Love will have its sacrifices
El único ruido en la plaza, aquella tarde, era el producido por los tacones de Regina que repiqueteaban repetidamente contra el asalto.
Le habían dicho a todos los de la ciudad que se estuvieran lo más alejado de la calle principal, porque Regina había vuelto a convertirse en malvada e impredecible y se enfrentaría a Maléfica sola.
Obviamente, nunca le permitirían hacer algo como eso sola. Emma, Mulan, David y Blanca estaban escondidos, cada uno en un sitio, en los alrededores de la plaza, listos para intervenir a la primera ocasión.
«Irá todo bien» murmuró Regina a la muchacha que tenía a su lado.
«Lo sé. Me he ofrecido yo, Regina»
Regina deglutió con dificultad, después inspirando la miró con la expresión más dura de la que fue capaz, sus ojos distantes. Aquella era la manera en que comenzaba. Regina se llevó una mano hacia su propia garganta, amplificando la voz para que pudiera ser escuchada desde cualquier parte de Storybrooke.
«Maléfica» su tono era duro y calmo «Estoy harta de esperar, como sabes, nunca he tenido mucha paciencia. Así que, he decidido dejar de esperar y volver a mi viejo estilo y darte un ultimátum. Puedes venir a pelear conmigo ahora, o no hacerlo nunca más. ¿Necesitabas un corazón redimido, no? El mío lo será por poco tiempo»
Un escalofrío recorrió la columna de Ruby. También Blanca lo vio, evidentemente, incluso David lo percibió. Aquella era la voz de la Reina Malvada.
«Tienes diez segundos para hacerte ver, querida. Terminados estos, comenzaré a matar a la única persona lo bastante estúpida para haberse quedado cuando todos los demás han huido y continuaré con aquel que se me ponga por delante hasta que mi corazón no esté de nuevo negro y corrompido»
Su voz resonó en cada calle, dentro de cada casa, cada barco atracada en el puerto, cada túnel de la mina, en cada ángulo del bosque.
«Si quieres un Corazón Redimido, esta es tu última oportunidad para tener uno»
Ruby tragó saliva, sintiendo la mano izquierda de Regina, aquella que no estaba en su propia garganta, desplazarse a su nuca.
«Diez» comenzó a contar «Nueve» empujó a Ruby hacia delante casi haciéndola caer «Ocho» con un gesto seco la hizo arrodillarse «Siete» girando a su alrededor se colocó frente a ella «Seis» sus ojos se encontraron.
Los ojos de Regina le dijeron todo lo que tenía que saber. Casi sonrió, pero por fortuna, logró contenerse y continuar con la cuenta atrás. En ellos no leyó rabia, venganza o miedo. Regina la estaba mirando con una complicidad velada de tristeza. Ruby no tenía miedo. Sabía que esa era la única solución. Era lo que había que hacer.
«Cinco» dijo aún más fuerte, sin romper el contacto visual «Cuatro» se giró de nuevo, esperando ver aparecer a Maléfica «Tres» sabían todos que, en el fondo, no funcionaría «Dos» dijo, después de quitar la mano de la garganta, de modo que solo Ruby y los otros fueron capaces de escuchar «Uno»
Al ver que no sucedió nada, un brillo de rabia atravesó los ojos de Regina. Usó de nuevo la magia para amplificar la voz
«Como prefieras» su voz retumbó, fría y sin sentimiento. Se giró de nuevo hacia Ruby, se bajó para mirarla directamente a los ojos. Apoyó la mano izquierda en su hombro, manteniéndola firme, en posición. Estaba lista para pasar al plan de reserva.
«Pero tendrás un ejemplar único de criatura mágica en tu conciencia» dijo de nuevo «el corazón del pequeño lobo me lo llevo conmigo»
Se quitó la mano de la garganta y la hundió en el pecho de Ruby. Los ojos de la muchacha se agrandaron a causa de la extraña sensación. Contuvo el aliento. Miró hacia abajo viendo cómo la mano de Regina se retiraba apretando un corazón en ella.
