Quédate conmigo


Esa misma noche...

Natasha cerró la puerta de un manotazo. Se recargó en ésta y cubrió su rostro con ambas manos, en un intento desesperado por controlar su agitada respiración. Estaba exasperada, peor que enojada, furiosa.

Furiosa consigo misma.

Las lágrimas caían silenciosas sobre sus mejillas, pero ni siquiera recordaba haber comenzado a llorar.

"Nada fue real."

Recordaba cada detalle a la perfección. Jamás olvidaría la mirada de Steve al escuchar sus palabras.

"Nunca podría verte como un hombre."

¿Por qué no se daba cuenta de que mentía? Si decía conocerla tan bien, ¿por qué no hacía nada para sacarla de su error?

"Sólo fue diversión."

Tal vez Steve se había cansado. Tal vez sus palabras habían dado justo en el clavo. Tal vez él ya no lo intentaría.

Era lo mejor; sin embargo dolía. No sólo terminaba con su amistad, sino también con el anhelo de lo que pudo haber sido.

Sus fuerzas se desvanecían, era como si romper el corazón de Steve fuese lo mismo que romper el de ella. Le afectaba mucho más de lo que algun día creyó posible.

Steve se marchaba. Se iba por su culpa, porque ella había decidido terminar antes de empezar.

Comprendía que lo quería, que él se había convertido en una pieza fundamental de su existencia, pero lo mejor era no ir más allá. Su vida era parecida a estar sobre la cuerda floja, un paso en falso y morías. Ella no soportaría una vida sin él, y él ya había perdido a demasiadas personas como para que ella fuese la siguiente en la lista.

No deseaba vivir con el temor a morir en cualquier momento, no deseaba vivir con el terror de verlo sufrir tras su partida.

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-Marcus Scarlotti.- Señaló Ward. Enseguida mostró una foto del susodicho.

James Barnes, de pie frente a él, arrugó el entrecejo y frunció los labios. Tomó la instantánea con una mano y la examinó.

-¿Qué sabe?

-Nada.- Contestó Grant con simpleza. -Pero nos llevará directo a Daniel Whitehall, el hombre de las respuestas.

Barnes asintió. Observó la foto nuevamente y se dijo que tenían que llegar pronto a ése hombre; ya no soportaba la idea de continuar viviendo con la mayor parte de sus recuerdos borrosos.

-¿Su ubicación?

-Al sur de Iowa. Tardaremos toda la noche en llegar.- Grant revisó la hora en su celular.

-Bien.

Se montaron en la camioneta del ex agente de S.H.I.E.L.D. El motor rugió; la luz de la luna los acompañó durante todo el viaje.

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Dos días después...

Steve la extrañaba. La extrañaba de tal forma que un dolor palpitante invadía su pecho con tan sólo recordarla. Sentía el mundo tambalearse un poco tras revivir sus palabras. Su corazón se revolvía con algo de decepción y otro poco de reproche.

"Solo fue diversión."

Sus ojos se empañaban ante la idea de su compañera riéndose de él. Había sido tan crédulo... aun lo era. Aun se aferraba a la casi inexistente probabilidad de que las palabras de Natasha no fuesen verdaderas. Porque no se podía fingir un beso, ¿cierto? No se podían fingir los sentimientos expresados en él, ¿verdad?

Él los había sentido. En el momento en que sus labios se unieron, él los había sentido. Los sintió incluso en el beso que le robó a la salida del bar. Ahí estaban, presentes, palpables, reales. Tan reales que le susurraban que lo que él sentía era correspondido.

Que era verdadero. Pero necesitaba de ella para continuar. No podía luchar por algo que Natasha se negaba a aceptar.

-¿Desde cuándo el Capitán América se duerme en el trabajo?- La pregunta de Skye, burlona y con reproche falso, hizo que Steve saliera de sus cavilaciones abruptamente.

-Skye.- Saludó. -Pasa. Yo sólo estaba...

La castaña abandonó el marco de la puerta e ingresó a la oficina de Coulson, lugar donde desde hacía dos días Steve se había encerrado decidido a dar con la ubicación de Bucky.

