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Capítulo 10
Anatema
¿Cuántas veces una imagen mental puede hacerse real inesperadamente? El número de ocasiones en las que dos seres afamados, adorados y deseados de variadas formas, ocupaban la mente de cientos o hasta miles de personas; podía ser infinito. Seres envueltos en situaciones que dependían de los deseos ocultos de cada quién, situaciones que se hacían realidad por milagro o entre periodos largos de espera. Esa era la definición exacta que provocaba el presenciar a un par de Namikaze caminando tranquilamente por las calles de la aldea. Un hecho que solo se podía admirar en eventos especiales y anuales.
Naruto y Yuto, únicamente diferenciados en estatura, grosor corporal y edad; se dirigían a paso lento y calmo hacia la oficina de la Hokage, bajo las indiscretas miradas de los habitantes que detenían su transitar sorprendidos por un acto tan irregular. Caminar por las calles era lo más normal del mundo, pero que padre e hijo lo hicieran juntos a plena luz del día era algo para recordar, al menos eso pensaban las mentes simples e interesadas, como creían ambos Namikaze.
Era una costumbre atraer la atención, por lo tanto sabían cómo pasar de ello, y más aún cuando tenían un tema sobre el cual tratar.
—Siéntete libre de tratarme con normalidad. Soy un clon de Yuto, aunque no tengo su misma fuerza. —dijo el clon para romper el hielo que contrastaba en la tarde soleada. Naruto solo asintió, su interés estaba en la información que sería revelada—. Creo que ya estás en edad para saber un poco de historia familiar. Empezaré no tan lejos en el pasado y nos situaremos en la niñez de Minato y la mía. —Naruto pudo evitar sentir cierta ansiedad. Si le hablaría de su niñez, eso conllevaría a que hablara de su abuelo, personaje que solo escuchó mencionar pocas veces en su vida de manera superficial—. Nuestro estatus era más alto en ese tiempo. Tu abuelo era el Secretario Militar del Feudal.
—¿Secretario militar?
—Cierto. Eres algo joven para saberlo. No creo que les hablen mucho de esto en la academia. Antes que finalizara la Tercera Guerra Ninja, los feudales tenían bajo su mandato a un Secretario Militar, Secretario Científico y Secretario de Comercio. Jerárquicamente estos ocupaban el segundo lugar en el poder de nuestro país. Pero ese sistema se acabó junto a la tercera guerra, por orden del actual Feudo. Es una historia a parte que después sabrás.
»Tu abuelo, Kento Namikaze, era Secretario Militar, y como deducirás, se encargaba de la seguridad del país, por lo tanto era un enlace directo entre Konoha y el feudal de aquella época. Basta con decir que su estricta, fría y calculadora actitud, sumado a sus grandes logros, le generó fama, respeto y temor de aliados y enemigos. Pero también era muy conocido por el alto grado de privacidad en todo lo que se relacionaba a la familia. No siempre fue así. Esa privacidad empezó una fecha con exactitud, según mi hermano, el día en que yo nací.
»Minato era sobreprotector por naturaleza, sentía que debía proteger a cualquier ser que se ganara su aprecio o estuviera en peligro, y siempre me decía que cuando supo iba a tener un hermano, su instinto de protección se acrecentó y antes de que yo naciera, sentía que debía protegerme. Por eso, fue muy duro para él que en mi primer año de nacido, nuestro padre no le permitiera acercarse a mí. A decir verdad, nadie podía acercarse, excepto él y un personal de ninjas médicos. Todo porque había nacido defectuoso.
»Todos en nuestra familia nacemos con un Núcleo de chakra agresivo, con el cual somos capaces de crear abundantes cantidades de chakra que nos permite durar mucho tiempo en batalla, así se utilice técnicas que normalmente desgastarían en un instante a una shinobi promedio. Sin embargo, mi defecto recaía en una parte esencial del proceso de circulación. En la academia debieron haberte explicado cómo se crea y distribuye el Chakra, entonces debes conocer sobre el filtro, el mecanismo encargado de regular las cantidades con base al tamaño de los canales de chakra. —Yuto miró a un pensativo Naruto—. Ya imaginas qué me sucedía. —Afirmó más que preguntar.
