Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 10
Bella
— ¿Veremos qué opinan tus hijos? —vocifera Leah, dirigiéndose a sus propios hijos—. Su padre les dará una noticia; tendrá un nuevo hijo con otra mujer.
Esa mujer es el diablo personificado, ¿cómo puede ser tan cruel? ¡Son solo unos niños!
Mi corazón se contrae de tristeza y vergüenza al mismo tiempo.
El rostro de Edward se torna serio en cuanto su esposa le da una mirada retadora. Inclina la cabeza totalmente avergonzado.
— ¿Es cierto eso papá? —interroga uno de los chicos—. ¿Vas a tener un hijo con otra mujer?
— Claro que no. —dice el chico risueño, colgándose del brazo de su padre—. ¿A qué no, pá?
— Responde a tus hijos, Edward. —Le anima la arpía.
Edward eleva la cabeza empezando un duelo de miradas con su esposa. Segundos después mira a los chicos.
— Hijos —los llama—, déjenme a solas con su madre.
— ¿Alguien quiere chocolate caliente? —intervengo, mirando a los hijos de Edward con sus rostros entristecidos.
Los animo con una tímida sonrisa para que me sigan, los hermanos intercambian miradas entre ellos, antes de empezar a caminar hacia mi.
Respiro con nerviosismo después de cerrar la puerta.
Los hijos de Edward me observan con el ceño fruncido, uno de ellos me sonríe a la vez que tira de mi mano.
— A dos bloques hay una pizzeria. —dice el chico risueño—. ¿cuál es tu favorita? La mía es la hawaiana, me gusta la combinación de piña y jamón.
— Oye —intento detenerlo—, ofrecí chocolate caliente.
Giro mi cabeza en busca de ayuda mientras estoy siendo casi arrastrada por un adolescente que es más alto y fuerte que yo. La mirada severa del hermano mayor me provoca duda, parece estar asimilando las palabras de su madre.
— ¡Detente, Ian! —chilla el chico tímido. Realmente agradezco que lo haya hecho porque su voz hizo detener al inquieto hermano—. Ella, no tiene abrigo —me señala.
Bajo mi vista a mis botas de piso que son lo único abrigador de mi atuendo, mis leggings no están diseñados para las temperaturas congelantes que hay fuera, así como tampoco la delgada tela de mi blusa de algodón.
— ¿Dónde está tu chaqueta? —indaga el niño risueño rascando su nuca—. Debemos irnos antes de que mamá salga de la oficina.
El niño está confundido quizá se imagina que soy una especie de nana y no la persona adulta que está trabajando. Cruzo mis brazos en desacuerdo fingiendo un mohín de disgusto, lo que provoca una sonrisa en él.
— Soy Ian Cullen, y este… —apunta al otro chico— Es mi hermano Derek.
— Isabella Swan. Bella para los amigos. —digo con una sonrisa.
— Ahora que ya somos amigos, Bella, ¿podemos irnos? —toma mi muñeca volviendo a tirar de mi. Veo los cristales oscuros convertidos en un borrón antes de entrar al ascensor. El vértigo se apodera de mí, recargo hacia atrás mi cabeza en la pared metálica a la vez que cierro mis ojos.
— ¿Estás bien? —inquiere el chico tímido llamado Derek. Su mirada esmeralda es igual a la de mi Edward, sacudo mi cabeza por mi atrevimiento mental. En sí, los dos son una perfecta copia de su padre.
— Sí —confirmo—, es sólo un mareo.
Ian tararea alguna canción sin prestar un poco de atención a nosotros al tiempo que Derek se pone pensativo. Son tan distintos y a la vez tan iguales que no puedo quitar mi vista de los dos.
Las puertas se deslizan a cada lado dejándonos salir, avanzamos a mitad de camino, Ian me mira unos segundos, sin hacer ruido, regresa al ascensor sobre sus pasos. Pero justo cuando abren las puertas de nuevo Irina está adentro con mi cazadora en su mano, el chico le agradece con una enorme sonrisa volviendo hacia nosotros.
