¿Ella o yo?

Epílogo.

Era aun muy de mañana, se podía sentir el frío en el aire muy propio a tempranas horas del día. Los pajaritos volaban alegres entre los arboles por qué la tormenta de la noche anterior por fin se había ido. Que increíble; hoy parecía estar todo más lindo de lo normal.

— ¡Apresúrate Killua!— Corría el pelinegro rápidamente saltando todo obstáculo que se le presentaba en su camino.

—¡Gon! ¡Ve más despacio!— Pidió Killua. —Aún es muy temprano—. Venia corriendo con bastante dificultad detrás de Gon.

—Si sigues así no podrás alcanzarme, date prisa.

—Gon no puedo correr bien si estamos tomados de la mano.

—Claro que puedes, vamos—. Afianzó el agarre y aceleró el paso llevando casi a arrastras a su compañero.

Se dirigían a toda velocidad hacia York Shin atravesando el espeso bosque. Iban en camino para encontrarse con sus amigos, de los cuales no habían sabido nada desde ayer, se llamaron y acordaron un lugar para verse; el punto de reunión que los menores escogieron seria en un café que se encontraba a dos calles del hotel de los mayores.

Ellos fueron los primeros en llegar, como no habían acordado una hora precisa para verse salieron muy temprano y así poder disfrutar todo el día juntos. Tomaron asiento al fondo del establecimiento mientras esperaban que alguna mesa se desocupara, Gon cogió su teléfono y le envió un mensaje de texto a Kurapika indicándole que ya estaban allí esperándoles. Por suerte solo pasaron unos minutos hasta que fueron llevados hasta una mesa donde pidieron algunos dulces como aperitivo.

Killua se encontraba embelesado por toda la variedad de postres que tenían en este restaurant, de su lado había pasteles y pudines de todos los sabores, los cuales amontonó muy cerca para poder tomarlos con facilidad. Gon solo pidió un pastel de chocolate y un vaso de leche.

—¡Hey! ¿De qué sabor es ese pastel?—, dijo señalándolo con un tenedor.

—De chocolate.

—¿Y por qué yo no lo pedí?— Estaba indignado. ¿Cómo era posible que se le hubiera pasado por alto uno de sus postres favoritos?

—Sí que eres goloso Killua, termínate de comer esos que tienes ahí.

—Gon, tu no entiendes; no es así de simple—. Se metió una cucharada de pudin en la boca. — ¿Y si se llega a terminar? ¿Y si no puedo probar su exquisito sabor?

—Jejeje, no te preocupes. Te daré del mío si llega a pasar.

—¿En serio? Yupiiii—, alzó sus brazos de la emoción. — No te arrepentirás ¿verdad?

Gon le hizo un gesto de negación.

—Más te vale, no quieres verme enojado—. Lo volvió a señalar con el tenedor para luego seguir comiendo, aun le quedaba mucho por probar.

Mientras Killua comía felizmente Gon no dejaba de observarlo, ni si quiera había probado su comida, el verlo tan alegre y contento no parecía real, hace tan solo unas horas estaba destrozado por todas las cosas terribles que él mismo le había hecho.

La cara de tristeza de Gon no pasó desapercibida por el peliblanco.

—¿Qué sucede?

—Killua… estaba pensando, en todas las cosas que ocurrieron—. Bajó la mirada.

—¿Qué hay con eso?

—Estando aquí; ahora, y viéndote tan normal como si nada hubiera pasado, eres increíble Killua—. Levantó sus ojos los cuales mostraban tristeza. —No es la primera vez que pasa lo mismo, siempre te lastimo y tú haces como si nada hubiera pasado, eso no es justo para ti.

Apretó los ojos y dijo fuertemente: — ¡Killua, lo siento!

Killua esbozó una sonrisa al escuchar esas palabras. Se paró de su asiento y acercó a Gon para revolverle el cabello con una de sus manos.

—Deja de pensar en esas cosas.

