Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…
VAINILLA
CAPÍTULO 11
"SEÑORA SAOTOME"
Akane se giró, encontrándose con Ranma que estaba unos centímetros detrás de ella. La chica gritó, asustada, pues no se esperaba un acercamiento tal. Ranma no pudo contener la risa.
—Jajajaja, ¿te asusté?
—¡Bruto! Por poco se me detiene el corazón.
—Para saber artes marciales, posees muy poca concentración. No sabes estar en guardia —criticó Ranma a su esposa —¿Eh? ¿Estabas llorando?
Akane tenía la nariz enrojecida y las pestañas algo húmedas, pero negó con la cabeza —No estaba llorando. Solo…tenía algo de sueño.
—Claro que estabas llorando. Se te notan los surcos de lágrimas en las mejillas porque tu cara está llena de mugre. Supongo que intentaste limpiar, pero la casa se ve exactamente como estaba cuando me fui. Ahora dime, ¿por qué estabas llorando?
Akane arrugó el entrecejo. No sabía si responder a su ataque, a sus dotes de limpieza o decirle que extrañaba a su familia.
—¡No te diré nada! Si no te gusta cómo limpio es tu problema —volteó la cara, tratando de limpiarse un poco. La casa tenía tan pocas cosas que no había un solo espejo, y con las ganas que tenía de irse de "luna de miel" no empacó nada de sus artículos para maquillarse.
—Como digas —Ranma se enderezó para acomodar los productos que había traído del pueblo, empacados en bolsas. Akane también se levantó del suelo.
—¿Por qué tardaste tanto? La señora Hamasaki dijo que le pediste a su esposo quedarte en el pueblo. ¿Acaso…?
—¿Acaso qué? —Ranma la miró, retador. Parecía que de pronto se había puesto de malas.
—Ayer…dijiste que ibas a buscar dónde comenzar los trámites para…los trámites para que tú y yo…los…
—¿Los trámites de divorcio? —apuntó Ranma. Akane se sonrojó y asintió con la cabeza baja.
—¿Tantas ganas tienes de divorciarte? Hazlo tú misma. Yo quiero abstenerme de hacer algo por lo que mi madre me condene a muerte —siguió sacando cosas de las bolsas, lanzando los objetos sin cuidado.
—Debiste hacerlo, pude haberme echado la culpa de todo —dijo Akane, envalentonándose, cosa que a Ranma no le hizo gracia.
—Para tu información, fui a buscar dónde hacer un trámite de esos, pero tu hermana Nabiki tenía razón, esto es un pueblucho, no hay mucho cerca de aquí. Tendrías que ir a una ciudad más grande, así que te aconsejo que lo hagas llegando a Nerima. No quise pedir el favor al señor Hamasaki, ya demasiado han hecho él y su mujer por nosotros —Ranma continuó su trabajo y Akane se cruzó de brazos, apretando los labios.
—Me parece que TÚ eres el que no quiere divorciarse — dijo la chica con sorna. Ranma la miró, entrecerrando los ojos. Levantó el rostro y se acercó a su mujer, con una sonrisa arrogante.
—Tampoco quiero estar con alguien que no quiere estar conmigo; pero me parece buena idea antes del divorcio aprovechar mis derechos como esposo, que hasta ahora no he podido consumar…esposa mía.
Akane tembló. Se puso pálida y empezó a respirar con fuerza. No se atrevería a tocarla…no. Ella no lo permitiría. Pero Ranma era tan fuerte. Se lo había demostrado hacía algunas noches, si él hubiera querido, no la habría dejado escapar. Akane contuvo las lágrimas, haciendo un puchero. El semblante de Ranma cambió de inmediato, casi escupiendo soltó una carcajada.
—¡Tonta! ¡Si vieras tu cara! ¿Pensaste que de verdad tú y yo?... —Ranma se doblaba de risa —¡eres tan boba!
Akane enrojeció de coraje. Intentó golpearlo, pero Ranma la esquivó, haciendo que la chica casi cayera encima de la mesa, aplastando algunas cosas.
—¡Cuidado! Nos dejas sin comida. Es lo de los siguientes días y no fue fácil conseguir comida ya preparada que dure lo suficiente —dijo Ranma, reuniendo las cosas en una esquina de la mesa. Akane frunció el ceño, no podía olvidar la broma de Ranma, pero tampoco quería discutir. Estaba deseosa de ver lo que había traído su marido del pueblo.
—¿Arroz cocido? Era más fácil que lo trajeras crudo y prepararlo aquí mismo. ¿Carne? ¿Verduras cocidas? ¡Debiste gastar una fortuna! Por cierto ¿de dónde sacaste dinero? —demandó saber Akane.
—No fue tanto dinero como crees. Al parecer, aquí es mucho más barato y en el mercado la gente fue amable y me regaló un poco de fruta. Sobre el dinero, es mío y yo sé en qué lo gasto.
—¿Tienes una cuenta de ahorros?
—Algo así.
—¿Le pediste a tu madre que te enviara dinero?
—¡No! Y por favor ni se lo menciones. Ella no sabe que tengo una cuenta y es mejor que crea que nos la pasamos comiendo bayas del bosque a que sepa que nos dimos un festín.
—¿Y como cuánto tienes en esa cuenta?
—Son como… ¿por qué lo quieres saber? Es mi dinero.
—Pues no "esposo mío" —recalcó Akane —ahora que soy tu esposa tu dinero también me pertenece, por lo menos la mitad. No nos casamos por separación de bienes, así que dime… ¿cuánto hay en nuestra cuenta?
Ranma enarcó una ceja, no imaginaba que Akane fuera así.
—Eres peor que Nabiki.
—¡Cállate! Mi hermana y yo no somos iguales. Sólo quiero saber si moriremos de hambre aquí o si con eso…
—¿Si con eso te puedes largar desde ya con el come moscas de tu guardabosques? De una vez te digo Akane, si te quieres ir con él ¡vete!, pero antes ve a la ciudad y te divorcias de mí. No quiero aparecer ante todos como el marido al que le han visto la cara y puesto los cuernos. ¡Por eso estabas llorando cuando llegué! ¿verdad? ¡Por el imbécil ese! —Ranma había levantado la voz, de nuevo había vuelto su mal humor.
—¡Estás loco! ¿Crees que no pienso en lo que sucederá si regresamos divorciados a Nerima? Me echarán de la casa y no tendré a dónde ir. Lo mismo si regresamos casados. ¿Es que acaso quieres estar viviendo con tus padres por siempre, dejando que te digan lo que tenemos que hacer, manejándonos a su antojo? ¡Yo no quiero vivir así!
Ranma se quedó extrañado ante la aseveración de Akane. Nunca lo había pensado de esa manera, pero tenía razón. Si ellos seguían en malos términos, su madre era capaz de obligarlos a estar juntos todo el tiempo, incluso a tener coito frente a ellos para asegurarse de que habría un heredero Saotome.
