Ya sé, debí aparecerme ayer, pero andaba en las nubes y demasiado tarde recordé que ayer tocaba. Lo siento.

Disclaimer: Harry Potter es de JK Rowling. Twilight de Stephenie Meyer. La historia, la protagonista y un par de personajes más son de Ayla Hale Potter. ¿En serio necesito repetirlo?


XI - Iniciación

RMPOV

Todos reímos ruidosamente cuando Ron hizo su imitación de Snape. El reloj de mi muñeca señalaba que eran las once de la noche del doce de noviembre, y todos los de la Hermandad festejábamos el cumpleaños 18 de Dean Thomas, compañero de Gryffindor.

En nuestras manos teníamos botellas con licores muggles y mágicos, aunque predominaba el whisky de fuego. También teníamos cigarrillos mágicos, que te daban la misma sensación de la mejor droga sin hacerte daño alguno. Afortunadamente todos teníamos al menos 17 años.

Los sillones estaban puestos formando un círculo en la 'sala común' del dormitorio y los cincuenta y cuatro miembros de la Hermandad del Águila nos ubicábamos en sillones dobles, bebiendo y fumando sin ningún problema. No llevábamos las capas y nos tratábamos con la gran informalidad de los hermanos.

Oliver pasaba su brazo izquierdo por mis hombros, en esa mano tenía una botella de whisky de fuego y en la otra un cigarrillo. Yo tenía lo mismo.

Entonces Draco soltó a Katie Bell, Gryffindor de nuestro curso, y se levantó con algo de dificultad. Alzó su botella de whisky y habló con voz pastosa.

- Quiero que mi querida hermana aquí presente haga algo, las bromas ya se hacen repetidas – dijo con dificultad. Reí y tomé un trago antes de levantarme.

- Vale, vale – di una calada honda a mi cigarrillo -. Veamos… ¿saben por qué Dumby adora saber lo que hacemos? – un coro de negaciones me respondió de inmediato – Es porque está enamorado de la juventud, chicos. Somos jóvenes, fuertes y poderosos, todo lo que él alguna vez fue, y además somos muchos. El viejo ya chochea – hice un gesto y todos se rieron escandalosamente -. Otra cosa, ¿se han fijado que Voldy se esconde tras las faldas de sus mortífagos para actuar? Digo, ¿qué tiene de malo que se les una en la fiesta? Yo creo que nos tiene miedo, sabe que siempre nos apareceremos allí donde haya problemas y patearemos tantos traseros como sea posible – más risas -. Díganme, ¿quién se orina en la túnica cuando Dumby aparece?

- ¡Voldy! – exclamaron.

- ¿Y quién amenaza con aparecer en cada enfrentamiento?

- ¡Dumby!

- Pero, ¿quién aparece en lugar del viejito?

- ¡Nosotros!

- ¿No ven? Ahí está. Voldy no se aparece, teóricamente, por Dumby, pero en verdad es por nosotros – risas y aullidos. Alguien se puso a lanzar el grito de guerra de la Hermandad y todos le imitaron -. ¿Saben qué es lo primero que haremos cuando termine el entrenamiento?

- ¡Acabar con esos mortífagos! – exclamó Seamus.

- Sí, estoy de acuerdo, pero creo que divertirnos no nos haría nada mal – comenté. Me miraron sin entender -. ¿No han notado que incluso los del Ministerio y los de la Orden se interponen en nuestro camino y nunca nos dejan hacer las cosas a nuestro modo?

- ¿Qué propones, Rosie? – preguntó Oliver con voz pastosa. Me acomodé entre sus brazos sin saber cuándo me había sentado, tomé un trago y di una calada a mi cigarro, todo con exasperante lentitud.

- Si nos molestan, contestamos – me limité a decir. Sus ojos brillaron y el grito de guerra resonó entre las paredes de la sala común.

