Declaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo sueño y me divierto con ellos.

"¿Embarazada?"

Demonios, no podía ser. Me quedé observando al profesor mientras hablaba del tema, para luego dirigir mi mirada hacia Edward. Lo miré aterrorizada mientras en mi mente la cuenta comenzó.

La conclusión, tenía un retraso de más de un mes y no me había percatado. Nunca me había retrasado en mi vida. No podía ser, yo me cuidaba. Había comprado pastillas anticonceptivas, pero al parecer estás no fueron efectivas.

Demonios no podía ser así, no tenía como mantener un bebe, tampoco dejaría que Edward por un hijo estuviera junto a mí.

Sentí como él me miró y vio el pánico reflejado en mi rostro, yo solo pude contemplarlo aturdida. Esto no podía ser, no me podía pasar a mí, ¿Qué le diría a Jasper? ¿Qué mierda le diría a Rose? ¿Cómo lo ocultaría de Edward?

No. Me negué a creer esto.

Totalmente aturdida sentí como perdía el conocimiento. De lo último que fui consciente, fue de Edward saltando sobre mí para sostenerme.

No… No podía ser, esto no podía ser cierto. Yo no podía, no debía. Jasper se iba a desilusionar mucho de mí. Edward, ahora estaba con Tanya, jamás permitiría que estuviera conmigo solo por un embarazo no deseado, estaba fuera de mis opciones decirle. Otra solución habría sido un aborto, pero, ¡demonios! sería un hijo de Edward y mío, una vida, fruto de mi amor hacia él, no podía matarlo. Deseché esa idea de mi mente de inmediato, no podía pensar más, debía estar segura antes de tomar mi decisión respecto a esto.

Comencé a escuchar voces, todo me daba vueltas en mi cabeza, cientos de imágenes se repetían una y otra vez; los dos últimos meses vividos con Edward, los días con mis padres, mi vida sin ellos, mi vida ahora, sola con mis hermanos, Jasper trabajando duro por sacarnos siempre adelante.

No, me sentía sumamente mal, mareada hasta más no poder, pronto sentí unas manos frías tocando mi rostro, y las voces se hicieron más claras a mí alrededor.

-¿Qué pasó? – Esa era la voz del profesor Banner.

-No lo sé, profesor. Solo se descompuso de pronto, sólo alcancé a sostener su cabeza para evitar el golpe – La voz de Edward sonaba preocupada.

-Chicos, denle espacio, necesita respirar. ¿Edward puedes cargarla y llevarla a enfermería?

-Sí, claro – Sentí cuando pasó sus manos por debajo de mi cuerpo y comenzó a alzarme del frio piso.

Mi cuerpo caía lánguido, sin vida de sus brazos. Sentí el frio habitual de Forks y sabía que ya no estábamos en el salón. El aire me hizo reaccionar con rapidez, mis ojos comenzaron a abrirse y la luz me cegó por un momento, luego mis ojos se ajustaron a ella. Lo miré, tenía el ceño fruncido, se veía preocupado por mí.

-Bájame – Le pedí, mi voz sonó sin fuerzas ni volumen.

Edward me miró y su mirada fue de sorpresa.

-Bella, puedes dejar tu testarudez a un lado y evitarnos la pelea que nos llevara a la misma conclusión: tú no puedes caminar, estás débil y yo no te bajaré para que te azotes contra el asfalto – Su voz se mostró firme.

-Está bien, pero no me lleves a enfermería. Es solo un desmayo, no necesito ir. Déjame en una banca, necesito a Alice solamente – Le pedí con voz de ruego.

-No, Bella. Solo te dejaré en la enfermería – Mierda. ¿Por qué complicaba todo siempre?

Atravesó la puerta que llevaba a la enfermería, y escuché la voz de la enfermera dar un grito, se apresuró a abrir la puerta que llevaba a la sala de atenciones y Edward me depositó en la camilla, se hizo a un lado para darle espacio a la enfermera. Ella tocó mi frente con sus cálidas manos.

-¿Qué te paso ahora, Isabella? – Lo bueno de ser debilucha es que la enfermera ya me conocía y no tenía que mentir mucho para que me creyera; y eso era una suerte, ya que era una pésima mentirosa.

