Capítulo 11: ¿Estarás conmigo?
La noche arropaba a la pareja en aquel pequeño e íntimo paraíso donde ambos habían profesado todo su amor. A lo lejos se podía escuchar el revoloteo de algún que otro insecto travieso, corría una cálida brisa que hacía que las hojas de los árboles emitieran un suave y agradable sonido, las olas del mar rompiendo en la playa culminando aquel ambiente de perfecta armonía… Sin embargo esta tranquilidad se rompió pronto…
Yekaterina se sentó sobre la arena con cierto nerviosismo, aún seguía preguntándose qué sería de ella, si ahora que se había entregado al turco perdería la potestad de su país, si ahora en sus tierras estallaría alguna revolución debido a la ocupación turca que, se suponía, sucedería en breve.
Por su parte, Sadiq se dio cuenta de que la rubia se había incorporado ya, así que abrió los ojos y se sentó también, a su lado. La miró por unos segundos notando cómo temblaba su cuerpo, estaba claro que estaba nerviosa por algo. Sadiq le apartó un mechón de pelo de la cara y la ucraniana respondió ante este delicado gesto con un pequeño respingo, se había asustado, ni siquiera le había notado levantarse.
_Yekaterina, ¿estás bien? _Preguntó el chico al ver la reacción de la rubia.
_ S-sí, sí. Es solo que… me has asustado, solo eso.
_ Ah… ya veo.
El rostro de Sadiq mostraba una expresión de duda, no se creía que Yekaterina estuviera así por un simple susto, le pasaba algo más, eso seguro.
_ ¿Podemos volver ya, Sadiq? Estoy algo cansada.
_ Claro, espera aquí, voy a por los caballos.
Una vez dijo esto cogió su ropa y se vistió rápidamente, dispuesto a ir a por los caballos. Echó una mirada a la chica y la notó de nuevo tensa. Suspiró y marchó preguntándose qué la pasaría a la ucraniana.
No tardó demasiado en coger los caballos, los animales estaban tranquilos y descansados, dispuestos a retomar el camino hasta casa. Cuando llegó junto a Yekaterina, ésta ya estaba vestida y había recogido las toallas, las colocó sobre su caballo y montó sin decir una palabra, estaba demasiado concentrada en sus pensamientos.
El turco subió a su caballo de la misma manera, sin apartar la mirada de la chica, ahora sí que se estaba empezando a preocupar. ¿Acaso había hecho algo mal, la había hecho daño, no la había gustado, se arrepentía?
Cabalgaron durante unos minutos, el silencio reinaba entre ellos, pero esta vez no era un silencio agradable, era un silencio tenso, molesto…Así pasaron todo el viaje, la rubia totalmente preocupada por lo que sería de su gente a partir de ese momento y el turco preocupado por la actitud tan fría que estaba teniendo la chica con él.
Finalmente llegaron al palacete y tras dejar los caballos en el establo la pareja caminó hasta la habitación del turco. Yekaterina se asomó por la ventana con aire pensativo.
Sadiq no aguantó más esta tensión, se acercó a ella dispuesto a pedir una explicación por su actitud.
_ ¿Te arrepientes? _Preguntó finalmente el chico.
_ ¿Eh? ¿Qué has dicho? Es que no te he escuchado. _Dijo la rubia mirándole esta vez, era cierto, estaba tan metida en su mundo que no le había escuchado.
_ Digo que si te arrepientes, ya sabes, de lo que hemos hecho.
Yekaterina respondió bajando la mirada, y sonrojándose levemente al recordar los momentos de pasión que habían vivido juntos, mas no respondió.
_ ¿Te he hecho daño? _Volvió a preguntar el chico.
La ucraniana seguía sin responder.
_ Yekaterina, respóndeme. _Demandó el turco sujetando a la rubia por los hombros, no quería ser brusco con ella, pero se estaba empezando a poner nervioso. A la ucraniana no le quedó más remedio que mirarle a los ojos, no podía evadir el asunto por más tiempo.
