En la penumbra de la noche, bajo una luna siempre ausente tras los lluviosos cielos de la aldea de Amegakure no Sato, un par de chunnin hacían guardia en el gran salón que se encontraba en el primer piso de la torre más alta de la villa, en donde otrora tenía su trono el venerado por todos líder de la Aldea Escondida entre la Lluvia, quien en una época pasada terminara con la opresión de Salamandra Hanzo y se alzara con un liderazgo que había traído una ya larga época de paz y prosperidad para esa pequeña nación, enclavada entre tres grandes naciones ninja en guerra casi permanente: Pain, el portador de los ojos legendarios, el Rinnegan.

Con su inigualable fuerza, el respetado líder, junto con sus más cercanos subordinados, había asegurado la paz en esa tierra asolada, paz a cuya sombra la antes golpeada y empobrecida aldea había crecido y se había desarrollado, al costo de su cuasi-aislamiento del resto de las naciones. Pero para quienes habían vivido la situación anterior a la ascensión del dios del rinnegan, grandes y pequeños, era un precio minúsculo a cambio de la paz y prosperidad que disfrutaban. Ya nadie temía por que su tierra fuese el escenario de guerras ajenas y sus vidas y bienes fuesen destruidos por mano de extraños.

Y así había sido hasta hace sólo unos días. Los ocupantes recurrentes de esa torre habían notado la partida de su protector y sus subordinados, incluida el bello ángel que servía como su voz y representante ante todos. Aquel hecho no les había producido mayor preocupación: sin ser habituales, ya muchas veces le habían visto partir, a veces por días, ocupado seguramente en combatir a todos aquellos que, en su ignorancia, osaban levantar la mano contra sus designios, incluso en lejanas tierras. Sabían la fama que había conseguido en dichas tierras por sus acciones, siendo llamado criminal y terrorista por muchos; Pain no mantenía a sus súbditos en la total ignorancia, sino todo lo contrario. Pero esos apelativos, producto seguramente de la ignorancia o de la fama que le daban sus humillados enemigos, no podían mellar la confianza que todos en la aldea depositaban en su líder y sus acciones, como tampoco en su incomparable fuerza.

Pain siempre era justo: ellos mismos así lo sabían.

Por eso que la noticia de hace unos días los habían sorprendido y entristecido, y una sensación de desamparo embargaba a todos los habitantes del País de la Lluvia.

La primera novedad les llegó de parte de Konan, el ángel de dios, que se apareció ante los líderes shinobi que quedaban habitualmente a cargo de la villa cada vez que dios y sus siervos salían en alguno de sus viajes. Según las palabras de la bella peliazul, Pain había caído al combatir al legendario Kyubi en las vecinas tierras del País del Fuego, por lo que era su voluntad que ellos asumiesen el poder de Amegakure y la protegiesen, de manera de preservarla en paz y ajena a las guerras de las naciones. Ante el temor manifestado sobre la venganza que pudiese llevar el zorro demonio de las nueve colas sobre la aldea, el ángel les tranquilizó señalándoles que el designio de dios había sido mantener esa tierra protegida de dicha amenaza, pero les dejó una advertencia: "el día que entre ustedes aparezca Uchiha Madara, huyan. Preserven la vida de todos los que una vez Pain protegió".

Los líderes y ancianos de la villa prometieron guardar las órdenes y palabras de dios, pero quedaron confusos sobre el significado oculto tras esa extraña advertencia: los que conocían su historia sabían que el legendario shinobi del pasado había encontrado su muerte en el Valle del Fin, hace ya largos y olvidados años.

La primera señal de que esa noche podría llegar a cumplirse la terrible advertencia había sido hace unas horas, cuando la tarde comenzaba a declinar, para dar paso a la penumbra: una gran explosión, ocurrida aparentemente cerca de la frontera del país, en unos parajes deshabitados desde aquella época en que las incontables legiones shinobi de Konoha devastaban la tierra en sus marchas a invadir el País del Viento. Como si un bólido hubiese caído del cielo, los que habitaban la aldea sintieron tan sólo el resplandor y el estruendo de dicho impacto. Pero fuera del susto inicial, los que habitaban la aldea confiaban en que el espíritu de Pain protegía su aldea y sus vidas, por lo que habían elegido ignorar lo ocurrido en tan lejanos parajes.

De allí la sorpresa de los guardias ante la aparición, vulnerando las otrora impenetrables protecciones de la villa, de un extraño enmascarado, dotado de un sólo ojo. Sus ropas, aunque iguales a las que usaban los miembros del grupo que había formado dios, se encontraban gastadas y ensangrentadas; su máscara, envejecida y con ligeras trizaduras que parecían anunciar un próximo resquebrajamiento, sólo lo hacía parecer más sombrío. Sonando nervioso, mientras su compañero amenazaba con sus armas al invasor, uno de los chunnin llamó a viva voz al jounin de turno en esa noche en la torre, uno de los más cercanos al ángel de dios y miembro de los mandos de la aldea.

El extraño no respondió a las interrogantes del jounin, una vez éste se hizo presente; tan sólo miró a los alrededores, buscando la puerta hacia la calle. Los guardias atacaron a la orden de su líder, pero el enmascarado simplemente los esquivó; el ataque del propio jounin no hizo mayor mella, y el golpe que lanzó al rostro del invasor con una tanto que portaba fue inútil, rompiéndose la espada al chocar contra la sólida máscara, que en un principio creyó mucho más endeble por su ruinoso aspecto.

Al llegar a la calle, el extraño realizó unos sellos e invocó una horrible estatua de aspecto humanoide, enorme y avejentada, cuyos brazos se encontraban atados con cadenas. Al momento, el enmascarado exclamó, mirando a su invocación: "libérate", y las cadenas que sujetaban esa abominación cayeron, ante lo cual la monstruosa y antes inerte creación cobró vida, incorporándose y emitiendo un rugido desgarrador, que heló los corazones de todos los presentes.

Temeroso por la horrible visión, el jounin le exigió al invasor que dijera su nombre y su propósito, a lo que el aludido finalmente respondió: "sólo necesitan saber que soy Uchiha Madara, y con ese sólo conocimiento los enviaré a todos al otro mundo". El jounin, que sabía de la advertencia dada por el ángel de dios, ordenó a un chunin cercano que comunicara la llegada de Uchiha Madara a la aldea a los líderes de aquella y que se ejecutara el protocolo diez (código interno para la evacuación de emergencia de la aldea) de inmediato. Luego, disponiendo del mando de los ninjas presentes más un par de equipos shinobi que habían llegado en los últimos momentos, les ordenó a todos atacar a la bestia invocada, para así ganar tiempo para que el protocolo se completara; miró a todos sus compañeros y subordinados, quienes ante esa mirada comprendieron que las órdenes significaban quedarse a morir allí, para que los aldeanos vivieran: ninguno de ellos dudo, si no que simplemente tomaron sus armas y se dirigieron decididos contra la bestia, en una lucha que sabían no podrían ganar.

Tobi vió como los ninjas de la lluvia le ignoraban y acometían contra el Gedo Mazo, pero poco le importaba, limitándose a darle una sola orden a la estatua invocada, ahora libre: "destruye".

Dos horas después de la llegada del enmascarado, toda la aldea de Amegakure se encontraba arrasada y llena de incendios cuyas llamas eran de tal envergadura que la lluvia incesante era incapaz de apagarlas, mientras los cuerpos de no menos de doscientos ninjas, hombres y mujeres, muchos de ellos aplastados y despedazados, se veían en las destruidas calles. Tan sólo la sangre, llevada por la siempre presente precipitación, escurría por los suelos de la desolada aldea.

