CAPÍTULO 11:

Ni si quiera sé cómo llego allí o como Emily si quiera me encuentra después de que huyera corriendo del ascensor del hotel. Lo único que sé es que cuando me llego a dar cuenta, ambas estamos en el parque, sentad en un banco, la una al lado de la otra, sin decir palabra, pero estamos juntas.

He llorado lo que tenía que llorar. Los ojos me duelen muchísimo y siento que todo lo que había sentido en aquel momento se ha ido. Vuelvo a ser yo misma, aunque siento como si algo dentro de mí hubiera cambiado. Quizás porque había sacado una parte de mí que creía enterrada, quizás, por millones de cosas. Lo único que sabía y que tenía claro es que todo aquello me había afectado, aunque no sabía de que manera lo había hecho. No conocía hasta qué punto estaba mi cordura.

Mi mano está vendada, Emily ya se ha encargado de cuidarla. No me había alcanzado ninguna vena o ningún tendón vital, asique Emily lo curó y ya casi no siento nada de dolor. Sin embargo, mi estado mental o físico no me molesta tanto como saber qué exactamente piensa Emily. Verme de aquella manera y después lo del ascensor. No quiero perderla como amiga, como alguien especial. Solo quiero que nunca me abandone, aunque después de un encuentro como aquel, ¿quién sabía?

Emily me mira, noto sus ojos clavados sobre mí mientras mi atención está clavada sobre el frapuchino que me había comprado en un Starbucks cercano.

-¿Estás mejor?- me pregunta después de un largo silencio.

-Sí, supongo- le soy sincera- Supongo que fue todo más el golpe del momento que otra cosa….- respondo, mirándola- Lo siento.

-¿Por qué?

-Por todo lo que has visto…- no me olvido- Por lo del ascensor… ha sido demasiado para una sola mañana- pero Emily niega.

-Está bien…- pero no la creo- No todo el mundo descubre lo que tú has hecho esta mañana. ¿Estás bien? ¿Conocías a Cece mucho?

-Era como una hermana…- los recuerdos vuelven a mi mente y no puedo evitar sentirme con nauseas de nuevo- Pero se ve que aunque sean familia, las personas pueden traicionarte cuando le das la espalda.

Emily no dice nada, pero sí que alza su mano y toma la mía. El contraste entre su piel y la mía me pone los bellos de punta, pero a la vez, reconforta. No sé qué pasará ahora. Las cosas han sido tensas e incomprensibles entre nosotras. Mi mente todavía está a mil revoluciones, aún no sé si Emily me gusta o si lo hace, en qué manera. No sé en qué punto estamos exactamente en nuestra relación.

Aun así, no puedo evitar preguntarle sobre el tema:

-¿Qué va a pasar ahora entre nosotras? ¿Qué pasa contigo y con Paige?

Emily reacciona a mis preguntas alejando su mano. Ella también se siente igual de confusa sobre el tema por lo que parece.

-No lo sé… ¿qué quieres qué pase?- me encojo de hombros.

-Tampoco lo sé- me río con la ironía- No sé lo que siento por ti. No sé si es amor o desesperación por afecto.- aunque no se note, me doy cuenta de ello.

-¿Cómo que desesperación por afecto?

Trago saliva y bebo del frapuchino:

-Mi vida… el hecho de que seas la única persona en el mundo literalmente que me presta un poco de empatía. Los demás saben de mi pasado, de todo lo que ha pasado en mi familia, de lo que he hecho…- y ahora que me doy cuenta, hasta eso influye- Emily, no sabes la mitad de mi historia. Me muestras afecto, has recorrido kilómetros solo para apoyarme y… No puedo evitar pensar que esa es la razón por la que me haces sentir especial… Y no quiero estar… meterme en algo que pueda terminar como ha terminado esto…- lo menos que quería en aquel momento, era romperle el corazón a Emily después de todo lo que había hecho por mí.

-Entonces, dime quien eres- responde Emily acercándose- Dime quien es Alison DiLaurentis. Dime de cuando eras pequeña, dime tu primer amor, tus travesuras… Ábrete y entonces sabremos, ¿no crees?

-Si sabes la mitad de las cosas que la gente sabe, huirías…

-Te he visto estrellar literalmente un vaso contra la cara de tu ex prometido, creo que puedo soportar lo que sea, ¿no crees?- no puedo evitar reírme ante aquello, quizás tuviera razón- Vamos, háblame y entonces ya decidimos lo que pasa…

Respiro profundamente, siempre con mis ojos fijos en su mirada. ¿Debía de hacerlo realmente? ¿Debía de empezar de cero con alguien de aquella manera?

