A/N: ¡Comentario sobre el personaje de Hinata en la nota de abajo!

Advertencias: Violencia semi explícita y sugestión de actividades sexuales.

Música usada para escribir el capítulo (quizás los haga entrar más en clima, como a mí):

Ivan Torrent, Icarus: /watch?v=8Wg1MYjOguI

E.S Posthumus, Nara: /watch?v=8AEU5pBxY6E

Fate stay night, Kodoku na Junrei: /watch?v=xuKWHrwf7GE


El dolor en su pecho no provenía del golpe, Zabuza podía descifrar perfectamente eso por sí solo, y la idea de saberlo lo irritaba hasta extremos hasta entonces desconocidos para él. Porque durante unos breves instantes, unos breves y fugaces instantes deseó que todo aquello fuese una pesadilla, una pesadilla inducida por las senbons que Haku tuvo que usar para inmovilizarlo no hacía una semana atrás.

Pero Zabuza era demasiado inteligente para convencerse de que aquello no estaba sucediendo.

Tampoco podría convencerse a sí mismo de que la vida de aquel muchacho le era indiferente.

Y eso lo irritaba, lo había dejado entrar cuando se juró a sí mismo que nunca dejaría entrar a nadie, porque le mostró clemencia cuando había jurado sólo utilizarlo. Y decidió fingir en ese breve segundo que en realidad la muerte de Haku -no, la muerte de su sirviente (porque llamarlo por su nombre lo obligaría a reconocerlo como persona y no como herramienta) no le cortaba en lo más profundo de su ser. Y entonces apartó la mirada de los ojos negros de su sorprendido enemigo, que lo observaba atónito, sin atreverse a bajar la vista y mirar el rostro sin vida del joven al que acababa de arrancarle el corazón.

Se encontró sólo pudiendo ver el cuero cabelludo de color azabache de su sirviente, y agradeció internamente el no poder ser capaz de verle los ojos. Así la idea de que realmente no le importaba la vida del chico era mucho más fácil de digerir, mucho más fácil de creer.

Oyó en la distancia un grito y por un momento entró en pánico creyendo que era su voz la que se alzaba entre la niebla y revelaba la verdadera naturaleza de sus sentimientos, pero sólo tuvo que alejar su mirada unos breves instantes hacia su izquierda (apartandola tan brevemente, o tan brevemente del muerto) para encontrar a la dueña de la voz.

Y la imagen de esa muchachita rubia sobre un cuerpo (muy parecido al de Haku, pensó) le asaltó las pupilas. La niña se había lanzado sobre quien había sido su compañero y abrazaba su inerte figura, dejando salir copiosas lágrimas y gritos de horror.

Y quizás si ninguno de ellos estuviera allí, quizás si fueran sólo Haku y él, Zabuza estaría haciendo lo mismo.

Acababa de darse cuenta que continuaba llamándolo por su nombre cuando la furia lo invadió.

Agarró el mango de su Kubikiribōchō con tal fuerza que por un instante creyó que cedería ante su poder, pero su espada jamás lo había abandonado a su suerte y, por supuesto, hoy no sería la excepción. Porque ella lo entendía, era una extensión de su ser, de su alma, de su cuerpo, de su mente y estaba igual de furiosa que él, estaba igual de despedazada, clamaba la sangre del peliplata y no lo abandonaría, no ahora, ahora no.

Y quizás su mente le jugaba una mala pasada, pero podría haber jurado que Haku tomó el brazo de su asesino para no dejarlo ir, porque incluso en su muerte le iba a ser de utilidad.

Como su Kubikiribōchō.

Pero el ver a Hatake abrazar a su protegido para poder esquivar su ataque lo hizo enloquecer y se olvidó si vió o no vida en la figura de su compañero.

No.

No lo toques.

Pero la furia lo había vuelto predecible también, y sinceramente ¿qué carajo importaba? Por supuesto que Kakashi lo estaba golpeando, por supuesto que en ese estado no podría darle el golpe asesino, por supuesto que su enemigo asestaba golpes sobre él sin la intención de matar -probablemente mofándose de su repentina incapacidad de coordinar-, por supuesto que lo más probable era que hoy terminaría su viaje, que hoy conocería su fin.

Pero de nuevo, ¿qué carajo importaba?

No podía mover uno de sus brazos debido a las kunais clavadas en sus maltrechos nervios y manejar su amada espada con uno sólo -si bien nunca le presentó problemas- se estaba tornando tedioso, su bajo nivel de chakra no estaba en sintonía con su repentino pico de adrenalina y su brazo derecho le rogaba por detenerse y descansar, pero sus riñones lo bombardeaban con la hormona y él sencillamente no podía (no quería) detenerse.

No se sorprendió cuando Hatake lo tomó por su cuello desde atrás.

Un hábil movimiento, admitiría si alguien le preguntaba, tomándolo por la espalda desde su costado herido, posicionándose estratégicamente lejos de su mortífera herramienta. Dos kunais en mano, y la imagen del cadáver de Haku en sus campos de visión, Kakashi buscó asestar el golpe.

Pero Zabuza no iba a dejarse matar tan pronto.

Con lo que le quedaba de energía, las míseras gotas de poder que aún poseía en su herido cuerpo, decidió ser más inteligente que su rival, y llevó todo su peso hacia su derecha, girando el filo de su espada para que quedara mirando al peliplata y logró (a pesar del intenso dolor en sus costillas, a pesar de que sus piernas ya no soportaban estar de pie) hacer un movimiento de rotación a la derecha, lo que provocó el fuerte ruido de su columna cediendo al repentino movimiento. Esperaba contar con el factor sorpresa y esperaba con todas sus fuerzas cortar a su atacante por la mitad.