La mayoría de los aldeanos, evacuados a tiempo (gracias a jutsus especiales preparados de antemano) a treinta kilómetros de distancia, se abrazaban desolados y temerosos, mientras agradecían aquella última advertencia que les habían dado sus antiguos protectores, misma que les había salvado sus vidas. A un par de kilómetros de los humeantes restos, un grupo de ninjas vigía se retiran para reunirse con los escapados, luego de ver a la enorme criatura y su invocador retirarse una vez cumplida su macabra faena.


La mañana había llegado a la montaña de los sapos, trayendo consigo un nuevo día de afanes y ocupaciones para sus muchos habitantes, incluido el gran y arrugado sapo que miraba curioso al joven rubio durmiendo a los pies de su trono, el que babeaba ostensiblemente mientras abrazaba su almohada, mascullando algo sobre liberarse del ramen que lo ataba mientras le pedía a un tal Kakashi-sensei que no fuese malo y le diera una mano, en vez de simplemente quedarse mirando.

El sabio había despertado hace ya largo rato, y había mudado su gorro de dormir por su sombrero habitual. Sus guardianes habían tratado de despertar al rubio invasor, pero el anciano se los había impedido, considerando que alguien tan joven necesitaba descansar sin interrupciones. Y ahora, habiendo pasado un buen rato de aquello, se entretenía enormemente con el espectáculo que entre sueños le brindaba su visitante.

Naruto despertó recién media hora después, cuando el sol mañanero ya calentaba la morada de aquél a quien había ido a buscar. Al principio se asustó, sin saber donde se encontraba. La mirada molesta de los pequeños sapos armados que vigilaban el gran salón le hizo recordar lo sucedido anoche y el motivo de su permanencia allí. Giro su mirada hacia el trono, a cuyos pies estaba echado; allí pudo ver al Gamamaru-ojii, sentado, quien le mostraba una ligera sonrisa con sus arrugados labios. Rápidamente recogió la manta y almohada prestadas, entregándolas y agradeciendo al sapo más cercano, quien las recibió en silencio. Luego, ordeno como pudo su cabello y su ropa y, dándole una rápida reverencia, a modo de saludo, le dirigió la palabra a quién había ido a ver:

- ¡Ohayo, Gamamaru-sama! Siento presentarme en este estado, pero me urgía verlo.

- No hay problema, joven, me alegra ver que concurriste tan pronto a mi llamado.

- Lo siento, pero no entiendo a qué se refiere, anciano. Yo he venido porque necesito que me ayude con un problema, no sabía que me había hecho llamar.

- (levantando ligeramente sus cejas, el sapo responde) ¿En serio no te mandé a buscar? Creí que por eso estabas aquí, esto… esto…

- Naruto, Uzumaki Naruto, señor.

- Eso, Naruto-san…

Desviando su mirada del joven, hace llamar a uno de los pequeños sapos en la habitación y le pregunta porqué nadie le había avisado al visitante el motivo por el que lo había requerido, pero el guardián le responde que no lo ha mandado a buscar, que apenas ayer en la noche despertó de su último sueño profético y que se durmió antes de contarle a nadie de lo que se había tratado su sueño, y menos aún había hecho llamar a nadie. Sorprendido, tose un poco y, humedeciendo sus labios, vuelve su atención al rubio:

- Bien, bien… , sobre eso, supongo que querrás saber de qué se trata la profecía.

- (confundido, Naruto responde) No lo sé ojii, seguro esa profecía debe ser interesante pero no entiendo porqué podría importarme realmente, le dije que he venido porque necesito de su concejo.

- ¿En verdad? Creí que te interesaría, siendo que la profecía trata sobre ti y tu futuro.

- (mostrando un renovado interés, el rubio le dice) Si es así, me gustaría oírla, ojii-sama.

- Me alegro; escucha bien: conocerás a un pulpo, creo… estoy seguro que vi ocho tentáculos… y este pulpo te ayudará a conseguir lo que quieres conseguir, y luego te enfrentarás con un joven con ojos que pueden ver muy lejos… Al pulpo lo encontrarás en una hermosa isla, llena de criaturas maravillosas, un verdadero paraíso, un lugar en el que me gustaría estar, si pudiera mover estos viejos huesos, je je… y el joven aparecerá luego… si tan sólo sigues tu camino, él vendrá a ti.

Naruto piensa inmediatamente en Sasuke, uno de sus objetivos, pero no puede evitar preguntar:

- Podría describirme a ese joven, anciano…

- Si, creo: pelo negro, un muchacho como de tu altura… creo que eso es todo.

- No es mucha información, ojii; ¿y sus ojos, como son?

- Uno de ellos es rojo… el otro, blanco.

- ¿Blanco?

- Como si estuviese ciego… me parece que ya he visto un ojo similar, pero no puedo recordar… Lo siento, soy malo distinguiendo a los humanos, es que los he visto tan poco y hace ya tanto… pero estoy seguro que ya lo conoces…

Naruto no puede pensar en nadie más, y eso le confunde (¿Sasuke con un ojo ciego? ¿Qué podría haberle pasado para llegar a eso? Fukasaku-ojii le aseguró que las profecías del Gran Sabio siempre se cumplían, entonces… ¿cómo?):

- Ojii-sama, ¿es posible cambiar esa visión, ese futuro?

- No lo sé, nadie nunca se lo había planteado.

- Pero, entonces, tal vez es posible…

- No ha pasado antes, pero supongo que si alguien podría lograr tal milagro, ese serías tú, Uzumaki Naruto.

- ¿Porqué lo dice?

- Me recuerdas a un muy antiguo amigo, de mis años de juventud. El que inició la senda que estás destinado a completar.

- ¿Qué senda?

- ¿Conoces la profecía que le hice alguna vez a Jiraiya-chan, respecto de uno de sus discípulos?

- La conozco, pero nunca le he dado mayor importancia, Ero-sennin tenía la costumbre de pensar que cada uno de sus discípulos era aquél a quien se referían dichas palabras, aunque luego de conocerla y saber lo que pensaba el viejo al respecto me gustaba creer que ese era yo y que mi vida tenía algún propósito más importante.

- Pero eso era antes, verdad.

- Si, anciano, cosas que pasaron en los últimos días me han hecho reconsiderar todo…

- Pero no has desechado esa profecía.

- No, tan sólo he elegido hacer las cosas por mi lado y no esperar a que las cosas simplemente ocurran, no sea que me termine pasando igual que a Nagato-san y a Otou-san y termine muriendo sin conseguir cambiar nada.

- Pero eres el último discípulo de Jiraiya-chan, si la profecía es verdadera sólo podría referirse a ti, muchacho.

- Podría haber otro discípulo perdido que nadie conozca aún; podría ser Konan, la compañera de Nagato; podría incluso ser alguien a quien yo vaya a entrenar (y que, por lo mismo, sea indirectamente un discípulo de mi maestro).

- Veo que ahora te incomoda la existencia de la profecía.

- No la profecía, son sus consecuencias y lo que le hizo a mi maestro: quiero creer que sin ella no habría abandonando a Nagato mientras creía que un inevitable destino lo mantendría a salvo de convertirse en lo que finalmente se convirtió; quiero pensar que sin la profecía no habría descuidado a mis padres, pensando que si Minato era el salvador del mundo ninja era imposible que muriese sin cumplir un destino que realmente nunca fue el suyo.

- Siento mucho ser en parte responsable de todo eso, muchacho.

- No se preocupe, ojii-sama, no busco culpar a nadie. Tan sólo trato de comprender porqué ciertas cosas se han hecho de la manera en que se han hecho.