«¡Regina!» gritó Emma, saliendo de su propio escondite y corriendo hacia ella «No debes llegar a tanto, podemos encontrar otro modo. Regina, te lo ruego. No lo hagas»
Ella estaba aún mirando a Ruby a los ojos. La muchacha entonces asintió imperceptiblemente, un gesto que nadie, excepto Regina estaba bastante cerca para ver. Ruby estaba lista.
«No hay otro modo»» dijo en voz alta, girándose hacia Emma
«Si destruyes el corazón de Ruby, Maléfica habrá ganado»
«No hay otro modo» gritó
«¿Tú estabas de acuerdo con ella?» el tono rabioso de Emma se había dirigido a Ruby «Podíamos encontrar otro modo, en vez de eso, habéis decidido hacerlo todo por vuestra cuenta, estábamos de acuerdo en no llegar a tanto»
«Lo siento, Emma» fue la única respuesta de Ruby.
La mano de Regina, que no estaba apretando el corazón, agarró delicadamente su rostro, alzándole suavemente el mentón. Mancillar de nuevo el corazón redimido de Regina era la solución más rápida para echar por tierra cada esfuerzo de Maléfica. Lo sabían todos, Regina la primera. Había sido Ruby la que había propuesto ese plan y se había ofrecido voluntaria para llevarlo a cabo.
Se miraron a los ojos por un largo instante.
«El amor tendrá sus sacrificios» dijo Ruby
Y en aquel momento no estaban la reina malvada y la mujer lobo diciéndose adiós. Solo estaban Regina y Ruby. Eran solo dos amigas, que se despedían por última vez. La mano de Regina se cerró con fuerza alrededor del corazón, los ojos de Ruby se dieron la vuelta, mientras caía al suelo.
«¡No!» el grito de Emma rompió el silencio.
Los dedos de Regina fueron soltando lentamente el polvo que estaba encerrado en la palma. Después, su rostro se alzó y tuvo la certeza de que ya no estaban solas en aquella plaza. Se dio la vuelta lentamente, y miró fijamente a la mujer que tenía delante.
«Maléfica. Has llegado tarde»
Emma se fue alejando lentamente de Regina.
«Bueno, querida, estaba más que segura de que era un farol. Ciertamente no me esperaba la muerte de la bella muchachita»
Mientas las dos estaban presas en su lucha de miradas, Maléfica no se dio cuenta de que Emma se había transportado desde donde estaba para reaparecer a sus espaldas. Apenas lo hubo hecho, tanto ella como Regina alzaron las manos. Una luz, como una sacudida eléctrica, pasó por arriba, sobre ellas, formando una especie de cúpula.
«Una trampa» observó Maléfica «¡Qué fantasía, queridas!»
«No puedes dejar la plaza, Maléfica. Esta historia acaba hoy, acaba aquí» le dijo Regina con decisión.
«Tengo que admitirlo, Regina. No pensaba que matarías realmente a la muchacha solo para traerme a donde querías»
«Fuiste tú quien me recordaste quién soy en realidad, Maléfica. Si en el pasado maté con tanta facilidad, muy fácilmente podría hacerlo de nuevo»
Emma se transportó al lado del cuerpo de Ruby, a espaldas de Regina.
«Bien, querida, definitivamente es un gran cambio desde la última vez que nos vimos hace un par de días»
«El hecho de que hacerlo pueda ser fácil no quiere decir que lo haga de nuevo» esclareció Regina «Debo creer que el bien, como el mal, no está en nosotros desde el nacimiento. Somos lo que elegimos ser. Y yo quiero ser buena»
Emma se inclinó, cogió una mano de Ruby y la apretó levemente. Ella abrió los ojos, dejando que Emma la ayudara a levantarse.
«Ya era hora porque el asfalto no es nada cómodo y la espalda comenzaba a dolerme»
La expresión de Maléfica era impagable.
