-Naruto-
Deslizó su polla en el dulce coño de Hinata tan lento como le fue posible, saboreando cada centímetro. Se encontraba malditamente apretada, como una mordaza alrededor de su polla, el tirón de la barra en su pene solo hacía las cosas mucho mejor. De hecho, podía sentir el pulso. Si no supiera que dio a luz a un niño, pensaría que era una maldita virgen: caliente, hinchada y perfecta.
Tal vez debería sentirse culpable, tomándola de esa manera.
Se encontraba alterada emocionalmente y muy vulnerable. Comprensible. Su pequeña confesión sobre Menma lo derribó. Todavía no podía creer que hubiera sido tan ciego, pero ya había decidido una cosa.
La próxima vez que viera a su hermanastro, lo mataría.
Y en cuanto a Hinata... la había jodido al no vigilarlos mejor a ella y Menma, y la jodió incluso peor al dejar que la ley intercediera para arreglar sus problemas.
No estaba listo para admitir que Hinata era su responsabilidad hace cuatro años, a pesar de lo que sucedió entre ellos en el nacimiento de Boruto. Pasó demasiado tiempo jugando a ser el tío bueno, ignorando lo que sentía porque sabía que no era lo mejor para ella. Merecía ser libre, ¿y quién era él para quitarle eso?
Bueno, a la mierda con eso.
Era un idiota celoso, y el pensamiento de la polla de otro hombre en su pequeño coño jugoso... Obito tenía razón, necesitaba reclamarla o dejarla ir, y se hallaba bastante seguro que eso no sucedería. Jamás. Hinata podría no estar lista para el parche de propiedad, pero eso no importaba. La marcaría de una forma diferente, con un collar de marcas moradas alrededor de su cuello. Su propio collar, marcándola y declarándole al mundo que tenía un hombre que la poseía.
Dios, amaba su visión tendida en el banco, las manos atadas con su cinturón, su camiseta y sujetador arriba, sus tetas sacudiéndose cada vez que golpeaba su casa. Mejor de lo que alguna vez imaginó, y mierda, pasó un montón de tiempo imaginándosela justo así. Trató de ser cuidadoso, pero cuando ella comenzó a gemir y a convulsionarse a su alrededor, fue demasiado. Naruto se enterró profundo, amando el pequeño grito que dio, haciendo estallar su propio autocontrol. Algo primitivo y poderoso fue liberado.
Agarró sus caderas, enterrando los dedos en su culo. Deslizó una mano más cerca de su parte trasera y pensó: qué demonios, deslizando su dedo dentro. Ella se puso rígida y gritó, sus músculos internos convulsionaron a su alrededor tan fuerte que tuvo que detenerse y mantenerse firme, tratando de no explotar en ese momento.
Ese no fue un estremecimiento de dolor, gracias a la mierda.
Hinata lo miró con sus ojos muy abiertos, jadeando tan fuerte que sus tetas prácticamente bailaron. Era jodidamente caliente. Recordaría ese momento por tanto tiempo como estuviera vivo. Naruto comenzó a moverse de nuevo, saboreando cada centímetro de sus músculos con cada empuje, preguntándose si era posible morir de placer.
Parecía bastante probable, considerando todo esto.
Puso el dedo más profundo, y la mano sobre su cadera, para controlar su posición. Sabía por su gemido que había golpeado el lugar exacto. Ahora cada empuje molía la cabeza redonda de su perforación contra su punto G. Hacer que una chica se corriera mientras jugaba con su clítoris estaba bien, pero jodidamente amaba la forma en que se sentía si las hacía correrse desde adentro.
Quería eso para Hinata —convulsión total, sumisión total. Ella se puso rígida y gimió. Malditamente cerca.
—De acuerdo, nena —dijo, observando su rostro. Había cerrado los ojos, y tenía la cabeza hacia un lado, la espalda arqueada mientras se impulsaba hacia él. Debería haberle puesto el parche hace muchos años. ¿En qué mierda pensaba, perdiéndose esto?—. Córrete a mí alrededor, muéstrame lo que puede hacer ese dulce coño tuyo.
En el fondo, Naruto escuchó voces, y supo que algunos de los hermanos habían llegado al cobertizo. La idea de que lo vieran así, observándolo marcar a Hinata, casi lo envió sobre el borde. Esto no se trataba solo sobre follarla (aunque follarla definitivamente era asombroso). No, esto se trataba de reclamarla de una vez por todas, y mientras más personas los vieran, mejor.
Naruto empujó con más fuerza, amando los pequeños gruñidos que soltaba con cada empuje. Sabía que se encontraba cerca, malditamente cerca, así que se retiró lo suficiente para centrar la cabeza de su polla en su punto G y comenzó una serie de duras, cortas y constantes embestidas. Ella se corrió con un grito, con las caderas temblando y sus tetas sacudiéndose. Su coño se sentía como una maldita tuerca, y eso fue suficiente para él. Naruto se retiró en el último segundo, esparciendo su semilla sobre su estómago.
Perfecto.
Nunca estuvo tan hermosa... a su merced, cubierta con su semen, y marcada de modo que cualquier hombre que la viera sabría que estaba jodidamente poseída.
Quería tatuar su nombre en su trasero y mantenerla atada de ese modo todo el día, lista y esperando por su polla.
De algún modo, dudó que ella estuviera de acuerdo con eso. Naruto reprimió una sonrisa. Hinata abrió los ojos y lo miró, aturdida.
—Vaya —susurró.
—No jodas —respondió Naruto, preguntándose si algún hombre en la historia se sintió alguna vez la mitad de satisfecho de lo que se sentía en ese momento. Probablemente no. Dejó caer la mano en su estómago, frotando su semen lentamente hacia arriba hasta sus pezones.
Síp, era un jodido bastardo enfermo, porque incluso eso lo encendía.
Tener una mujer no era tan malo, decidió. Ni la mitad de malo, en absoluto.
-Hinata-
Santa mierda en un palo. Eso fue... sin precedentes.
Naruto me preguntó con cuántos hombres había estado y le dije tres. ¿Pero comparados con él? No tenía claro si los otros incluso calificaban. Nunca sentí nada tan bueno como lo que acababa de hacerme. Ni de cerca. Ahora me observaba con sus perezosos ojos entornados, engreído como el infierno.
Merecía estarlo.
