Capítulo 11
Salí en cuanto el coche se estacionó. Pude escuchar los gritos de Charlotte y Víctor, camine furiosa. Jamás me había sentido de esa manera. Ese sentimiento protector, esa sensación de fortaleza, esa decisión. Estaba decidida y furiosa. Atravesé las puertas y camine hacia la recepción. Una mujer rubia me miró como si hubiera visto un fantasma.
-Necesito hablar con Christian Grey ahora mismo.
-¿T…tiene una cita señorita?
-Dígale que Anastasia Steel está aquí. ¡Hágalo ahora mismo!
-Lo siento pero…
-Yo me encargo –Dijo otra voz- Lo siento señorita Steel, pero el señor Grey está muy ocupado, en cuanto tenga unos minutos libres le pediré que se comunique con usted.
-Ross, ¿Cierto? –pregunte.
-Sí.
-Dígale al Christian que tenemos que hablar ahora mismo, no pienso ir a ningún lado hasta que no hable con él.
-¡ANA! –Gritó Charlotte jalándome de un brazo para que nadie pudiera escuchar- ¿Qué demonios haces? No puedes aparecerte en las oficinas centrales de GEH y esperar que te reciban tan fácilmente.
-¡Me importa una mierda!
-Ana, por favor –La voz tranquila de Víctor intentaba calmar mis nervios- puedes llamarlo y esperar…
-¡NO VOY A ESPERAR! –Di media vuelta y camine hacia la confundida mujer, no sabía qué hacer, estoy segura que en todos sus años de trabajar al lado de Christian, jamás una mujer se había aparecido armando tremendo escándalo en la recepción de las oficinas centrales- Si no le dices que estoy aquí, me va a importar muy poco la seguridad y entraré a hablar con él.
-Yo me encargo Ros –Taylor. Seguro me vio llegar desde alguna de las miles de cámaras que debe tener este lugar- Señorita Steel, por aquí por favor.
No dije nada. Solo seguí caminando detrás del hombre. Charlotte y Víctor muy cerca de mí. Los dos listos para cualquier cosa que pudiera pasar, pero estoy muy segura que Taylor no se espera lo que estoy a punto de hacer. Camine por algunos segundos, entramos a un ascensor, después de algunos pisos las puertas se abrieron y dieron paso a una enorme sala.
-El señor Grey vendrá en unos segundos.
Charlotte caminó y se sentó frente a mí. Víctor parado junto a la ventana observándome. Pocas personas en este mundo me conocen tan bien como ellos dos, saben que soy orgullosa pero sobre todo, soy muy protectora con mi hijo.
MI HIJO.
No dicen nada. Saben que no deben decir nada. Mi cuerpo sigue temblando a pesar de las horas de vuelo. Aún puedo sentir ese nudo en la garganta en cuanto vi a esa maldita mujer. Tan solo recordar la discusión me hace hervir la sangre y mis manos comienzan a temblar. En el camino hacia Seattle, Charlotte se encargó de conseguir al mejor abogado de New York en caso de necesitarlo, pero no me arrepiento de lo que hice y volvería a hacerlo.
Cierro los ojos intentando calmar mi rabia y contener por unos minutos más todo lo que tengo que decir. Todo el camino repetí y repetí lo que se viene. He visto molesto a Christian en varias ocasiones. Pero él nunca me ha visto furiosa a mí. Pero ahora sabrá que nadie debe meterse conmigo y mucho menos con mi hijo.
Escuchó como la puerta se abre y segundos después de cierra. Escucho pasos firmes en mi dirección. Dos personas entraron a la sala. Seguro que Taylor entró con Grey. Abro los ojos. No puedo seguir conteniéndome. Me levantó de la silla y veo a Christian caminando hacia mí con un impecable traje negro y una corbata roja.
-¿Qué demonios significa esto? –Caminé hacia donde él se detuvo y me desahogué. Taylor no sabe cómo reaccionar, por primera vez esta inseguro de que hacer. Escuchó a Charlotte ahogar un grito y Víctor se ha movido para estar cerca de mí. Christian se lleva una mano a su mejilla roja. ¡DIOS ME ATREVÍ A ABOFETEARLO! Levanta la mirada, pero no es lo que me esperaba. Quería a un Christian furioso para poder pelear y desahogarme. Yo no quería a un Christian confundido e inseguro. Hago pucheros internamente. Pero eso me no me va a detener.
-¡ALEJATE DE MI HIJO! ¡ALEJATE DE MÍ! ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE JAMAS!
La mirada confundida de Christian es profunda. No sabe qué hacer. El señor controlador no puede controlarme…o al menos no es este momento.
