento en silencio, miradas discretas de los demás presentes eran dirigidas hacia ellos, el chico de orbes esmeralda observó cada cuadro, sus hermanos y padres, le estaban entregando una hermosa sonrisa, respiró profundamente y cerró los ojos al mismo tiempo que las puertas del templo se cerraron, dando comienzo a la ceremonia.


Eso es todo! el próximo capitulo será emocional, al menos así lo quiero hacer.

aún estoy viendo que otra historia actualizar primero! tengan virtuosa paciencia.

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Hasta entonces, se despide su servidora.

Aiiri.