—¿Y cuál es tu plan, Akane?
—Bueno…yo pensé que tal vez. Podríamos quedarnos aquí. Conseguir trabajo y…
Ranma entornó los ojos —¿no te das cuenta de que aquí no hay nada? Lo más a lo que puedes aspirar es ser un campesino para mantenernos e intercambiar mercancía con los vecinos.
—Sí, pero si vendemos la cosecha en el pueblo, tal vez ganemos un poco más y…
—Akane, eres muy fantasiosa. No digo que no sea posible, pero tenemos estudios y más potencial que eso. Tú quieres ir a la universidad y eso es lo que harás.
—Pero, Ranma…yo…
—¡No se diga más! Vas a ir a la universidad y se acabó.
Akane lo miró, mientras él terminó de guardar las cosas en un mueble de la cocina. ¿De verdad él estaba interesado en que ella fuera a la universidad? No era un chico tan malo, después de todo. Se preocupaba por ambos, trajo comida preparada porque seguro Nabiki le advirtió que ella no cocinaba ni un huevo estrellado. Tal vez si se mantenían en paz, podrían llevarse bien con el tiempo.
—Traje unas cuantas revistas —Ranma sacó los semanarios y los puso sobre la mesa. Eran todas del giro deportivo o enfocadas a ejercicios para hombres —toma, creo que esta te gustará —sacó una revista llamada "La buena esposa" a Akane no le agradó mucho y lo miró con los ojos entrecerrados, mientras Ranma aguantaba la risa y se hacía el despistado.
—Voy a recostarme un rato. Prepárame algo para comer, sólo probé un refrigerio como desayuno y el camino hasta aquí estuvo largo. No me mires así. Yo fui por la comida, ni siquiera la tienes que cocinar. ¡Anda! ¿qué esperas? Tu marido muere de hambre —se dio la vuelta encaminándose hacia la habitación.
—Ojalá te murieras por egoísta —dijo Akane por lo bajo.
—¿Dijiste algo, Akane? —preguntó Ranma, deteniéndose en la puerta, antes de cerrar la cortinilla que separaba una habitación de otra.
—No dije nada, Ranma.
—Eso pensé — dijo el chico, entrando en la habitación. Akane aventó la revista a la mesa y buscó un plato para colocar la comida de su flamante marido. Era un insolente. Y pensar que ella se había sentido mal hacía unos momentos, pensando que era una mala persona por darle sopa de pollo en una taza de té, pero el idiota de Ranma era un rufián que se burlaba de ella cada que podía. Era evidente que cuando ella fuera a la universidad, él se encargaría de humillarla, presumiendo que, gracias a él, había logrado llegar a donde estaba. La obligaría a pagarle las colegiaturas con intereses muy altos…aunque no era Nabiki…pero era un desgraciado.
Terminó de emplatar arroz, carne y un poco de verduras y lo llamó desde ahí.
—¡Está listo! —gritó Akane.
—Tráelo a la cama. No quiero levantarme —contestó Ranma, mientras los delgados muros hacían chocar su voz, bajando la intensidad del sonido de forma leve.
Akane estalló —¡No vas a comer en la cama! Va a llenarse de migajas y acabo de limpiar.
—Pues limpia de nuevo.
—¡Ya te dije que no! —la chica se cruzó de brazos y se quedó ahí de pie. Ranma, al notar que ella no se acercaba con la comida, salió malhumorado y se sentó en la silla, mirando a Akane con cara de fastidio. Akane lo ignoró y fue ella quien se dirigió al cuarto a recostarse.
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Después de una pequeña siesta, Akane vio a Ranma sentado en la pequeña terraza del cuarto que daba al jardín lateral de la casa, que estaba recién podado. El chico leía una revista, mientras Akane se volteaba para intentar dormir otro rato, cosa que no logró. De pronto, tocaron a la puerta. Akane se enderezó, seguro era la señora Hamasaki con algo más de comida.
Cuando Akane abrió la puerta le sorprendió encontrar a dos chicas de trece años con un termo de agua caliente una y la otra con una cajita en las manos.
—Buenas tardes.
—¡Hola! Respondió Akane sonriente.
—¿Está Ranma?
—¿Ranma? S-sí —dijo extrañada.
—¡Hola, bienvenidas! Pasen por favor. Akane, deja pasar a mis invitadas —Ranma estaba detrás de su esposa, quien se hizo a un lado observando a las dos alegres chicas que entraban sonrientes a la casita.
Ambas tenían el cabello largo y negro hasta los hombros, la cara redonda y las cejas en forma de arco. Sus ojos parecían tener una expresión de sorpresa, eran mellizas, por lo que se parecían un poco.
—Kako, Mako, ella es Akane. Akane, ellas son las sobrinas de la señora Hamasaki. Viven en el pueblo.
—Oh, ya veo. Bienvenidas —dijo Akane haciendo una ligera reverencia, que las chiquillas ignoraron.
—Ranma, trajimos agua caliente
—¡Y galletas!
—Son muy amables, chicas. ¡Akane! Prepáranos un té —pidió Ranma. A Akane le pareció extraño, pero tomó el termo que Kako le extendió y buscó té y tazas en los muebles de la cocina.
Mientras, las mellizas y Ranma se habían sentado a la mesa. Las chicas no dejaban de parlotear.
—¡Qué linda casa, Ranma!
—Mi tía dice que apenas ayer llegaron.
—¿Tu habitación da al jardín?
—Lástima que por los pinos que están frente a casa de la tía no podamos verte.
—Las ventanas de tu casa se ven algo sucias.
Akane escuchaba todo mientras preparaba el té con sobres que Ranma había comprado en el pueblo.
—Sí, es que Akane no limpió muy bien —dijo Ranma
—Bueno, no todos tienen esa habilidad —Mako sonrió.
—La tía dice que seré una buena esposa porque sé hacer el aseo de modo perfecto —presumió Kako.
—Ser esposa también implica saber atender al marido como debe ser ¿gustas una galleta, Ranma? —preguntó Mako.
—Gracias —dijo Ranma tomando un bizcocho de la cajita que estaba sobre la mesa.
—Aquí está el té — mencionó Akane, colocando una charola con tazas, la tetera y algunos sobres de azúcar.
—Gracias Akane, puedes retirarte —ordenó Ranma, mientras servía el té en las tazas. Akane lo miró, dudosa ¿la estaba corriendo?
Ranma, al ver que Akane no se movía, volvió a decirle ante la fija mirada de Kako y Mako —Dije g-r-a-c-i-a-s — apuntó y Akane se dio la media vuelta y se metió a su habitación, aunque seguía escuchando los cuchicheos de los tres personajes.
