(con resaca fiestera mientras Pinkie Pie, de My Little Pony, aparece por detrás usando una girnalda cual liana, chillando y dándole más dolores de cabeza)

¡Hola! ^_^

Estoooo...siento el retraso, pero, como creo que ya ha quedado claro, XDDD, no estaba muerta, que estaba tomando cañasXD. Ahora en serio, era la Feria de Albacete, y han sido DIEZ DÍAS^^.

Aparte, hoy me han llamado para empezar a dar clases ya ^^, así que ya estoy trabajando. Lo siento por esto y por el Esclavo, que quería que estuviera esta semana pero parece que no voy a poder. Intentaré tenerlo la que viene sin falta.

En fin, guapas, espero que os guste el capi de la Bella...aunque aviso, es una puñetera montaña rusa emocional...en más de un sentido...

Recomiendo música:

En todos los ****AHORA****, Tale as old as time violin( www. youtube watch ?v= 8CKK6r -2ldQ)

Y, dicho esto...

Dentro, capítulo...

ALGO NUEVO IV: MES Y MEDIO

Ya era algo más allá de mediodía día cuando Kidd comenzó a despertarse, notándose más que agradablemente cansado, al tiempo que el olor a comida recién hecha ya flotaba por el aire.

Aunque…

No quería terminar de despertarse.

Hacía tiempo que no dormía tan bien, ni siquiera…

Y yo no quiero irme, Eustass-ya. Espero…que te haya quedado claro…

Sí, me lo ha quedado, pensó, medio durmiéndose de nuevo, pensando en toda la larga noche que habían pasado hasta que ambos no habían podido ya más. Medio en sueños recordó la noche en imágenes, muchas incluyendo a Law sobre él, llevando la voz cantante mientras él lo abarcaba casi entero con las garras.

Lo abarcaba, realmente.

De hecho, el ritmo había pasado de una desesperada pasión a una pasión lenta, más atenta a escuchar la respiración de Law mientras se perdía realmente en su calor, notando como si el moreno lo tuviera realmente atrapado.

Y no hablaba sólo de la sensación física.

Hacía cinco años no habría creído que la idea de no poder estar así con alguien le diera el auténtico pánico que ahora se había convertido en urgencia.

No.

Con alguien n…

Y algo lo terminó de despertar.

La suave sensación de una mano acariciando su cola, que había empezado a moverse.

-Vaya, Eustass – ya, debes de estar teniendo un sueño bastante agradable…

Claro que esa frase dicha con cierto tonito juguetón ayudó a que se despertara del todo, sí.

Abrió los ojos y sonrió levemente al encontrarse con la mirada de Law, que, vestido con los pantalones del pijama y con un libro en la mesita de noche, ya llevaba un tiempo mirándolo en silencio, sin meterle prisa porque se despertara.

Entonces, ambos se besaron, rodeándose ambos el cuello con los brazos, brazos que Kidd bajó para acariciar con ternura los arañazos que cubrían el cuerpo de Law, haciendo las manos del moreno sobre los suyos que Kidd se diera cuenta de que el chico había conseguido también arañarlo.

Eso, en cierta manera, le gustó.

Bastante… .

-Mañana estarás más rato en la enfermería si quieres. – murmuró Kidd cuando se separaron- Ya es tarde.

Bonita manera de pedirme que me quede, pensó Law con una leve sonrisa.

Pero no era mala idea, no. Llevaba desde que había pisado la enfermería yendo sin parar, hasta los domingos.

Y, además, ya había contado con ello.

-Ya se lo he dicho a Chopper. – dijo escuetamente – Hace cosa…de media hora.

-Ya decía yo que ibas muy vestido – ironizó Kidd, antes de preguntar - ¿Has podido andar?

-Algo. – suspiró Law.

Y sonrió levemente al ver que Kidd, ya incorporándose, cogía el bote de pomada.

-¿Ah, pero aún queda?

-Le pedí varios botes. – masculló la Bestia pelirroja – Quítate los pantalones. Total, hoy no te van a hacer falta.

-¿Es una promesa? – ironizó Law, comenzando a hacerle caso.

Ojalá, pensó Kidd al ver cómo los arañazos de la espalda de Law seguían hasta sus piernas.

Joder…eso era aún peor si quería contener…

-Le envié una carta.

Kidd lo miró un momento,sin entender, cuando esa simple frase de un Law sentándose, ya desnudo, en la cama y a su lado, cruzó el aire.

-Una carta. – repitió Law, estirándose - A Doflamingo. Diciéndole que estaba bien.

Kidd entonces SÍ entendió.

La posta. El día anterior.

La madre que lo…

Kidd gruñó, haciendo por controlarse.

Joder…

Pero el recuerdo de la noche anterior le impidió hacer algo más.

-Vale. – masculló Kidd al poco rato.

-Te lo habría dicho ayer si no te hubieras puesto así. – siguió Law, tan tranquilo.

-¿Y por qué me lo dices ahora?

Entonces, Law sonrió:

-Porque te has puesto así.

Con eso, Kidd suspiró.

-A ver si voy a tener que volver a ir con el espejo por todos lados...

-¿Cuándo crees que le llegará? – siguió Law con el tema.

-Y yo que sé, joder…pon como poco una semana – masculló el pelirrojo, tan cabreado que no podía ni abrir el bote.

Vio entonces que la mano de Law, tranquilamente, apartaba su garra, abriendo el bote.

-Claro que lo echo de menos. No te voy a engañar. – dijo Law, serio. – Pero…resulta que aquí se está bastante bien.

Kidd con eso suspiró, sintiendo que lo que había pensado el día anterior ya no le atormentaba tanto.

Miró de nuevo a Law y sonrió un poco al ver cómo lo miraba…

…aunque empezó a tocarle ligeramente los cojones el que Law le volviera a sonreír con esa sonrisita.

-Además…sigo afirmando que sería bastante entretenido que viniera.

-Eres un cabronazo – masculló Kidd, pero sonriendo de medio lado, apretándolo con fuerza por la cintura.

-Sólo digo lo que pienso, Eustass – ya. Aparte…Ya hace tiempo que decidí que no iba a dejar que la rosa se marchitara así como así.

Kidd con eso notó algo extraño, aunque también agradable.

Que no quiero entrar en una cueva llena de mierda cuando ya sé lo que es la rosa.

El ambiente que había ahora era precisamente el que había habido cada vez que él se había despertado en medio de la noche.

Eso hizo que Kidd inspirara, antes de decir:

-Sólo vienen una vez al año.

Law supo enseguida de lo que Kidd estaba hablando.

-¿Porque deben venir? – prácticamente afirmó Law.

-Sí, eso piensan – masculló Kidd.

El año pasado ni siquiera les dejamos entrar.

No hacía falta que le dijera más.

Law ya se había hecho una idea más o menos clara sobre lo que debía pasar en las pesadillas de Kidd, y esto se lo terminó de confirmar.

-¿Cuándo vienen? – dijo Law, en tono neutro.

-Unos días antes del diez de Enero. El día de mi cumpleaños.

Ya hay que ser imbéciles, pensó el moreno para sí. O eso, o tener el tacto que quien fuera le concedió a un cerdo.

O pensar que, encima, le hacían "un favor". Sí, sin duda era lo último.

-Qué oportunos. – dijo Law, en un tono más irónico - Seguro que vienen cargados de regalos.

-Oh, sí, puedes apostar…

-Y tú les dirás que se los alojen en el recto.

-Algo así, sí. – sonrió débilmente Kidd.

-¿Te traen también candidatas?

Un gruñido le contestó claramente.

Con eso Law dejó escapar un suspiro.

Claro, había que mantener las apariencias. Aparte de hacer ver que se preocupaban por su hijo, tenían que asegurarse un heredero por si le pasaba algo al hermano. Por supuesto, su pueblo no lo sabría, así que a saber de dónde sacarían a las candidatas.

Y empezaba a hacerse una idea de lo que tendrían en mente si la maldición al final se hiciese permanente.

La verdad, los reyes cada vez le parecían peores actores, ahora que lo pensaba.

