Disclaimer:Kagerou Project, Mekaku City Actors y Kagerou Days/Daze no nos pertenecen, pertenecen a Jin. Los OC's si nos pertenecen (Puko Yikamina, Takou Amamiya y Yaruko Hakai).

Advertencias: Posible OoC, mucho spoiler y muchas confusiones (puede que haya algún Flashback).


Capítulo 9: La Melodía del Recital.

Kenjirou y Ayano estaban en la azotea de la escuela, sin decir ni una palabra. Poco después llegó Omega, recién denominada Hakai.

—¡Estás equivocado! —comenzó Ayano. Kano estaba escuchando todo al otro lado de la puerta.

—Tienes una forma muy fea de decir las cosas —respondió Alfa, en el cuerpo de Kenjirou—. Me estoy esforzando mucho para cumplir los deseos de este tipo, ¿sabes? —Y puso una mano sobre la cabeza de Hakai, quien miraba inexpresivamente a Ayano—. Hasta deberías agradecérmelo.

—¡No! ¡Papá no desearía que murieran! —replicó Ayano, furiosa—. ¡Nunca intentaría matar a Takane, ni a Haruka, ni a nadie de nuestra familia!

—Cierto, él no desea eso —dijo Kenjirou—. Pero vosotros, los humanos, no dejáis de sorprenderme. Aunque eso es positivo —Cerró ambos ojos y luego abrió solo el derecho.

—Los deseos no siempre funcionan como nos gustarían niña. Además todos los deseos conllevan sacrificios —replicó Hakai, sin parpadear ni un segundo—. Y antes de que digas nada más, tengo más años que tú, tu padre, tu madre, tus hermanos y tus amigos juntos.

—Nosotros somos el poder de cumplir los deseos —dijeron Kenjirou y Hakai a la vez, sonriendo—. Y nosotros, como poder, podemos existir porque él desea algo.

—Mientras yo no vaya a desaparecer, no me importa nada más —terminó Kenjirou solo.

—Yo he "nacido" a partir de la serpiente principal, él, por lo cual, mi poder no es ese, pero a la vez si lo es —completó Hakai—. Si él no existe, yo tampoco. Si él vive, yo también. Si él muere, yo también.

—Los sentimientos, las vidas y los ideales de las personas… Frente a los deseos, eso no tiene en absoluto valor —dijo Kenjrou—. ¿Lo entiendes?

—Estáis locos… —murmuró Ayano.

—Él es mi Maestro, debo seguirle en todo lo que haga si no quiero desaparecer —respondió Hakai, aun sin cambiar de expresión.

—Ambas me honráis con esas palabras —respondió por su parte Alfa (Kenjirou)—. ¿Y qué piensas hacer tú? No creerás que conseguirás algo diciéndome "no mates a nadie, por favor", ¿no? Por muy tonta que seas, eso sería demasiado estúpido.

—Tengo una estrategia —respondió Ayano, sonriente.

—¿Sí? ¿Cuál? —preguntó el mayor.

Ayano caminó hacia atrás lentamente, dirigiéndose al borde del edificio. Parecía muy decicida por lo que iba a hacer.

—Si no se juntan todas las serpientes de este mundo, no se cumplirá el deseo de papá, ¿no? —preguntó.

—No, supongo que no —respondió Kenjirou, poniendo de nuevo una mano sobre la cabeza de la niña, que no había vuelto a decir nada—. Devolverle la vida a los muertos no es algo tan fácil de hacer. La presencia que controla a todas las serpientes es imprescindible.

—Pues entonces —Ayano cerró los ojos y se situó en el balcón. Con inclinarse un poco se caería. Sujetó su bufanda con fuerza—. Si yo consigo uno de los poderes de las serpientes y no vuelvo desde el otro mundo, ¿qué pasará?

—Tú… —murmuró Hakai, pero quedó ahogado por el sonido del viento.

Kano salió de su escondite y corrió hacia Ayano.

—¡No lo hagas, Ayano! —exclamó.

—Shuuya…

—¡No digas cosas raras! —gritó Shuuya, intentando evitar lo inevitable—. Dijiste que… ¡Dijiste que estarías siempre con nosotros!

Él podría ser alguien perfecto para empezar —pensó Hakai, sonriendo.