El viento sopla fuerte, evita que mi capucha se mantenga en mi cabeza, trato de cubrir mi boca con la bufanda, ¿cómo se me pudo ocurrir caminar bajo el intenso frío? Lo único bueno es que llegamos al restaurante en tiempo récord.
— ¿Así es de inquieto siempre? —señalo a Ian, quien no deja de jugar con las botellas de salsa picante que están sobre la mesa.
— Solo cuando está nervioso. —musita Derek— Lo que dijo mamá hace un rato, lo tiene de ese modo. —se queda en silencio unos minutos, después fija sus ojos en mi—. Gracias por venir con nosotros, yo solo no hubiera podido controlar su comportamiento. Ian suele protegerse de esa forma, de alguna manera ser hiperactivo le ayuda a aislarse de todo.
Vuelvo mis ojos a Ian; él sigue balbuceando frases inaudibles mientras hace girar las botellas de salsa una y otra vez causándole risa. También tiene los pequeños sobres de queso parmesano en su otra mano lanzándolos uno a uno al vidrio de la ventana.
— ¿Le ocurre muy seguido? —la culpa empieza a invadirme.
— Tenía tiempo que no lo veía así. Dejó de tomar medicamento desde que era un niño pequeño.
— Ya no quiero pizza —Ian se levanta de su silla—, me quiero ir.
Sostengo sus mano haciéndolo que vuelva a sentarse. No tengo idea de qué hacer, sin embargo, no pude evitar abrazarlo con fuerza. Su delgado cuerpo se tensa revelándose a mi, pero sus emociones lo hacen vulnerable aceptando mi abrazo.
— Yo no quiero que, pá, tenga otro hijo. —me confiesa al oído—. No quiero que nos deje.
Mi corazón vuelve a encogerse sintiendo una daga de culpabilidad.
Froto su espalda, reconfortado sus emociones. De pronto se aleja de nuevo, mirándome con precaución.
— ¿Por qué estabas abrazada de mi pá? —indaga Ian. No me pasa desapercibido la nariz arrugada, así como el gesto que hace al mirarme.
— Él me había confesado que los vería hoy, su padre les echa de menos. —respondo, siendo observada por dos pares de ojos verdes—. Supongo que fue la euforia del momento. —me encojo de hombros.
— ¡Oh! —exclama Ian. Concentrándose en la pizza que tiene frente a sus ojos—. ¿Sabes si es verdad lo que dijo mamá?
Tomo una rebanada de pizza haciendo que el queso mozzarella se estire en inigualables tiritas que se quedan sujetas en la masa, el vapor caliente esta quemando mis dedos, mi boca empieza a salivar con el simple olor, sin poder esperar más pongo el trozo en mi boca.
— ¿¡Qué!? —digo, al darme cuenta que los chicos no dejan de mirar mi cara.
— Haces ruidos extraños cuando comes. —dice Derek mostrando sus frenillos dentales en una graciosa risa—. Papá también hace lo mismo.
Me disculpo limpiando la comisura de mis labios con una servilleta de papel.
— ¿Eres amiga de pá? —insiste Ian—, por favor responde.
¿Qué debo decir? La verdad, no, no les haría más daño de lo que soy causante.
— No somos amigos. Él es mi jefe, eso es todo. —alzo mis hombros, restando importancia—. Con respecto al otro tema, no puedo opinar nada. Sólo me consta el inmenso amor que Edward siente por ustedes dos.
— Me caes bien, Bella. —murmura Ian antes de dar una mordida a su rebanada de pizza.
— A mi también. —Derek despeina mi cabello haciendo que me ruborice por su pequeña muestra de confianza.
Sólo espero que sus sonrisas sinceras sigan siendo las mismas cuando sepan que soy la madre de su medio hermano. Sin poder evitarlo pongo mis palmas sobre mi vientre plano... quizá algún día lo querrán.
…
Edward
— ¿Por qué lo hiciste? —bufo—, no era la manera de hacerlo.