Le devolví la sonrisa. Tal vez este no era un error tan grande.
—Mierda, chilló como un maldito cerdo —dijo la voz de un hombre desde la derecha. Fui desde la relajación post-coital al horror puro en menos de un segundo. No solo me hallaba extendida en el mostrador, completamente expuesta, sino que mis manos estaban atadas. Tiré, tratando de liberarme, esperando que solo me hubieran escuchado, en lugar de observar todo el espectáculo.
Naruto se rió, lo que no fue una respuesta aceptable. Ni siquiera un poco.
—Piérdanse —dijo, girándose hacia los tres hombres que habían aparecido junto a la furgoneta. Sin embargo, no sonó enojado. Sonaba malditamente complacido de sí mismo—. Esta es mía. Vayan a follar a sus propias chicas.
Los hombres rieron y deambularon hacia el costado más alejado del cobertizo para mirar las motocicletas, como si no acabaran de verme siendo follada públicamente.
Oh. Mi. Dios.
—Naruto, baja mi camiseta y déjame ir —siseé—. Ahora.
Extendió la mano y enderezó mi sujetador y camiseta, luego guardó su polla en sus pantalones. Eso no era suficiente, quería mis manos libres y mis pantalones cortos arriba. Ahora. En lugar de eso, se inclinó sobre mí, de pie entre mis piernas, con los codos a cada lado de mi cuerpo.
—Bien, ¿tenemos las cosas claras ahora? —preguntó. Lo miré.
—¿Qué demonios estás haciendo? —susurré—. Jesús, Naruto, déjame ir. Necesito ponerme la ropa. No puedo creer que me vieran así.
—¿Tienes algo que no han visto antes? —preguntó, sonriendo—. Te preocupas demasiado, Hina. Estos son motociclistas, han visto a personas follando. Y también es una cosa malditamente buena que lo vieran.
—¿Por qué lo dices?
—Porque ahora saben que me perteneces —dijo—. Me preocupaba tan malditamente por Boruto, que no lo supe hasta ahora.
—¿Saber qué?
—Que esta cosa entre nosotros estaba allí y ya es real. No podemos hacer que se vaya. Estamos juntos y haremos que funcione. O no lo haremos. El sexo es lo de menos en esto. Esto va mucho más allá del sexo.
De repente, la esperanza me golpeó, luego sacudí la cabeza, recordándome no ser estúpida. Este era Naruto. Podría amarlo, pero no era ciega...
—¿Estás diciendo que te preocupas por mí? —le pregunté con escepticismo—. Como, ¿qué realmente te importo?
—Bueno, sí —dijo, arrugando la frente—. Siempre me he preocupado por ti, Hina, no es un secreto. Quiero decir, te sostuve al lado de la carretera mientras tenías un bebé. No quiero sonar como un imbécil aquí, pero el hecho es que no todos los chicos harían eso. Algo sucedió esa noche. Fingimos que no por un largo tiempo. Ahora terminamos de fingir.
—Eres un gran puto —dije sin expresión, odiando las palabras a pesar de que necesitaba decirlas—. No estaré con alguien que duerme con otras, y aun así, aquí estamos en una fiesta donde alguna pareja al azar follando en un cobertizo ni siquiera llama la atención. ¿Planeas mantenerlo en tus pantalones?
Sus ojos se volvieron oscuros y helados, y supe mi respuesta antes de que incluso abriera su boca.
—No llevaré a nadie a casa —dijo—. Justo ahora no puedo imaginarme querer follar a nadie más que a ti. Pero esta vida, se trata de la libertad. Me convertí en un Parca para poder hacer mis propias reglas. No busco ponerle una cadena a mi polla y tendérsela a alguna mujer como si fuera un maldito cachorro o algo así.
El dolor me atravesó, y pensé en lo que Shizune me dijo.
Déjaselo claro. Está a bordo o no.
Claramente, Naruto no estaba a bordo, lo que significaba que este era un gran final. Mi desaparecido sentido común finalmente regresó. Dios, era tan idiota.
—¿Vas a desatar el cinturón o qué? —pregunté, obligándome a desprenderme. Naruto y Menma podrían ser hombres muy diferentes, pero tenían una cosa en común. Ambos me veían como una cosa para poseer, una propiedad.
Naruto estrechó la mirada.
—No te pongas toda enojada —dijo—. No estoy diciendo que planeo dormir con otras, pero creo...
—Déjame levantarme, Naruto —dije, con voz suave—. Necesito ponerme la ropa y asearme. Luego quiero ir a visitar a mis amigas y fingir que esto no sucedió.
—Esto sucedió.
—Déjame levantarme.
Me frunció el ceño, pero se estiró y aflojó el cinturón. En el instante en que mis manos estuvieron libres, me senté, empujando su gran y estúpido pecho para quitarlo de mi camino. Salté del mostrador y agarré mis bragas y los pantalones cortos, ajustándomelos. Luego comencé a alejarme. Necesitaba encontrar un baño y limpiarme. Ni siquiera usó un jodido condón.
Mierda. MIERDA.
¿Qué tan estúpida podía ser? Al menos tomaba la píldora... ningún hermanito o hermanita para Boruto, gracias a Dios. Aun así, necesitaría hacerme las pruebas. Idiota. Afortunadamente, sabía que generalmente utilizaba condón, ciertamente encontré suficientes alrededor de su casa.
Hablaría con él sobre eso más tarde.
—Detente.
Lo ignoré.
—Hinata, dije que jodidamente te detuvieras —dijo, su voz más dura. Uno de los hombres al otro lado del cobertizo levantó la mirada, con especulación en sus ojos. Genial. Supongo que darle a los locales el primer espectáculo no fue suficiente. Todavía estábamos en territorio de Naruto, así que seguí sus reglas. Por ahora.
—¿Qué?
—Estamos juntos ahora, entiendes eso, ¿cierto? —preguntó—. Hablo en serio, Hina. Eres de mi propiedad.
—Soy mi propia propiedad —dije, lento y claro. Momento de tomar un descanso antes de que las cosas se pusieran incluso peor—. No planeé que esto sucediera, pero tengo que darte crédito. Eres bastante bueno en hacer que una chica se corra. Disfruté cada segundo. Y creo que también tienes razón sobre Boruto. Necesita un hombre en su vida. Pero nosotros follando realmente no cambia nada, no vamos a funcionar. Eso no significa que él tenga que sufrir. Ustedes sigan haciendo sus cosas juntos. No me meteré en tu camino.