«No es posible» murmuró con rabia
«Al contrario, querida. Es increíble que tú hayas creído que habría matado a una persona a la que aprecio solo para tenderte una trampa»
«Pero, ¿cómo es posible?» preguntó ella, intentando comprender
«Un corazón falso» explicó Emma
«¡Pero se lo has sacado del pecho!»
«De hecho no» la contradijo Regina «Solo he metido una mano en su pecho, sacándola algunos segundos después vacía y conjuré un falso corazón lo bastante rápido para que tú no te dieras cuenta. Desde donde quieras que estuvieras observando la escena, estábamos bastante seguras de que mantendrías la distancia el tiempo necesario para no notar la fracción de segundo en que mi mano quedó vacía. Todo lo que Ruby ha tenido que hacer es fingir desmayarse en el momento justo. Has sido engañada por un corazón de cartón piedra, querida»
La expresión de Maléfica se encolerizó más cuando comprendió lo estúpidamente que había sido engañada.
«No es un problema» dijo finalmente «Remediaré rápidamente la mentira que habéis usado para traerme aquí volviéndola real» Su mano izquierda se elevó en el aire, apretando la garganta de Ruby y alzándola algunos centímetros del suelo «Me encargaré yo de matar a la muchacha en tu lugar, reina caída»
Casi no tuvo tiempo de acabar la frase cuando una flecha cortó el aire rozando su brazo antes de pasar por su lado. La herida infligida era muy superficial, pero la empujó a retirar la mano y dejar libre a Ruby.
«Veo que no habéis venido solas. ¡Qué maravilla! Más víctimas entre las que elegir» murmuró con voz cargada de resentimiento, apuntando el bastón hacia el lugar de donde había partido la flecha, moviéndolo después hacia lo alto. Una segunda flecha es lanzada por Mulan mientras su cuerpo era elevado por los aires. Maléfica la esquivó, moviendo el bastón rápidamente hacia abajo y hacia la izquierda.
Mulan fue arrojada al centro de la plaza, aterrizando a algunos metros de Regina. Ruby corrió enseguida a su encuentro para comprobar las heridas y ayudarla a levantarse. No era muy buena con el arco, había sido imprecisa y lo sabía. Pero también sabía que David no tenía uno y que Blanca no se revelaría de su escondite tan pronto.
«Bien, bien, bien» dijo lentamente Maléfica, con una risa que hizo estremecerse a sus adversarias «Antes de comenzar, dejadme que os diga solo una cosa. Te creía más inteligente Regina. Cuando Cora decía que no trajeras el propio corazón a las batallas, no solo hablaba literalmente, ¿sabes? También quería decir esto» rio de nuevo «Traer a la batalla a tu propia mitad es un error de principiante. ¿Dentro de qué cosa estoy atrapada, una trampa o una doble cita?» Las manos de Regina se apretaron en un puño, pero no respondió «Independientemente de cómo acabe esta batalla, hay una cosa que puedo predecir con certeza, y es que el lobo tenía razón»
Emma dio un paso hacia delante, lista para poner fin al deseo de hablar que tenía la mujer ese día.
«El amor tendrá sus sacrificios» concluyó Maléfica.
Elevó de nuevo la mano izquierda, estampando a Emma contra el suelo a varios metros de ellas. Regina elevó ambas manos mientras Mulan desenvainaba la espada. Un rayo de luz blanca se irradió de las manos de Regina, pero fue absorbido por la esfera del bastón de Maléfica apenas ella lo tendió hacia delante. Aparentemente, había hecho alguna pequeña modificación.
«¿Recuerdas, Regina? Usar la magia no funcionará, hará apretarse la cuerdas aún más» sonrió sádicamente, viendo cómo la expresión de Regina vacilaba al recuerdo de sus días de cautiverio y tortura «He ampliado el mecanismo también hacia la magia blanca y he encantado el bastón. Absorbe la magia, querida»
Regina apretó los dientes. Ya no podían encarcelarla con la magia, ni herirla con ella, ni evitar un enfrentamiento cara a cara, en ese momento. Significaba que solo tenían dos opciones: quitarle el bastón o matarla a manos desnudas. Regina suspiró, intentando ganar tiempo para que Emma se volviera a levantar.