-Tranquilo, Steve.- Tomó asiento en la silla junto a él. -Es normal, no has abandonado la oficina más que para comer y bañarte.

El rubio sonrió desganadamente, pero de inmediato recordó su investigación. -¿Tienes algo?

Skye resopló. -Gordon vendrá más tarde. Puede llevarnos a la ubicación de Barnes pero no tiene idea de dónde es.

-Con eso es suficiente.- Skye asintió. Miró la pantalla frente a ella, un mapa con varios puntos rojos esparcidos sobre él, seguramente las bases de Hydra que Bucky había exterminado.

-Steve.- Llamó la chica después de un rato en silencio. -¿Qué pasó en Iowa, con la búsqueda de Clint?

El recuerdo de Natasha llegó a su memoria como una explosión. -Nada.

-No te creo.- Contradijo. -El Capitán América no abandona a su equipo por "nada".

-Skye...

-Lo sé, lo sé. No es mi problema pero tengo varias teorías que...

-Todos tenemos prioridades diferentes.- Interrumpió. Instantáneamente la imagen de Natasha surcó su mente. Ella le había dicho lo mismo antes de que él decidiera marcharse.

-No suena como algo que dirías tú.

-Lo dijo Natasha.

-Aquí está de nuevo.- Steve le miró con una ceja arqueada. -¿Qué hay entre ustedes, eh?- Preguntó con tono pícaro. Steve no respondió, porque un "nada" se quedaba corto, y cualquier otro adjetivo era demasiado. Skye rodó los ojos. -¡Por Dios! ¡Se nota a kilómetros! ¿Entonces es cierto? ¿Ustedes dos? Ya sabes... Mack les llama "The Cold War", la guerra fría. Yo prefiero "Romanogers"...

-¿"La guerra fría"?- Interrumpió. Sabía que le estaba concediendo un poco de razón a Skye, pero quería saber el porqué de tan peculiar nombre.

-"Salir con Romanoff no debe ser fácil".- Citó a su compañero de tez oscura. Tardó un momento antes de regresar a su actividad anterior. -¿Cuando comenzaron? Apuesto que fue mientras desmantelaban S.H.I.E.L.D. ¡Es tan lindo! ¡Son tan adorables! ¿Y Natasha? Whao. ¿Cómo es que lo hacen? Lo ocultan muy bien, demasiado bien. Casi ni se nota.

Steve sonrió ante las preguntas y respuestas atropelladas de Skye.

-Romanoff es mi compañera, sólo eso.- No sabía muy bien si lo decía para convencer a Skye o a sí mismo.

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-A alguien se le hizo tarde.- Bobbi levantó una ceja y tomó de su café, acto seguido señaló a la pelirroja que acababa de entrar.

La sonrisa que había dibujado se esfumó cuando Lance abandonó su lugar y fue directo hacia Natasha. Frunció el ceño. Antes, cuando Steve aún se encontraba con ellos, no le molestaba en lo absoluto la cercanía entre Romanoff y Hunter, pero ahora... ahora ya no estaba tan segura de que lo único que compartían esos dos era simple camaradería.

-Han pasado demasiado tiempo juntos, ¿no crees?- Comentó Sam, mirando de reojo la mesa donde Hunter y la pelirroja habían tomado asiento.

-Hay cosas más importantes que ellos.- Replicó, sin embargo continuaba observando a su ex y a la rusa. -¿Cómo está Steve? ¿Has sabido algo de él?

-Coulson llamó, está en la base.

-¿No se te hace sospechoso?- La rubia recargó ambos codos en la mesa y se acercó a Sam. -Steve nunca abandonaría a su equipo así, sin decir nada.

-Tal vez surgió algo.

-O...- Sam sonrió al escucharla -¡No me digas que no te parece extraño! Desde que Steve se fue, Natasha no ha querido tocar el tema. Además, la noche en que él se marchó, ella fue la última en entrar a su habitación. ¿Coincidencia? No lo creo.- Wilson levantó una ceja. -No me mires así. Estoy casi 100% segura de que ahí hay algo más que una simple amistad. Esa misma noche la escuché llorar en su habitación. ¿Qué puede pasar para que Romanoff llore?