—Vamos, deja esas tonterías —dijo Kenjirou, inclinándose—. Sabes lo que pasará si haces eso…

—No tiene sentido seguir con un plan que sabes que no tendrá éxito —replicó Ayano, interrumpiéndolo—. Así que ya no tendrás motivo para matar a Takane, Haruka y a mi familia, ¿verdad?

Las serpientes de Azami aparecieron tras ella. Kenjirou la maldijo.

—Maldita…

Ayano estiró la mano hacia el portal que llevaba al Daze. Sonrió.

—Atrae a aquellos que mueren, ¿verdad? —preguntó.

—¡Detente! ¡Ayano!

—Lo siento, Shuuya. Soy bastante penosa —dijo con una sonrisa triste mientras lloraba—. Tengo algo de miedo…

Y se lanzó. El chico intentó cogerla, pero no sirvió de nada. Antes de caer, Ayano vio la sonrisa de Kenjirou y la de Hakai. Se reían por su sacrificio inútil. La chica abrió mucho los ojos.

Y una serpiente la devoró, para llevarla al Daze. Cuando la serpiente finalmente desapareció, Hakai extendió los brazos, con las manos extendidas.

—Portal… ¡Conectado! —Cerró sus manos, formando dos puños—. ¡Envío efectuado! Portal sellado. Listo, Maestro.

Kano se llevó las manos a la cara y, componiendo un rostro terrorífico, gritó hasta que se quedó sin voz.

—Aunque nunca pensé que terminaría así, fue menos espectacular de lo que esperaba. Aun así, estos tipos me dejan completamente escandalizado.

—¡Maldito! —gritó Shuuuya, corriendo hacia él mientras activaba sus poderes involuntariamente. Lo agarró por la bata y comenzó a zarandearlo—. ¡Te mataré, te mataré, te mataré!

—Oye, oye, tú también debes entenderlo después de ver lo de antes, ¿no? —preguntó Kenjirou.

—Que chicos tan ruidosos —comentó Omega (Hakai).

—Yo soy quien mantiene a tu padre con vida. Así que no digas que vas a matarme —Kenjirou sonrió con maldad mientras Shuuya caía al suelo.

—Maldición… ¡Maldición!

—… Maestro, él parece interesante, ¿me lo puedo quedar? —preguntó Hakai, hablando de Kano como si fuera un simple juguete.

—Bueno, él podría ayudarte a que la niña entre en aquel sitio. De todos modos, el plan ha fracasado por culpa de ella. Si no se pueden reunir aquí todas las serpientes, no puedo devolverle a su esposa. ¿Qué hacemos ahora?

—Pues… Pues entonces no hagas nada —respondió Shuuya, aún desde el suelo—. Al menos, devuélveme a mi padre.

—Sí, claro. ¿Crees que se acabó? —preguntó Hakai. Kenjirou se agachó y le sonrió con maldad—. Estúpido.

—Pero antes dijiste que no puedes devolvérsela...

—Exacto. Ahora mismo, ya no puedo devolvérsela en este mundo.

—¿Qué estás dicien…?

—Solo hace falta crearlo todo otra vez —respondió esta vez Hakai— desde el principio, como siempre.

—Ya sé, ¿por qué no finges ser su cadáver? Es tu especialidad, ¿no? —preguntó Kenjirou.

—¡Tú…!

—No te equivoques. Yo soy quien os deja vivir a ti y a tu familia —lo agarró por el cuello—. ¿Quieres ver cómo matan brutalmente a tu familia? No, ¿verdad? Escúchame bien. Hagas lo que hagas, tu destino no cambiará. No lo olvides, si no quieres que toda tu familia muera antes de tiempo —Y, dicho esto, Hakai y Kenjirou se marcharon.

·

Takane y Haruka estaban encerrados dentro del tanque. Kenjirou, gracias a Kano, había logrado capturarlos. Y Kenjirou estaba muy contento.

—Muy bien hecho. Bueno, ya aparecerá la del espíritu. No puede resistirse al instinto de unirse con la "Reina".

—… —Kano no dijo nada, pero estaba realmente muy triste.

