Capítulo 11.

Él la miro sorprendido por sus palabras, por su vehemencia al decirlas y por los gruesos lagrimones que resaltaban por sus mejillas. Conmovido hasta lo mas profundo de su alma, el corazón de Terrence se expandió dentro de su pecho. Sin hacer caso a sus palabras. La abrazo fuertemente acaricio su pelo rubio y rizado en perfectos roletees, besando sus mejillas, absorbiendo sus lágrimas. Terrence se preguntaba si ya había llegado la hora de decirle la verdad a Candy...

Hacía poco más de cuatro años había colgado la corbata de Donjuán pensando que se quedaría en el armario por mucho tiempo. Incluso sabiendo que no era un matrimonio por amor. Deseando que su matrimonio funcionara, había puesto todo de sí mismo. Puso todas sus esperanzas en esa unión, al final, solo había resultado ser una epifanía, cuando la niebla de la pasión se había disipado. A partir de ese instante, comenzó a verlo todo con una claridad, que le había abofeteado en medio de la cara y sacudido hasta los cimientos. No sentía nada por su mujer. Ni siquiera un mínimo de respeto y eso se agravó cuando comprendió lo ciego que había estado al aceptar como esposa, a alguien más interesado en, dinero y poder, que en formar una auténtica familia con él. Pensándolo con más calma, recordaba el motivo por el que se había precipitado tanto, solo lo hacia más miserable, por seguir las ordenes de su padre que de no cumplirlas, le hubiese arruinardo la vida. Recordaba, incluso, haber conocido a Candy por el tiempo en el que la ruptura en su matrimonio fue visible. Necesitaba un entretenimiento, alguien con quien pasar un buen rato sin poner en riesgo su matrimonio pero no era su esposa quien le preocupaba, sino su hijo que sin nacer ya podia perder, y la mujer para su travesia era la mesera del bar. La primera vez que la había visto, ella le parecía demasiado inocente para trabajar de mesera y no se habia equivocado, llevaba un vestido verde petróleo con el que resaltaba la palidez de su piel y un bonito cuerpo. Sus rizos rubios volaban al viento mientras apresuraba el paso, casi corriendo, por las mesas para llevar pronto un montón de bebidas. Él pensó que era de alguien, que tenia a alguien, porque una muchacha tan joven y risueña no podía estar en aquel mundo sola. Se dijo que no era posible. Ella ni siquiera se había dado cuenta de él. Molesto se hubo ido del bar nocturno, pero entonces la volvió a ver unas semanas después, pero la sorpresa fue ver con quien estaba ella. Sophie Sanders la secretaria y amante de su mejor amigo y socio. Tenia que regresar a Inglaterra y olvidarse de Ella. De la mesera. Definitivamente.

Pronto se daría cuenta de que todos los caminos que eligiera para alejarse, lo único que conseguirían sería acercarse más a ella. Tenía que hablarle. Tenía que tenerla. Mientras se divertía con algunas mujeres pasaron meses y la rubia estaba en su cabeza todo el tiempo, pensaba que solo era cuestión de tenerla una noche en su cama. Cuando con un negocio por concretar y el cual tenia un plan que nopodía fallar con un movimiento bien planeado pudo volver a America. Después de cerrar el negocio de publicidad con su empresa, sabía que necesitaba alejar a Sophie de la rubia y por suerte salió el viaje a España. Él nunca había faltado a un asunto de inversiones, pero en ese momento, conocerla y tener a la mesera era su prioridad. Cuándo volvió a verla, tan bella, incluso más de lo que él la recordaba. Solo había ayudado a seguir con su plan. Con dinero hubo conseguido su nombre, edad y dirección. Candy White de veintitrés años.

Al llegar al lugar donde ella vivía, algo no estaba bien. Sin esperar se adentro a su casa. Jamás se imagino que al entrar a su mundo. No volvería a salir de el. Sus ojos se encontraron. Entonces quedo atrapado de esas dos bellas esmeraldas. Y la respuesta de su cuerpo fue instantánea, voraz. Se construyó en su interior como un agujero negro que comenzó a drenar todo pensamiento de su cabeza. Salvo, ella.