—Pero Killua…

El oji-azul bajó para encontrarse con esos ojos tristes color miel.

—Bakaaaa… ¿Por qué crees que hago eso?

No recibió respuesta.

Gon lo miraba confundido por lo que se acercó a su oído y le susurró algo.

Escuchar esas palabras de Killua lo pusieron nervioso, sus mejillas no podían estar más sonrojadas y sus orejas quemaban.

El ver el rostro de su pequeño novio así hizo que se ruborizara igualmente. Para despertarlo de su letargo el mayor le dio un golpecito en la frente con sus dedos y se sentó de nuevo en su asiento.

—Oye no te pongas así, que me avergüenzas.

Gon puso una sonrisa de oreja a oreja y sus ojos brillaron con intensidad.

—¡KILLUA YO TMABIÉN TE AMO!—, dijo realmente entusiasmado, todos en el lugar pudieron escucharlo y voltearon a mirar a la joven pareja.

—¡Hey! ¿Qué haces? ¿Quieres que me muera de la vergüenza?

—¿Por qué, si lo digo en serio?

—Si, si, si… Pero no lo digas tan fuerte—. Tomó de nuevo el tenedor y siguió comiendo con la esperanza que su sonrojo desapareciera.

Gon solo lo miraba con una gran sonrisa mientras éste comía.

Pasaron un par de horas desde que estaban en el lugar, era extraño que sus amigos no hubieran aparecido todavía ya que su hotel estaba a dos calles del café donde se encontraban.

—Gon, deja de hacer eso—, le rogó Killua.

—¿Por qué?

—Es vergonzoso y todos nos están mirando.

—Vamos Killua, ¡Qué importa si nos están mirando! ¡Quiero hacerlo! ¡Di Ahhhh…!— Acercó hasta la boca de oji-azul una cuchara con un enorme pedazo de pastel de chocolate con la intención de dárselo a probar.

Lo observó y a pesar de su vergüenza se lo comió de un bocado, no podía resistirse al chocolate ni a los pedidos de Gon.

—¿Te gustó?—, preguntó al ver la cara de satisfacción del peliblanco, que saboreaba minuciosamente el sabor amargo del chocolate negro que tanto le encantaba.

Él le hizo un gesto de afirmación.

—Ves, no fue tan malo—, dijo dándole una sonrisa mientras le veía terminar de comer.

—¿Buenas…?—, se escuchó una voz detrás de ellos.

Killua dio un saltó por el susto ahogándose un poco, delatando su nerviosismo.

Sus amigos tenían rato observando la escena sin que ellos se percataran.

—¡Leorio! ¡Kurapika! ¡Qué bueno que hayan llegado!—, les dijo Gon felizmente.

—¿Killua?—, preguntó Leorio al ver que el joven ya no ocultaba su apariencia, su largo cabello había desaparecido y sus ojos habían vuelto a ser los mismo de siempre.

—¿Si…?—, dijo tímidamente.

En seguida los mayores entendieron la situación: Killua había vuelto a la normalidad. Eso era un gran alivio, y al parecer él y Gon no podían estar mejor que nunca.

Leorio le dio unas palmadas en la espalda. —¡Qué bueno verte!—, dijo intentando ocultar su descubrimiento a Gon.

—Mmm… Si.

Los recién llegados tomaron asiento uno al lado del otro, por lo que Gon se movió para quedar igualmente al lado de Killua. Los cuatro no decían nada, se miraban incómodamente, esperando quien sería el primero en hablar.

—¡¿Qué lindo día no?!—, dijo Leorio para cortar la incomodidad.

—¡Ah sí!—, respondieron todos al unísono, aunque de nuevo el silencio apareció.

Kurapika miró el rostro de los niños y sonrió levemente, realmente se sentía feliz de que todo se hubiera solucionado; así que fue el primero en hablar. —Chicos, ¿Cómo están?