-Ana…no…
-Hace varios meses te pregunte algo…te pregunte qué era lo que querías de mi…de nosotros –Empecé a decir entre sollozos. La ira, la rabia, la furia y la frustración estaba afectándome, no podía evitar llorar. Pero no de tristeza. De coraje por sentirme impotente- te lo dije…ya no somos solo nosotros dos…hay un hermoso niño en medio y no pienso permitir que nadie y mucho menos tú le haga daño. No me importan tus sentimientos o lo que pienses. Pero no te quiero cerca de mi hijo –Di media vuelta y camine hacia Charlotte. Pobre mujer. Cuando la contrate no le mencione "dramas con poderosos millonarios" como una de sus actividades. Tomé su bolso y saque un sobre amarillo. Caminé hacia Christian y puse el sobre en la mesa- hay cosas que puedo perdonar, cosas que puedo ignorar. Pero no pienso perdonarte lo que me hiciste. No otra vez.
Unos pasos más y estaba tan cerca de él, podía oler su perfume. Obviamente Christian es mucho más alto que yo, pero gracias a mis tacones casi estábamos de la misma estatura. Nuestras bocas casi se tocaban. Pero no había nada romántico en eso. Ahora mismo este hombre sabrá quién soy yo.
-No te quiero cerca de mi hijo. Haré todo lo que sea necesario para mantenerte alejado a ti, a tu familia y a toda la gente que te rodea lejos de mi bebe. ¿Piensas que eres peligroso? Aun no me conoces bien Grey. Por MÍ hijo daría mi vida. Por MÍ hijo mataría. ¡NO TE VUELVAS A ACERCAR A THEODORE JAMAS! ¿Escuchaste? ¡JAMÁS!
No reacciona. Pero yo sí. Me alejo de él y salgo de la habitación. Puedo escuchar a Charlotte y a Víctor seguirme. Las puertas del ascensor se abren y Grace aparece. ¡Qué conveniente! Me mira con una enorme sonrisa, la cual no respondo. Paso junto a ella sin dirigirle la palabra y las puertas se cierran. Aún estoy temblando. Mis piernas no me sostendrán por mucho tiempo más. En cuanto salimos del GEH me desplomo en el coche. Cierro los ojos y empiezo a llorar. ¡MALDITAS HORMONAS! Escucho mi celular sonar varias veces. No respondo.
Y no responderé jamás.
Mi pequeño niño duerme en mis brazos abrazando a su muñeco. Charlotte camina a mi lado y Víctor detrás de nosotras jalando las maletas. Las puertas se abren y un frío clima nos da la bienvenida. Mi niño tiembla y lo acerco más a mi pecho. Un hombre nos recibe y abre la puerta de la camioneta, subimos en silencio y nos dirigimos hacia mi nuevo hogar.
Después de algunos minutos nos detenemos frente a un lindo vecindario, las casas son muy parecidas pero me gusta. Víctor sale primero, abre la puerta del coche para después dirigirse hacia las maletas. Charlotte camina…o más bien brinca. Está muy emocionada por el nuevo lugar ya que ella también vivirá con nosotros. Es una casa hermosa. Con un pequeño jardín delantero, una puerta azul y las paredes blancas. Es hermosa. Como en las novelas de Jane Austen. Al entrar a la nueva casa…no sé qué decir. Le pedí a William algo modesto y sencillo. Pero esto es…tan elegante. Al entrar un pequeño pasillo nos recibe, hay escaleras hacia el segundo piso y un puerta debajo de estas, me recordó a Harry Potter. A la izquierda una gran sala decorada como en las novelas de Austen. A la derecha un gran comedor. Al fondo la cocina y una especie de oficina. El segundo piso tiene cuatro habitaciones y el tercer piso es un enorme ático. La casa es simplemente hermosa. Charlotte recorre toda la casa como niño con juguete nuevo mientras llevo a mi bebe a su habitación. Es grande, pintada de azul y el techo decorado con alguna constelación, las paredes sutilmente pintadas con algunas estrellas y cosas de niños, es simplemente hermosa. Debo agradecerle a William por tan bonito detalle. Al poner a mi bebe en su nueva cama, se mueve pero no se despierta. Salgo de su nuevo cuarto no sin antes darle un beso en su frente.
En la parte inferior Charlotte examina la nueva sala y Víctor la mira con diversión, y eso es bueno, puesto que la arrastre conmigo hacia esta nueva vida. Debería estar furiosa por dejar todo atrás pero pareciera como si todo esto no le importará en lo más mínimo.
-¿Y qué piensas? –Le pregunto a la mujer que tiene las mejillas rojas y sus ojos brillantes.
-¿En serio? ¡DIOS ANA! ¡Me siento como Elizabeth Bennet! ¡Esta casa es TAN Jane Austen! ¡La amo!
-¿No dijiste que amabas New York? –Pregunta Víctor con algo de diversión en su rostro.
-No. Me gusta New York. ¡Pero amo Londres!
Londres. Reino Unido. El otro lado del mundo. Lejos. Muy lejos de lo que alguna vez pensé que era mi casa. Pasaron algo así como dos minutos para que llamara a William y aceptará el trabajo. Después del encuentro con esa maldita mujer y la pelea…no eso no fue una pelea…llamémoslo…mi desahogo con Christian, renuncie a mi trabajo y me traslade a Londres.
