Los ojos azules de Castiel miraban a un punto inexistente mientras se encontraba sentado en el sillón gris del living.

—Deberíamos tener un reloj de pie.—comentó a la nada, ya que sus hermanos se habían ido, a excepción de Lucifer que se estaba en la cocina, pero de todas formas no podía escuchar el comentario vacío de su hermano.

Ya era lunes a la mañana y Dean aún no aparecía. Después de un domingo agitado, descubriendo un poco del pasado de su nuevo amigo, ahora solo quería verlo y tal vez consultarle algunas dudas, pero más que nada verlo.

Últimamente Dean se había convertido en su pequeño mundo y todo giraba a su alrededor. Como una epifanía sus ojos se abrieron sorprendidos, jamás lo había pensado de esa manera, con Balthazar nunca fue tan dependiente como lo es con Dean.

—Pareces un niño esperando que su amigo llegue para jugar.— la voz de Lucifer atrajo su atención, levantó su vista hacia su hermano mayor que llevaba un plato con comida.

—¿Crees que debería alejarme de Dean?— preguntó sorprendiendo al mayor.

—¿Y desde cuando te interesa mi opinión?—el rubio se sentó a su lado— Gabriel…bueno él como siempre me contó lo que pasó.

—¿Y qué opinas?—los ojos azules de Castiel lo observaban esperando una respuesta.

—Cassy todos tenemos un pasado oscuro, no podemos simplemente juzgarlo porque no te dijo nada, incluso tía Amara nunca nos dijo aquello.

—Quiero hablar con él.— comentó el menor refiriéndose a Dean.

—Claro, eso está bien. Pero un consejo…no seas demasiado directo sí.

Castiel inclinó la cabeza y Lucifer suspiro.

—Hermanito hay veces en que debes ser sutil y otras veces directo. Y tú eres demasiado directo en todo.

—No entiendo ¿para qué andar con rodeos?— preguntó causando una risa en el mayor.

—Verás, pues porque—

El rugido del motor del impala resonó desde afuera atrayendo la atención de los hermanos Shurley. El rubio se levantó para abrirle al Winchester.

Esperó sin moverse de su lugar hasta que escuchó unos pasos acercarse, sus ojos azules brillaron con intensidad al verlo. Sin duda le había preocupado bastante que el domingo no viniera, ahora todo aquello desapareció dejándolo con un extraño y cómodo sentimiento.

—Hola Cas.— le saludo y su respiración se detuvo.

—Hola Dean.—le devolvió el saludo con su voz un poco más ronca de lo normal.

El pelirrubio le sonrió, mientras caminaba hasta tomar asiento a su lado.

—¿Cómo estás?

Ya Lucifer se había marchado dejándolos solos.

—Bien…— respondió Castiel, sus ojos azules se volvieron a posar en aquel punto inexistente como había estado antes, recordando aquellas dudas que tenia de Dean —¿Porqué no me contaste sobre la marca de Caín?— pregunto sin la sutileza que su hermano mayor le aconsejo.

Los ojos verdes se abrieron de sorpresa, jamás pensó que Castiel le fuera a hacer esa pregunta, de hecho jamás pensó que siquiera el pelinegro tenga conocimiento de lo que la marca de Caín significa.

El hijo de Chuck lo miraba esperando una respuesta, él solo suspiró levantándose del sillón.

—Cas, eso se llama privacidad.— contestó entre dientes.

—Creí que éramos amigos, los amigos no tienen secretos.— dijo, mentía, él mismo tiene secretos pero necesitaba que el rubio le contara, necesitaba confiar en Dean.

No esperaba esa frase, Castiel no tenía una idea pero ese tema era un tema demasiado doloroso. Empezó a caminar nervioso de un lado a otro buscando las palabras adecuadas.

—Somos amigos, pero…Cas, los amigos también tienen secretos.

—Pero—

—Cas, no sé qué es lo que sabes sobre la marca de Caín…lo único que puedo decirte es que necesito tiempo antes de hablarte sobre ello.

Después de eso se quedaron en silencio, cada uno hundido en sus pensamientos. Hasta que Castiel irrumpió levantándose del sillón.

—Está bien.—acepto serio, marchando hacia el salón. Dean suspiró y lo siguió en silencio

Una hora había pasado y el ambiente estaba tenso, sin duda alguna la charla previa había tenido un efecto negativo en ambos.

Cada uno se encontraba en su sitio, Dean en el sillón intentando tocar y Castiel estaba detrás del caballete intentando pintar algo. Ya se volvía sofocante e irritante todo, así que a regañadientes y con un miedo de perder a su nuevo amigo, empezó a hablar.

—Tenía diecisiete años cuando me marche de casa.— dejó la guitarra a la orilla, dándole espacio a el dueño de aquella mirada azulina para que se sentara a su lado— no lo pensé realmente, simplemente me fui, estaba tan furioso que entre el primer bar y después de coquetear con la camarera, me emborrache…— el pelinegro atrapado por el relato se sentó a su lado.

Había salido de mi casa hacía una semana, y se me estaba acabando el dinero. Mi amigo Ash me miró, y con un movimiento me señalo a un par de amigos que jugaban al pool.

Dinero fácil.— le murmuré con una sonrisa.