-Bueno, su mejor amigo está quién sabe dónde.

-No me lo trago. Clint y Natasha ya han pasado por eso antes, y ella nunca le ha llorado. ¿Por qué lo haría ésta vez?

-No lo sé. Tú eres la espía.- Contestó Sam al mismo tiempo que se encogía de hombros.

-Tenemos las coordenadas.- Interrumpió Natasha, de pie frente a su mesa. Lance se detuvo detrás de ella. -Si es que aún les interesa.- Terminó mirando a Bobbi.

-Nos interesa.- Contestó Morse. Su tono de voz era mordaz. Últimamente, las dos únicas féminas dentro del equipo no congeniaban tan bien como lo hacían antes.

-¿Cuando salimos?- Preguntó Sam antes de que se formara una nueva riña. La mirada de Natasha viajó hacia él.

-En media hora.- Revisó la hora en su celular. -Recorreremos el lugar en busca de posibles entradas y salidas. Es un almacén, así que será fácil entrar.

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James era capaz de recordar un par de cosas. Natalia, por ejemplo. Siempre que él cerraba los ojos ella aparecía. Le llamaba, le tentaba, le obligaba a tomar su mano y transportarse juntos a otra época.

Entonces, las sábanas sobre las que se recostaban le parecían bastante familiares, y el cuerpo femenino frente a él le decía que no era la primera vez que sucedía aquello. No era un sueño, no, era como ver a través de otros ojos; revivir los recuerdos. Justamente, sus recuerdos comenzaban con Natalia frente a él, mirándole a los ojos con el brillo que tienen los niños al esconder una travesura.

Sabía que estaba mal, en el interior siempre lo supo, pero era demasiado tarde para pasar de ello. Natalia era pelirroja y alegre, le gustaba jugar y cuando ganaba reía de aquella manera que sólo él y las cuatro paredes de su habitación conocían.

Natalia era luz, porque no dejaba que la negrura amargara su vida. Teniendo motivos de sobra para ser infeliz, ella organizaba una rebelión y no se dejaba caer. Natalia era su todo porque él ni siquiera sabía de donde venía.

Pero entonces la escena se teñía de negro, y viajaba drásticamente al presente. Natalia ya no era más lo que él recordaba, su mirada había cambiado y no tenia más que desprecio para ofrecerle. Natalia ahora era Natasha. Y los sentimientos que una vez fueron, ya no lo eran más.

También aparecía un hombre. Rubio y y con ojos azules. El Capitán América.

El nombre le sonaba. Intentaba recordar pero era como si el puente de sus recuerdos se hubiese derrumbado. Escuchaba a lo lejos un susurro. "Estaré contigo hasta el final."

Entonces el puente comenzaba a levantarse y, aunque borrosos, ahí estaban. Los años junto a él. No era tan sólo el Capitán América, era su amigo.

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El susurro de una voz lo sacó de sus cavilaciones. Levantó la mirada. Tardó un par de segundos en descubrir que Ward llevaba un buen rato hablándole sin obtener respuesta.

-Deberíamos entrar.- Grant señaló el almacén frente a ellos. Barnes asintió mientras se ponía en marcha. Aunque no quería pensar en ello, la pregunta de quién era realmente Steve Rogers para él no abandonaba ni un instante su cabeza.

-¿Cómo encontraron a Rogers?- Se aventuró a preguntar después de varios segundos en silencio. Enseguida miró sonreír al ex miembro del equipo de Coulson.

-¿Así que has recordado algo, eh?- Preguntó jovialmente. -No fue una búsqueda sencilla. En realidad, buscaron durante años. Howard Stark fue quien la inició...- James no pudo evitar sentir cierta familiaridad respecto al nombre. -Después de que él murió, bueno, S.H.I.E.L.D. no se detuvo hasta encontrarlo.

-¿Se adaptó rápido?