Pero de nuevo, la ventaja injusta del Sharingan de Kakashi lo dejó fuera de juego.

Ambas kunais se clavaron profundo en su otra extremidad. Su amada Kubikiribōchō cayó con un estrepitoso ruido al piso y él la contempló caer, el silencio provocado por la estupefacción de los presentes (salvo el constante llanto desgarrador de la muchacha que aún se abrazaba a su inmóvil compañero) lo rodeo como dándole el último cachetazo y quedó inmóvil, quedó inmóvil porque moverse sería aceptar lo que ya sabía, sería admitir lo que él no quería admitir. Gracioso, fue lo que se le vino a la mente al espadachín, gracioso como en momentos como éste sería Haku quien, con una tímida palmada en su media espalda, lo haría aceptar la irrefutable verdad. Fue su orgullo como shinobi lo que lo hizo levantar su mirada para encontrarse con la de su enemigo.

Ojos castaños que observaban la profundidad de los negros y, en ellos, la afirmación de que habían llegado juntos a la misma conclusión y que ambos podrían ponerse a llorar en ese maldito momento porque, mierda, había sido una gran pelea, había sido una gran pelea, pero...

Ya está.

Negar su derrota sería un movimiento estúpido y no, no estaba muerto, pero estar incapacitado, sin ayudante, sin Kubikiribōchō era lo mismo. Sólo esperaba que su rival lo respetara lo suficiente para matarlo rápido, sino a él a su maldito espíritu guerrero. Porque él no se había rendido, él no se había rendido. Por el brillo vacilante en los ojos de Kakashi de acabar con su vida, Zabuza pudo suponer que lo hacía.

Tap.

Un fuerte ruido de madera contra cemento.

Tap tap.

Y por favor que sea Haku, por favor que se esté levantando y por favor que éste vivo, que éste bien.

Pero Zabuza era demasiado inteligente para obligarse a creer.

Gato los observaba con sorna, con asco y con una superioridad que los shinobis sabían inexistente. El bastón entre sus manos daba golpecitos al piso para llamar la atención de los presentes, como si fuera una maestra en jardín de infantes, la sonrisa maliciosa abandonando nunca sus labios.

"Momochi, estoy tan decepcionado," dijo alzando las cejas en un intento de mostrar tristeza, sin dejar la mueca burlona y, como si quisiera demostrar que realmente no sentía lo que balbuceaba bajó la mirada a sus pies, donde yacía el pálido cuerpo de Haku y, abriendo un poco más los ojos detrás de sus redondeados anteojos, humedeció su boca con la lengua.

El mensaje llegó fuerte y claro: estaba saboreando el momento. Probablemente el ninja estaba despedido también.

Zabuza no había esperado otra cosa. Y en cierto sentido le reconfortó no haberse equivocado porque, claro que Gato los odiaba, de hecho todos los odiaban, los shinobis sólo eran queridos en sus ciudades de orígen y quizás en las capitales, pero en ningún otro lado. Eran vistos como la mano armada del gobierno opresor -y de hecho lo eran-, y aquellos que desertaban de sus filas (como él) para perseguir sus propios ideales eran incluso más odiados, porque siempre (siempre) terminaban trabajando para el mejor postor, para quien pagara más y no les daba asco matar al inocente o saciar su apetito sexual mediante violaciones, porque la abstinencia y soledad podía volver loco hasta al más adepto a la paz. ¿Y eso los justificaba? No, eso sólo hacía que merecieran la más tortuosa de las muertes.

La moral y los ninjas siempre habían seguido caminos separados.

Pero el espadachín también se permitió sentir asco porque, él comprendía el odio ciudadano, de hecho -muy de modo retorcido en su mente- lo aplaudía, porque el mundo necesitaba gente que señalara a los monstruos y los hiciera sentir como la basura que eran, pero Gato, Gato era un monstruo en sus propios términos, y sí, Zabuza no hacia mejores cosas, pero por lo menos podía decir que su fin era liberar a su gente (a su propia gente) de la crueldad y el exterminio.

Gato sólo buscaba poder.

"Por lo visto, Kakashi," comenzó a hablar con parsimonia, como si nada lo afectara en el mundo, "nuestra pelea ha terminado." Y Zabuza sabía que su lucha había concluido incluso antes de que llegara su empleador, pero se permitió hablar como si no hubiese estado al borde de la muerte hacía solo segundos atrás.

"En vista que probablemente ya no trabajo para Gato, Tazuna está a salvo, ya no hay disputa entre nosotros." Y Kakashi no le contestó pero asintió con la cabeza sin dejar de mirar al hombre con el bastón. El ninja renegado sintió una pizca de orgullo escalarle el pecho, como si en realidad esta situación fuera la correcta, y no al revés.

Quiso reír cuando se pensó a sí mismo como un héroe. Él no era un héroe, él sólo quería matar a Yagura y hacerle pagar por matar a su amigo sólo por tener línea sanguínea, el decir que quería liberar a su pueblo era para hacerse sentir mejor y menos egoísta, porque en realidad poco le importaba. Él sólo quería matar al hijo de puta que le quitó al único amigo que tuvo.

Porque, después de haber aprobado su examen matando a todos sus compañeros, la gente era un poco reticente a entablar conversación con él.

Pero no Mangetsu, Mangetsu se acercó a él sin temerle, con mirada curiosa.

