¡Hola a todos! ¿Cómo están? Al filo de la cornisa y por culpa de mis responsabilidades este capítulo lo posteo tarde, pero seguro jaja. En mi país aún es Lunes, así que espero siga contando jaja.

¡Espero disfruten la segunda parte de este capítulo!

Pokemon y sus personajes NO me pertenecen de ninguna manera.


Un hombre y un Pokemon iban, lo más rápido que su transporte les permitía, en dirección hacia la planta de energía de Kalos. El hombre, que vestía un conjunto de color gris y una remera de manga corta, miraba de manera ocasional la velocidad que marcaba su ciclomotor, si fuera por él, aumentaría mucho más su potencia. Ajustó con su mano derecha su casco de protección a la vez que miró hacia atrás para ver cómo estaba su Pokemon. El tipo fuego/luchador de la región Hoenn asintió para darle a entender a su entrenador que estaba en condiciones. Blaziken tenía, al igual que su compañero, tenía protegida su cabeza con otro casco en caso de que se presentara alguna adversidad.

-Lo siento, Blaziken-dijo el hombre pronunciando palabra luego de un tiempo- sé que no estás acostumbrado a usar ese tipo de protección, pero debes usarlo. Aparte, es del tamaño de Ampharos, es algo incómodo pero…

El Pokemon bajó su cabeza no pudiendo ocultar el hecho de que su entrenador, sin que él lo diera a entender, descubrió la complicación que pasaba al usar ese tipo de protección.

-…Es por sólo un momento- prosiguió el hombre- Desde hace unas horas he notado cierta inestabilidad en la corriente eléctrica en la ciudad. No quise anunciar nada a las autoridades para no preocuparlos en vano, en caso de ser sólo imaginaciones mías, pero presiento que algo no anda bien…

Blaziken, al notar que su entrenador parecía no pasar un buen momento, con casco incluido, intentó animar a su compañero apoyando su cabeza contra la suya, en una muestra de afecto. El hombre, a pesar de que ambas protecciones impedían el contacto entre uno y otro, apreció el gesto.

-Gracias Blaziken-agradeció el hombre.

Aún con una sonrisa, por el gesto de su Pokemon, entrecerró sus ojos para de alguna forma mejorar su visión a lo lejos. Podía divisar la central energética a lo lejos. Reduciendo la velocidad, dirigió su vehículo hacía un costado. Una vez detenido, lo acercó hacía un poste. Allí, lo amarró con unas cadenas, para procurar que nadie se lo quitara hasta su regreso. Blaziken parecía no entender las acciones de su compañero el cual, al ver la confusión en su mirada, decidió explicarle lo que estaba haciendo.

-Es normal que no sepas, Blaziken, Ampharos es el único que me ha acompañado hasta aquí- terminando de asegurar tanto su vehículo como los cascos, el compañero del Pokemon de Hoenn siguió con su explicación- No sé realmente lo que esté pasando, pero esas inestabilidades que percibí en la energía son producto de falta de control. Esto sólo puede darse si la maquinaria se coloca de modo tal que funcione por sí misma. Si ninguno del personal de la central verifica de manera constante el funcionamiento, es lógico que se produzcan fallas, baja de tensión o incluso apagones aunque aún no ha pasado, no por lo menos mientras estuvimos en la ciudad.

El hombre, poseedor de una barba de la misma tonalidad castaña que su pelo, observó a la central antes de seguir hablando. Blaziken escuchaba todo con atención.

-… Lo cual, nos deja dos posibilidades. Una, que hubo un descuido importante de todo un personal en controlar y asegurar el correcto funcionamiento de todo. Y la otra, la que más me está convenciendo, es que algo o alguien les está impidiendo realizar su trabajo- Blaziken miró a su entrenador preocupado. Él le devolvió la mirada- Desde que protegemos las calles de Lumiose de cualquier adversidad, sabes que suelo esperarme lo peor de las situaciones… así que me inclino por la última opción. De ser así, debemos tener cuidado con el sistema de seguridad y las cámaras que rodean el complejo. Por eso no podemos acercarnos con nuestro vehículo, con eso estaríamos prácticamente regalándonos a lo que sea que este en la planta, si mis suposiciones son acertadas.

El hombre, sacó de una pequeña maleta que llevaba consigo, un traje de color rojo con destellos amarillos a los bordes. Blaziken al ver el atuendo, comprendió que su compañero temía lo peor y que eso significaría que debían actuar.

-Quizás sólo sean suposiciones mías, ojalá así sea, pero iremos allí de la manera más sigilosa posible y nos sacaremos la incertidumbre- dijo el individuo ya con su vestimenta colocada. El Pokemon asintió. Ocultando su cara tras una máscara de similares características al rostro de Blaziken, ordenó con un gesto a su compañero para moverse.

"Esa central significa mucho para mí y mis hijos. Debo asegurarme que todo esté bien, sé que si estuvieras en Lumiose ante lo mismo que percibí yo hubieras querido intervenir también, ¿No es así, Clemont?"

Con el pensamiento y recuerdo de sus hijos resonando en su cabeza, Meyer emprendió el poco trayecto que le quedaba para llegar a la central y descubrir si sus temores eran infundados o no.


