La pequeña Gwen, dormía en los brazos de su padre, ajena a los ruidos del exterior de la habitación y a las voces de la gente que deambulaba por Atlantis. Ella se sentía segura allí, protegida por su padre. John la miraba embelesado, pensando todavía que era totalmente increible que esa criatura fuera realmente suya, que hubiera tenido una hija y que fuera a cuidarla por el resto de su vida.
"Cuida de ella, me reuniré contigo en cuanto pueda." Eran las últimas palabras que le había dicho Ronon ante dejarle sólo. John Sheppard jamás había tenido miedo, había estado en batallas que ya ni recordaba y habían estado a punto de matarle demasiadas veces para su gusto.
Pero ahora era distinto. Ya no se trataba de su equipo o de la cuidad, Ronon, al que quería como no había querido a nadie en su vida y su pequeña y tierna Gwen, estaban en peligro, los wraith estaban a punto de llegar a la ciudad y podían llegar hasta ella y John no quería ni imaginarse lo que podían hacer a un ser tan pequeño.
La niña se removió contra su pecho, pero siguió durmiendo, parecía que hubiera escuchado sus pensamientos. "Tranquila, mi niña, no permitiré que nadie te haga daño. Papá y yo te protegeremos pase lo que pase."
El coronel estaba agotado, Jennifer le había dicho que tardaría a volver a estar en plena forma, había perdido mucha sangre con la cesárea y su cuerpo, obviamente, no estaba preparado para ese tipo de intervención.
"Tienes que dormir y descansar, cuando te sientas fatigado avisa a la doctora Keller, seguro que alguno de los miembros de su equipo estará encantado de cuidar de Gwen un rato."
Le había dicho Ronon, pero él no podía dejar en manos de otra persona a su niña, acababa de salir de su cuerpo, la había llevado en su interior durante nueve meses y ahora no podía pensar estar lejos de ella.
Por eso ahora, agotado y con ganas de dormir, estaba aguantando todo lo que podía para mantenerse despierto. Acunaba y canturreaba una de las viejas nanas que le había cantado su madre cuando era pequeño.
Se había imaginado tantas veces cantando una de esas canciones infantiles a su futuro hijo, que ahora creía estar en un sueño. Deseaba tanto que Ronon estuviera allí con él, quería pasar todo el tiempo posible con su familia y durante los meses en los que había transcurrido el embarazado había soñado con que ese día llegara, en que los tres pudieran estar juntos por fin.
Pero los wraith habían llegado, volvían a poner en peligro la ciudad y su vida en familia había terminado antes de empezar. Un dardo pasó tan ruidosamente y tan cerca del dormitorio que despertó a la niña y comenzó a llorar asustada.
"Shhhh, tranquila, no ha sido más que un susto, un maldito wraith ha debido caer, uno de nuestros chicos le ha dado." La explosión al destruirse el aparato, sonó mucho más cerca, demasiado para el gusto de John.
Con la niña todavía en brazos, el coronel se levantó. Estaba dolorido tal y como la doctora le había avisado que ocurriría y se acercó a una de las ventanas, a través de la cual vio el humo del dardo.
Definitivamente había caído muy cerca, aunque no podía ver exactamente donde. Continuó acunando a la niña, que poco a poco dejó de llorar y acomodándose de nuevo contra su pecho, se volvió a quedar dormida. Sin embargo, el coronel todavía podía sentir el corazoncito de la niña latiendo con fuerza junto al suyo.
Los ruidos en el pasillo continuaron sonando, gente que corría y que hablaba. Sin embargo, alguien llamó a la puerta del dormitorio. John miró hacia allí extrañado, si fuera Ronon no llamaría y todos los demás deberían estar muy ocupados salvando al ciudad como para hacerle una visita.
Con cuidado de no volver a molestarla, John colocó a la niña en su cunita, que Ronon había construido el mismo durante los últimos meses de gestación, una vez que sabía que se trataba de una niña, incluso en la cabecera había escrito su nombre, con las letras más hermosas que John hubiera visto nunca.
Tapó a su hija lentamente con pequeña mantita que el pueblo de Teyla le había regalado una vez que se habían enterado del futuro nacimiento de la niña. El tacto le gustaba mucho a la pequeña, le ayudaba conciliar el sueño antes y dormir de un tirón, con lo que su padre podía descansar unas cuantas horas.
Quien quiera que fuera, volvió a llamar a la puerta, esta vez con mayor insistencia, como si lo que estaba pasando a su alrededor, el nuevo asedio a la ciudad no significara nada para el extraño.
"¿Quién es?" Dijo por fin el coronel, cuando dejó acomodada a la niña. Pero nadie le contestó al otro lado. "Identifíquese." Aquello ya no le estaba haciendo ninguna gracia a John, que estaba empezando a ponerse nervioso.
Eso era nuevo para él, el coronel John Sheppard, que sabía mantener la tranquilidad hasta en las peores situaciones, estaba perdiendo los nervios; pero lo cierto era que nunca había tenido que preocuparse por proteger a un hijo suyo de un posible peligro.
Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar mucho, el extraño que estaba fuera no el dio tiempo a reaccionar y en lugar de llamar por tercera vez o marcharse, disparó contra le cierre de seguridad de la puerta. Esta se abrió lentamente, mientras el corazón del coronel comenzó a latir con más fuerza que nunca.