.

.

.

- Y, entonces, muchacho, creo que habías dicho que necesitas algo de mi (cof, cof).

- Si, ojii-sennin, es referente a mi relación con la bestia que llevo encerrada en mi cuerpo, el Kyubi. Es que necesito poder comunicarme libremente con mi prisionero, y no sé como hacerlo.

- ¿Y qué es lo que deseas de ese tonto zorro?

- Disculpe, anciano, pero no creo que debería referirse así de él.

- ¿Así cómo?

- Tan amistosamente.

- Je, si lo conocí cuando era apenas un cachorro, a él y a sus escandalosos hermanos.

- ¿Pero no se supone que fueron creados por Rikudo Senin hace ya mil años?

- Claro, esas son las cosas que recuerdo con más facilidad, mis tiempos mozos, aunque lamento decir que no por ello más pacíficos que los actuales.

- ¿Acaso conoció al Sabio de los Seis Caminos?

- Si, yo lo inicié en la sabiduría del senjutsu y él, a cambio, me dotó de mi habilidad para ver el futuro. Allí pude ver el conflicto entre sus hijos y que lo iniciado por él y su hermano se torcería hasta que llegara aquel que completaría su obra, ya no un ser divino si no un hombre, nacido de su simiente, el que terminaría el conflicto y se alzaría como el guardián de toda su creación. Creo que por eso he vivido tanto tiempo, esperando que su deseo en dicha profecía se cumpla; o tal vez es sólo que ansío volver a ver a mi amigo, aunque sea en otros ojos…

- ¿Y es que piensa que yo podría ser…?

- (interrumpiendo) Tal vez en algún futuro, pero ahora no, no hasta que esos ojos recuperen su luz.

El enorme y anciano sapo mira fijamente a Naruto, como buscando dentro de ellos la respuesta a su larga espera. El rubio, al sentir esos ojos cansados pero aún con fuerza, se da cuenta de que realmente hay quienes han puesto su confianza en él y en lo que es capaz de lograr. El rubio siente renovar su ánimo, y pareciera que el anciano se da cuenta de aquello, pues le dice: "bien, bien, ya es un avance".

Gamamaru hace llamar al guardián de la llave del sello que encierra al Kyubi en el rubio, Gamatora, el extraño sapo-pergamino que se había encontrado anteriormente en Konoha, mientras le explica al rubio que para conseguir lo que le pide, poder trabajar junto con el nueve colas, necesita primero conocer el secreto del sello que lo aprisiona y como usarlo de manera completa.

Luego de una larga explicación respecto a la naturaleza del Kyubi, la función del sello y la posibilidad de usar la llave de dicho sello para acceder libremente a todo el chakra del nueve colas, hecha por Gamatora, Naruto accede a firmar su recepción de dicha llave. Antes de proseguir, El Gran Sapo Sabio hace llamar a Fukasaku para que los asista en el resto de la operación.

Naruto se encuentra confuso, mientras esperan la llegada del anciano sapo. No puede evitar notar el rostro apesadumbrado del sapo-pergamino, y aún no le habían querido explicar porqué se requería la presencia de Fuka-ojii. Pero pronto conocería la razón del otro nombre del sapo-pergamino: Gerotora.

La llegada de Fukasaku y su asistencia, después de una larga espera, permitió llevar a cabo la parte final de la operación de integrar la llave del sello con su portador (empujón a Gerotora incluído). En medio de sus nauseas contenidas, Naruto agradecía que no le hubiesen explicado la desagradable operación: de haber sabido que tendría que pasar por ese mal trago, seguramente se habría negado a aceptar.

Mientras se toma unos minutos para procesar toda la información que ha recibido y sopesar el riesgo que representa para su propia individualidad el recurrir al poder del Kyubi libremente, nota como el Gran Sapo Sabio pone al corriente a Fukasaku acerca de su última profecía.

Además, todavía lo intriga el hecho de que el gran sapo hubiese sido testigo del nacimiento de las bestias con colas. Naruto le pide que le relate como fueron esos eventos, a lo que Gamamaru accede:

"En aquella época, cuando aún era un joven y pequeño sapo, un mal venido de lejanas tierras, de más allá de las estrellas, se alzó y esclavizo a todos los hombres. El terrible demonio blanco engañó a la humanidad tentándola con el poder del chakra y atrayéndola a sus redes, para convertirlos, gracias a la vana promesa de compartir su poder con todos, en marionetas sin voluntad, hasta llegar a formar una multitud incontable con sus peones. El demonio fue quien dio a luz al mal absoluto, el Jubi, la bestia de diez colas, cuyo poder abrumador le servía para reafirmar su dominio sobre toda la tierra.

Pero, en su soledad, y encontrando indignos a los hombres, engendró hijos que compartían su esencia y su propia naturaleza. El mayor de ellos, Hagoromo, a quien tú conoces como el Sabio de los Seis Caminos, vió el sufrimiento de hombres y mujeres bajo el yugo de su madre y decidió que debía oponerse y liberar a quienes eran esclavos, devolviéndoles lo que les había sido quitado. Pero sin la fuerza ni los medios para lograrlo, ya que todo el chakra estaba bajo el control de su creadora, vagó por la tierra, lejos de su ahora enemiga, hasta que se encontró un día conmigo.

A pesar del terrible poder del demonio, el hijo rebelde tenía dos armas a las que podía recurrir en su lucha: el cuerpo que había heredado de su madre -en especial sus ojos, diferentes a cualquier cosa vista entre los hombres-, que le permitía un control absoluto del chakra; y la energía natural, que por su propia naturaleza se encontraba fuera del dominio del demonio blanco y cuyo secreto compartían todas las criaturas vivientes que vivíamos en contacto con la tierra que nos sustentaba, pero que los mismos hombres habían desechado desde su misma creación como conocimiento inútil.

En secreto, traje a Hagoromo a este paraje perdido, y juntos desarrollamos los secretos y principios del senjutsu, a fin de dotar a su cuerpo del poder que le faltaba para la batalla que debería emprender.

Finalmente él, con el poder conseguido, logró liberar a su hermano menor y juntos vencer a su creadora, terminando con su dominio y liberando a la humanidad. El terrible demonio blanco fue destruido y su abominable creación, el Jubi, que encerraba en él el poder y la voluntad de su creadora, feroz e inconmensurable, fue dividido en dos parte: su chakra, la energía que lo movía y alimentaba, su misma esencia y espíritu, fue confinado dentro del cuerpo del hermano mayor quien, en la imposibilidad de dejarlo libre, aceptó la carga de ser su carcelero; su cuerpo, de dimensiones colosales y que escondía los insondables secretos de su creadora, fue confinado con el poder del dojutsu supremo, el rinnegan, en una prisión de roca y puesto en los cielos, lejos de la codicia de los hombres, en donde el hermano menor aceptó constituirse en su guardián y vigía, consciente de la necesidad de ese sacrificio para que el esfuerzo de ambos no se perdiera.

Ambos buscaron esposas humanas y dejaron descendencia, con la esperanza de que cuando fuese su turno de abandonar este plano de existencia hubiese quienes continuasen su labor, sirviéndose de los mismos regalos que ellos habían recibido de su madre. El menor de retiró a cumplir su solitaria tarea; el mayor comprendió que la humanidad volvería sus pasos tras el poder del chakra nuevamente y eligió recorrer el mundo para compartir su sabiduría y enseñar el ninshu, el camino de la verdadera comprensión del chakra, a todos, grandes y pequeños, con la esperanza que este poder compartido pudiera liberarlos de sus pequeños conflictos y enemistades, así como prepararlos por si, en un futuro, una amenaza como la que había representado su madre volvía a hacerse presente. Así se labró una fama y un nombre entre todos, desechando el que le había dado su propia madre, a fin de lograr la aceptación de entre los mortales: Rikudo Sennin, el Sabio de los Seis Caminos, el hacedor de milagros, el Salvador del Mundo.