Estaba ebria nuevamente, después de varios años volvía a ver triple y más. Ahora, claro, era efecto común entre drogas y alcohol, la combinación favorita en cualquier fiesta normal de la Hermandad. ¿Si me importaba? No, para nada. Incluso extrañaba estar despreocupada con los demás, bebiendo y fumando junto a los hermanos y entre los brazos de Oliver.

Claro que ahora era distinto. Ahora tenía novio, estábamos en su casa y la guerra ya estaba formada (aunque no sabría decir si en su peor momento, pero definitivamente la situación era más grave que en la primera guerra).

También, en este instante lo estaba engañando por segunda vez en pocos días y con la misma persona. Las habitaciones se habían modificado y había veintisiete cuartos con una sola cama matrimonial.

Sabía que Harry y Ginny habían ido a una habitación a hacer de las suyas. Lo mismo con Ron y Hermione, Draco y Katie, Dean y Parvati, Seamus y Lavander… y yo con Oliver. Todos habíamos partido al mismo tiempo, aunque nadie prestó mucha atención a los demás aparte de la necesaria para saber qué cuartos estaban ocupados.

Mi primer novio y yo estábamos encerrados en uno de los cuartos. Cargábamos con quince botellas de firewhisky cada uno, lo que significaba que estábamos completamente fuera de control. La última botella la habíamos terminado camino de la habitación, cuando comenzamos a besarnos, me tomó por la cintura y yo entrelacé las piernas en torno a él, empezó a caminar, terminamos las botellas de golpe y volvimos a besarnos con pasión desenfrenada.

Lo último que recuerdo de esa noche fue haber sido recostada en una mullida y cómoda superficie, con el cálido cuerpo de Oliver sobre mí, besándonos como si no hubiera un mañana y olvidando, una vez más, que lo que hacíamos no estaba bien.

EdPOV

Cuando entré a la cocina esa mañana, después de haber pasado por el comedor y no encontrar a nadie de la Hermandad, me encontré con los 54 chicos y chicas sentados en la mesa del lugar. Llevaban caras de no haber descansado nada y, a juzgar por el silencio que había y las pociones que los elfos les estaban sirviendo bajo la mirada algo exasperada de Narcissa Malfoy, tenían una jaqueca espantosa. Lo único que se me ocurrió fue que estaban con resaca.

- ¿Qué les pasó? – pregunté a Narcissa cuando llegué a su lado. Se cruzó de brazos y suspiró como si ya fuera la enésima vez que pasaba por lo mismo.

- Anoche fue el cumpleaños de Dean y celebraron a su modo – contestó vagamente. Asentí sin comprender del todo -. Drogas y alcohol, no es una muy buena combinación.

- ¿Cómo? – seguro mi cara reflejaba mi incredulidad, porque sonrió suavemente antes de fijar su mirada en sus hijos.

- Drogas mágicas, las inventaron Draco, Rose, Harry, Ginny y Ron. Por lo que sé, no son dañinas y causan el mismo efecto que las muggles – apuntó con la cabeza al cigarrillo aparentemente normal que tenían varios, entre ellos los Malfoy, en la mano. Abrí los ojos como platos cuando vi que mi novia se lo llevaba a los labios y aspiraba con fuerza.

- Están mal de la cabeza – comenté. Asintió divertida.

- Pero son unos genios. Yo misma he probado esas cosas y te llevan a la luna – la miré asombrado.

- Y yo que pensé que los Malfoy ya no podían sorprenderme – murmuré volviendo la vista a Rose, que tomaba un trago de su bebida con una mueca de asco antes de volver a dar una calada.

- Nunca pienses eso, querido. Te aseguro que esa familia tiene mal algún tornillo – Narcissa negó con la cabeza, divertida, y palmeó mi hombro antes de irse al comedor.

- Increíble – suspiré y me acerqué a Rose, abrazándola por la espalda. Besé su cuello y ella giró la cabeza para sonreírme suavemente.

- ¿Qué hay? – preguntó alzando un poco su vaso casi vacío. Alcé una ceja cuando volvió a aspirar - ¿Quieres probar?