—Ah, por cierto, ahora estáis viviendo en otro lugar, ¿verdad? Bien. Te contaré. Yaruko Hakai es una niña a la que intenté hacer lo mismo que a estos dos para conseguir una de las serpientes, pero algo salió mal y el cuerpo quedó vacío —mintió Kenjirou..

—Entonces, la niña que te acompañaba la otra vez…

—Era realmente mi otra mitad —continuó—, pero no tenía cuerpo, así que le presté el de la niña. Sin embargo, parece que la conciencia de la Yaruko Hakai seguía en su interior, por eso Omega solo se manifiesta de noche, como yo. Aun así, la niña obtuvo el poder de "Destruir la Mirada", que era el que intenté conseguir con ella al principio.

Además, como Omega está en su interior, sus recuerdos se borraron y solo recuerda su nombre y que ha matado a su primo, algo que es cierto.

—¿A dónde quieres llegar?

—Ahora mismo, esa niña está en un callejón, asustada y sola. Quiero que la lleves a vuestra "Brigada". Ella posiblemente te lo explique todo. Y algunas cosas más, por supuesto. Si me entero de que le ha pasado algo malo, por mínima cosa que sea... Te arrepentirás. Tú, y ellos —terminó señalando al tanque.

·

En la sala sólo estaban Kido, Kano y Hakai, dormida en el sofá y apoyada en Kano. El chico se había dado cuenta de que era una niña realmente asustadiza, siempre tenía que estar con él, si no se ponía nerviosa, pero, por la noche, se iba con su "Maestro", pues se convertía en Omega.

—Oye, Shuuya —dijo Tsubomi, llamando a su compañero.

—¿Qué? ¿No deberías llamarme Kano? Nuestros nombres en clave, ¿recuerdas?

—S-Sí… Y… ¿Seguro que hicimos bien al irnos de aquella casa? —preguntó la de cabello verde—. ¿No se sentirá solo papá?

—Pasó algo terrible por culpa nuestra —respondió su compañero, su hermano—. No podemos traerle más problemas.

La chica comenzó a llorar y el chico se arrepintió de sus palabras.

—¡Vamos, no llores, no llores! —exclamó—. Esta vez Seto traerá a esa chica, ¿no? Se sorprenderá si te ve llorando. Y, ¿te imaginas que Hakai estuviera despierta?

—¿Uh? ¿Kano? ¿Qué pasa? —preguntó la niña, desperezándose.

—N-Nada, nada…

—E-Es verdad, lo siento.

—¿Crees que podrás seguir usando esa forma de hablar? —preguntó Kano, de nuevo. Hakai estaba dormida otra vez.

—Sí —respondió Kido, sonriendo—. Decidí que me haría fuerte y os apoyaría. Si no empiezo por cosas así, siento que cederé.

—¡Pues a partir de hoy, tú serás la Líder que nos apoye a todos, Kido!

—¿Líder?

—¡Sí! —exclamó Kano, muy animado—. Serás la Líder de una organización secreta que no perderá ante nuestros poderes y que descubrirá los secretos de los mismos. ¿No suena bien?

—Y-Ya no somos niños…

—¡Me pareció que te alegraste un poco! —exclamó de nuevo Kano—. Pero después de los nombres en "clave", ¡necesitamos un nombre para la organización! Veamos… ¿Cómo se llamaba? Aquella organización secreta que teníamos de niños…

La puerta se abrió y por ella entró Seto, con una chica a su espalda.

—¡Ya estoy aquí!

—Aquí está —dijo Kano, sonriendo.

—Ho-Hola… —murmuró la pequeña albina tras el chico. En comparación con la "rana gigante", la chica parecía algo pequeño e insignificante, pero su largo cabello la hacía parecer un poco más grande.

—Ya me acuerdo —dijo Kano, tras meditar durante un tiempo—. ¡Bienvenida a la Brigada Mekakushi!


·Años más tarde·

Kido y Momo perseguían a Hibiya, que seguía corriendo por las calles.

—¡Deja ya de seguirme, anciana! —gritó el niño, cansado de tanto correr.

—¡Te dije que no soy… —Y con una fuerza sacada de quién-sabe-dónde, Momo dio un salto increíble, para caer justo encima del niño.— … ninguna anciana!

—¡Suéltame! ¡Que me sueltes! —siguió gritando el niño. Kido apareció detrás suya y suspiró por la carrera.

