Capítulo 11

P.O.V Draco Malfoy

Con dificultad me tendí sobre la incómoda cama que me habían colocado en mi celda, la más oscura, húmeda y escondida de Azkaban. Estaba en lo profundo de la prisión, eso se hacía claramente visible cuando el silencio reinaba la mayor parte del tiempo. Suspiré pasando una mano por mi rostro, la barba comenzaba a hacerse sentir, raspando ligeramente mi mano cuando en el desespero caluroso intentaba secar el sudor desagradable que se adhería a mi rostro.

Lo último que recuerdo de cuando aquellos magos me atraparon, fue girarme hacia Hermione y ver cómo el idiota de Weasley le abrazaba. Como si mi mente se encargase de torturarme, el recuerdo de ellos abrazados mientras caminaban por Hogwarts asaltó mis recuerdos. Nuevamente, volví a entenderlo. Lo ideal era que estuviesen juntos, la historia debía estar así escrita, porque ellos eran los héroes y yo era parte de los villanos. Suspiré completamente agradecido con Dios por el poco tiempo que pude estar con Hermione, ese poco tiempo en el cual éramos solo nosotros dos.

Merecía estar aquí, me había ganado este final con mucho esfuerzo. Y el ministerio había honrado mi esfuerzo y determinación. No hubo juicio, porque no habían testigos a mi favor. Solo hubo una sentencia inminente: 100 años en Azkaban. Yo estaba esperando que me condenaran al beso del dementor y acabaren así mi trágica existencia, pero al parecer a alguien se le había ocurrido una idea aún más deprimente y dolorosa.

Cerré los ojos en el silencio de la noche, definitivamente debía ser muy de noche. Porque el ruido de la naturaleza atravesaba la muy pequeña ventana que estaba en lo alto de la pared y que permitía la entrada del sonido. Sería una tortura aún más desagradable si esa pequeña ventana no se hallara en ese lugar conectándome con el mundo. ¡Gritándome que hay vida más allá de mi encierro!

Completamente sumergido en mi soledad, los recuerdos de todos mis errores pasaban por mi cabeza como un tétrica película. Lo más lamentable es que no pude salvar a mi madre completamente, la sentenciaron a diez años encerrada en la mansión Malfoy, sin poder salir a ver a nadie...con la única compañía del viejo elfo de la familia. Desde aquí sufriría por ambos, gritaría lo injusto que era esa sentencia. ¡Gritaría que aunque somos malos, lo somos porque no habían alternativas!

¿Eso quién lo entiende? ¿Quién entiende que estábamos en medio de un callejón sin salidas? A un lado teníamos una espada y al otro un montón de espinas. ¡Preferimos las espinas! ¿Y quién es capaz de culparnos?

En medio de mis tristes recuerdos, baje la mirada y contemplé la argolla de papel encantado que rodeaba mi dedo. Ella me entendía. Ella decidió comprender mis decisiones, mi dolor y mis miedos. Y en el silencio del sótano me dijo muchas veces que me amaba por encima de mi condición de mortifago. Porque para Hermione yo era algo más que un seguidor de Voldemort. Ella vio en mi un ser lleno de bondad y amor...aún cuando yo pensaba que esas dos virtudes no podrían describirme en lo más mínimo.

- Draco...- era su voz. Abrí los ojos y miré hacia la puerta del cuartucho en el cual me hallaba, la puerta de metal sólido había sido abierta y de pie en el umbral se encontraba Hermione seguida de un auror.

- Hermione...- susurré poniéndome en pie rápidamente, ella corrió hacia mi y yo le recibí con los brazos abiertos. Sus lágrimas no tardaron en mojar mi ropa negra y en medio de mi dolor decidí que podía llorar con ella. La abracé con fuerza y mis lágrimas fueron a parar en sus cabellos.

- Draco...- volvió a susurrar escondida en mi pecho, abrazada a mi con fuerza. La apreté firmemente, porque otra vez, ella era esa luz que venía a sacarme de mi profunda oscuridad.

- Señorita Hermione. ¿Segura que desea que le deje sola? - interrogó el mago.