Eran tan asquerosamente obvios… .

Realmente, pobre del reino que tuviera que aguantarlos. Le extrañaba que no se hubieran dado cuenta y no les hubiesen montado una revolución.

Aunque tal vez el que gobernara realmente fuera el hermano, del que aún no sabía demasiado.

Curiosamente, Law sintió una especie de siniestra ansiedad porque llegara el diez de Enero.

Siniestra ansiedad que hizo que en su cara se dibujara una sonrisa igual de siniestra.

Curiosamente, dicha sonrisa animó un poco a Kidd:

-¿Se puede saber en qué estás pensando? – preguntó.

-Ya te lo di… - dijo Law yendo a sentarse, pero dejó escapar un siseo.

-Mierda…

-¿Te duele? – casi afirmó Kidd.

Law entonces suspiró al notar que Kidd le estaba poniendo algo de crema en su entrada, con cuidado de no hacerle daño.

-En serio, me extraña que aún quede – sonrió un poco el moreno antes de ahogar un bostezo mezclado con un jadeo.

-Te recuerdo que pedimos otro bote – masculló Kidd, terminando…y quedó de piedra al ver que Law no quedaba precisamente indiferente.

Eso hizo que una sonrisa maliciosa apareciera en su cara.

-¿Es que no has tenido bastante?

A modo de respuesta, la sonrisa de Law se acentuó, al tiempo que, abrazando la enorme cintura de Kidd, apretaba ambas erecciones, con lo que los dos suspiraron.

Law gimió cuando notó cómo Kidd ahora le metía suavemente un dedo de una forma bastante más agradable, sin mucha dificultad gracias a la larga noche que habían compartido. Suspiró entre sonrisas a pesar del leve dolor, abriendo las piernas, permitiéndole meter dos más, besándolo con ganas mientras seguía acariciando con la suya la enorme erección de la Bestia, despacio pero no sin urgencia.

Tan despacio que Kidd no supo lo que hacer: si dejar prolongar la sensación que lo estaba volviendo loco, o si tomarlo ahora y ya otra vez…

Y se soreprendió gimiendo cuando notó cómo Law intentaba de nuevo clavarle las uñas en su dura piel. No sabía si le estaba dejando señal, pero el mismo hecho lo estaba excitando todavía más…

…y…esa mirada…

Con todo el cuidado que le permitía la urgencia, Kidd lo tomó, con ansia, mientras la mano de Law aferraba su garra, que pronto envolvió aquella con fuerza en el calor de la cama… .

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Nami y el resto de plumeros no se creían todavía las órdenes que acaban de recibir esa mañana.

Pero…

Ahí estaban.

Todas, todas, en el Ala Oeste.

Más concretamente…

En la habitación del Amo.

Ahí, Kidd estaba esperando, seco.

Sujetando la rosa dentro de la vitrina.

Nami no recordaba haberla visto desde hacía muchísimo tiempo…prácticamente, desde la maldición, porque ni ella ni las demás habían pasado en años.

Era…estaba algo marchita, pero seguía siendo preciosa…

-Empezad a limpiar.

La voz de Kidd pareció devolverla a la realidad.

-Eh…sí, claro… - respondió Nami, haciéndole un gesto a las demás con la cabeza para que entraran.

Ella misma no pudo evitar toser cuando bajo su falda se levantó una enorme cantidad de polvo, lo que la dejó asombrada de que el Amo hubiera pasado tanto tiempo allí.

Y más aún cuando, a poco que comenzaron a limpiar, vio el estado de la habitación.

Eso le hizo acercarse a Kidd antes de que éste se fuera.

-Amo, perdone, ¿Quiere que avise a Ussop o a Franky?

Kidd le devolvió una mirada extrñada.

-¿Por qué los tienes que llamar a ellos?

-Bueno, ya que nos ha pedido limpiarla…¿Va a volver a ocuparla?

Para sorpresa de Nami, Kidd, en lugar de gruñir, dijo, con seriedad:

-No. No voy a volver a ocuparla. Pero limpiadla igual. – luego añadió, pensativo - Tal vez luego los avise.

Y con eso, se fue.

Dejando a Nami con una sensación extraña.

-Esto…¿y dónde guardará ahora la rosa? – preguntó una de las otras plumeros, intrigada.

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Law contempló la hermosa luz que tenía ahora frente a él, a apenas unos centímetros.

La luz de la rosa, dentro de su vitrina, iluminando ahora el cuarto que, ya podía decirlo, era realmente de los dos.

Sonrió un poco.

Sentía la mirada de Kidd, que evidentemente trataba de controlarse para no apartarlo como aquella vez.

Sabía lo que le estaba suponiendo dejarle ver eso.

Lo notaba casi físicamente desde la escasa media hora que había pasado desde que lo había llevado a la habitación tras estar practicando en la enfermería.

-Así me ahorro dolores de cabeza de una puta vez – había dicho Kidd, dejando la rosa sobre una mesa .

-Ya te dije que sabía lo que era, Eustass – ya.- había dicho Law, pronto mesmerizado por la luz rojiza, como aquella vez.

Se dio cuenta entonces de algo.

Habían caído más pétalos desde su primera "visita".

Cerró los ojos un momento antes de, con cuidado, taparla con una manta.

-¿Se puede saber qué haces? – preguntó Kidd.

-Déjala aquí si quieres, pero sigue sin ser sano que estés pendiente de la rosa todo el día. – zanjó Law. – Por más que la mires, no van a parar de caer pétalos hasta que el hechizo se romp…

Enmudeció cuando, con ese último comentario, Kidd lo besó, con ansia.

Sabía perfectamente lo que Law había querido decir.

****AHORA****

-Sí va avanzando la cosa, sí… - murmuró Ussop, sin poder creérselo, cuando Nami esa noche en la cocina reunió a los ocho con los que más confianza tenía para contárselo.

-Ya les había extrañado que el día anterior fuera tan tranquilo, pero esto… .

-No sé qué pasaría anteayer por la noche…pero bendito sea. – suspiró Chopper.

-Franky, NO HAGAS SUGERENCIAS. – atajó Nami, adelantándose a la fragua que se asomaba por la ventana.

-Joder, ni que tuvieras cinco años… - masculló Franky.

-Lo que sé es que hubo una discusión, me lo han dicho algunos – dijo Zoro. – Pero vamos, yo gritos no oí apenas.

-Las ninfas me han dicho cosas. – dijo Luffy, levantando la vista de la comida– Aparte de algunas un poco raras que le dan la razón a Franky, pero…bueno, el caso es que el Amo ha llevado la rosa a la habitación.

-Y cuando he ido a llamar, estaba echada la llave. – corroboró Brook. – Así que sí. Lo de la rosa tiene que ser cierto.

-¿Sabéis si Law tiene copia o algo? – preguntó Sanji con curiosidad. - Y la pregunta…¿dónde va el Amo cuando Law está en la enfermería?

-¿En serio no lo imagináis? – dijo Robin. – Porque Franky, Chopper y yo sí nos lo hemos figurado, y creo que Ussop también.

El reloj, como pillado en falta, carraspeó, más al ver que lo miraban todos.

-Esto…veréis…hace unos días, en el despacho, vi que el Amo había pedido unos libros para Trafalgar, pero no le di mayor importancia, pensé que era algo puntual…

-Un momento… - murmuró Sanji - ¿No estará…volviendo a mirar las cartas?

Con eso Luffy bajó de la mesa, sorprendido:

-¿Las cartas de David? ¿¡Pero han seguido llegando!?

-Yo también creía que no, pero… - suspiró Chopper.

-De hecho, quemó bastantes – suspiró Franky. – En la hoguera de la basura. Se dio cuenta Law y no llegamos a tiempo.

-Mierda… - masculló Ussop. – Si hubiera sabido en qué parte del despacho las guardaba… .Puedo intentar buscarlas, si queréis… .

-Pues yo no veo tanto problema.

Varios fulminaron con la mirada a Zoro, que se había encogido de hombros.

-¡Serás bestia! – gritó Nami.