«No tienes que elegir por fuerza este camino, Maléfica. Puedes aún dar marcha atrás, dejar de buscar venganza. Nada te devolverá a tu amado»
«Pero yo no quiero volver a tenerlo» soltó la bruja «La razón de todo esto nunca ha sido volver a tenerlo, ¿recuerdas? Es dejar de amarlo y comenzar a odiarlo. Y hacer que lo mismo os pasase a vosotros»
Su mano izquierda se estrechó alrededor de la garganta de Regina, cortándole la respiración. Emma se abalanzó hacia delante, desenvainando la espada que su padre, sabiamente, le había aconsejado llevar. Maléfica, sin dejar que se acercara, comenzó a transformarse en dragón. Sin embargo, eso la obligó a soltar a Regina y el propio bastón. La morena se aprovechó de eso inmediatamente.
«¿Pensabas que había venido sin estar preparada, querida?»
Con un gesto de la mano paralizó al dragón con las fauces abiertas, listo a escupir su primera llamarada hacia ellas. No podría mantenerla quieta mucho tiempo, pero la sincronización era perfecta. Extrajo la poción que había preparado junto a Emma y con un gesto de la mano, ayudada de la magia, la lanzó al interior de la boca del dragón, esperando que acabara en su estómago, antes de retirarle la parálisis.
Lentamente, Maléfica volvió a su forma humana, sin haber podido si quiera lazar su primer ataque. Era la misma poción que había usado David muchos años antes, el dragón le había sido de nuevo arrancado. Inmediatamente recuperó su bastón.
«Lo debo admitir, Regina, te creía más oxidada»
«No puedo decir lo mismo de ti» replicó la morena
Airada por sus palabras, la diana sucesiva fue, obviamente, la persona a quien Regina apreciaba más. Emma fue elevada por los aires y después lanzada contra el asfalto, con una mano la mantuvo pegada al suelo, mientras el bastón se movió hacia su dirección.
«Temo que tu inocente mitad no sepa tan bien como tú o el lobo cómo tener la magia aferrada, querida»
Una luz dorada comenzó a elevarse del tórax de Emma. Regina descargó ataque tras ataque, pero fueron absorbidos por el bastón de Maléfica. Descargó entonces fuego y flechas, pero Maléfica usó la mano izquierda para apagar el fuego con agua y para desviar las flechas. Después, volvió a usarla para mantener a la rubia contra el asfalto. En cambio, no vio llegar la flecha por su izquierda que le rozó una mejilla, dejándole el rostro sangrando y obligándola a soltar el bastón y llevarse ambas manos a la cara a causa del dolor.
Regina corrió hacia Emma para asegurarse de que aún poseía la magia y para ayudarla a levantarse, mientras Maléfica se recobraba. Una segunda flecha la alcanzó, ella se separó a tiempo de que esta solo se llevara por delante un mechón de cabellos en lugar del ojo izquierdo. Lanzando una tercera flecha, que se clavó en mitad del muslo derecho de la mujer, Blanca Nieves salió de su escondite.
«Nunca más te atrevas a herir a mi hija» el atroz grito de Maléfica fue suficiente para hacer retroceder a todos los presentes por un momento. Con una mano temblorosa rompió la punta de la flecha, extrayéndola después de la pierna. El dolor no la detuvo, la sangre que estaba perdiendo tampoco la distrajo por más de un segundo. Volvió rápidamente al ataque. Su magia se dirigió hacia Blanca Nieves, pero no llegó a golpearla. David se interpuso en la trayectoria de su ataque, y fue lanzado por los aires. Su mujer corrió a su lado, ayudándolo a levantarse.
«Entonces, una triple cita»
Nadie hizo caso a las palabras de Maléfica, excepto Regina.