—Por tu cuerpo se distribuía más chakra de lo que un bebe podría soportar.
—Sí. Aproximadamente, se distribuía la cantidad de chakra de un junnin. —Naruto se asombró; empezaba a comprender el nivel de poder de su tío—. Nacer con un filtro defectuoso consumía de a poco ese pequeño cuerpo. Todos pensarán que es un don, pero durante mis primeros años de vida, fue mi peor pesadilla.
»El motivo por el que a Minato no se le permitía acercarse a mí, era porque la fuerza del chakra salía de mi cuerpo haciendo de mi alrededor, un ambiente difícil de soportar. —Naruto recordó el momento en el que el clon fue creado[a]—. Además, no creo que a un niño de su edad le agradara ver a un bebé llorando de dolor porque su piel se deshacía lentamente, mucho menos si era su pequeño hermano. Aunque tal magnitud de sufrimiento duró poco. Gracias al dinero y poder de mi padre hallaron un método para regular el Chakra de manera que no me afectara gravemente. Con eso no sentía dolor ni lloraba, y mi hermano por fin podía acercarse, sin embargo, mi condición se complicó.
»Crecí con el defecto oculto, pero otro se hizo notorio. El método pudo regular todo ese inmenso chakra, pero distribuía una cantidad casi nula que no me permitiría destacar en batalla. Sería considerado un civil. Aquello sería decepcionante para mi padre; él ya podía preverlo. Mi hermano era el orgullo de la familia, pero el estatus que ocupaba el apellido Namikaze, hacía de mi problema una gran vergüenza. —El clon se detuvo de repente y giró sobre sus pies para alzar la mirada hacia cierto punto, Naruto le siguió para divisar una parte superior de su mansión—. ¿Nunca te preguntaste por qué mi padre decidió construir esta mansión? ¿Por qué decidió hacer uso de los últimos robles existentes? —Naruto, confuso, se dio cuenta de una duda que jamás había pasado por su cabeza, pero su atención fue atraída por la expresión de su tío, la cual reflejaba sus lejanos pensamientos.
—Creo que fue porque mi abuelo era la principal conexión entre el Feudal y Konoha.
—Esa fue la pantalla perfecta y más obvia. —Ambos continuaron su recorrido—. Pero el verdadero objetivo que impulsó a mi padre a tal construcción, era esconder su vergüenza y que sirviera de contenedor por si mi problema se salía de control. La tan afamada Mansión Namikaze es mi celda. El sello hecho de roble. —El joven Namikaze no pudo esconder su perplejidad, ni evitar detener sus pasos. Descubrir ese concepto de lo que consideraba su hogar, no era algo fácil de digerir. Casi todo lo relacionado a su tío empezaba a exigir un esfuerzo mayor para procesar.
—Na-Namikaze-sama… —Una voz delicada y nerviosa lo sacó de su sorpresa. Una niña se había acercado a su tío.
—Puedes llamarme Yuto-san, pequeña. —dijo a la vez que se agachaba a su altura para regalarle una amable sonrisa, provocando que se sonrojara.
—Yuto-san ¿Puedo hacerle una pregunta? —habló tímidamente mirando hacia el suelo.
—Cualquieran —contestó colocando la palma de su mano sobre su coronilla para darle más confianza. Gesto que funcionó, pues la niña sonrió contenta mirándole al rostro.
—Mi hermano mayor dice que usted no tiene apodo. Pero yo siempre le digo que si Minato-sam… Minato-san era el Rayo amarillo de Konoha, ¿Usted no debería ser llamado con algo así parecido? —Yuto empezó a reír en voz alta llamando la atención de quienes pasaban por el sitio—. Bue-Bueno eso creo… —Terminó la niña apenada agachando la mirada de nuevo.
—Eres muy lista, pequeña. Eres la segunda persona que me lo pregunta. Y, créeme, eso dice mucho de ti. Es cierto, quizás debería tener un apodo. ¿Y Sabes qué? Al igual que aquella persona, dejaré que elijas alguno.