Killua estaba más que avergonzado por lo que solo balbuceo algunas palabras sin sentido. Al ver la reacción de su compañero Gon decidió tomar en sus manos la situación.

—Chicos, lamentamos haberlos metido en esta situación—, hizo una reverencia para disculparse debidamente. Observó a Killua y este solo se quedó mirando. —¡Killua, tu también!— Le obligó a inclinarse con una de sus manos.

—Así que ya lo sabes Gon—, respondió Leorio.

—Emm… Si, y lo siento mucho. Por culpa de nosotros, ustedes tuvieron muchas dificultades y no pudimos disfrutar de nuestras vacaciones como debió ser.

—Gon, todo está bien. Somos amigos ¿no?

—¡Sí!

—Los amigos estamos para eso.

—¿Killua como volviste a la normalidad?—; preguntó Kurapika, intrigado por saber como hicieron para solucionar el problema.

—Mmm… etto… bueno...— No quería decir nada que los pudiera comprometer aun más. Era difícil explicar la situación sin mencionar lo ocurrido la noche anterior.

Gon no titubeó dos veces para explicarle a sus amigos como había sucedido todo. —En realidad no lo sabemos, anoche antes de dormirnos Killua estaba aun con esa apariencia, pero cuando me desperté esta mañana; pude ver que había cambiado, su aspecto era el de siempre. ¡Qué bueno que todo volvió a la normalidad!

Killua suspiró aliviado, Gon lo había hecho bien. No dijo nada indiscreto.

—¿Todo esto fue muy raro no?—, dijo Leorio dando un sorbo a una taza de café que había pedido hace un rato.

—Si…— Respondieron los cuatro suspirando.

Gon comenzó a removerse intranquilo en su asiento, jugando con sus dedos y mirando al suelo. —En parte, estoy feliz que esto haya pasado.

El albino abrió los ojos de par en par, la actitud de Gon lo estaba asustando.

—Gracias a eso, Killua y yo podemos estar juntos…—, siguió jugando con sus dedos.

Lo sabía, era raro que Gon no hubiese dicho algo vergonzoso. —¡GON!— Su rostro se volvió rojo como un tomate y lo único que logró hacer fue esconder su rostro debajo de los mechones blancos.

El menor de todos sonrió tímidamente mirando a su novio. —Killua; Leorio y Kurapika son nuestros amigos, tienen que saberlo.

El peliblanco chasqueo su lengua y siguió comiendo del banquete de dulces que tenía en frente.

—A Killua le da pena decirlo, pero queríamos darle las gracias de nuevo. Gracias a su ayuda ahora él y yo estamos juntos.

—¿Cómo una pareja?—, preguntó emocionado Leorio.

—¡Si!

—¡Eso es genial!—, el mayor se levantó de su asiento y acarició los cabellos de sus dos amigos — Sabia que ustedes podían resolverlo. ¡Bien hecho Killua!

—¡Déjame viejo!—, respondió el oji-azul.

—¿Así le hablas a tu salvador?—, dijo acercándose al rostro de Killua en modo amenazador.

Eso fue lo último que pudo soportar, además de aguantar las palabras vergonzosas de Gon, ¿Tenía que escuchar también las de ese viejo pervertido? —¿Quieres pelea?—, preguntó.

—Cómo si pudieras hacer algo…

El Zoldyck saltó encima del doctor moviéndose como un felino al momento de atacar, los dos comenzaron a pelear a un lado de la mesa haciendo un tumulto difícil de identificar. Gon y Kurapika los miraban riéndose por lo bajo.

—Estos dos nunca cambiaran—, expresó el rubio con un poco de ironía en sus palabras. Él tenía mucha curiosidad por saber cómo Gon se había enterado de la condición de Killua, mientras sus amigos seguían peleando decidió aprovechar la oportunidad para preguntárselo directamente a su pequeño amigo. —Oye, Gon. ¿Cómo te enteraste que Kiki era Killua?