—¡Qué maleducada!
—¿Por qué se nos quedó mirando así?
—Disculpen a Akane, tiene esa forma de ser —dijo Ranma en voz alta, asegurándose de que su esposa los estuviera escuchando detrás de la cortina. Sabía que estaba parada ahí.
—¿Akane es tu hermana?
—No, no es mi hermana.
—¿Entonces qué es? ¿Es tu prima?
—Tampoco es mi prima. Es una pariente, nada más.
—¿Te ayuda con los quehaceres de la casa?
—Sí, pero como ya viste, no es muy buena —sonrió Ranma.
—Si quieres yo puedo ayudarte con eso —dijo Kako en tono coqueto.
—Eres muy amable, Kako.
—Yo también te ayudaré, Ranma —Mako no quería quedarse atrás —solo espero que Akane no nos moleste, parece que es una entrometida, ¿te fijaste que pensaba quedarse con nosotros a tomar el té?
—No le hagan caso, ella es así —Ranma estaba muy divertido.
—A tu esposa no debe caerle nada bien.
—No es nada bonita.
Akane, que seguía escuchando detrás de la cortina, comenzó a apretar los puños y los dientes. Esas chiquillas no tenían idea de quién era y Ranma tampoco se lo pensaba decir.
—Si no es bonita y no sabe limpiar, jamás conseguirá un marido.
—Y mucho menos, trabajo. ¿Quién contrataría una criada que no supiera limpiar?
—Por cierto, Ranma ¿y tu esposa?
Akane explotó — ¡Aquí estoy! ¡YO soy la esposa de Ranma! ¡La señora Saotome! ¡Y quiero que se larguen de MI casa AHORA!
Kako y Mako no cabían de la impresión. Sus ojos parecían desorbitarse mientras Akane casi bufaba y Ranma bebía su té, escondiendo su amplia sonrisa.
—¡Ranma! ¿entonces, ella es tu esposa? —preguntó Mako.
—¡Sí! ¿Tienes algún problema con ello? ¿o es que no les parezco lo suficientemente bonita para ser la señora Saotome?
—P-pero… —Kako tartamudeó.
—Dije ¡LARGO! —Akane casi se les echa encima a las chicas y las dos corrieron despavoridas hacia la puerta, dejándola abierta. Akane se acercó y desde ahí volvió a gritarles —¡Y NI SE LES OCURRA VOLVER!
Ranma observaba la escena más complacido que divertido, mientras Akane se volvía sin mirarlo a su habitación, con las manos en puños y los labios apretados en ese puchero a punto de lanzar una exclamación de guerra.
El chico de la trenza corrió a colocarse en la puerta con la única intención de provocarla. Akane echaba fuego por los ojos y sin hacer ninguna expresión, esperó a que Ranma se moviera para pasar.
—¡Adelante, "Señora Saotome"! —dijo sin aguantar una carcajada que hizo que Akane se sonrojara un poco.
Ella atinó a lanzarle un par de revistas que Ranma había dejado tiradas en el piso antes de que llegaran las mellizas, pero él logró cubrirse a tiempo con un brazo en un reflejo ninja.
—¿Sabes? Me gusta como suena eso de "Señora Saotome" aunque no pensé que reclamaras tu lugar frente a un par de chiquillas adolescentes, pensé que eras más madura.
Akane al fin explotó —¿Para eso lo hiciste? ¿para eso invitaste a esas niñas aquí? ¿para burlarte de mí? ¡Bien hecho, Ranma Saotome! Has conseguido hacerme enfadar como nunca en mi vida. ¡Y ahora te atreves a hablarme de madurez! ¡Eres un idiota!
—Oye, tranquila "esposa de Ranma", no te pongas celosa de unas mocosas como esas. En todo caso, no imagino cómo te hubieras puesto si me hubieses acompañado hoy al pueblo. Las mujeres se me iban encima como si fuera una celebridad. Parece que no hay gente muy agraciada en este lugar, así que…
—¡No estoy celosa! Estoy harta de que te burles de mí y me trates como una criada, ¡porque no lo soy! ¿escuchaste? — Akane respiraba más rápido de lo usual y se contenía para no golpear a Ranma.
—Una Saotome nunca será una criada. Lo que me sorprende es que te llames "señora" cuando ni siquiera hemos…
Akane lo interrumpió. Era la segunda vez que Ranma sacaba el tema a colación. Evidentemente tenía intenciones de hacer algo con ella, pero a pesar de lo que había pasado entre ellos hacía unos días, no era lo mismo. Ahora tenía miedo, de que él pensara diferente, de que la usara por mera satisfacción y se convirtiera en un objeto regalado de Nodoka Saotome a su hijo caprichoso.
—Por favor, vete. Quiero estar sola, Ranma.
—¡Ja! Esta es mi casa, mi cuarto, mi cama y no me voy a ir sólo porque tú lo digas, boba —respondió Ranma con esa pícara sonrisa a modo de reto.
—Entonces me voy yo — la chica salió por la puerta que daba al pequeño jardín, ante la mirada incrédula de Ranma.
—Vete entonces, "señora Saotome". Regresa a tiempo para que me prepares la cena.
Akane no le respondió. Ranma pensó que volvería en cuanto se escondiera el sol, así que volvió a sus revistas. Se durmió un rato y cuando despertó, el sol había bajado lo suficiente para divisar apenas una fina línea naranja en el horizonte y Akane no había regresado. La buscó en la cocina y en los alrededores de la casita, pero Akane no estaba. Incluso fue a buscarla a casa de los vecinos, pero tampoco la habían visto pasar.
—Mierda —pensó Ranma —seguro se perdió en el bosque o peor aún, encontró la forma de largarse con ese… ¡No! Por aquí no pasa ni un alma. Ya regresará.
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Eran las diez de la noche y Ranma no había siquiera probado la cena por estarla esperando. Estaba muy preocupado. No iba a quedarse sentado, iba a buscarla…no. Ella tenía que volver sola. Que dejara salir todo el coraje que tenía como niña berrinchuda que era. Debía madurar de una vez y aceptar que se había equivocado, que sí estaba celosa de las mellizas y que tenía que comportarse como una verdadera Saotome, afrontando su realidad.
Esos eran los pensamientos de Ranma, pero ante ella, su temple era demasiado débil y no la iba a dejar a merced de la noche en ese lugar olvidado por el mundo.
Apenas había puesto un pie fuera de la puerta de la habitación que daba al jardín, cuando escuchó a alguien estornudar. Ranma levantó la cabeza, Akane estaba sobre la rama más baja de un pino cercano. El chico suspiró aliviado; se moriría si le pasara algo. Puso gesto indiferente para que ella no creyera que estaba angustiado.
—Akane. Baja de ahí. Te dará el sereno y lo menos que quiero es que me contagies un resfriado.