—¿En serio? —Yuto asintió—. ¿Ahora mismo? —Otro afirmación—. Ya le tengo uno. —La pequeña se acercó y le susurró algo al oído—. ¿Qué sucede, Yuto-san? ¿N-no le gustó? —preguntó empezando a entristecerse al ver consternación en su rostro.
—No. Está perfecto. Y lo he decidido, ese será mi apodo. Solo falta que lo vuelva famoso en tu honor.
La madre apenada apareció disculpándose en nombre de su hija, por su impertinencia, pero el Yuto la defendió, y pidió que no la regañara, pues la corta conversación había sido muy agradable.
Ambos se despidieron y así pudieron seguir caminando, aunque en silencio. Naruto había observado todo. Su tío sabía perfectamente cómo tratar con los niños. Su niñez, aunque no toda, era prueba de ello. Pero una parte de la interacción entre él y la niña, había despertado su curiosidad, y sospechaba que esa era la razón por la que el clon no prosiguiera con el tema.
—¿Quién fue la primera persona que lo preguntó?
—Emi. Ella y la niña sugirieron el mismo apodo —ahora comprendía porqué su reacción.
—¿Cuál fue?
/ooo/
En el mundo todo tenía una contraparte. Cada ser, objeto, momento o espacio poseía un opuesto. Como el día y la noche, el cruel y benevolente, lo feo y bonito. Así mismo, Konoha era una aldea de vistosos lugares donde habitantes y turistas deseaban estar, y también tenía un sitio al que pocos se atrevían si quiera acercarse. No era un barrio formal, pero la residían los marginados de la sociedad. Y, a pesar de su condición ilegal, se mantenía intocable por cualquier fuerza militar o de la seguridad civil, ya que aquellos segregados tendrían libertad para dejar salir sus verdaderos instintos, reduciendo así el índice de criminalidad en el resto de la aldea.
Sin embargo, estaba ese pequeño segmento de buenos aldeanos, el cual bajo un completo secretismo visitaba aquella zona para probar de las delicias de lo prohibido, y salir de la monotonía. Shinobis, civiles, turistas de todo tipo, ricos y pobres, no había excepción; todos eran aceptados siempre y cuando no fueran un riesgo. Por tal motivo, el que un ninja mostrara sus narices allí era de alta sospecha para la comunidad ilegal. Y si alguien podía dar testimonio de ello, ese era Kakashi Hatake.
Durante su adolescencia siempre había escuchado hablar sobre el barrio prohibido, pero luego de convertirse en mayor de edad, el mismo Sandaime, con base a su gusto por lo erótico, le recomendó visitar a un pirata que vendía libros a precios más bajos. Al ser un ninja reconocido, su presencia en el barrio fue rechazada y constantemente vigilada por quienes se consideraban dueños del lugar: una banda de poca monta llamada Katazu; que se encargaba de ejercer orden en la medida de lo posible.
Le tomó más de un año ser medianamente aceptado por la gran mayoría, puesto ellos se habían acostumbrado a que les frecuentara. Pero, en ese transcurso de tiempo, el ninja copia comprendió el objetivo real del Hokage, cuando a sus oídos empezaba a llegar información que influía en una que otra misión, por parte de criminales locales y forasteros que bebían y hablaban de más.
Por eso, en sus días libres, luego de suministrarse con un buen paquete de libros baratos, terminaba con algunas copas en el bar, solo y sentado en la mesa más apartada. Su rostro era conocido, pero para todos era solo un ser iluminado que disfrutaba un poco de oscuridad. Un ser temido e iluminado.
—¡Aquí no tenemos eso! ¡Deja de insistir o te echaré!
—¡Son unos anticuados! ¡Es el único lugar donde no puedo encontrar un poco!
—¡Entonces lárgate, maldito borracho!
Otra discusión por la que nadie se alteraba. Era el pan de cada día. En promedio, el cantinero echaba a dos o tres ebrios diariamente.