- ¿Disculpa? – todos nos miraron divertidos mientras fumaban al mismo tiempo.

- Oh, vamos, no seas aguafiestas. Dudo que siquiera te levante del suelo – comentó, y todos se echaron a reír para después soltar quejidos y frotarse las sienes. Tomé dudoso el cigarrillo a punto de consumirse que me ofrecía. Lo llevé a mis labios y di una corta calada.

- ¿Qué es? – pregunté asombrado.

Era verdaderamente increíble. Aspiré otra vez, más largo, y ella sonrió antes de sacar una cajita azul de su bolsillo y sacar dos. Me ofreció uno al ver que el otro ya se había acabado. Prendió el suyo con un chasquido de dedos y me indicó hacer lo mismo. Pronto estaba sentado a su lado, fumando como todos los demás, fascinado por lo agradable que se sentía.

- Una mezcla de marihuana, cocaína, tabaco, un montón de otras drogas muggles y algunas hierbas que contrarrestan los efectos dañinos – contestó dando la primera calada al nuevo -. Te puedo dar una caja. Vienen diez y cada cinco minutos se rellena – alcé una ceja y me lo pensé mientras seguía fumando. Bueno, era una buena oferta.

- Adelante – todos sonrieron ante mi respuesta.

- Sangre pura tenía que ser – casi exclamó Hermione. Los demás se rieron y la miré sin entender -. Los sangre pura se sienten extrañamente atraídos hacia esta droga, más que los mestizos e hijos de muggles incluso – apuntó a Dean (hijo de muggles), quien se veía bastante tranquilo, a Harry (mestizo) que por nada del mundo soltaba su cigarrillo y a Ginny (sangre pura) que parecía dispuesta a matar al que quisiera quitarle alguno.

- Tienes razón, Herms – comentó Oliver soltando el humo.

Parecíamos chimeneas sinceramente. Pocos segundos después de que Wood hablara, tenía una cajita metálica azul con un águila bronce frente a mí. La tomé de la mano de mi novia y me guiñó un ojo. La cajita cabía fácilmente en el bolsillo. Tomé mi cigarrillo con los labios y la abrí, encontrando que eran dos filas de cinco. Volví a cerrarla y sorprendido vi que parecía un simple bloque de metal, no tenía nada que sugiriera apertura.

- Solo tú puedes abrirlo – aclaró Draco pasando su brazo sobre los hombros de Katie Bell -. Esa cosa reconoce tu magia. Incluso si se te llega a perder solo tienes que pensarlo y aparecerá frente a tus ojos.

- Muy útil – dije.

- Idea de nuestra Rose – mi cuñado abrazó a mi novia por el lado izquierdo de ella, mientras yo pasaba mi brazo izquierdo sobre sus hombros.

- Su madre tiene razón, se les zafó un tornillo – comenté. Todos se soltaron a reír, la resaca olvidada después de haberse acabado las pociones -. ¿Alguien más aparte de nosotros tiene de estos? – agité mi cajita con la mano derecha.

- Nah – Rose soltó el humo y se encogió de hombros -. Solo los de la Hermandad y los de rango más alto en la Alianza, oh, y que tengan al menos 17 años.

Media hora después, seguíamos charlando en espera de que las clases de cada uno de ellos empezasen. Ya solo quedábamos el Círculo Interno y yo. Alice entró cuando prendía otro cigarro acompañado de Rose y Draco. Nos miró aturdida.

- Eh… - se quedó sin palabras. Le indiqué que se sentara a mi lado. Obedeció y le tendí el mío - ¿Qué es esto? – hizo una mueca viendo a Hermione discutir con Ron sobre quién de los dos había fumado más en lo que iba del día.

- Droga – le dijo mi novia en voz baja, como si le confiara un enorme secreto. Mi hermana la miró fuera de onda.

- ¿Drogas? Edward, ¿están drogándose? – estaba casi escandalizada.