-No seas animal, marimo.

-Bueno…su familia le dio de lado. Nos dio de lado a todos. Normal que no le interese seguir con el contacto. ¿O es que os tengo que recordar cómo llegamos aquí, en primer lugar?

Varios se mordieron el labio.

Realmente, algunos de ellos, igual que muchos de los que no estaban presentes en esa cocina, no habían querido ir primero allí, pero no habían tenido más remedio.

Pero se dieron cuenta de algo.

A Nami…

-¿Nami-swan…estás bien? – preguntó Sanji, alarmado.

-¿Nami- san?

…a Nami se le estaban empezando a llenar los ojos de lágrimas, que habría intentado contener con las manos de tenerlas…

…y ni aun así habría podido.

Sus maletas salieron despedidas contra el suelo del enorme castillo mientras se escuchaba un grito feroz:

-¡LÁRGATE DE AQUÍ, LADRONA!

-¡ESO ES MENTIRA, NO PUEDEN PROBARLO! – gritó una Nami furiosa, con la cara surcada de lágrimas que no parecían hacer efecto en la cara de la reina.

-¿Ah, no?¿Y qué diablos hemos encontrado en tus bolsas?

-¡ESO NO HE SIDO YO! ¡ME LAS HAN PUESTO AHÍ! – gritó la pelirroja, furiosa. Sí, había robado cosas, pero no había sido tan estúpida como para que fuera algo demasiado llamativo ni para dejarlas en donde pudieran, además, lo enviaba a su familia, no era tan rata de quedárselo ella.

Pero sabía que no tenía caso. La reina quería echarla, y punto, porque no la aguantaba. Sabía de sobras quién le había puesto las joyas ahí…

-Señora – salió Robin, en su defensa – Nami…no lo hace a propósito. Es una enfermedad mental probada, se llama "cleptomanía", y ella no puede evitar robar…ella no… .

Nami no supo si sentir más rabia por esa defensa o si estarle agradecida a Robin, o ambas cosas…

…pero la reina no le dio tiempo a decidirse:

-¡De acuerdo, pero esto no es un asilo de la Beneficencia, Nico Robin!¡Así que…!

-¿Ya tienes las maletas en la puerta? Pues de puta madre. Llévalas al carro.

Nami no supo cuál de las dos, si la reina o ella, puso más cara de estupefacción ante la frase que acababa de decir Eustass Kidd, apenas sí un crío de catorce años en ese momento, que ya se estaba preparando para su "destierro".

Al ver la cara horrorizada de su madre, Kidd dejó escapar una sonrisilla cuanto menos, inquietante.

-Me hace falta una más.

La reina apenas sí pudo balbucear:

-Pero…pero hijo…si es una ladrona…

-Psch…Conque no se acerque a mis cosas, me vale. – masculló Kidd.

-Nami…no llores…

Interrumpió la voz de Luffy.

Y la plumero se dio cuenta de que la tacita, con cara de circunstancias, se estaba pegando a ella todo lo que podía considerarse un abrazo al tiempo que Chopper lo imitaba en silencio mientras Brook, calladamente, le ofrecía un pañuelo, que Sanji usó para secarle a la "chica" las mejillas sin brusquedad.

-Nami…¿qué pasa? – dijo Robin, con tono de leve alarma.

-Por…¿por qué no me di cuenta…? – sollozó entonces la pelirroja.

-¿De qué? – preguntó la tetera.

-Lo…me cogió para que no me echaran… - siguió Nami, llorando con fuerza, sintiendo como si se hubiese quitado un peso de encima al decirlo. – No…no me di cuenta…en todo este tiempo…no me di…

Un silencio pesado sólo roto por sus sollozos siguió a esas palabras mientras Luffy y Chopper no la soltaban y Robin suspiraba, sabiendo lo que pensaban Sanji, Brook Ussop y Zoro en ese momento.

Los dos primeros seguían pendientes de Nami, aunque su mirada era ahora levemente ausente, pensando también en otra cosa…cosa en la que Ussop estaba claramente perdido, y Zoro…Zoro inspiraba pesadamente, con los ojos cerrados.

En esos cinco años, todos los que tenían familia fuera habían tenido que mentirles, mandando cartas y giros para que no sospechasen nada malo, pero sin poder verlos, ni muchísimo menos contarles la verdad.

Robin inspiró.

También notaba la mirada de Franky en su espalda, melancólicamente cómplice, dejando que algunas lágrimas se le escaparan sin vergüenza.

Sabía que ambos pensaban lo mismo.

Al menos, era gracias a lo que ellos dos habían podido aguantar, al igual que Luffy, que ahora estaba intentando hacer reír a Nami haciendo payasadas.

El Amo los había aceptado por que no los echaran. A todos. Incluso sin ser consciente de ello.

Toda la rabia que habían sentido todos durante esos cinco años casi había conseguido que lo olvidaran.

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El experimento de Caesar Clown volvió a irse al garete por tercera vez en esa semana sólo por darse cuenta del aire con el que venía Spandam.

Y no ayudó precisamente en el ánimo de Caesar que Spandam repitiera por enésima vez, con aire cansado:

-Sigue sin saberse nada de Law, y no hay forma humana de entrar en casa de Doflamingo.

Caesar Clown no pudo evitar apretar los dientes al oír el nuevo informe de Spandam…

…que en ese tiempo no había cambiado para nada.

Y, aunque lo había comentado con las autoridades, éstas habían dicho que, aunque hubiera sospechas sobre Doflamingo, realmente no podían entrar en su casa simplemente porque éste hubiese decidido no salir.

Sobre Law, dado que era adulto y que el propio Doflamingo no había dicho nada al respecto, tampoco podían emprender nada: podía ser que el chico se hubiese ido por su propio pie. De hecho, había gente que lo había visto salir a lomos de Bepo el último día que Law había sido visto, y Bepo no había vuelto, así que…

Caesar se llevó las manos a las sienes, frotándoselas.

No, desde luego, algo no funcionaba ahí.

-Vas a tener que seguir acampando delante de la puerta de Doflamingo. – dijo a Spandam.

-¿Otra ve…? Digooo, vale, vale. – suspiró Spandam. – Pero, ¿cuánto tiempo? Porque ya empieza a hacer frí estamos en Noviembre.

-El que sea necesario, joder. Si te pones enfermo, ya te pago yo la medicina.

Spandam, gruñendo, se marchó.

Caesar, entonces, se dio cuenta de algo.

¿Qué…?

¿Qué le pasaba a esa solución?

Con interés, comenzó a examinarla.

Esa reacción…

…no la había visto nunca.

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Bajo la escasa luz de la cada vez más oscura tarde de Noviembre, Kidd, mientras ambos estaban tumbados frente a la chimenea, con varios libros rodeándolos y con Law mirando el espejo para ver a Doflamingo una vez más, se sentía, cuando menos, extraño.

A eso ayudaba, y bastante, que por ejemplo hasta Ussop hubiese comenzado a dirigirse directamente a él, como ahora.

-Amo…ya tenemos…dos Alas reparadas…¿va a querer verlas?

-Está bien. – masculló Kidd – Mañana temprano.

Y no se le escapó la leve sonrisa del reloj.

Vale que aún temblaba, pero…

No era igual que en todos esos cinco años, y lo mismo podía decir tanto de Chopper como de muchos otros.

Curiosamente, el ambiente en el castillo era más…distendido.

Los objetos ya no huían a su paso, no sólo cuando estaba con Law.

Ya no parecían tenerle el miedo ni el odio de antes.

Y eso…

Son una prueba de lo dulce que eres, Eustass-ya.

Que están mejor aquí que en la calle.

Aún trataba de pensar algo contra esas frases, pero cada vez le costaba más.

Escuchó entonces la voz de Law.

Éste sonreía, levantando la vista del espejo.

-Ya está prácticamente bien.

-Vale. – dijo Kidd, rodeándole por la cintura con el brazo, lamiéndole el cuello sin pudor.

-¿Quién? – preguntó Ussop, sin atreverse a mirar al espejo.

-Mi padre. – replicó Law.

