"El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán al otro lado del mundo"

Capítulo 11

Rewind

Terminó de vestirse y arreglarse para asistir a ese almuerzo en el Palacio, y se miró una vez más en el espejo —¡Rayos! No ahora, por favor —dijo con frustración, llevándose la mano hacia la frente al sentir que venía una nueva jaqueca.

Caminó hasta la mesita de noche junto a la cama, y sacó del cajón un frasco de pastillas —una no será suficiente. —Sacó dos píldoras del frasco y las colocó en su boca, para entonces servirse agua de la jarra que estaba sobre la mesita de noche, y finalmente las tragó.

—Princesa Frieda.

Volteó hacia la puerta, dejando el frasco de píldoras afuera del cajón. —¡Petra! —se levantó, y caminó hacia la salida.

—Buenos días, alteza, ¿Lista?

—Sí, ya voy —dijo la princesa, saliendo de su habitación, y caminando hacia el inicio de las escaleras. —¡Zeke! —Sonrió.

El príncipe sonrió de manera pícara —buenos días, Fri —la abrazó por la cintura, y le dio un beso suave —aunque prefiero decirte buenos días cuando despiertas en mi cama —susurró entre risas en el oído de ella.

Lo golpeó en el hombro —¡Ya! —dijo sonrojada —es mejor que nos apresuremos, tus abuelos deben estarnos esperando abajo.

—No, de hecho, todavía están en su recámara.

Lo tomó de la mano —pues será mejor esperarlos abajo.

En la habitación de Frieda, Petra estaba a punto de salir, pero algo sobre la mesa de noche llamó su atención. Se acercó, y tomó el frasco de píldoras —¿Por qué la princesa tomaría esto?

Escuchó ruidos en el pasillo, y salió con el frasco aún en la mano —¿Por qué me lo traje? —estaba a punto de regresar y devolverlo, pero al ver al Sr. Jaeger, su curiosidad fue más grande que su prudencia o su razón. Se acercó a los abuelos del príncipe —buenos días, Sr. Jaeger, Sra. Jaeger.

—Buenos días Petra —dijo él.

—Buen día, linda.

—¿Pasa algo? —preguntó él.

—Pues... —se mordió el labio inferior, dudando en si debía hablar —disculpe, sé que quizás hago mal entrometiéndome en la relación médico-paciente, y más siendo usted tan cercano a la princesa Frieda; pero, me preocupo por la salud de ella...

—¿Qué sucede con Frieda? —observó las manos de la joven —¿Puedo ver ese frasco?

—Claro —le entregó el recipiente.


En el jardín del palacio real de Mare, sirvientes iban y venían para llevar el almuerzo, tanto al monarca de esa nación, como a sus invitados.

—Frieda, ¡Me alegro tanto de que estés bien! —dijo el Rey Kruger —ese atentado de antier... —negó con la cabeza.

—Gracias, majestad, y sí, fue... Una experiencia desagradable —volteó a su derecha, donde su prometido estaba sentado —afortunadamente, Zeke pudo sacarme de ahí gracias a Pieck y Colt.

—Jamás dejaré que nada malo te pase —dijo el príncipe.

—Esa soldado y Colt merecen una condecoración especial entonces, y Zeke, me alegro que cuides tanto de tu futura esposa —dijo el monarca. —Frieda, hubiera querido reunirme contigo de inmediato, o ayer mismo, pero preferí que descansaras y te repusieras de ese susto.

—Nos preocupaste mucho —dijo la madrastra del príncipe.

—Lo siento, Carla, lamento que se hayan preocupado por mí.

—Eres parte de esta familia, no lo olvides, linda —dijo la Sra. Jaeger.

El almuerzo prosiguió, seguida de una amena charla entre el monarca, los futuros esposos, y la familia Jaeger completa.

El rey tenía algunas audiencias y deberes qué atender, por lo que tuvo que retirarse, mientras sus invitados también se alistaban para hacer otras actividades.

—Frieda —dijo el Sr. Jaeger, quien estaba con Grisha apartados del resto. —¿Puedes venir un momento?

Zeke tomó de la mano a la princesa, y ambos caminaron hacia donde su abuelo y padre se encontraban —¿Sucede algo?

