Disclaimer: MLB pertenece a Thomas Astruc y su asombroso equipo.


El mejor regalo

Capítulo XI.

Adrien fue dirigido a su antigua habitación, y agradeció que Nathalie no hiciera preguntas. Fue como si no se hubiera ido en primer lugar. Aun así, alcanzó a distinguir una pequeña sonrisa formarse en la comisura de los labios de la mujer.

La primera noche no le fue sencillo conciliar el sueño, pues no importaba qué, el fresco recuerdo de Marinette dolida intermitía sin descanso en su memoria, inmediatamente seguido por la posibilidad de nunca volver a ver a su hijo.

Se despertaba por las frecuentes pesadillas, aferrándose a las sábanas e imaginando que Marinette se encontraba a su lado, únicamente para descubrir que estaba solo, con excepción de Plagg, en una habitación fría e inmensa, llena de malos recuerdos.

Su kwami se limitaba a frotar y acurrucarse sobre su hombro, afligido por el deteriorado estado de su portador.

Las profundas bolsas debajo de sus ojos delataron su falta de sueño al día siguiente. Intentó mejorar su imagen, lavando su cara con agua fría y pasando su mano varias veces por su cabellera enmarañada. La idea de tener que reunirse con su padre no ayudaba a mantener su ansiedad bajo control. Un simple vistazo sería suficiente para que el hombre se diera cuenta que su vida era un desastre en ese momento, justo como él le advirtió que sería.

Pero no podía evadirlo para siempre.

Bajó las escaleras y se dirigió hacia el espacioso comedor, sorprendido de ver al hombre ahí, con la mirada fija en lo que adivinó sería su plan de actividades del día, a diferencia de sus días de adolescencia, cuando llegaba a esperar hasta una hora completa, guardando la esperanza de que su padre se apareciera.

No sabía si se trataba de un hábito recientemente adquirido, o si el anuncio de su llegada lo había impulsado a esperarlo ahí.

De cualquier manera, Adrien se acercó con cautela y tomó lugar en la silla más próxima a su padre, que ni siquiera se levantó de su asiento para recibirlo propiamente. Eso consiguió incrementar los nervios del rubio.

– Padre… – no fue un saludo, pero fue suficiente para que Gabriel levantara la mirada.

– Nathalie me informó que llegaste anoche – comentó con un tono monótono, suficiente para cubrir el verdadero júbilo que sentía – ¿Por qué no avisaste con anticipación?

– Yo… en realidad llevo algunos días en la ciudad – confesó apenado, mientras uno de los sirvientes colocaba un vaso de jugo y un tazón de fruta delante de él – Lamento no haberte dicho nada al respecto.

Una vez que comenzó, no pudo evitar continuar con el verdadero motivo de su visita.

– De hecho, lamento todo lo que sucedió – agachó la mirada, incapaz de mirarle a los ojos para encontrarlos llenos de decepción, como estaba acostumbrado – No debí de haberme marchado como lo hice, y tampoco debí de decirte todas esas cosas. En serio lo siento.

– Fue bastante inmaduro de tu parte – colocó una mano firme sobre su hombro, logrando que Adrien lo encarara, y éste apreció como su expresión se suavizaba, a pesar de las duras palabras – Pero yo también lo siento.

Sin duda, esas eran palabras que Adrien nunca esperó salieran de su padre, y mucho menos si sonaban tan sinceras. Escucharlas provocó que el rubio exhalara con alivio el aire que ni siquiera era consciente que había sostenido.

– Me complace que hayas regresado – añadió, con esa pequeña sonrisa típica de Gabriel Agreste.

El resto del desayuno transcurrió con una armonía a la que ninguno de los dos estaba habituado, pero que, sin darse cuenta, tanto necesitaban.

Gabriel lo interrogó sobre su vida en el extranjero, sus estudios académicos superiores y su actual carrera de modelaje para otra agencia. Adrien le contó toda su experiencia y lo bien que le hizo alejarse por un tiempo, hasta que llegó a un punto sensible que sabía era inevitable tocar.

– Yo… tengo algo que confesarte – dijo, preguntándose por dónde sería sensato comenzar.

Gabriel asintió, indicándole que prosiguiera, y se preparó para recibir las noticias, felicitándose anticipadamente por las sospechas que estaba seguro su hijo confirmaría a continuación.

– Verás… – respiró hondo, sintiendo como las palabras se quedaban atoradas en su garganta – No sé cómo decirte esto – el rubio descansó su cabeza entre sus manos con frustración.

– ¿Esto tiene algo que ver con el hijo de mademoiselle Dupain-Cheng? – el hombre mayor preguntó, como si se tratara de un tema casual.

Adrien asintió, pero cuando repasó las palabras de su padre levantó la mirada apresuradamente, abriendo los ojos como platos.

– ¿Cómo…? ¿Lo sabes?

– En realidad fue una corazonada, pero tú acabas de confirmarlo – respondió complacido – Y, si me permites añadir, mademoiselle Dupain-Cheng parecía insistir en que no eras el padre.