-Solo un desmayo más – Le dije tratando de disimular mi temblor en la voz.

-Te pondré las compresas frías, déjame traerlas – Se marchó de la salita a buscarlas y yo aproveché para hablar con Edward.

-Debes irte, ya me encuentro mejor. Además ya has cumplido con traerme.

-Bella no me iré hasta verte mejor – Su voz fue suave pero firme.

-Sí, debes irte. No tienes que quedarte, no te corresponde – No lo quería cerca de mí, confundiéndome aún más, esto de por sí ya era difícil, ni imaginar con él mirándome y confundiendo mis pensamientos.

-Bella…

-No, Edward. Sólo vete, luego te aviso como estoy, pero necesito estar sola.

-Si no me avisas, iré a tu casa ¿Entendiste? – Dijo entes de abandonar a largas zancadas la habitación. ¿De verdad estaba preocupado o se sentía culpable? No me importaba mucho en estos momentos.

La enfermera entró y me puso las compresas en mi frente. Estaban frías. Se sentían bien y me ayudaban a controlar mis malestares. Me quedé recostada por veinte minutos, luego le dije a la enfermera que me sentía bien y ella me dejó marchar con un pase para poder retirarme.

Sé que era una locura, pero no quería hablar con nadie, así que tomé el bendito pase y me dirigí a mi casa a pie.

Tardé cuarenta minutos en llegar, pero llegué. El trayecto me sirvió para pensar las cosas. Había tomado mi decisión, primero me haría el tez de embarazo, si salía positivo, iría a ver a un Ginecólogo.

Me fui a la cocina para tomar un refresco, pero apenas me terminé el vaso, sentí la puerta de la casa abrirse. Rosalie entró a la casa como alma que lleva el diablo y comenzó a llamarme. Se escuchaba enfadada.

-Isabella Swan, ¡¿Dónde demonios estás?!

-En la cocina – Grité, mi estómago se contrajo de solo saber que Rose venía enfadada.

-¡¿Qué demonios, Bella?! ¿Tú no entiendes, no? ¿Por qué mierda no puedes hacerte la idea de que me preocupo por ti? No sabes cómo te busqué por todo el instituto cuando supe que te habías desmayado, y cuando me dijeron que te habías ido… – Rosalie en verdad estaba enfadada, la vena de su frente latía visiblemente cuando me gritaba, pero luego se calló para calmarse. Cerró los ojos, respiró hondo y enfoco su mirada nuevamente en la mía – Bella, por favor, no vuelvas a hacerme esto. No sabes lo preocupada que estaba cuando supe de tu desmayo.

Rosalie me dio un abrazo, aguanté con fuerzas las ganas de llorar que tenía, y le devolví el abrazo, puse mi cabeza en su hombro y ella en el mío.

De pronto me sentí observada, abrí los ojos y ahí estaba él de nuevo. Me separé de Rosalie de inmediato.

-¿Tú qué haces en mi casa? – No lo entendía.

Pronto recordé la promesa o advertencia que me hizo.

-Bella, no seas grosera. Él me avisó de que te habías desmayado, me ayudó a buscarte también – Me reprendió Rose.

-Rosalie, tienes razón – Lo miré fijamente a sus ojos y me fundí en ellos.

¡Mierda! Siempre terminaba cediendo ante él

-Lo siento, Edward. No fue cortés de mi parte.

-No te preocupes, Bella – Me dio una mirada intensa.

Mi cuerpo comenzó a temblar cuando me di cuenta que podría tener un hijo de Edward.

-Rosalie, ¿Me permites hablar con Bella a solas? – Preguntó Edward.

-Claro, me llamas cualquier cosa. Alice y Emmett me esperan afuera. Bella me llamas ¿sí? – Asentí – Bien, nos vemos.

Rosalie se fue de casa y escuchamos el auto de Alice partir.

¡Demonios! Estaba sola con él.

No fui capaz de mirarlo siquiera y me fui a sentar al sillón. Edward me siguió, se sentó a mi lado y me miró.

-Bella ¿Qué ocurre? ¿Acaso no era lo mejor? Respeté tu decisión porque pensé que era lo que querías, pero te he visto Bella. Esta semana no haces nada, andas muerta por ahí, no comes, no hablas, no nada y me duele, duele pensar que es mi culpa… Nunca debió suceder Bella, éramos felices antes – Sus dedos se enterraron en su cabello, representando la angustia que sentía.

