Capítulo X

"La huida de Fornell"

Fornell recuperó la consciencia unas horas después Seguía tirado en el suelo del salón de aquel piso destartalado y sucio donde el demonio que lo poseyera había llevado a la familia Vance.

Ni que decir tiene que su opinión sobre el incorregible Valley había dado un giro de 180 grados. En el breve lapso de su posesión demoníaca se había visto haciendo cosas de las que no se habría creído capaz ni bajo amenaza de muerte. Y ahora sólo había una persona capaz de ayudarle a entenderlo: Dean Winchester.

Estaba solo, el ser que usara su cuerpo como vehículo particular se había marchado llevándose a los Vance consigo y Tobías Fornell en ese momento no tenía medios para ponerse en contacto con el NCIS.

Abandonó el edificio, tan vacío como el piso dónde había despertado y echó a andar en dirección al centro de la ciudad rezando por hallar algún policía o a alguien que pudiese prestarle un teléfono.

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Gibbs colgó el teléfono con lentitud y suavidad, volvió a levantar el aparato y comenzó a golpearlo con fuerza, con furia concentrada, hasta destrozarlo. Dinozzo entró a la carrera en el despacho de Vance ocupado esos días por el ex-sargento de artillería.

- ¿estás bien jefe?

El veterano agente se pasó la mano sobre el cabello corto y plateado "El cabrón sabía que no me sería posible mantener mi promesa"

- ¿Quién? ¿Winchester?

Sí Tony, Winchester. Ven conmigo al calabozo.

El más joven, sin saber qué pasaba por la cabeza de su superior, lo siguió abajo. El detenido (por su propia seguridad esta vez) no estaba solo. Valley y Abby jugaban al Need For Speed con él. Dinozzo arrugó la nariz en una mueca de disgusto, nunca le había gustado perder ni a las chapas.

- ¡Joder Dean! ¡ya te vale tío! ¡Eso es trampa! No vale aliarse con un rival para deshacerse de otro – protestó Valley por una jugarreta que él mismo ya hiciera con Tony, no hacía tanto

- Hola Gibbs – saludó el herido al recién llegado ignorando a su amigo. Sonriendo con el mando en las manos, acababa de mostrar a la chica cómo echar al coche de Dick del juego - ¿hace una partidita?

- Tengo algo importante que decirte – La seriedad del mayor puso un nudo en el estómago del detenido.

Harían unas tres horas, que tras discusiones interminables y la promesa en firme de Gibbs de no soltarle hasta que todo se solucionara, Lisa había marchado a casa con Ben. Temió que le hubiese ocurrido algo.

- ¿mi familia?

- No, que yo sepa están bien – se apresuró a tranquilizarlo, dándose cuenta de lo que el rubio podía pensar.

- Pues no de esos sustos, ¡joder! Que estoy delicado de salud – respondió el ex-cazador aliviado.

- Se trata de la promesa que te hice de sacarte con vida de ésta – Musitó el marine avergonzado

- Espera, ya se, a ver si adivino, ¿lo siento Winchester pero le necesitamos para salvar inocentes y bla bla bla ? - se mofó el herido

- Ya vale graciosillo – Dinozzo intervino en favor de su jefe – no queremos canjearte, sólo que nos ayudes a localizar el maldito monstruo.

- Pues vas a tener que pedirlo más amablemente graciosillo – le respondió el pecoso molesto por el tono empleado por Tony.

- Está bien, Dinozzo, Valley y Abby esperad fuera. Dejadnos solos – ordenó el más veterano.

Los dos agentes más jóvenes y la muchacha abandonaron el calabozo. Jethro se sentó en uno de los sillones que habían bajado para jugar a la videoconsola. "¿quiere echar una carrera?" picó aún el detenido sin amilanarse por la dureza de los ojos azules del marine.

- No quería llegar a ésto. Pero es cierto que necesito tu ayuda.

Dean dejó el mando del videojuego sobre la mesa y activando el "modo profesional" miró al veterano agente del NCIS con respeto, animándolo a explicarse

- verás muchacho, he recibido una comunicación de León Vance, sólo que volvía a no ser León Vance...

- ¿Tanto os cuesta poneros un puñetero colgante de nada? - gruñó el pecoso

- no se cómo lo ha hecho pero tiene algo de virus en su poder. Un par de dosis según dijo. Si no te entrego a él, las usará con los niños – prosiguió el agente ignorando aposta el gruñido del otro

- ¿Qué esperamos? Suéltame, estoy listo

- No, entregarte no solucionaría nada, lo que necesito es que tracemos un plan.

Leroy Jethro Gibbs lo había meditado muy bien. Era cierto que aquellos terribles seres tenían una fijación especial en el hombre herido que tenía enfrente (aunque teniendo en cuenta el carácter del muchacho hasta podía entender porqué, había llegado a pensar que podía poner histérico hasta a un muerto) pero el entregarlo no le garantizaba que aquel ser dejara con vida a la familia de Vance.

- Necesito información y necesito tu ayuda para llevar a cabo un plan alternativo – la seriedad profesional del rubio le hizo olvidar por un momento que hacía apenas unos días ese hombre era el terrorista más buscado del país.

- ¿qué clase de información?

- Si ese demonio llega a infectar a los niños ¿qué opciones tenemos? - la respuesta del cazador lo descolocó por completo

- Pegarles un tiro en la cabeza – Dean afrontó al veterano agente con la cruda realidad – no hay cura y es contagioso.

- ¿No podríamos aislarlos hasta descubrir una cura?