—¡Solo quiero un poco de Hatru, demonios! —El cantinero, exasperado, dio el paso para salir desde atrás de la barra, pero la voz de uno de tantos le detuvo.
—Deja que el bastardo diga qué es esa Hatru. —habló un hombre fornido con indicios de alcohol, su apariencia era intimidante, en su cara, llena de cicatrices y en la que lucía una barba negra abundante; se podía apreciar con facilidad el descaro y las malas intenciones que le dieron renombre en la zona.
—No entiendo cómo en esta aldea no conocen esa droga. —El desconocido bebió sin cuidado dejando caer un poco en su ropa, la mano que sostenía la copa estaba temblorosa—. Es una sustancia que no tiene demasiado tiempo y es conocida en el resto de países. No es como el opio que solo te vuelve una mierda relajada, no, esta te mantiene despierto y activo. Te fortalece. Si quieren romperle la cara o todos los huesos a algún bastardo que los ofendió, debes probar la Hatru. —Relamió sus labios y miró fijamente las palmas de sus manos como si la palpara, o como si sintiera la fuerza sobre la que acababa de contar.
El silencio reinó por unos segundos, mientras algunos solo repudiaban al adicto desquiciado, y otros parecían tener curiosidad sobre la droga.
—Oye, ya puedes echar al loco este. —El cantinero precedió a una de sus labores, y lo agarró sin algún cuidado dirigiéndose a la salida.
—¡Si tuviera Hatru en mis venas, todos estarían muertos! ¡¿Me oyeron?! ¡Muertos! —Fue lo último que se le escuchó antes del sonido de su cuerpo estampado en alguna superficie de madera.
—Jajaja Oye, Kakashi, deberías utilizar tus beneficios de ninja famoso e investigar sobre esa tal droga. De paso nos traes un poco cuando regreses de alguna misión. —dijo el hombre fornido en tono burlón, el único que se atrevía a hablarle con tanta confianza al ninja copia. Exactamente, era el único que le hablaba. Se creía con potestad para ello ya que era el segundo al mando de la banda Katazu.
Kakashi vació su copa, tomó su paquete de novelas y se dirigió a la salida. De nuevo, el silencio hizo acto de presencia y el ambiente se hizo más denso cuando detuvo su andar.
—El día que haya tan solo una mínima cantidad de esa droga en la aldea, vendré a algo más que comprar mis novelas, y eso no te gustará, Maku-san —le dijo justo al lado, con un tono amable que no ocultaba el tono amenazante; y siguió hacia la salida ganándose una iracunda mirada que tal vez no quiso percibir.
/ooo/
Estructuras sucias y viejas, calles estrechas y poco limpias, olores desagradables que se confundían en el aire junto a vulgaridades dichas a viva voz; estanterías mal hechas de mercancía sospechosa y vendedores bribones; y negocios de apuestas, alcohol y mujeres con nula moral, así estaba conformado el barrio prohibido, únicamente eso era lo que se podía apreciar de entrada a salida. Era todo lo que Kakashi veía mientras se dirigía a la parte sana de la aldea. Sin embargo, y al igual que en ocasiones previas; el ninja copia se había propuesto a alcanzar un objetivo, ya que había encontrado una interesante fuente de información.
Su búsqueda no le llevó demasiado pues lo divisó en un callejón. Se acercó donde se encontraba sentado en el suelo y lucía un lamentable aspecto: sudoroso, pálido y tembloroso. Kakashi pudo notar que su ropa era de talla más grande de lo que debía, prueba de su acelerada disminución de peso corporal; estaba sucia y se atrevió a sospechar que no se la había cambiado por mucho tiempo, sin embargo, esto no evitó que identificara la tela costosa. Una vestimenta cara de ese tipo en un hombre que aparentaba medio siglo y se encontraba en tal condición, era algo para tener en cuenta.
Kakashi metió las manos en los bolsillos y apoyó su espalda a la pared contraria para quedar frente a frente. El hombre estaba tan perdido en su sufrimiento que no alcanzaba ni a reaccionar.
—Su Hatru no me parece tan increíble como decía.