Ella no respondió. Ranma pensó que tal vez estuviera dormida, porque solo podía verla de perfil, dio la vuelta al árbol para tener una visión más amplia de ella, pero notó que miraba hacia el frente, ignorándolo olímpicamente. Ranma entornó los ojos.
—¡Baja en este momento si no quieres que vaya por ti y te meta a la casa arrastrando! —gruñó, haciendo como si estuviese enfadado.
—¿Qué prisa tienes? Ya voy a bajar —dijo Akane con desdén.
Ranma no dijo más. Entró a la casa y se dirigió a la cocina, para sentarse en un extremo de la mesa, donde estaban dos platos vacíos, con la comida cubierta en un refractario, para guardar el calor. Ambos se sirvieron su porción y se limitaron a cenar en silencio.
—¿Te la pasaste todo ese tiempo en el árbol? —preguntó Ranma, curioso.
—No.
—¿A dónde fuiste?
—Estuve cerca. Ya estoy aquí, no tienes que preguntarme más —respondió Akane con desgano.
—Espero que hayas reflexionado sobre lo que pasó esta tarde. Debes ir a pedirle disculpas a Kako y a Mako. Deben haberse asustado mucho las pobres chicas.
—No, no lo haré —Akane dio un gran bocado de arroz. Se mantenía agachada, pero levantó la vista, mirando fijo a Ranma. Éste se extrañó de su respuesta. Cuando la llamó a que bajara del árbol, no había puesto tanta resistencia.
—Por supuesto que lo harás. No quedaremos mal con los vecinos —dijo Ranma
—No me disculparé y punto.
—¡Harás lo que te digo! —Ranma levantó la voz y Akane se enderezó en su sitio sin siquiera inmutarse.
—Una Saotome jamás se disculpa. Ellas vinieron a mi casa a insultarme. Lo menos que podía hacer era echarlas. Tienen que saber cuál es su lugar, antes de meterse conmigo.
Ranma se quedó boquiabierto —MIERDA— pensó. Sonaba exactamente igual a su madre. Mil cosas vinieron a su mente; recordó que él era un Saotome, pero su madre había tomado el apellido solo por matrimonio. Ahora que caía en cuenta, su madre era de Akita, cuna de guerreros samurais, al igual que Akane, quien seguramente sin saberlo, era descendiente de alguna otra familia de samurais. No sabía si sufrir o alegrarse de haber elegido una mujer como esa, al igual que su padre. Una que no se dejaba de nadie, con un carácter de los mil demonios, terca, agresiva, pero a la vez dulce, tierna, hermosa…Sacudió la cabeza, tratando de ignorar una vez más sus sentimientos y las marañas que se formaban en su cerebro al pensar que estaba repitiendo la historia de los Saotome; una estirpe de hombres fuertes, unidos a mujeres dominantes.
Sin saber por qué, Ranma sintió un extraño cosquilleo en el estómago.
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Ambos limpiaron su lugar en la mesa y mientras Ranma, levantaba los restos de comida, Akane se retiró a la habitación.
Cuando Ranma entró al cuarto, encontró a Akane recostada en el lado izquierdo de la cama, con la pijama puesta y tapada con más de la mitad de la cobija. Ranma frunció el ceño quitándose la camisa y quedándose con su camisa interior y el pantalón, no sin antes, abrir la puerta corrediza que daba al jardín. Ese día no había corrido el viento y había bastante humedad. Se sentía mucho calor, pero Akane tenía frío, porque había estado gran parte de la noche afuera.
Después de que Ranma se acostara a su lado, Akane se levantó y cerró la puerta, volviendo a la cama, dándole la espalda.
—¿Por qué la cierras? Hace mucho calor —reclamó Ranma.
—Pues yo tengo frío —dijo Akane sin moverse de su sitio.
Ranma se levantó de nuevo, abriendo la puerta. Pero cuando él se acostó y estaba quedándose dormido, volvió a escuchar a Akane cerrando la puerta lo más lento que podía para no hacer ruido.
Ranma, molesto, abrió los ojos y la enfrentó, enderezando el torso y apoyándose con los brazos.
—¡Me estoy muriendo de calor! ¿Crees que no me doy cuenta de que estás cerrando la puerta? Siento que me ahogo, Akane.
—Deberías dormir en otra parte. ¿Por qué no duermes afuera?
—Porque pienso dormir en mi cama, cómodamente, no como un perro.
—Entonces duérmete y se te olvidará que tienes calor.
Ranma no tenía mucha paciencia —Oye, te estás aprovechando de mi buena intención. Te adueñaste de mi lado de la cama, corriste a mis nuevas amigas y ahora tomas más de la mitad de la manta para ti. Me toca algo a mí. Voy a abrir la puerta y no quiero que vuelvas a cerrarla o sufrirás las consecuencias.
—No me amenaces —escupió Akane —voy a hacer lo que se me de la gana porque también es mi cama y mi casa. ¡Además si tienes tanto calor, no necesitas la manta!
Ranma se había hartado. Estaba cansado de andar todo el día en el pueblo y de estar preocupado por ella toda la tarde. Iba a poner a esa malcriada en su lugar.
—¡Tienes razón! ¡No necesito la manta! —dijo Ranma con sarcasmo, levantándose de la cama, lanzando su parte de cobija a Akane, que lo miraba ceñuda, sentada en su sitio —Y como hace tanto calor, ¡tampoco necesito ropa! —en el acto, Ranma se deshizo de su camisa interior, dejando ver su musculoso torso, situación que Akane no esperaba. Aunque tampoco esperaba que Ranma se bajara los pantalones junto a su ropa interior, quedando completamente desnudo frente a ella. La chica enrojeció hasta la punta de los pies, girando la cabeza a otro lado, varios segundos después de admirar el espectáculo.
—¡Cómo te atreves! ¡Ponte la ropa ahora mismo!
—Voy a hacer lo que me de la gana, no lo que tú me digas.
—¡Cúbrete ahí, por lo menos! —dijo Akane, señalando su miembro y mirando de reojo. Al notar el nerviosismo de la chica, Ranma se sintió triunfador.
—Pero, mi cielo. Si ya me has visto así, ¿qué es lo que te preocupa?
—N-nada. Voy a abrir la puerta, pero por favor vístete ya —Akane temblaba de nervios.
Ranma soltó una risa corta —Pero por supuesto que no. Voy a dormir desnudo, así yo no tendré calor y tú no tendrás frío. Problema resuelto —se recostó junto a ella, apoyando los brazos en la cabeza —Me alegra que estemos resolviendo nuestros problemas, Akane. Esto del matrimonio es muy sencillo, ¿no crees?
Akane contenía el aliento. Sin girarse estiró la cobija —Solo te pido que te cubras, Ranma, aunque sea con la manta, por favor. No te molestaré más.