—¡No, no te soltaré! ¡Te volverás a escapar si lo hago! —replicó Momo.

—¿No podrías al menos escuchar sobre lo que queremos decirte? —preguntó la Líder.

—¿Qué dices? —Hibiya estaba furioso, definitivamente, ese no era su día—. ¡¿Aunque me dijeran que Hiyori no se salvará?!

Y así, siguió intentando soltarse.

—No te equivoques —Kido lo miró aún más fijamente—. No dijimos que no hubiera posibilidades de salvarla, dijimos que no sabíamos cómo hacerlo.

—¡Es lo mism-…!

Pero Hibiya se vio interrumpido por los pasos de un chico, que acababa de salir de callejón. El niño se quedó mirándolo embobado. El que acababa de salir del callejón los miró con confusión y luego compuso una sonrisa nerviosa, mientras se alborotaba el cabello a la altura de la nuca.

—Eh, perdonad, estaba buscando la casa de una amiga de mi hermano y me per-… —Él se fijó en Hibiya y en Momo y se sorprendió enormemente.—. ¡¿Hibiya?! ¡¿Momo?! ¡¿Qué hacéis aquí?!

—¡Eso deberíamos preguntarlo nosotros, Takou! —exclamaron ellos dos.

—¿Os conocéis? —preguntó Kido—. El mundo es un pañuelo.

—¡Sí! —dijo el chico—. Ella era una antigua compañera de la escuela. Vaya, ha pasado tiempo, ¿eh, Momo?

—Sí…

Sin previo aviso, los ojos de Takou se volvieron rojos y, antes de que a cualquiera le diese tiempo de decir nada, Kido empezó a mirar a su alrededor, extrañada. El resto la miró más extrañado aún.

—¡Maldita sea! —Takou se tapó los ojos con las manos y en unos segundos volvieron a su color café.

—Momo, ¿dónde estamos? ¿Ese chico no estaba en la base? ¿Y no os iba a explicar lo de los ojos?

—¿E-Eh? Líder, eso nos lo has explicado hace una hora, más o menos… —respondió Momo, confusa—. ¡¿Qué le has hecho, Takou?!

—B-Bueno… No sé cómo explicarlo, es un poder que tengo desde hace bastante tiempo, que hace que las personas olviden lo que les ha pasado una hora antes. Normalmente lo tengo controlado, pero esta vez… Bueno, se recupera en unos minutos o en unas horas, depende…

—A-Ah…

—Y dime, ¿qué haces encima de mi hermano?

—¡¿Él es tu hermano?! —preguntaron Momo y Kido al unísono.

—Em… Bueno, sí. No creo que sea adoptado.

—¡Oye, anciana! ¡Suéltame! —replicó de nuevo el niño.

—E-Está bien.

Momo se levantó y se situó junto a Kido. Hibiya hizo lo mismo, pero con Takou. Los cuatro estaban algo confusos.

—Has alcanzado una gran fama Momo —La chica se ruborizó—. ¡Y tú, enano! ¡¿Qué haces fuera de casa de Hiyori a estas horas?!

—Es que… Verás… Hiyori… —Después de explicarle lo que llevaba tanto tiempo pasándole a Hiyori a él, por fin entendieron—. Ellas dijeron que me ayudarían a encontrarla… Que hay una forma de salvarla…

—Ya veo. Entonces, tenemos que ponernos a ello, ¿no? Bueno, en cuanto ella lo recuerde —señaló a Kido, que seguía preguntándose qué hacía allí.

—Bueno… Entonces… ¡Uníos a la Brigada Mekakushi! —exclamó Momo.

—¿Qu-Que clase de organización sospechosa es esa? —preguntaron Takou y Hibiya al unísono, ambos escondiendo el rostro angustiado entre sus manos.

—Kisaragi, no entiendo nada, pero cállate un momento. Complicarás las cosas.

—¿Por qué, Líder? —preguntó la Idol.

Los hermanos suspiraron. Acercándose a ellos, se escuchaban muchos pasos por ambos lados. Parecían un grupo organizado, pues vestían igual y caminaban como zombis. Los cuatro se agruparon en el centro de la calle, intentando escapar.

