CAPÍTULO 12
POV Edward
¿Despidió el coche? ¡Era nuestro coche particular! (grito Rosalie histérica).
Me incline el sombrero hacia atrás, y alce los ojos hacia el cielo matinal y conté hasta diez. Parecía que hoy iba a necesitar toda mi paciencia para tratar con Rosalie.
Dirigí una mirada a las mujeres, que estaban en lo alto de los peldaños de entrada del hotel. Sólo Rosalie me observaba incrédula. Bella se examinaba las uñas en una muestra algo sospechosa de indiferencia. La doncella, como de costumbre, parecía aburrida.
Les había llevado tres monturas para cabalgar. Había pasado más de treinta minutos discutiendo en la cuadra sobre aquellos caballos para asegurarme de que fueran adecuados para unas damas. Supuse entonces que debería haberles advertido que viajarían el resto del trayecto a caballo. Pero no lo había creído necesario. En esta parte del país, todo el mundo se desplazaba a caballo, pensé resignadamente.
No era su nada particular (indicó a Rosalie, con la paciencia de nuevo bajo control). Si pudieron usarlo tanto tiempo fue sólo porque intimidé al empleado de la estación para que les permitiera hacerlo, ya que uno de sus conductores las abandonó junto al vehículo. Tuve que amenazarle con partirle la cara si no accedía. Pero ese coche es demasiado grande para el caminucho que conduce al rancho. Además, marcos se lo llevó al amanecer, así que ya no está aquí.
No pienso montar a caballo (replicó ella, con una mirada obstinada), tendrá que alquilarnos un carruaje.
Caramba, cuando sacaba el genio, lo sacaba. Era una suerte que fuera tan hermosa que un hombre pudiera disculpar algunos rasgos desagradables en ella, pensé viéndola fijamente.
Es posible alquilar caballos (suspire, tenía que volver a explicarle), también, alquilar carretas para transportar suministros. Pero me sorprendería mucho que hubiera un carruaje en todo el pueblo. Trenton no es lo bastante grande para necesitarlo. Aquí la gente va andando a los sitios. Y, por último, el estrecho camino que conduce al rancho se aleja serpenteando de la ruta para evitar desniveles, y se tarda medio día más en llegar, lo que significa tener que pasar a dormir al aire libre. Si vas a caballo, puedes ir en línea recta y llegar antes de que anochezca.
Entonces tendrá que alquilarnos una carreta, ¿no le parece? (Contestó Rosalie).
Mi explicación había sido razonable, ¿De verdad quería dormir a la intemperie junto a la carretera? ¿O era sólo terquedad? Algunas mujeres cuando adoptaban una actitud, se negaban a echarse atrás por ningún motivo, incluso cuando se demostraba sin lugar a dudas que estaban equivocadas.
Ya lo he hecho para los baúles. De un momento a otro, el conductor vendrá a recogerlos y los entregará mañana (dije para que entendiera).
¿Cuál es el problema entonces? Iré en la carreta (insistió Rosalie sonriendo).
No lo entiende (gemí frustrado), Eso significa un día más...
No, es usted quien no lo entiende (me interrumpió), no voy a ir a lomos de un caballo, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Así que si no se puede disponer de otro medio de transporte, me quedaré donde estoy (dijo con altanería).
No ganará esta batalla, señor Cullen (intervino Bella, su tono contenía una evidente nota de humor, pero sólo ella sabía si era a costa mía o de su hermana), Le dan miedo los caballos.
¡No es cierto! (rose se volvió hacia su hermana enojada), me niego a que me duela todo por haber ido montada a caballo cierto tiempo.
Viajar en carreta no le gustará (indique), tampoco es nada cómodo. Ni dormir en el suelo en realidad (dije esperanzado de que así accediera).
¿En el suelo? No diga tonterías. Dormiré en la carreta, por supuesto (dijo como si fuera yo retrasado).
la carreta iría cargada de los baúles (por dios, que no entendía eso).
Habrá que descargarla (volvió a interrumpirme Rosalie, y en un tono que no aceptaba discusión).
No cabrán las tres (le dije pensando en lo pequeña que era la carreta).
¿Y qué? (bufo retándome).
Yo la mire incrédulo, no se me escapaba la implicación, ella se refería a una carreta para su uso individual, pero de donde yo venía lo que era bueno para un hermano, lo era para el resto. ¿Iba a tener que repetir toda la discusión con la solterona si aceptaba semejante disparate? ¿O conseguir, quizás, otra carreta para que todas pudieran dormir en ella? (gemí desesperado y al punto de la histeria).
En aquel momento, Bella se rió de mí, era probable que mi expresión al oír el comentario de Rosalie hubiera provocado carcajadas a un muerto. Con menos paciencia, podría haber explotado en este momento. Pero por algún motivo extraño, no me importó su hilaridad. Era la primera vez que la oía reír, y el sonido era de hecho agradable, incluso algo contagioso. No reí a mi vez, pero las ganas de hacerlo consiguieron calmar un poco mi irritación.
Debía de haberme leído el pensamiento, además, porque ella dijo:
Supongo que tiene suerte de que a mí me dé lo mismo dormir en el suelo, o montar a caballo (me dijo con una sonrisa que me deslumbro).