Su temple autoritario ahora está en reposo, Leah se mantiene dándome la espalda con su vista en algún punto de la ciudad.
— ¿Qué mierda hacía esa estúpida metida aquí? —pregunta con voz contenida— ¿Desde cuándo comes con ella?
— ¡Maldita sea! —sujeto su antebrazo, girándola a mi—. ¿Qué tienes en el cerebro?
— ¡Responde! —chilla, sacándose de mi agarre.
— ¿Por qué estabas encerrado con esa escuincla? —sus puños golpean mi pecho—. No la quiero cerca de ti, ¡Échala fuera!
— Eres una completa loca —me alejo de ella—. No te soporto.
— Sabes que odio cuando se acercan a ti. —farfulla— lo detesto.
Vuelve su vista al ventanal, tira de su cabello varias veces, después solloza golpeando el cristal con sus puños. En otras ocasiones me hubiera acercado a ella para evitar que se hiciera daño; hoy solo puedo observar cada rabieta desde otro ángulo, aunque parece extraño no me interesa lidiar con Leah de nuevo. Mi único interés son mis hijos, en todos estos años he tenido suficiente con su mal genio.
No queda de otra, me recargo en la pared cruzo mis brazos esperando que le pase pronto el berrinche y le vuelva el raciocinio.
— Vuelve a casa, Edward. —murmura, dándose la vuelta para quedar frente a mi. El maquillaje de sus ojos está corrido por su contorno y mejillas—. No tenemos porque separarnos —se aproxima con lentitud—, piensa en todo el daño que harás a nuestros hijos, si eso ocurre.
Sus dedos recorren mi brazo por encima de mi camisa; se acerca un poco más descansando su cabeza en mi hombro abrazando mi cuerpo. Dejando mi cuerpo tenso sin responder a su abrazo.
— Lo siento de verdad —susurro—, no quiero volver.
— Por favor, hagamos un último intento. —su llanto se incrementa provocando espasmos en su cuerpo—. No me dejes, por favor.
Flexiono mis brazos alrededor de su cintura.
— No tiene caso seguir… nuestro matrimonio terminó hace tiempo, incluso antes de serte infiel.
Aleja su cara de mi, dejándome ver cuánto dolor le causan mis palabras.
— No es cierto. Antes de ese maldito viaje todo estaba bien, tú y yo estábamos bien.
— Intente que así fuera —respondo—, pero no pude.
— Fue solo un polvo. —refuta—, algo sin importancia, efímero.
— Leah —la sujeto de los brazos—, no estoy terminando nuestra relación por ella.
— Sí ella no es la razón, demuéstralo, quédate con nosotros. —sostiene mis mejillas con ambas manos—. Yo no me opondré a tus acercamientos con tu hijo, estoy de acuerdo en que lo reconozcas. Si quieres, también podríamos acondicionar una habitación en casa para ese bebé, quizá más adelante pueda llegar a sentir algún tipo de cariño por él, no sé. ¿Has hablado con esa mujer? Porque mejor le pides que te lo regale, tal vez no lo quiera. Yo podría hacerme cargo de ese bebé, cuidarlo como si fuera mío, nuestro bebé. ¿Dame su nombre y número telefónico? Puedo contactarme con ella, exigirle que nos dé al bebé.
Cierro mi boca aun anonadado por la propuesta.
— ¡Por Dios! Estas hablando de un ser nonato. Aunque jamás sería capaz de arrancarlo de los brazos de su madre. Mucho menos lo expondría a vivir con nosotros, Leah. Nunca te gustó cuidar de nuestros hijos, no recuerdo una sola noche —señalo con mi dedo índice—, que te hayas desvelado por ellos cuando eran recién nacidos, ni siquiera quisiste alimentarlos con leche materna. Ahora pretendes que te crea lo maternal que te has vuelto.
— Nunca te quejaste de mi rol de madre, ¿por qué hasta hoy?