«Sé bien lo doloroso que es para ti ser la tercera en discordia. O, en este caso, diría que la séptima»
Alzaron las manos a la vez, Maléfica le lanzó los cuervos, que Regina enseguida incineró con el fuego. David y Mulan se lanzaron contra ella con la espada, pero ella los lanzó hacia un lado, devolviéndoles el ataque. Otra flecha, lanzada por Blanca, se clavó en su brazo izquierdo. Tras un momento de mudo y lacerante dolor, se extrajo también esa flecha, reduciendo con la magia el arco de Blanca en polvo, volviéndola indefensa. Mulan, pensando velozmente, le lanzó el suyo, pero Maléfica lanzó una bola de fuego, reduciéndolo también a cenizas.
«Pensaba que el fuego era cosa mía» intervino Regina
«Cada cierto tiempo está bien caminar en tus zapatos, reina caída»
«Oh, créeme querida, caminar sobre estos zapatos no es tan fácil como parece, requiere una elegancia y compostura que tú no podrías nunca alcanzar»
Sin más demora, Regina lanzó hacia ella un hechizo para paralizarla, que, sin embargo, fue absorbido por su bastón. Emma hizo lo mismo, pensando que, quizás, entre las dos podían superar aquella defensa, pero no sirvió de nada. Maléfica se giró hacia la mujer que le había hecho las dos heridas más graves que tenía en ese momento. Moviendo una mano, la dirigió hacia ella, e hizo que se arrodillase en su frente. David corrió hacia ella, pero con un sencillo gesto Maléfica lo tiró hacia atrás. Regina sabía que si mataba a Blanca, ambos morirían. Era las desventajas de compartir un corazón. El amor, de verdad, requiere sus sacrificios, Regina lo sabía demasiado bien.
Cerrando los ojos y reuniendo toda la fuerza que poseía, mientras Maléfica elevaba una mano, lista para infligir un golpe mortal, las manos de Regina se movieron rápidamente hacia delante, una barrera de magia blanca empujó a Maléfica unos pasos hacia atrás. Transportó a Blanca, haciéndola aparecer a sus espaldas, a salvo. David corrió inmediatamente a su lado.
«Hay una cosa que no has evaluado cuando decidiste traer tanta ayuda, Regina» le dijo Maléfica con una sonrisa que podría ser descrita solo como sádica «Las personas inocentes que están aquí corren el riesgo de morir por mi mano, hoy. Cuantas más haya, más alta la posibilidad de victoria, más alto es el riesgo de que uno de ellos entregue su vida, querida reina caída»
«Como si yo ya no se lo hubiera advertido»
«Bah, deberías haberlo hecho con más firmeza. Porque hoy alguno se sacrificará»
Emma, que no era mucho de luchar con las palabras, decidió pasar a los hechos, cogiendo la mano de Regina
«Ahora» murmuró
Ambas alzaron la mano que no tenían enlazada con la de la otra. Sus magias se entrelazaron, se hicieron una, se abrazaron y alcanzaron el bastón de Maléfica, lanzándolo lejos, unos diez metros de donde estaba ella. Ella las miró, como poco, asombrada. Por un momento, nada se movió. Después, velozmente, intentó recoger el bastón con la magia, pero Regina fue aún más despierta, paralizándolo en el aire y rompiéndolo en dos, haciendo que cayera ruidosamente al suelo.
La única parte intacta era la esfera, que rodó hacia delante, parándose a la izquierda de la plaza.
«Ríndete, Maléfica. Es la última posibilidad que tienes de renunciar sin que haya consecuencias por lo que has intentado hacer» le dijo Emma «Ríndete ahora y se te garantizará lo que se le ha concedido a todos en esa ciudad. Una segunda oportunidad»
Por unos instantes, la bruja no habló. Dio unos pasos lentos hacia su dirección. Todos estaban en alerta.