-Ah…me alegro… - sonrió el reloj, nervioso.

-No te alegres tanto – masculló Kidd. – A lo mejor hay que reparar luego otra vez el castillo.

-Lo subestimas. Dudo que llene esto de agujeros. – dijo Law, tranquilamente, yendo a coger uno de los libros – El tiro irá a pegártelo a ti, y punto.

-¿¡QUÉ!? – gritó Ussop.

-Que Trafalgar da por hecho que vendrá, y seguramente lo haga – masculló Kidd antes de sonreír torcidamente a Law – ¿Pero tú me curarás el tiro, no?

-Si te comportas… - se encogió Law de hombros, con lo que enseguida suspiró al conseguir eso que Kidd le lamiera de nuevo en el cuello.

-¿En qué sentido me lo dices? – susurró la Bestia.

Ussop no se creía lo que estaba viendo.

¿Cómo…COÑO…podían hacer bromas con eso?

Pero, curiosamente, parecían estar pasándolo en grande.

Miedo me da lo que vaya a pasar cuando venga, pensó Ussop, temblando para sus adentros.

Pero en fin…

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Franky y Ussop se frotaron los ojos, sin creerse lo que acababan de oír.

Más o menos como la veintena de objetos que estaban ahí, en la fragua, que sentirían que sus mandíbulas rozaban el suelo si tuviesen aún mandíbulas.

-¿Que la reformemos? ¿¡ENTERA!? – volvió a gritar el reloj, estupefacto.

-¿¡En serio que había oído "el Ala Oeste"!?

Las expresiones y exclamaciones de los otros eran más o menos iguales, salvo la de Franky, que parecía totalmente anonadado.

Kidd, ante esas reacciones, gruñó:

-¿Algún problema con eso?

-No, no, para nada, para nada… - dijo rápidamente Ussop, siendo imitado por los demás…

…pero los interrumpió un enorme sollozo de Franky, que los dejó mudos unos momentos.

-¿Franky, tío, por qué lloras? – preguntó un rodillo.

-Que me emociono, cojones…En nada que nos descuidemos, vamos a reparar TODO el castillo, después de tanto. No me digas que es para menos, jodeeeeeeeeeeer… .Súpeeeeeeeeeeeeer… .

Kidd, sin saber muy bien por qué, sonrió ante eso mientras se iba a la biblioteca.

Quería hacerse una idea de cómo quedaría.

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Trafalgar Law bostezó, entrando en la biblioteca.

Dado que no había podido volver a dormirse y estaba bastante más cerca la hora de ir a la enfermería que otras veces que se había despertado en medio de la noche, había decidido vestirse e ir a la biblioteca un rato antes.

-Pst. Pst, Drafy…

¿Ya empezamos de buena mañana?, pensó Law cansado para sí, bajando la vista…

…y quedó parado al ver que Luffy hablaba como hablaba porque tenía algo en la boca.

Concretamente, unas cartas.

Donde se podía leer, perfectamente:

Remitente: S. A. R., Eustass David.

Su Alteza Real, significaban esas siglas.

Law, con cuidado, las cogió, con lo que Luffy sonrió antes de decir:

-He conseguido colarme en el despacho y encontrar las que quedaban. Querías verlas, ¿no?

Con eso, Law sonrió levemente, sintiendo que el cansancio se le había ido de golpe.

-Gracias, Luffy – ya. – luego miró la fecha de envío.

Una era de hacía cinco años, dos de hacía tres, varias de hacía dos y una de hacía unos meses.

Y, como había esperado, todas estaban sin abrir.

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Hiluluk apretó los dientes al ver que Spandam se ponía en la puerta.

Mierda…

Tal y como había aventurado Doflamingo.

Por eso, el segundo favor, había sido el del cambio.

Hiluluk había decidido "tomarse unas vacaciones" en la biblioteca, y dejado hasta sustituto. Todos sabían "que se había ido".

Aunque, en realidad, el que se había ido, era Doflamingo en medio de la noche, con una carta en la mano, para "buscar provisiones".

Se imaginaba lo que quería decir realmente esa expresión.

"Si surge algún problema, escríbeme a esta dirección. Mientras, siéntete en tu casa."

En mi casa, pensó el hombre, con un suspiro.

No sabía si estaba más impactado por eso o por...

Inspiró, sentándose.

Horas antes de salir, Doflamingo le había contado lo que realmente había pasado con Law.

Una…

Una Bestia.

Joder…

Así que…era cierto.

Lo que había oído era cierto.

Había…oído rumores, historias, durante unos años, de gente de otros pueblos, sobre un castillo perdido en medio de la nada.

Él mismo había querido ir a comprobarlo una vez hacía tiempo, y había tenido que volverse porque se perdió durante dí lobos no se lo habían comido de milagro.

Pero sí que había notado algo raro en ese bosque. En ese momento lo había atribuido a su miedo a ser devorado, pero…

Y con eso, y tras ese tiempo y ver el secretismo de Doflamingo, cuando el rubio finalmente se lo había dicho sí se lo había creído…

…pero sabía de sobras que el resto del pueblo ni en broma lo haría, y que tal y como estaban las cosas les faltaría tiempo para dar con los huesos de Doflamingo en la celda de un manicomio si decía lo que en realidad era cierto. Y Law se quedaría ahí, igualmente.

Hiluluk apretó los dientes. Joder, le gustaría ir a él también.

Pero el ver a Spandam le recordó cuál era su puesto ahora.

Espero que sepas lo que haces, Don Quixote, pensó Hiluluk, yendo a acostarse.

Aunque sabía que no dormiría demasiado… .

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Kidd llegó a la habitación, con un suspiro satisfecho, pensando en que aún quedaría un rato para que Law saliera de la enfermería.

En cierta manera, tenía que admitir que le estaba gustando supervisar lo que estaban haciendo con el Ala Oeste. Apenas sí llevaban unos días reparándola y ya empezaba a parecer otra.

Pero algo borró su buen humor de golpe cuando no tuvo ni que usar la llave para abrir y vio que Law estaba dentro esperándole con algo.

Cartas.

Encima de la cama.

Sin abrir.

Ciertas cartas que enseguida reconoció.

Cartas que había enterrado en lo más hondo de su despacho y que si había empezado a desenterrar, era para tirarlas al fuego.

Y, aparte de todo ello, Law, sentado en su lado de la cama como quien no quería la cosa. De hecho, hasta ese momento había estado curioseando tranquilamente en el espejo, que apoyaba ahora con total calma en la mesita, cerca de la pared.

El moreno aguantó el rugido de Kidd cuando vino:

-¿¡SE PUEDE SABER DE DÓNDE COJONES…!? – a pesar de la furia, Kidd hizo más por controlarse - ¿Quién hostias te las ha…?

-Deberías cerrar la puerta del despacho como es debido, Eustass- ya. – dijo Law, sin alterarse. – Además, no te preocupes, no las he abierto.

Eso enfureció y confundió a Kidd aún más.

-¿Entonces, para qué hostias las coges?

-Es que me parecía una auténtica pena que tiraras unas cartas sin siquiera abrirlas. Vi restos el otro día, en la hoguera.

Ni siquiera se encogió cuando Kidd dio un brutal puñetazo a la pared que hizo temblar hasta los muebles apoyados contra ella, rugiendo bajo antes de jadear pesadamente.

-¿Tienes idea de en qué te estás metiendo? – dijo en cuanto se controló lo suficiente para hablar.

-Si me quiero quedar, tendré que saber lo que pasa, Eustass – ya.

-A mí también me gustaría saber lo que pasa por tu maldita cabeza.

Y Law vio claramente cómo lo miraba.

Inspiró.

Bueno, entendía que eso había sido en muy gran parte lo que había hecho que Kidd pensara como había pensado.

Y eso no dejaba de hacerlo sentir extraño.

-¿Estás proponiendo un quid pro quo, Eustass – ya?

-¿A qué te refieres?

-Tú me das, y yo te doy. A grandes rasgos, quiere decir eso.

-Pero lo mío, tú ya lo sabes.