—Líder, ¿esa gente no está viniendo hacia nosotros? —preguntó Momo, nerviosa.

La gente, quienes por cierto llevaban el mismo uniforme, comenzaron a correr hacia ellos. No tenían escapatoria. Y los capturaron.

·

Hibiya cayó al lado de Kido y ella lo ayudó a levantarse. Takou estaba a punto de levantarse para ayudar a Momo.

—¡Suéltame! —gritó Momo, intentando liberarse—. ¡Te dije que me sueltes!

Tiraron a Momo sobre Kido, finalmente. Ninguno de los cuatro sabía que estaba pasando allí y aquellas personas no decían nada.

—¿Qué pretenden? —dijo Kido, mientras ayudaba a Momo.

—Ah… ¡Yo ni siquiera sé que hago aquí! ¡Hibiya! ¡¿Por qué no puedes tener una vida más normal?! —le preguntó a gritos Takou a su hermano.

—¡No es culpa mía que le pasara eso a Hiyori ni que te echaran de casa! —gritó Hibiya como respuesta. Momo y Kido se levantaron.

—Espe… ¡¿A dónde van?! —preguntó una muy enfadada Momo, mientras cerraban la puerta. Ella corrió hacia allí—. ¡Oigan! ¡Sáquennos de aquí! ¡Oigan!

—Son los que intentaron secuestrarnos a Hiyori y a mí —dijo Hibiya en el suelo.

—Esto no es bueno —dijo Kido, sin embargo, parecía muy tranquila—. Si pudiéramos comunicarnos de alguna forma con el exterior…

—Ah… Siempre acabo mal… Si tuviera uno de esos poderes, ¡sería el de la mala suerte! —gritó Takou de nuevo y se sentó en el suelo, resignado.

—¿No te das cuenta de que tú tienes un poder o qué? Me borraste la memoria hace una hora, más o menos. Menos mal que el efecto ya ha pasado… —dijo la Líder, suspirando.

—Nos quitaron los móviles… —dijo Momo, volviendo a donde estaban ellos—. Y aunque gritemos, estando dentro de un edificio…

—¡Maldición! ¿Por qué me pasa esto? ¡Tengo que ir rápido a salvar a Hiyori…! —Su hermano le tocó el hombre e hizo algo que nunca había hecho: Lo abrazó.

—Tranquilo —Lo soltó—. Nunca volveré a hacer eso.

—Hibiya…

Momo se acercó al niño mientras este y su hermano la miraban extrañados, y se agachó, sonriendo.

—Oye, esa chica llamada Hiyori es tu amiga, ¿no? —preguntó.

Takou y Hibiya estaban confusos, no sabían a donde quería llegar. El segundo respondió.

—Sí. ¿Por?

—¿Te gusta? —Los hermanos tuvieron un momento en el que su cerebro quedó "Loading…", y luego reaccionaron. El mayor tuvo un ataque de risa y el menor sólo lo rechazó.

—¡¿Po-Por qué dices eso?!

—¡Entonces tenemos que salir de aquí lo más rápido posible! Tengo un plan, pero depende de nuestros poderes… Si uno de nosotros está en apuros, me da la sensación de que puedo hacer algo grande.

·

—Líder, ¿hasta qué distancia puedes hacer las cosas invisibles? —preguntó Momo, palpando el cristal.

—Pues… Nunca lo he probado con todas mis fuerzas… Pero creo que si es un espacio consecutivo, como un edificio, será más fácil —respondió Kido.

—¿Qué pretendes, Momo? —preguntó el mayor de los cuatro, desconfiando de la Idol.

—Entonces —comenzó Momo, ignorando completamente a Takou—, ¿podrías hacerme más difícil de detectar en este edificio?

—Entiendo —exclamó Kido—. No sé hasta dónde podré llegar, pero intentémoslo.

—U-Un momento, ¿qué van a hacer? —preguntaron los hermanos al unísono.

—¡Voy a cantar un poco! —exclamó Momo, sonriendo y guiñando un ojo.

·

—Tenemos que conseguir que nos oigan desde fuera del edificio, pero no desde dentro, ¿no? —Los tres asintieron—. Yo tampoco he usado mis poderes en serio.

—Hazlo con todas tus fuerzas. Yo te detendré con todas las mías —dijo Kido.