—Tú no sabes nada. Nadie sabe nada… Todos son unos ignorantes. No saben lo que se pierden. No debí venir a esta maldita aldea… Me engañaron… Me engañaron… —parecía hablar consigo mismo.
—Me gustaría que me dijera dónde consigue su Hatru. —Por un instante Kakashi creyó que no le escuchaba, pero este levantó su mirada, ojerosa y demacrada; y lo encaró.
—Ja… No pareces alguien que la consuma. Un ninja de su nivel no tiene necesidad de eso —respondió con más lucidez de la que aparentaba.
—No está tan loco como pensé.
—¿Loco? Ja... Antes me hablarías con respeto. Antes me estarías protegiendo a costa de tu vida a cambio de un poco de dinero para esta maldita aldea. Yo, Towa, un comerciante de mi nivel, tratado como un loco por basura. —Su voz medianamente entrecortada, evidenciaba un deje de tristeza y frustración en compañía de su rostro.
—¿Entonces qué pasó?
—Fui bendecido. A cambio de toda mi riqueza y fama me fue otorgada la mejor bendición de todas: Poder, y todo en una pequeña cápsula. —Dibujó una desagradable sonrisa—. Pero idiotas como tú no aprecian el valor de ese milagro. Me tildan de loco, pero si tan solo… —Observó la palma de sus manos —Si tan solo tuviera en mis manos mi preciada Hatru, hasta tú me temerías.
—Si me diera más información, quizás pueda ayudarlo.
—No llegué a ser un reconocido comerciante por tonto, Kakashi Hatake. —El aludido simplemente avanzó unos pasos y se agachó hasta su altura para quedar cara a cara.
—Debió aceptar mi ayuda, Towa-san. —dijo mientras descubría su ojo cicatrizado y le ofrecía una imagen de su sharingan en todo su esplendor.
Si había una forma de anular los síntomas de la abstinencia, esa era el terror puro.
/ooo/
El clon y Naruto caminaron un largo trecho en silencio, ya se encontraban en la calle principal céntrica, por la cual llegarían directamente a la oficina de la Hokage. El menor no quiso hacer más preguntas sobre un pasado delicado, aun cuando solo se tratara de un clon, ni siquiera para él era fácil.
—Mi padre nos trajo a mí y a Minato a la aldea, y a su manera escueta y fría nos dijo que viviríamos solos y cuidados por alguien de alta confianza: La mujer que fue nuestra niñera más preciada, casi una madre.
—La abuela de Tsubaki-san.
—Sí. La excusa era que mi hermano sería entrenado por la mayor fuerza militar del país, y yo solo le haría compañía. Mi padre exclusivamente requería nuestra presencia en eventos importantes. Lo veíamos muy poco.
—Pero las fechas no concuerdan. ¿Nuestra mansión no fue construida al inicio de la Tercera Guerra Mundial Ninja?
—Es un error pero comprensible. Las guerras de esa magnitud generan cambios que confunden la mente, y por ello muchas cosas se mezclan o se pierden, entre estas las fechas. Nuestro hogar tiene casi mi edad, pero la mayoría prefiere dar un significado místico a la fama. O, tal vez, muchos de los que vivieron antes de la guerra ya no estén en este mundo. —Naruto reflexionó sobre lo dicho, y de alguna forma comprendió lo frágil que puede ser la mente humana—. Continuando, la vergüenza de mi defecto era un tema que aún le interesaba a tu abuelo, y no escatimó gastos en la búsqueda de algún método menos limitante. Aún seguía siendo un secreto, al menos, pocos sabían que se trataba de mí. Hasta que, un día, Kento llegó sin avisar, pidió que me alistaran una maleta con poca ropa y me sacó de la aldea. Meses después regresé con el nuevo y definitivo sello, que se oculta y es uno con los guantes.
—Espera. ¿Qué pasó en esos meses?
—No lo sé.
—Tío… ¿Cómo no lo sabes? Mi abuelo debió decirte algo.