—Gracias mi cielo, ¿ves que no hace falta pelear por nimiedades? —Ranma se cubrió de la cintura hacia abajo, mientras Akane se hacía un ovillo con su parte de la manta, aun enrojecida y con los ojos bien abiertos, sin moverse un centímetro ni poder dormir en varias horas.
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A la mañana siguiente, Akane despertó con cierto peso sobre su hombro; el dorso de la mano de Ranma estaba sobre éste y la chica se acomodó boca arriba, haciendo que la mano de su marido cayera sobre el futón. Akane se enderezó, tallándose los ojos y bostezando, cuando volteó hacia su izquierda, se encontró con su bien formado esposo, dormido en más de la mitad de la cama, con solo una esquina de la manta que justo le cubría su pene erecto y amenazaba con mostrarlo en cualquier momento.
El hecho hizo despertar de improviso a Akane y pegar un sonoro grito, que alertó a Ranma, quien se enderezó entre dormido y asustado —¡¿Qué?! ¡¿Quién?! ¡¿Cómo?!
Akane volvió a lanzarle una almohada, que fue a dar justo en su firme aparato reproductor masculino.
—¿Qué demo…? ¡Auch! ¿Por qué gritas así? — reclamó Ranma quejándose ligeramente.
—¡Tápate! Estás…estás… ¡No quiero ver eso! —Akane se cubrió los ojos con ambas manos. Ranma, bajó la vista, y recordó que había dormido desnudo.
—Deja de hacer escándalo. ¿Qué? Esto es muy común, ¿qué no sabías?
Akane negó con la cabeza sin descubrir su rostro. A Ranma le pareció gracioso, pero pensó que, al estar siempre entre mujeres, había cosas que para ella podrían no ser tan habituales.
—Voy a bañarme. Iré al baño a buscar una toalla —se levantó y caminó hacia el pequeño cuarto, para buscar algo con lo que pudiera secarse al terminar el baño usando el agua que se encontraba en los contenedores al lado de la casa.
Akane suspiró; continuaba sentada en el futón, ahora abrazando sus piernas. Ranma salió del baño con una toalla colocada sobre su cuello…y nada más. Cuando Akane lo vio pasar, se le subieron los colores al rostro.
—¿Por qué no te cubres? Dijo, escondiendo sus ojos con la palma de su mano.
—¿Para qué me miras? —Ranma se detuvo frente a ella sosteniendo las orillas de la toalla, cerca de su torso. Alterar los nervios de Akane era un deleite, que no podía perderse a tan temprana hora.
—¡Vete ya! —le gritó Akane. Ranma rio por lo bajo y de nuevo se encaminó a la puerta que daba al jardín. Akane se quitó la mano de la cara y observó a su marido de reojo, por la parte de atrás. Era todo un perfecto espectáculo. Recordó lo sucedido en el cuarto de Ranma y lo que sintió al recorrer sus duros músculos.
—Siento tu mirada en mi trasero, Akane pervertida —se burló Ranma, mientras su esposa volvía a ponerse completamente roja. El chico cerró la puerta tras de sí y Akane se levantó para distraerse buscando algo de comer.
La nueva señora Saotome abrió unos refractarios con frutas y preparó té. Ranma entró a la cocina por la puerta de la habitación, con el cabello mojado, la toalla húmeda en el cuello y vistiendo solo unos pantalones. La visión que Akane tenía la hacía sentirse muy atraída hacia su marido, quien se las daba de interesante, sabiendo lo que ocurría en ese momento.
De vez en cuando, Ranma se encontraba con la mirada de Akane, que observaba como escurrían algunas pequeñas gotas de agua que caían sobre su pecho y bajaban hasta sus marcados músculos abdominales. Si era descubierta, se enfocaba de nuevo en su plato con frutas o daba un sorbo a su té, como si nada hubiera pasado.
—¿Te gusta? —preguntó Ranma, con una media sonrisa.
—¿Qué cosa? —Akane alzó la vista, fingiendo estar distraída.
—Lo que ves — intentó provocarla, haciendo que Akane coloreara sus mejillas. La chica tragó duro y se levantó de pronto.
—Y-ya he terminado. Voy a bañarme ahora yo —Akane corrió a la habitación, buscando su ropa limpia y una toalla. Ranma la observó correr, sonriendo sin dejar de masticar su desayuno.
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—Quiero ir al pueblo ¿crees que el señor Hamasaki pueda llevarme hoy? —preguntó Akane a Ranma, quien leía una revista de ejercicios, tumbado sobre el lado izquierdo de la cama.
—No.
—¿No? ¿Es que no va hoy?
—Si va hoy, pero no vas a ir al pueblo.
—¿Por qué no voy a ir?
—¿Crees que no sé lo que piensas hacer? Piensas largarte con tu exnovio. No seré la comidilla de este pueblucho.
—¡No voy a irme! Sólo quiero hacer algo. Quiero llamar a Kasumi y decirle que estoy bien.
—Ayer hablé con ella, con tu padre y con mi madre. Ya saben que e-s-t-a-m-o-s bien. No tienes a qué ir. Además, no pienso darte dinero.
—Tengo un poco de dinero.
—Ya compré todo, no te falta nada. ¡No-vas! —recalcó Ranma sin mirarla y hojeando la revista sin leer nada.
—¡Quiero comprar algo con qué entretenerme! Quiero comprarme algún libro, revistas, una radio con baterías. Me aburro de muerte aquí.
Ranma cerró la revista de un manotazo —¡Cómo eres terca! ¡Ya te dije que no! Si no te pelearas conmigo y cumplieras con tus deberes de esposa, no estarías aburrida. El tiempo se te pasaría volando y no estarías con esa cara de pocos amigos todo el día.
—¡Ah! ¡Así que eso es lo que te importa! Quieres que tenga sexo contigo todo el día para procrear un heredero que continúe la dinastía Saotome, como quiere tu madre. Quieres hacer eso para que me olvide de estudiar y me obliguen a quedarme en casa criando mocosos, mientras tú te las das de artista marcial, viajando por todo Japón y haciendo nuevos clubs de admiradoras. Pero desde ahora te digo que NO me pienso acostar contigo ¿oíste?
Ranma la miró serio y empezó a reír, Akane enarcó una ceja ¿qué podía ser tan gracioso? —No hablaba de tener sexo, boba. Hablaba de que cocinaras, te hicieras cargo de la casa y eso. Pero por lo visto "quien hambre tiene en pan piensa" Si esoes lo que te preocupa, olvídalo. No tendría sexo con alguien como tú.
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Akane se sintió muy ofendida y salió de la casa por la puerta del jardín. De pronto, Ranma reaccionó y salió corriendo detrás de ella. Akane estaba ya en el camino, esperando a que pasara en su camión el señor Hamasaki.