—E-Espera… ¡Eso no tiene ningún sentido! —exclamó Takou—. Pero a ver si consigues que Hibiya se anime un poco con eso de que eres una Idol y tal...

Momo y Kido asintieron.

·

¡Tengo que terminar, tengo que terminar, tengo que terminar! ¡Maldición! ¡No lo lograré a tiempo!

La serpiente, quien se había unido al fin con su cuerpo humano, estaba en el Daze, preparándolo para que a las serpientes de los chicos se les otorgara el máximo poder, gracias a a ayuda de sus familiares, amigos y demás. A pesar de estar en aquel mundo creado por la medusa original, mantenía su cuerpo humano, pues ya se había acostumbrado a él.

Había dos relojes tras ella, cronometrando una marcha atrás. El primero era un reloj de arena, realmente grande, relleno de arena blancuzca, y el segundo era digital, y cronometraba los minutos y segundos (ahora sólo segundos, pues faltaba realmente muy poco) que faltaban para que todo empezase. Las decisiones que tomaran los chicos a partir de ahí, decidirían el final.

Chicos... ¡Ánimo! ¡Listo!

Dos pares de ojos se volvieron rojos. Y una canción comenzó a sonar por toda la ciudad, por cada rincón, gracias al aumento de poderes que les estaba dando Omega desde el Daze.

—¡Necesito vuestra ayuda para darles el máximo poder posible a Momo y a Tsubomi! ¡Kido, necesito tu ayuda! ¡Kisaragi, también!

—¡Sí! —exclamaron el padre de la Idol y la hermana de la chica fantasma.

Omega…

—¡No podrás detenerme, Maestro! ¡He cortado la comunicación con el Daze!

Aun así… Puedo hacer esto…

—¿Eh? —Una masa negra se dirigió hacia ella. Omega sabía que no aguantaría mucho, pues sus poderes estaban débiles después de usarlos para aumentar los de la Brigada, así que, antes de que su Maestro la arrastrara fuera del Daze, dejó todo preparado para que el mundo creado por la medusa siguiera dándoles poderes a los chicos.

Así que me traicionaste… Vas a lamentar esto…

—Chicos, espero que consigáis lograrlo… —Y su Maestro la arrastró a la oscuridad.

·

Kano y Seto estaban saliendo del cementerio cuando empezaron a escuchar la voz de la Idol. Y parecía que estaba usando su poder al máximo

—Esta voz… ¡Es la de Kisaragi! Y si viene de ahí… —comenzó Seto.

—Parece que sí que las llevaron, ¿no? —terminó Kano—. Esto es típico de Kisaragi…

—Pero su voz anima a cualquiera. No me esperaba menos de una Idol. ¿Vamos a salvarlas?

—¡Por supuesto! —exclamó Kano. Seto nunca lo había visto tan animado.

·

—¡¿Por qué tengo que correr por aquí nada más recuperar mi cuerpo?! —gritó Takane, quién, en realidad, le encantaba poder correr al fin—. ¡¿Qué demonios es este sitio?! ¡¿Un laberinto?! Me pareció oír la voz de Momo por arriba… ¡Pero… ¿Por dónde subo?!

Se detuvo un momento y comenzó a patalear en el suelo, para luego seguir corriendo.

·

Konoha caminaba con Mary subida a su espalda y con Puko agarrada a su mano izquierda. Mary sólo parecía un poco asustada por la cantidad de gente. Puko parecía verdaderamente asustada, pues odiaba las multitudes. Konoha, como siempre, mostraba su rostro inexpresivo.

—Cuánta gente… ¿Creéis que podremos seguir? —preguntó Mary.

—Sí, estoy bien. Sujetaos con fuerza —respondió Konoha y apretó fuerte la mano con la que había agarrado a la pelirroja. La pequeña medusa se agarró a su cuello.

—Espera, ¡¿qué vas a h-…?! —Puko estaba a punto de reclamarle, pero no tuvo tiempo.

Los ojos del albino se volvieron completamente rojos y, como si nada, con un salto salió prácticamente volando.

—¡Aaaaaaah! —gritaron las chicas, sorprendidas.

¿Quién quiere un E.T. cuándo tienes un Konoha? —Puko pensó que ese sería un buen anuncio de televisión.