—La situación finalmente está funcionando por primera maldita vez.
Sacudí la cabeza, decidida.
—Déjame decirte lo que va a suceder en el próximo par de días —dije—. Voy a encontrar un trabajo y luego voy a encontrar un lugar barato para vivir. Dejaré de molestarte.
—Eso es una maldita mierda.
—No —respondí—. Es la realidad. Quieres libertad para dormir con otras. No estoy dispuesta a darte eso, quiero más. Suena como si tuviéramos una diferencia fundamental de opiniones aquí, y no voy a tratar de cambiarte. Pero te diré una cosa, Naruto: merezco estar con alguien a quien le importe, como persona. Alguien que me valore lo suficiente para no follar a otra mujer. Preferiría estar sola el resto de mi vida a conformarme con lo que me ofreces. Considérate un infierno de aventura de una noche, pero es todo. ¿Estamos claros?
Con eso me alejé de él, esperando no lucir como si me acabaran de follar hasta los sesos.
No es que realmente importara.
Por mucho que odiara admitirlo, probablemente no iba a ver a ninguna de estas personas de nuevo. Hasta ahora, podía decir que las mujeres eran solo parte del club cuando estaban atadas a un hombre, y me consideré oficialmente desatada. Recogería mi bolso y mis llaves de la mesa del comedor y me iría lejos de las Parcas MC de una buena vez.
Muy mal por las chicas. Realmente me gustaban mucho.
—Santa mierda, ¿qué sucedió contigo? —demandó Shizune. Me echó un vistazo y rompió a reír—. Señoritas, échenle un vistazo.
Me sonrojé, deseando poder desaparecer. Tanto tiempo para que nadie pudiera adivinar lo que estuve haciendo.
—Veo que tú y Naruto tuvieron una pequeña discusión —dijo Karui, mirándome de cerca—. ¿Qué demonios es él, un maldito vampiro?
—¿Qué quieres decir?
—Tienes chupones por todo el cuello —dijo Temari, sonriendo con suficiencia—. Grandes. Lo hizo a propósito, no hay forma de que alguien haga eso por accidente. Maldito imbécil.
—Es tan idiota —murmuré.
—¿Y eso es una novedad? —preguntó Sakura—. Todos son idiotas. Es algo como una característica esencial de los hombres, cariño. Ya sabes, ¿cómo esa cosa que cuelga entre sus piernas?
—Me voy a casa —dije—. No puedo lidiar con esto.
Shizune dejó de reír y colocó las manos en sus caderas.
—No te irás a casa —dijo—. Absolutamente no. ¿No era este el plan? ¿Descubrir lo que realmente quería de ti? Parece que dio un paso hacia adelante. Eso no significa que no puedas quedarte y tener diversión con tus chicas.
—Oh, sé lo que quiere de mí —murmuré, sintiéndome miserable—. Quiere que sea de su propiedad.
Todas las mujeres chillaron, y Sakura trató de darme un abrazo.
—¡Ese imbécil! —dijo Temari. Negué, y se tranquilizaron, confundidas.
—Me dijo que si dormía con otro chico le cortaría el pene y se lo daría de comer —dije—. Y luego me dijo que no me haría promesas acerca de no dormir con otras. Dijo que no traería a nadie a casa, ¿así que se supone que tengo que sentirme bien con eso? Um, no.
—Ouch —murmuró Sakura—. Eso no va a funcionar.
—Nop —respondió Shizune—. Aunque veo a donde va. Algunos de los chicos follan todo lo que se mueve. Tienen a sus mujeres en la casa, los culos a un lado, y todo el mundo pretende que no sucede.
—¿Por qué alguien pensaría que eso está bien? —pregunté—. No lo entiendo.
—Tampoco lo entiendo —dijo Sakura—. Pero realmente no es mi asunto, decirles a otras personas como vivir. Sé lo que le haría a Sasuke. Estaría rogando por la muerte para el momento en el que terminara con él.
—Lo estaría —añadió Temari con una sonrisa—. Sakura es realmente buena con un arma.
—Síp, le dispararía directo a la polla, un centímetro a la vez —confirmó—. Y confía en mí, lo sabe.
—Bueno, no me importa cómo viven las otras personas —dije—. Si quieren dejar que sus hombres duerman por ahí, es su problema. Pero que me jodan si estaré de acuerdo con ello. No es lo suficientemente bueno para mí, y de ningún modo quiero que Boruto crezca creyendo que es así como se trata a una mujer. Naruto puede agarrar su oferta, pincharla con un tenedor, y metérsela por el culo. Ahora necesito encontrar un trabajo y algún lugar para vivir, porque segura como el infierno que no viviré con él por más tiempo.
Shizune asintió, buscando en su bolsillo trasero y sacando un pequeño frasco.
—Es medicina —dijo seriamente. Quité la tapa y lo olfateé rápidamente, lo que me produjo un par de estornudos.
—¿Qué demonios es esto?
—Mi propia mezcla especial —dijo, juntando las cejas—. Créeme, no resolverá nada, ¿pero sabes qué hará?
—¿Qué?
—Distraerte —dijo—. Estarás demasiado ocupada tratando de apagar el fuego en tu garganta. ¡Pulgares arriba!
Tomé un sorbo. Maldita sea si no tuvo razón.
Cuatro horas más tarde, mi garganta seguía quemando por la medicina especial de Shizune. Decidí no irme, las chicas me convencieron de que no debería dejarlo ganar al huir.
Asegurarme de que Naruto no ganara se encontraba muy arriba en mi lista de prioridades.
La fiesta fue sorprendentemente divertida. Shizune y yo pegadas, ya que ambas estábamos libres de hombres. Ella usaba el parche de propiedad de Bolt para que los chicos la dejaran en paz. Yo llevaba un collar de chupetones que se oscurecían y se hacían más grandes mientras la noche avanzaba, lo cual podría o no haber servido para el mismo propósito. Habría sido totalmente humillante, excepto que ya había decidido que me importaba una mierda todo sobre Las
Parcas o sus putas.
Y había un montón de putas flotando alrededor, incluyendo a la rubia de la cocina.