El cruce de miradas entre la pequeña de 7 años y el miembro de la organización que estaba tomando las riendas en la central aún seguía latente. El silencio, como era de esperarse, reinaba en el lugar. Dedenne observaba nervioso a su compañera que no había emitido palabra alguna, ni siquiera gesto desde que fue descubierta por aquel hombre. Era diferente a toda situación que haya vivido antes. Sí, pudo haber pasado complejas situaciones en los que el Team Rocket fue partícipe, pero no eran nada comparado a lo que demostraron ser los del Team Flare. El miedo, como cuando presenció el secuestro de sus amigos, la retenía y la privaba de cualquier movimiento voluntario que quisiera realizar. Tenía que hacer algo, sin dudas. Claro que es fácil decirlo, pero ella no tenía idea por dónde empezar.

Chris, no despegaba sus ojos de la niña. Era curioso pensar que, de sus compañeros, era quizás el único o de los pocos que no estaba buscándola. La carga de ver a los amigos de ella amarrados, amordazados era algo que no había presenciado con anterioridad. Al momento de unirse al Team Flare, supuso que para llegar a sus fines, no había duda alguna que tendrían muchos obstáculos, pero como ya había pensado anteriormente, no estaba muy de acuerdo con algunos de sus métodos. Sí, combatió contra muchas personas que querían detenerlos. Sí, hirió tanto a adultos como Pokemon, pero algo que nunca se había atrevido era a dañar a niños, ni siquiera adolescentes como ellos. Si bien su primer encuentro con ellos, el chico morocho le había traído problemas a él y a su compañero, no sentía necesidad de hacerle daño. Si quizás darle un buen susto, pero nada que pasara ese extremo. Ahora, frente a él, quedaba la pequeña niña que pensó que había podido salvarse de lo que sea su compañero tenía en mente para sus amigos. No le quedaba claro cómo catalogar sus acciones, si muy valientes o muy tontas. La pregunta era, ¿Qué hacer con ella ahora que la tenía frente a él? No sabía qué hacer.

-¡Chris, señor!- se escuchó una voz al otro lado del pasillo.

Chris dejó de mirar luego de un tiempo a la chica y volteó para ver, al otro lado, a dos de sus compañeros de la organización que lo llamaban.

-¿Qué hace allí?-preguntó uno de los dos.

Por vestimenta, cabello, eran prácticamente un calco de lo que Ariel y Chris lucían semanas atrás, antes de ser ascendidos a supervisores. El traje blanco que ambos poseían los identificaba como tal. Las únicas diferencias entre él y Ariel eran su rasurada cabeza y que su compañero, a pesar de haber ascendido al mismo tiempo que él, era por así decirlo su jefe, y una de las cabezas de la emboscada a la central eléctrica.

Chris titubeó un poco. Sin siquiera observar a la niña, podía percibir con todos sus sentidos que la misma debía estar paralizada del miedo. Si él revelaba su ubicación, no había duda que sería capturada por sus camaradas y su visita a la central habría terminado.

En tan sólo un segundo, tuvo que tomar una difícil determinación, la cual sabía que podía respaldar con varios argumentos válidos. Hacía cinco años que se había unido a las ambiciones del Team Flare. Jamás, a pesar de alguna que otra duda, había desobedecido una orden. Tampoco había traicionado alguna vez sus principios. Dicen que siempre hay una primera vez para todo, y eso fue lo que lo hizo inclinarse por su decisión.

-Nada-respondió Chris lo más relajado que pudo-sólo caminaba sin rumbo fijo.

Los otros dos hombres lo miraban extrañados, aunque no veían nada anormal en la escena, por lo que decidieron creerle.

-Bien, nos retiramos entonces.

-¡Esperen!- los detuvo Chris a ambos muchachos.

-¿Qué se le ofrece supervisor?-contestó uno de los dos curioso.

Chris, como desde que intervinieron los dos hombres, aún no había volteado a ver a la pequeña. Confiaba en que aún estuviera detrás de él, lejos de la vista de sus camaradas, escuchando atentamente todo.

-Los niños que hemos tomado como rehenes, ¿Aún siguen en la sala de seguridad?

-No, señor. Han sido trasladados con los demás trabajadores de la planta-respondió uno de los hombres. Creyendo que estaba haciendo una buena labor con su superior, consideró prudente seguir brindando información- Ya sabe, en el segundo piso.

Chris parecía meditar un poco la información que recibió.

-Están bajo custodia, ¿Cierto?-preguntó el supervisor intentando conocer más detalles.

-Sí, exactamente.

-¿Quién está a cargo?

-Actualmente sólo Egil, señor. Fue una orden del supervisor Ariel al saber que faltan sólo detalles para terminar nuestra misión. Sumado a que todos los que están ahí encerrados están bien amarrados y varios aún inconscientes.

-Ya veo… bueno, les agradezco la información. Pueden irse.

-Sí, señor- dijeron ambos hombres al unísono antes de retirarse y seguir su rumbo.

Chris permaneció en su sitio, analizando todo lo que había recibido. Esperando que aún la chica estuviera en el mismo lugar con su Pokemon, decidió que era hora de hablar.

-Así que el segundo piso, eh. Si yo quisiera ir allí, sin que nadie se diese cuenta, tendría cuidado de la cámara de seguridad que se encuentra enfrente mío y en la base de la escalera al siguiente piso. Por lo tanto, no avanzaría por el lado donde estos dos hombres fueron ni donde estoy yo, sino por el otro lado- Chris, al mismo tiempo que hablaba, realizaba gestos con sus manos, quizás intentando ser lo más didáctico posible- Una vez en ese piso, evitaría nuevamente las cámaras y algún que otro miembro que esté por allí.