—¿A dónde crees que vas, Akane? Te dije que no ibas a ir al pueblo.
—No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer.
—Soy tu marido y debes hacer lo que te diga —Ranma la sujetó del brazo.
—¡Suéltame! No voy a volver contigo a la casa. Iré al pueblo y llamaré a Kasumi para contarle que me tratas mal.
—¡Yo no te trato mal! ¡Eres tú la que quiere largarse con ese tipo!
—¡Ya te dije que no me voy a ir con él! ¿Por qué no lo entiendes?
—¡Porque ya lo hiciste una vez!
—¡Sólo fui a despedirme! Ni siquiera iba a quedarme con él. Pero estás empeñado a tener todo lo que se te cruza por el camino, pero no es así —Akane seguía tirando, intentando zafarse del agarre de su marido.
—¡Eso quisieras! Que estuviera detrás de ti como el imbécil de Ryoga, que sólo quería cogerte.
—¡Vaya! Primero era Shinnosuke y ahora Ryoga ¿ves que eres un caprichoso que no quiere competencia?
—¡Ellos no son competencia para mí! Todas las mujeres de Nerima querían estar conmigo, ¿por qué crees que querría estar con una boba como tú?
—¡Eso le hubieras dicho a tu madre cuando nos obligó a casarnos!
—¡Eso le dije! Hablé con mi madre y le dije que cancelara el matrimonio, que me castigara a mí y no a ti, que todo había sido mi culpa y que no me casaría con alguien que no siente nada por mí.
Akane abrió los ojos todo lo que pudo, sorprendida por lo que Ranma acababa de confesarle. ¿Eso era lo que él sentía? ¿Ella le había dado a entender eso? Sí, había sido muy dura con él desde la boda, pero ella creía que Ranma sabía que le gustaba y por eso trató de aprovecharse de la situación, provocándole celos al elegir a su hermana como prometida, o cuando invitó a Ukyo a salir, o cuando se iba con alguna chica de las del club de admiradoras porque se le "antojaba" un helado.
Akane llegó a pensar que el matrimonio entre ellos había sido planeado por él, haciéndole creer a su madre que daría un heredero para el dojo Saotome pero su objetivo principal era vengarse de ella, como le había dicho ese día afuera del gimnasio de la escuela. Era la manera en la que él quedaría como un vencedor ante Ryoga, con el que se disputaba su atención. Un capricho del gran Ranma Saotome, que sólo quería acostarse con ella, como una vez sugirió Ukyo.
Pero no. Las palabras de Ranma y la honestidad en sus ojos, le decían que él sentía algo por ella y probablemente esos arranques de celos contra el chico del colmillo y el guardabosques estaban justificados por un sentimiento real. Akane no pudo evitar sentir dolor.
El semblante de Ranma había cambiado, en su rostro reflejaba tanta tristeza que no se atrevía a seguir con la discusión. ¿Qué iba a decirle? ¿A rogarle que se quedara? ¿Para qué? ¿Para que siguiera siendo miserable junto a él? Ella ni siquiera soportaba dormir a su lado. No podían ponerse de acuerdo por el lugar en la cama y ella explotaba con cualquier comentario, juego o insinuación que le hacía. Esa no era una vida, no era una luna de miel y no fue nunca lo que deseó para su futuro. Había llegado la hora de terminar con ese "matrimonio".
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El sonido de un motor los despertó de sus profundos pensamientos. Era el señor Hamasaki.
—¡Buenos días! Veo que hoy los llevaré a los dos.
Ranma y Akane no respondieron. Subieron al transporte con la cabeza baja y no se hablaron en todo el camino. Lo mismo al llegar al pueblo.
—Iré a dejar la mercancía y después cargaré el camión. Tardaré unas dos horas ¿nos vemos aquí, entonces? —habló el señor Hamasaki. Los recién casados asintieron y el hombre se fue a hacer sus tareas.
Ranma hizo una seña a Akane para que lo siguiese y ella lo hizo sin chistar. La llevó hasta una pequeña tienda que vendía abarrotes. Ahí tenían una improvisada caseta de teléfono. Ranma la esperó afuera. Akane iba a sacar dinero de su bolso, pero Ranma le puso en la mano unas cuantas monedas. Ella no se atrevió a mirarlo ni a debatir sobre el dinero. Puso las monedas en el teléfono y llamó a casa de los Saotome. Por fortuna, la que contestó el teléfono fue Kasumi. No tenía ganas de hablar con nadie más que no fuera su hermana mayor.
—¿Diga? Casa de la familia Saotome.
—Kasumi, soy yo.
—¡Akane! ¿Cómo estás? He estado preocupada por ti. ¿Están disfrutando su viaje?
—Sí —mintió —la casa donde estamos es pequeña, pero tenemos lo necesario. ¿Cómo está papá?
—Oh, él está bien. El ambiente de la casa parece más tranquilo desde que ustedes se fueron de viaje. Pero cuéntame ¿cómo estás tú?
A pesar de la confianza que le tenía a su hermana, no iba a preocuparla con sus problemas, diciéndole que ella y su marido se trataban como perros y gatos. Ni pensar en contarle que había pasado a despedirse de su exnovio en camino a su luna de miel. —Estoy muy bien Kasumi, es mi viaje de bodas —dijo Akane fingiendo una sonrisa.
Kasumi, que la conocía bastante bien y la había criado desde que su madre murió, no se tragaba el cuento —No suenas muy convencida, hermana. Un matrimonio puede ser difícil, nunca es todo dulzura y no es sencillo adaptarse a otra persona. Tú y Ranma deben hacer un esfuerzo por llevarse bien, por lo menos durante estos días. Te aseguro que cuando lleguen a Nerima las cosas serán muy diferentes para los dos, a pesar de que el compromiso haya sido arreglado por nuestros padres. Sé que no ha sido fácil para ti, cargar con esa responsabilidad de tener que casarte para saldar las deudas de la familia. Pero lo único que me interesa es que seas feliz.
Akane no pudo contener las lágrimas y empezó a sollozar. Kasumi sonrió desde el otro lado del teléfono —No llores hermanita. Tienes muchas cosas que descubrir. Ranma es un buen chico y si le das la oportunidad… estoy segura de que no te arrepentirás.
La menor de las Tendo se despidió de su hermana y colgó el teléfono. Se limpió las lágrimas para que Ranma no viera que había llorado. Al salir de la cabina telefónica, el dependiente se le acercó.
—Señora Saotome, su esposo ha tenido que retirarse. Me dijo que la esperaría en el lugar y hora acordados. Me pidió que le entregara este sobre. También me dijo que le indicara dónde está la tienda de revistas. Es aquella de enfrente, tienen poca variedad de libros, pero tal vez haya algo que le interese.