·

A la carrera de Takane se le unieron Kano y Seto.

—Oye, ¿sabes a dónde vas? —preguntó Shuuya. Y Takane sonrió.

—Al final vinieron, ¿no? —Continuaron corriendo, pero ahora todos sonreían.

—Digamos lo que digamos, siempre terminamos juntos —contestó Seto.

·

—Momo, parecías una Idol… —murmuró el pequeño de los Amamiya. Su hermano se pasó la mano por la cara.

—¿Aún no lo has entendido, tonto? ¡Es una Idol! ¡Te está animando un Idol! Eres bastante desagradecido, eh…—dijo su hermano, palmeándole la espalda. Momo se acercó a Hibiya, que seguía en el suelo.

—¿Verdad? ¿Te animaste un poco? —preguntó Momo sonriendo y él asintió sonriendo también.

En ese momento se abrió la compuerta de cristal y tras ellas aparecieron tres personas, dos con el cabello blanco y una con el cabello rojo.

—¡Mary! ¡Puko! ¿Y quién está a vuestro lado? —preguntó Momo.

—¡Un amigo! —respondió Mary sonriendo.

—Yo no sé qué hago aquí… —Puko miraba desorientada a su alrededor.

—¡Ahí están! Por aquí, por aquí —La chica de coletas y cabello negro había llegado de repente, sin que ninguno se diera cuenta. Kano y Seto aparecieron por detrás.

—¿Por qué tienes tanta energía? —preguntó el mentiroso a Takane.

—También están Kido y los demás. —Seto apareció por detrás, bastante feliz.

—Chicos… —Kido se reunió con ellos.

—Esto es… —comenzó Hibiya, mirándolos desde el suelo.

—No lo entiendo… —respondió Takou, más confundido aún.

—¡Bienvenidos a la Brigada Mekakushi! —gritó Momo, mientras extendía los brazos.

·

Shintaro subía las escaleras que le llevarían hasta su amiga Ayano. Agradeció mentalmente a Hakai por ponérselo tan fácil, aunque hacía tiempo que no notaba su presencia en el Daze.

Ayano miraba fijamente al suelo. Estaba realmente triste, porque ahora sabía que su sacrificio no había servido de nada. O eso creía ella.

—Sigues llevando la bufanda pese al calor que hace, ¿no? —preguntó Shintaro. Ayano lo miró sorprendida—. "El rojo es el color de los héroes", ¿verdad? Tardé bastante en venir, lo siento. Ya no tendrás que luchar sola.

Shintaro caminó hasta quedar frente a su amiga. Y la miró seriamente, mientras ella lloraba.

—Todos te están esperando. Hasta Hakai, aunque sé que se va a enfadar si no la llamo Omega. Qué estúpido...

Shintaro sonrió mientras ella se secaba las lágrimas.

—Vayamos juntos.

·

Haruka estaba tumbado sobre la misma cama en la que tiempo atrás, Omega se había despedido de él. Ahora mismo, sus dos amigos, Shintaro y Ayano estaban frente a él.

—Cuánto tiempo sin vernos —Haruka, por consecuencia de su enfermedad, estaba aún tumbado en la cama, con cientos de tubos conectados a él—. ¿Qué hacéis aquí?

—Vinimos a buscarte —respondió Shintaro.

—¿Qué está haciendo mi yo del otro mundo?

—Es muy buen tipo —respondió de nuevo Shintaro—. Está intentando cumplir tus ideales. Solo que...

—Sí, qué pasará con él si lo consigue, ¿no? —terminó Haruka—. Lo sé. Ya no me queda mucho tiempo. No llores, Shintaro. Si lo haces, yo también me pondré triste.

Se incorporó.


Ryhen: Jeje~… Os voy a dar el desenlace más épico de la historia (Ok, no).

Aquí hemos visto que he metido algunos diálogos más… Pues, bueno, es para que sea más emocionante, jeje~ (PD: ¡Por fin aparece Takou! Ya era hora…) El próximo capítulo lo subiré el próximo Viernes... Creo.

Gracias al anónimo por el review~

Por cierto, la última parte de este capítulo lleva más tiempo escrita que yo que sé…

Bueno, espero que os haya gustado y que sigáis leyendo, kukuku~


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