Chris hizo una pequeña pausa, intentando concentrarse para no perder mínimo detalle. Al encontrar las palabras adecuadas, prosiguió.

-En cuanto a Egil… puede parecer un tipo duro, pero en el fondo es un cobarde. Un ruido fuerte, sea el golpe de algo metálico contra el suelo o cualquier grito lo distraería, dejando completamente sola la puerta que vigila. Eso, es lo que yo haría.

Una vez que finalizó, dio un leve suspiro y avanzó en la dirección que sus dos camaradas tomaron anteriormente. Realmente esperaba que la chica hubiera escuchado todo lo que dijo. Le costó mucho trabajo tomar una determinación, nunca había cometido un acto de insubordinación contra la organización, pero él no quería saber nada con la captura de la chica y menos algún problema que pudiera suscitarse con sus amigos. Si pasaba, que fuera obra de otros, no suya. Pero en el fondo, esperaba que la niña tuviera suerte en su cometido.

Bonnie, a la que el miedo dejó estática durante todo lo que sucedió delante de ella, procesaba todo lo que había escuchado de aquel hombre. Nunca lo había visto. De los cinco miembros del Team Flare que conocieron aquel día cerca de Pueblo Esmeralda no se parecía a ninguno de ellos. Le sorprendió de gran manera la actitud que tomó ante ella. Sabía que si él hubiera querido, Bonnie no tendría escapatoria. Estaría acorralada por él y las voces que oía a lo lejos. No tenía idea de cuáles fueran sus intenciones, menos después de todo lo que relató el hombre acerca de cómo debía actuar si quisiera llegar al segundo piso, donde parecía que estaban sus amigos. No estaba segura de confiar en él, pero ¿Qué otra opción tenía? No sabía por dónde comenzar. Sumado al hecho de que apenas puso un pie fuera del conducto de aire, y ya había sido descubierta.

Fueran cual fueran las razones del hombre, no le quedaba más remedio que creer en sus indicaciones. Si era una trampa, ¿Qué más quedaba? No tenía manera de averiguar por su cuenta donde estaban sus amigos. Tampoco podía sacárselo a la fuerza a algún miembro de la organización. Era consciente que sólo era una niña de 7 años con un Pokemon con el cual practicó unas pocas veces. Todo estaba en su contra, o eso parecía. Todo lo que le dijo ese hombre podía ser esa ayuda que necesitaba para poder sacar todo adelante. Cerró los ojos antes de incorporarse, los mantuvo así unos segundos. Una vez que los abrió, miró a Dedenne decidida. Con un gesto, le indicó que la siguiera. Tomó rumbo en el camino contrario al hombre e intentando memorizar lo mejor que podía todo lo que le había dirigido, se dirigió a salvar a sus amigos. Confiaría ciegamente en ese hombre, no le quedaba otra opción.


Meyer, junto con Blaziken, evadían de forma muy efectiva la detección de las cámaras de seguridad que se hallaban en las inmediaciones de la central. Era muy sencillo para el hombre, debido a su conocimiento sobre la ubicación de los dispositivos y la agilidad que demostraba, esquivar la vista de ellas.

Blaziken seguía sin problema alguno el paso de su entrenador. No lo aparentaba por la contextura física que tenía, pero su compañero podía realizar sin problemas saltos y maniobras que el Pokemon oriundo de la región Hoenn hacía.

Una vez enfrente de la puerta, tomaron refugio en los mismos escombros que, sin que Meyer pudiera saberlo, fueron el escondite de sus hijos momentos atrás.

-Blaziken, debemos ir hacia aquel costado- dijo Meyer señalando el lugar donde debían dirigirse- allí hay un conducto de aire. No es muy extenso pero, con algo de esfuerzo, podremos pasar sin problema.

El Pokemon asintió ante lo dicho por su entrenador. Con la misma movilidad que caracterizó su llegada a la central, pudieron evitar sin inconveniente alguna la celosa mirada de las cámaras. Al llegar al costado de la instalación, Meyer no pudo ocultar su sorpresa, la tapa del conducto estaba removida.

-Parece que alguien utilizó esta ruta alternativa, Blaziken- le dijo Meyer a su Pokemon al mismo tiempo que se agachaba para utilizar el conducto de aire- Eso me hace pensar que no estoy muy equivocado con respecto a que puede que en la planta estén en serios problemas…

Una vez que se introdujo, le hizo una seña a su Pokemon para que lo siguiera. Blaziken, obediente, lo siguió. El trayecto no fue muy largo hasta que divisaron luz proveniente de los pasillos de la central. A Meyer no le sorprendió el hecho de que la tapa del otro lado también estaba removida. Una vez que salieron del incómodo trayecto, tanto humano como Pokemon notaron que un silencio incómodo invadía el lugar. Siendo un lugar tan amplio y con mucho trabajo por realizar, era anormal no poder divisar a ningún empleado. Ni siquiera en los alrededores de la instalación. No había nadie.

-Blaziken, debemos investigar esto a…

-¿Escuchaste eso, compañero?-dijo una voz del otro lado del pasillo donde Meyer y Blaziken estaban.

-Sí, vayamos a investigar- respondió otra voz.