— No me estoy quejando. En realidad tengo mucho por agradecer, aprendí a conocer mejor a nuestros hijos. Disfruté y viví cada etapa de sus vidas. Espero que me permitan seguirlo haciendo.
— Piénsalo bien Edward. Quizá esta es nuestra oportunidad, tú, podrás estar con tu hijo al cien por ciento sin necesidad de días u horas de visita, y yo podría redimir mi papel de madre. —se acerca besando la comisura de mis labios—. Puedes quedarte con tus hijos todo el fin de semana —da un guiño—, si es que quieren estar cerca de ti.
Al salir Leah de mi oficina me dejo caer en la silla.
La conozco bien, estoy seguro que no me dará el divorcio. Al menos no lo hará tan fácil.
…
Ian no deja de mover cuanta cosa que hay sobre mi escritorio después gira la silla dando más vueltas de las que debería soportar su estómago, todo lo contrario a Derek quien sólo observa apacible. Remuevo mi pelo con mis largos dedos en un intento por reunir el valor suficiente, descanso mis antebrazos sobre la mesa con la esperanza de tomar sus manos. Pero ellos se siguen manteniendo en sus posiciones.
— ¿Mamá y tú se van a divorciar? —cuestiona Derek.
Aclaro mi garganta, mi voz parece haberse ido.
— Sí. —mi respuesta deja a Ian inmóvil mientras mi hijo mayor se remueve en su lugar—. Mamá y yo, no estamos bien.
— ¿Vas a tener otro hijo? —Ian siempre directo.
— Sí. —me sincero, sintiéndome miserable al ver sus ojos llenos de desilusión.
Ian da un golpe al escritorio completamente enojado.
— Pues no lo quiero —chilla—, no lo querré nunca.
— ¿Desde cuándo tienes otra mujer? —Derek también eleva la voz, pero aún se mantiene en su silla—. ¿Desde cuándo engañas a mamá?
— No es justo. Tú, no eres como todos los demás. —interviene Ian— al menos eso creí siempre. Tu eras perfecto, pá.
— Eras mi orgullo, mi mejor amigo. —agrega Ian, ahondando más mi culpa—. Me fallaste, pá.
— No soy perfecto, nunca he pretendido serlo. —digo con mi voz apenas audible—. Me siento avergonzado por mi falta, lo admito. Siento haber roto la familia que les di. Pero no puedo seguir engañandolos, le pedí el divorcio a mamá.
La mirada de ambos cayó al piso.
— Antes que se hagan ideas, les aclaro que no estoy con ninguna otra mujer.
— Entonces —dice Ian—, ¿por qué te quieres divorciar?
Buena pregunta, me cuestiono lo mismo desde hace días, aún sigo esperando hallar la respuesta. Antes de conocer a Bella nunca tuve la oportunidad de pensar en mi vida con un nuevo comienzo. Sin embargo hoy me quiero aferrar a la posibilidad que puedo empezar de cero.
— No considero saludable seguir con mamá, después de lo sucedido. —manifiesto— Es necesario seguir por separado por el bien de ustedes.
— Me duele que te vayas de casa —expresa Ian—. Siento feo por nosotros aunque también por mamá. Es cierto que a veces digo cosas de ella, pero es mi mama y la quiero.
— No pretendo que la dejen de querer. Al contrario, al irme de casa ustedes deben cuidar de ella. Seguramente estará muy triste.
— ¿Por qué falla un papá? —demanda Derek con voz entrecortada, sin dejar de retorcer sus dedos.
— Porque antes de ser padre, soy un simple mortal. Lleno de dudas, miedos, aciertos, y desaciertos. No estoy exento de errar.
— No quiero que te vayas, papá. —sugiere mi hijo mayor. Provocando una angustia en mi pecho.
— Debo hacerlo. —respondo con un nudo en mi garganta.
— ¿Qué pasará con nosotros? —cuestiona mi hijo menor—, ¿cuándo te veremos?
— Todas las veces que ustedes quieran, incluso pueden pasar el fin de semana conmigo, ¿quieren hacerlo? —pregunto esperanzado porque acepten.