—No. Y tampoco importó. Ya no estaba limitado ni era una carga. Ese era mi único deseo; lo demás es innecesario. —Naruto no pudo evitar sentirse desconcertado por el sombrío pasado de su tío. Comprendió su actitud esquiva ante la mención de su abuelo, e intuyó que el apellido Namikaze poseía su lado oscuro, una parte que sospechaba tenía mucho por conocer.
—Háblame del sello.
—Lo he dicho y lo has visto. El sello está en las manos de mi yo original pero es uno con los guantes. De manera simple, es como un rompecabezas del cual la pieza más grande está en las manos, se mantiene activo al unirse con la más pequeña y se desactiva al separarlas, es decir, cuando los guantes son retirados. Pero su anulación toma tiempo. —Cuando faltaba poco para llegar a su destino, desde una distancia suficiente pudieron ver a Kakashi salir del edificio. Este les saludó con la mano y les esperó sonriendo bajo la máscara, sin embargo, el gesto particular de su mirada se borró de inmediato cuando los tenía un metro cerca—. Ya te has dado cuenta. Pocos pueden engañar a ese ojo.
—No fue necesario, basta con ver tus manos.
—Mi error. Debo ser más prudente. No quiero que todos comiencen a sospechar.
—¿Dónde estás?
—En ningún lugar.
—Bueno, no preguntaré más. Que vengas a hablar con Tsunade-sama me lo dice todo. Ahora, les dejaré continuar. Me espera una tarea en casa.
—Kakashi-sensei….
—Naruto, ya habrá tiempo para eso. Tienes asuntos más importantes ahora. —El ninja copia se alejó de ellos con otro gesto de su mano como despedida, y Naruto decidió que tenía otro asunto del que debía encargarse pronto.
/ooo/
—Buena tarde, Hokage-sama. —Saludaron al unísono clon y sobrino.
—Buena tarde. Espero que tu explicación justifique lo ocurrido hace minutos.
—Debo hacer más creíble mi presencia, o sino todos se darán cuenta. —dijo el doble al notar la mirada fija de la Hokage en sus manos desnudas. Podía casi palpar su sospecha.
—Supongo que eso también me lo explicarás.
—Soy un clon de Yuto, un porcentaje de su chakra condensado, es decir, ningún golpe me hará desaparecer, pero tengo un tiempo límite: alrededor de una semana. Aun así, poseo su personalidad, actuar y recuerdos. Lo único que me delataría es la ausencia de sus guantes, cosa que resolveré en un rato.
—¿Dónde está?
—En ningún lugar. —Naruto se preguntó si era una respuesta clave o su manera directa de decir que el paradero de su tío era un secreto.
—Entonces, entrenarás a Naruto durante su ausencia. —el clon asintió—. ¿Tienes alguna forma de comunicarte con él? —Esta vez recibió una muda respuesta negativa. Tsunade permaneció pensativa durante algunos segundos—. Permaneceré al tanto de cualquier eventualidad…
—Puede llamarme Yuto. —añadió ante su duda.
—Bien, pueden retirarse. —Ambos Namikaze salieron de la oficina casi desapercibidos, pues algo más delicado rondaba por la mente de la Hokage. La información que le habían entregado minutos antes, le hizo creer que las malas noticias abundarían por un largo periodo, y esta vez, una había llegado por boca de Kakashi.
—Lo tomaste con mucha tranquilidad.
—Hay peores cosas que un clon, Jiraiya.
—Pero no es uno cualquiera. —El sannin apareció, como de costumbre, atravesando la ventana.
—Me encargaré de eso luego. Tenemos un problema de cuidado. —El albino caminó hasta el mueble de roble y se sentó esperando que su antigua compañera de equipo ahondara en el tema—. Kakashi descubrió que se está comercializando una especie de droga en algunos países, aún no sabemos su composición y el total de sus efectos, sin embargo, parece que incrementa las capacidades físicas de quien la consuma. Pero, no es eso lo que me preocupa. Una sustancia como esa tendría mucha aceptación, y no puedo evitar recordar aquella época en la que surgió el opio. —Jiraiya entrecerró sus ojos captando su punto—. Ambos sabemos las consecuencias graves que habría si esa droga toma demasiado terreno.