Meyer y su Pokemon, rápidamente fueron al lado contrario del pasillo. Una vez oculta parcialmente su ubicación, observaron de reojo lo que acontecía donde estaban. Pudo ver como dos hombres de rojo miraban el conducto de aire, sorprendidos de que la tapa fuera removida. Meyer supo al verlos que sus temores no eran infundados. La central había sido tomada por una peligrosa organización. Miró a su Pokemon, él le devolvió la mirada. Era hora de actuar.

-Blaziken, usa…

-¿Crees que esto haya sido obra de esa niña?

Meyer detuvo su orden a Blaziken en el acto. ¿Había escuchado bien? Parecía que en la central también había niños, no era momento de vacilar, debía actuar de inmediato.

-¡Atácalos!

Las palabras de Meyer fueron lo último que los dos miembros del Team Flare pudieron escuchar antes de caer inconscientes al suelo.


Ariel, quien se encontraba en la sala de seguridad rodeado de monitores, observaba como un hombre disfrazado junto a un Blaziken noqueaban a dos de sus guardias. Permanecían ocultos de la posición de la cámara en un principio, pero luego del ataque del Pokemon pudo ver a sus dos hombres en el piso incapaces de movilizarse.

-Parece que tenemos compañía…- se dijo a sí mismo el supervisor del Team Flare.

Acto seguido, agarró su comunicador. Un artefacto algo anticuado con la tecnología que rodeaba la región, como el Holo Caster, dispositivo por el cual podía recibirse mensajes con una representación holográfica del emisor. Ariel, en cambio, prefería no utilizarlos. A través del aparato, se marcó unos números y esperó una respuesta.

-¿Si?- dijo la voz de una mujer a través del comunicador.

-Celosia.

-Dime Ariel.

-¿Ya recolectaron la energía necesaria que solicitó el jefe?

-… Sí, estamos terminando- contestó la chica luego de meditar un poco su respuesta- ¿Por qué?

-Sólo tenía curiosidad-respondió Ariel sin más- llámame sólo cuando ya hayan terminado y ordénales a todos los miembros que abandonen el lugar apenas finalicen. ¿Entendido?

-Claro, como sea- respondió Celosa cortando la comunicación al instante.

A Ariel pareció no importarle la desinteresada respuesta de su compañera. Lo único que le importaba era que hiciera lo que le pedía. Con todo arreglado, consideró que no tenía ya algún impedimento que no le permitiera divertirse con el intruso que había logrado eludir la seguridad plantada. Abandonó la oficina y tomó rumbo a la escalera que lo llevaba al segundo piso. Era seguro que aquel individuo se había infiltrado con el fin de liberar a los rehenes, por lo que tarde o temprano terminaría yendo a aquel lugar. Una vez en el pasillo que conducía a la habitación donde los rehenes se hallaban, pudo ver a Egil, uno de sus hombres, aturdido a sus pies. Estaba alejado de la puerta que debía resguardar. Parecía que algo había llamado su atención y que, posteriormente, fue inmovilizado con un ataque eléctrico.

-Interesante… parece que hay más de una cucaracha dando vueltas por aquí- dijo Ariel antes de dirigirse en dirección a su objetivo.

Bonnie seguía buscando desesperadamente, sin resultado, la llave que le permitiera abrir la celda donde tenía encerrados a sus amigos y varios empleados de la central. Todos se encontraban inconscientes, por lo que era inútil pedirles alguna pista acerca de la localización de la llave.

Intentó despertar a su hermano, quien casualmente era quien más próximo estaba a la puerta. A un costado de él, estaban Ash y Serena sin dar alguna señal de despertar a la brevedad. Pikachu, en cambio, aún encerrado en una caja aisladora de electricidad, si se percató de la presencia de Bonnie y Dedenne. Lamentablemente, aquella prisión especializada para él, no le permitía salir y mucho menos que sus movimientos eléctricos fueran efectivos de alguna forma, ni para salir ni tampoco para intentar ayudar a que recobren la consciencia sus amigos.

Ya resignada, Bonnie sólo atinó a estirar su mano para tratar de alcanzar a su hermano. Tan sólo unas horas habían transcurrido desde que se separaron, pero para ella parecía que había pasado una eternidad. No estaba acostumbrada a estar alejada de él, ni siquiera un día. Clemont era su hermano, su compañero, su mejor amigo, su inventor favorito. Sí, su preferido. Era la primera que decía que sus inventos solían traer más inconvenientes de los que solucionaba, no por ello dejaba de admirar la perseverancia que mostraba él para intentar mejorar. Si tan sólo pudiera hacer algo para ayudarlo, ocurriera algún milagro…

-Vaya, vaya, vaya- dijo una voz que sobresaltó por completo a Bonnie y a Dedenne que la acompañaba- ¿Qué tenemos aquí?

Miraron en dirección a la puerta, donde provino la voz, y observaron a un hombre vestido de blanco, similar al que los había ayudado a llegar a sus amigos, sólo que este parecía tener una actitud diferente. Era muy… fría.

-Así que viniste a salvar a tus amigos, qué lindo de tu parte- Bonnie podía ser pequeña, pero podía notar que ese hombre no era sincero con sus palabras, y que sus intenciones eran completamente diferentes al otro que encontraron previamente.

-¿Dón… dónde… dónde está la llave de la celda?-preguntó Bonnie tratando de llenarse de valor a la vez que hablaba. Aquel hombre transmitía una frialdad que pocas veces en su vida experimentó. No estaba segura, pero ésta persona sí le parecía similar a uno de los miembros del Team Flare que se encontraron hace unas semanas.