- Escúcheme Gibbs, ese virus está ideado para desatar un "Resident Evil" a escala mundial. Ya lo he visto otras veces y no hay nada que pueda... - No era cierto, sí lo había habido, los recuerdos lo noquearon unos segundos "Dios, Sam", sacudió la cabeza recomponiendo sus ideas, continuando con una calma desesperanzada – no conozco nada ahora mismo que pueda revertirlo, y ésta es una versión mejorada que aún no he visto actuar, puede que incluso sea más rápida y más letal.

- ¿qué hacemos entonces?

- Aceptar el canje. Pondremos los niños a salvo y voláis el recinto con nosotros dentro, es la única opción razonable - explicó fríamente como si no estuviera hablando de su suicidio.

- No me parece un plan aceptable chico – el exmarine aún pensaba que podían encontrar algo más.

- Es el único viable.

Gibbs quitó las esposas al prisionero, no quería admitir que no había más opciones que aquella, harían una reunión de contingencia, le valía cualquier cosa, hasta una de las absurdas ideas de Dinozzo. "¿Puedes caminar chico?" preguntó al herido, el muchacho mintió miserablemente diciendo que sí dejando que el agente saliera del calabozo con su habitual celeridad al andar.

Abby no fue con Gibbs, Tony y Valley. Entró en la celda y se dio cuenta de las dificultades de Dean para mantenerse de pie por si mismo. No dijo nada, él solo gruñó un "Gracias" mientras se apoyaba en ella.

Subieron en el ascensor "¿De qué reunión hablaba Gibbs?" le preguntó curiosa mientras ascendían a la planta principal

- Hueles a regaliz y a café – rió el hombre herido

- ¿estás bien? - preguntó preocupada sujetándolo para salir del ascensor - ¿qué te pasa?

- Creo, creo que he forzado un poco mis fuerzas... - se dobló por la mitad vomitando todo lo que tenía en el estómago – Pu aj! Que asco... Lo siento Abs.

Zhiva y McGee que recogían toda la documentación que tenían para acudir a la reunión presenciaron el panorama, se acercaron a ellos y el joven agente se hizo cargo del débil cazador.

Cuando entraron en el despacho de Vance oyeron un lacónico "Se lo dije Gibbs" de Valley. Se sentaron todos en vista de que el "experto" en la materia no era capaz de mantener la verticalidad por sí solo y durante unas horas intentaron encontrar una alternativa al plan del único Winchester superviviente.

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Abby esperaba retrasar su vuelta a la MIT hasta después de conseguir que aquellos hermanos fuera de lo común pudiesen hacer las paces. El caso es que entendía ambos puntos de vista. Pero ellos, por algún motivo que se le escapaba, no eran capaz de ponerse en los zapatos del otro.

En la MIT iban a alucinar cuando la viesen llegar en ese cochazo, con los dos hermanos. Ella, que siempre decía que los tíos buenos tenían el cerebro hueco, que los empollones eran unos aburridos y que los ligones con cazadora de cuero eran insufribles. "Hala Abby, a ver que dices ahora" se riñó mentalmente.

- Poned un poco de música si no vais a hablaros en lo que queda de viaje – protestó desde el asiento trasero del Impala.

- Lo siento Abs, ¿qué quieres oír? - respondió el pecoso automáticamente

- Quiero oíros aclarar vuestros problemas, si es posible claro – provocó la muchacha, retorciéndose una coleta, tensa por el atrevimiento.

Sam se volvió como si le hubiese picado una serpiente, pero no estaba enfadado, no con ella, sólo sorprendido. Después miró a su hermano, éste no había reaccionado a la petición de Abby. Conducía con la mirada obstinadamente fija en la carretera, concentrado, mordiéndose los labios.

- ¿Sabes una cosa Abs? - le respondió el castaño resoplando y echándose el flequillo hacia atrás – llevo toda mi vida intentando eso que tu quieres que hagamos, no sólo tratando de explicar mis sentimientos, eso ya te puede decir él que me paso de la ralla. No, él solo te dirá que soy una nenaza sentimental. También tratando de que me explique cómo se siente, qué espera de mi, qué espera de... algo, lo que sea. Y ya estoy cansado, creo que es justo que tenga mi propio espacio, mi propia vida, el derecho de intentar algo distinto.

Si el muchacho o la chica esperaban que Dean abriera la boca, ya podían esperar sentados. El rubio siguió conduciendo, sin variar su concentración, sin hacer ningún gesto que hiciera indicar que había escuchado o que se planteaba qué decir.

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El teléfono de Jethro sonó en mitad de la reunión. Era Tobías Fornell. Desde la comisaría del distrito norte. Había huido, o más bien el secuestrador lo había dejado ir por algún motivo que desconocía.

Zhiva y Valley fueron a recogerlo y en media hora era otro de los integrantes de la reunión.

- Le debo una disculpa Valley – el veterano agente se sentía fatal por todas las trabas, acusaciones e impedimentos que había puesto al más joven a causa de sus encubrimientos de las actividades de los Winchester – le hice la vida imposible y casi hago que lo expulsen del cuerpo

- Cumplía con lo que creía que era su deber, señor, no me debe nada – gruñó el aludido

- Pero si hubiese intentado escucharle...

- Fornell, si me hubiese prestado atención, me habría encerrado en el manicomio más seguro del país. Deje de torturarse que hay cosas más importantes que hacer – respondió Valley avergonzado, más aún al ver la risita irónica de su amigo que sabía perfectamente el apuro por el que estaba pasando.