- Si, estaré bien.- contestó ella girándose hacia la puerta. Él me miró desconfiado, pero se limitó a cerrar la puerta y dejarnos solos. Entre aquellas paredes grises me permití sonreír...sonreír porque era feliz al verla completamente recuperada.

- Te ves hermosa.- susurré recorriendo con la yema de mis dedos las facciones de su rostro. Ella cerró los ojos y me dedicó una sonrisa antes de volver a abrazarme y esconder su rostro en mi pecho.

- Te extrañé.- susurró volviéndose a alejar para poder mirarme a los ojos.

- Te amo.- susurré mirándola fijamente, una lágrima recorrió su mejilla y ella se inclinó hacia mi dispuesta a atrapar mis labios, pero retrocedí sabiendo que aquello no era correcto.

- ¿Qué ocurre?- me interrogó confundida.

- Granger...- susurré, bajé mi mirada y para mi desgracia terminé observando aquella cicatriz que jamás había contemplado con tanta luz de por medio. Sujeté su brazo con cierta intensidad y ella bajo la mirada para saber que había llamado mi atención.

- No es importante.- murmuró cubriendo con su otra mano su antebrazo, moví mi mano para impedirle que cubriera aquellas palabras: "sangre sucia". Me incliné hacia su antebrazo y besé aquella cicatriz en silencio.

- Estar de pie luego de todos esos hechizos...te hace más hermosa.- susurré

- Tengo muchas cicatrices...¿sabes?- me preguntó escondiendo su mirada; rastreando el suelo con ella.

- Yo también...- susurré, dulcemente sujeté su barbilla para que me mirase.

- Te amo.- murmuró ella y volvió a inclinarse hacia mi, pero retrocedí. Pareció enojarle mi actitud, porque volvió a acercarse hasta que me acorraló, la pared fría tocó mi espalda y sus ojos color caramelo brillaron con anticipación.

- No es correcto...no soy la persona indicada para ti.-susurré escondiendo mi mirada.

- Estamos casados ¿lo olvidas?- me preguntó tomando mis manos entre las suyas.

- Olvida eso...te regreso tu libertad.- sentencié quitando la argolla de mi dedo y tendiéndosela. Hermione me miró sorprendida y luego tomó mi mano y colocó la argolla nuevamente.

- No vuelvas a quitártela...representa mucho para mí.- susurró.

- Voy a morir aquí, Hermione. No te condenaré a morir con la esperanza de que yo salga.- susurré entristecido. Yo deseaba hacerla feliz, deseaba ofrecerle esperanza y amor, pero el destino había jugado sus cartas y nosotros nuevamente quedábamos en lados opuestos del mundo. Ella libre. Yo encarcelado.

- No vas a morir aquí...te sacaré.- susurró ella sujetando con firmeza mis manos. Una lagrima recorrió mi mejilla ante la seguridad de sus palabras, deseaba tener su optimismo, pero sabía que eso era imposible. Jamás saldría de aquí. Habían dado mi caso por cerrado.

- Hermione, el caso ya fue cerrado...no hay nada que puedas...- comencé a decir, siendo rápidamente interrumpiedo por un beso corto que silencio mis palabras y me hizo dar un pequeño salto de sorpresa.

-Te amo...- susurró ella, sus ojos color miel brillaron con intensidad y volvió a acercarse fundiéndonos en un beso lleno de amor y deseo.

- Hermione, quizás nunca salga de aquí...- le recordé cuando aquel beso subió de intensidad y sus besos bajaron por mi cuello.

- Esposo mío...- me interrumpió ella alejándose, sus manos sujetando fuertemente las mías para que caminase con ella hacia la incómoda y pequeña cama.

- No es el lugar.- sentencié llevando sus manos a mis labios para besar suavemente el dorso de las mismas.

- Creo que si es el lugar...porque quiero mostrarte cuánto te amo.- susurró mi castaña y nos tendimos sobre aquella cama incómoda.

Allí fuimos uno por primera vez, ella me abrazaba con desespero, me besaba con nerviosismo y se movía con inexperiencia. Yo simplemente le seguía el juego y me aseguraba de que ella estuviese bien, de que estuviese a gusto. Me aseguré de hacerla feliz por el plazo de aquellos minutos. Demostrándole en cada beso cuánto la amaba.