-Oh, la juventud. No me sorprende que con tu corta edad no tengas la capacidad de pensar con claridad. ¿Acaso crees que dejaría la llave aquí sola?-preguntó burlonamente Ariel a la pequeña a la vez que abría su chaleco mostrando el interior del mismo- como ves, la tengo aquí conmigo. Si la quieres, tendrás que ganártela.

Bonnie dilató sus ojos sorprendida. Los nervios estaban empezando a ganar la batalla interna que sufría la chica prácticamente desde que llegaron a la central. ¿Cómo iba a ganarle a un tipo como él? De alguna manera, parecía ser alguien importante en la organización criminal y ella sólo era una niña con poca casi nula experiencia como entrenadora. Las probabilidades, estadísiticas, números, estaban todos en su contra. Bajó su cabeza resignada a la vez que el hombre frente de ella tiraba una pokebola al aire. Una vez disipada la luz emergente del dispositivo, pudo observarse un Liepard. El mismo observó a Bonnie y a Dedenne con una mirada aterradora. La niña parecía no tener fuerzas para enfrentarlo. Dedenne, parecía a la vez contagiarse de las malas vibraciones que se desprendían de la su compañera y no parecía muy dispuesto a pelear.

-Vamos, ¿Qué pasa?-preguntó Ariel nuevamente con un tono burlón- Si no te decides atacaré sin piedad. No me importa en lo más mínimo si sales herida o no. Sólo vine a divertirme un poco…

Las últimas palabras no fueron de ayuda para Bonnie. El sadismo de su rival influía de manera negativa en ella. En ocasiones normales, ella puede ser sin dudas la más enérgica del grupo, más que Ash si se lo proponía incluso. Ahora era todo lo contrario.

La conversación entre Ariel y Bonnie parecía estar pasando desapercibida para el resto de las personas en la habitación, especialmente los que estaban tras las rejas, o eso parecía. El ida y vuelta de palabras entre hombre y chica fue el empujón necesario para que uno de los desmayados rehenes poco a poco fuera recobrando el conocimiento. Cuando pudo abrir sus ojos por completo, pudo ver la situación con más claridad, la cual no era nada buena. Delante de él, pasando las rejas de la prisión que momentáneamente ocupaba, estaba una asustada Bonnie enfrente de un miembro del Team Flare. Si bien no usaba la vestimenta de color rojo que identificaba a la organización, supuso por la situación y el panorama que divisaba, que no esto no era obra de alguien más que ellos. De momento, no importaba si era igual el Team Flare u algún otro el que causara los problemas, Bonnie estaba en peligro y debía ayudarla.

Bonnie seguía en el lugar pensando qué hacer. Pudo ver que Dedenne la miraba expectante, esperando una orden antes que el Liepard rival atacara primero que él.

-De… de… de…- intentaba decir como podía Bonnie conteniendo el llanto. La situación era demasiado para ella.

-¡Bonnie!

La niña se sobresaltó al oír una voz proveniente de la celda. Sabía de quién se trataba. Sentía que le volvía el alma al cuerpo. No lo escuchaba hace unas horas, y volvía en el momento justo.

-¡Ash!

Ariel no mostró reacción alguna ante lo que veía. Seguía reluciendo su indiferencia característica.

-No te rindas, yo sé que tú puedes- dijo Ash como podía. Tenía libertad para hablar, aunque no pudiera moverse, tras sacarse como pudo la tela adhesiva que por el tiempo había perdido efecto- Confía en ti, recuerda cuando peleamos, lo bien que lo hiciste. ¡Hazlo por ti, por Clemont, por todos los empleados de la central que te conocen desde pequeña!

El hecho de volver a ver y escuchar a Ash, más la profundidad de sus palabras, hicieron que Bonnie pudiera alejar, aunque sea de momento, aquellos sentimientos de duda, temor e incertidumbre que no la dejaban tranquila desde hace tiempo. Podía volver a sentirse la alegre, positiva y enérgica chica que siempre fue. La cual iba a ser todo lo posible para ayudar a su hermano, Ash, Serena y los empleados del lugar, sin importar qué.

-¡Dedenne, yo te elijo!-dijo con mucho entusiasmo Bonnie. De la misma manera que en su momento le había dicho a Ash cuando peleó con él semanas atrás en su primera pelea.

Ash al escucharla sonrió. La situación no era sencilla. Estando él amarrado, sin poder utilizar sus Pokemon, le quitaba la posibilidad de intervenir salvo que alguien lo liberaran. Serena y Clemont aún no despertaban. Pikachu se hallaba encerrado. Tampoco los empleados de la central. Ash calculaba que serían veinte personas aproximadamente los que los estaban acompañando. Agradecía que el lugar, a pesar de cumplir la función de ser una especie de prisión, fuera amplio. Esperaba también que Clemont despertara pronto. Ash creía firmemente que él estaría orgulloso, sacando lo arriesgado de sus acciones, de lo mucho que había afrontado Bonnie para rescatarlos.

-Así que al fin te decides, eh. Bien, Liepard, ¡Persecución!

El Pokemon del tipo siniestro, se desvaneció tras dejar un resplandor oscuro detrás y apareció cerca de Dedenne preparándose para atacar.

-¡Dedenne, esquívalo!

Como pudo, el Pokemon roedor obedeció las órdenes de su entrenadora y evitó ser dañado.

-Es rápido… ¡Bonnie, tienes que intentar contra restar su velocidad!