Me dio un sucio saludo con su dedo. Aparecían más a cada minuto, multiplicándose como conejos. Para ser justa, la mayoría parecían gente muy agradable, pero me hallaba fuertemente empeñada en odiarlas.
Me seguía preguntando a cuales se había follado Naruto.
Las mujeres —cerca de diez en total— eran un grupo totalmente diferente. Me gustaban mucho y lamentaba no llegar a conocerlas mejor. Shizune y Sakura debieron difundir las noticias sobre mi situación, porque nadie hizo preguntas entrometidas.
Las chicas me mantuvieron tan ocupada que difícilmente tuve tiempo de pensar en mi humillación.
También aprendí algunas cosas interesantes.
Primero, Shizune compartió por qué Bolt se hallaba en la cárcel. Era una historia fea. Al parecer fie condenado por violar a una chica que trabajaba en The Line. No hallábamos sentadas en un par de sillas de jardín en el patio, cuidando a los niños, cuando comenzó a hablar de eso de forma tan casual que pensé que no la había escuchado bien al principio.
—Um —dije, buscando desesperadamente algún tipo de respuesta. ¿Qué dices cuando alguien te dice que su hombre se encuentra en la cárcel por violación?
—Él no lo hizo —dijo, encogiéndose de hombros—. Fue inculpado.
Aparté la mirada, preguntándome como una mujer que parecía tan lista pudiese ser tan estúpida. ¿Quién se queda con un violador? Si fue a la cárcel, las probabilidades de que hubiera cometido el crimen eran altas.
—No —dijo, tomando mi mano y apretándola—. Puedo ver lo que piensas.
No es así. Me encontraba con él cuando pasó, cariño.
—¿No le dijiste a la policía? —pregunté, con los ojos muy abiertos.
—Por supuesto —respondió—. Pero la chica lo identificó y otro testigo dijo que subieron a un auto juntos. Nunca comprobaron el ADN, aunque tenemos un abogado trabajando en eso. Él dice que es cuestión de tiempo antes de que lo saquemos. No es el ADN de Bolt, pero el laboratorio estatal está tan atrasado que se necesita un jodido milagro para que lleguen a levantar un dedo. Los policías dijeron que yo mentía para cubrirlo. Me hicieron ver como una criminal y una puta en el estrado.
—Diablos —dije—. Eso es horrible, Shizune.
—Dímelo a mí —dijo, su rostro serio—. Lo amo condenadamente mucho. Bolt es un hombre maravilloso. Ha hecho algunas cosas locas, pero no es un jodido violador, ¿sabes? ¿Pero ser la mujer de un motociclista? Para los policías, significa que no eres más que una marioneta del club. Mi testimonio significó una mierda para el momento en que terminaron conmigo. Es elegible para libertad condicional en un año de todos modos, pero quiero limpiar su nombre.
—¿Por qué no han procesado el ADN?
—Buena pregunta —dijo—. Una nueva excusa cada día. Malditos fiscales. Ugh...
No sabía dónde poner eso, así que me quedé callada. Lo que no hice fue levantarme o apartar la mirada, porque aunque conocí a Shizune recientemente, le creí. No era estúpida y tampoco débil.
Daba miedo pensar que el sistema pudiera ser tan corrupto.
—Ellos definitivamente jodieron a Bolt —dijo Sakura, sentándose al lado de nosotras—. Pero los fiscales no son todos malos. Fui sacada en defensa propia el año pasado, después de que las cosas se vinieran abajo con mi hermano.
La miré, curiosa, pero parecía perdida en sus pensamientos. Esa historia podía esperar para otro día, decidí, si es que teníamos otro día. Las chicas estaban siendo de apoyo, pero si seríamos amigas a largo plazo aún era dudoso. Tenía la impresión de que una vez que dejabas el club, estabas fuera... y estuve fuera incluso antes de entrar.
Nos pusimos a hablar de otras cosas, cosas felices mientras el cielo se oscurecía. Para las nueve de la noche, todos los niños se habían ido y las cosas comenzaron a ponerse salvajes. La música subió de volumen y las camisetas de las chicas empezaron a irse, ninguna de ellas inmutó a mis nuevas amigas. Entonces los chicos comenzaron una gran hoguera y abrieron un barril de cerveza. Las parejas desaparecían en la oscuridad. Traté de no mirar demasiado, asustada de que Naruto ya hubiera encontrado a alguien nueva para follar. Era libre para hacer lo que quisiera. Eso no implicaba que tuviera que verlo.
Esa parecía mi señal para salir, excepto que aún no hablaba con Buck sobre el trabajo. Cuanto más pensaba acerca de trabajar en The Line, menos realista parecía. Tal vez solo debería dejarlo... lo mencioné mientras ayudaba a Sakura, Shizune y Temari a limpiar las mesas de comida. Karui había llevado a sus hijos a la casa de su madre hace un rato y aún no regresaba.
—¿Por qué no hablas con Buck y decides después de eso? —sugirió Shizune, apilando bolsas a medio comer de papas fritas en una caja de cartón—. Te ayudaré a encontrarlo. Vamos a terminar esto, primero. Toda esta mierda tiene que ir en la cocina.
—Aquí, dame la caja —dijo Sakura, alcanzándola—. Hinata, ¿puedes alcanzar la otra?
—Claro —respondí, levantándola. Sakura era realmente dulce, había pasado la mitad de la noche hablando de su boda, que estaba a solo tres semanas de distancia. Dejó muy claro que quería que asistiera, sin importar lo que pasara con Naruto.
Ahora la seguía hacia la armería por una puerta trasera, la que daba paso a un conjunto de baños desde el área de la cocina. No era nada especial, no una cocina profesional. Aun así, grande, como la que encontrarías en una iglesia. Tres refrigeradores, un montón de espacio en el mostrador y un enorme bote de basura que se había desbordado en el piso.
Ambas nos detuvimos, mirándolo.
—Jesús, no puedo creer lo cerdos que pueden ser estos chicos —murmuró—. Sacas el maldito bote de basura cuando se llena. No se necesita ser un genio.
—¿Crees que podemos manejarlo? —pregunté, evaluándolo. Se hallaba totalmente lleno y parecía pesado.
—Solo hay un modo de averiguarlo —contestó. Bajamos la comida, recogimos la mayor cantidad de basura derramada, y después cada una tomó un lado. No fue fácil, pero luchamos a través de la cocina y dentro del salón principal de la armería, la cual aún no había visto.