"Ronon, contesta, creo que deberías venir aquí." Por fortuna para él, la puerta se atascó, lo cual le dio un momento para reaccionar. John miró rápidamente a su alrededor y por fin encontró una de sus armas.
Fue hasta la mesilla donde estaba y sin poder evitarlo, se sentó en la cama y respiró profundamente. "Nada de emociones fuertes, nada de estresarte, durante los próximos días te quiero ver reposar." Le había dicho la doctora, pero ella no debía haber pensado que un wraith llegara hasta su dormitorio.
"Ronon, vamos contesta. ¿Dónde estás? No es por ponerte nervioso pero tengo un pequeño problema con una plaga." Los primeros pasos sonaron en el dormitorio, seguidos por una fuerte respiración que erizó la piel del coronel.
"Tu debes de ser John Sheppard." Dijo la criatura con su diabólica sonrisa apareciendo ampliamente en su rostro. "Hemos oído hablar de ti y de tu hija." John se levantó rápidamente al escuchar aquello, demasiado rápido como para que su cuerpo lo pudiera resistir y cayó al suelo, cuando las piernas le fallaron sin remedio.
El wraith se echó a reír y un momento más tarde, pasó la vista desde el coronel hasta la cuna. "¿Con que ahí está lo imposible?"
"No te acerques a ella, maldito desgraciado o te juro que te reviento la cabeza." Dijo el coronel ferozmente. Se apoyó en la cama con ambas manos y se levantó sin ser del todo consciente de lo que estaba haciendo. Por fin cogió el arma que estaba encima de la cama y la apunto hacia la criatura.
"Te crees un héroe John Sheppard, pero la verdad es que no eres más que un débil humano llevado por sus sentimientos hacia su progenie." El wraith dejó de prestarle atención a la niña, al menos el coronel había conseguido lo que quería.
Sólo que ahora, la criatura se dirigía a él. Le disparó una vez, pero erró el tiro, lo hizo por segunda vez, con la mano algo temblorosa y le dio en un brazo, pero al criatura no se detuvo, al disparar la tercera, le impactó en el vientre y wraith se detuvo un momento, para un instante más tarde, seguir caminando hacia él.
Con un fuerte golpe, le quitó el arma y con el segundo lo lanzó contra la cama. "Los humanos sois débiles, no podéis enfrentaros a nosotros, vamos a acabar con esta maldita ciudad y nos llevaremos a tu hija para estudiarla." John notó el aliento del wraith sobre su cara cuando lo cogió por el cuello y comenzó a apretarle. "Ahora disfrutaré acabando con tu vida poco a poco mientras comprendes que no podrás salvar a tu propia hija." Apretó con más fuerza, el coronel apenas podía respirar ya, pero no iba a rendirse, no mientras miraba la cuna y volvía a escuchar a la niña.
Con un último esfuerzo, le golpeó al wraith con ambas piernas y consiguió echarlo a un lado y sacárselo de encima. Cayó al suelo y tosió con fuerza, pues había creído que no volvería a respirar nunca más.
Gateó por la habitación, acercándose a la cuna en la que lloraba Gwen, sin embargo, el wraith tiró de sus piernas y lo alejó. "Al menos será divertido acabar con alguien que no se resigna. ¿Crees que el otro padre de tu hija hará lo mismo cuando te vea muerto en el suelo? ¿Tal vez le importe más ver que su bebé ha desaparecido?"
Le golpeó en la espalda, volviendo a dejarle sin aliento. John creyó que aquel era el final, que en cuanto la criatura se hubiera divertido con él lo suficimente lo mataría por fin y que perdería a su hija para siempre.
"Aléjate de ellos." Los dos se volvieron hacia la puerta. Allí estaba Ronon, apuntando con su arma.
Sin embargo, el wraith se movió con rapidez y atrapó a John, poniéndolo delante de su cuerpo como si fuera un escudo. "Vamos guerrero, dispara ahora. Tu eliges quien muere, tu hija o tu compañero."
Ronon dudó un momento, no podía elegir, no entre su amante y su hija, no entre las dos personas más importantes de su vida. Entonces su mirada se encontró con la de John, estaba cansado, agotado por el esfuerzo y dolorido por los golpes que ya había recibido, pero sus ojos todavía mostraban fuerza y valor.
El coronel asintió y sin necesidad de palabras Ronon lo comprendió. no quería hacerlo, pero John ya había tomado su decisión. Ser padre significaba muchas cosas y una de ellas era sacrificarse por los hijos. La mano del wraith apretaba con fuerza su cuello ya dolorido, pero la agonía pronto desapareció.
Cuando Ronon disparó, los dos se miraron un momento, John sonrió para que Ronon no se sintiera mal por hacerlo, que herirle no era importante si así salvaban a su hija. El impacto apenas lo notó, de todas formas estaba a punto de perder el conocimiento por los golpes recibido antes, por lo que en menos de un segundo estaba sin sentido entre las manos del wraith.
La criatura lo soltó de golpe y trató de levantarse para correr hacia la cuna, pero Ronon volvió a disparar, hasta tres veces, cuando comprobó que la criatura estaba muerta.
El guerrero miró primero a la cuna, Gwen estaba bien, asustada pero sana y salva. Sin embargo, John estaba tirado en el suelo y cuando Ronon lo cogió con cuidado y lo dejó en la cama, el coronel no respondió.
"No me hagas esto, no puedo haberte…" Abrazó el cuerpo de John, pero este tampoco reaccionó de esa forma.