Bonnie escuchó el consejo de Ash e intentó pensar alguna forma de seguirlo al pie de la letra. Lo primero que vino a su cabeza una fórmula que había visto a su hermano y a Ash aplicar en sus batallas. Había que intentar paralizarlo.

-¡Onda trueno!

-¡Persecución!

Liepard, al ejecutar el movimiento, eludió la onda trueno y al mismo tiempo se acercó peligrosamente a Dedenne. Este, desafortunadamente, en esta oportunidad no pudo evitar el ataque de su rival y fue embestido por el movimiento siniestro de su oponente.

-¡Dedenne!

Bonnie se acercó a su Pokemon para comprobar que estuviera bien. Dedenne sacudió su cuerpo para despabilarse y se mostró preparado para seguir peleando. La niña suspiró aliviada.

Ash no veía que esto fuera a funcionar. Bonnie realmente lo intentaba, pero su falta de experiencia sumado al hecho de que su rival utilizaba sus movimientos de forma muy eficaz, hacía que el panorama fuera bastante desalentador. Junto al entrenador de Pueblo Paleta, algunas de las personas que estaban en la celda, al escuchar la conmoción de la batalla, poco a poco iban recobrando el conocimiento. Prácticamente, todos los que pudieron despertarse observaban en silencio la pelea. Algunos querían emitir palabra, pero a diferencia de Ash, no corrieron su misma suerte, la tela adhesiva que cubría sus bocas aún no se salía de su lugar. Uno de ellos, no obstante, parecía no querer darse por vencido e intentó zafarse como pudo del material para poder hablar.

-¡Bonnie, no te rindas!

Bonnie volvió a oír atentamente a Ash. Esta vez sus palabras no eran un consejo, sino un intento de inyectarle ánimo a la joven entrenadora.

-¡No Ash, no me rendiré!

Ariel sonrió. Le divertía la situación que acontecía delante él, pero en cierta manera, reconocía que la pequeña tenía agallas.

-¡Liepard, cuchillada!

Bonnie veía a su rival dirigirse a Dedenne a toda velocidad. Si volvía a comandar una onda trueno, Liepard usaría persecución nuevamente y lo evitaría. Si no podía atacarlo, tenía que evitar que él pudiera hacerlo. Y si recordaba las batallas de sus amigos, tenía en la manga la idea perfecta.

-¡Doble equipo!

Dedenne, como si fuera magia, se multiplicó por toda la sala evitando fácilmente el ataque de su oponente. Bonnie y Ash sonrieron, las cosas parecían tornarse en favor de la inexperimentada entrenadora.

-¡Bonnie, usa un ataque directo, es tu oportunidad!-dijo Ash con todas su fuerzas. Tan concentrado estaba, que no pudo notar que uno de los rehenes del Team Flare, que yacía al lado de él, luego de mucho esfuerzo pudo desprenderse de la mordaza que impedía que hablara.

Bonnie dudó por un segundo, no estaba segura si el Impactrueno de Dedenne sería suficiente para derrotar a Liepard. Pero no, no debía dudar.

-Dedenne… usa…

-¡Carantoña!

Las copias de Dedenne, iluminados por una luz de tonalidad rosa, embistieron a Liepard que, a pesar de eludir a algunas de las copias, no pudo esquivar al verdadero. El ataque tipo hada fue súper efectivo contra el Pokemon tipo siniestro que se levantó con mucho esfuerzo tras recibir el movimiento.

Bonnie y Ash no reaccionaron de inmediato. La acción fue muy rápida para percatarse enseguida, pero cuando observaron, Ash a su lado y Bonnie hacia la celda, pudieron ver a Clemont consciente. Fue él que le había ordenado a Dedenne ese ataque.

Bonnie, conteniendo el llanto al ver a su hermano bien, suspiró aliviada y complacida de que tendría además de la ayuda de Ash, la de su hermano.

Ariel, sorprendido sobre la acción de su rival, percibió que la situación ya no estaba tan favorable hacía él. Siempre supo que su Pokemon corría desventaja contra Dedenne, al ser parte tipo hada, pero confiaba en que la inexperiencia de la niña no la dejara explotar al máximo las capacidades de su Pokemon. Parecía que se había equivocado en sus cálculos.

-¡Bonnie, rápido, ordénale que ataque una vez más!-exclamó Clemont no queriendo perder más tiempo, pero a su vez, con la intención de que sea su hermana la termine esa batalla.

-Si hermano, ¡Dedenne, carantoña!-ordenó Bonnie a su Pokemon.

Dedenne, ahora sin el acompañamiento de sus copias, se dirigió contra su rival a toda velocidad.

-¡Carantoña!

Para sorpresa de todos los conscientes en la sala, el Liepard del supervisor del Team Flare imitó el movimiento de su oponente y lo contrarrestó por completo. Bonnie no podía creer lo que veía.

-Obviamente, yo también tengo mis trucos bajo la manga- dijo Ariel con un dejo de soberbia- Debo admitir que me sorprendiste, niña. Pero hasta aquí llegaste.

Bonnie no tenía idea de qué hacer. Ash y Clemont estaban sorprendidos del ingenio que presentaba el miembro del Team Flare y su Liepard. Les asombraba el hecho de que pudiera enseñarle a su Pokemon, del tipo siniestro, un movimiento del tipo hada tan fuerte como Carantoña.

-¡Tajo umbrío!