¿Qué había de malo en hacerlo?

-Está bien- respondo- Aunque no sabría por donde empezar.

-Empecemos por….- su estómago ruje y las dos reímos- Por ir a algún lado a comer y entonces ya me vas contando. Necesito desayunar.

-Está bien- sonrío- Yo invito…

-Vaya… gracias- dice con gesto burlón, aunque no se me pasa.

-Invito porque sé que no te queda mucho dinero, ¿no?- suspira, ahí la he cogido.

-Tomé lo suficiente para la cena de anoche, ¿qué quieres?

Me río, solo para terminar finalmente caminando con ella en busca de algún lugar donde pedir algo para poder desayunar.

Encontramos una pequeña cafetería a unos metros de allí. Pequeña y con un toque de los años cincuenta y sesenta. Las paredes estaban decoradas con cuadros de Elvis, Marilin Monroe y actores famosos de épocas pasadas; y los sofales estaban recubiertos de cuero y esponja. Al decir verdad, el lugar molaba mucho.

Emily se pide un par de tortitas con algo de fruta mientras yo opto por un desayuno más lleno de grasas con huevo y beicon:

-Que aproveche- Emily se ríe cuando vé mi plato, pero no me importa.

-gracias- le digo sin mostrar importancia.

-El sitio mola, ¿sabes?- Emily responde, mirando a nuestro alrededor- Cuando estaba en la universidad, recuerdo que solía ver este tipo de películas- señala los posters de las paredes- Están chulas, ¿sabes?

-¿te gustan los clásicos?- asiente de nuevo- Bienvenida a mi mundo. Mi madre tenía una colección de películas y música antigua en vinilo. No hubo película o vinilo que no viera o escuchara.

-Interesante- dice cuando me doy cuenta de que estoy abriéndome.

-Veo lo que estás haciendo.

-¿A que no es tan duro?- al decir verdad, no lo era.

-Eso es por que no empecé con lo más duro- respondo- Hay cosas que hice de adolescente que no me agradan ahora…- suspiro.

-Nadie puede hacer algo tan malo.

-¿Tú crees?- Emily suspira, creo que no tengo otra opción que contarle- Está bien. Con Paige, por ejemplo, hice que todo el colegio la llamara piel de cerdo y la chantajeé cuando supe que le gustaban las chicas- Emily se sorprende cuando lo escucha- Su padre era muy conservativo y… Lo utilicé. No me enorgullezco.

-¿Por lo del futbol?- asiento.- Paige me contó algo de eso… Dijo que lo pasó mal.- para no pasarlo, no había nadie en el colegio que no hablara de ella por mi culpa.- ¿qué pasó después?

-Se metió en el equipo de natación y supongo que… ya sabes.- Emily asiente.- No me enorgullezco de ello, aunque se ve que Paige tampoco lo deja olvidar si ya te ha comentado sobre el tema, ¿no?

-Bueno… Paige… es especial- me río con la ironía.- ¿qué?

-Nada…- aunque va a ser interesante si le pregunto por ello- ¿Te ha contado entonces algo de la vez que nos vimos después del primer año de universidad?- al juzgar por su cara, no, no se lo había contado- Nos vimos e intenté hablar con ella, intenté hacer las paces. ¿Su respuesta a ello? Me mandó a la mierda y me expuso ante mis amigos de por aquel entonces… Sino fuese por Elliot…- me callo cuando digo su nombre, aun me cuesta y Emily lo nota- Si no fuese por él, que les dijo que cambié… hubiera perdido a mis amigos.

Emily se queda callada por un momento, antes de responder:

-No me lo había contado…

-Me lo imaginaba-era Paige de quien hablábamos- Aunque… déjame que lo adivine, ella si que te contó sobre todo lo malo que le hice, ¿no? Al menos, su versión.

-Que la llamabas nombres y que le hiciste su vida un infierno- responde- Aunque ahora que lo pienso… si que era su versión de la historia- lo sabía- Pero no hablemos más de eso… Cuéntame más de ti…

-Solo hay malo…- respondo- Incluso creo que tú tendrás más historias más importantes y buenas de las que yo tengo.

-Mi madre estuvo medio año sin hablarme cuando descubrió que era gay y cuando aceptó que lo era, no aceptaba a mi novia…- sí, también Emily tenía sus historias- ¿Crees que me puedes superar?

-No con esas cosas- tengo que reírme con la situación- Está bien… ¿qué más tengo para poder contarte?