—Jodida mierda —le dije a Sakura, con los ojos muy abiertos. El lugar se encontraba repleto de hombres bebiendo y mujeres paseando alrededor, desnudas.
Había un bar con una chica desnuda a un lado dando chupitos con su cuerpo. Mis ojos se deslizaron lejos solo para aterrizar en otra chica cuya cabeza se balanceaba arriba y abajo sobre el regazo de un hombre. Él se encontraba sentado en un sofá raído, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, una mano envuelta con firmeza en su cabello.
—Solo ignóralos —murmuró Sakura, rodando los ojos—. Puñado de idiotas.
El contenedor está al frente, al otro lado del estacionamiento. Los genios que diseñaron esto no pusieron muchas puertas exteriores. Construido para ser una fortaleza. Es tan molesto.
Llevamos la basura a través del cuarto, y sentí mis mejillas ardiendo.
Entonces un hombre se acercó y tomó la pesada manija de mi lado.
—Debieron pedir ayuda, chicas —dijo, sonriéndome. Era un tipo lindo, noté. Un poco viejo, probablemente en sus treinta. Tenía una gran barba, tatuajes (todos tenían tatuajes, creo que debía estar en los estatutos o algo así) y vestía un chaleco cortado con uno de esos parches en forma de diamantes del 1%. Su nombre decía "D.C".
—Gracias —dijo Sakura, agradecida—. Abre la puerta, ¿puedes, Hinata?
Abrí la gran puerta principal, liderando el camino dentro del estacionamiento de enfrente. Había más chicos afuera, pasando el rato por ahí, chicos que vi antes, quienes no tenían muchos parches en sus chalecos.
—Prospectos, traigan sus culos aquí y encárguense de esta basura —ordenó D.C., y dos de ellos corrieron para tomar el bote.
—Necesitan devolverlo a la cocina cuando terminen —le dijo Sakura a D.C.
—Sin problemas, nena —respondió—. ¿Quién es tu amiga?
Sakura y yo intercambiamos miradas. Podía decir que ella no quería presentarme, pero tampoco queríamos ser groseras.
—Soy Hinata —dije, quitándole la presión—. Solo estoy de visita. De hecho, me iré pronto.
Sakura abrió la boca para añadir algo. De repente, un hombre gigante se acercó por detrás, rodeándola con sus brazos antes de tirarla sobre su hombro.
Sasuke.
—¡Necesito follar, mujer! —declaró, golpeado su trasero. Entonces la llevó de vuelta al edificio mientras ella gritaba en protesta.
De repente, me encontré sola en la oscuridad con D.C. y los prospectos.
Ninguno de los chicos más jóvenes me miró a los ojos, y pensé muy fuerte en las advertencias que me habían dado más temprano.
Síp, esto estaba mal en cada aspecto.
—Lindas marcas —dijo él. Levantó la mano para trazar los estúpidos chupones que Naruto me hizo—. ¿Perteneces a alguien?
Esa era una pregunta con intención.
—Es complicado —respondí, mirando alrededor. No sé lo que buscaba.
Hotaru sabría qué hacer en una situación como esta, pensé sombríamente—.Tengo que volver a entrar, encontrar a las chicas. Solo voy... voy a ir allá — agregué, señalando con la cabeza la gran puerta a un costado del edificio. La puerta por la que entré antes. De ningún modo caminaría nuevamente a través de ese club sola, no después de lo que había visto ahí.
—Te llevaré —dijo D.C. envolviendo su brazo alrededor de mis hombros y sosteniéndome con firmeza contra su cuerpo. Olí el alcohol en su aliento.
Mierda. MIERDA. ¡MIERDA!
—Hola —gritó Temari, saludándome desde la puerta. Nunca estuve tan feliz de ver a alguien en mi vida. Se acercó a nosotros, su sonrisa brillante y dulce—. Gracias por encontrar a Hinata, D.C. La necesito de vuelta ahora, Naruto es el siguiente en el ring, y estaría súper molesto si se pierde su pelea. Ellos viven juntos, sabes.
D. C. me soltó y corrí al lado de Temari. Me frunció el ceño.
—Te dije que era complicado —dije, mi voz vacilante—. ¿Lo siento?
Resopló mientras se daba vuelta y caminaba hacia la armería, azotando la puerta detrás de él. Los chicos restantes veían hacia cualquier lugar menos a Temari y a mí.
—Jesús, podría matar a Sakura por dejarte con él —murmuró Temari, tomando mi brazo y arrastrándome por el estacionamiento hacia la puerta—. Al menos me gritó que te encontrara mientras Sasuke se la llevaba. Nunca dejas a una hermana atrás. Esto pudo ponerse feo.
—Um, realmente no tuvo mucha opción —dije—. Sasuke solo la levantó y se la llevó. Pasó realmente rápido.
—Sasuke solo piensa en sexo —espetó Temari, su voz pesada con una mezcla de asco y algo que sonó sospechosamente a celos.
—Por lo menos Sakura te envió aquí afuera —dije—. ¿Pudo haberme lastimado?
—Probablemente no —dijo, su voz suave—. Pero las probabilidades de que esté borracho son muy altas. Si tienes un tipo lo bastante borracho, no siempre escucha la palabra "no".
—¿Eso pasa?
—¿Violación? —preguntó sin rodeos. Asentí.
—Se supone que no —dijo—. No se considera bueno ni nada, pero estoy segura de que ha pasado aquí. También pasaba en mi dormitorio de la universidad. Siempre que pones personas juntas, algunas de ellas van a hacer cosas terribles. Y si tienes suficientes hombres calientes bebiendo suficiente alcohol, puede conducir a mierda mala. Te diré una cosa, me siento más segura aquí de lo que me sentí en algunas fiestas de fraternidad. Las fiestas de Las Parcas pueden ponerse un poco más salvajes que las de la universidad, pero tenemos reglas y créeme, ellos las cumplen.
—¿Y tú creciste alrededor de esto? —pregunté—. ¿No fue eso... escalofriante?
—Crecí con veinte tíos —dijo Temari, sonriendo felizmente mientras pasábamos a través de la puerta. Levantó una mano hacia los chicos que se encontraban ahí y todos le devolvieron el saludo. Claramente, Temari era amada—. Todos habrían hecho cualquier cosa por mí. También tuve tías por todos lados, y un montón de niños para jugar, niños que he conocido de toda mi vida. Viste cuántos niños había aquí más temprano, y todos se la pasaban genial. Claro, los enviamos a casa cuando las cosas comienzan a ponerse locas.