Sin esperar alguna reacción o respuesta de sus rivales, Ariel ordenó uno de los ataques más poderosos de su Pokemon contra Bonnie y Dedenne. Parecía que el movimiento iba a dar en el blanco ante la pasividad que mostraban la niña y su compañero Pokemon.

-¡BONNIE!-gritaron al unísono Ash y Clemont preocupados.

-¡Lanzallamas!

Un potente torrente de fuego neutralizó por completo el ataque siniestro. Disipado un poco el humo, Bonnie observó a la razón por la cual ni ella ni Dedenne fueron lastimados de gravedad. Frente a ella, estaba un hombre disfrazado con una máscara de Blaziken, acompañado precisamente por ese Pokemon pero diferente a los que normalmente se ven.

Ash, cuando por fin pudo ver lo que estaba pasando, vio al mismo hombre y Pokemon que los habían ayudado a él y a Pikachu cuando llegaron por primera vez a Kalos.

-¡Es usted!-exclamó feliz y aliviado Ash al ver que ese hombre había venido en su rescate. Las cosas cambiarían ahora que poseían un Pokemon mega evolucionado de su lado.

-Hasta que por fin apareciste-dijo Ariel fríamente a la persona recién llegada.

Meyer intentó contenerse lo más posible antes de dirigir palabra alguna. El shock de ver a sus hijos y sus amigos prisioneros fue muy fuerte para él. Intentó dejar ese mar de emociones de lado y concentrarse en su oponente.

-¡Déjalos en libertad a todos, inmediatamente!- ordenó Meyer intentando sonar lo más severo posible.

Antes de que Ariel pudiera responder su comunicador sonó. El hombre sonrió. La misión del Team Flare en la central de Kalos había llegado a su fin.

-Me gustaría quedarme a jugar, pero debo retirarme-dijo Ariel regresando a Liepard a su pokebola.

-¡No te vayas, cobarde!-bramó Ash furioso.

-Oh, descuida, quizás volvamos a vernos- dijo el supervisor al mismo tiempo que se dirigía a la puerta- pronto tendrán novedades nuestras- dicho esto, el hombre dejando de lado su aparente frialdad y calma dejó entrever una risa frenética.

-No hay que dejarlo escapar- dijo Clemont al hombre disfrazado que los había ayudado.

Meyer sabía que su hijo tenía razón, pero no quería arriesgar a nadie más. Aparte, había conseguido que todos los rehenes de la organización, incluso sus hijos salieran ilesos. Era suficiente victoria para él.

-Hay que… liberarlos a ustedes, primero- dijo Meyer finalmente intentando ocultar su voz para que sus hijos no lo reconozcan.

Sin embargo Bonnie, que había permanecido callada desde la aparición del hombre, lo observaba con detenimiento. Estaba segura de saber quién era, ese disfraz podía engañar a cualquiera, incluso a Clemont, pero a ella no. Se preocupó de momento al percatarse que la próxima vez que lo vean, seguro pondrá su grito en el cielo sobre a los peligros que se expusieron, pero de todas formas se alegraba mucho de verlo de nuevo.

"Gracias papá."

El hombre enmascarado, con la ayuda de su Blaziken, derrumbó la puerta de la celda con una potente ataque físico, liberando a todos los rehenes. Bonnie, al instante se dirigió a desatar a sus amigos. Cuando quiso darse cuenta, el hombre junto con su Blaziken habían desaparecido. Una vez que la niña liberó a su hermano ambos se fundieron en un fuerte abrazo. Bonnie lo intentó, realmente lo hizo, pero la emoción fue más que ella y por primera vez en el día pudo realizar un comportamiento acorde a su edad. Lloró en los brazos de su hermano ante la mirada conmovida de todos los empleados de la central.

Ash, que estaba en la compañía de Pikachu el cual él mismo liberó, se encargó de liberarlos uno por uno, dejando para el final a Serena que aún permanecía con sus ojos cerrados. Ash se asustó al principio pero cuando percibió que la chica sólo dormía se relajó. Con suavidad, la desató y le quitó la tela que se adhería a su boca.

-…Ash…- dijo Serena aún con los ojos cerrados.

Ash estaba sorprendido, ¿Cómo supo que era él el que la había desatado? Ni siquiera había hablado ni ella tampoco abierto sus ojos. Cuando Serena por fin lo hizo, observó que Ash la sujetaba entre sus brazos. Un rubor se hizo presente en sus mejillas y se apartó lo más rápido que pudo de él apenada.

-Gracias Ash-le agradeció la chica aún apenada. Parecía que de nuevo había soñado con el chico de Pueblo Paleta. Esperaba que mientras estuvo en sus brazos no haber dicho nada comprometedor.

Una vez pasado el momento, Ash puso al tanto a Serena de lo que había acontecido. Una vez informada se dirigió a abrazar con todas su fuerzas a Bonnie que le correspondió el gesto. Ash le agradeció a la niña mientras seguía fundida en un abrazo con Serena. No le surgía demostrar afecto de esa forma, pero sin lugar a dudas estaba contento y orgulloso de cómo Bonnie se había desenvuelto. Demostró mucho valor y convicción. Eso no quería decir que mereciera pasar por lo que había pasado.