-Algo así. Romanoff fue su niñera no oficial hasta hace algunos de meses.- Se encogió de hombros mientras respondía.

-¿Romanoff? ¿La conoces?

-Todo el mundo lo hace. Ella fue uno de los temas más hablados durante varios meses. "La Viuda Negra se une a las filas de S.H.I.E.L.D."

-¿Son cercanos?

-Supongo. Desde que comenzaron a ser compañeros se volvieron inseparables.

Barnes sintió un repentino retorcijón en sus intestinos al que decidió ignorar. No hablaron más durante el trayecto al almacén. Media hora después, ambos se encontraban recorriendo los angostos pasillos del lugar.

Las lámparas fluorescentes en el techo parpadeaban, aun así, su basta iluminación les servía para guiar su camino. Varios minutos después, el murmullo de unas voces les obligó a alentar el paso. Provenían de la habitación al final del corredor.

Con un movimiento de cabeza, el Soldado le indicó a Ward continuar cautelosamente. Quince segundos después, ambos ya se encontraban frente a la puerta, con sus armas listas para atacar al contrincante. Barnes fue el encargado de abrirla, y lo que encontró al hacerlo no le agradó nada.

Eran por lo menos una docena y media de hombres armados, todos ellos liderados por una sola persona a la que identificaron fácilmente como Marcus Scarlotti.

-Agente Ward.- Sus palabras contenían un toque de veneno. Marcus miró al susodicho de pies a cabeza; jamás olvidaría el rostro del que desertó por culpa de una mujer. -Soldado.- Está vez su mirada viajó hacia Barnes.

-Creí que te habías cansado de ser el asesino de Hydra.- Comentó Grant. Mientras tanto, James no dejaba de mirar meticulosamente a Scarlotti.

-El sueldo es bueno.- Replicó con una sonrisa siniestra. -En cambio tú.- Se acercó hasta quedar frente a él. -Dime, ¿Cuándo comenzaste a ser el perro faldero del enemigo?

Barnes apuntó a Scarlotti con su arma, enseguida, los hombres de Scarlotti apuntaron a Barnes.

-¿Dónde está Whitehall?- Preguntó Grant al hombre frente a él.

-Muerto. Tu querido Coulson le disparó.- Contestó con simpleza.

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Minutos atrás...

La sensación de ser dividido molecularmente inundó a Steve. Una corriente eléctrica lo recorría de pies a cabeza. Lo último que recordaba era a Skye junto a Gordon -sí, ya lo había conocido-, ambos diciéndole que la primera vez era difícil. No lo había entendido, hasta que le pidieron cerrar los ojos y acercarse a ellos. Teletransportación, o algo así había entendido.

-Steve.- Escuchó la voz de Skye frente a él. -Todo está bien, hemos llegado.

Sus palabras le tranquilizaron. Separó los párpados lentamente y examinó las paredes frente a él. Era un lugar solitario. En realidad, tan solo podía ver largos y angostos corredores. Todo estaba pobremente iluminado con varias lámparas que colgaban del techo.

-Bien.- La castaña desenfundó el arma que siempre llevaba en su pierna derecha. -¿Alguna sugerencia de dónde estamos?

-Ya lo descubriremos.- Steve portaba su uniforme del Capitán América, el mismo que utilizaba en sus misiones como agente de S.H.I.E.L.D. -Vamos.- Comenzó a caminar con su escudo por delante.

-Si lo encuentras...- Skye iba junto a él. -, si hablas con él y no te reconoce, tendré que...

-Intervenir, lo sé. Repasamos el plan antes de venir, ¿recuerdas?- Un segundo después, Steve se sintió culpable por el tono severo que había ocupado. Más aún, porque Skye no tenía la culpa de que Bucky no lo recordara. -Lo siento.

-Todo está bien. No es como si...

La castaña guardó silencio al escuchar varias voces al doblar el pasillo. Le hizo una seña a Steve para que se mantuviese atento.

-Queremos hablar con él. Él sabe quiénes somos.