_ ¿Q-qué me va a pasar ahora? _preguntó con cierto toque de miedo en su voz.
_ ¿Cómo? ¿A qué te refieres?
_ Se supone que al entregarme a ti te estoy cediendo mi territorio, así que… ¿qué pasará ahora? ¿Qué pasará con mi gente, se volverá turca?
Esta vez fue Sadiq el que se quedó callado. Suspiró levemente, soltó a la rubia y miró al techo intentando buscar una respuesta. Era cierto que en un primer momento había hecho todo aquello para conseguir los territorios de la ucraniana, después de todo por eso la había capturado. Sin embargo ahora todo era distinto, aquella noche había hecho el amor con Yekaterina no para conseguir más ciudades, no para tenerla bajo su poder, sino porque verdaderamente la quería, porque de verdad quería demostrarle todo el amor que sentía por ella. Aquel brillo en la mirada de la chica por fin había vuelto por completo.
Bajó la mirada y posó sus ojos verdes sobre los de la ucraniana, éstos reflejaban un profundo temor.
_ No va a pasar nada. _Acabó por contestar el chico. La rubia le miró con confusión, no se creía que no fuera a pasar nada. _No me mires así, te lo digo en serio.
_ Pero…
_ Pero nada. Mira, yo no he pasado la noche contigo solo por tenerte bajo mis dominios, ¿entiendes? Si lo he hecho es porque de verdad quiero estar contigo. _Dijo el chico apartando la mirada y notando como un pequeño rubor aparecía en sus mejillas. _ Así que no te preocupes por tus territorios. Siguen siendo tuyos.
En cuanto dijo aquello la ucraniana sonrió ampliamente, ya mucho más tranquila, y se lanzó a abrazar al turco, éste correspondió el abrazo y sonrió también. Ahora solo quería que ella fuera feliz a su lado, incluso si eso significaba quedarse sin algunas ciudades y detener su avance territorial. Ahora solo le importaba ella.
_ Gracias, Sadiq. _Dijo Yekaterina separándose del abrazo y aún sin perder la sonrisa.
_ De nada, princesa. _ El turco le revolvió el pelo con ternura_ Mañana te llevaré a un sitio especial.
_ ¿Un sitio especial? ¿Dónde?
_ A Pamukkale. Es un lugar muy peculiar de mi país. Es una zona en la que hay algo así como… termas naturales. Son grandes piscinas redondas en las que hay agua caliente, es un lugar muy relajante y agradable, la verdad. El agua tiene poderes curativos, así que te vendrá bien para las heridas de las piernas.
_ ¡Vaya, eso suena realmente bien! Tu país no deja de sorprenderme, ya tengo ganas de ir.
_ Lo pasaremos bien, ya lo verás.
La mañana siguiente se presentó por fin, consiguiendo despertar a la pareja. El primero que se levantó fue el turco, como siempre, estaba en la cocina preparando el desayuno de la ucraniana cuando de repente sintió cómo alguien le abrazaba por la cintura. Giró la cabeza y entonces descubrió a Yekaterina. La rubia estaba algo despeinada y aún parecía estar un poco adormilada. El turco ya no sabía si le abrazaba por querer demostrarle un poco de cariño o para evitar caer al suelo del sueño que parecía tener. Independientemente de las dos opciones Sadiq solo pudo reír al verla así.
_ ¿Qué haces levantada tan pronto, princesa?
_ Por una vez quería hacer yo el desayuno, pero siempre me ganas a la hora de levantarnos.
_ Es por la edad, cada vez se necesita dormir menos. _Dijo riendo un poco mientras volvía a concentrarse en la cocina_ Además, ¿para qué querías hacer el desayuno? ¿Ya no te gusta cómo cocino?
_ ¡Claro que sí! Solo es… que quería hacerlo yo misma por una vez, quería haber sido yo la que te llevara el desayuno. _Dijo la ucraniana con cierta timidez.