—¿Qué pasa? —preguntó ella al ver la seriedad en el rostro de ambos médicos. Y cuando el Sr. Jaeger sacó el frasco, se cubrió la boca con la mano, y su expresión se tornó en angustia.

—Lo mismo queremos saber nosotros —dijo el mayor con voz tranquila, pero a la vez firme —¿Qué sucede contigo? ¿Desde cuándo tomas estas pastillas?

—Yo... —no era capaz de articular palabra.

—Padre, abuelo, ¿Qué es todo esto? —volteó hacia su prometida, angustiado —Frieda, ¿De qué hablan?

—Frieda, estos analgésicos son muy fuertes; y sus efectos secundarios han hecho que cada vez menos médicos estén dispuestos a prescribirlos —dijo Grisha.

Observó con asombro y miedo a su futuro suegro, temiendo los posibles efectos de esa droga sobre ella —yo, he tenido jaquecas fuertes desde que falleció mi tío Uri.

Grisha y su padre se miraron mutuamente —¿Qué tan frecuentes son? —preguntó el mayor.

Tragó saliva —al principio era esporádico, dos, o máximo tres veces al año; pero últimamente son más seguido.

—Frieda, ¿Por qué no me dijiste nada? —preguntó Zeke, asustado por la seriedad de su abuelo y padre, además de sorprendido por enterarse del malestar de su prometida.

—Frieda —dijo Grisha —necesito que vayamos a la clínica* cuanto antes, debo hacerte estudios.

—¿Justo ahora? —preguntó Frieda, titubeante.

Zeke apretó ligeramente la mano de su prometida —iremos enseguida.

Frieda y Zeke acudieron a la clínica de los Jaeger. Los soldados erdianos se quedaron custodiando las cercanías y alrededores del edificio; Galliard, Pieck, Erwin, Levi y Mike se encargaron de resguardar los accesos, mientras que Petra y Colt acompañaron a la pareja.

Miraba el reloj de péndulo de aquella sala de espera, y sus dedos tamborileaban en su brazo, mientras una sensación incómoda no la dejaba en paz desde temprano.

—Oye.

Interrumpió sus pensamientos cuando sintió una mano sobre su hombro —Señor Grice.

—El señor Grice es mi padre, llámame Colt —sonrió. —Te llamas Petra, ¿Cierto? No ha habido oportunidad de realmente presentarnos y hablar.

—Sí... Es irónico, finalmente nos estamos alojando en la mansión del Príncipe. —Volvió a desviar la mirada.

—¿Te pasa algo? —se sentó junto a ella.

—Pues —suspiró —cometí una indiscreción... Encontré una medicina en la habitación de la princesa Frieda, me preocupé, y en lugar de hablar con ella, fui directamente con el Sr. Jaeger.

—Ya veo —volvió a colocar su mano sobre el hombro de ella.

—Espero que su alteza no me odie, la verdad, me dejé llevar y no pensé en nada —agachó la mirada.

Colt se arrodilló delante de ella, sosteniéndola de la barbilla y haciéndola mirarlo a los ojos —Frieda no te odiaría nunca, tengo años de conocerla, es una muy buena persona —sonrió, provocando que ella sonriera —tu indiscreción podría, ¡No sé! No tenía ni siquiera idea de que estuviera enferma, pero si es así, el que hablaras con el Dr. Jaeger estoy seguro que hará que ella se cure más rápido.

—¿Tú crees?

Asintió con la cabeza —Quién sabe, incluso, ¡Puedes haberle salvado la vida!


Se sentaron frente a Grisha, quien anotaba unos datos en el diario donde registraba a sus pacientes.

—¿Cuándo estarán los resultados? —preguntó Zeke, ansioso.

—En un par de días —contestó con seriedad, volviendo a entintar su pluma. —Mientras tanto, Frieda, necesito hacerte unas preguntas, ¿De acuerdo?

—Si, claro, adelante —respondió, y asintió con la cabeza a la vez que el sentir cómo Zeke apretaba un poco más su mano la reconfortaba.

—Bien —se aclaró la garganta. —Cuando tienes las jaquecas, ¿Es sólo de un lado de la cabeza? ¿Lado izquierdo? ¿Lado derecho? ¿Frontal?