Akane hizo una reverencia en agradecimiento y se fue a la tienda de revistas. Tal vez Ranma no quisiera estar cerca de ella y con toda razón. Haría lo que le sugirió Kasumi, sobrellevar la situación mientras regresaban a Nerima.
Después de pasear un rato por el pueblo y comprar un libro y dos revistas, Akane se dirigió al punto acordado donde se encontaría con Ranma y el señor Hamasaki. Al llegar al lugar, se dio cuenta de que ninguno estaba ahí y menos el camión.
Preguntó en el negocio donde el señor Hamasaki había descargado la mercancía, pero le dijeron que hacía media hora que se había marchado, junto con un joven que venía con él. Akane no sabía qué pensar. Debería molestarse por la mala broma que le estaba jugando su marido, al hacerla caminar del pueblo hasta la casita. De pronto recordó que el encargado de la tienda de abarrotes le entregó un sobre. Al abrirlo, encontró mil quinientos yens y una nota: "Para tu viaje de regreso. Buena suerte con el guardabosques. Ranma"
Akane sintió ganas de llorar. La nobleza de Ranma era tal, que al creer que ella seguía enamorada de Shinnosuke, le había dado el dinero suficiente para comprar un boleto de autobús que la llevara hasta Ryugenzawa. Era un tonto, que pensaba con las vísceras en vez de con la cabeza. Pero también supo que había sido culpa de ella al tratarlo de una manera tan fría. Tenía que aclarar las cosas con él y sobre todo disculparse. Esta vez, era necesario aceptar sus errores y hacer las paces con su marido, porque eso hacían los matrimonios y porque eso era lo que ella quería.
Esperó por el autobús que la dejaría más cerca de la casa y bajó en la parada justa para caminar el cuarto de hora que se requería para llegar. Al entrar estaba todo intacto y un profundo silencio reinaba en la habitación.
—Tal vez se marchó a Nerima…sin mí —Akane caminó hacia la habitación que ambos compartían y de nuevo encontró todo recogido y sin rastro de Ranma. La puerta que daba al jardín también estaba cerrada, por lo que Ranma no estaría afuera. De pronto las lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas sin que ella pudiera antes expresar un sollozo. La había dejado; era como si le hubiesen abierto una puerta que llevaba a la libertad, pero una libertad solitaria, donde la esperaba un desierto lleno de nada.
No se atrevía a buscar a los vecinos para preguntarles a dónde había ido su marido. Ya era bastante vergonzoso el saberse abandonada como para ir a reafirmarlo con unos desconocidos que probablemente sentirían lástima de ella. "Tan joven y despreciada por el marido" "Con ese carácter, era lógico que él decidiera dejarla" "Sin saber cocinar ni hacer bien la limpieza, qué le esperaba al pobre chico…" Akane se imaginaba lo que pensarían los vecinos y que el chisme correría como pólvora por todo el pueblo. Solo esperaba poder llegar a Nerima para despedirse de su padre y hermanas, en lo que encontraba un lugar para vivir. De nuevo recordó a su mamá. Por fortuna estaba muerta y no vería por lo que estaba pasando su hija menor. Era una verdadera vergüenza. Sollozó sonoramente y explotó en llanto. Hincada sobre el futón que había compartido con su marido, cubrió una mejilla con su mano, mientras pensaba en su desdicha.
De nuevo, no notó cuando alguien se le acercó por detrás.
—¿Qué demonios haces aquí? —Ranma con gesto curioso la observaba desde su altura, mientras Akane temblaba aún sorprendida al encontrar al dueño de sus tristezas.
—¡Ranma! ¡Estás aquí!
—Pues…sí ¿No ibas a irte con el guardabosques? —Ranma desvió la mirada, fingiendo indiferencia.
—No. Como te dije antes, eso se acabó. No voy a irme con él, voy a quedarme aquí.
—Ah.
Un incómodo silencio los invadió por un minuto. Ranma se resistía a mirarla. Entonces Akane intentó cambiar de tema.
—¿Qué…les dijiste a los Hamasaki?
—Vengo de ahí. No iba a delatarte. Solo les dije que querías ver más cosas y que regresarías después —Akane lo veía con esos grandes ojos cafés, llenos de ternura, esos que él no resistía, por lo que Ranma siguió enfocándose en la pared.
—Me dieron comida para ti. Pensaba comerlo de cena, ya que tú estarías muy lejos de aquí —dijo Ranma, muy serio.
Akane sintió una paz en su corazón que hacía mucho no había sentido. Le dedicó una tímida sonrisa a su marido, que lo hizo enrojecer levemente e hizo que saliera del cuarto directo a la cocina. Desde ahí, el chico la llamó.
—¡Ven a comer esto! ¡No esperes a que se enfríe más!
Akane se levantó y corrió a comer lo que la señora Hamasaki había preparado.
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A pesar de que Akane había regresado, Ranma no le dirigía la palabra. Se veía aún dolido por el pleito que habían tenido esa mañana y la ignoraba en lo posible. Si ella le hablaba, le respondía con monosílabos o se iba del lugar donde estaba. Había pasado buena parte de la tarde en el jardín, quitando la hierba que empezaba a crecer, acomodando los pedazos de leña, lijando la madera de la pared, todo por olvidarse de que la mujer que quería, unida a él por imposición de su madre, estaba ahí aún, y que él le había dado el dinero para irse con su exnovio. Simplemente, pensar en que ella pudo haberse ido y no lo hizo, le sembraba dudas inmensas sobre si Akane quería estar con él por su voluntad o había sido convencida por Kasumi, a quien obedecía en todo, incluso, más que a su propio padre. Era eso; seguro Kasumi le había insistido para que se quedase con él por obligación con la familia Saotome y por el futuro de la familia Tendo, que no tenían en que caerse muertos. Casi podía asegurar que, si él intentaba hacerla su mujer esa noche, ella no pondría resistencia.
Tocaron a la puerta y Ranma se asomó por un lado de la casa. Era la señora Hamasaki con Mako y Kako, que venían muy serias con un semblante asustado.
Akane, que leía en la habitación, no se había percatado del ruido, hasta que Ranma apareció para buscarla. El rostro de la chica se iluminó, pensando que podían hablar para hacer las paces de una buena vez, pero Ranma la miró fríamente y volvió a salir al jardín sin decir más —Te buscan — y cerró la puerta tras de sí.
Cuando Akane salió y encontró a las tres mujeres, las vio inclinarse en una profunda reverencia, que extrañó mucho a la chica de pelo corto.
—Señora Saotome. Lamento venir apenas a estas horas, pero acabo de enterarme de la falta que hicieron mis sobrinas, por lo que hemos venido a disculparnos personalmente —habló la señora Hamasaki, con la cabeza gacha.