Sadiq se giró esta vez por completo y, sin previo aviso, besó a la rubia acercando su cuerpo al suyo todo lo que podía. Yekaterina apenas tuvo tiempo de responder, solo pudo sonrojarse y dejarse hacer por el chico. Un par de segundos después el turco se separó y sonrió levemente.
_ Tú eres mi princesa ahora y las princesas no cocinan. Simplemente disfrutan de los placeres que su amante les ofrece. ¿Vale?_La chica se sonrojó un poco cuando dijo estas palabras, simplemente asintió con la cabeza. _ Ve a vestirte y ahora te llevo el desayuno.
La ucraniana fue a la habitación de nuevo mientras se estiraba perezosamente, abrió el armario y eligió la ropa que se pondría aquel día. Recordó que iban a ir a las termas naturales así que, como no quería que se le transparentara la ropa por el agua como ya le había pasado en la playa, eligió un conjunto en colores oscuros. No le quedaban nada mal ya que contrastaban aún más sus ojos azules y su pelo rubio.
Al poco rato el turco entró en la habitación con una bandeja que contenía un vaso con leche, fruta y dulces, la dejó en la mesa y se quedó unos segundos mirando a la chica.
_ ¿No prefieres usar otra clase de ropa, princesa? No te queda mal, pero… si vistes de negro pasarás más calor.
_ No visto así por gusto, pero… si visto algo más claro con el agua se transparentará, y eso no me gustaría. _Dijo la chica mientras empezaba desayunar.
_ A mí sí me gustaría. _Murmuró el turco casi para él mismo pero Yekaterina le llegó a escuchar y respondió con un pequeño golpe en el brazo. _ ¡E-ey! ¡Que era broma, era broma!
Una vez que la pareja hubo desayunado se encaminó hacia las termas, de nuevo fueron con los caballos ya que esta vez el lugar se encontraba bastante lejos del palacete del turco. Sin embargo el camino no se les hizo demasiado largo ya que Sadiq le iba explicando a Yekaterina los monumentos o los edificios importantes que iban viendo de camino hacia Pamukkale.
En cuanto llegaron Yekaterina bajó del caballo a toda prisa y se quedó embobada admirando aquel paisaje de color blanco.
_ Parece que todo estuviera nevado, la verdad. Es muy bonito.
_ Sí, sin embargo no es nieve, es piedra caliza. _Dijo Sadiq alcanzando a la rubia.
_ ¿Cómo es posible que se haya creado algo tan curioso como esto?
_ Si te soy sincero, no lo sé, creo que ha sido un regalo de Alá. _Dicho esto cogió de la mano a la rubia y la llevó hacia una de las piscinas que había. _Venga, vamos a las termas.
En cuanto la ucraniana sintió la calidez del agua acariciando su piel dio un suspiro de puro placer, se estaba muy bien allí. Era cierto que había mucha gente en aquel lugar, pero parecía no oírles, decidió que aquel momento sería solo suyo… pero este pensamiento le duró poco puesto que oyó al turco chasquear la lengua ya no una, sino varias veces, parecía molesto con algo.
_ Sadiq, ¿te encuentras bien? _Preguntó la rubia mirando con cierta preocupación a su compañero.
_ No. _Contestó tajante y cruzándose de brazos.
_ ¿Q-qué te pasa?
_ Que no te tenía que haber traído aquí, en buena hora se me ocurrió.
_ ¿Por qué dices eso? ¡Este lugar es maravilloso! Me siento totalmente relajada, estoy tan a gusto que pareciera que solo estamos tú y yo aquí.
_ Pues no lo estamos.
Yekaterina no acababa de entender porqué el turco tenía esa actitud de repente, pero entonces se dio cuenta de un pequeño detalle que se le había pasado por alto al llegar: Aquel lugar estaba lleno de hombres que no paraban de mirarla, esto la hizo sonrojarse un poco, no estaba acostumbrada a tantas miradas como aquellas.