Cuando sus días mortales estaban llegando a su fin, señaló a su heredero entre sus hijos y se retiro, lejos de cualquier tierra. Allí, con su gran poder, construyó un santuario para pasar sus últimos días, así como para llevar a cabo su tarea final: comprendiendo que el poder que había sido del Jubi no podía ser destruído, había estado durante todos esos años como su carcelero purificándolo de cualquier presencia maligna que lo contaminaba, dejando finalmente sólo una esencia pura. Pero consideró que ninguno de sus descendientes ni hombre alguno podría llevar a cabo su labor y albergar dicho poder dentro de sí sin corromperse, y a sabiendas que no podía simplemente liberarlo, por el riesgo de que encontrase el camino para volver a unirse con su antiguo cuerpo físico, decidió dividirlo en nueve partes.

Para crear a las nuevas criaturas, se inspiró en los pacíficos habitantes que compartían con él su última morada: nueve bestias, todas hermanas, cada una diferente de la otra, a las que dotó no sólo de fuerza, si no que de voluntad y pensamiento para permitirles vivir en medio de esas pacíficas criaturas. Les dió un nombre y se llamó a si mismo su padre ,y ellas le vieron con amor, como sus hijos.

Juntos, las nueve bestias con cola, sus hijos y herederos de su voluntad y fuerza, los animales de ese remoto paraje y yo, vimos como la luz de los ojos de Hagoromo se extinguía. Él me miró y me pidió que le dijera que había hecho lo correcto, y por esa única vez pude ver claramente el futuro por mi propia elección, y le conté lo que vi ese día: le dije que su camino no sería en vano, que su tarea sería completada un día y que sus hijos, bestias y humanos, vivirían en armonía, bajo el amparo de una pareja de sus descendientes, quienes ocuparían el lugar de los hermanos, y que como Hagoromo y Hamura salvarían al mundo: un joven como el hermano mayor, siendo la luz de todos; una joven como el hermano menor, como su apoyo y su sombra.

Sonriéndome, me agradeció y tocó mi cabeza, diciendo que me cobraba la palabra y que a mi me correspondería esperar y vigilar hasta que mi profecía se cumpliera. Y eso fue lo último que me dijo…"

Naruto pudo ver el rostro entristecido de Gamamaru, claramente dolido por tan penoso recuerdo, y no pudo evitar sentirse culpable de remover las memorias del viejo sapo. Sin que se le ocurra otra forma de consolar al abatido anciano, salta al trono en que se encuentra y trepa hasta sus hombros, dándole una palmada en su espalda (mientras Fukasaku mira atónito la escena). Una vez de regreso al suelo, el gran sapo no puede evitar reírse de todo lo ocurrido, estremeciendo con su risa todo su enorme cuerpo y provocando que su sombrero caiga.

Mientras los guardianes del Gran Sapo Sabio le colocan nuevamente su sombrero, Naruto no puede evitar preguntar:

- Hay algo que no entiendo, ojii-sama: Gerotora acaba de explicarme que la voluntad del nueve colas es una masa de odio puro que podría llegar a engullir mi mente si me descuido, pero según tu relato las bestias con cola eran seres bondadosos, engendrados con amor, todo lo contrario a lo que acaban de explicarme…

- Esa es la impresión que todos los jóvenes tienen de los Biju, desconociendo que todo el odio que albergan en su ser no ha sido más que la reacción al amor que sentían en su nacimiento por la humanidad, lo que se trocó en un profundo resentimiento cuando todas ellas fueron despreciadas por los hombres y usadas como meras herramientas de destrucción, lo que era contrario a su propósito.

- Pero como permitieron que los utilizaran, si su poder era tan grande.

- Tienes que comprender, muchacho, que luego de la muerte de su padre las bestias vivieron un tiempo en el santuario que él construyó, pero que el mismo amor que su padre les inculcó por los seres humanos los llevó a dejar su hogar primigenio y vagar por la tierra, buscando la compañía de aquellos que sabían les faltaban. Ese intimo deseo les llevó a acercarse primeramente a los hijos de Rikudo Sennin, pero mientras el menor los ignoró (creyendo que así les protegía), el mayor se vio influenciado a mandar sobre ellos a fin de servirse de su poder contra el heredero de su padre.

- ¿El heredero del Sabio de los Seis Caminos?

- El mismo hijo menor, Asura, quien fue elegido por su padre para liderar la senda del ninshu, contra quien se había levantado su hermano mayor, Indra, quien se sirvió de sus ojos para dominar a los Biju: ojos rojos circulares, capaces de alterar la realidad y perturbar los sentidos.

- El sharingan… Entonces él descubrió que los poderes del Sharingan podían controlar a las bestias con cola…

- No controlar, joven: esos ojos rememoran en las bestias con cola el recuerdo de su padre perdido, por lo que al verlos su voluntad se doblega ante ellos; no es que los que poseen esos ojos los dominen por ser más fuertes que ellos, si no que los Biju simplemente no oponen resistencia. Su soledad los hace vulnerables, y así será hasta la llegada del que los ha de reunir bajo su amparo, como su nuevo padre y maestro.

- O sea, de vuelta a la profecía…

- Así es, joven Naruto.

- Pero no entiendo, mi maestro siempre hablo de "el elegido", como si fuese un sólo ser, y ahora usted me cuenta que las hazañas de Rikudo Senin fueron no sólo de él, si no que siempre hubo un hermano del que nadie jamás había oído, además de decirme que la profecía completa habla de dos personas, hombre y mujer, y no sólo uno.

- La profecía que le mencioné originalmente a Jiraiya fue sólo para él, y hablaba respecto de que él entrenaría a aquél que traería paz al mundo ninja, quien caminaría en la senda del Sabio de los Seis Caminos, y como dato adicional le mencioné la parte de la profecía original que se relacionaba con ello. Pero en realidad nunca preguntó (ni nadie antes, tú eres el primero que lo hace en casi mil años) si había algo más; por mi parte, siempre he entendido que esa segunda persona se manifestará sólo cuando el elegido complete su tarea, la misma profecía la señala como la sombra del elegido, un ser oculto.

- ¿Tantas cosas sabes y nadie te preguntó nunca nada? Se me hace difícil de creer.

- Los sapos no son particularmente curiosos con los hechos de los hombres, y los humanos que llegué a conocer con posterioridad y que llegaron a estas tierras en busca del conocimiento del senjutsu me veían siempre como un sapo viejo y chocho, y el que los sapos me llamen "ojiji" no mejoraba en nada la imagen que se hacían de este pobre anciano.

- Supongo que comprendo eso, sé lo que es que no te tomen en cuenta por la idea errónea que pueden hacerse de ti si no llegan a conocerte.

- Demuestras mucha sabiduría, jovencito. En eso superas incluso a Jiraiya-chan, cuya curiosidad le llevó a oír y sus propios sueños le llevaron a creer las palabras de un viejo y olvidado sapo.

- Gracias, Gamamaru-sama.

- Bien, ahora un par de consejos, Naruto-sennin (sabio Naruto).

- (avergonzado, el rubio le interrumpe) Por favor, señor…

- Hum, como decía, un par de concejos: ahora que tienes la llave para liberar todo el poder de Kurama, no intentes hacerlo antes de encontrar al pulpo, necesitarás su ayuda para poder completar ese entrenamiento, y tratar de hacerlo por tu propia cuenta podría traer nefastas consecuencias.