- Vamos, no es tan serio ni grave – intervino Harry, apagando lo que quedaba de su cigarrillo en un cenicero aparecido de la nada -. Es droga mágica, te causa los efectos pero sin dañarte en absoluto – con manifiesta desconfianza, Alice tomó el rollito de papel de mi mano y le dio una probada. Abrió sus ojos a todo lo que daba y nos miró fascinada.

- Ahora entiendo lo que dicen los muggles sobre esto – soltó. La miré mal cuando no me quiso devolver mi cigarrillo y aspiró otra vez.

- ¡Alice! – reclamé.

- Edward, no seas mañoso. Acabo de darte una caja – me regañó Rose. La miré con cara de niño regañado y, resignado, saqué la cajita azul de mi bolsillo y tomé uno nuevo.

- Tienes que darme una de esas – soltó mi hermana sin contenerse. Todos se echaron a reír, y me les uní recordando que a mí habían tenido que convencerme de aceptar una.

- Como quieras – un minuto más tarde, Alice admiraba su nueva e inacabable provisión de droga mágica -. Chicos, creo que es sangre pura – dijo a los demás viendo la reacción de la duende.

- Haz un encantamiento de sangre – opinó Hermione -. Puedes saber quién de los vampiros es sangre pura, digo para prevenir de quiénes debemos cuidarnos – se pusieron a reír un momento y luego mi novia accedió a hacerlo.

- De acuerdo, pero en mi opinión aquí tenemos dos – nos apuntó sonriendo. Se levantó y besó suavemente mis labios -. Recuerden la tarea, Edward, Alice. Hasta las cuatro, si a esa hora no tengo sus pergaminos en mi escritorio olvídense de sus cajitas – la miramos angustiados -. Vayan, ahora.

Un minuto más tarde, Alice y yo estábamos de vuelta en la mesa de la cabaña con los demás vampiros, haciendo los deberes y con la cabeza en los bolsillos o, más bien, en nuestras provisiones.

Justo cuando creía que mi vida no podía ser más extraña, llega mi novia y nos entrega drogas mágicas a mi hermana y a mí. La verdad, no tenía la imperiosa necesidad de seguir fumando o aspirando que anunciaban los muggles, si no que únicamente era como un deseo, tan fácil de reprimir para mí como la sed de sangre después de saciarme por completo.

A las cuatro en punto, todos teníamos nuestros pergaminos en ordenados montones sobre el escritorio de mi cuarto. Solo estábamos Alice, Emmett y yo dentro. Escuchamos una discusión fuera cuando íbamos a salir.

- ¡Te digo que me dejes, Herms! – decía Rose en voz baja.

- Solo quiero que me expliques porqué…

- Podría hacerte la misma pregunta, ¿no crees? – el silencio de Hermione fue rotundo – Hablaremos cuando lo tenga claro, te lo prometo.

- Eso espero, hermana – unos pasos se acercaron a la puerta y todos fingimos estar haciendo otras cosas.

- ¡Hola! ¿Qué hacen ustedes aquí? – nos miró confundida y con una expresión de tranquilidad que casi me la creí.

- Vinimos a dejar los trabajos – Emmett señaló el escritorio -. Y te quería preguntar qué diablos les diste a estos dos que parecen estar en las nubes – mi novia solo rodó los ojos.

- Alguien dele uno – pidió. Agitó su varita y los pergaminos empezaron a revisarse solos.

- ¿Uno de qué? – preguntó enredado. Saqué mi cajita y le di un cigarrillo. Lo tomó desconfiado. Chasqueó los dedos como le dije y se lo llevó a los labios - ¡Joder, esto está buenísimo! – exclamó. Los demás nos reímos entre dientes.

- Creo que aquí tenemos otro sangre pura – comentó Rose. Asentimos de acuerdo.

Media hora más tarde, todos los vampiros estábamos reunidos en la cabaña del patio trasero. Frente a nosotros estaban los Malfoy (Rosalie, Draco y Narcissa), con mi novia en medio como heredera principal de su familia. Llevaban sus varitas en mano, y junto a Draco había una mesa con unos cuantos calderos humeantes.