_V-vaya, esto es… algo vergonzoso.
_ ¡Me saca de mis casillas! ¡Solo yo puedo mirarte! Les voy a arrancar los ojos, lo juro.
_ Que me miren así es culpa tuya, ¿sabes?
_ ¿Culpa mía? ¿Y eso por qué? _Dijo el turco levantando una ceja y dejando de asesinar con la mirada a los hombres que no paraban de "comerse" a la rubia con los ojos.
_ Si me hubieras repasado los dibujos que me hiciste en los brazos… esto no pasaría.
Con esta frase Yekaterina quiso hacerle saber al chico que estaba al tanto del significado de aquellos dibujos, de que el llevarlos quería decir que ella solo le pertenecía a él y que pronto se casarían. Al menos Dilara se lo había explicado así.
Sadiq se quedó en silencio durante unos segundos, no sabía que Yekaterina había averiguado el verdadero significado de aquellos dibujos. Al final acabó por reír con cierto nerviosismo.
_ No sé por qué dices eso, Yekaterina. _Dijo Sadiq intentando escaquearse de aquello, aunque estaba claro que ya no había escapatoria.
_ Venga, Sadiq, ambos sabemos que sabes perfectamente porqué digo todo esto~ _Dijo la rubia mientras sonreía con cierto aire de victoria, le había puesto en un aprieto. Sadiq suspiró resignado.
_ No pensaba decirte lo que significaba que las mujeres llevaran los brazos pintados. ¿Cómo lo has sabido?
_ Alguien me lo dijo. _Contestó la chica sonriendo un poco_ ¿Por qué no me lo querías decir?
_ Porque te querrías borrar los dibujos.
_ B-bueno… Puede que hace unos días hubiera llegado al extremo de arañarme la piel solo para quitarlos pero… Ahora es distinto. Ahora… no me importaría que dibujaras sobre mis brazos las veces que quisieras.
Sadiq no podía creer lo que oía, sin duda aquello era un gran paso, con aquella frase casi le estaba afirmando que no le importaría ser su esposa. El corazón del turco latía fuertemente dentro de su pecho, parecía que se iba a salir.
Agarró suavemente las manos de la chica y depositó un suave beso sobre ellas.
_ ¿Eso quiere decir que quieres quedarte a mi lado? _Preguntó el turco mirando a la rubia a los ojos. Yekaterina asintió un par de veces, si él no iba a quedarse con sus territorios, ¿qué importaba que estuviera con él? ¿Qué importaba incluso que se convirtiera en su esposa en un futuro? Su corazón quería estar con él y así sería.
_ Sí, quiero estar contigo.
El turco se lanzó a abrazar a la chica, no podía estar más feliz en ese momento. Al final el cortejo había dado resultado, por fin Yekaterina era suya, correspondía a sus sentimientos, aquello era simplemente maravilloso.
La ucraniana se sorprendió en un principio ante aquel abrazo tan efusivo, pero no tardó en corresponder. Se sentía tan bien en los brazos del chico, tan segura… Nunca nadie le había dado una seguridad como aquella, nunca nadie le había protegido como lo hacía el turco, ni siquiera Feliks. En aquel momento todo era perfecto.
. . .
Mientras tanto, en Polonia las cosas estaban más que mal…
_ ¡La quiero de vuelta ya! ¡No voy a permitir que alguien como ese bruto de Turquía me la arrebate!
Un furioso Feliks gritaba a todo pulmón en su castillo. Hacía un tiempo que se había enterado de la reciente desaparición de la ucraniana: Turquía la había capturado.
Así le habían informado sus tropas.
Normalmente Feliks no solía preocuparse si Yekaterina se iba por ahí durante semanas, después de todo era algo habitual en el carácter de la chica el ser independiente. Pero esto no lo podía permitir, Ucrania era su territorio, se supone que ella le pertenecía a él, no a Turquía. Tenía que hacer algo al respecto y no iba a ser algo agradable.