-Sé lo que he averiguado, no lo que me has dicho tú.

-Puto tramposo – siseó Kidd, viendo en la maldita sonrisita de Law que éste no iba a dar su brazo a torcer.

Un momento…brazo… .

Sonrió un poco.

Era algo en lo que había estado pensando desde el primer día en que lo había visto a pecho descubierto.

-Vale. Tú te has metido en lo que no te importa, yo haré lo mismo. – dijo Kidd, con una sonrisa maliciosa – Dime de una vez qué hostias pasa con los tatuajes de tus manos.

Para su sorpresa, la reacción de Law ante su pregunta fue tan rígida como la de la primera vez.

Incluso siguió cierto silencio, pesado, en el que ambos se miraron.

Kidd se enervó aún más ante ese silencio, pero se logró controlar lo justo para fijarse en la cara de Law…y darse cuenta de que había tropezado con algo bastante más serio de lo que había pensado en un principio.

-Vale – dijo Law entonces, con voz rígida. - ¿Querías que entendiera tu cabreo? Pues ya lo entiendo.

La Bestia se dio cuenta de que esa expresión…era la misma que…

Mi madre. Pero murió.

Entonces Kidd sumó dos y dos

Un momento…

Law siguió hablando.

-Perdona por intentar hacerte reaccionar y que no perdieras al único miembro de tu familia que se preocupa por…

Enmudeció al darse cuenta de algo.

Kidd, haciendo un esfuerzo por terminar de controlarse, cogió una de las cartas y se la ofreció a Law.

-Ya que las has traído…ábrelas, ¿no? – dijo la Bestia, sin mirarle.

-¿Y si ahora no me apetece? – masculló Law, aún rígido.

-Pues las abres luego. O las guardas hasta que las abras. Porque ahora tengo ganas de cargármelas y no quiero joderte el haberlas traído hasta aquí.

Con eso, Law inspiró, sintiéndose algo mejor.

Conocía lo bastante ya a Kidd para saber que eso era una disculpa.

-Vale – dijo, cogiendo las cartas.

Kidd inspiró, sintiéndose algo más tranquilo y decidiendo ir al comedor a esperar a Law para cenar mientras se le pasaba el cabreo.

-Te espero abajo. – dijo escuetamente yendo a salir.

-Kidd…

El oír su nombre de pila por primera vez en boca de Law fue lo que lo detuvo y le hizo girarse para ver que Law le decía con total seriedad:

-Aún te debo el quid pro quo. ¿De acuerdo?

Kidd inspiró.

Se lo iba a contar.

Tarde o temprano, se lo iba a…

-Sin prisa – dijo Kidd, simplemente. – No la tengo.

Y con eso, ya más relajado el ambiente, Kidd se fue cerrando despacio la puerta mientras Law guardaba las cartas, instantes antes de salir para ver a Bepo y tranquilizarse un poco..

Ninguno, en ese momento, se dio cuenta de que el espejo no estaba ya sobre la mesita, sino a los pies de la cama, aunque intacto.

Ni de que la puerta había quedado entreabierta.

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Hiluluk bostezó, despertando por un ruido en el buzón…

¿Un ruido en el buzón?

A toda prisa, se levantó, para cogerla antes de que Spandam pudiera darse cuenta.

Casi sonrió cuando, apenas cogida la carta y entrado él a la casa, pudo oír perfectamente cómo Spandam se estrellaba contra el buzón.

Desde luego, ya acusará los efectos de dormir al raso, ya, pensó, yendo a mirar el remite, pensando que sería Doflamingo.

Y quedó de piedra.

Remitente: Trafalgar Law.

Entonces, febrilmente, la abrió, pensando con urgencia que sería una nota de socorro…

…y prácticamente se tuvo que sentar al ver lo que realmente ponía, cosa que lo dejó totalmente incapaz de reaccionar durante más de media hora.

Don Quixote – ya.

Recupérate todo lo que tengas que recuperarte, porque yo estoy bien. En serio.

Sé que no me creerás, pero…

Digamos que, a pesar de todas las primeras impresiones, la Bestia resulta ser de mejor trato que muchas otras personas que conocemos.

No pienses mal. No me tiene atado con cadenas, al menos no todavía. Sabes que si me obligara a mandarte esta carta me las apañaría para que te dieras cuenta, pero no es así.

Eustass- ya ya no es mi carcelero. No te puedo aclarar bien lo que es, pero desde luego no estoy aquí por obligación, ni siquiera por el trato. Estoy aquí porque resulta que estoy a gusto, por bastantes más cosas que las que te podría decir por aquí, y una de ellas es precisamente el autor del trato. ¿No te parece irónico?

No creas que al principio me hizo mucha gracia, tampoco, pero…digamos que sé que estás mejorando gracias a él. También sé, aun a riesgo de sonar cursi, que tiene más de lo que parece a simple vista. Si no, ni me habría dejado ver cómo estás, y yo lo habría acabado matando o ya me habría ido…

He tenido básicamente un mes para ambas cosas, y ya has visto que no lo he hecho. Ahora ni siquiera se me pasan por la cabeza, mucho menos la primera. Al menos, no en serio, y no por mucho rato. En seguida se me olvida, ahora.

Tal vez te suene extraño, pero quiero quedarme en este castillo.

Quiero quedarme con Eustass – ya.

Pocas veces he estado tan seguro de algo.

Así que si quieres venir como sé que tendrás en mente, ven, pero descansa como es debido porque ya no estoy en peligro.

Hace tiempo que no lo estoy.

Recupérate.

Atentamente:

Trafalgar Law.

Cuando por fin Hiluluk pudo reaccionar, su primer pensamiento fue coger pluma y papel.

¡Tenía que tratar de localizar a Doflamingo pero ya!

Tenía…tenía que recordar la dirección de la primera carta… .

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En la noche de esa ciudad, tras bajar del carro que lo había llevado hasta allí haciendo autostop, Doflamingo controló lo mejor que pudo los escalofríos que amenazaban con reaparecer del todo y la angustia que le empeza a subir por la garganta.

Vale.

Tal vez Hiluluk había tenido razón y no estaba para viajar.

Sólo tal vez.

Porque sólo él sabía dónde encontrar las armas y lo que necesitaba para ir a por Law.

Lo demostraba ese barrio donde estaba metido, a esas horas de la noche, lejos de "la gente de bien".

De hecho, esa zona se podía considerar fuera de la ciudad de lo distinta que era a aquella, pues había bastante menos iluminación, y, a pesar de ser de noche ya cerrada, había bastante actividad.

Especialmente en las casas donde se podían adquirir objetos… difíciles de conseguir.

Sí…Hiluluk había hecho bien el primer favor que le había pedido, porque en cuanto hubo llegado a la casa que conocía, le ofrecieron corriendo una lista de todos los sitios donde podía conseguir armas sin que le preguntaran demasiado.

Y, de hecho, en esa casa, prácticamente no le habían hecho preguntas.

A pesar de que no hubiera cumplido el encargo de hacía un par de meses, su nombre seguía teniendo influencia en ciertas zonas.

De hecho, al entrar en cierto barrio pudo comprobar que el no haber hecho ese encargo había aumentado su aura de misterio, especialmente entre la gente que sería afectada por dicho encargo.

Porque, desde luego, él, en cuanto lograra sacar de allí a Law, terminaría lo que había empezado, y los dos saldrían finalmente de ese pueblucho de mierda.

Él mismo había prometido cumplir lo que dijo en la carta que Hiluluk le había enviado, y de hecho había mandado instrucciones para que el encargo se empezara a arreglar.

Instrucciones que, de hecho, estaba claro que habían sido seguidas, porque los pocos con los que se cruzaba que supieran de lo de hacía dos meses se iban por donde habían venido.

Y no veía a la gentuza del grupo antes conocido como el de Jeff que, por carta, había ordenado…eliminar.

Sí, parecía que todos estaban obviando su falta hacía un mes.

O, al menos, casi todos.