«Nunca» fue la única palabra que murmuró, antes de lanzar su último ataque. Levantando la mano, hizo volar a Emma hacia atrás algunos metros. Regina, dejando de lado por un momento la propia racionalidad, corrió hacia ella. Fue entonces que sucedió
Demasiado deprisa para que alguien pudiera impedirlo. Maléfica, lanzó magia contra Ruby, haciendo que en pleno día se transformara en lobo. La mirada de Regina se alzó y reconoció rápidamente aquel hechizo: estaba intentando quitarle de nuevo la magia para poder transformarse en dragón. Pero no tenía ninguna sentido. Aunque lo lograra, la conversión de esa magia, de lobo a dragón requería horas, quizás días. ¿Cómo tenía intención de ganar tiempo durante días? Estaban allí, sin poder huir. No había manera para ella de usar aquella magia. Pero, obviamente, la única que lo sabía era Regina. Por eso Mulan reaccionó inmediatamente, empuñando su espada como una lanza y tirándola contra la bruja, pensando que no tenía tiempo para acercase lo suficiente para enfrentarse en duelo. Maléfica dejó ir a Ruby, paralizó la espada en el aire, la giró 180 grados y se la devolvió a la que la había lanzado. En cuanto la magia de Maléfica no estuvo sobre ella, Ruby volvió a su forma humana. Justo a tiempo para ver a Mulan ser alcanzada en el costado izquierdo por su propia espada y caer al suelo.
«¡No!» gritó, corriendo a su lado
«Lo has dicho tú» le recordó Maléfica, riendo «El amor tendrá sus sacrificios» murmuró «Yo solo debo elegir qué amor»
Movió la mano contra Blanca, una sacudida eléctrica recorrió su cuerpo entero y David, a su vez, desenvainó la espada. Pero Regina no lo iba a permitir. La vista de Maléfica fue nublada por una cortina de humo violeta cuando Regina se le materializó a menos de un metro.
«Ahora basta» le dijo, inmovilizándola con la magia «No harás más daño a nadie, ahora basta» se le acercó, lentamente, apoyando una mano en su hombro y mirándola con tristeza. La otra mano de Regina se alzó, dispuesta a aferrar su corazón «Adiós, vieja amiga» se despidió.
Estaba a punto de hundir su mano en su pecho, cuando sintió que algo la inmovilizaba. Como había pasado en Neverland, Emma le estaba impidiendo que le arrancara el corazón. Movió lentamente la cabeza.
«La última vez lo hiciste tú porque no querías que mi corazón se mancillase. Ha llegado el momento que te devuelva el favor»
«No, en absoluto. No te lo permitiré, Emma. Mi corazón nunca más será puro, pero el tuyo aún lo es»
«Lo siento Regina» murmuró despacio, cogiendo desprevenidos a todo el mundo y paralizándola con la propia magia «Has sufrido tanto por tu redención. Esta mujer te arrancó el momento con una enorme facilidad. No le permitiré que te arranque también la propia redención. Si alguien tiene que matarla, lo haré yo»
«Emma, hay otro modo» le recordó Blanca «Siempre hay otro modo»
Pero Emma movió la cabeza, sabiendo que aunque fuera así, no tenían tiempo de probarlo. Tenían que librarse de ella y curar a Mulan antes de que muriese. No había ya tiempo de hacer nada, sino eso. Nadie había notado a David acercarse a ellos y colocarse detrás de Maléfica.
«Libera a Regina, Emma» ordenó
La mirada confusa de su hija se desvió hacia él.
«Id a curar a Mulan»
«David, ¿qué estás haciendo?»
Él elevó la espada
«Tu madre y yo compartimos un mismo corazón. Y ya está mancillado. Hago lo que todo padre debería hacer, Emma. Lo que tendría que haber hecho hace mucho tiempo en el Bosque Encantado en vez de aceptar mandarte sola a otro mundo. Te protejo. Hago lo que haría cualquier padre» repitió «Protejo la inocencia de mi hija»
Cuando la espada de David atravesó la espalda de Maléfica hasta atravesar su pecho, el hechizo que la inmovilizaba se rompió. Intentó liberarse, agarrarse a David o retirar la hoja que la atravesaba. Pero ya estaba demasiado débil y herida para usar la magia. Y con las manos no tenía posibilidad contra David. Cayó de rodillas, David continuó agarrándola.