Skye reconoció la voz casi al instante. Ward. Frunció el ceño. ¿Qué hacía él allí?

-¿Y quiénes son? ¿El Soldado del Invierno y su fiel perro faldero?

Ésa voz pertenecía a Scarlotti, lo podía apostar. Rodó los ojos y dirigió su mirada hacia Steve. El hombre parecía estar en estado de shock. No lo culpaba. La voz de Scarlotti les acababa de confirmar que a un par de pasos de distancia se encontraba Barnes.

-Última oportunidad.- Ésta vez la voz cambió. Skye no fue capaz de reconocerla, pero por la cara de Steve podía deducir que quien estaba hablando era James Barnes. -¿Dónde. Está. Daniel. Whitehall?

Se escuchó una risa más falsa que nada, la de Scarlotti. Enseguida, el sonido de varias armas siendo cargadas llegó a sus oídos. Steve decidió que ese era el momento perfecto para salir de su escondite. Los allí presentes miraron de reojo a Steve y Skye.

El rubio contuvo el aliento; allí, frente a él, se encontraba su mejor amigo, su hermano, Buck. Sin embargo, la felicidad se esfumó rápidamente, cuando la mirada rápida que Barnes le dedicó no expresó emoción alguna.

-Que hermosa reunión.- Comentó Scarlotti con sarcasmo. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.

Skye se encontraba demasiado concentrada en la escena como para notar la mirada furtiva que Ward le echaba.

La situación era aquella: Ward y Barnes se encontraban apuntando con sus pistolas a Scarlotti, mientras, él ocupaba sus dos manos para apuntar a cada uno de ellos. Más atrás, varios hombres con uniformes de Hydra se dividían entre apuntar a Grant y James o a Steve y Skye.

Sin detenerse a pensarlo, Steve lanzó su escudo hacia Scarlotti, provocando que éste perdiera el equilibrio y disparara su arma sin una dirección en concreto. El estruendo del balazo inundó el lugar.

Sucedió demasiado rápido. El aire abandonó los pulmones de Skye por un par de segundos. Mientras Barnes corría a enfrentarse con los hombres de Scarlotti, Ward caía lentamente sobre el concreto. Sintió la energía acumularse en sus manos; una ráfaga de aire salió de ellas, haciendo caer a todos los presentes.

Steve, ahora en el suelo, miró su escudo a un par de metros de distancia; se levantó casi corriendo y lo tomó antes de que Scarlotti lo hiciera. Mientras, James se enfrascaba en una pelea contra los hombres de Hydra. Skye paralizó a varios hombres con el arma "buenas noches", después se apresuró a auxiliar a Ward.

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Veinte minutos antes...

El camino lleno de pasillos oscuros, iluminados por precarias lámparas que apenas alcanzaban a guiar el sendero, se hacía retorcido, estrecho, ancho, recto, medio empinado, plano y extenso, muy extenso. Natasha arrugó la nariz, el olor a humedad, sal y posiblemente comida en estado de putrefacción vapuleando su desarrollado y refinado sentido del olfato, jodida alcantarilla pestilente.

Hunter iba a su derecha, con el arma en alto y listo para atacar. Morse y Sam les seguían de cerca, siempre cuidándoles las espaldas. Apenas hacía cinco minutos que habían ingresado al almacén y ya se les hacía raro que ningún agente de Hydra hubiese salido a su encuentro.

Todos se detuvieron abruptamente al escuchar varios pasos acercándose. Ahí estaban, los hombres de Hydra llegarían pronto y les quitarían tiempo valioso para encontrar a Clint. Natasha bufó, rodó los ojos y se preparó para la contienda.

-Ve tú.- Morse reclamó su atención al mismo tiempo que cargaba su semiautomática. -Hunter y yo nos haremos cargo.

Lo sopesó. La idea era tentadora pero no pretendía dejar atrás a su equipo; por otra parte, al demonio, se trataba de Clint, su mejor amigo, aquel que había perdonado su vida varios años atrás, se lo debía, tenía una deuda con él y, si estaba en sus manos, no lo dejaría morir por mas cabezota que llegase a ser.