Para el tiempo en el que terminamos de desayunar, Emily y yo nos conocemos como si hubiéramos estado toda la vida, juntas. Me cuenta como su padre está en el ejército por su abuelo. Su madre era ayudante en la estación de policía y como le costó abrirse muchísimo después de romper con Maya, su primera pareja. Cuenta su color favorito, de donde venía su pasión por nadar y como se vio un poco trucado su intento de ir a las olimpiadas tras sufrir un accidente que la dejó imposibilitada.

Por mi parte le cuento lo más íntimo de mí. Quiero que me conozca y quizás, con todo aquello podamos saber exactamente qué pasa. Le cuento como m padre es arquitecto y mi madre ayuda en la clínica para pacientes con enfermedades mentales. Le cuento también sobre Jason, sus problemas con el alcohol y como volvió a penas unos días atrás para todo lo que estaba pasando. Le cuento sobre las chicas, como abusé de la confianza de Hannah por culpa del sobre peso que tenía y todo lo demás.

Al final de la velada, sabemos tanto sobre la una de la otra que siento que mi mente va a estallar, pero me alegro por ello.

-Eso ha sido una charla larga- responde Emily cuando salimos de la cafetería y volvemos hacia el coche- Pero me alegro de que lo hayamos hecho.

-¿De verdad?- asiente- ¿no piensas diferente de mí por culpa de todo lo malo que hice cuando era más joven?

-Tú lo has dicho, cuando eras joven. Muchas personas dicen que cambian cuando no es verdad que lo hacen, pero tú… se nota que quieres cambiar.- eso me alegraba, si tenía que ser sincera- Es lo que te distingue.

-Gracias por comprenderlo…

-No hay de qué… Solo… No pares de intentar enseñar a la gente que has cambiado, por favor. Es lo que te hace especial- ahora es ella la que hace que me sonroje de nuevo.

-Ya, por favor…- río cuando llegamos al coche- Supongo que es hora de volver a casa…- aunque aquella ya no fuera una casa para mí- ¿vamos?

-Espera- Emily me toma de la mano para hacer que me vuelva- ¿Por qué no esperamos un poco más y volvemos juntas? Después de todo, ¿qué vamos a perder? No nos van a suspender el curso por no asistir y creo que a más de un estudiante les alegrará que no haya clases por un tiempo.

Sonrío ante la idea, me gusta por donde va dirigida:

-¿Qué dices entonces? ¿Qué… volvamos por la noche?

-O mañana…- eso me gustaba más- Si Elliot tenía tres días, ¿por qué tú no?- tenía mucha razón en aquello- ¿Qué dices entonces? ¿nos tomamos un poco de tiempo libre del mundo?

Estábamos en una ciudad a kilómetros de casa. Nadie nos conocía y después de todo lo pasado, no es que tuviera muchas ganas de volver a una casa donde todavía todo me recordaría a Elliot. Una cosa en las que había demasiados recuerdos como para no volver a caer de nuevo en la misma locura en la que había caído momentos atrás.

¿Por qué no? Estaba soltera de nuevo, la vida me esperaba y siempre decían los consejos que la mejor manera de poder despedirse de lo que una vez te atormentó, era de aquella manera. Asique, ¿por qué no hacerlo?

-Quiero ver el paseo y la playa… Hace tiempo que no veo el mar.

Y tomando de nuevo el coche, aquel fue el mejor día de mi vida.

Paseamos por toda la ciudad que estaba repleto de cosas fascinantes por ver. Una playa que se extendía kilómetros y kilómetros. Un puerto en el que la gente aprovechaba para caminar y los nuevos artistas se buscaban la manera de ganarse un par de pavos para poder comer ese día. La verdad es que todo era increíble de ver.

Hacemos también un par de compras para deshacerme de la ropa de ayer y empezar con buen pie. Al decir verdad, también ayudaba tener a Emily a mi lado. Sabía mucho de moda y si lo supiera Hannah, entre ella y Emily seguramente conseguían hacer la línea de ropa más exitosa del mundo. Terminamos con unos pantalones ajustados y camisa de mangas cortas con mucho vuelo para Emily y un vestido azul, muy veraniego, perfecto para el tiempo que hacia; para mí.

Después de aquello, vamos a la feria, donde almorzamos y prácticamente, tenemos nuestra primera cita.

-Te apuesto a que no lo puedes derribar- le respondo señalando el puesto de las latas que tenemos delante- Esos juegos están trucados y seguramente, hasta las latas estén pegadas en el suelo.

-No creo…- Emily se queda mirándolo a medida que nos acercamos- Tengo muy buena puntería, al decir verdad…- me mira- Me estás retando, ¿me equivoco?