—Por lo general es la totalidad de la parte superior, pero a veces también se concentra sólo en un lado.

—¿Tienes visión doble durante el dolor? ¿O ves puntos negros? ¿O sientes que pierdes toda visión momentáneamente?

—Últimamente si ha sido como ver puntos negros frente a mí.

Siguió preguntando los síntomas, y cualquier otra información de utilidad, anotando todo en su diario, y siempre conservando el semblante serio y profesional.

—Por último —suspiró. —Frieda, por favor, no tomes a mal lo que voy a preguntarte, esto lo hago no como tu futuro suegro, sino como tu doctor; no te lo preguntaría si no fuera importante.

—¿Qué pasa, Grisha? —sonrió de manera nerviosa. —Pregunta lo que necesites, te he respondido todo, ¿No?

—Sé muy sincera conmigo. —Tragó saliva, y prosiguió —¿Hay alguna posibilidad de que puedas estar embarazada? ¿La más mínima? Me refiero, ¿Ustedes dos han...?

Los ojos de Zeke y Frieda se abrieron con sorpresa, y sus mejillas se tornaron rojas de manera inmediata. Frieda no podía ni siquiera articular palabra, mientras que Zeke dirigió una mirada asesina a su progenitor.

—¡¿Qué clase de pregunta es esa?!

—Zeke, ¡Por favor! También fui joven y estuve muy enamorado de tu madre, y de Carla. —Se aclaró la garganta —si lo pregunté, es porque si ustedes han tenido intimidad, y si Frieda pudiera estar embarazada, necesito saberlo para adecuar su tratamiento.

—¡Papá, no estés diciendo esas cosas! —exclamó, con la cara roja ante las palabras de su padre.

—Sí —dijo Frieda, con la mirada baja y apenas siendo capaz de hablar. —Zeke y yo... —respiró profundamente —hemos estado juntos.

—Bien —anotó en su diario, y prosiguió con otras preguntas más, incluyendo cuestionamientos de índole ginecológica.

Por su parte, Frieda sólo miraba hacia abajo mientras sentía sus mejillas ardiendo; y Zeke sólo apretaba la mano de ella, mientras contenía la furia que tenía contra su padre en ese momento por hacer sentir a su amada tan avergonzada.

—Por las fechas que me dices, Frieda, es poco probable que estés embarazada, eso es bueno, necesito que no te embaraces por un tiempo para poder darte un tratamiento más fuerte.

Sus ojos azules se fijaron en una fotografía en la pared, donde Grisha, Carla y Eren aparecían, y distante de la pareja, pero junto a su hermano menor, estaba Zeke; quien había accedido a aparecer en el retrato por petición de Eren.

Tragó saliva, olvidando el bochorno de aquellas preguntas incómodas —Grisha, ¿Qué tan mal estoy? —preguntó, llamando la atención de Zeke quien la observó con temor en sus ojos, miedo por, tal vez, un trágico desenlace.

Suspiró —necesito primero ver tus resultados, pero sí es delicado. —Tomó un recetario del cajón de su escritorio, y comenzó a hacer anotaciones en una de las hojas. —Frieda, las píldoras que estás tomando, necesito que las dejes de inmediato.

—¿Por qué? —Lo miró con miedo en sus ojos. No era que se negara a dejar el medicamento, pero sentía curiosidad del por qué debía hacerlo, además de temor respecto a dicho motivo.

—Estas pastillas son muy fuertes, y tienen unos efectos secundarios bastante agresivos —exhaló aire por la boca. —Algunos de tus síntomas podrían ser a causa de ellas, e inclusive, el aumento de tus migrañas, irónicamente, puede estar ligado a los efectos secundarios de estas píldoras.

—S-si t-tú lo dices, yo, c-confío en ti —pronunció, sumamente nerviosa por la revelación que su futuro suegro acababa de hacer.

Arrancó la hoja de su recetario —vas a tomar estas pastillas de aquí, una cada seis horas, te sientas o no te sientas mal, y las de abajo es en caso de que tengas una jaqueca iniciando, o estés en medio de una. Voy a necesitar que estés en un régimen de alimentación por un tiempo, nada que contenga cafeína ni irritantes. —Comenzó a reír entre dientes —no deberías comer chocolates tampoco, pero como sé lo mucho que te gustan, sólo te pediré que reduzcas el consumo a la mitad.