—¿Y a qué edad comenzaste a quedarte hasta tarde? —pregunté. Rodó los ojos y se encogió de hombros.
—Papá me dijo que me fuera hace media hora —admitió—. No quiere que crezca. No es como si algún tipo de aquí fuera a ponerme un dedo encima. Esa es la cosa, esta es una familia. Las familias se cuidan entre ellas.
—¿Y todas esas mujeres corriendo por ahí? —pregunté—. Ese chico D.C. no se interesaba en mí como familia.
Su cara cayó y suspiró.
—Tú no eres familia —dijo suavemente—. Quiero decir, eres familia de Naruto y serás tratada con respeto, D.C. no es de por aquí, y no tenía idea de quién eres, pero si hablas en serio acerca de no pertenecer a Naruto, nunca serás realmente parte del club.
—¿Me odiarías si te digo que no quiero ser parte del club?
—Lo entiendo —dijo suspirando—. Créeme. Solo desearía que fuera diferente para ustedes. Yo no me conformaría con la oferta de Naruto, de ningún modo. De ninguna jodida manera. ¿Quieres salir de aquí? Mi papá va a verme tarde o temprano, así que será mejor que me escabulla ahora.
—Sí, creo que sí —dije.
—Vamos a ver una película o algo —dijo—. Puedes venir a mi casa si quieres. Tenemos un mortal sistema de cine en casa.
—Um, eso suena bien —contesté, algo sorprendida—. Sabes, es gracioso. No pensé en el presidente de un club de motociclistas como el tipo de persona que tiene un sistema de cine en casa.
—Apuesto a que tampoco pensaste que tendría una hija virgen —dijo, recuperando algo de su humor—. Esto apesta, vamos. La última vez que tuvieron una fiesta así de grande, encontré a papá follando a esta chica con la que me gradué. Fue repugnante.
De vuelta en el patio, un círculo se había formado más allá de la hoguera. La gente aplaudía, gritaba y gruñía cada pocos segundos.
—¿Qué es todo esto? —pregunté, estirando el cuello.
—Luchas —dijo Temari secamente—. Eso es lo que pasa cuando tienes muchos penes concentrados en un solo lugar. Oh, y no bromeaba cuando dije que Naruto era el siguiente, está ahí afuera ahora mismo. Por alguna razón, piensan que es divertido golpearse el uno al otro. Vamos a encontrar a Shizune. Quizás venga a ver películas con nosotras.
Reí, luego divisé a Shizune. Se encontraba cerca de la fogata, mirando concentradamente las llamas. Me acerqué pero no levantó la mirada.
—¿Estás bien?
Suspiró y cruzó los brazos, frunciendo el ceño.
—Excelente —dijo, rodando los ojos—. Solo estoy malditamente cansada de estar aquí sin mi hombre. El club es genial y todo, pero no es como tener a Bolt en mi cama.
No estaba segura de qué hacer, así que la abracé. Me devolvió el abrazo.
Realmente quería seguir siendo amiga de estas mujeres, a pesar de toda la situación con Naruto.
—Oye, ¿quieres venir a ver películas conmigo y Temari? —pregunté—. Estoy cansada de Naruto, Obito dice que Temari tiene que irse, y tú estás sola. Suena como si Dios quisiera que salgamos de aquí y comamos un poco de helado de chocolate.
Ella bufó.
—El helado no es sustituto para un hombre —dijo irónicamente.
—Podemos ponerle crema batida —dije, moviendo las cejas—. Puedes pretender que estás lamiéndolo de él en lugar de la cuchara.
—Eres una tonta —respondió, pero sonrió.
—Lo sé —dije alegremente—. Pero soy una tonta que sabe sobre ingredientes refrigerados, y esa es nuestra misión crítica esta noche. Vamos.
—Primero quiero que conozcas a Buck —dijo—. Necesitas pedirle un trabajo.
Fruncí el ceño. ¿Realmente quería trabajar en un club de striptease, especialmente uno que era propiedad de Las Parcas? No parecía la mejor manera de alejarme...
—No tienes que decidirlo esta noche —dijo—. Solo habla con él, y luego volveremos a lo que es realmente importante: helado y películas de chicas. Una triste, por favor, porque estoy de ánimo para un buen llanto. Solo habla con él, ¿de acuerdo?
—No es como si tuvieras algo que perder —agregó Temari, acercándose a nosotras—. Encuentra a Buck, luego nos vamos de este lugar. Estoy lista para un trío con Ben y Jerry8.
Shizune tomó mi mano y me llevó a la multitud cerca de los luchadores, Temari siguiéndonos como un perrito. No podía ver mucho de la pelea, con la pared de motociclistas, pero Shizune nos condujo a través de ellos como una experta. Pronto estuvimos en el borde del "ring", que era solo una línea dibujada en la suciedad.
Ella buscaba a Buck, pero el sonido de un puño golpeando carne llamó mi atención.
Naruto se ubicaba en el centro del círculo, desnudo hasta la cintura, manos descubiertas, expresión hostil. Frente a frente con otro hombre que no conocía.
Lucía un poco más joven que él, y basándome en la sangre cayendo por su cara,
Naruto pateaba su trasero.
Temari se tropezó, deteniéndose a mi lado.
—¿Qué mierda cree que hace Painter? —murmuró—. No puedo creer que esté luchando con Naruto. Eso es malditamente estúpido.
—¿Por qué? —pregunté, con mis ojos pegados a los hombres dando vueltas entre sí. Podía ver la mitad del tatuaje de la pantera de Naruto sobre sus pantalones.
Era realmente perfecto para él, cada movimiento era ágil, suave y totalmente depredador.
—Naruto es realmente bueno —dijo Temari brevemente—. Va a masacrar a Painter.
—¿Ese es...?
—Sí —dijo, su voz sombría—. Ese es él. El chico al que no le importo. Espero que Naruto patee su trasero.
Naruto escogió ese momento para golpear con su puño el estómago del chico, y la multitud rugió. Painter jadeó pero se mantuvo de pie, recuperándose misteriosamente rápido, al menos para mis inexpertos ojos.