-Puede- le tiento.

Emily no dice nada, sacando su cartera y señalando los últimos pavos que le quedaban en la cartera:

-Los tiraré, pero yo me quedo con el premio.

-Eso no es justo- yo quería un peluche ese día.

-¿Quieres que sea una cita entonces?- su pregunta me deja sin palabras.

Emily se acerca y dándole el dinero al mozo del juego, se prepara. El corazón me late con fuerza y me encuentro rezando porque lance bien y las caiga. Por suerte, no hace falta mucho rezo, lo hace, llevándose el oso más grande que tiene en la barraca.

-Te lo dije o no- se ríe abrazando al peluche cuando nos separamos un poco.

-Y ahora me das envida- resoplo mirando al peluche- Es tan mono…

Tenía que habérselo pedido antes.

-Toma entonces- me quedo sorprendida mirándola- Solo que…

-¿Es una cita?- recuerdo sus palabras- ¿Quieres que lo sea?

-¿Lo quieres tú?

Es un estúpido peluche, pero a la vez, algo que representa muchísimo más. Es idiota pensar en ello. Si lo cojo, literalmente estaremos teniendo nuestra primera cita y si no lo cojo, me arrepentiré de no tener tamaña monada entre mis brazos.

-No me defraudes en nuestra primera cita…

Tomo el osito y con mi corazón latiendo, siento que aquel día termina siendo mejor de lo que había empezado siendo aquella mañana. Hacemos de todo, subimos en la montaña rusa, pasemos entre los artistas del lugar y disfrutamos de la compañía de la otra hasta que nuestros cuerpos no pueden más.

Cuando finalmente nos sentamos en uno de los bancos del lugar, mis piernas hormiguean del dolor de haber andado todo aquel tiempo. Ni la hamburguesa que voy a comer en aquel momento me quita todo el dolor:

-Ha sido el mejor día de mi vida- admito finalmente- Una buena primera cita…

-No te iba a defraudar, ¿no?- me río con sus palabras- Aunque necesito una cama ahora mismo. No puedo más con mi cuerpo.

-Normal-Emly había sido la que me había traído finalmente y la que menos había dormido- Si quieres, podemos alquilar una habitación en cualquier motel u hotel cercano y pasar la noche- Emily alza sus cejas cuando me escucha- ¿Qué? Después de tal paliza conduciendo, no te extrañe que quiera que descanses primero… Además, yo también necesito un sueño reparador.

-Yo no he dicho nada…- Emily se ríe, aunque me doy cuenta de lo que parecía todo lo que he dicho- Pero me gusta la idea. Unas mini-vacaciones… está bien.

Sonrío.

La mayoría de los hoteles ya están cogidos y los demás tienen tarifas muy altas, asique terminamos en un motel, casi a las afueras de la ciudad. No era lo mismo que el Primavera, pero al menos, nos servía para poder pasar la noche, que era lo más importante. Aunque nos tocara dormir en una cama de matrimonio para ahorrar un poco de dinero.

-Juro que nada más que llegue a casa, te lo pago todo.- Emily enseguida dice cuando entramos en el cuarto.

-No tienes por qué, Emily- no hacía falta que le volviera a recordar que ella me había acompañado cuando no tenía por qué hacerlo- Déjalo como una invitación.

-Has gastado más de lo que debías en mí.

-Y no me importa- Emily suspira.

Cierro la puerta tras de mí mientras Emily cae rendida en la cama de la habitación. Miro a mi alrededor, tampoco estaba tan mal. Una mesa grande a un lado, una pequeña cómoda para la ropa, cuarto de baño lo suficientemente grande para poder entrar en la ducha sin toparte con el wáter y dos mesitas de noche.

Emily también lo mira, volviendo la mirada a mí:

-¿Alguna vez llegarías a pensar que terminarías una noche en un motel después de una ruptura?- me sorprende la pregunta, pero también me hace risa.

-No de esa manera, pero… no, supongo que no- me lanzo a su lado, todo mi cuerpo hormiguea cuando empiezo a sentir la comodidad d la cama- Pero me alegro de que si al menos lo hago, sea contigo.

Ambas estamos mirando al techo, pero nada más Emily me escucha, gira su rostro y la noto con los ojos fijos en mí. Su el peso de su cuerpo también cambia y cuando la miro, estamos a penas unos centímetros la una de la otra. Sus ojos brillan y cuando me doy cuenta, es la primera vez que Emily da el paso y me besa.

Es la primera vez que ella lo hace y me gusta.