Casi cumplió su plan inicial, pero Sophie descubrió lo desgraciado que él era. Y cuando por fin lo tubo. cuando por fin fue suya. Ya no pudo separarse de ella, Candy era de él. Solo suya y de nadie más.

«La chispa había sido instantánea e innegable porque estaba seguro que ella también había sentido lo mismo»

Remover sus recuerdos había sido una terrible idea. Terrence había trabajado incansablemente para que su futuro fuera completamente diferente al que habían tenido, primero su abuelo, y más tarde su padre. No lo hubo conseguido de todo, ahora estaba en juego su hijo, solo un error y perdería a su primogénito, su empresa, y su reputación. Era cuestión de un día, o dias más, solo eso y él ganaría el juego. Tomando la decisión de no decirle a Candy nada de lo que ha pasado, era lo mejor, por lo menos por el momento, por que quería decirle cuando fuera completamente libre y pedirle una oportunidad para ellos,

Aparentemente Sophie no le habia dicho nada a Candy. de lo que ha pasado todo este tiempo, lo cual es extraño cuando la mujer siempre corría a decirle santo y seña de él. Definitivamente lo mejor era esperar un par de días más.

—¿Te preocupa mucho lo que Lisa pueda pensar o decir?.

—¿Tú que crees?— expresó ella.

Un intenso nudo de angustia y dolor atenazaba su garganta y le impedía hablar. Por fin, unos segundos después consiguió continuar—: ¿Acaso hace más de dos años no me importó?. Pero eres un hombre egoísta que solo espera que el mundo se rinda ante ti y te sirva de rodillas.— ¿Crees que es mi plan de vida es ser tu amante?.

— Debería y a la única que quiero de rodillas es a ti. — Le soltó él con sinceridad.

El teléfono sonó y, Terrence jurando por lo bajo se levanto de encima de ella.

Por mucho que no quisiera reconocerlo, le supo a abandono, y tuvo una sensación creciente de tristeza e impotencia.

Él agarró el móvil y antes de contestar y salir de la habitación le dijo: — Aunque preferiría tenerte desnuda todo el tiempo en mi cama, tenemos una cita. Asi que levánta tu bonito trasero pecosa y metete a la ducha.

La rabia, la tristeza, el tono irónico y sarcástico de sus palabras, Todo hizo que Candy no solo se sintiera sucia si no que se sentía usada, como una esclava sexual.

No... ella no era del tipo de mujer que se inmiscuiría en un matrimonio. Solo había deseado no haber sido tan tonta como para creer que entre ellos había surgido una esperanza. Tenía que olvidar todo lo que había compartido con el hombre, olvidar lo bien que parecían compartir los silencios que no se volvían incómodos. Olvidar las noches compartidas y las miradas furtivas. Sí, el hombre que le había hecho perder la cabeza al colocarse en su camino. El se había divertido envolviendola con mentiras. ¡Como nunca antes!. Y así como se había divertido, sus sueños románticos también se habían roto. Estaba enojada, peor que eso estaba furiosa, y ella no iba a seguir su juego. Tenía que encontrar la manera de salir de esa casa. ¿Pero como?. Quería odiar a ese hombre, que con una mirada la desarmaba y la lastimaba.

Una hora después. Candy seguía en la cama desnuda, triste, furiosa, y maldiciendo a Terrence de no tener ropa. Ahora lo único que debería ocuparse era de no volver a enamorarse de él ¿volver? ¡¿Enserio Candy?!. Lo cierto es que nunca había dejado de amarlo. Probablemente el karma la perseguirá en las próximas tres o cuatro reencarnaciones.

La puerta se abrió para dejar entrar a su verdugo, la mirada que le dio. Le paralizó el corazón. Estaba enojado, quizás estaba furioso.

— Te dije que te levantarás y te metieras a bañar.

— No pienso ir a ningún sitio con tigo, preferiría que me dejaras en paz. Y para siempre.- Le espetó envalentonada,

— Ya veo. Que no será por las buenas— soltando una risa se acercó hacia ella que se había cubierto hasta la barbilla con decoro. Pasó una mano por su cuerpo.