Nos levantamos de nuestra mesa fingiendo estar muy ebrios y apostamos. Obvio nosotros ganamos. Esa fue el comienzo de muchas estafas en diferentes bares ya sea jugando al pool o lanzando dardos.

Todo marchaba perfecto, hasta que un tipo muy grande se molesto. Empezamos una pelea entre él y yo, salí vencedor pero me di cuenta que aquel vacío que la comida y el alcohol no llenaba, sin duda lo llenó esa pelea.

Así me lo pasé, peleando con cualquiera sin importarme nada. Fue exactamente en una de esos enfrentamientos que conocí a Caín.

Él vio potencial en mí, así que me pidió que trabajara para él. Yo acepte sin saber quién era realmente.

Me llevó hasta unas torre de edificios, entre ellas, escondido se encontraba su guarida. Al entrar caminamos directamente a su oficina. Era un estudio como cualquier otro, una mesa tres sillas de lo más cómodas y un gran sillón.

Cuidarás a mi novia.— me dijo atrayendo mi atención. Apenas me conocía y me ordenaba a que protegiera a su novia.

Caín vio algo en mí que yo no había visto. Pensé que me quería como un aprendiz para matar gente, pero no, el me contrató para proteger.

Paso mucho tiempo, él me enseñó todo: técnicas de defensa, de neutralización a un enemigo, incluso de ataque. Todo para proteger a Amara, su novia.

Pase tres años sin ver a mis hermanos y mi padre, pero era parte de una familia. Caín y Amara lideraban esa familia, Benny y Abaddon amigos y más fieles seguidores del jefe. Éramos una extraña pero funcional familia.

Hasta que después de tres años, una amenaza llegó hacia Caín. Mi jefe podría ser el hombre más cruel si su trabajo se trataba, pero nosotros éramos su punto débil. Así que cuando aquellas amenazas llegaron, él se encargó de borrar cada rastro de nosotros en su organización y encontrar la forma en que dejáramos ese mundo oscuro.

Todos teníamos una historia oscura por la cual terminamos ahí, Caín quería que saliéramos y eso hizo, luego de un mes logró hacerlo, ya solo faltaba el golpe. Mientras tanto nos llevo con un tatuador.

¿Porqué? le pregunté al ver como un hombre robusto de remera negra me hacía un extraño símbolo rojo en mi antebrazo.

Es un recordatorio.— me dijo observando también el tatuaje que me hacían— para que no olvides lo que aprendiste conmigo. Para que no olvides no debes nunca más volver a abandonar a tus hermanos.

Lo miré y él me sonrió.

Hijo.— colocó su mano en mi hombro apretándolo suavemente—después de esto eres libre, sigue tu camino y regresa a casa. Cuida y protege a tus hermanos como lo hiciste con Amara. Pero por sobre todo, se feliz.

No puedo decir que aquellas palabras no me hicieron nada.

Lo haré.— le prometí con una sonrisa triste.

Me alegra oírlo.— me respondió sonriente. Ya el tatuador había terminado su trabajo, ahora en mi brazo reposaba una marca que la llevaría por siempre.

—Los adolescentes siempre hacen estupideces.— comentó Castiel sin sutileza una vez que su amigo terminó su historia.

El rubio frunció el ceño, esperaba una avalancha de preguntas en cambio sólo le hacía un comentario que sin duda lo hizo enfurecer.

—¡Oh! Pues gracias Cas.— se levantó del sillón, los ojos azules de su amigo lo seguían—seguro tú eras un santo en la adolescencia.

—Supongo que sí.— contestó deteniendo a un furioso Dean. La mirada verdosa asombrada se posó en su persona, no se inmuto.

—¿Enserio? ¿Nunca discutías con un profesor? ¿Con Chuck?— el pelinegro negó—¿has ido a una fiesta?¿has tenido novia?¿Te has saltado clases?

A todas las preguntas negó en completo mutismo, incluso la pregunta si tenía alguna relación amorosa, la cual creía que estaba de más.

—Vaya, si que eres un ejemplo de la castidad ¿Te estás formando para ser cura?—ya calmado el pelirrubio se volvió a sentar a su lado con una sonrisa ladina— nunca pensé que existía una persona tan correcta…

Castiel lo observó, ahora con temor ¿Y si Dean ya no quería ser su amigo por ser como es?

—Somos el lado bueno y el lado malo.— comentó señalando primero a él y luego a sí mismo.

—¿Te refieres al yin y el yang?— preguntó el pelinegro.

—Sí, eso.— le sonrió y el hijo de Chuck suspiro con tranquilidad. Todo volvía a estar bien entre ellos.

—¿Seguimos con el trabajo?— Castiel asintió levantándose del sillón para ubicarse detrás del ancho lienzo.

Dean se coloco la guitarra de nuevo en su piernas, al instante los primeros acordes inundaron el salón junto con la voz del rubio. Castiel iba a continuar con su pintura, cuando recordó que Dean había comentado que Amara, su tía, era novia de Caín. Mientras llevaba el pincel al lienzo se preguntó si el pelirrubio sabía que aquella mujer que protegía es su tía.

N/A:

¡Hey! Hola a todas! Hace mucho no subía capítulo nuevo. Ya me queda poco para las vacaciones y me queda rendir unos finales y entregar trabajos. por ello no pude ni siquiera escribir nada, hasta ayer y hoy XD

Espero les guste este nuevo capítulo! Y ya saben, actualizo todos los miércoles!