—¿Estás segura de que sería lo mismo?
—Kakashi pudo ver que es altamente adictiva. ¿Recuerdas a Towa, el comerciante? Quedó en quiebra en menos de un año. Lo tenemos en custodia para hacerle pruebas de sangre; esa sería nuestra única pista. No obstante, debemos investigar más al respecto y cortarlo de raíz antes de que tome mayor fuerza.
—¿Quieres que yo lo haga?
—No. Te llamé para la misión que te había mencionado, y creo que ahora es el momento.
—¿Debo recordarte que no nos llevamos bien? A duras penas el mocoso me habla. Increíble que sea mi ahijado.
—Lo sé, pero eres quien mejor puede descifrarlo. Además, lo concerniente al libro y las armas de destrucción debe mantenerse en secreto dentro de lo posible. —Jiraiya se levantó con resignación.
—Será difícil encontrarlo en ningún lugar.
/ooo/
Un torrencial aguacero había acabado con el ensueño de un día soleado en otoño. De manera fugaz el calor se había disipado a la par que las gotas caían violentas y sin compasión, acelerando el tiempo de las obligaciones de cada uno de los habitantes. En día como esos, Konoha comenzaba a apagarse; el andar de los transeúntes, el comprar y vender del comercio diurno, todo se reducía en un horario diferente a cuando el atardecer se apreciaba tras las montañas; dando paso a las labores nocturnas que en un día casi helado eran escazas. Lo único que mantenía su usual proceder, eran los turnos de vigilancia.
Las espesas y grises nubes obstaculizaban la poca luminosidad que la tierra podía disfrutar por las estrellas, sumiéndola en una absoluta oscuridad que rivalizaba contra las numerosas farolas. Eran pocos los rincones de la aldea que se perdían en la penumbra, sin embargo, el más grande de esos espacios se extraviaba como en la profundidad de un abismo, por la frondosidad de la naturaleza que lo ocupaba: El bosque privado de la familia Namikaze.
Por mucho tiempo, aquella zona de entrenamiento se mantenía intocable. En general, era visitada por miembros del personal que cazaban animales en ciertos periodos y que aplicaban su respectivo cuidado. Y, durante la ausencia de Yuto, su sobrino solo entrenaba con el equipo de Kakashi.
Luego de la corta visita a la oficina de la Hokage, el entrenamiento de Naruto inició sin tardanza. El clon le dijo sin rodeos que primero conocería todo lo que sabía y podía hacer en batalla. Para ello debía atacarlo con todo lo que tuviera y quisiera sin límite alguno, ya que era una copia sin dolor y el golpe más fuerte no lo haría desaparecer. Así, Naruto, libre de duda; dio pie a sus arremetidas.
El primer puño fue esquivado, la siguiente patada fue neutralizada, los giros, las maniobras y los imposibles, las armas, su rasengan y todo lo que conformaba su fuerza y habilidades eran evadidos de manera tan fácil que humillaba, y no porque fuera un clon inmune, lo penoso era que en las horas que llevaba luchando no había podido causar si quiera un rasguño. No había objetivo más que atacarle, así lo cazara por todo el bosque de cualquier manera, el cansancio lo invadiera y tuviera que tomar reposo con todos sus sentidos en alerta. Diversas fueron las ocasiones en las que, mientras se sentaba lo más oculto posible, fue sorprendido por algún ataque del clon, y aprovechaba para perseguirlo entre árboles de los cuales unos pocos fueron derrumbados por sus ataques y su propio cuerpo que salía volando por los golpes potentes que recibía. La oscuridad no le favorecía demasiado, pero su oponente parecía conocer cada rincón, lo que le hizo entender que el terreno también estaba en su contra.
Como último recurso y guiado por la desesperación, decidió hacer uso del chakra perteneciente al ser que contenía en su interior. Había recibido advertencias del hombre que le enseñó a sacar partido de su condición, y por eso, desde que aprendió a hacerlo, solo llegó a tal extremo en dos ocasiones. Seguramente su tío no lo sabía, y aunque al frente tenía a una copia suya, este le había dado vía libre para hacer lo que quisiera.