— Tomaré una ducha — Apretó su trasero con una mano—. Siempre puedes acompañarme y a si le damos un menor uso al tiempo...

—¡Vete al diablo, Terrence!.

—Como quieras — El hombre se enderezó y antes de ingresar al baño le dijo—. Por si te interesa dejaré abierto. Luego se giro al baño y perdiéndose. Candy cogio una almohada y se la lanzó.

Candy terminó por reír sola. -¿Con que pretendía vestirme?. En eso pensaba cuando tocaron a la puerta. Por un segundo no sabía si decir pase o esconderse. Terminó por decir lo primero. Una mucama traía entre sus manos un traje de fina gasa color perla. La transparencia dejaba ver debajo un vestido corto en un color café muy claro. Un cinto delgado en color dorado separaba la cintura del traje y unas sandalias de plataforma con tacón cuña que seguramente le darían unos centímetros más de altura. La mucama dejó todo en la cama y con un asentimiento de cabeza salió de la habitación. Candy se levanto de la cama desnuda puso la sábana alrededor de su cuerpo se quedo mirando embobada el vestido por un largo tiempo que ni siquiera escuchó cuando Terrence salió del baño y se colocó detrás de ella.

—¿Te gusta?— dijo cercas de su oído, el gesto sorprendió a Candy que le puso la carne de gallina. Haciéndose la ofendida se dio la vuelta le hizo un gesto de indiferencia y se metió a tomar una ducha. Terrence sacudió la Cabeza pensando en que demonios le había dado esa pecosa para que el soportara cada uno de sus arrebatos. ¡Maldito Estaban, por decirle la verdad!. {Estoy enamorado como un loco}.

Los jardines en los que Candy cruzaba estaban maravillosamente decorados. Parecía sacado de un cuento de hadas, el aire elegante y romántico envolvía cada esquina de la inmensa construcción victoriana. Desde las telas y tules en color champagne con listones lavanda pastel; hasta la suave música del cuarteto de cuerdas ubicado en una pequeña peana en forma de heptagonal. La joven maravillada con el lugar se preguntaba ¡¿qué demonios hacía ella ahí?!, sonriendo como tonta alado del maldito hombre que la tenía secuestrada. No entendía porque habían ido a esa mansión, por el decorado de las mesas era obvio que allí se festejaría algo, redujo que era una boda por la decoración en el pastel de cinco piezas en escalera con un par de novios en la parte superior. Los envolvía una rosa blanca. Siendo lo curiosa que era. intentaba separarse de su secuestrador para ver los nombres de los esposos que celebraban su unión, pero para su mala suerte Terrence agarro su brazo delicadamente atrayéndola hacia él posesivamente. !pero este hombre es un cínico!. Intento zafarse de su agarre pero una mirada del hombre le hizo saber que no lo hiciera. Poniéndole los ojos en blanco se giró decida a seguir admirando el lugar, era mejor que verle la cara a Adán aunque ella no era Eva. ¿O si?. — sacudió la cabeza.

Las mesas ordenadas con unas ramificaciones de enredaderas completamente verdes y con chispas de luces tenues que habían sido prendidas con las primeras sombras del crepúsculo. Era simplemente hermoso.

—¿ Y bien como me quedo ?— preguntó Terrence de pronto a su damisela. —¿Como te quedó qué?. Respondió la joven con otra pregunta cargada de, enojó.

Terrence con una sonrisa casi abierta hasta las orejas le dijo: —Yo mande a decorar el lugar para la celebración con motivo de la boda de Shopie y Esteban. La expresión sorprendida de Candy lo dijo todo, no necesitó más palabras para comprender.