El rubio sintió sus mejillas ruborizarse ante las implicaciones de esa declaración. Su padre parecía inferir que él dejó a una chica embarazada y no tuvo interés en hacerse responsable.

– Ella no sabía… en realidad, yo ni siquiera sabía que ella estaba embarazada. Tú sabes que nunca me hubiera ido – se apresuró a responder – Todo fue una gran confusión, y ahora es posible que nunca vuelva a ver a mi bebé ni a la chica que amo.

Gabriel se simpatizó, podía reconocer la honestidad y el dolor en el tono del muchacho, y decidió no presionar más el tema.


Marinette se levantó temprano, aunque en realidad no había logrado dormir mucho, inconsciente de que Adrien había tenido el mismo problema.

Tikki presionó su diminuto cuerpo contra la mejilla de la chica, esperando que eso levantara un poco su moral.

– Oh, Tikki, soy una tonta – pronunció su portadora con la voz quebrada.

– No seas dura contigo, Marinette – la pequeña criatura se posó frente a la chica – Todo esto te tomó desprevenida.

– Aun así, no debí de alejar a Adrien de esa manera – se lamentó la pelinegra, sintiendo las primeras lágrimas formarse en el borde de sus ojos – ¡Pero él debió contarme que sabía Louis!

– No creo que él hubiera malas intenciones al no decirte – razonó.

– Es probable que tengas razón, y ahora quizás ya no tengo oportunidad de arreglar este desastre.

– Tú sabes que Adrien estará dispuesto a escucharte, si lo que quieres es enmendar las cosas – le dijo sabiamente – Escucha a tu corazón, Marinette, sé que tomarás la decisión correcta.

Agradeció en silencio a su kwami con una sonrisa triste, y se arregló apresuradamente para dirigirse a casa de sus padres para recoger a Louis.

Entró a la panadería, preparando una disculpa para sus padres por entorpecer su rutina matutina al dejar a su bebé sin previo aviso, y se sorprendió al encontrar a una sonriente Sabine, que salió del mostrador para recibirla.

– ¡Marinette! Te estábamos esperando – saludó la mujer con una sonrisa de oreja a oreja – Cuando se hizo muy tarde y no regresaron para recoger a Louis, supusimos que pasaron una buena noche juntos – le guiñó un ojo, sintiendo como el comentario sugestivo de su madre le coloraba las mejillas.

– ¿Dónde está Adrien? – Tom Dupain apareció con un Louis dormido en brazos. De inmediato percibieron el cambio en la actitud de su hija al escuchar el nombre del chico, y no se tardaron en deducir que su cita no debió de haber salido bien.

– Oh, hija, lo lamento tanto – la pequeña mujer la abrazó para brindarle un poco de consuelo – ¿Quieres hablar de esto?

Rápidamente negó con la cabeza, en parte porque no deseaba hablar al respecto, y en parte porque no sabía cómo explicar a sus padres que había encontrado al padre de su hijo.

Removió las lágrimas con la manga de su sudadera, respirando profundo para recobrar la compostura, y tomando a Louis en sus brazos.

– Gracias por cuidarlo – dijo con una sonrisa forzada – Me tengo que ir.

Sus padres despidieron a ambos con un abrazo y le hicieron prometer que les avisaría si llegara a necesitar cualquier cosa.

De regreso en su departamento no pudo evitar extrañar la cálida y pacífica atmósfera que Adrien había creado en unos pocos días.

– Lamento que todo esto sea mi culpa – se dirigió al pequeño bebé en sus brazos, restregando delicadamente su nariz con la propia – Perdón que haya ahuyentado a tu papá, pero te prometo que lo voy a hacer mejor de ahora en adelante.


Después de tres días, tiempo suficiente para que aclarara su mente, Adrien irrumpió en el estudio de su padre. Sin rodeos, le comentó que decidió regresar a Viena para continuar con su vida y así darle espacio a Marinette.

Al escuchar los planes de su hijo, Gabriel realizó una mueca de disgusto, pues no era en absoluto lo que deseaba escuchar. El rubio pareció leer la mente del hombre, pues se apresuró a corregir cualesquiera que fueran sus inquietudes.

– Me haré responsable de Louis – aseguró – Le mandaré a Marinette suficiente dinero para cubrir sus necesidades.

El rostro inexpresivo de Gabriel fue suficiente para que Adrien entendiera que su decisión no convencía del todo al hombre.

– Tengo que admitir, Adrien, que estoy decepcionado – expresó su descontento, esperando incitar en su hijo un poco de sentido común – Creí que te había criado para ser mejor que esto, pero veo que me equivoqué.

– Padre…

– Espero que entiendas que todas las acciones tienen consecuencias… – lo interrumpió soezmente– y que las tuyas van a permitir que un niño, mi nieto, crezca sin su padre a su lado.

Abrió los ojos como platos, acompañado de un bufido irónico, incrédulo de lo que acababa de escuchar.

– ¿No es un poco hipócrita de tu parte? – espetó con poco decoro.

– ¿Perdona?