"¿Momochi Zabuza?"

Y él había contemplado no responderle, porque para qué hacerlo. El idiota se veía menor que él, quizás por un año o dos y era tan flaco y lucía tan ridículo que para qué molestarse.

Zabuza había matado a todo una generación de ninjas a punto de graduarse de la academia y ni siquiera había sido entrenado previamente. Su baño de sangre fue tal, que tuvieron que cambiar el sistema de graduación de la Aldea. Mató chicos y chicas de 13 años con sólo 9.

Y en ese momento, habiendo cumplido 15 años, siendo el mejor asesino silencioso de sus líneas, nadie se atrevía a mirarlo a los ojos por más de unos segundos. Ni siquiera su jefe de escuadrón.

Entonces ¿por qué le respondería a un renacuajo de la edad de los chicos que mató, seis años atrás?

Porque el renacuajo se había atrevido a hablarle, y él estaba desesperadamente solo.

Por eso no soportó ver cómo Gato alzó su pierna derecha para golpear el bello rostro de Haku, porque Gato era un monstruo, porque Gato no era mejor que él, y no porque él consideraba al muchacho su amigo, su alumno. No, porque el dolor de perder a Mangetsu había sido demasiado fuerte y él se había prohibido encariñarse con el niño que encontró aquel día en la nieve.

Haku no me importa, Haku no me importa.

Pero sí le importaba.

"¡Sueltelo! ¡¿Qué hace?! ¡No lo toque!"

No fue, sin embargo, su voz la que se alzó, fue la del chiquillo en naranja que corría presuroso hacia donde Haku yacía, con lágrimas nublando sus ojos y gritos desaforados.

Gato sonrió aún más.

"¡Detente Naruto!" Escuchó decir a Hatake mientras tomaba al muchacho por los hombros, "¡usá la cabeza!"

"¡No, no! Que no lo toque, ¡Zabuza, hacé algo! ¡¿Vas a dejar que haga eso?!"

"Tranquilo tonto," empezó tratando que no se le quebrara la voz, "Haku está muerto ¿qué importa?"

"¡¿Qué?!" Le contestó el muchacho en un chillido de indignación, "estuvieron juntos por años, ¿eso no significa nada?"

Si Zabuza no estuviera tan absorto mirando a Gato con instinto asesino se hubiera echado a reír, "no entendés el camino shinobi…" y él de joven tampoco lo había entendido, pero cuando el Mizukage le anunció el 'trágico accidente' (y el tono que usó gritaba su culpabilidad) que acabó con la vida de Mangetsu, del gran Mangetsu, líder de los Siete espadachines ninja de la niebla, el ninja acabó de entender.

"Yo solamente lo usé, así como Gato me usó a mí," así como Yagura usó a Mangetsu pensó y continuó sin pausar, "pero ahora se acabó. Su inutilidad se acabó," y el sabor que dejó esa frase en su boca era amargo pero prosiguió, negarlo todo era mejor que llorar, "la pérdida de su habilidad… eso significa algo para mí. Pero el muchacho… nada."

Eso logró callar al joven pero no por mucho tiempo, lamentablemente.

"Eres… eres despreciable." Dijo a modo de sentencia, y Zabuza sabía que tenía razón. "Él… ¡él vivió para vos!" Y a medida que volaban las palabras alzaba aún más su voz, mostrando su furia, "¡él lo dió todo por vos! ¡Él vivía para vos! ¡Eras lo más importante en su vida!" Y quizás el muchacho no se había dado cuenta, pero pequeñas lágrimas habían comenzado a caer de sus ojos azules.

"Él lo sacrificó todo por vos y eso, ¡¿eso no significó nada en absoluto?! Él lo dió todo por vos y realmente ¿eso no significó nada en absoluto?" Y su rostro empezó a contorsionarse en muecas, comenzó a dar largos sollozos, "y… y si yo me vuelvo más fuerte… ¡¿significa que me volveré de corazón frío también?!

Y él no se había dado cuenta cuando, pero había empezado a llorar también.

"Oh… hablas mucho, muchacho…" susurró y pensó en agregar algo más, pero sabía que si lo hacía se atragantaría con su angustia, sólo esperaba que sus lágrimas (cada vez más pronunciadas) fueran respuesta suficiente, porque si el muchacho no se conformaba con ellas y seguía hablándole, Zabuza caería cual largo era al piso para llorar de dolor.

Por suerte Naruto no agregó nada más.

Gato continuaba observando el espectáculo con sorna, con el inmundo brillo en sus ojos de creer que todo le pertenecía y que tenía todo bajo control, porque los ninjas más fuertes estaban fuera de juego (uno malherido en los brazos y el otro exhausto) y los niños no podían ser lo suficientemente fuertes para enfrentarse a él y a sus hombres.

Pero de nuevo, y por segunda vez en el día, Zabuza pensó que no iba a dejarse matar tan pronto. Con eso en mente masticó sus vendas, el sabor algodón y la aspereza de la fábrica contra su lengua y sus dientes hizo que se le erizara la piel.

"Chico," dijo una vez liberada la boca, ladeando el rostro pero sin apartar la mirada del empresario al que planeaba matar, "dame tu kunai."

Y volvió a escuchar los llantos desmedidos de la muchacha que continuaba abrazada a su compañero, ahora más calmos pero igual de constantes, y por primera vez se permitió identificarse, sin restricciones mentales, con la joven. Porque su compañero muerto era Mangetsu, su compañero muerto era Haku, su compañero muerto eran todos los niños de trece años que él mató teniendo sólo nueve.