Tras una mirada indecisa, terminó aceptando.

-No tardaremos.- Dijo, y asintió con la cabeza al mismo tiempo. Hizo una seña a Sam y juntos corrieron en dirección contraria a ellos.

Varios minutos después, divisaron una pesada puerta de acero mal pintada de negro y de pintura desgastada que permitía ver el metal que la componía. Natasha estaba segura de que allí adentro se encontraba Clint. Su corazón se aceleró, no podía imaginar en qué condiciones encontraría al arquero, pero las ansias por entrar a aquella habitación le carcomían los dedos.

Ha sido demasiado fácil, susurró una voz en su interior. Detuvo su andar. Era verdad. Todo, desde que habían ingresado al almacén, había resultado demasiado sencillo. El único obstáculo que habían tenido eran los hombres con los que peleaban Hunter y Morse. Casi como si los estuvieran esperando. Casi como si fuera una trampa.

Sin perder el tiempo en hipótesis, Sam y ella empujaron la puerta en varias ocasiones, abriéndola al quinto intento con un chirrido estrepitoso. A Natasha se le humedecieron los ojos. Clint se encontraba tendido sobre el adoquín, cerca de una esquina con una lámpara de aceite que no iluminaba mucho. En menos de lo que pensó, ya se encontraba inspeccionándolo.

Su pulso era débil, pero aún estaba ahí. Tenía una herida en la pierna derecha que debían atender rápido y, por los moretones en su cuerpo, se veía que había librado más de una pelea.

El castaño entreabrió un ojo y la miró.

-Tengo mal aspecto, ¿eh?

Su voz era débil, arrastraba las palabras y se esforzaba por mantener el ojo sano abierto, ya que el otro parecía haber sufrido de un fuerte golpe, o eso suponía ella debido a la hinchazón.

-Todo va a ir bien, Clint. Confía en mí.- Pasó su brazo por debajo de la espalda de él y le ayudo a levantarse, Sam lo sostenía del otro lado.

-Es una trampa.- Respiró con dificultad, le dolía la pierna izquierda y no sentía sus brazos.

-Todo está bien.- Natasha había pasado el brazo de él por arriba de sus hombros y ella le sostenía la espalda, ayudándolo a dar los primeros pasos.

-No. Ellos te quieren a ti...- Se detuvo un momento para tomar el aire que le hacía falta. -Y a Rogers, también a Skye.- En ese momento sus costillas comenzaban a punzarle. Natasha sintió un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza, no se podía imaginar a Steve sufriendo por su culpa, por suerte, él había regresado al bunker y se encontraba lo bastante lejos como para caer en esa trampa. Porque había descubierto que, en efecto, se trataba de un trampa.

Sam se encargaba de revisar la habitación meticulosamente. Un plato con comida que ni el más muerto de hambre se comería, una lámpara de aceite vieja y varias esposas pegadas a las paredes. No comprendía, si tenían esposas, ¿por qué no esposar a Barton?

-Tenemos que salir de aquí.- Se acercó a Natasha y Clint. Su voz sonaba algo preocupada.

-Quieren su sangre- Dijo Barton al tiempo que Sam se les unía. -, harán soldados con ella.

-No va a pasar.- Romanoff sacudió su cabeza y le indicó a Wilson que lo tomara como ella lo hacía pero del lado contrario.

El castaño tenía de nuevo los ojos cerrados y era importante salir cuando antes de allí.

Los sentidos de Natasha se activaron al escuchar el estruendo de un disparo. No era de Morse, tampoco de Hunter, se había escuchado en dirección contraria a ellos. La idea de que tuvieran a más personas cautivas sacudió su cabeza. Tomó una buena bocanada de aire y, armándose de valor, miró alternadamente a sus dos acompañantes.

-Los alcanzó en un momento.

-¿Qué haces?- La mano de Barton se posó sobre su brazo.

-Voy a investigar. Soy espía, es mi trabajo.

-No iras sola.- Ésta vez habló Sam.

-Alguien tiene que sacar a Clint de aquí.