— ¿Dónde estás viviendo? —interroga con tristeza Derek.
— Me estoy quedando en un hotel —aclaro mi garganta—. En unos días empezaré a mirar apartamentos. ¿Quieren ayudarme a buscar?
Se miran entre ellos después me observan a mi.
— Con una condición —dice Ian—, no queremos saber nada de… tu hijo.
— También queremos estar contigo sin que esté él. —agrega Derek— No estamos dispuestos a convivir con él por ningún motivo.
Es mi tiempo de escudriñar sus rostros, es evidente, por su postura y tono de voz están celosos.
— De acuerdo, no puedo obligarlos a convivir con un bebé que no ha nacido. —digo.
Sus ojos se tornan curiosos. Pero igual lo dejan pasar.
— Será difícil acostumbrarnos a que no estés con nosotros —Ian se aproxima a mi lugar—. Te quiero, pá —justo cuando siento sus delgados brazos envolverme, puedo percibir que todo estará bien. Lo abrazo fuerte a mi pecho, susurrando en su oído cuánto lo siento.
— ¿Podemos irnos? —cuestiona Derek desde su lugar. Con él todo será un poco más complicado, estoy convencido que no bastará una charla para que me perdone.
Camino con mi brazo puesto en los hombros de Ian e intento hacer lo mismo con mi hijo mayor, obvio éste último se remueve.
— ¿Quieren ir a comer? —ofrezco.
— No. Nosotros fuimos a comer pizza con la chica que estaba en tu oficina. —declara Ian, sobando su estómago.
— ¿Caminando? —mis nervios afloran sintiendo angustia por Bella, ¿cómo pudo ser tan imprudente?
— No papá, volamos de aquí hasta la pizzeria. —el sarcasmo de mi hijo mayor dice presente.
— Le preste mis guantes, pá —presume Ian—, por cierto le quedaron enormes.
No pongo atención, estoy demasiado preocupado por Bella. Si llega a pescar un resfriado no podrá tomar medicamento por su embarazo. Comienzo a caminar hacia la oficina de Mike con mis hijos atrás de mí, quedándome de piedra por ver la cursi escena de Jared arrodillado ante Bella, lo peor es mirar su deslumbrante sonrisa solo para él.
— Los haré muy felices —escucho decir a Jared—, a ti y a mi bebé —deja un beso en su estómago.
Haciéndome ver todo rojo.
— ¿De cuál bebé hablas? —mascullo.
La sonrisa de Bella desaparece al igual que la de su falso "novio".
— ¿Estás embarazada? —preguntan mis hijos a coro.
Hola! Espero les guste el capítulo. Al parecer Leah no dará tregua, buscará de un modo o de otro quedarse con Edward, y los chicos, pues es normal que estén desilusionados, sin embargo Ian con 14 años en plena adolescencia parece que no toma nada en serio, por el momento. Con Derek las cosas serán un poquito más diferentes. Por cierto, ¿creen que se hayan dado cuenta de los celos de su pá? ¿empezarán a atar cabos?
Les cuento que la historia SÍ tiene final feliz, quizá se asustan porque ven pasar los capítulos y no llega un acercamiento real entre nuestros protagonistas, pero tranquilas, se está acercando ese capítulo. Sólo dejen a Edward acomodar el rumbo de su vida. También quiero que me ayuden con en siguiente capítulo, ¿prefieren punto de vista por Bella o Leah? Si eligen a Bella será la continuidad de este capítulo.
gracias por sus alertas, favoritos y reviews.
Un beso a todas las chicas que me dejan un comentario, en serio me hacen muchísimo feliz leerles. No olviden que son mi energía. GRACIAS siempre por leer, me encanta saber que quieren capítulo, son hermosas, me sacan siempre una sonrisa.
¡Capítulo extra el próximo martes! no se les olvide decirme a quien prefieren leer.
Me disculpo por los errores ortográficos y/o gramática que puedan encontrar.
Gracias.