—Él está por allí —dijo Shizune, tomando mi brazo otra vez. La miré inexpresivamente.
—¿Quién está por allí?
—Buck —dijo—. Querías hablar con él por un trabajo, ¿verdad?
—Oh, sí —dije, forzándome a alejar la mirada del círculo de boxeadores.
¿Qué tipo de idiotas luchaban así a propósito? Shizune me arrastró a través de la multitud un poco más, deteniéndonos junto a un gran hombre observando la pelea con los brazos cruzados. No lucía muy feliz.
—Hola, Buck —dijo Shizune animadamente. Él bajó la mirada y elevó una ceja. Tragué.
—Um, podemos hacer esto otro día. —Me incliné y le susurré a Shizune—: No parece estar de buen humor.
—Es así —dijo—. ¿Verdad, Buck? Siempre eres una especie de idiota, ¿no?
El gran hombre realmente sonrió.
—Y tú siempre eres una especie de perra, pero me gustas de todos modos — dijo—. ¿Estás lista para botar al imbécil de Bolt y follar con un hombre real?
—Creo que Jade podría tener un problema con eso, y tiene malditamente buena puntería.
Esta vez la sonrisa tocó sus ojos.
—Eso es jodidamente cierto —dijo—. Dios, pero puede ser una perra. Nunca es aburrida. Entonces, ¿quién es esta?
—Esta es Hinata —dijo, empujándome más adelante. Desde el ring escuché el chasquido de carne golpeando carne, y vi a Painter tambaleándose por el rabillo de mi ojo. Naruto lo rodeaba como un gato jugando con su comida. Me obligué a no prestar atención, enfocándome en Buck. Hablar con él no podía herirme.
—Hinata busca un trabajo —agregó Shizune.
—¿Bailando? —preguntó, levantando una ceja. Sus ojos se arrastraron por mi figura, evaluándome de una nueva manera, todo negocios ahora.
—Quiero ser camarera —dije—. He atendido mesas en bares antes. Nunca un club de striptease, pero trabajo duro. Escuché que es un buen lugar para trabajar.
Me estudió, su cara pensativa.
—¿Perteneces a alguien?
Shizune y yo nos miramos, y negué con la cabeza.
—En realidad no —respondí.
—¿Qué mierda significa eso?
—Ella...
—Cállate, Shizune —dijo él, aunque su tono no era grosero—. Si no puede hablar por sí misma, no tiene lugar en mi bar. Entonces, ¿cuál es la historia? ¿Perteneces a alguien o no?
Hubo una ráfaga repentina de actividad entre los luchadores, una serie de golpes rápidos que no podía parar de seguir en mi visión periférica. Basada en la reacción de la multitud, las cosas se ponían interesantes.
—¿Eres así de lenta tomando órdenes? —preguntó Buck—. Porque no necesito una camarera lenta.
—Lo siento —dije, recomponiéndome—. Naruto es el tío de mi hijo.
—¿Él puso esas marcas alrededor de tu cuello?
—Uh, sí —dije, haciendo una mueca—. Y vivo con él. Sin embargo, no hay nada entre nosotros. Realmente necesito un trabajo.
Me miró especulativamente, luego miró a Shizune. Ella sonrió y rodó sus ojos. Él asintió lentamente, luego se inclinó hacia el hombre a su lado.
—¿Cien dólares por Painter?
El hombre lo miró, con las cejas levantadas.
—¿Estás jodidamente loco?
—No —dijo Buck—. ¿Tenemos un trato?
—Seguro, tomaré tu dinero. El chico está casi terminado.
Se giró hacia mí.
—Muéstrame tus tetas —dijo.
Mis ojos se abrieron.
—No quiero bailar —dije rápidamente—. Solo atender mesas.
—Sí, entiendo eso —respondió—. Pero necesito asegurarme de que llenarás bien el uniforme. Puedes dejarte el sostén, pero levanta esa camiseta si quieres un trabajo.
Miré a Shizune, quien asintió para tranquilizarme.
—No te preocupes —dijo, sus ojos brillantes lanzándose entre mí, Buck, y los hombres peleando—. Necesitas una delantera decente para ser camarera en The Line. Vamos, a nadie le importará.
Tomé una respiración profunda, alcancé mi camiseta y la saqué por completo.
Dos segundos después escuché un gran golpe. De repente, Naruto se hallaba entre nosotros, el puño estrellándose contra su cara. Buck cayó al suelo y él lo siguió, golpeándolo brutalmente.
Grité mientras Shizune me tiraba a un lado, ambas agachando la cabeza y acurrucándonos. Tres chicos saltaron sobre Naruto, sacándoselo de encima a Buck. Peleó contra ellos, maldiciendo y gruñendo. Obito apareció, seguido de Gage, quien traía un bate.
—Cállense, todos —gritó Obito—. ¡Naruto, arregla tu mierda! Te encuentras fuera del ring, pierdes. Ahora para de pensar con tu polla, idiota.
—Déjenme ir —gruñó Naruto.
—¿Vas a calmarte? —preguntó Gage. Asintió y los chicos lo soltaron. Gage alcanzó a Buck, dándole una mano—. ¿Tenemos un problema aquí?
Buck escupió un poco de sangre y sonrió. El rojo brillante delineando sus dientes horríficamente y cayendo por su barbilla. Parecía un asesino serial.
—Todo está bien —dijo, lamiendo sus labios—. El idiota acaba de ganar una apuesta por mí. Jodidamente fácil.
Luego me miró, aún acuclillada junto a Shizune, completamente aturdida.
—No hay trabajo —dijo—. Tengo suficiente drama de perras en el bar. Sin embargo, ¿en una pelea? Perfecto. Naruto siempre gana, fue un momento jodidamente increíble. Gracias, cariño.
—Uh, está bien —dije rápidamente—. Creo que estaría mejor trabajando en otro lugar de todos modos.
Naruto me miró, con el pecho agitado, su cuerpo cubierto con una capa de sudor.
—¿Le pediste trabajo? —demandó, tomando mi brazo y tirándome por la multitud. Traté de alejarme, pero ni siquiera lo notó.
—¡Suéltame!
Naruto me llevó a la pared del patio y me inmovilizó contra ella, poniendo sus manos a cada lado de mi cara, mientras se acercaba a mi rostro.