«Vete, Emma» le dijo. Sus ojos no se habían despegado de su hija, ni por un instante «Salvadla» Emma enjugó las lágrimas de sus ojos, desbloqueando a Regina. Esa era la manera en que acababa. Tras algún momento de vacilación, corrieron hacia Ruby y Mulan, pero una voz a sus espaldas las distrajo.
«Adiós, vieja rival» dijo dirigiéndose a Regina, retorciendo el recuerdo de su relación, dándole la vuelta en relación al adiós que le había dado ella poco antes, eligiendo solo ver el lado oscuro «Este es mi último regalo para ti» al correr hacia Mulan se habían acercado, sin darse cuenta, a la esfera del bastón de Maléfica, que ahora se encontraba solo a unos metros de ellas dos.
La bruja movió una mano, activándola, de algún modo. Un vórtice de luz, primero pequeño, después cada vez más grande emanó de la esfera, rompiéndola y expandiéndose más. Era muy parecido al vórtice del tiempo de Zelena, notó Emma. Parecía un portal, de aquellos que pueden llevarte a mundo diferentes. O quizás era diferente a cualquier otro portal que ambas hubieran visto.
«Seguisteis lanzándome todos esos hechizos y la esfera continuó absorbiendo vuestra potente magia, pero nunca os habéis preguntado a dónde iba esta magia» le señaló, hablando ya con dificultad.
Regina era la que estaba más cerca del portal. Emma comprendió inmediatamente qué haría.
«Mi último regalo es un mundo en el que todos tus más grandes miedos son realidad, Regina. En el que la infelicidad te espera y en el que no tendrás escapatoria del odio que todos sentirán por ti. Un mundo en el que estarás lo más lejos posible de tu final feliz»
Sus palabras resonaban por lo bajo. Emma y Regina continuaron mirándose a los ojos.
«No te atrevas»
Regina suspiró, sabiendo que no podía hacer otra cosa.
«Cuida de Henry por las dos»
Emma sacudió la cabeza, y aferró el brazo de Regina.
«Necesita a su madre» insistió la morena
«Tú eres su madre» dijo con decisión Emma
«Oh, Emma» Regina rio bajo, sacudiendo lentamente la cabeza «Habría pagado por escuchártelo decir hace cinco años»
«No estábamos preparadas para estar juntas, hace cinco años» le recordó Emma «Pero ahora lo estamos, Regina»
«Pero ahora que estamos preparadas, ya no es tiempo para nosotras de estar juntas» le dijo acariciándole lentamente la mejilla «Una de nosotras debe quedarse»
Apoyó la mano sobre la que Emma tenía en su brazo, intentando soltar el agarre, pero Emma se negó. La apretó aún más.
«Somos mejores juntas. O nos quedamos juntas, o nos vamos juntas»
«Emma, el portal se hará más grande. O saltamos dentro, o podría acabar con toda la ciudad. Si de verdad es tan terrible como dice Maléfica» suspiró, sacudiendo la cabeza «No quiero que las personas a quienes queremos corran este riesgo. Quédate, amor mío. Protege a esta ciudad como siempre has hecho»
Emma sabía que con ambas en otra realidad, un peligro en Storybrooke significaría seguramente la caída de la ciudad en manos del malvado de turno, pero dejar ir a Regina sola a aquella realidad sería el fin de Emma.
No podía vivir sin Regina.
«El amor tendrá sus sacrificios» repitió Emma, comprendiendo finalmente el significado.
Podía elegir quedarse con sus padres y Henry o cumplir un acto de fe y marcharse con Regina. Su sacrificio sería renunciar a sus padres y a su hijo. Pero por otro lado, había vivido sin sus padres durante 28 años, podía hacerlo de nuevo hasta que lograran volver. ¿Pero Henry? Miró a su madre.