—Fui a verlo, y él estaba actuando extraño, tuvimos una discusión y su disfraz se cayó en el forcejeo, entonces pude ver que él era Kiki.

—Ya veo…

—Kurapika, por fin entendí el porqué actuaba de esa forma cuando estuve con Kiki, es porque era Killua—. Gon bajó la mirada, el recordar eso le ponía un poco triste.

—Entiendo…

El pelinegro alzó su mano para rascarse la cabeza nerviosamente. —Jejeje, Es culpa de Killua, por ser tan lindo y hacerme perder el juicio—. Sacó su lengua juguetonamente.

Killua detuvo su asalto en seco, tenía sostenido del cuello al mayor el cual se veía bastante lastimado y estaba a punto de propiciarle un puño, cuando escuchó a Gon. Haber entrenado por tantos años como asesino lo había bendecido con unos oídos muy sensibles. Lo miró y sintió como se estaba sofocando —¡Gon!—, dijo antes de marearse por el calor de su sonrojo. Cayó en el suelo moviendo su cabeza un poco confundido.

—No digas esas cosas o harás que Killua se desmaye—, le advirtió el rubio.

Gon se levantó preocupado de su asiento se arrodilló para ver el estado del afectado. —¡Killua!— Tomó el menú entre sus manos y lo usó para ventilarlo.

—¡Ja! ¿Quién diría que un asesino de elite sería derrotado por unas palabras indiscretas? Después de todo sigue siendo un niño—. Se levantó limpiándose el traje lleno de polvo para luego sentarse al lado del kuruta.

Kurapika rió observando la graciosa situación: Leorio quejándose, Gon llorando intentando traer de vuelta a su novio a la realidad y Killua sonrojado hasta sofocarse. Qué bien se sentía compartir tiempo con ellos. —¿Chicos, por qué no vamos al parque de diversiones?

Leorio y Gon lo miraron extrañados, no era habitual que él quisiera ir a un lugar tan "animado".

—Solo nos queda el día de hoy para poder divertirnos.

—¿EHHHHHH?—, se quejó Gon.

—Aunque no lo parezca, ya pasó una semana y debemos volver a nuestras ocupaciones, así que porque no pasamos este último día en el parque de diversiones.

Leorio se acomodó sus gafas y suspiró. —Es cierto…

Gon sonrió emocionado por la idea —¡Sí!

.~*~.

Gon iba delante cargando a Killua en su espalda, aun se encontraba algo aturdido; detrás iban los mayores observando a sus pequeños amigos.

Leorio carcajeó suavemente al recordar todo lo ocurrido en estos días. —No puedo creer todo lo que pasó en esta semana.

—Tienes razón.

Killua se despertó y notó que estaba siendo llevado por Gon; avergonzado, se bajó enseguida. —Oye, ¿Qué hacías cargándome así en la calle?

—Killua te desmayaste, no te podía dejar abandonado en ese lugar.

—Primero que todo eso fue por tu culpa, ¿Cómo puedes hablar sin pensar?

—Ehhh, pero no dije nada malo.

—¿Cómo que no?— Colocó un dedo en la frente del oji miel. —¿Qué rayos pasa por esa cabecita tuya?

—Killuaaaaaaaa…— Hizo un berrinche al sentirse regañado, inflando un poco su mejillas.

Al escuchar el chillido de su amado no pudo seguir regañándolo. —Bueno, bueno, te perdono; pero tienes que darme tu postre por una semana—. Pasó su brazo detrás del cuello del pequeño para apretarlo con fuerza.

—¿Una semana? ¡Eso es mucho!

—Es lo mínimo que puedo aceptar como disculpa.

—Waaaa… Killuaaaaaa…

Leorio y Kurapika observaban la escena, fascinados.

—Esos niños son increíbles—, comentó Leorio.

—Es cierto, cualquiera que los viera no se imaginaría todo lo que tuvieron que pasar en estos días.