Y el chico le dió su kunai, con expresión triste, quizás sabiendo que Zabuza no planeaba vivir un día más, y el adulto rogó porque no dijera nada. Pero Naruto no era conocido por su silencio y se atrevió a mirarlo con odio de nuevo.

"No te atrevas a morir." Le dijo sin apartar la vista.

Y Zabuza sabía que no lo decía porque le tuviera aprecio o porque lo considerara menos despreciable que hace unos minutos atrás. No lo decía porque quería ser su amigo o su alumno, no lo decía porque creía que podría llegar a ser alguien noble.

Pero Haku dió su vida a cambio de la suya y dejarse morir sería lo mismo que patear su bello rostro cuando yace muerto en el piso de madera del puente.

"Ni en un millón de años." Respondió mientras atrapaba el arma con los dientes.


No quería parar y se permitió no hacerlo. No iba a detenerse incluso aunque quisiera, pero el hecho de no quererlo ponía las cosas mucho más fáciles. La cabeza se le partía de dolor y no estaba segura de tener la fuerza suficiente para seguir produciendo lágrimas, sin embargo continuaba teniendo el rostro húmedo y cálido, rojo del tiempo que llevaba teniendo su mueca de angustia, sintió la mandíbula desencajada pero no quería cerrarla porque si lo hacía no iba a poder gritar, y ella realmente necesitaba gritar.

Sasuke está muerto.

Y pensarlo hizo que volviera a gritar de nuevo y que sus ojos volvieran a producir enormes lágrimas que nublaban sus ojos y le impedían ver claramente la forma del muchacho al que rodeaba con los brazos. Se permitió cerrarlos con fuerza, dejando la imagen borrosa atrás pero no completamente, porque todavía podía sentir el peso en sus brazos, todavía podía sentir el calor de su cuerpo que en poco tiempo se evaporaría en el aire, dejándolo frío, dejándolo aún más pálido. Llevandose el color de sus mejillas.

Y volvió a abrir los ojos con fuerza, porque dentro de sí clamó el temor de que ésta iba a ser la última vez que lo vería y no podía soportar la idea de mirarlo cuando sus labios dejen de verse así, dejen de ser de ese color rosa pálido y se tornen azules por la falta de circulación, porque sus labios era lo que más le había gustado de Sasuke cuando era pequeña.

Recordaba lo sorprendida que había estado cuando descubrió ese simple hecho, porque supuso que serían sus ojos lo que le llamarian poderosamente la atención. Sencillamente porque la mirada de Itachi le había robado el aliento y creyó que la de Sasuke lo haría también.

Pero fueron sus labios lo que le llamó la atención.

Tan finos y a la vez tan carnosos, tan poderosamente rosas. Demasiado femeninos para pertenecerle a él, pero que de algún modo se veían perfectamente equilibrados en su rostro. Y allí supo, o creyó saber, que quería probarlos con su boca. Que se veían demasiado suaves y que quizás se sentirían así también. Y tomó eso como señal de que estaba enamorada del muchacho, aunque qué podía saber ella de enamoramiento o cómo podía diferenciar el amor de la atracción. Con tan sólo seis años, ni siquiera la idea de besar a Sasuke le parecía demasiado romántica. Era mera curiosidad.

Curiosidad tierna de un infante que veía algo que parecía suave y quería comprobar si realmente lo era.

Que él creciera siendo tan apuesto tampoco la ayudó a diferenciar si era amor o atracción. Pero a Ino no le importaba diferenciar porque con trece años Sasuke era el único por el que sentía la necesidad de saber si era una de ambas, ¿y eso no era señal de algo, acaso?

Y al abrir sus ojos los labios seguían allí. Seguían rosas y finos y carnosos y femeninos y tan… pero tan invitantes.

Pero Sasuke estaba muerto.

E Ino comenzó a llorar de nuevo porque, ¿qué más podía hacer? Había perdido todo.

Sus Uchiha se habían ido.

Y pensar en Itachi y Sasuke como "sus" Uchiha era sumamente egoísta y sin sentido porque ¿de qué modo le habían pertenecido? ¿Por ser su héroe o su interés romántico? Ninguno de los dos le dió indicios de apreciarla siquiera, ninguno de los dos le respondía cuando ella les hablaba, la idea de creerlos suyos era cómica y si alguno de ellos supiera de esto (y si alguno de los dos continuara vivo para saberlo), probablemente la despreciarían.

Porque ellos no eran de nadie. Ellos eran Uchiha. Los demás eran de ellos y no al revés. Y quizás tenían razón, porque Ino en realidad en algún punto les pertenecía.

O les había pertenecido, por lo menos.

"Ino, no puedo respirar."

Y volvió a sentir terror porque si esa voz no existía y había sido producto de su imaginación entonces esperanzarse en vano la llevaría de nuevo a su limbo personal, y de nuevo la asaltaria la angustia suprema con la que estaba lidiando. Empezaría todo el proceso de dolor de nuevo, desde cero. Y no tenía la fuerza mental y física para permitirselo.

Pero si era verdad, si realmente era real, entonces cabía la posibilidad de que la figura aún acurrucada en sus brazos estuviera agonizando, y verlo sufrir antes de morir sería peor castigo que verlo muerto. Porque no podía soportar la idea de él agonizante, del gran y poderoso Uchiha Sasuke agonizando y perdiendo su figura calma y calculadora y profesional.

¿Realmente estaba tan aterrada como para no animarse a reaccionar?