Akane miró a las chicas, temblando y con la cara roja a punto de soltar el llanto. Le pareció algo muy gracioso, pero se contuvo manteniendo el rostro serio —Acepto sus disculpas. Ellas no sabían quién era yo y mi marido tampoco se los informó a tiempo. No debe haber rencillas entre vecinos tan cercanos.
—Muchas gracias, señora Saotome. Mis sobrinas quieren ahora mostrarle sus respetos cumpliendo un castigo para limpiar su falta —de nuevo la señora Hamasaki hizo una reverencia y empujó a las chiquillas para que hablaran.
—Lo sentimos mucho, Akane —gritó Mako.
—Haremos el aseo de la casa por ti —sollozó Kako.
—También cocinamos algunos platillos para que tengan comida para tres días —Kako le mostró varios recipientes envueltos que traían en las manos.
—Gracias por perdonarnos —Mako y Kako se inclinaron poniendo la frente en el suelo, a lo que Akane creyó que era demasiado.
—Chicas, no es necesario. Me basta con su disculpa, vayan a casa —sugirió Akane, pero las chicas no le hicieron caso.
—Nos iremos hasta terminar.
—La casa no es muy grande.
—Podemos con esto.
Akane no tuvo más remedio que aceptar y despidió a la señora Hamasaki, que dejó a las chicas limpiando la casa. Antes de irse, dejaron la mesa puesta para que Akane y Ranma cenaran uno de los platillos que habían traído.
La cena de esa noche, se hizo en completo silencio. Solo se oía el choque de los palillos contra los platos y las tazas de té siendo colocadas sobre la mesa. Los recién casados se miraban furtivamente y cuando sus ojos llegaban a cruzarse, veían hacia su plato o bebían escondiéndose tras el vaso. Parecía una nueva guerra fría, que consistía técnicamente en ignorarse mutuamente. Al terminar, levantaron su plato, limpiaron la mesa y se fueron a la habitación. Akane se puso su pijama y se acostó por primera vez del lado derecho.
Ranma se había girado para desvestirse y Akane tratando de romper un poco el hielo, antes de que él se quitara la camisa, se dirigió a él con voz suave.
—Hoy dormiré del lado derecho —se quedó esperando una respuesta por parte de Ranma, pero solo se detuvo para escuchar. Después, el chico continuó quitándose toda la ropa. De nuevo iba a dormir desnudo.
Se recostó, dándole la espalda a su mujer, cubriéndose con la manta hasta la cintura. Akane seguía esperando una respuesta.
—¿No vas a decir nada? —dijo Akane levantando la voz.
—¿Qué esperas que te diga? ¿Gracias por devolverme MI lugar? Tú deberías darme las gracias por cederte lo que me corresponde.
Akane apretó los labios. No iba a discutir con él, por lo menos ya había logrado sacarle algunas palabras.
Como Ranma no siguió tampoco la discusión, ella continuó conversando.
—Me gustó ir al pueblo, es interesante a pesar de ser pequeño.
—…
—La gente es muy amable. Tienen pocos libros y revistas, pero un surtido importante… ¿a ti te gusta? ¿Ranma?
—Es un pueblo. No hay nada.
—Pero tiene mucha historia y tradiciones. ¿Te sabes la de los demonios que tocan la puerta el día de año nuevo y asustan a los niños?
—¿Qué?
—¡Sí! Hombres que se disfrazan de demonios y buscan a los niños que se portan mal para asustarlos como una reprimenda por lo que hicieron.
—¡Ja! Vaya analogía con lo que nos hizo mi madre. Mandar a Oga a los "niños" que se portaron mal. Demonio Nodoka Saotome.
A Akane le pareció gracioso el comentario de Ranma y empezó a reír.
—Basta de risas y deja dormir.
—No creí que pensaras eso de tu madre, Ranma.
—Tú debes pensar lo mismo. Te obligó a casarte conmigo.
—No es así. Tu madre es buena persona, aunque, muy extraña —Akane no dijo más. Ranma seguía dándole la espalda. Tras unos minutos de silencio, Ranma preguntó.
—¿Por qué estabas llorando?
—¿Eh?
—Estabas llorando cuando llegué. Como el otro día.
Akane pensó bien su respuesta. No era el momento —Extrañaba a mi mamá. No me acuerdo mucho de ella, pero…siempre que me sucede algo, la pienso.
—¿Por qué?
—Porque creo que, si estuviera viva, me habría gustado que me aconsejara, preguntarle cosas…o que por lo menos conociera a mis amigos, la gente con la que estoy. Cuando no tengo idea de qué hacer, ya sabes, tener a alguien a quién recurrir. No es lo mismo con mi papá o mis hermanas.
Volvieron a quedarse callados. Akane se rindió por esa noche y se fue quedando dormida. Ranma se giró un poco, mientras la miraba dormir.
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¡HOLA DE NUEVO! Si han llegado hasta aquí, les agradezco por seguir la historia.
Sé que ya extrañaban leer otro capítulo, pero es que he estado ocupada. Si les preocupa mucho si dejaré tirado el fic, les digo desde ahora que eso no es posible, mis queridas Locas por el Dios griego me presionan diariamente, no ocupo más, voy escribiendo en cada oportunidad, así que, tranquilos.
Los reviews. Primero, gracias por dejar sus reviews, así como ustedes esperan ansiosos nuevo capítulo, yo espero ansiosa los reviews, que me encanta leerlos. Y volviendo al tema, casi quisieron lincharme con lo del matrimonio, hubo mucha indignación y pues sí, Nodoka y sus extrañas razones, pero ya ven lo que sucedió en este capítulo, van avanzando, a gritos y sombrerazos como decimos en México, pero todo caminando. Hubo quienes estuvieron felices por lo de la boda express, así que espero que les esté gustando lo que leen.
Gracias a los nuevos lectores, que se han leído todo de una sola vez y piden actualización, pues aquí está. Espero que dejen su review y sigan recomendando Vainilla. Alguien me comentó sobre el título del fic, que no llamaba mucho la atención, y bueno, les digo la razón por la cual elijo nombres cortos. Suelo leer mucho, cuando puedo, a veces varios fics a la vez y para no olvidarme los relaciono con una palabra, si no se me olvida; así que, para mis fics, trato de ponerlos bien simplones y no muy largos estilo: La profunda levedad del ser de Ranma y Akane en Nerima y puntos circunvecinos. Por eso los verán así, siempre. Sin daños a terceros solo porque es el título de una canción, pero también muy sencilla.
Mi agradecimiento profundo para mi guapísima beta reader, Sakura Saotome, que se da tiempo para trabajar, pimpear Vainilla y además hacer sus propios fics. Les recomiendo leer su reciente obra El Plan de Ranma. Dejen su review.
A mis Locas por el Dios griego, Vainilla es por y para ustedes.
¡Los leo muy pronto!
Susy Chantilly
