El entrenamiento de los soldados del ex capitán Ilich había iniciado desde antes de que saliera el sol. A través de la angosta ventana junto a mi escritorio podía observarlos con disimulo. Aunque las miradas de reproche del ministro me confirmaban que no pasaban tan desapercibidas como yo suponía. Observé a uno de los generales detenerse frente al grupo y sentí que mi corazón se detuvo, me puse de pie de un salto y me acerqué tanto cuanto pude a la ventana, cómo si esto fuera ayudarme a escuchar lo que estaban por anunciar.

Sonreí cuando vi al ex capitán presentarse frente a su grupo a cargo y mis ojos lo buscaron de inmediato. Su incrédula mirada provocó que se me escapara una pequeña risita burlona. Rusl lucía muy bien el uniforme de capitán que le había enviado con mi mensajero. La puerta de la biblioteca se abrió y una sirvienta entró haciendo una reverencia. Sonreí, adivinando su anuncio.

...

Uli miraba con asombro el balcón que había dispuesto para recibirla, nos ubicábamos en una de las torres altas del castillo, en donde había una vista increíble de la montaña de la muerte.

-No debería…—se aclaró la garganta—no deberías tomarte tantas molestias—dijo encogiéndose de hombros.

-En realidad estoy muy feliz de que estés aquí, Uli—comenté, ignorando su comentario.

Uli sonrió con timidez.

-Me pareció adecuado visitarte antes de volver a Ordon—dijo con una expresión seria—lo he escuchado de Telma…

Me pregunto qué clase de expresión habré puesto ya que se apresuró a excusar a su amiga:

-Me lo ha dicho porque me ve como la madre de Link—su rostro se tornó preocupado—¿es eso cierto? ¿tú y Link…?

Hice una mueca.

-Lo es—contesté con seguridad.

Se sintió terriblemente bien decirlo en voz alta. La mirada de Uli fue de sorpresa en un principio y después se suavizó y comenzó a llorar. Me mordí el labio inferior con nerviosismo, preguntándome si le parecía una idea desagradable.

-No me parece que sea una buena idea—se encogió de hombros. Mis ojos se abrieron de la impresión, no me esperaba ese comentario de su parte. Podía estar casi segura de que apoyaría nuestra relación pues había sido ella quien me alentó a confesar mis sentimientos en primera instancia.

—No me gustaría que me malinterprete, princesa. Nada me haría más feliz que verlos a ustedes dos juntos, pero he ser honesta usted …—arrugó el entrecejo—Link es un buen muchacho, a pesar de su pasado... En este momento creo que está de más decir que él no es realmente nuestro hijo.

Quise interrumpirla, quise preguntar a qué se refería con su pasado, pero me contuve al saber que eso significaba una grave falta de respeto. Era evidente que Link no era el verdadero hijo de Rusl y Uli, por donde quiera que miraras él era un Hylian. Él nunca me había contado nada de su vida antes de Ordon y yo nunca me atreví a cuestionar el hecho de que él los llamara familia. Link hablaba y hablaba sobre Ordon, sus costumbres y las personas con tanta familiaridad, que me había dado la impresión de que había vivido ahí toda su vida.

-Aun así, alteza, debe estar usted segura de que yo daría mi vida por su felicidad. Y si usted es su felicidad, debería aceptarlo, pero, si he de ser honesta, me temo que esta relación no vaya a ser aceptada con tanta facilidad.

Abrí la boca para calmar sus temores, pero la cerré antes de poder decir algo. Tenía razón, mi conejero más cercano ya tenía sus sospechas y se comportaba de una manera hostil. No estaba segura de cómo reaccionaría la gente. De pronto me sentí ansiosa, entrelacé los dedos de mis manos bajo el mantel. La mirada de Uli era de preocupación, pero yo no podía hacer nada para cambiarla.

Me di la vuelta por décima vez sobre el colchón de plumas, preguntándome qué clase de persona sería la mujer de la que él estaba enamorado. Por mi cabeza rondaban imágenes de mujeres de toda clase, altas y atléticas, pequeñas y delicadas, intelectuales y científicas, no estaba segura. Me levanté y suspiré, observé la luna en cuarto creciente a través de la angosta venta alta de mi habitación, angustiada de que el resto de mis noches serían de esa manera. Había razón en las palabras de Celine y de Uli. Link estaba enamorado de alguien más, no debería forzarlo a estar conmigo y obligarlo a soportar las habladurías y malos tratos de la corte. Él podía ser feliz y yo no estaba dispuesta a cargar con la culpa de haberlo impedido. No debería esperar más.