Porque ahora los ojos de él se habían abierto y ella tuvo que desviar la mirada de su boca para hundirse en sus córneas, pero estaba aterrada de moverse, de soltarlo, como si sus brazos fueran lo único que lo mantenían con vida y él no podía respirar pero ¿qué tal si lo soltaba y él moría? ¿Qué tal si realmente eran sus brazos lo único que lo mantenían completo? ¿Qué tal si-

"Ino, en serio, no puedo respirar."

Y la muchacha lo soltó despacio, como si fuera de cristal, pero sin apartar su mirada de él, con el rostro aún en estado de shock. Y él dejó de verla y llevó sus ojos negros a su propio cuerpo, inspeccionando su daño para luego posarse en Tazuna y luego buscando algo a lo lejos (a Naruto, probablemente), pero Ino nunca dejó de verlo.

Finalmente, cuando más las necesitaba, se había quedado sin lágrimas.

Así que sólo gritó. Su dolorida garganta sólo permitiéndole una especie de quejido inmundo, como de animal herido a las puertas de la muerte, y tuvo que abrir aún más su boca para que sus pulmones pudieran recibir aire porque de algún modo había dejado de respirar. Y empezó a llorar de todos modos, sin poder destilar ningún líquido desde sus ojos verdes, dejando salir grititos y teniendo pequeños espasmos, le dolía muchísimo, porque llorar sin lágrimas dolía muchísimo y le hacía arder el rostro pero ella no podía detenerse.

Y después empezó a reír pero sin dejar de llorar. Y Sasuke no sabía cómo reaccionar o por qué Tazuna limpiaba una furtiva gota de su ojo derecho.

Entonces con la ayuda de su compañera, que no dejaba de reír y llorar por igual, logró sentarse.

Luego la vió alzar sus brazos como queriendo abrazarlo pero en sus ojos vió la duda y supo que no lo abrazaría, no. Ella sabía que él no lo permitiría y se alegró cuando ella respetó sus deseos de no ser tocado.

Sintió el cachetazo en la nuca.

"¡No vuelvas a asustarme así!" Chilló la muchacha. Y él estuvo a punto de explotar de furia y echarse a reír de su infantilismo. Pero por primera vez desde que lo unieron al equipo, se permitió ser gentil.

Así que sólo asintió con la cabeza, sin mirarla a los ojos.


Cómico, como la idea de dejarse morir le pareció de repente sumamente repugnante. Porque no había pensado, no hasta que el metiche lo dijo, que hacerlo sería faltarle el respeto a Haku.

A su tan adorado y bello, bello Haku.

Y era amor, claro que lo que sentía era amor, el mismo amor que puede sentir un padre de su hermoso, hermoso hijo, al que encontró roto a un lado de un puente vacío, inundado de nieve y con la mirada vacía.

Cómico como todas las barreras que había levantado desde la muerte de Mangetsu -no, desde aquél día, cuando tenía nueve años y decidió que lo que tenía era un don y debía demostrarlo graduándose de una Academia a la que aún no había asistido, habían sido destruidas muy de a poco, tan de a poco que no lo notó, por aquel chiquito al que encontró en el puente.

Cómico.

Porque Mangetsu era su hermano y Haku era su hijo.

El primero logró escalar las barreras, llegando hasta él con esa estúpida sonrisa que tenía y esa convicción de ser el mejor espadachín (y lo fue, y lo superó incluso a él mismo), mientras el segundo logró tirar uno a uno los ladrillos con sólo existir.

Con sólo sonreír.

Y Zabuza quería morir y terminar de una vez con todo. Con esto. Con el dolor. Con la angustia.

¿Pero qué clase de ejemplo le daría a su hermano y a su hijo? No, los dos habían muerto por él de alguna forma. Y si él moría ahí, moría hoy, a manos de Gato nada menos, Mangetsu se ocuparía de clavarle todos y cada uno de los dientes filosos de su boca en todo su cuerpo (y el recuerdo del peliblanco afilando los dientes de Zabuza con una lima, porque 'todos los espadachines tenemos así los dientes', hizo que apretara su mandíbula aún más fuerte sobre la kunai), y Haku probablemente le metería cubitos de hielo en donde no le dá el sol.

Cómico que fácil y rápido sería terminar con todo, si él sólo buscara acabar con Gato sin importarle si alguno de los infradotados de sus guardias lo apuñalaban. Pero el rubio gritón tenía razón y dejarse morir sería burlarse del sacrificio de su alumno y él ya había dejado de burlarse de él hacía tiempo. Agacharse, correr, saltar, movimientos básicos que todo ninja, que toda persona aprende en su niñez y que equivalen a la vida o a la muerte en situaciones extremas. Agacharse, correr, saltar.

Apuñalar.

Acuchillar pecho, cráneo, yugular, lugares estratégicos para acabar con la vida de un enemigo de modo rápido, cuando no hay tiempo que perder. La vida se les escapa de modo fugaz, en un segundo la ves en sus ojos y al otro ya no hay nada allí. Observas la sangre brotar de su maltrecho cuello y la desesperación con la que llevan sus manos al lugar de la herida en un intento tormentoso por retener el líquido carmesí, sabiendo en el fondo que es en vano. Observas el modo en que el cuchillo destruye su cerebro, como los ojos ruedan hacia atrás quedando en un imperturbable blanco y cómo su rostro se contorsiona queriendo dejar salir un grito que nunca sale. Como caen sin vida.

Pero observas sin sentir nada.