- ¿Kurama? ¿Kurama es el nombre del Kyubi, verdad? ¿El que le dio el mismo Rikudo Sennin?

- Si, y te aconsejo que lo llames de esa manera si pretendes algún tipo de ayuda de su parte.

- Claro, anciano.

- Lo otro, sobre lo que querías originalmente: de la misma manera en que meditas y te concentras para conectarte con la naturaleza y poder reunir la energía natural, tienes que proyectar tu propio espíritu hacia el interior de tu propia mente y cuerpo. Usa tu habilidad aprendida para detectar e identificar energías y enlaza tu propio chakra al del zorro. Cuando lo logres, podrán proyectar tu propio ser consciente ante su presencia y hablar con él. Tan sólo ten cuidado de lo que haces cuando estés ante él, ya que lo que hagas allí se replicará hacia el exterior en tu cuerpo…

- ¿Acaso me estaré moviendo mientras hago lo mismo dentro de mi mente?

- No, pero lo que hagas con tu chakra se proyectará en el mundo físico; recuerda, es tu mente consciente la que estará allí, ante Kurama, la misma que usas para controlar y moldear tu chakra.

- Entendido, mantendré la calma en todo momento.

Mientras se pone en posición de meditación, sentado y con sus piernas cruzadas, escucha a Fukasaku-ojii desearle suerte, mientras le advierte que a pesar de todo lo que ha oído de Gamamaru-ojiji respecto del nueve colas sea cuidadoso al momento de encontrarse con él. Naruto asiente a sus palabras y, respirando profundamente, comienza la delicada operación. Fukasaku siente como el espíritu del rubio se expande, llenando el gran salón en que se encuentran, para desaparecer al instante, comprimido dentro del cuerpo de su dueño.

El shinobi concentra sus pensamientos en su sello, mientras escudriña con sus sentidos en busca de algún chakra extraño albergado en él; apenas logra percibirlo, se enfoca en ese sólo rastro, mientras su mente entra en un estado de aislamiento absoluto…


"Creo que me volví a dormir, rayos"

Naruto sólo pudo decir aquello al percatarse que no se encontraba en la habitación sucia y maloliente donde habitualmente se había encontrado con la presencia del zorro demonio, encerrado tras lo fríos y gruesos barrotes de su celda, limitado por el sello que lo aprisionaba.

En vez de eso, se encontraba nuevamente en la habitación color blanco perla, en donde había hablado con la Hinata del sueño. Se encontraba sólo, y por confortable que fuese ese lugar, ahora tan sólo lo retrasaba de alcanzar su objetivo. Así que, sin saber como salir de allí, sólo atinó a pararse del suelo y buscar una salida que parecía, simplemente, no existir.

Pero su búsqueda no fue muy larga, ya que apenas unos pasos dados fue capaz de percatarse de una aparición que, del aire, surgió, para materializarse frente a él, dotada de un fragancia que ya conocía sobradamente, a pesar de haberlo sentido en el mundo real sólo un par de veces:

- ¿Hinata-chan, qué haces de nuevo aquí…?

La imagen de Hinata aparece como esa vez, con su vestido blanco y holgado, su cabello largo y liso y una sonrisa nerviosa. Mientras Naruto la ve, como esperando una explicación, la peliazul sólo cruza sus manos a la altura de su cintura y se inclina, mientras dice: "gomen, Naruto-kun, nunca esperé estar aquí".

- ¿No eres un recuerdo ni algo que me estoy imaginando, cierto?

- Creo que no…

- Y aquella vez, ese sueño…

- Ahora creo que eso tampoco fue un sueño…

¿Cómo rayos no se había percatado antes? La huella de chakra de la peliazul, ahora mucho más perceptible, era la misma que había sentido ese día, ante Pain, la misma que sintió al encontrársela esa misma noche, dentro de su cabeza, pero había estado tan alterado, tan dolido, que nunca se le ocurrió pensar que ese rastro podía ser… ella…

- ¿Pero cómo es que… ?

- Sé que lo sabes, Naruto-kun, de la misma manera que ahora lo sé…

Allí lo recordó.

Cuando recibió los pergaminos que eran de su padre, no pudo evitar buscar, primero que todo, la información que pudiese haber allí respecto de su propio sello. Lo que encontró fue bastante revelador, y explicaba el cómo había su padre podido encerrar una parte de su propio ser dentro de su mente:

El sello de cinco elementos, diseñado para aprisionar espíritus o entidades de gran poder, requiere que sus creadores pudiesen, entre todos, dominar cada uno de las cinco formas elementales del chakra: fuego, viento, tierra, agua y rayo. Con chakra de cada uno de esos elementos, se podía crear una prisión corporal incorruptible y permitiendo, si sus creadores lo deseaban, crear válvulas de contacto para que la energía del prisionero pasase gradualmente a su portador o viceversa (ya fuese para que el portador aprovechase la fuerza de la entidad o para que su propio espíritu purificase a la entidad encerrada). Habiendo sido usado el sello para aprisionar al Kyubi por la primera jinchuriki que tuvo en Konoha, Uzumaki Mito-sama, se descubrió que el dominio que presentaba el chakra del zorro demonio sobre los cinco chakras elementales evitaba tener que recurrir para crearlo a selladores que pudiesen usar dichos elementos, permitiendo que incluso una persona, con suficiente chakra y dominio del fuinjutsu, pudiese crear ese complejo sello por si mismo.

Había también unas notas en el viejo pergamino sobre fuinjutsus del Clan Uzumaki respecto a sellos especiales que permitían separar una porción de la energía, esencia y memorias de una persona para unirlas a un objetivo, persona o animal, y permitir que dicha creación, como una copia independiente de la persona seccionada, tomase el control del objetivo (como una especie de transferencia de mentes, pero sin la desventaja de tener que abandonar el propio cuerpo). Dicho jutsu, usado como herramienta de combate, le permitió a muchos guerreros Uzumaki derrotar a enemigos más poderosos simplemente sellándolos y tomando el control de ellos con relativa facilidad.

De alguna manera, su padre había logrado fusionar ambos sellos, permitiéndole encerrar una parte de su propia personalidad, como una copia, dentro del mismo sello en que aprisionó al nueve colas en su cuerpo, pudiendo incluso prever un evento detonante para manifestarse ante su propia conciencia e impidiéndole hacer lo que esa vez trató de hacer.

Pero el sello que le permitió a su padre hacer aquello seguía ahí, unido a un cada vez más frágil sello que era la prisión del zorro demonio, y de alguna manera, en la batalla contra Pain, el enorme chakra emitido cuando luego del sacrificio de Hinata se había liberado de las ataduras con que había tratado de detenerlo el portador del rinnegan, había reabierto ese sello especial y capturado una parte de aquel alma viviente que se encontraba más próxima y vinculada emocionalmente a él (o al menos, eso suponía ahora, al ver a la ojiblanca frente a él, tan real como su padre cuando se lo encontró en aquél entonces).

- Pero, entonces, ¿porqué apareciste desnud…?

- ¡Naruto-kun, ni te atrevas a insinuar que eso fue idea mía! Yo no elegí estar aquí ni presentarme de esa forma ante tí, ni me habría atrevido a hacerlo si no hubiese sentido que me necesitabas.

- Creo que tienes razón, Hinata-chan, al menos mi padre pudo elegir como encerrarse aquí adentro.

- Gracias, Naruto-kun…

- Bien, Hinata-chan, lo que no entiendo es como no has desaparecido todavía.