Caminé por los largos pasillos de piedra del castillo con dirección a los aposentos de los soldados. Algunos guardias me miraban con curiosidad, aunque desviaban su mirada cuando intentaba encararlos, haciendo una reverencia.

-Alteza…

Solté la lámpara que iluminaba mi camino del susto. La levanté de inmediato, avergonzada, y me volví para encarar a quien me llamaba.

Rusl hizo una reverencia y sonrió mostrando sus dientes blancos mientras cruzaba los brazos sobre su pecho. Me pareció extraño verlo vistiendo algo tan distinto a la ropa característica de Ordon. Estábamos en la sala de estar de los soldados a una hora inadecuada, estaba oscuro y de pronto me sentí incómoda por la forma en la que nos habíamos despedido en los bosques Faron. Rusl sonrió y me ofreció su brazo para llevarme a otro lugar.

-Me gusta el aire fresco de la noche—comenté, sentándome en el borde de la fuente.

-Entonces debería abrir la puerta de su balcón, alteza. Eso me parecería a mi más práctico que hacer recorridos nocturnos—dijo, recargándose en la fuente cerca de mí, pero sin sentarse.

Lo miré asombrada de su osadía, muy pocas personas se atrevían a hablarme de esa manera. Me reí y se rió conmigo.

-Tiene usted razón, capitán…—dije, encogiéndome de hombros—me alegra que esté usted aquí…

Rusl hizo una mueca de diversión. Nos volvimos a reír y después ambos hicimos silencio.

-Uli me ha contado—dijo finalmente.

Mi cuerpo se tensó de inmediato, sabía a dónde se dirigía esta conversación.

-Me temo que, a diferencia de ella, me alegra saber que Link ha iniciado una relación con usted, alteza—me miró con sus ojos llenos de emoción.

Me sonrojé por el inesperado comentario. Me pareció muy tierno el hecho de que se estaba comportando como un padre orgulloso.

-Rusl… -me miró aun sonriendo—hay algo que me gustaría saber…

-Uli te lo ha mencionado, ¿no? Acerca del pasado de Link—peguntó con seriedad. Su sonrisa se borró.

Asentí con cautela, insegura de si me diría lo que deseaba saber.

-Eres una persona especial para él…—dijo mirando el cielo—mereces saberlo.

Y me lo dijo. Rusl se encontraba recolectando madera en el bosque para el fogón, Uli había querido acompañarlo, pero estaba de seis meses y se cansaba con facilidad, así que decidió no llevarla con él.

Estuvo un par de horas realizando la difícil tarea. Cuando finalizó, ató la madera a la silla de su viejo caballo y cuando estuvo a punto de montar, se encontró frente a frente con la azul mirada inexpresiva de un pequeño de cabello largo y castaño. Lo miró de arriba abajo, buscando alguna posible arma con la que pudiera amenazarlo. Se trataba de un joven Hylian con la vestimenta y las botas sucias, y la mirada inexpresiva.

Se acercó al viejo caballo, examinando descaradamente las pertenencias. Abrió las alforjas, sin importarle la presencia amenazadora del propietario del animal. Dio media vuelta para irse de ahí, pero antes de que avanzara, Rusl intentó sostener su brazo, él pequeño esquivó el movimiento del hombre sin mayor dificultad. Le dio la espalda al hombre, diciendo que no poseía nada de valor. Dio cuatro pasos y una cuerda atrapó su pie izquierdo, elevándolo en el aire y manteniéndolo suspendido a una altura considerable. Rusl se burló del pequeño ladrón diciendo que era su culpa por no querer escuchar su advertencia y lo miró desde la seguridad del suelo.

El joven luchó contra su atadura, pero sólo consiguió rebotar un par de veces. Intentó desatar la cuerda que aprisionaba su tobillo izquierdo. Cuando casi lo había conseguido, miró hacia abajo, calculando los posibles daños que esta acción implicaría en su cuerpo. Se detuvo y volvió a dejar caer su cuerpo, resoplando con fastidio.

Rusl seguía mirándolo con diversión, preguntándose qué clase de padre dejaba vagar a un niño en las profundidades del bosque a mereced de los monstruos y animales salvajes. El joven sacó un monedero de la alforja y se la arrojó al hombre a cambio de su libertad. Rusl abrió el monedero no muy impresionado, con una sonrisa en el rostro. Su sonrisa se esfumó tan pronto como había aparecido al observar la cantidad ridícula de rupias que contenía la bolsita de cuero.