Y eso está bien, eso está bien. Porque ellos son los tipos malos, son el enemigo, la escoria. Así que está bien no sentir nada, está bien matarlos y sentir su sangre caliente en el rostro, en la boca.

Podía entender por qué Haku no había querido ser shinobi.

Pero son muchos, realmente son muchos y con lo exhausto que estaba no podía evitar que lo apuñalaran, en la pierna, en los brazos de nuevo, ¿cuánto faltaba hasta que alguno de ellos tuviera una puntería mínimamente decente y lo acabara ahí mismo? Y él realmente no tenía problema con morir, porque sabía que en el momento en que algún imbécil le dé en un punto vital, mandaría todo al diablo y correría hacia Gato. Porque el viejo moriría hoy sin importar qué. No, no le importaba morir, pero no quería morir. Por Haku, por Mangetsu.

Por lo visto, Kakashi tampoco quería que muriera.

"¿Qué mierda?" Balbuceó el renegado sin soltar la kunai.

"Me estaba aburriendo de verte ser acuchillado." Le contestó éste sin dignarse a verlo, con los ojos fijos en los hombres a los que mandaba a volar con puños y patadas. El jönin tomó una kunai restante de su bolsillo con su mano derecha mientras con la izquierda se hacía del cuello de un enemigo a su espalda y levantaba su pierna zurda a la altura de la cadera, con la rodilla estirada para patear al idiota que se había animado a atacarlo de frente.

Clavó el cuchillo en el cráneo del hombre que había rodeado por el cuello (ojos que ruedan hacia atrás, mueca de horror en el rostro) y lanzó su cadáver al piso sin dirigirle una ojeada siquiera.

Los que habían sido lo suficientemente inteligentes, se alejaban acobardados del lugar.

Pero aún quedaban idiotas que creían poder, siempre hay idiotas que creen poder.

"Vé por él," yo me ocupo del resto fue la parte inconclusa de la frase que Kakashi le dirigió, y Zabuza no tuvo que escucharlo dos veces. Se lanzó, se lanzó con fuerza, con velocidad, con un dolor espantoso en la pierna acuchillada por el tarado de uno de los guardaespaldas (al que Momochi disfrutó matar), y sintió el leve frío de un filo que pasa cerca, demasiado cerca, de sus costillas pero que lo abandona rápidamente. Kakashi había tomado al atacante por el cuello de su chaqueta y clavó su kunai en su columna vertebral, y aunque el espadachín no podía ver exactamente entre qué vértebras, supo al instante el resultado: el muchacho quedaría parapléjico, vivo (así de dócil era Kakashi con su enemigo cuando éste era sólo un chiquillo de unos veinte años), pero paralítico.

Se detuvo tan de repente frente a Gato que quien lo viera desde lejos sentiría el terror que infunde aquel lunático y querría vomitar. Zabuza abrió sus ojos marrones lo más que pudo y se obligó a sí mismo a no pestañear, nunca. Quería que el hombre recordara el blanco de sus escleróticas ensombrecidas por las venas rojas que las surcaban furiosas, quería que recordara sus irises color miel oscuro, quería que recordara sus pupilas, las pupilas por dónde lo observaba y cómo estas se contraen con odio y asco ante él.

Y Zabuza sonrió mostrando una sonrisa tan críptica que incluso a Kakashi se le erizó la piel.

Y Gato gritó de espanto.

Y el espadachín rió, rió fuerte y de modo lunático y tan rápido y claro que todos vieron cómo la kunai se deslizaba de entre sus dientes y caía al piso enchastrando sus alrededores con la saliva del hombre. Pero Zabuza hacía caso omiso al leve brillo de esperanza en los ojos del cabello de alfombra y continuaba riéndose, continuaba riéndose y lágrimas de furia e irritación le inundaban los ojos que se obligaba a no cerrar.

"Eh, Gato," dijo el ninja en tono gutural y oscuro, "nunca podré irme con él. A donde Haku fue no lo puedo seguir."

Pero el viejo no le contestaba y eso a Momochi no le importaba porque continuaba mirándolo y riendo y no pestañeando.

"El lugar al que voy a ir cuando muera, será el mismo que el tuyo. Después de todo," e interrumpió la frase para continuar riendo, "no se me ocurre pensar en otro lugar para un demonio ninja, ¿y a tí?"

Y sonrió aún más al ver la estupefacción en el rostro del viejo.

"Y yo encajo muy bien ahí, pero tú por otra parte, Gato… bueno, temo que tendrás una muy dolorosa y larga eternidad." Y dicho esto llevó su cabeza hacía su maltrecho brazo izquierdo, agachándose lo más que pudo y rodeando uno de los cuchillos que Kakashi había lanzado contra la extremidad en su boca, la sacó con fuerza, dejando correr la sangre de la herida. Y quiso morir junto a Gato sólo para perseguirlo y atormentarlo, para ser una carga, para torturarlo por siempre, pero no podía, no podía permitirse morir. "Espérame ahí." Dijo entre dientes y comenzó a ladear la cabeza hacía la izquierda, hacía la derecha, cortando una y otra y otra vez el rostro, cuello y pecho de Gato, disfrutando las salpicaduras de sangre que caían por toda su cara y cuello, disfrutando casi hasta el punto del orgasmo cómo el hombre gritaba de dolor y terror.

Hasta que cayó muerto al mar.


"¿Seguro que estarás bien?" Preguntó el ninja que copia a un vendado, solo y aún herido Zabuza Momochi.