Sus palabras terminaron de romperme el corazón, pero tenía razón, yo era más feliz antes, cuando solo lo amaba en silencio. Ahora era una adicta a sus besos y caricias y por mi propia decisión estaba sin mi mejor droga, y eso dolía.

-Edward… – No era capaz de formular una oración, nada de nada. Mi voz temblaba por toda la emoción contenida.

Yo no le podía hacer esto a Edward, él tenía que terminar su angustia mental.

-Bella, dime: ¿Estás segura de que quieres que todo finalice? – Mierda, aún me daba la opción de continuar, pero ya no era solo un juego de niños, esto había pasado a mayores y él no se daba ni cuenta de eso, no podría, jamás le obligaría a estar conmigo solo por un bebé.

-Edward, todo lo que vivimos fue hermoso para ambos, pero ya acabo. No podemos seguir así cuando solo nos hacíamos daño. Jamás olvidaré todo lo que viví a tu lado, pero no puedo. No debemos. Ya no más… Edward yo lo siento, no es culpa tuya, no pienses eso por favor… – Mis ojos picaban ya que las lágrimas me amenazaban con salir, pero no podía. No quería que viera cuánto dolía. Me preguntaba como hubiera sido si fuéramos novios, sin duda yo desbordaría alegría, conocería a su familia, a pesar de ser amiga de Alice, nunca la he conocido, su madre, su padre, sería hermoso poder sentirme parte de una familia, y más si eso lo incluye a él, pero no. Mi vida estaba destinaba a la miseria y al fracaso y sin duda él no se incluía para nada en esos términos – Siempre te recordaré, fuiste el primer hombre en la vida, y realmente lo recordaré siempre. Es solo que no puedo…

-Te entiendo Bella, créeme tú también serás siempre especial para mí. También fuiste la primera mujer en mi vida, y si es lo que tú deseas, lo respeto. Respeto tu decisión. Solo quiero verte feliz, Bella. Tú te lo mereces más que nadie, sé que algún día encontrarás a esa persona, aún somos jóvenes y nos queda mucho por delante – Edward sonaba como si en verdad me amara, pero yo sabía que no era así. Tenía razón, había encontrado a la persona perfecta para mí, ya estaba instalada en mi corazón y nadie la sacaría jamás de ahí.

-Sí, Edward, tienes razón. Sabes, me alegraría mucho si nuestra amistad siguiera adelante, tú me ayudas mucho a superar mis problemas. Sé que siempre estarás ahí conmigo al igual que yo, siempre estaré ahí para ti, Edward – Le tomé una mano y se la acaricié con cariño. El solo entrar en contacto con su piel provocaba esa reacción a la que me convertí adicta, ese cosquilleo parecido a la descarga eléctrica que me inundaba la superficie de mi piel, que me hacía perder el aliento, que provocaba un delicioso calor en mi pecho.

Suspiré. Echaba de menos su contacto.

-Edward, ¿Qué sucede? – Me alarmé al verle tan triste. Su otra mano aún se enredaba de su cabello con desesperación, su mirada de pronto se fijó en mis ojos, los de él estaban torturados. Me fundí en ellos, adoraba ese tono verde de él, sabía que terminaría embobada y perdida si seguía mirando sus ojos. Me tardé pero lo hice, apreté mis ojos con fuerzas, cortando nuestro contacto visual. Mordí mi labio inferior, éste cosquilleaba por querer besar los labios de Edward, pero no podía.

-Creo que será mejor que me marche, pero prométeme que te cuidaras, que serás feliz. Tus hermanos te quieren mucho, Bella y estoy seguro que se sentirán felices al ver lo feliz que algún día serás, solo elije un buen hombre, Bella – Me pidió.

Solo fui capaz de asentir, tragué el exceso de saliva que me causaban pequeños ahogos juntos con las ganas de llorar que sentía. Edward se acercó a mí y me abrazó con amor, delicadeza y ternura. Su agarre era fuerte, seguro, y… maravilloso, era fantástico, su olor me golpeó atrayendo esos recuerdos que serían los mejores de mi vida, mis pulmones se llenaron de su dulce olor, mientras le devolvía el abrazo. Mi cabeza terminó reposando en su hombro y me sentí en casa, con él me sentía en casa. De pronto me di cuenta que esto sería más difícil de lo que aparentaba.