Sin esperar respuesta, salió corriendo en dirección contraria a la salida. No tuvo que alejarse demasiado. Después de un par de minutos escuchó varias voces al doblar el pasillo. Comprobó que su arma estuviese cargada y salió al encuentro de lo que fuese que se encontrara al otro lado.

Contuvo el aliento ante la imagen frente a sus ojos. Con la respiración agitada, y el corazón desbocado, todo parecía suceder en cámara lenta.

Más atrás, cerca de la esquina, pudo apreciar la imagen de Skye auxiliando a quien parecía ser un moribundo agente Ward. Después, tal vez a dos metros de distancia de la castaña, se encontraba Steve asestando golpes certeros a quien ella reconoció como Marcus Scarlotti. El impulso de correr hacia el rubio le nació de pronto, pero él parecía estar demasiado ocupado como para un reencuentro con la mujer que, según lo que ella le había hecho creer, había jugado con sus sentimientos.

Giró su cabeza un poco más hacia la derecha. Lo primero que vio fue la espalda de un hombre que le resultó bastante familiar, después, el brazo de metal le confirmó su identidad. Silencio. Natasha mordió sus labios con las lágrimas nublándole la vista.

Era James.

Su primera reacción fue correr hacia él y abrazarlo con todas las fuerzas que le fueran posibles, pero, dada la situación, prefirió no hacerlo. Después, cuando ya le era casi imposible contener las lágrimas, un gran hueco apareció en su estomago; sabía que aquello tenía que ocurrir tarde o temprano, sin embargo aun no se sentía preparada. La inseguridad reinaba sus sentidos, ¿cómo actuar? ¿Qué decir? ¿Qué sentir?

No supo lo aturdida que la tenía aquella situación, hasta que sus ojos y los de Barnes se encontraron. Fue como entrar en trance, de un momento a otro sólo existían ellos dos. Se sintió perdida, como si fuera una niña pequeña otra vez, y sus piernas flaquearon sin poder contenerse. Estaba segura de que había palidecido.

Poco a poco, al mirar a Steve bastante concentrado en su reacción, sintió una parte de ella romperse. No lo quería herir, sin embargo lo estaba haciendo sin poder evitarlo. Tan sólo con su reacción lo hacía.

El estruendo de varios disparos la hizo salir de la nube de letargo en la que se encontraba. Una lluvia de balas caía en su dirección. Con su arma disparó a varios de los hombres contra los que luchaba Barnes, sin embargo, eso no evito que una bala rozara su muslo derecho. Se cubrió tras un pilar mientras cambiaba el cartucho de su revolver. También disparó a Scarlotti cuando éste intentaba ahorcar a Rogers con el escudo, sin embargo la bala tan sólo rozo el antebrazo de él, aunque, gracias a eso, Steve pudo cambiar de papeles y recuperar el aire que le hacía falta. Desde su lugar, también pudo ver a Skye disparar en más de una ocasión con el arma "buenas noches".

Natasha apenas cruzaba miradas con Steve, pero cuando lo hacía se encargaba de suavizar sus gestos y sonreír a modo de disculpa por la manera en que le había hablado antes de que él abandonase el motel. Y con Barnes, bueno, él era harina de otro costal; sus miradas se cruzaban con frecuencia, puesto que Natasha le ayudaba a combatir a los hombres contra los que peleaba, y cuando lo miraba, era bastante difícil dejar de hacerlo.

Fue algo rápido; cuando los párpados de Ward se cerraron lo único que se escuchó fueron los lamentos de Skye. Un momento idóneo, porque la castaña logró llamar la atención de un par de hombres a los que Natasha ya había disparado antes. Así que, con su último aliento, uno de ellos apunto hacia la inhumana.

Los movimientos de Natasha fueron rápidos. Apenas si se dio cuenta de en qué momento abandono su escondite detrás del pilar y saltó, literalmente, sobre la chica que abrazaba el cuerpo del difunto Grant. El estruendo del disparo, y un cuerpo cayendo pesadamente sobre el concreto, fueron suficientes para que la habitación quedara en completo silencio.