Con el incidente del puente ocurrido varías semanas atrás y Nami no kuni abandonada tan sólo hace dos horas, partiendo del lugar entre gritos y aplausos, no para Zabuza o Kakashi, sino para Naruto (porque el chiquillo había convencido al nieto del constructor a luchar y por eso la gente su unió para mejorar su futuro y toda esa mierda, porque claro qué carajo importa quién peleó en ese puente de mala muerte si el muchacho inspiró a todos con el poder del amor, pensó el ninja de Kirigakure con algo de malicia), ahora había llegado el momento de separar caminos por completo. Konohagure por un lado y Kirigakure por otro.

Y en realidad Zabuza debía agradecer que Kakashi no lo consideraba una amenaza para sus alumnos porque con las heridas en sus brazos no sería una presa difícil de matar, (supuso que también eran éstas el motivo por el que no lo acabó una vez abandonada la isla). También suponía que debía agradecer el buen corazón (aunque Momochi lo consideraba más bien estupidez) de los aldeanos, porque incluso luego de intentar en severas ocasiones asesinar al viejo constructor, y luego de acabar horriblemente con la vida del mafioso empresario, la gente del lugar se tomó la molestia de curarlo.

Bueno, no es que habían hecho un trabajo increíble pero en unos meses podría volver a usar sus manos.

Y también se habían tomado la molestia de atarle su preciada Kubikiribōchō a la espalda, dado que sus extremidades estaban muy adoloridas para cargarla.

Ahora estaban todos parados frente a la tumba de su preciado alumno, de su preciado compañero y amigo, dándose las despedidas. Zabuza aún no había apartado la mirada de la tumba.

"Sí." Contestó planamente, sin querer estirar más el asunto. La imagen del equipo de Konoha era un poco patética y él quería estar a solas junto a su amigo. Kakashi, Naruto y la muchacha estaban físicamente bien, con algunos vendajes en los brazos del peliplata pero el rubio parecía como nuevo, ni una cicatriz quedaba como rastro de su enfrentamiento con Haku.

El peor parecía ser el de cabellos negros, con los brazos y piernas rodeados de vendas, pero sin impedirle el movimiento, el espadachín supuso que las mismas eran más a modo de prevención, porque en realidad su hijo -sí, su hijo, él había sido su hijo-, nunca había querido matarlo. Si no estaría muerto.

Realmente lo estaría.

Los contempló a los cuatro sin desviar la cabeza de la posición en la que estaba, observandolos de reojo, y pensó en decir algo pero no se le ocurrió nada. Los vió cabecear a modo de despido, y el modo en que se alejaban uno al lado del otro.

Y de repente supo que era lo último que quería decirles.

"¡Ey, muchacha!"

Los cuatro se dieron vuelta, la chica con algo parecido al miedo en los ojos pero con la expresión seria.

Levantó un dedo acusatorio para señalarla, "kenjutsu," dijo y ladeó su cabeza para mirarla completamente.

"Lo tuyo es el kenjutsu."


Estaba tan cansada de la tierra sobre el acolchado de su cama, sobre la mesa de reuniones, tan cansada de la tierra dentro de su tienda. Harta del olor a tela gastada y quemada por el sol, harta de que su privacidad dependiera de un trozo de sábana, harta de no poder dormir por el calor o por el frío y sin dudas estaba muy pero muy cansada de la guerra civil.

El que no estuviera casada hacía todo peor.

Se llevó tres dedos a su rostro y agachó la cabeza, fingiendo querer frotar sus ojos con hastío pero lo que en realidad buscaba era limpiar el sudor de su nariz. También estaba harta del cambio climático de su carpa ¿había agregado eso a lista ya? Si lo había hecho no lo recordaba, pero ahora lo haría. De día era un horno y por la noche una heladera -pero Mei no estaba segura de que esas cosas existieran en su mundo y decidió no exteriorizar su pensamiento-. También estaba hasta la coronilla de los mosquitos, y de eso no se había quejado todavía pero lo haría, eventualmente. Ao lo sabía, ella lo sabía. Ao lo aceptaba y ella lo hacía.

Era un pacto entre ellos sencillo y sin daños colaterales. Ella liberaba Kirigakure no sato y él soportaba sus berrinches.

Aunque Ao hacía más que soportar sus berrinches infantiles, él era un estratega y sensor, un buen guardaespaldas y un gran amante. ¿Amor? No, entre ambos no había amor, sólo camaradería y una clara atracción sexual, pero eso era todo. La guerra quitaba todo, seres amados y -en el caso de Mei- la posibilidad de encontrar un buen esposo, pero Ao no sería nunca un buen esposo porque él no quería tener ninguna esposa y estaba demasiado concentrado en el pasado como para pensar en el futuro. Además nunca se llevaban bien cuando hablaban, sus quince años de diferencia hacían su presencia en esos momentos, y mientras uno quería disfrutar de paseos románticos bajo la luna el otro se contentaba con una cena de comida rápida e irse a dormir temprano.

Y ese era otro pacto silencioso, ninguno mencionaba lo que le molestaba del otro durante sus encuentros, él se permitía añorar una época pasada mientras la penetraba con más fuerza de la necesaria y ella fantaseaba con el hombre perfecto mientras gritaba su nombre y rasguñaba su espalda durante un poderoso y ansiado orgasmo.

Pero ahí terminaba el acuerdo, y durante las reuniones de estrategia o durante el resto del día en realidad, volvían a sus papeles y se llevaban, francamente, bastante mal.