Primero se acercó Alice y le hicieron beber de la poción, para luego realizar complejos movimientos de varita que terminaron sacando una luz azul de mi hermana.

- Sangre pura – declaró Narcissa. Sus hijos asintieron de acuerdo.

- No hay duda, madre – dijeron al unísono.

Así, fuimos pasando uno a uno. Resultó que Emmett, Rose, Jasper, Alice, Carlisle, Esme, Eleazar, Kate, Joham, Benjamín y yo éramos sangre pura, en mayor o menor medida. Pire, Senna y Kachiri eran lo que llamaron sangre sucia por el color rojo pálido, Nahuel y Zafrina mestizos "impuros" por el rojizo lila que obtuvieron y Garret un mestizo "puro". Los demás fueron declarados completos muggles gracias al rojo sangre que los rodeó.

- Verán, los muggles son los que no pueden hacer magia – aclaró mi Rose al finalizar con Joham, el último de la lista -. Los mestizos impuros son hijos de mestizos impuros, sangre pura y muggle, o mestizo puro y muggle. Los mestizos puros son hijos de mestizos puros, sangre pura y mestizo puro o impuro, o mestizo puro y mestizo impuro. Los sangre sucia o impura son magos hijos de muggles. Los sangre pura son hijos de otros magos sangre pura, nada más. ¿Está claro? – asentimos – Bien, ahora quiero que todos los que pueden hacer magia tomen este traslador – apuntó a una roca bastante grande, apoyada en el suelo a sus pies – y no lo suelten por nada del mundo.

Seguimos sus instrucciones, mientras ella y Draco tomaban la daga Black, y desaparecimos en un remolino de color con la sensación de un gancho tirándonos bajo el ombligo. Poco después, aterrizamos en una habitación en penumbras. Caímos al suelo, los Malfoy llegaron de pie y ni nos dirigieron la mirada.

- ¿Louis? – llamó él en voz alta.

De inmediato la habitación se iluminó con velas, mostrándonos un lugar amplio, lleno hasta el techo de cajas alargadas como la que contenía la barra de metal con la que nos nombraron magos o muggles. De entre unos estantes apareció un hombre entrado en años, de ondulado cabello castaño con algunas canas grises, de grandes ojos grises, pálido, alto y delgado, túnica verde y largos dedos acariciando una varita de madera clara.

- Los jóvenes Malfoy – musitó evaluando a los hermanos -. Me preguntaba cuándo volvería a verlos… ha pasado tiempo desde que me pidieron ayuda. ¿Han venido por sus amigos o requieren mis servicios como fabricante de varitas?

- Ambas, amigo – susurró Rose arrastrando las palabras. Su túnica azul ondeó cuando volteó y nos indicó acercarnos -. Necesito varitas para ellos.

- Ya veo – nos miró uno por uno -. ¿Mano de varita? – todos contestamos con lo correspondiente.

Unas cintas comenzaron a medirnos en casi todo el cuerpo mientras Rose y el tal Louis desaparecieron entre los estantes.

- Eleazar – llamó mi novia -. Ébano y fibras de corazón de dragón. Veinticuatro centímetros, flexible, excelente para transformaciones. Pruébala.

Él la tomó y la agitó en el aire. Unas cajas salieron disparadas y ella chasqueó la lengua, negando con la cabeza, y se la quitó de las manos. Dos segundos después, Louis le tendió otra.

Entre ambos se fueron paseando entre todos, haciéndonos probar diferentes varitas y en ocasiones arrebatándonoslas antes de que pudiéramos agitarlas.

Estuvimos horas ahí dentro, aguardando por una varita que nos escogiera. Finalmente, los 17 las conseguimos. Cinco minutos después, un grupo de alrededor de veinte chicos y chicas con las vestimentas de la Alianza de Hogwarts salieron de la trastienda.