Ash, con mucho sigilo, se apartó del grupo para considerar lo que había pasado. Otra vez, por no pensar dos veces antes de actuar, cayeron en la trampa del enemigo, y de no ser que por alguna casualidad Bonnie no fue atrapada también, quizás no vivirían para contar lo que les había pasado. No sabía qué sacar de la situación aún, ni tampoco qué es lo que el Team Flare buscaba en la central. Lo que Ash si tenía en cuenta, era que empezaba a sentir cómo la experiencia de sus viajes anteriores comenzaba a pesar en él. Quizás era hora de madurar algunas cuestiones.


-¿Ariel, estás bien?-preguntó Chris al ver a su compañero llegar agotado.

-Sí, Chris, descuida-contestó de forma indiferente su compañero.

Ariel fue el último en subirse al enorme transporte que llevaba a los miembros de la organización de regreso a la base central. La misión en la central había sido un éxito. Todos, desde las dos científicas Celosia y Bryony, hasta los reclutas que terminaron inconscientes por las acciones del hombre con el Blaziken y la niña, estaban todos a bordo.

-¿Sabes?-dijo de la nada Ariel mientras miraba el paisaje. Chris se sorprendió, no era común que su camarada comenzara las conversaciones.- Tuve un confrontamiento con la niña que buscábamos.

Chris dilató sus ojos. Una tristeza surgió en su interior al oír esa noticia. Parecía que en lugar de ayudar a la niña, si se había enfrentado con Ariel, sólo la llevó directo a su tumba.

-Me sorprendió gratamente, demostró tener mucho valor. Y mucha suerte aparte. Si no hubiera llegado aquel hombre con el Blaziken seguro hubiera perecido, ella y sus amigos.-Ariel se paró y dándole la espalda a su compañero siguió- En fin, seguro nos encontraremos con ellos en un futuro, será interesante. Dudo que puedan hacer algo ahora que el jefe tiene a su disposición una gran fuente de energía que robamos de la central para su nueva maquinaria…-dicho esto, se retiró de la vista de Chris dejándolo con sentimientos encontrados.

Chris no sabía quién podía ser aquel hombre que mencionaba, pero se alegraba en el fondo al oír que la niña y sus amigos salieron ilesos de la situación. Esperaba realmente no encontrarlos en un futuro, por el bien de ellos y el suyo. No se sentía cómodo con las dudas que surgían en su interior.


Ash, Serena, Clemont y Bonnie estaban en camino a la Ciudad Lumiose nuevamente. Ya se habían despedido de los empleados de la central que le agradecieron los esfuerzos que realizaron para ayudarlos. No sabían bien tampoco cuales eran las intenciones del Team Flare, pero estaban seguros que nada bueno vendría de ellos.

Bonnie momentáneamente lideraba el grupo. Ya había recuperado su característica alegría y era la misma niña enérgica de siempre. Clemont la observó con una sonrisa, a pesar de haberse preocupado mucho por ella, estaba orgulloso de lo que había hecho. Estaba seguro que sería una extraordinaria entrenadora cuando creciera.

De pronto, algo cruzó su mente.

-¿Bonnie, cómo pudiste infiltrarte hasta el cuarto donde estábamos?-preguntó Clemont con una tremenda curiosidad deteniéndose en su paso. Ash y Serena lo imitaron.

Bonnie, dio media vuelta y les contó su experiencia con aquel hombre del Team Flare y todas las indicaciones que le había dado. Clemont, Serena y Ash estaban sorprendidos.

-Pero Bonnie, debes tener cuidado- dijo Serena luego de meditar un poco- ese hombre pudo haberte engañado.

-Quizás… -dijo Bonnie volteándose dándoles la espalda a sus amigos con intenciones de seguir rumbo a Lumiose- pero, es como dicen algunos adultos, nunca juzgues a un libro por su portada- finalizó alegremente siguiendo su camino con Dedenne detrás de ella.

Ash, Serena y Clemont se quedaron en el lugar sorprendidos por la profundidad de las palabras que la Bonnie les había dirigido. Al igual de asombrados que estaban de ver de todo lo que era capaz de afrontar y hacer la más pequeña del grupo.


¡Muchas gracias por leer! De nuevo, mil disculpas por la tardanza. Lo único en mi defensa es que en mi país, a la hora que publiqué esto, todavía era Lunes, así que es una especie de consuelo jaja.

Carantoña, por las dudas aclaro, sería el movimiento Play Rough, de tipo hada de los juegos. No quise ponerlo en inglés así que busqué como sería el nombre del ataque en Español jaja.

Shion y Len: ¡Gracias por comentar chicos! Espero Shion que te esté yendo bien con tus exámenes! Claro, a su vez como intenté dar una aspecto quizás más oscuro del Team Flare, siempre alguno va a haber con ideales, pensamientos o sentimientos encontrados, como en este capítulo intenté mostrar. Espero les guste este también!

Superjetjohn117: ¡Muchas gracias amigo! Me alegro que te hayan gustado los dos anteriores y descuida, a mi también el trabajo y la universidad me están dando un mal tiempo jaja por eso llegué a publicar este capítulo con lo justo del Lunes jaja.

Espero te guste este también!

Acerca de las relaciones, el próximo será acerca de la llegada del grupo a Lumiose y se focalizará en el fortalecimiento de las relaciones de dos y dos personajes del grupo. Será la antesala a la batalla de Ash por su quinta medalla de gimnasio.

Ya sin más que decir y pidiendo disculpas de nuevo, me retiro. Muchas gracias de nuevo a todos los que gastan un poco de su tiempo en leer. Como siempre, cualquier crítica, comentario o pregunta es siempre bien recibida!

¡Hasta el próximo Lunes!