"No me importa, Ao." Dijo la mujer alejando los dedos que había llevado a su rostro antes de inmiscuirse en sus pensamientos, recordando el motivo de la conversación.

"Pero, Mizukage-sama, es un hombre peligroso, si usted-"

"Basta, Ao," y trató de suavizar su trato, porque le gustaba el modo en que su escolta se dirigía a ella como 'mizukage' a pesar de no poseer el título todavía. Hablaba de su confianza en ella, de la creencia que tenía en su poder. Por lo general siempre pensaba en eso antes de lanzarse y arrancarle las ropas en aquellas noches, pero ahora necesitaba que la escuchara y que entrara en razón.

De todos modos ella sabía porque la reticencia del hombre a llevar a cabo el pedido, porque a pesar de alabar todo el tiempo el modo en que solían educar a los shinobis en su época, el peliazul sabía de qué modo eso afectaba en la psique de los shinobis de antaño (y de qué modo aún pesa sobre los shinobis que aún continúan viviendo), haciéndolos volátiles y poco confiables. Sobre todo porque la mayoría de ellos (bah, todos salvo ellos dos) están del lado de Yagura.

Pedirle a Ao que traiga al responsable de que Kirigakure decidiera dejar de ser conocida como la Aldea sangrienta de la niebla, pedirle que traiga al campamento, a la guerra, al responsable de aquella masacre (que hubiera ocurrido de todos modos, pero habría sido otro el ganador), debía ser de lo peor para él.

"Lo quiero, Ao, quiero a Zabuza de nuestro lado."

"Pero mizukage-sama, ¡él no está interesado en liberar Kirigakure!" Le respondió alzando fuerte la voz.

"Lo sé. Pero está interesado en matar a Yagura y eso me basta." Al ver la expresión desorbitada de su escolta continuó, "estamos caminando en la cuerda floja, Ao, podríamos perder ¿entiendes que podríamos perder? Y Momochi es un buen shinobi, rayos, es un gran shinobi y lo quiero de mi lado." Ella no daría el brazo a torcer y sabía que el hombre frente a ella lo sabía.

"Bien." Dijo entre dientes tratando de apaciguar su furia, "saldré junto a Chöjuro por él en la mañana."

"Excelente," dijo la mujer con un gesto de la mano y lo vió darse vuelta rápido y caminar ligero hacia la salida. "Si quieres, puedes venir en la noche." Pero él se fue sin voltear.

Era una invitación arriesgada y ella lo sabía, porque quizás él estaba demasiado enojado con ella ahora como para siquiera considerar su propuesta. Pero Mei sabía que él vendría, al final lo haría, cuando se dé cuenta que él lo quería igual que ella, tal vez no vendría a la hora habitual, buscando hacerla desear (aunque ambos sabían que ninguno se moría de deseos por el otro) pero muy entrada la noche, cuando los demás durmieran, él se escabulliría en su tienda y la tomaria.

Y la penetraria con suma fuerza (nunca lastimándola, nunca jamás hiriéndola porque él la apreciaba y ella a él y jamás, jamás, jamás se lastimarian) descargando toda su ira e impotencia en cada impulso y grito de placer (porque Ao nunca gemía pero cuando lo hacía era porque necesitaba aliviar su mente de los traumas de aquellos oscuros y sangrientos días, y era obvio que esa noche él lo haría, era tan obvio), y ella lo dejaría y gritaría su nombre siempre, a modo de hacerle saber que estaba bien, que ella sabía lo que él sentía y que eso estaba bien, y rasguñaría su espalda y contorsionaría su cintura para aumentar el contacto mientras se liberaba en un ansiado y necesario, oh tan necesario, orgasmo.

El estrés de la guerra es insoportable, después de todo.


A/N:

Hinata: No voy a spoilear nada, tranquilos. Me cuesta horrores escribir a Hinata, me cuesta muchísimo porque ella es totalmente diferente a mí, super tímida e indecisa y me es dificilisimo ponerme en su lugar y tratar de ver qué decisiones haría o cómo enfrentaría a un enemigo. Y sé que para ustedes debe ser irritante entrar a una historia esperando leer sobre ella y encontrarse más con Ino y su desarrollo, pero les juro que tengo una explicación lógica, y es que no puedo desarrollar su personaje antes de los exámenes chünin. Y no porque no quiera, o me cueste escribirla, sino porque sería sumamente Ooc y anti-canon y poco creíble, porque Hinata sufre un fuerte golpe emocional en el arco de los exámenes en el manga (cuando se enfrenta con Neji) y necesito de ese golpe emocional para hacer que su personaje funcione en el fic y ella empiece a crecer como kunoichi. Porque si la hago crecer antes, voy a modificar totalmente su personalidad a mi beneficio y, poniendome en el lugar de lectora, no me creería una palabra y la sentiría sumamente Mary Sue. Por eso aún no me puse a inspeccionar su personaje, pero voy a hacerlo, voy a hacerlo del modo que yo la hubiera desarrollado en canon.

Y también siendo completamente sincera, quizás la historia esté un poco más centrada en Ino. No voy a mentir sobre eso y pido perdón si dejé entender lo contrario, pasa que siempre que me siento a escribir me sale naturalmente hablar de la rubia -es un protagonismo involuntario, jaja- pero eso no significa que Hinata no tendrá su importancia en la historia, después de todo voy a hacerla la co-protagonista. De nuevo, pido perdón si ofendí a alguna fan de la Hyüga, espero sepan entender mi punto de vista y ojalá continúen eligiendo mi historia y dejando sus comentarios.