Me alejé de él.

-Adiós, Bella – Susurró.

-Adiós…

Se marchó casi a la carrera y yo me dirigí a mi cuarto, no podía pensar en nada, ahora solo me importaba un tema en particular, el embarazo.

.

Era sábado al fin. Había sufrido mucho en la semana, no había podido conseguir un tez de embarazo y las pesadillas que una vez tuve donde no podía acercarme a él, y luego este se besaba con Tanya, se hicieron presentes una vez más. Pero ahora no importaba, iría a ver a un médico de Port Angeles.

Me subí al bus que me llevaba hasta allá. No me gustaba viajar en locomoción colectiva pero no podía decirle a nadie que me llevara.

El viaje fue un fastidio, pero en fin llegué al centro médico. En él me otorgaban privacidad a pesar de mi edad, pero me había costado los ahorros de mi vida.

Tomé el suspiro más largo de mi vida, cuadré los hombros y entré. Me dirigí donde una amable señorita sentada atrás del recibidor.

-Buenas tardes, soy Isabella Swan, tengo cita con el doctor Vulturi, Aro Vulturi… – Mi voz temblaba, mi garganta estaba seca y mi respiración agitada, sentía un pitido en los oídos, todo daba vueltas, pero sería fuerte, tenía que serlo.

-Un momento – Me pidió. Solo asentí, tomó el teléfono y marcó, esperó unos segundos.

-Doctor Vulturi, llegó una paciente – Ella esperaba la contestación del otro lado de la línea – Isabella Swan – Mi estomago rugió cuando me di cuenta de que había llegado el momento de la verdad – Está bien, doctor – Colgó el teléfono y me miró.

-El doctor la espera, señorita. Box cinco, pasillo tres – Mierda, ahora sí que no podía arrepentirme, deseaba salir corriendo, pero no podía. Tenía que saberlo sí o sí.

-Gracias – Le dije y me volteé al pasillo que ella me indicó. Caminé hacia él y busqué el Box tres, cuando lo localicé le di dos golpecitos suaves a la puerta.

-Adelante.

Mi estómago no podía estar peor, nunca había venido a un ginecólogo, y hacerlo sola era mil veces peor.

Abrí la puerta y entré. La salita era espaciosa y blanca, su color la hacía verse esterilizada. Miré las fotos que habían y pude apreciar muchas fotos que me aterraban, fotos del embarazo, sus pasos a través de los meses, esa célula que crecía hasta formar un bebé, y mil imágenes más.

Enfoqué mi vista hacia él doctor Vulturi que me estiró la mano y yo imité el gesto. Tenía su piel suave, pero algo fría. Me miró y se presentó.

-Hola, yo soy el Doctor Vulturi, tú eres Isabella Swan ¿cierto? – Me dijo mientras me ordenaba tomar asiento frente a él, me senté y asentí – Bien ¿qué te trae por aquí?

-Esto, emm… – Demonios mis manos estaban transpirando, mi estómago se contrajo y se me erizó todo el vello de la nuca – Creo que… Yo pienso que… Tengo un retraso – Dije al fin. Nada más fue capaz de salir de mi boca, pero con esto sería suficiente.

-Entiendo, ¿Hace cuánto que fue tu último periodo?

- Esto… Hace dos meses y unas tres semanas más o menos… – No lograba recordar la fecha, mi memoria nunca fue la mejor.

- ¿Qué edad tienes Isabella?

- 15 años – Le respondí frunciendo el ceño.

El doctor me revisó. Fue incomodo pero era necesario.

Me dijo que no estaba seguro y mandó a buscar la maquinita para hacer el ultrasonido, estaba nerviosa, al borde de sufrir un colapso, pero debía ser fuerte. Debo responsabilizarme de mis actos. El doctor Vulturi esparció un poco de gel en mi barriga, estaba frio. Luego puso la maquinita y la presionó en mi estómago, ambos mirábamos la pantalla.

-Hum, ya veo…