«Tenéis que cuidar de él» gritó «Aquí estáis vosotros y podréis cuidar de él. Pero alguien debe cuidar de Regina. No puede ir sola. Somos una familia, Significa que nadie se queda solo»
Blanca asintió.
«Ruby, en cuanto entremos en el vórtice, estaréis libre para salir de la plaza. Debéis ir corriendo a Whale para que la cure al modo tradicional, sin magia. Si estáis desesperados, pero solo en caso extremo, id a ver a Gold. Decidle que cuando vuelva, pagaré cualquier precio por la vida de Mulan. Cualquiera»
Ruby deglutió, manteniéndose para ella la duda de si volverían.
Se giró de nuevo hacia la morena
«Tú eres mi Amor Verdadero, Regina» susurró «Si tengo que sacrificar todo el resto para poder estar contigo, entonces, que así sea. Estoy lista para pagar cualquier precio»
Regina miro hacia el portal. No había más tiempo para discutir.
«Tenemos que cerrarlo tras nosotras, Emma» murmuró «No volveremos. Salvar Storybrooke, esta vez, significa no volver a casa»
«Tú y yo lo sabemos, Regina. Ellos deben continuar teniendo esperanza» le dijo «Es lo que les permite seguir adelante cada vez con más fuerza que la anterior. No podemos decirles que nos vamos para no volver»
Regina suspiró, sabiendo que la rubia tenía razón. Habló en voz alta, dirigiéndose a Blanca
«Despídete de Henry por nosotras. Y dile…» miró a Emma a los ojos, ambas a punto de llorar, ambas destrozadas «dile que volveremos pronto. Que pronto lo volveremos a abrazar»
El amor tiene sus sacrificios.
A veces pequeños.
A veces, enormes
«El único modo de salvarlo es renunciar a él. De nuevo» murmuró Regina
Emma asintió, tragando saliva y tendiendo una mano en dirección de la morena.
«Al menos, esta vez yo estaré a tu lado»
Sin dudar, la morena aferró la mano extendida hacia ella
«Y yo al tuyo»
El amor tiene sus sacrificios.
Aquello no era el modo en que comenzaba ni el modo en que acababa. Era otra etapa de su difícil viaje juntas. Pero estaban dispuestas a saltar. Estaban listas a un acto de fe. Porque tenían la certeza de que, a donde quiera que ese portal las llevara, estarían juntas, al lado de la persona que amaban.
Interrumpiendo finalmente la intensa mirada que se estaban dando, saltaron juntas dentro del portal, dadas de la mano. Solo cuando estaban precipitándose en el portal, Regina comenzó a comprender el verdadero significado de las palabras de Maléfica. Un mundo en que todos tus grandes miedos serán realidad. Lograron, mientras aún estaban atrapadas en el remolino, cerrar el portal tras ellas. En el que no podrás escapar del odio que todos sentirán hacia ti
En el momento en que aterrizaron en la realidad que Maléfica había dicho, Regina lo entendió. Un mundo en el que estará lo más lejos posible de su final feliz. Estaban de camino hacia un mundo donde la bruja había logrado lanzar la maldición. Un mundo en que todos odiaban a las personas que un tiempo habían amado. Y ella se estaba precipitando hacia allí dada de la mano con Emma.
El amor tendrá sus sacrificios.
Cayeron ruidosamente al suelo.
Sus manos se habían separado con el impacto. Se levantaron, lentamente. Entonces se miraron los ojos
«¿Te das cuenta de lo que has hecho?»
Había hablado en poco menos que un susurro.
Se quedaron inmóviles, aún mirándose a los ojos. En unos pocos minutos, todo había cambiado. Era absurdo, incluso ridículo, si se paraba uno a pensarlo. Incluso cuando ganaban, siempre, de alguna manera, lograban salir vencidas.
Estaban convencidas de que Maléfica había caído en su trampa, pero en realidad habían sido ellas las que se habían lanzado por propia voluntad en la de ella. Y sencillamente era una trampa de la que no había salida.
«Lo has estropeado todo»