- ¡Rose! – exclamaron, contentos. Ella sonrió suavemente.

- Sentimos el llamado de hace unas semanas, pero como nos ordenaron quedarnos aquí a cualquier costo… - comenzó un chico de cabello castaño. Ella agitó la mano, restándole importancia.

- Están todos a salvo, Colin, y eso es lo que importa. Obedecieron la orden más directa que les dio en años e ignoraron el llamado, que bien pudo ser de cualquier miembro de la Alianza o la Hermandad – replicó Draco -. Demostraron que su lealtad es hacia mi hermana.

- Lo dejamos en claro al unirnos, Draco – dijo un chico parecido a Colin, pero de menor edad -. Seremos leales al líder de la Hermandad.

- El Voto de las Águilas – murmuró el rubio sorprendido -. ¿En verdad lo hicieron?

- ¿Acaso tú no? – desafió el chico.

- Dennis, basta – cortó Rose -. El Voto es voluntario, no todos lo hicieron al unirse y, desde luego, mi hermano no pues la Hermandad no era completamente legítima.

- ¿Ya lo es? – saltó el hermano de Colin - ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Hablaste con Lord Malfoy? – ella se limitó a enseñar su anillo - ¡Wow!

- Trasladores a la de tres. Draco, guíales – ordenó mi novia -. Yo llevo a los vampiros.

Él hizo una corta reverencia y, hechizando una pluma vieja, se marchó. Fue seguido poco después por los otros veinte.

- Huellas mágicas – aclaró ella al ver nuestras caras de confusión -. Louis, amigo, ¿cuánto te debo?

- Con que derroten al Innombrable me doy por cobrado, Rosalie – el hombre sonrió y se fue a la trastienda -. Espero volvamos a vernos.

- Tenlo por seguro – murmuró.

Cinco minutos más tarde, estábamos en la cabaña del patio de mi casa, practicando magia con nuestras nuevas varitas bajo la tutela de Narcissa Malfoy y Charlie Weasley.


Listo, aquí lo tienen. Y está más helado que el Polo Norte (?)

Ahora, alguien (no recuerdo quién en este momento) me preguntó que qué pasaba con mis otras historias. Bien, la explicación fic por fic.

1.- El Vuelo del Águila: capítulo escrito, pero no termino de quedar conforme con él. De cualquier modo, ya tengo el siguiente a ése. En el que debería publicar son detalles que hacen que prefiera jamás volver a entregarles esa mierda (con perdón).

2.- Guerra de Inmortales: lo siento si no lo aclaré, lo cual es lo más probable considerando la cabeza que tengo, pero ese fic fue una idea del momento y quise compartir el prólogo para comprobar si valía la pena continuar la historia. Esa la comenzaré a publicar en condiciones en unos meses, cuando tenga una buena lista de capítulos listos (como hice con esta) y esté conforme con el resultado. Además, quiero esperar a que llegar al menos a la mitad de HdA y VdA antes de enfrascarme con otra. Igual que hice con Arcángel, vamos.

3.- Mask of Coldness: esto ya no es cosa mía. Iaruu tuvo un pequeño bloqueo y tampoco queda conforme con el resultado que tendría que enviarme para corregir y subir. Hablaré con ella, tranquilos, pero no prometo nada. Después de todo, no es mi historia... estrictamente hablando.

Eso sería. Lamento haberlos molestado con este parloteo que no venía al caso, pero tenía que explicar mis razones para no actualizar...

OK, dejo de hacer el payaso.

Política de actualización: si recibo un comentario al capítulo nuevo antes de tres días desde la publicación del mismo, esperaremos al plazo. Si ya ha pasado, me apareceré tan pronto como me sea posible.

Nos leemos!

Ayla Hale Potter

PD: recuerden que contesto los comentarios y les regalo una idea de lo que se viene. Y no, no estoy comprando reviews. Tan solo me dieron ganas de contestar a sus lindos comentarios después de hablar con mis Sis.