- Eso es grosero, lo dices como si te molestara mi presencia.

- (sonrojado, el ojiazul se defiende) No, no es eso, sólo me sorprende encontrarnos de nuevo. No me desagrada verte, ¡incluso diría que me gusta mucho tenerte aquí, dattebayo!

- (ahora la sonrojada es la Hyuga) Gracias, eres muy amable al decirlo así, tan animado, Naruto-kun.

.

.

.

- Oye, Hinata, recién dijiste que habías podido saber que te necesitaba la otra noche, ¿acaso puedes leer mi mente o enterarte de lo que me sucede o lo que hago?

- No es así, tan sólo percibo tus emociones si son muy intensas, y puedo ver aquello que te pasa cuando tus sentimientos son muy fuertes al respecto. Fuera de esas ocasiones, pareciera que el mismo sello que me alberga me impide ver más allá.

- Si, se supone que impide que la mente del Kyubi se introduzca en mi… ¿Hinata-chan, acaso ya lo has visto?

- ¿Eso que liberaste en la pelea contra Pain? No, no me he topado con él, está más lejos de donde puedo ir.

- Y supongo que sabes lo que es esa cosa.

- Si, algo pude oír cuando conversabas sobre eso con los sapos, aquella noche en que te emborrachaste.

- (avergonzado) Pudiste ver eso, eh; lo siento por el espectáculo. ¿Puedes decirme que rayos dije esa noche?

- No puedo, fui incapaz de entender lo demás -dijo la peliazul, mientras bajaba la mirada, sintiéndose culpable por su pequeña mentira-

- ¿Y qué más has podido ver, ah?

Hinata ve la preocupación en la mirada de Naruto, así que decide no ocultarle nada:

- Tus lágrimas por mi muerte; el… beso… aquel… -dice, mientras golpea sus dedos indices, nerviosa-; tu discusión con Sakura-chan; tu encuentro con Hanabi-chan; tu ascenso (¡felicidades por eso, Naruto-kun!); tu discusión con mi padre; tu despedida… de la aldea… con Sakura… -dice, dejando entrever una leve molestia en su voz-…

- Ese beso…

- Esos besos, Naruto-kun, recuerdo que fue más de uno.

- No creo que debas reprocharme algo (dice el rubio, tratando de defenderse).

- Tienes razón, pero sólo respondo a tu pregunta (molesta, se gira, dándole la espalda al joven).

Naruto se acerca, poniendo su mano en el hombro de la chica, pero ella sólo lo aparta, sin girarse a verlo. Ante esa reacción, el rubio se acerca al oído de la peliazul, y le dice:

- Lamento si eso te hizo sentirte mal; sé que debí haber evitado que ella me besara, y supongo que sabes que lo disfruté al principio.

- Sí… lo sé…

- Entonces también debes saber porqué termine apartándola, ¿cierto?

- No se a qué te refieres.

- Ne, Hinata-chan, sé que lo sabes…

Girando, claramente incómoda, mira al rubio a los ojos (quien se encuentra a sólo un paso de distancia) y le dice:

- Te divierten mis celos, ¿verdad, Naruto?

- No, sólo me recuerdan que tus palabras fueron sinceras, no como las de Sakura.

- ¿Acaso no crees que ella te pueda amar de la misma manera que yo llegué a hacerlo?

- Ella no saltó a defenderme cuando estaba en el suelo, vencido. Tú sí.

Al ver la mirada dulce que, junto a sus palabras, le daba Naruto, Hinata abre sus ojos por la sorpresa, intensamente sonrojada, y sólo atina a apartar al rubio de un manotazo, mientras se cubre el rostro, esperando a tranquilizarse. Naruto, que cae sentado después del empujón, sólo ríe ante la inesperada reacción de la ojiperla. Luego, se incorpora nuevamente y le habla, para calmarla:

- Lo siento, creo que dejaremos ese tema para otro momento, ahora necesito salir de aquí para poder hablar con Kurama.

- (más calmada, la peliazul contesta) Claro. Supongo que por Kurama te refieres al Kyubi, ¿cierto?

- Si, ese es su nombre.

- Bien, supongo que sólo debes seguir más adelante, este espacio que has creado no es que sea real, es sólo tu mente la que lo proyecta, y debería desaparecer si así lo deseas…

- Pensé que tú eras la culpable, digo, por el color (es claro que son tus ojos) y el aroma presente.

- No, es obra tuya, pero agradezco que lo hayas creado pensando en mí…

Naruto es ahora quien se sonroja fuertemente, pero trata de disimularlo manteniéndose erguido y serio, como si nada pasara:

- Oye, Hinata-chan, ¿quieres acompañarme y conocer a Kurama?

- No se si pueda, Naruto-kun.

- Claro que si, se supone que estos sellos me permiten elegir que energías pasan de un lado a otro; además, cuando encontré a mi papá él se encontraba junto a la jaula del nueve colas, no tendrías porqué no poder llegar tu misma allí, siendo que es el mismo sello el que te tiene encerrada aquí dentro, conmigo.

- Entonces me gustaría ir, pero, ¿no piensas que sería una molestia?

- Para nada, incluso me resultaría agradable contar con tu presencia. Las pocas veces que he estado frente al Kyubi me resultaba asfixiante, pero seguro será más cómodo contigo a mi lado.

Naruto toma de la mano a su acompañante, para asegurarse de no perderla de vista. Hinata sólo le sonríe y lo sujeta con más fuerza, ligeramente nerviosa. A continuación, ambos caminan un corto trecho, mientras el rubio se concentra en el nueve colas. Finalmente, la habitación blanca desaparece, siendo reemplazada por aquel cuarto oscuro y húmedo, en donde se ve, al fondo del mismo, la celda que encierra a su prisionero.

Naruto suelta a la ojiazul, y le pide que permanezca allí, a la sombra, mientras él se acerca para hablar con la bestia. Hinata sólo asiente, mientras le desea suerte.

La bestia se encuentra acurrucada en el suelo, ignorando, por primera vez desde que lo conoce, la visita de su carcelero.

Naruto trata de llamar su atención, pero es sistemáticamente ignorado. Molesto, el rubio sólo atina a gritarle:

- ¡Eh, Kurama, que necesito hablar contigo! ¡Respondeme!

Abriendo sus ojos, la enorme criatura se incorpora, para cercarse a la puerta de su prisión, sorprendida y molesta con el insolente visitante. Al verlo más de cerca, le pregunta:

- ¿Como me llamaste, insecto?

- Kurama, ¿que no se supone que ese es tu nombre, verdad? ¿o es que prefieres que te digan "nueve colas"?

- Ningún humano vivo conoce ese nombre, ¿cómo se supone que lo sabes tú, carcelero?

- Me lo dijo un viejo amigo de tu padre.

- Mi… padre…

El bijú reacciona violentamente, emitiendo un rugido ensordecedor y emitiendo chakra violentamente, haciendo estremecer todo aquel lugar. Naruto, abrumado por la violenta presión, cae arrodillado al suelo, mientras intenta mantenerse en el lugar resistiéndose a feroz viento provocado por la furia del Kyubi. Hinata, que ve la escena desde la oscuridad se acerca rápidamente al rubio par ayudarle a levantarse, mientras le grita a la bestia:

- ¡Detengase ahora, Kurama-sama, que lo lastima!

La bestia se silencia, mientras acerca la mirada al enrejado, exhibiendo amenazante sus dientes y gruñendo sonoramente. Pero la vista de la peliazul lo desconcierta, y cesando sus amenazas pregunta intrigado:

- Esos… ojos…, ¿porqué tienes esos ojos, mujer? Responde…

- Son los ojos de mi familia, todos nacemos con ellos; tal vez usted no los conozca, pero son conocidos como byakugan por el poder que llevan consigo.