- Te amo.- susurré abrazándola, su cuerpo desnudo se sentía cálido sobre el mío. Repase en silencio las cicatrices de su espalda mientras ella descansaba su rostro en mi pecho.

- Te sacaré de aquí...- susurró mi castaña, depositando un casto beso en mi cuello. Bajé la mirada y me topé con aquellos orbes color miel que eran mi escape en medio de mi dolor.

- Te amo. Y no pienso atarte a mi. Quiero que seas feliz.- susurré, colocando un rápido beso en su frente. La escuché suspirar y luego buscar mis labios en un beso desesperado, atrapando mi labio inferior antes de volver a suspirar.

- No voy a ser feliz con alguien más...quiero ser feliz contigo.- sentenció.

- Eres demasiado obstinada...solo quiero lo mejor para ti.- murmuré recorriendo con mis labios su cuello.

- Eres mi esposo...y aunque tarde algún tiempo en sacarte de aquí...te seré fiel cada día, cada mes...inclusive cada año...hasta que estés libre.- susurró ella; la abracé fuertemente y besé su cabello antes de sujetar su mano y llenar su antebrazo de besos.

- Yo te amaré siempre.- murmuré, Hermione se levantó luego y comenzó a vestirse. Yo le miraba completamente enamorado, hasta que ella percibió mi mirada y enrojeció.

- No me mires así.- suplicó mientras se colocaba el sujetador.

- Es imposible no mirarte.- sentecié

- Es vergonzoso que me mires.- susurró vistiéndose con más rapidez y nerviosismo, me levanté y agarré la camisa que tenía en sus manos. Ella me miró aún más nerviosa, pero se dejó ayudar. Comencé a cerrar los botones rozando la piel en el proceso y viendo como se erizaba a mi contacto.

- Eres lo más hermoso que me ha ocurrido.- susurré

- Quisiera quedarme aquí contigo.- susurró ella cuando me separé y me coloqué el pantalón.

- Tu lugar no está aquí...ya has soportado el encierro durante meses.- murmuré entristecido.

- Créeme...te sacaré de aquí.- me aseguró mi castaña. Me giré a mirarle, ya completamente vestida y lista para irse.

- Ven...dame un último abrazo.- le pedí, ella se escondió en mi pecho y yo le abracé con fuerza.

- No es el último.- me aseguró alejándose, colocando un beso en mis labios y yéndose hacia la salida.

La vi irse y me dejé caer en aquella cama. Aunque ella aseguraba que me sacaría de aquí, creo que no lo logrará. Había hecho muchas cosas malas y debía pagar por mis errores. Aún así, deseaba disfrutar su compañía por última vez. Porque ella era mi manantial en medio de mi dolor, ella me había ayudado en mis tiempos de oscuridad.

Luego de aquella noche, los días pasaron con letargo y parsimonia. Hermione jamás volvio a visitarme, pensé que quizás se había olvidado por completo de mi. O que, al ver que sacarme era imposible decidió no venir a darme falsas esperanzas. Los días dieron lugar a meses y los meses a los años.

Pasados los dos años dejé de contar el tiempo y me resigné. Todavía me quedaban 98 años de condena así que era estupido contarlos. La barba espesa y el cabello largo anunciaban mi vida de encierro, agradecía que un pájaro se parase en mi pequeña ventana todos los días y me mantuviese en conectado con la tierra. Era aquel pájaro la única compañía viva que me obligaba a permanecer con cierto grado de cordura. El pájaro verde y los recuerdos que día a día me acompañaban.

- Por lo menos...aquella noche...fuimos uno.- susurré tendido sobre mi cama, ya no era incomoda...o ya me había acostumbrado a la incomodidad. No sabía precisar cuánto tiempo había pasado, pero ya no importaba. Mi castaña era el recuerdo al que con más ahínco me aferraba, porque su recuerdo...me hacía feliz en medio de mi encierro.

Continuará...

Gracias a Pauli Jean Malfoy y Sil04 por dejar un comentario en el capítulo anterior! Espero les haya gustado la continuacion! Besos!

PD. Si te gustó el capítulo no olvides seguir la historia y dejar un comentario! Besos! (Ya estamos llegando al final de la historia :3)