— ¿Nada por acotar?. Soltando una risa hueca se acercó más a ella. Y le dio un suave beso en la mejilla izquierda.-Tu amiga no te dijo nada por que para ella también fue una sorpresa. Candy estaba perdida. No entendía nada de lo que estaba viviendo. Terence parecía no importarle que su mujer se enterara que su marido había secuestrando a una esclava sexual, a la que hizo su mujer en el trayecto del mediterráneo. Y la cual había mantenido desnuda por una semana. Para colmo ahora se encontraba en compañía del maldito tipo, en la boda de su mejor amiga. No definitivamente todo era una cuento de ficción. Y ella era la joven que terminaría sufriendo sin un final feliz. Si no fuera la boda de su amiga, se pondría a pedir ayuda. No rotundamente no era el momento. No permitiría que su rabia echará a perder uno de los días más importantes de su vida. Además debía admitirlo estaba feliz de estar ahí con Terrence ¡¿como su amante?! Por que esclava sexual sería más tarde. Seguramente algo debía estar mal con su cerebro las fiebres sin duda le afectaron más de lo que había pensado. Debía haber sufrido un corto circuito. Eso debía ser.

Terrence sonreía de un modo que ella deseo odiar por que el gesto estaba provocado por el orgullo masculino .¡Era un desvergonzado, un licencioso y un libertino!

Candy llevaba preguntándose todo el día en que desventurado momento se toparía con Lisa. En que momento la traería a fregar cada piso con su cabello de su casa por haber entrado en ella. — Traeré algo de beber. — hablo de pronto el pecado. — por favor no hagas ninguna locura.

Ella lo miro sonriendo sinicamente.

— No te atreverás. Es la boda de Sophie.

—Eres insoportable.

— Más tarde aclaramos que tan insoportable soy cuando te tenga sobre mis piernas. — Dijo Terrence sin pudor alguno.

Su advertencia, la voz grave del hombre la hicieron quedarse sin palabras. Por que su mente imaginaba lo que Terrence hubo dicho.

— ¿Le gustaría ser mi pareja en la siguiente balada señorita? — Sobresaltada Candy levantó la mirada ante la petición. Un hombre joven y apuesto, de ojos y cabello oscuros como el carbon, se había acercado a ella y le extendía elegantemente una mano mientras esperaba una respuesta. Candy estaba por aceptar que de pronto tenia una sonrisa en sus labios, Cuándo unas manos sobre sus hombros y con las yemas de sus dedos acariciando sus marcadas clavículas, en un claro gesto de posesividad la detuvieron en seco. no necesitaba girar su cabeza para saber de quien se trataba. No paso ni un segundo cuando Terrence se acerco al apuesto joven y le dijo algo en un susurro que candy no pudo entender. El apuesto joven pidió una disculpa a Candy antes de girarse y alejarse de ahi, marchándose contrariado.

--¿Que le dijiste?--, interrogo ella escurriéndose de sus brazos y mirándolo a los ojos, ansiosa.

—Que eres mi mujer y no estas disponible.

Ella parpadeo por el tono de él al decir mi mujer.

—Pero... ¡Como te atreves a decir algo así! ¿Estas loco?. Candy estaba realmente molesta con la actitud de Terrence. Él tenia una mujer y un hijo. No debería estar fastidiándola. ¡Ni reclamándola como suya!. Ni secuestrándola, ni poseyéndola. --Te sugiero que visites cuando antes a un especialista, porque tu dificultad para recordar quien es en realidad tu mujer es preocupante. Pero tranquilo he leído que una de las causas del deterioro cognitivo puede ser algo normal como el envejecimiento. Aquellas palabras airaron al Inglés de tal manera que sus ojos cobraron el mismo color de lo mas profundo del océano que tiene las frías y duras piedras. La cogió por los hombros, obligándola a ponerse de puntillas, mientras apretaba la mandibula con tal fuerza que apenas podia hablar.

—Antes de que sigas llamándome viejo —dijo en un engañoso tono amable, —antes de que vuelvas a negar lo evidente quiero que sepas que, en el mundo en el que me crie, a los ladrones le cortan las manos y a los mentirosas la lengua.

--Entonces a estas alturas no deberías tener lengua.-- dijo la mujer. Terrence no se molesto en discutir y continuo con su retahíla.

--Como te decía a los ladrones se les corta las manos y a los mentirosos la lengua. El exnovio de tu amiga aprendió bien la lección. Los ojos de la pecosa se ensancharon. ¿Acaso no te lo había dicho tu amiga?