Eso pensó en cuanto notó cómo un crío rubio con cuatro pelos que querían ser una barba y que era, precisamente, de los que habrían sido beneficiados por ese encargo, se le puso delante:

-Dichosos los ojos… - masculló ese niñato rubio - ¿Desde cuándo dejas un encargo por hacer, Doflamingo?

-Fufufu…Estuve enfermo, Audry, ya lo dije. ¿No te llegó el aviso? – dijo Doflamingo, encogiéndose de hombros.

-No, si buena cara, desde luego, no tienes…para tenerla de hormigón armado. – replicó el chico, sintiéndose mejor cuando notó cómo su grupo de amigos se iba acercando.

Pero, para pasmo del joven, Doflamingo lo ignoró, pasando por su lado como si nada.

-Digamos que me pillas liado ahora mismo. – sonrió el rubio de medio lado. – Si me das…un mes más, me sentaré a hablar contigo tranquilamente.

Audry no aceptó eso, ni en broma.

Furioso, abrió una navaja, yendo a lanzarse sobre Doflamingo.

-¡No me intentes esquivar! ¿Tienes idea de lo que perdí por estar esperándote?

Pero el crío gritó cuando Don Quixote Doflamingo, sin apenas inmutarse, le retorció la muñeca, haciendo que los amigos de Audry apenas sí pudieran hacer el gesto de acercarse mientras el filo de la navaja quedara peligrosamente dirigido hacia los testículos del rubito.

Y a una distancia mínima de estos cuanto menos alarmante.

-¿Y tú tienes idea de lo que te puedo hacer en tu sistema reproductor como no te quites de en medio y me dejes tranquilo? – sonrió el rubio.

El chico tragó saliva, llegando con eso hasta a soltar la navaja, que cayó inofensiva en el suelo.

La sonrisa de Don Quixote se acentuó.

Novatos… .

-Eso es, buen chico. Como te he dicho, hablaremos en un mes. Ahora, te apartas, te disculpas por darme por culo y te vas por donde has venido, ¿vale?

Con eso, el chico,temblando, asintió, decidiendo que era mejor poner pies en polvorosa.

Con una leve risa, Doflamingo recogió la navaja del suelo y se la guardó.

No estaría tampoco mal llevarla encima.

Sólo por si acaso, claro.

Especialmente ahora que notaba los escalofríos aumentar.

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Se oían chirridos en la oscuridad.

-Te voy a matar, Eustass – ya.

Ante ese tono helado en la voz de Law cualquiera se habría largado corriendo…

Pero Kidd sólo sonrió, apretándolo más desde atrás mientras lamía la piel de su espalda, sujetándolo de la cintura ya que no llegaba con los pies al suelo.

-No parece que te disguste tanto… - sonrió la Bestia contra su piel, acariciando a modo de ejemplo la más que férrea erección del moreno por encima de sus calzoncillos…

Law, jadeando, se retorció más contra las cadenas de las que colgaba, en la oscuridad de las celdas del torreón, dejando de maldecir por un momento a Kidd internamente por llevarlo para allá sin que lo esperara mientras habían empezado a besarse haría unos minutos…

Y comenzando a maldecirlo por no quitarle la ropa más rápido. De hecho, estaba desnudo de cintura para arriba pero aún tenía los pantalones puestos, mientras podía sentir tras él a la Bestia desnuda, acariciándolo por encima de la ropa.

Law suspiró, pensando en que podía dejar la venganza para luego al sentir el cálido aliento de Kidd tras él mandándole todavía más escalofríos en la oscuridad de la celda.

-Ya…que has empezado…fóllame…

…y jadeó hondamente al sentir, que, ahora sí, Kidd metía una garra en sus pantalones, comenzando a bajárselos, pero más despacio de lo que le gustaría.

Kidd sonrió un poco cuando escuchó que Law dejaba escapar un sonido de impaciencia.

-¿Qué prisa tienes? – murmuró la Bestia.

-Yo…ninguna… - suspiró, comenzando a sonreír entre jadeos – De hecho…cuanto…más tardes…más…puedo pensar…en lo que te voy a hacer…luego…

Kidd se rió, frotando su cabeza contra el cuello de Law, con urgencia, sin dejar de apretarle el pecho antes de decir:

-A ver si puedes pensar ahora…

Y de pronto se separó.

Law jadeó, gimiendo pronto, agarrando lo que podía de las cadenas con sus manos mientras sentía cómo las enormes garras de Kidd lo sujetaban desde atrás, y su lengua…

Law dejó escapar algo a medio camino entre un grito y un gemido cuando Kidd comenzó a lamerlo entre las nalgas, buscando con avidez su entrada mientras su enorme garra se hacía cargo de la erección del moreno, al tiempo que con eso los chirridos de las cadenas aumentaron.

Sonriendo, la bestia pelirroja siguió moviendo su lengua por detrás y por delante de la entre pierna de Law, a la vez que ahora sus garras sujetaban sus muslos, que temblaban, ya no tanto de rabia como de excitación, enredándose de forma medio instintiva sobre los hombros de Kidd, más cuando metió dos dedos casi de golpe sin dejar de lamer lo que podía de la erección del moreno en esa posición.

-No…no voy a durar… - jadeó Law, sintiéndose a punto, sintiendo cómo su polla comenzaba a palpitar envuelta por esa enorme lengua, haciendo la sensación más intensa el que él no pudiera hacer nada por controlarlo, más que retorcerse y apretar las cadenas.

Pero joder, quería aguantar un poco más, lo justo para… .

Su deseo silencioso fue atendido cuando Kidd, apenas oírlo, se retiró…

…y lo penetró de golpe, al tiempo que le sujetaba ansiosamente las caderas tan fuerte que le estaba dejando señal, haciendo a Law gritar por todo eso, por el dolor mezclado con placer, placer aumentado por el calor del enorme ser que lo estaba manteniendo en pie, taladrándolo mientras sus brazos parecían engullirlo.

Law ni siquiera acalló sus gemidos cuando giró la cabeza, engullendo los labios de Kidd, que replicó con ansia, invadiéndole también con su lengua mientras aumentaba el ritmo como podía, erráticamente, sin dejar de gruñir, haciendo pronto ambos con sus movimientos que el ruido de las cadenas los acompañara al mismo volumen que el de ellos mientras Law tenía los nudillos blancos de agarrarse, mientras sus propias piernas se aferraban a Kidd como unas temblorosas tenazas que trataban de obligarlo a entrar más, más… .

El grito de Law casi ahogó el rugido de Kidd cuando el moreno se vació, apretando con sus paredes la enorme polla del pelirrojo, que se desparramó con fuerza dentro de él sin soltarle, manteniéndose en pie muy a duras penas.

Kidd jadeó, sintiendo que las piernas le temblaban…

…y suspiró al notar que Law lo besaba, otra vez, ahora lánguidamente, con lo que Kidd, cansado, lo siguió.

Law dejó escapar un suspiro de alivio al sentir que Kidd le quitaba agotadamente las cadenas, dejándolo caer en sus brazos mientras lo sostenía, ambos todavía unidos.

Y, a pesar del cabreo inicial, Law tenía que estar de acuerdo en que no tenía ninguna prisa en que ambos se separaran.

Se dio cuenta de cómo lo miraba Kidd ahora, y respondió a su pregunta silenciosa.

-Te sigo queriendo matar. Pero sí, estoy bien. – dijo, sonriendo levemente, dejando que uno de sus brazos se enredara en el enorme cuello de la bestia pelirroja.

-Entonces tendré que estar pendiente cuando nos vayamos a dormir. – ironizó Kidd, sujetándolo con las garras, abrazándolo como podía sin soltarse, pasando uno de sus brazos por debajo de sus piernas para llevarlo en brazos.

-Te recuerdo…que yo duermo menos que tú… - ironizó el moreno, haciendo un leve ruido de protesta cuando, ya inevitablemente, ambos quedaron separados.

Con eso, Kidd lo retuvo un poco más mientras los sentaba a ambos en el suelo de la celda, con Law encima de él, con los ojos entrecerrados.

-Pues te cansaré más para que te duermas – replicó la bestia pelirroja, lamiéndole la mejilla.