—Fueron muy valiente en despejar todos sus temores y sincerarse, son admirables.

—Si…

Leorio miró de reojo a su compañero y pasó su brazo por detrás de sus hombros abrazándolo mientras caminaban. —¿Y cuando nos vamos sincerar tu y yo Kurapika?

Una vena apareció en la sien del kuruta y le encajó un golpe con su codo en el estomago al doctor pervertido. Siguió caminando furioso dejando atrás al agraviado.

En el suelo el mayor se sobaba el estomago tratando con dificultad levantarse. —Estaba jugando… Kurapika…

Los que estaban delante se detuvieron para esperar a los mayores que habían quedado rezagados, mientras tanto, Gon tomó de la mano a Killua y entrelazó sus dedos.

—¡Killua! ¡Estoy Feliz!—, dijo muy emocionado. —¡Estoy feliz de que este aquí conmigo!

—Gon…

—Jeje, De ahora en adelante, siempre estaremos juntos pase lo que pase. ¡Es una promesa!— Gon le ofreció el meñique de la mano que tenía libre indicándole que lo tomará.

Los ojos de Killua se abrieron de par en par sorprendido por las palabras que su novio acababa de pronunciar, levantó su meñique libre y Gon terminó de unirlos.

Gon comenzó a cantar. —Prometo que estaremos juntos pase lo que pase… aquel que rompa su promesa, deberá tragarse un millón de agujas… ¡Es una promesaaa!...

Killua sonrió dulcemente mientras observaba la inocencia de su amado, le siguió el juego y esperó a que terminara; levantó su pulgar para terminar la canción, esperando sellar su promesa uniéndolos en un "Chuuuu~" como solía hacerlo Gon habitualmente.

—Y lo sellasss con unnn… besoooo…— Unieron sus pulgares, pactando su promesa; al mismo tiempo se acercó a Killua y el robó un beso, fue cálido y fugaz. —Ahora si es oficial, fue sellado con un beso de verdad—. Le brindó una sonrisa al sorprendido joven. Que aun no digería bien lo que había pasado. Aun tomados de la mano, se dispuso a correr, quería llegar rápido al parque de diversiones «¡Hoy será un gran día!», pensó . Miró hacia atrás y les gritó a sus compañeros. —¡Chicos apresúrense o los dejaremos!

Comenzó a correr con su mano entrelazada a la persona que más quería en el mundo, que después de tantas dudas, por fin podía estar a su lado sin miedo a que algún día sus caminos se separan, de ahora en adelante su destino estaba unido, y daría todo de sí para hacer feliz a Killua.

Los ojos color azul no se apartaban del joven que corría felizmente delante de él, Gon era único y especial, nadie podría compararse a él; era como un sueño el saber que de hoy en adelante estarían juntos y que ambos podrían expresar libremente lo que sentían el uno por el otro. Nunca se sintió tan amado como ahora, ese niño lo hacía tan feliz que ya no recordaba nada de lo que sufrió en el pasado. Creyó haber renacido en un nueva persona y que todo aquello había sido solo una pesadilla. Él tenía ese poder de sanar su corazón. Tan solo creer que hace unos días su mente estaba en un total caos, debatiéndose si Gon gustaba o no de él, cuando en realidad siempre había sido correspondido.

«Gon, yo también estoy feliz… Y nunca, nunca dejaré que nada y nadie te lastimé ni te separe de mí… Esa es la promesa que te hago yo a ti…» Observó como el pelinegro sonreía felizmente mientras corría a toda velocidad.

—¡Killua! ¡Apresúrate!

—¡SI!...

«En verdad me siento afortunado de que hayas escogido alguien como yo como tu persona especial…»

—¡Gon!


Este epílogo lo hice con el propósito de emendar algunos cabos sueltos. Como digo es un epílogo, el fic terminó en el capítulo 10. (Sólo para aclarar.) xD!

Gracias por acompañarme en esta travesía.

Espero que les haya gustado.