—Ya veo que no, pero descuida pecosa. La calmo él, esbozando una sonrisa cruel, que dejo sus dientes al descubierto y le dio el aspecto del Terrible depredador que era, - el ser la amante de un arrogante y poderoso Inglés.

Candy cerro la boca y compuso el gesto adusto de rabieta. Había adivinado la diversion subyacente en las palabras de Terrence y había decidido dejar de proporcionarle motivos, para que se riera a su costa. Pero, sin embargo, no podia dejar de preguntarse si estaba hablando enserio.

Clavo la mirada mas alla de ellos y encontrándose a Sophie bailando con Esteban muy acaramelados. Parecían muy felices mientras disfrutaban de una bellísima pieza musical de Il Divo que los músicos en directo interpretaban a la perfección.

Cuando me vi desnudo

y sin aliento

Arando un mar desierto

y sin amor

Cuando pensé que mi alma

había muerto

llagaste tu como la luz del sol.

Por ti sere más fuerte

que el destino

Por ti sere tu héroe

ante el dolor

Yo sin ti estaba tan perdido

Por ti sere mejor de lo que soy.

Se alegraba tanto por Sophie, por que hubiese encontrado a un hombre tan maravilloso como Esteban. Esperaba que fueran muy felices. Tal como ella soñó muchas veces, incluso conociendo la verdad sobre Lisa, que lo seria algún día con Terrence.

Aquel pensamiento aberrante la sobresalto, la conmociono demasiado. Terrence estaba demasiado cerca de ella, se aparto bruscamente dándole la espalda para darse a si misma un poco de espacio, para respirar, pero sobre todo para ocultar la expresión de manera instintiva, De ningún modo podia permitir que el arrogante inglés supiera que ella lo seguía amando. De ningún modo podia permitirse el lujo de dejar que sus esperanzas nublaran su sentido común.

—¿Que opinas crees que el amor sera eterno? —Pregunto el hombre que apenas había dejado hace un segundo. Se había acercado por detrás de ella, e inclinándose hacia adelante, Había retirado sus perfectos rizos a un lado y colocado su boca en su oído. Un gemido bajo escapo de los labios femeninos y noto como la carne se le puso de gallina.

—Ellos lo lograron. Parecen hechos el uno para el otro.

—¿Quieres decir que la próxima vez que Sophie tenga un problema no correrá a las faldas de su mejor amiga? ¿O que quizás Esteban no volverá a las andadas?.

El sarcasmo bordeaba su voz, y ella pudo sentir el peso de su implacable mirada.

—Eres un cínico, ¿Acaso crees que han pasado por tanto juntos para tirar todo por tierra en la menor contrariedad? ¿Crees que tedrian la familia que tienen si no se amaran de verdad? ¿Por que absurda razón en tu mente retorcida, pondrían en riesgo ese vinculo especial? Sacudió la cabeza negativamente, incrédula. Debes estar completamente loco.

—Lo eterno no existe para los enamorados. Siempre hay momentos, siempre hay insuficientes, de felicidad en pareja que pasan eternamente rápidos. argumento él rodeándole la cintura con un brazo y atrayéndola hacia si. El estomago de Candy se tenso y los pezones se le pusieron como piedras ante la sensación de sentir la fuerza descomunal de su enorme cuerpo contra el suyo. Ellos encontraron su eternidad en la mirada, ¿es dificil de comprender eso Terrence? —ella hizo. una pausa y tomo aire cuando sintió succionaba el lóbulo de su oreja y empezaba a mordisquearlo con los dientes, ¡Él muy canalla trataba de ponerla nerviosa!.

¿O... o acaso estas demasiado amargado como para hacerlo?.

¿Ahora estamos hablando de romance platónico o de la realidad?. dijo él.

Te detesto- siseo ella sacudiéndose de la cárcel de sus brazos y buscando alejarse de el lo más pronto posible.

De pronto Terrence le cogió la muñeca y la obligo a encararlo.

Ni aun que lo intentaras lo lograras pecosa. Candy abrió la boca para protestar, pero la cerro en seguida. Había una cierta verdad en lo que Terrence había dicho

Continuará...