Tengo ganas de ver la "venganza", pensó Kidd con una mezcla de malicia y buen humor.

Pero se dio cuenta de que el sudor de Law empezaba a estar frío.

Fíjate que normalmente me daría igual, pero no estaría mal si me pasaras mi ropa y eso… - murmuró el moreno.

Kidd, con eso, lo soltó un momento, buscando su ropa donde la había dejado para dársela.

Incluso a pesar de su piel, notaba que empezaba a hacer frí…

¡Click!

-¡¿PERO QUÉ COÑO HACES?! – rugió Kidd, rabiando.

Su muñeca estaba esposada.

Y rabió más cuando vio que Law, como si tal cosa, se vestía sin responder.

-¡QUE TE ESTOY HABLANDO, JODER! – rugió con más fuerza…

…y quedó mudo al ver lo que tenía Law en su mano.

¿La…?

¿LA LLAVE DE LAS ESPOSAS?

-Otra vez no seas tan previsible de dejarla en tu bolsillo, Eustass – ya. – sonrió Law, cogiendo la ropa de Kidd en un puñado colocado bajo su otro brazo – Al principio había pensado en algo peor, pero dado que tengo que admitir que me lo he pasado bastante bien, creo que esto es más que suficiente…

-Vale. – gruñó Kidd, con pensamientos asesinos – Pues suéltame ya.

-Ah, pero no era eso a lo que me refería.

Y, ante el pasmo de Kidd, Law salió de la habitación con su ropa…

…y cerró la puerta, tranquilamente.

-Esto SÍ lo es. – dijo la voz de Law desde fuera - Tranquilo, Eustass – ya, vendré a por ti cuando termine unas cosillas…

…y su risa mientras bajaba por las escaleras del torreón fue ahogada por un torrente de insultos y rugidos que hizo temblar prácticamente toda la zona mientras Kidd furioso intentaba tirar la puerta a golpes o romper la cadena, lo que viniera primero.

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Las ninfas, por su parte, estaban gritando, riendo como colegialas y montando lo que parecía ser una fiesta monumental en los cuadros,al tiempo que los objetos estaban estupefactos mientras se escuchaba por todo el castillo la resolución del encierro de Kidd, del que se acababan de enterar.

Desde luego, las puertas del torreón estaban bien insonorizadas, desde luego.

Y el caso era que llevaban tres o cuatro días haciéndose putadas de ese calibre, mutuamente, como por ejemplo el día que habían desaparecido unas cuerdas de la fragua y habían oído a Kidd rugir furioso desde la habitación mientras Law estaba en la enfermería como si tal cosa, con la consecuencia más que evidente cuando Brook había conseguido abrir la puerta y desatar a Kidd…

…o el día que Law, al tirar de uno de sus libros en la biblioteca, casi había sido sepultado por una avalancha de libros…

…o el día en que Kidd había amanecido con una correa de perro puesta…

…o el día en que, por lo visto, toda la ropa de Law había desaparecido del armario mientras Kidd, con una sonrisa retorcida, se hacía el tonto.

Aunque con eso las ninfas, como en esta ocasión, no se quejaron en absoluto, especialmente cuando Law había salido detrás de Kidd a pedir explicaciones.

Además, la ropa había acabado apareciendo.

Y también habían estado follando entre putada y putada como desesperados, para luego pasar la noche relativamente tranquilos, casi como si no hubiese pasado nada.

-Pero…¿pero esto qué es? – murmuró Ussop, perplejo.

-Yo no sé si se quieren, se odian, o qué… - supiró Nami. Al menos mientras estaban haciendo burradas ella y las otras habían podido pasar, eso sí.

-Se quieren, se quieren – aseveró Luffy, tranquilamente.

-Precisamente esto es porque ya se están llevando bien. – dijo Robin.

Nami y Ussop la miraron con estupor.

-¿Eh?

-Pues yo con menos cariño me apañaría. – murmuró Ussop.

-Pensadlo…¿qué habría pasado si el Amo hubiese intentado semejante cosa desde el principio? ¿O si Law hubiese hecho lo del collar a la semana? Seguramente uno habría matado al otro y se acabó la historia.

-Robiiiin…

-La verdad es que tiene razón – suspiró Ussop. – Aunque llevan un poco…"raros" desde hace unos días.

-Ah, sí…desde que le di las cartas a Traffy. – dijo Luffy, tranquilamente.

-¿QUE TÚ QUÉEEEEEEEE?

Hasta Robin tenía expresión estupefacta.

Claro…entonces…eso explicaba…

Eso explicaba todo ese "desahogo".

****AHORA****

Kidd inspiró, entre jadeos, aliviando por fin su cansancio y frustración.

TRES HORAS.

Tres. Putas. Horas.

ESO era lo que había tardado el cabronazo de Trafalgar en dignarse a volver con su sonrisita y sacarlo de la puta celda…

…o, más bien, quitarle las cadenas, porque salir ya había salido él solito para tirarse sobre el aprendiz de médico y enseñarle un par de cosas, así como para exigirle una compensación por haberle hecho pasar frío.

Para lo que también habían tardado unas buenas tres horas.

Tres horas que habían acabado con él encima del sofá sobre un ahora exhausto Trafalgar Law al que sujetaba de la cabeza, dejando escapar un rugido en sordina cuando el moreno terminó de beberse su esencia, sin dejar de mirarlo…

Y, aun así, tenía esa miradita de suficiencia, pensó Kidd, cogiéndole de la cara mientras lo veía tragárselo todo. Sonrió al ver la cara que puso cuando terminó de tragar, abriendo los ojos mientras Kidd le limpiaba la boca.

-Te odio. Mucho… - siseó Kidd, pero mirándolo de una forma que contradecía lo que acababa de decir.

A pesar del cansancio, la sonrisa de Law se acentuó.

-Pues menos mal…yo no sabía que a los que odiabas te los tirabas en el suelo. Y en los sofás. Y en el pasillo.Y en el sofá, de nuevo.

Ambos rieron, cansados ya, antes de besarse con agotada ansia, sintiendo ahora los dos que se abrazaban con fuerza después de esos días, sintiéndose bastante mejor.

Esos días, habían dejado salir buena parte del cabreo mutuo por lo que había pasado con lo de las cartas y con lo de…

Law suspiró.

Sabía que Kidd no lo había hecho a mala idea.

Además…

Por las noches de cada uno de esos días, ambos habían parecido olvidar parte del cabreo…y se había dado cuenta de que Kidd, en esos momentos, parecía realmente preocupado por lo que quisieran decir los tatuajes, no sólo por curiosidad.

Inspiró.

Esto no le había pasado antes. Nunca.

Ni le había importado, tampoco.

-Si me lo hubieses preguntado en otro momento, no me habría cabreado. Lo del quid pro quo.

Kidd se dio cuenta de a qué se refería.

Era lo que había empezado en parte todo eso.

-Sigue sin hacer falta que me lo digas ya. – gruñó levemente - Así que duérmete.

-Me apetece decírtelo… - dijo Law. – Así que aprovecha, porque puedo otro día no estar de humor.

Kidd se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

Una especie de seta con patas caminaba por el pasillo, con un gorro que le quedaba todavía enorme.

Cinco pasos a la derecha.

Dos a la izquierda.

Estirándose, alcanzó de puntillas el picaporte y lo abrió.

Entonces, vio que mamá, con cara de cansada pero relajada, estaba leyendo un ía hacerlo después de trabajar, ya fuera de bailarina, con hombres o como Doflamingo. Aunque sabía que el que más le gustaba, y mucho, era el primero.

-Hola, enano. – sonrió un poco Ayume en cuanto lo vio en la puerta, ocultando un bostezo, pero haciéndole sitio en la cama. - ¿No te puedes dormir?

Muchas veces esa cama la compartía con Doflamingo(caso en el cual el sitio a Law se le hacía igualmente), pero éste ahora estaba "trabajando".

O sea, dándole una paliza a alguien, por lo que Law sabía. Lejos de esa zona, por supuesto.