- No pregunte eso, sólo quiero saber qué relación tienes con el hermano de mi padre.

- No le entiendo, Kurama-sama.

- Tus ojos son iguales a los de él, iguales a los ojos de mi padre antes de que ellos cambiasen: él nos lo dijo a todos nosotros, nos dijo que esos ojos nos señalarían a aquel que nos habría de reunir nuevamente, pero hace ya tanto tiempo de aquello, tanto tiempo…

Naruto se incorpora, mientras ve como la actitud del nueve colas ha pasado a ser mucho más sumisa ante la presencia de Hinata, por lo que pregunta:

- Eh, Kurama, ¿acaso tu padre también tenía el sharingan, es por eso que sus portadores pueden controlarlos?

- Esos ojos rojos ahora están contaminados, la sangre derramada por la ambición, no el calor de la vida, es lo que ahora los sustenta. Ojos rojos, siempre acompañados por un chakra maldito, impregnado de odio y deseos de destrucción. Si aquel malnacido de Indra hubiese muerto sin dejar descendencia, yo y mis hermanos no habríamos tenido que ser sus esclavos, ni nos usarían como armas, ni seríamos prisioneros de criaturas tan insignificantes.

- Entonces…

- Nuestro padre era bueno, pero sus hijos… eran indignos…

El Kyubi, cansado, se hecha sobre su cuerpo, en actitud relajada, mientras aparta la mirada de la pareja, luego pregunta:

- Di ya lo que deseas, carcelero, y déjame en paz.

- Tan sólo deseo tu apoyo, ya que…

- (interrumpiendo, enojado) ¿Acaso no te basta con lo que tomas de mi cada vez que así lo quieres?

- No me malentiendas, Kurama, deja que primero te lo explique.

Con el Kyubi y Hinata de oyentes, Naruto comienza a relatar sus planes: necesita derrotar a Akatsuki y al enmascarado, así como hacer regresar a Sasuke a la aldea para salvarlo. Pero esos objetivos le significarán tener que pelear con al menos un usuario avanzado del Sharingan, el que podría servirse del poder de dichos ojos para controlar al Kyubi y usarlo en su contra de formas que podrían significar la muerte de ambos. Su anterior encuentro con Sasuke le demostró que, a pesar de la existencia del sello, los ojos rojos son capaces de encontrar al Kyubi dentro de su cuerpo y mente, por que el que puedan usar su poder para dominarlo es, más que probable, perfectamente posible. Él se compromete a evitar ponerse en una situación tal que facilite la intrusión de cualquier Uchiha dentro de él, al alcance del nueve colas, pero no puede garantizar que eso sea suficiente para evitar tan grande riesgo:

- ¿Y qué pretendes hacer, mocoso, cuando alguno de ellos te tenga a su disposición o cuando quieras recurrir a mi poder, manifestando mi presencia al exterior, fuera de la protección del sello?

- Primero, ya no planeo usar de manera tan irresponsable tu poder. Si algo me enseñó mi última pelea es que usando de tu poder, como lo he hecho hasta ahora, me vuelvo un peligro incluso mayor al de los enemigos a los que pretendo derrotar. Así que, al menos al enfrentar a un usuario del sharingan, deseo no recurrir a tu chakra para nada; por eso mismo he estado entrenando arduamente estos últimos días para superar mis límites y aumentar mis opciones.

- Y respecto de lo otro, como pretendes evitar que con su poder ocular se metan en tu cabeza y allí me alcancen.

- Dos maneras. Primero, cuando te lo indique debes retrotraer tu chakra y evitar que se cuele por el sello.

- Pero se supone que la función primaria del sello es permitirte usar mi chakra. Si alguien debería poder cortar su flujo, ese eres tú, mocoso.

- Lo sé, pero con todo lo que ha pasado y el tiempo transcurrido el sello está cada vez más debilitado. Así que dependerá de ti el hacerlo, mientras yo me concentro en pelear y salvar nuestros pellejos.

- Lo dices como si yo quisiera permanecer aquí dentro. Recuerdo lo cerca que estuve de liberarme y me enfurezco… maldito Yondaime…

- ¡Oye, que te estás refiriendo a mi padre! Bien, como decía, también hay un sello especial que se ejecuta dentro de la mente del usuario, cuyo objetivo es impedir la intrusión de mentes ajenas a si mismos por cualquier medio. El problema es que aún no se suficiente de fuinjutsu para ejecutarlo, pero cuando logre hacerlo necesitaré de tu ayuda para llevarlo a cabo.

- ¿Y qué obtengo yo de todo eso, carcelero?

- (mirándolo fijamente a los ojos, Naruto responde) Actualmente tengo en mi poder la llave para liberar el sello y fusionar totalmente mi chakra con el tuyo. Como primer paso, para llevar a cabo mi misión, necesitare usar tu poder por un tiempo.

- Y luego…

- Planeo liberarte, Kurama. De ser posible, preservando mi vida; si no es posible… de cualquier otra manera. Pero esa es mi promesa hacia ti, y nunca he roto mis promesas.

- Lo lamento, mocoso, pero es evidente que aún no confías en mi, ¿porqué debería creer en tí?

- No te estoy mintiendo…

- Tal vez así lo creas, pero en el fondo sé que aún me odias y temes. Tan sólo mira a tu alrededor.

Naruto se sintió ofendido por la desconfianza del biju, pero se tomo unos instantes para observar alrededor del lúgubre salón: sólo humedad, vapor, suciedad y un aire enrarecido, con poca luz. Pero seguía sin comprender las palabras del Kyubi.

Al verlo confundido, Hinata se acercó a Naruto, a fin de explicarle el significado de las palabras de la bestia:

- Eto, Naruto-kun, Kurama-sama se refiere a todo este lugar.

- Lo siento, Hinata-chan, pero sigo sin comprender.

- Esto es tu mente…

- Lo sé, sé donde estamos.

- No comprendes, mira ¿recuerdas la habitación donde me encontraste?

- Si, era un lugar bastante más agradable.

- ¿Y recuerdas lo que te dije sobre aquel lugar, en relación a mi?

- Si, que yo lo había formado así por el concepto que tenía de… espera… ¿me quieres decir que este lugar lúgubre es así a causa… mía?

- Algo así, Naruto-kun. Aunque sería más correcto decir que es así debido a la idea que tienes en tu cabeza del Kyubi, de lo que él representa para ti…

- Entiendo… pero yo siempre creí que todo esto era a causa de lo que la bestia representaba, de lo que era ella…

- Pero ya vez que no es así, y mientras este lugar siga igual Kurama-sama sabrá que realmente no confías en él…

Naruto giró la vista de Hinata al zorro, viéndolo nuevamente allí, echado en el húmedo y frío suelo de su incómoda prisión. Era obvio lo mucho que le desagradaba aquel lugar, ¿cómo pudo siquiera pensar que ese lugar tan oscuro hubiese sido hecho por quien tenía que habitarlo? Claro, siempre pensó, como todos, que la bestia de las nueve colas sólo era un demonio sanguinario, hecho de maldad pura. Y por primera vez, tuvo compasión de su huésped, su prisionero.