Steve detuvo su pelea con Scarlotti al ver el cuerpo de Natasha caer. Frente a sus ojos todo parecía ocurrir en cámara lenta. El estruendo de un segundo disparo llenó la habitación, era Bucky, había disparado directo a la cabeza del hombre que había logrado herir a la espía. Acto seguido, Barnes corría hacia la pelirroja. Skye era otra historia, ella había visto a Natasha caer frente a sus ojos. La culpa la inundaba. Si ella no hubiese estado tan distraída con Ward, seguramente podría haber evitado todo eso. No podía mirar a Steve. Y cuando observó la sangre salir del abdomen de Natasha, bueno, no pudo evitar el estallido de energía que emergió de su manos.

No fue tan malo, o eso suponía ella. Con la energía que acababa de liberar había mandado al suelo a varios hombres que iban ingresando al cuarto, listos para atacar; sin embargo, también había hecho caer a los allí presentes, exceptuandola a ella y a Natasha.

Scarlotti aprovecho que la caída lo aventó lo bastante lejos de Steve y salió corriendo por uno de los pasillos. Rogers mantuvo una riña interior, era quedarse a cuidar de Nat, o correr detrás de su enemigo. Al final optó por la segunda opción, porque Natasha ya tenia a Skye y Bucky, y alguien tenía que atrapar Marcus. Le dedicó una ultima mirada a la pelirroja, ella, tal vez inconscientemente, también lo miraba, ajena a todo lo demás.

Sin esperar más, se echó a correr.

-Oстаться со мной- El murmuro de James llegó hasta los oídos de Natasha claramente. Ella buscó su mirada y lo encontró con los ojos húmedos. Sonrió a medias, porque el dolor en su costado izquierdo no le permitía más.

Oстаться со мной. En español: quédate conmigo. Recordaba haberlo escuchado muchos años atrás, cuando, en medio de una misión para la KGB, alguno de los dos salía herido de gravedad.

Él también le sonrió, aunque la sonrisa no le llegó a los ojos. Tomó su mano y la entrelazó con la suya. Mientras, Skye veía todo pero no decía nada, ella se ocupaba de rasgar su traje para detener la hemorragia.

Un estruendo, en principio lejano, los puso alerta. En pocos segundos, mientras los estallidos se hacían más cercanos, estuvo claro. Detonaciones. El lugar estaba a punto de venirse abajo. La castaña miró a Barnes.

-¿La puedes cargar?

El susodicho asintió. Sin embargo, fue demasiado tarde. El almacén entero se desplomó, cayendo sobre ellos y dejándolos bajo los escombros.

Lo último que Natasha vio fue a James cubriéndola con su cuerpo.

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Desde afuera, Clint Barton y el resto del equipo que lideraba Romanoff lo veía todo. Hunter y Sam tenían la intención de entrar, pero en el ultimo momento Morse los detuvo, no iba a arriesgar más vidas, y menos cuando el lugar se estaba viniendo abajo frente a sus ojos.

Barton olvido cómo respirar por un segundo, si antes no estaba seguro de qué iba la trampa, ahora ya tenía su respuesta. Y sintió un gran nudo en su estómago, porque si Natasha se encontraba en la primera planta, y el almacén era de tres pisos, eso sólo quería decir que su mejor amiga había quedado sepultada bajo los escombros.


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Holu ._./

Lamento muchísimo la tardanza, pero han sido meses difíciles…

En fin, éste capítulo es un poco más largo en compensación. Espero que lo hayan disfrutado y aun continúen leyendo u.u'

Y bueno… la historia está llegando a su fin. Faltan aproximadament capítulos, tal vez 3 o 6. :'C Peero, una buena noticia es que tengo varios proyectos en mente (no sé si me dé tiempo de subirlos)

También, bueno, las actualizaciones no serán tan seguidas debido a que el 8 de febrero regreso a la escuela y tengo que hacer mi servicio social, así que me va a quedar poco tiempo para escribir, pero ya saldrá algo.

Sin más por el momento, me voy :D