Tú tampoco te has subido a un caballo en tu vida (exclamó Rosalie, irritada de que ya no tenía la atención puesta en ella).
Sí, pero a diferencia de ti, estoy dispuesta a probar cosas nuevas. Y no será muy difícil ir al paso junto a la carreta (le dijo rolando los ojos).
Bella le echaba en cara a su hermana que iban a demorarse para complacer su obstinación. Pero no funcionó. La preciosa rubia ni siquiera se sonrojó vi admirado la discusión.
Y entonces la carreta en cuestión asomó por la esquina de la calle siguiente. Bella se echó a reír de nuevo.
Oh, Dios mío, mulas (soltó entre risas), seguramente llegaría a casa de la tía Alice más rápido si fuera caminando.
Esta vez, Rosalie sí se sonrojó. También vi que estaba furiosa al ver el medio de transporte que había insistido en utilizar. Y descargó su furia en mí.
¿Es una broma? ¿Espera que viaje detrás de unas mulas? (me dijo llena de rabia, si su mirada matara ya estaría yo muerto pensé con ironía).
Viajar así fue idea suya, no mía. Yo le traje un caballo muy bueno... (le recordé y mas se enojo).
Que puede cambiar por esas mulas. Y no me importa lo que tarde. Si no puedo ir en carruaje, por lo menor iré en una carreta tirada por caballos (me reto con la mirada).
Yo empecé a contar hasta diez otra vez. Mientras estaba en ello, apareció Emmet. Iba muy acicalado, con su traje de los domingos aunque no iba nunca a la iglesia claro, pensé con ironía, lo que significaba que esperaba pillar a las mujeres antes de que se marcharan del pueblo para impresionarlas con las maneras corteses que había adquirido durante los años que había vivido en el Este hasta terminar sus estudios.
Buenos días, señoritas (Saludó con el sombrero), no he podido evitar escuchar que podían necesitar mi ayuda, si lo que precisas es un carruaje (dijo sonriéndole coquetamente).
Puede que hubiese dicho señoras, pero no quitaba los ojos de Rosalie. Y la había impresionado, a juzgar por la sonrisa que ella le dedicó. Las mujeres parecían volverse tontas cuando estaban cerca de Emmet Evans, y encontraban su aspecto juvenil excepcionalmente atractivo, con sus cabellos castaño oscuro, los ojos azules y la seguridad en sí mismo que confería ser un próspero hombre de negocios.
Sí. ¿Y usted es...? (preguntó Rosalie entre risitas).
Emmet Evans, a su entera disposición (le dijo besándole la palma de la mano).
Nos dijeron que no había ningún carruaje disponible en el pueblo.
Hay gente que no sabe nada (aseguró Emmet viéndome cínicamente).
Entonces ¿puede alquilarnos un carruaje? (confirmó Rosalie, que no quitaba la mirada de Emmet).
Y totalmente nuevo. Me lo entregaron el mes pasado, (se complació en decir). Pero no pienso alquilárselo; se lo presto encantado.
Yo me volví a las mulas y empecé a contar hasta cien en esta ocasión. No se me habían escapado las indirectas de ambos, lo último que quería era pelearme delante de Rosalie, pero si dirigía tan sólo dos palabras a Emmet, eso era a buen seguro lo que ocurriría. Podía ignorar las pullas de Rosalie pero no las de Emmet.
Aun así, no esperaban esa reacción por parte de ella, los dos seguían ultimando los detalles. Y era fácil ver dónde conducía el asunto, no se trataba sólo de una oferta generosa de Emmet para congraciarse con la chica, sino una oportunidad para seguir viéndola.
Iré a recogerlo mañana por la tarde... (decía Emmet).
No te molestes (le interrumpí, incapaz de seguir callado), alguien lo traerá de vuelta.
No es ninguna molestia. Me encantará volver a disfrutar de una de las cenas caseras de Alice (dijo el muy cínico).
Emmet se había informado bien, sabía quiénes eran las hermanas Swan y a dónde iban. Era probable que la noche anterior se encontrara con marcos y lo sonsacara. Yo había esperado, de hecho, que se presentara en el comedor del hotel para conocerlas. Quizás hubiera llegado demasiado tarde. Las mujeres no se habían entretenido en la cena y se habían retirado pronto a su habitación, de modo que si Emmet había perdido el tiempo emperifollándose antes de ir, no las había encontrado.
Tardaron otra hora en partir por fin. Yo tuve que comprar unas mantas para pasar la noche y comida para la cena. Y me había producido un momento tenso cuando Emmet había aparecido con su carruaje nuevo y Rosalie admitió que no sabía conducirlo. Después de tanto alboroto, ¿ni siquiera sabía conducirlo?. (irónico no).
Eso sorprendió incluso a Emmet, lo suficiente para impedir que se ofreciera también a prestar aquel servicio. La doncella intervino y afirmó que ella sí sabía. Emmet se habría ofrecido de no haberse quedado momentáneamente sin habla, reí mentalmente. Y parecía probable que le hubiera roto la nariz por ello. Se me había acabado la paciencia, pero solía pasarme después de un altercado con Emmet Evans.
que tal el capitulo, les adelantare un datito del siguiente capítulo, habrá un beso de una de las parejas protagónicas y bella se abrirá mas a Edward por fin jajajjjaja.
Espero sus comentarios.