Hablé con mi padre esa noche y a pesar de las constantes llamadas de Grace y Mía, lo convencí de no decir nada de mi embarazo. No le dije el motivo de mi renuncia, pero de alguna manera lo entendió. No lo obligue a venir con nosotros pero si me prometió visitarnos en cuanto nos instaláramos. Mi madre me gritó algo acerca de huir de mis problemas, cosa que estoy segura que Ray quería decir. Pero ellos no lo entienden. Nadie lo entiende. Ni siquiera Charlotte y Víctor saben el motivo del porque tuvieron que llamar a seguridad después de dejarme solo unos minutos con esa zorra…aunque estoy segura que lo sospecharon en cuando vieron a esa maldita mujer con la nariz y un labio roto y sangrando, gritando que me demandaría mientras la sacaban de la revista. Segundos después viajábamos hacia Seattle.
Christian intento buscarme y hablar. Al igual que Grace y todos los Grey. Kate no estaba en la ciudad por lo que no me vio y no sabe de mi estado actual, solo le di un pequeñísimo resumen de mi encuentro con Elena, entonces y a pesar de los reclamos que estoy segura recibió por parte de Elliot, me apoyo y me defendió por teléfono incondicionalmente ante los Grey.
Nadie sabía de mis planes de marcharme hasta dos horas antes del vuelo, mientras Víctor guardaba el equipaje en la camioneta, mi celular sonó. Christian. Llamo decenas de veces hasta que apague el teléfono por orden de una azafata. Mi bebe no tiene ni idea de lo que pasaba. Solo le dije que iríamos de vacaciones por algunos meses a Londres, tan solo con mencionar el nombre brinco de felicidad. ¿Les había dicho lo apasionado que es mi bebe del soccer en especial del Chelsea F.C.? Aún no tengo ni la menor idea de cómo hablaré con mi bebe. Pero estoy segura que ya encontraré la forma de hacerlo.
El clima es totalmente diferente. Hace mucho frío por las mañanas, el sol es un poco raro pues a pesar de estar en lo más alto del cielo no calienta nada. Mi pequeño niño adora esta ciudad. A los pocos días de llegar a Londres, Víctor regreso a NY con su esposa no sin antes buscar al mejor guardaespaldas de la ciudad y advertirme que si lo necesito no dude en llamarlo. En cuanto al trabajo, es increíble. No sé por qué no había tomado esta decisión antes.
En fin. Las siguientes semanas para mi gran sorpresa fueron muy tranquilas. Teddy se había adaptado a la perfección, por no decir las horas que se pasaba pegado a la televisión mirando Soccer. Charlotte actuaba extraño, pero estoy segura que tiene que ver con la presencia de William nuestro nuevo jefe. Víctor se había dado a la tarea de llamar tres veces por semana preguntando si todo estaba bien o necesitábamos algo. Mis padres seguín diciendo que huía de mis problemas y Kate estaba a punto de visitarme en dos semanas.
Con casi quince semanas de embarazo, mi panza ya se empezaba a notar. Ahora tenía que usar ropa un poco holgada, Teddy estaba feliz por la noticia de un nuevo hermanito y se dedicaba en su tiempo libre (cuando no veía televisión y se ponían a saltar en el sillón) a hacer dibujos de su hermanita, porque tenía que ser niña. Decía que no quería un niño porque le quitaría sus juguetes.
-¿Y si es niña? –Le pregunte a mi niño.
-¡Sela bonita! Se palecela a ti mami
-¿Y si es niño?
-¡NO! ¡Me quitará mis juguetes! –dijo haciendo pucheros mientras yo me partía de risa.
Había conseguido a una niñera las primeras semanas. Teddy decía que hablaba gracioso, pero la quería. La mañana de un Viernes partí al trabajo como de costumbre, Charlotte había decidido cambiar su look y ahora se veía un poco más atrevida…definitivamente tiene que ver con nuestro nuevo jefe, he visto como se miran cuando creen que nadie los ve. Por la tarde, después de una junta que honestamente creí que nunca terminaría, salimos a nuestro nuevo hogar. Me dormí. Últimamente era algo común.
-Ana, despierta. –Escuche la voz de Charlotte- Ya llegamos.
-mmmm…
-Ana…abre los ojos.
Con todo el dolor de mi corazón los abrí. Odiaba que me despertaran, pero recordé que seguía en el auto. Abrí los ojos. Miré por la venta y vi que no nos habíamos estacionado frente a la casa como siempre, estábamos un poco atrás. Otra vez alguien más había ocupado mi lugar de estacionamiento. Levante la mirada hacia mi pequeña casa.
¿En serio? ¿Qué acaso Taylor nunca tenía frío?
¡MIERDA!