Naruto cerró sus ojos y enfocó su mente en las cosas que había oído de Gamamaru, en las cosas que le contó su padre sobre el ataque del Kyubi, de lo dicho por Hinata. Pensó en todo el sufrimiento que debió llevar consigo esa criatura, poderosa pero aún así utilizada y despreciada de todos. Pudo ver al ser como una víctima, y no como el verdugo que todos presentaban. Y de la manera que lo hizo con Nagato, pudo hallar el perdón para aquel inocente por todas las cosas terribles que le habían hecho realizar, las que siempre habían estado fuera de su control. Pensó en su soledad y en la de sus hermanos, y se hizo la promesa de liberarlos a todos y lograr que fuesen aceptados, de la manera que él mismo, visto de todos como otro monstruo, fue aceptado, primero por ella, y luego por toda su aldea.

En ese mismo instante, la habitación se transformó: la humedad, el sucio y las sombras desaparecieron; las rejas se esfumaron y todo cambió a un color dorado pálido, suave. El Kyubi, libre del enrejado, se levantó y corrió por el salón iluminado, respirando por primera vez en años un aire limpio y vigorizante; desplegó sus colas y aulló (lo que le resultó extraño a Naruto, siendo aquel un zorro y no un lobo), para luego acercarse con paso lento a su carcelero, mirándolo fijamente. En su pecho pudo Naruto observar que tenia escrito, como un dibujo sobre su pelaje de fuego, el kanji "sello", el mismo que en la antigua habitación estaba en el papel y que representaba sus ataduras. Finalmente, el Kyubi sólo se hecho junto a su carcelero, recostado cómodamente sobre aquel limpio suelo.

El peliamarillo se acercó, pero no pudo tocarlo: era intangible para él, el efecto del sello que así lo protegía de ser dañado. Pero Hinata si pudo hacerlo, y con nerviosismo sólo acarició su pata delantera, para luego tocar la punta de su nariz. Allí, el prisionero le dijo: "gracias". A ella, no al rubio.

Hinata dejó a la bestia allí, descansando, mientras se llevó a Naruto para tener unas últimas palabras con él:

- Creo que ahora Kurama-sama podrá creer en tus palabras, Naruto-kun.

- Supongo… Creo que debo ser más amable con él de ahora en adelante.

- No creo que sea difícil, parece que lo único que quiere es paz, y probablemente esperará a que llegue el tiempo en que cumplas tu promesa.

- Bien, ahora debo volver al mundo exterior. Vendré a visitarte para que podamos conversar, aunque no te prometo que sea muy seguido, estaré bastante ocupado con mi entrenamiento y mi búsqueda.

- Comprendo, Naruto-kun, yo me entretendré conversando con Kurama-sama, seguro tiene historias interesantes que contarme, y tal vez puedo sacarle uno que otro secreto que te pueda servir para tus propósitos.

Kurama, echado en su sitio, gruñe mientras le replica a la Hyuga en voz alta: "sabes que te estoy escuchando mujer, ¿verdad?". Hinata sólo le mira con dulzura, mientras le dedica una sonrisa: "lo sé, Kurama-sama". Resignado, el Kyubi se para alejarse de la pareja.

Naruto, agradeciendo que Kurama les de algo de privacidad, se acerca y abraza a la joven, mientras le dice: "estoy muy contento de que estés aquí, a mi lado; de que no te hayas ido del todo, Hinata". Hinata, emocionada, le responde: "yo también, Naruto-kun, yo también".

Cuando se separan y Naruto se despide con la mano en alto, la peliazul le interrumpe, diciéndole: "Naruto, antes de que te vayas, necesitas saber algo. Además de mi presencia, pude sentir otras dos presencias extrañas aquí dentro, que no son del Kyubi. Una de ellas está en lo más profundo del sello; no pude verla con mis ojos, pero no creo que sea peligrosa (al menos no pude sentir ningún sentimiento maligno de ella). Pero la otra, es extraña, muy extraña; no parece que quiera hacerte daño, pero si sé que sus motivaciones no son del todo puras, el chakra que la forma es sombria, y sólo vaga por tu mente, de un lado para otro, sin detenerse". Naruto pregunta: "¿acaso tiene alguna forma?" Hinata responde: "cuando adopta una forma, se ve como un cuervo negro, de ojos extraños…"

Naruto sabe que eso le recuerda a algo o alguien, pero no puede recordarlo, por lo que la revelación termina por preocuparlo, así que le pide a Hinata que esté atenta a cualquier hecho extraño. La bella ojiperla sólo asiente, mientras le da la espalda y se dirige a donde espera el Kyubi, para permitirle finalmente partir. Naruto sólo desaparece.

Al llegar a donde se encuentra Kurama, Hinata se recuesta a su lado, con la mirada al dorado cielo de aquel salón. Kurama, sin levantarse ni abrir sus ojos, sólo le pregunta: "¿porqué no le ha dicho? Sabe que si llega el día en que libere el sello que me aprisiona para fusionar su chakra con el mío, su presencia desaparecerá para siempre, y eso es algo inevitable". Hinata le responde: "lo supuse, pero no quise preocuparlo con algo que no tiene solución. Tan sólo deseo aprovechar este tiempo a su lado; confió en que cuando nuestra despedida llegue él ya no me necesitará más". Kurama le replica: "podría pedirle que no toque ese sello, y así permanecer a su lado durante toda su vida. Para mi eso no significaría más que sólo esperar a su muerte para obtener mi libertad, y no me molestaría pasar ese tiempo en un lugar como éste, hime". Ella, avergonzada, le contradice: "por favor, Kurama-sama, no me llame princesa, que nunca lo he sido". El Kyubi contesta: "esos ojos la hacen una princesa ante mi, hija de Hamura, hermano de mi padre. Y aún no me ha dicho que piensa de mi ofrecimiento". La peliazul sólo termina la plática con su respuesta: "le amo demasiado para hacer que rompa aún la más pequeña de sus promesas, no por mi causa…"


Naruto se ve nuevamente en el salón donde se encuentran los ancianos sapos, esperando. Les cuenta lo acontecido en su conversación con el zorro, con lujo de detalles, pero callando para sí la presencia de ese recuerdo de Hinata, viviendo dentro del sello.

Mientras Fukasaku oye incrédulo el relato de lo ocurrido, el Gran Sapo Sabio sólo asiente a las palabras del rubio, esbozando una ligera sonrisa, contento por lo bien que ha salido todo. Comprende que ese joven debe ser el señalado por la profecía: finalmente su labor en la tierra terminará y podrá pronto descansar para reunirse con su amigo y compañero. Cuando el relato ha terminado, no puede evitar hablarle a Naruto:

- Supongo que con ésto estás más convencido de que tú y sólo tú debes ser el niño de la profecía, Naruto-kun.

- No lo sé con seguridad aún, anciano, pero si eso significa conseguir que los bijú sean libres de todo el mal y el rencor que han acumulado en estos mil años, no tengo problemas en prestarme para serlo.

- Bien, bien, que tu corazón y tus ojos azules te guíen en tu camino, muchacho.

- ¿Ojos azules?

- O, si, creo que no te lo he dicho: el joven de la profecía, el que vi cuando era un joven sapo, tenía los ojos azules, iguales a los tuyos.

- ¡Y ahora me lo viene a decir, eh, ojiji!

- ¡Disculpa la cabeza de este viejo sapo, jo jo jo!

Y así, con la risa cansada del anciano a sus espaldas, Naruto se retira del salón para dirigirse de regreso a la cabaña de los ancianos, acompañado por Fukasaku-ojii, satisfecho con la respuesta alcanzada y con un propósito aún más grande que el planeado originalmente.

Y lo mejor de todo, con una agradable compañía que no se esperaba.

Y pensando en todo aquello, sonríe, mientras camina dando largos pasos, con los brazos en alto y las manos cruzadas detrás de su cabeza.