– ¿Tú? ¿Dándome lecciones de paternidad, después de haber dejado que yo creciera con un padre ausente? – dijo Adrien cerca de perder la paciencia – No sería muy diferente a crecer sin padre en absoluto.

Gabriel, que le había dado la espalda hasta el momento, se giró para avanzar hacia él, manteniendo la misma fachada inexpresiva.

– ¿Y eso es lo que quieres para tu hijo? – Adrien ahogó un grito y sintió cada músculo de su cuerpo tensarse – Puedes culparme todo lo que quieras, pero no por eso cometas con Louis los mismos errores que yo cometí contigo.

El rubio relajó la postura, sintiendo un nuevo nudo formarse en su garganta. Gabriel suspiró derrotado y al menos intentó aconsejarle, colocando una mano sobre su hombro.

– Al menos intenta quedar en buenos términos con ella.

– Lo haré.

Adrien dio por terminada la conversación. Se encaminó hacia la puerta, y justo antes de cerrarla tras él, escuchó a su padre llamarle.

– Adrien – inquirió un poco avergonzado – ¿Crees que yo pueda… conocerlo?

El rubio se asombró al inicio, conmovido por el sutil despliegue de interés de su padre por su hijo, uno que no mostró por él mismo durante muchos años. Con una sonrisa le aseguró que le preguntaría a Marinette, sin prometer mucho, y en seguida se dispuso a mostrarle con orgullo la extensa galería de fotos de Louis que había capturado en su teléfono.

Gabriel observó con deleite, sintiendo un brote de felicidad formarse en su pecho. Un día te levantas y todo es normal, y al siguiente te enteras de que eres abuelo. Claro que nunca lo admitiría en voz alta.


Esa misma tarde, Marinette se encontraba en su hogar revisando los diseños para la colección de la siguiente temporada, mientras Tikki entretenía a Louis, que no parecía querer dormir.

El tono de una llamada entrante rompió con su concentración, más cuando observó la fotografía de contacto de Adrien aparecer en la pantalla. Dudó en responder, pero decidió que no podía evadirlo por siempre.

– ¿Hola? – contestó, un notorio tono de inseguridad en su voz

– ¡Marinette! – la aludida pudo reconocer el alivio a través de la línea – Me alegra escucharte. ¿Cómo estás? ¿Cómo está Louis?

El rubio la saturó de preguntas, temeroso de que ella colgara en cualquier segundo. En cualquier otra situación, eso habría divertido a la chica.

– Adrien, respira. Louis está bien – respondió seriamente, dudando un poco en hacer el siguiente comentario – Creo que te extraña.

– Yo lo extraño más – confesó conmovido, un dejo de nostalgia en su voz – A ti también, no te imaginas cuánto te extraño, Mari.

Como era de esperarse, un incómodo silencio se formó entre ambos, y Adrien consideró apropiado contarle sus propias noticias.

– Quiero que sepas que decidí regresar a Viena, pero quiero hacerme cargo de Louis, me aseguraré de que cada mes te llegue cheque – dijo con la voz cortada – Por favor, no me saques de la vida de mi hijo.

Marinette mentiría si dijera que no se estaba decepcionada, una parte de ella deseaba más que nada que él se quedara, y no pudo evitar sentir la culpa apilarse sobre sus hombros. A pesar de eso, se esforzó porque no se notara.

– No es necesario, Adrien, yo me puedo hacer cargo sola – suavizó un poco su tono, después de todo, él se estaba esforzando por arreglar las cosas – Y, no importa qué pase entre nosotros, Louis es tu hijo y puedes visitarlo cuando quieras.

Esa respuesta le consiguió una débil sonrisa al rubio. Quizás no era suficiente, pero era un buen comienzo.

– No sabes lo feliz que me hace escuchar eso.

Nuevamente, otro silencio comenzó a formarse, y antes de que la pelinegra pudiera despedirse, Adrien le ganó la palabra.

– Marinette, ¿crees que pueda pasar un día con Louis antes de que me vaya? – dijo lo más rápido que pudo, temiendo la respuesta – Por cierto, mi padre preguntó si podría conocerlo. Lamento que él se enterara de esta manera.

Se sintió insegura de la petición, pero no era tan cruel como para negarle un día con su hijo, sabiendo que probablemente no lo volvería a ver en mucho tiempo. Y aunque le intimidó la idea de que su jefe lo conociera, supuso que tarde o temprano la verdad tendría que salir al sol.

– Pasa a recogerlo mañana temprano – concedió aun consternada, pero depositando su confianza en Adrien.

– Eres la mejor.


N/A: ¡Hola! Ya estamos súper cerca del final, gracias a todos por sus reviews, favs y follows, no saben lo feliz que me hacen y lo mucho que me motivan por seguir esta historia tan cliché y novelera en la que pongo todo mi corazón. Les mando un abrazote por el apoyo, son los mejores :3

Ohhh una súper disculpa a NellyDD que me mandó un PM que leí súper tarde y aún así me encantó su idea y voy a buscar una manera de incorporarla.

Que tengan una bonita semana.