Rusl miró al joven, quien le sonreía con la mirada inexpresiva, tal vez asumiendo que el trato estaba cerrado. Cerró la bolsita de cuero y se aclaró la garganta. Tomó aire y le dijo que antes de liberarlo debía decirle quién era y a qué se dedicaba.

-Debo aceptar que sentí pena por él cuando me lo dijo—comentó con la vista perdida en la jardinera, observando una persona que ya no existía.

-¿Un ladrón? –pregunté, adelantándome a su relato.

El capitán me miró sin expresión y negó con la cabeza.

-Un mercenario.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. No concebía la idea de un vendedor de espada de tan corta edad.

-Uno que huía de los suyos—continuó.

El joven se disculpó por haber buscado entre sus cosas y prometió desaparecer del bosque una vez que lo bajara. Rusl lo miró con ojo crítico y suspiró, decidiendo lo que haría una vez que lo bajara. Uli se acercó a él antes de que pudiera hacer cualquier cosa y observó aterrorizada al joven que pendía en las alturas. Le ordenó a su esposo que lo liberara y el hombre obedeció sin protestar. Cortó la cuerda con la hoja de su espada, haciendo que el joven cayera desde las alturas. Uli corrió como pudo a ayudarlo, sostuvo su cara con ambas manos, examinando su rostro, tratando de encontrar algún tipo de daño. El joven intentó apartarla, pero el inmenso dolor en el brazo izquierdo se lo impidió. Uli observó la herida y le dirigió una mirada amenazante a su esposo, quien solo sonrió, encogiéndose de hombros.

Rusl se rió mientras levantaba el cuerpo del joven sin ningún cuidado y lo depositaba en la silla de su caballo viejo. Uli caminaba junto a él, preguntándole si era muy doloroso. El joven solo la miraba incrédulo ante su consternación, ni siquiera lo conocía.

El capitán lo llevó a su casa, en donde Uli atendió sus heridas junto al fogón. Rusl le dijo que no le contaría a nadie acerca de su profesión si aceptaba quedarse hasta que sanara su brazo. Al ser el brazo izquierdo de Link el afectado, y al verse imposibilitado para defenderse de las personas y criaturas que acechaban en el bosque, no le quedó más remedio que aceptar.

La primera semana se la pasó sentado en el sillón, observando ausente la leña arder y sin decir una sola palabra. Rusl salía durante el día y volvía muy tarde, así que era su esposa quien pasaba la mayor parte del tiempo junto al joven. Un día Uli se armó de valor e inició la conversación. Le acercó un poco de agua fresca, jabón y una toalla para que se aseara, diciendo que poseía unos encantadores ojos azules y que los estaba desperdiciando. Salió en busca de algunas verduras para el caldo y cuando volvió se encontró con el joven, quien había obedecido. Le sonrió y se ofreció a cortar su largo cabello, Link se encogió de hombros y la miró con indiferencia.

Esa noche, cuando Rusl volvió a casa, se encontró con su esposa frente al fogón, conversando entusiasmadamente acerca de los ingredientes de la sopa de calabaza junto a la mirada atenta de un joven de cabello corto. Sonrió, su esposa siempre sabía cómo ganarse el corazón de las personas.

En poco tiempo, Link se convirtió en la sombra de Uli, la vigilaba todo el tiempo para evitar que hiciera algún esfuerzo dada su condición. La gente de Ordon había comenzado a reconocerlo y lo saludaban cada vez que acompañan a Uli a la tienda.

Cuando llegó el día en que recuperó la movilidad de su brazo, a Rusl le pareció que, a pesar de su mirada inexpresiva, le afectaba la idea de alejarse de su mujer. Link parecía preocupado y no durmió esa noche dando vueltas en el suelo, en donde había decidido hacer su cama para dormir cada noche. Al día siguiente Uli le pidió que la acompañara a buscar leche fresca de cabra como cada mañana, ahora estaba más grande y le costaba más trabajo caminar hasta la tienda. El lugar estaba abarrotado como de costumbre a esa hora, y cuando finalmente llegó su turno, Uli dijo con voz amable: A partir de mañana, no podré venir a recoger la leche. Link se tensó, pero la mujer acarició su brazo con cariño y con una sonrisa orgullosa en su rostro agregó: lo hará mi hijo, así que, estaría muy agradecida si fuera usted tan amable de entrégale a él lo mismo de siempre.

-Y entonces estuvo decidido—dijo Rusl sonriendo—ese día Uli me dio a nuestro primer hijo.