—Me preguntaba cuándo lo harías. —dijo al ver a Naruto completamente rodeado de un chakra espeso y rojo, sus rasgos se habían vuelto zorrunos, con colmillos alargados, sus uñas convertidas en garras, y el iris de sus ojos cambiado al mismo color del manto que le cubría.
—¿Lo sabías? —Su voz con un tono sorprendido, se escuchaba ronca mezclada con el timbre de su niñez.
—Con el viejo pervertido aquí, pude deducirlo antes de que me informaran.
El silencio duró segundos, más de lo que Naruto tardó en cruzar diez metros hasta su oponente quien en un parpadear realizó un movimiento con sus piernas, que le permitió evadirle lo suficiente para agarrar su muñeca izquierda dejándole el brazo estirado y su mano cerrada en un puño. El clon no le dio tiempo de sorprenderse, ya que giró sobre sí y lo lanzó hacia el lugar de donde había provenido, el triple de distancia en el aire y el doble a ras de piso. Cuando la fuerza del lanzamiento disminuyó, Naruto se incorporó tomando una posición fiera con sus cuatro extremidades en el suelo por el que se deslizaba, lo suficiente para tomar impulso y dar un giro hacia atrás que le permitió esquivar un ataque desde el aire. Una nube de polvo se alzó cuando el pie del clon impactó en la tierra, y se dispersó por el brusco movimiento que hizo al dirigirse hacia Naruto y continuar con sus acometidas. Sin oportunidad alguna de evadirle, el chakra del Kyubi le permitió amortiguar los golpes que recibía en los antebrazos que le servían como escudos, aun así, sabía que no duraría así por mucho tiempo, pues empezó a sentir gradualmente las dolencias de sus puños incesantes.
De repente, el clon se detuvo para girar lo necesario y atrapar entre su mano izquierda el cuello de otro Naruto. Lo siguiente se alcanzó a percibir solo en cámara lenta: Yuto hizo presión en su agarre, el clon de su sobrino desapareció entre sus dedos, y viró el rostro a tiempo solo para observar la esfera azulada y brillante a pocos centímetros, y la sonrisa victoriosa de su pequeño oponente.
Pero, cuando el rasengan parecía lograr su cometido, en la cara del clon se formó una especie de agujero brillante por el cual la técnica fue engullida totalmente.
La mano que rodeaba el cuello de Naruto, fue el anuncio de la batalla terminada y su derrota.
—Es todo por hoy. —Informó mientras lo soltaba de la altura en que lo sostenía. El manto rojo ya no cubría a Naruto, pero mostraba un evidente desconcierto en su mirada. Por unos instantes, en ese aparente logro, había creído que podría vencerle, olvidando por completo que algo así ya había ocurrido[a]. Además, en su interior sentía la apremiante corazonada de que una verdad se había develado mientras luchaban—. Tu nivel es decepcionante. Fueron seis horas de pelea y solo pudiste atinar un solo golpe, de ser real, te habría derrotado, y quizás matado en menos de quince minutos; no por mi nivel, sino por la nula urgencia de vencerme. Te concentraste en presumirme todas tus habilidades y no planeaste alguna estrategia. Creí que con Kakashi como tu sensei, me mostrarías todo el avance que ansié ver, aún más si el viejo pervertido está en la aldea. Debemos trabajar más de lo esperado. No habrá días de descanso, ni siquiera los fines de semana. Si quieres tener un nivel mínimo, desde hoy tu vida será dormir, comer, entrenar y entrenar.
El clon no dijo más, le echó una dura mirada y le dio la espalda para marcharse. Naruto, cabizbajo, con los puños cerrados y temblando a pesar de que la lluvia no caía; se mantuvo allí, estático como si la frustración misma se hubiera materializado para envolverlo al igual que una serpiente. Sus huesos no se quebraban, pero el dolor del fracaso y la cruda verdad palpitaban en todo su cuerpo, aunque solo debía punzar en su alma.
[a] Casi al final del capítulo 9: Denuedo.