—¿Qué parte de esto es tan jodidamente complicado? —preguntó, más enojado de lo que lo había visto. Bueno, casi...—. No vas por ahí mostrando tus tetas. No es un concepto difícil, Hinata.
—Shizune dijo que él necesitaba comprobarme para el trabajo de camarera — le dije rápidamente—. Dijo que no era personal, no es un gran asunto.
Los ojos de Naruto se oscurecieron.
—Cuando un hombre le pide a una mujer ver sus pechos, siempre es personal —dijo lento y claro—. Y los tuyos me pertenecen. De ninguna jodida manera te dejaré trabajar en The Line. Y mantén tus malditas camisetas puestas.
Cristo, es como si estuviese hablando conmigo mismo la mayoría de las veces.
—No te preocupes —dije, sin molestarme en discutir. No tenía sentido—. He tenido suficiente de este club, me marcho. Temari y yo planeamos ver películas y comer helado.
Naruto se calmó, luego metió mi cabello detrás de la oreja, su toque gentil.
Sentí que me relajaba un poco. Quizás no se enojó tanto como creí. Luego sus dedos se deslizaron más profundos en mi cabello y sus ojos se endurecieron.
Sus manos apretaron dolorosamente mientras tiraba de mi boca a la suya. Su lengua se metió profundamente, posesiva y dominante. Su otra mano atrapó mi brazo, tirando de mi cuerpo hacia adelante mientras su otro brazo me rodeó por completo. Una rodilla se metió entre mis piernas, e inclinó su cabeza, tomando todo lo que quería y más.
A mi cuerpo le encantó, ese perro traidor.
La pelea lo dejó sudando, enviando feromonas tan fuertemente que era un milagro que yo siguiera de pie. Quería envolver mis brazos a su alrededor pero me sostenía muy apretadamente, controlando cada movimiento. Comenzaba a sentir un patrón con el Sr. No-Te-Corras-Hasta-Que-Yo-Lo-Diga.
Finalmente se alejó, ambos jadeando por respirar. Aún me sostenía fuerte, era completamente incapaz de moverme aunque quisiera alejarme, lo cual no quería. Mi cerebro se quedó en blanco. Sus caderas encajadas en mí, su polla más que lista para terminar las cosas.
—Me perteneces —dijo con voz áspera.
—Naruto... —comencé, pero de pronto, un fuerte grito femenino atravesó el aire.
Naruto me soltó y se dio vuelta, cubriéndome con su cuerpo mientras miraba la situación. Los gritos continuaron, y entonces escuché un rugido masculino. En la tenue luz del fuego, vi a un hombre cruzar el patio, con más o menos diez hombres siguiéndolo. El chico golpeó la pared, dio un salto alto y agarró la cima con sus manos, impulsándose hacia arriba.
—Santa mierda —murmuré.
—Mantente fuera de esto —dijo Naruto, girándose hacia mí. Sus ojos eran mortalmente serios, y por una vez tuve la intención de hacer lo que me decía—. Enviaré a una de las chicas, luego escapas de aquí. Caminen a sus autos juntas. ¿Me entiendes?
—¿No deberíamos llamar a la policía? —pregunté mientras los gritos se desvanecían. Ahora escuchaba llantos y gritos enojados—. Alguien está herido. ¿Qué demonios pasa?
—Ni idea qué pasó —respondió Naruto—. Conseguiremos ayuda, no te preocupes. Pero no llames a la policía. Controlamos las cosas nosotros mismos, dentro del club. Has lo que digo por una vez y espera que envíe a alguien. Luego ve a casa y quédate ahí. No puedo ocuparme de esto y preocuparme de ti también.
Asentí y me besó con dureza, luego corrió hacia la puerta de la Armería. A la distancia escuché las motocicletas rugir a la vida y luego un disparo. Me deslicé por la pared y me senté, las rodillas apretadas contra mi pecho, y me las arreglé para obedecer a Naruto a la perfección.
Shizune llegó unos diez minutos después. Su rostro era sombrío y tenía rastros de sangre en su brazo. Me puse de pie y tiré mis brazos a su alrededor, apretándola con fuerza.
—¿Qué pasó? —susurré.
—Maldito Toke —murmuró—. Hay una especie de mierda del club pasando. Votaron por eso hoy, se suponía que había terminado, pero Toke, es de las afueras de Portland, tuvo muchas cervezas y decidió que debería haber un recuento. Comenzó a pelear con Yahiko y sacó una maldita cuchilla, ondeándola como un idiota.
—¿Quién gritaba? —pregunté. Me alejé y miré su brazo—. Tienes sangre. ¿Quién fue herido?
Sus ojos se endurecieron.
—Temari —dijo—. El imbécil hirió a Temari con su cuchillo.
La sorpresa me golpeó y me sentí balancear.
—¿Alguien llamó a una ambulancia? —pregunté, mirando alrededor del patio. Más allá del fuego vi a alguien sentado en el suelo, rodeado por mujeres.
—Ella está bien, gracias a Dios —dijo Shizune, su voz dura y enojada—. No es un mal corte, para nada. Tenemos a un chico que le dio algunas puntadas, manteniendo la situación fuera del radar.
—¿Qué hay sobre el disparo?
—Obito no estaba muy feliz porque cortaran a su niña —dijo, y me di cuenta de que era un eufemismo—. Tuvo que ser él. Toke se fue, por la pared, y apuesto que está poniendo un nuevo límite de velocidad ahora mismo. Si es listo, no parará hasta que llegue a México. Temari es una chica especial, todos la aman. Sin mencionar que atacó a su propio presidente. Esto es más que una pelea... son negocios del club. Toke acaba de saltar en una gigante y humeante pila de mierda.
Me estremecí.
—Vamos —dijo Shizune—. Quieren a todas las chicas fuera. Sakura y Karui se quedarán con Temari, pero el resto ya no somos bienvenidas. Necesitamos salir del camino. Demonios, a este ritmo vamos a estar en libertad bajo fianza... asegúrate de dormir con tu teléfono esta noche.
—¿Hablas en serio? —pregunté, con los ojos muy abiertos.
—Si Obito atrapa a Toke, la mierda se pondrá fea —dijo—. Pero no te preocupes, nuestros chicos son inteligentes. Mantendrán la situación bajo control.
—¿Y lo de la fianza? Era broma, ¿verdad?
—Solo mantén tu teléfono cerca, ¿está bien?
Santo infierno.