A sus cuatro años, tenía que reconocer que había aprendido bastante, en parte por que en casa Doflamingo no era precisamente discreto y en parte también porque su madre, muchas veces, en lugar de hablarle como a un niño, le hablaba como si fuera un adulto enano.

Law no podía estar más contento con eso. No entendía muy bien por qué muchos adultos decidían que por ser niño, era idiota. Con sus padres no había ese problema.

Haciendo un pequeño esfuerzo, Law subió por la cama, tumbándose en seguida al lado de su madre, con cuidado de no chafarle el libro cuando ella lo rodeó con el brazo.

-¿Entiendes algo de lo que pone? – dijo Ayume, acercándole el libro.

Law lo miró y leyó, casi de corrido:

-"Rhett la amaba. Al menos, le había dicho que la amaba. ¿Y cómo iba a poder dudarlo ah…?" – Law frunció el ceño - Puagh…Esto es de chicas.

Ayume rio divertida.

-Law, cariño, soy una chica. – luego le revolvió el pelo - Bien…vas mejorando. No me explico por qué coño no te adelantan el curso en la escuela – dijo Ayume con una sonrisa orgullosa.

Aburrido, Law apartó la vista del libro. Lo entendía, pero era una auténtica cursilada.

Miró entonces a su madre, que seguía leyendo, embelesada. Se dio cuenta como otras tantas veces de que a Ayume, gracias al camisón de tirantes que llevaba ahora que hacía más calor, se le veía el tatuaje del antebrazo tan bien como los tatuajes que tenía en los reversos de las manos. De aún más pequeño, esos soles extraños le habían llegado a hipnotizar, aunque hacía poco se había empezado a preguntar porqué tenía dos en las manos y uno en el brazo, donde no siempre se le veía.

Y tampoco se le había escapado que en las fotos de antes de nacer él ella sólo llevaba el tatuaje del brazo derecho.

-¿Mamá?

-¿Mmh?

-Te quería preguntar.

-Dispara.

-¿Por qué llevas los tatuajes así?

Con eso, Ayume despegó la vista del libro para suspirar.

-Bueno…Verás, Law. De donde vengo, los tatuajes como estos, con estas formas, se hacen por cosas importantes. Tanto las malas como las buenas.

-¿Por qué las malas también?

-Para que a uno no se le olviden. Así que pensé, eh, vale, me ha pasado algo malo y tengo que tenerlo en cuenta, pero no quiero recordarlo siempre, así que mejor me lo pongo donde no siempre se me vea. Y, las cosas buenas, me las pongo mejor en las manos, que ahí me las ve todo el mundo y así las recuerdo más.

Al ver la pregunta en los ojos de Law, ella lo soltó y entonces, le enseñó ambas manos.

-Mira. Este es por ti. – dijo, acercándole el de la izquierda, con una leve sonrisa. Luego le enseñó la derecha – Este es por Doflamingo. – la sonrisa se convirtió en un ceño fruncido cuando señaló la del brazo- Y…bueno, el del antebrazo es por mis padres, que me echaron de casa.

-¿Por qué?

-Y yo qué sé. – suspiró Ayume…

…y no se le pasó por alto la expresión pensativa de la cara de Law.

-¿Dónde viven?

-Muy lejos de aquí – rio Ayume – Demasiado para que un renacuajo de cuatro años vaya solo…Dios, Doflamingo y tú sois iguales, él también se puso así…- rio otra vez - Aparte, por ellos no hace falta que te preocupes, ya nos ocupamos Dofla y yo. Tienen lo que merecen.

Y Ayume dio la conversación por terminada dándole un beso en la cabeza.

Tras oír la historia, Kidd guardó silencio unos momentos.

Y Law notó que su garra iba, con toda la suavidad posible, al tatuaje de su brazo izquierdo.

-¿Este de aquí…es por ella?

-Sí. – dijo Law, con voz queda – Fue el primero que me hice, en cuanto tuve dieciséis años, aunque quise hacerlo desde los nueve. Los otros son un homenaje, especialmente los de aquí – dijo, señalando sus manos.

Sintió entonces que Kidd lo abrazaba con más fuerza, pero curiosamente también de una forma más suave, antes de que la Bestia dijera, con voz ronca:

-No tenía que habértelo preguntado así.

Lo siento.

Law entonces sintió la garganta seca.

-La mataron. – murmuró. – A sangre fría.

Con eso, Kidd apretó los dientes, sintiendo una furia muy distinta a la que podía sentir mientras, con más fuerza, apretaba a Law, sintiendo casi físicamente cómo, con eso y a pesar de un leve temblor, el moreno pareció haberse quitado un peso de encima, dejándose entonces acunar en los enormes brazos de la Bestia.

Otra vez, las palabras estaban de más.

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-Nami…¿sabes que no es tuyo, no?

La plumero dio un bote, gritando…

…y respirando cuando vio que era la tacita.

-Uf…Luffy…menos mal, menudo susto. Tranquilo…pienso devolverlo. Además, ¿no lo están utilizando, no?

Luffy la miró…y sonrió un poco.

Más cuando vio para qué lo estaba usando Nami.

-Bueno…pero dáselo esta noche, ¿vale, Nami? Creo que ya se pueden enterar. Además, se han dejado la puerta sin cerrar.

-Vale, tranquilo.

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Kidd, horas después, sintió que no podía dormir.

Aún seguía teniendo la conversación con Law en la cabeza. Recordando todo lo que le había contado.

Joder…Matar a una madre a sangre fría…

Ni siquiera hacía unos años se le habría pasado por la cabeza. Había cosas que no se tocaban, joder.

Y más cuando se trataba de Law.

Imaginarse a la "seta con patas" de nueve años viendo… .

Eso le hizo terminar de decidirse.

Inspiró, moviéndose con cuidado para no despertar a Law, dirigiéndose hacia el cuarto.

Tenía que mirar el espejo.

Se había dado cuenta entonces de que, en esos días en los que ambos se habían estado gastando bromas pesadas, Law no había mirado en ningún momento el espejo, en parte por eso y en parte por estar tranquilo más tranquilo por lo de Doflamingo.

Pero a Kidd ya se le estaba empezando a hacer raro que el rubio no hubiese llegado ya.

La carta había sido enviada hacía casi dos semanas…lo suyo era que si Doflamingo intentaba venir, hubiese llegado por lo menos hacía un par de días.

Ya tendría que haber llegado una respuesta, o algo.

Se había esperado hacía cosa de dos semanas ver a un Doflamingo furioso en la puerta del castillo, amenazándolo esta vez con escopetas repletas de munición mientras se reía, y Law sonreía de cierta manera mientras él, Kidd, quería estrangular a los dos…

Pero nada.

Ni siquiera una nota amenazante.

Y, con todo lo que había oído y visto, sabía que era perfectamente imposible que Doflamingo se estuviera quieto.

Después de esa conversación, Kidd no había querido decírselo a Law para no joderlo más, pero esto no le olía bien.

Entonces, al llegar a la habitación, vio, con extrañeza y bajo la leve luz de la rosa,que el espejo estaba a los pies de la cama.

Se habría caído durante alguna de sus burradas.

A toda prisa, lo cogió, comprobando que no tenía nada, por lo que suspiró con visible alivio.

Tras eso, dijo:

-Quiero ver a Doflamingo…

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Law despertó de golpe, no supo decir por qué.

Pero de lo que en seguida se dio cuenta era de que Kidd no estaba con él en el sofá.

A toda prisa, se vistió.

-¿Law, qué pasa? – preguntó una criada plumero.

-¿Has visto a Eustass – ya?

-¿Pero no estaba con…?

Con eso, fue ya directo a la habitación que ambos compartían…

…y se encontró con el espejo brillando sobre la cama.

Mostrando…

Y encima voy y lo dejo en cliffhanger.

Encima de que toco todos los palos en este puñetero capítulo...

Sí.

Me vais a matar...

...aunque no podéis, que como lo hagáis...¬w¬

Intentaré actualizar la semana que viene. Hasta entonces...¬w¬

Un beso, guapetonas^^