—¡¿Qué?! —exclamó, nada contenta de tener qué reducir el consumo de los chocolates que tanto amaba.

—Lo siento, pero debes entender esto —entrecerró los ojos, y miró fijamente a su nuera —Frieda, tu vida está en riesgo, y si no empezamos con tu tratamiento cuanto antes, podrías morir.


El silencio reinó durante todo el camino de regreso a la mansión Fritz, ni Zeke ni Frieda habían pronunciado palabra alguna desde que salieron de la clínica de los Jaeger.

Al llegar a la residencia, ambos príncipes entraron al recibidor, seguidos por todo el cuerpo de seguridad que les acompañaba.

—Alteza —dijo Petra cuando vieron a Frieda correr hacia las escaleras, y subir por ellas como huyendo de todo, seguida de cerca por Zeke, quien corrió inmediatamente detrás de ella; sonrojándose al sentir la mano de Colt sobre su hombro.

—Estará bien —sonrió —Zeke se encargará de todo —dijo Colt.

Llegó hasta el piso donde la habitación que ocupaba, y la del príncipe se encontraban. Sentía que se asfixiaba, más no por el esfuerzo físico en sí, sino por lo acontecido ese día.

Desde que sus malestares comenzaron dos años atrás, ella se negaba a asumirse como una persona enferma. Para Frieda, sólo eran malestares que iban y venían hasta que, a últimas fechas, esos malestares momentáneos habían acrecentado.

Y ahora no sólo debía aceptar que tenía una enfermedad, sino que, por su misma negación, su vida ahora corría riesgo.

Sentía el nudo en la garganta, pero su llanto estaba renuente a manifestarse. Entró a la habitación de huéspedes que ocupaba, y se sentó en la orilla de la cama, mirando hacia el ventanal que daba hacia el jardín de aquella enorme mansión. Se recostó de lado, sin dejar de ver hacia aquel ventanal frente a su cama.

Llegó a la puerta de la habitación de su prometida, la cual estaba cerrada. Tomó la perilla y recargó su frente, suspiró, y entrecerró los ojos. También sentía un nudo en la garganta, y miedo.

Abrió la puerta en silencio, y observó a su amada recostada en la cama, volteada hacia el ventanal.

Tenía demasiados sentimientos encontrados, enojo por descubrir de ese modo sobre la enfermedad de ella, temor por perderla, esperanza de que su padre se estuviera haciendo cargo de atenderla, e incertidumbre por cómo resultaría todo.

Cerró la puerta detrás de sí, y se acostó en la cama junto a ella, abrazándola por la cintura, y besándola en la mejilla.

Ninguno dijo absolutamente nada, simplemente se acompañaron en silencio por unos minutos.

—Te quedarás aquí en Mare, ni sueñes con que te dejaré regresar a Erdia —pronunció con voz severa.

—Zeke... Pero... La boda.

—¡Me importa un carajo la boda! —exclamó con desesperación, respirando profundamente para poder calmarse.

—¿Cómo? Zeke, estamos a un mes de casarnos —dijo en un hilo de voz, casi al borde de las lágrimas.

—N-no... No me malentiendas —se aferró más a ella —tus doncellas pueden encargarse de todo, tú misma me lo dijiste, los preparativos están listos. —Suspiró, cansado. —Frieda, tu salud, ¡Tu vida es prioridad! Por eso quiero, ¡No! ¡Te exijo que te quedes aquí en Mare!

—Zeke...

Se apoyó sobre su brazo para poder levantarse un poco —no confío en los médicos erdianos, Fri, ¡Esas píldoras pudieron matarte junto con lo que sea que tengas! Yo... ¡No voy a permitir que nada te pase! ¡Te mantendré con vida, así tenga qué retenerte aquí a la fuerza!

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, las cuales no demoraron en caer por sus mejillas. No le dolían las palabras de él, le dolía pensar en el sufrimiento que su muerte pudiera causar en sus seres queridos.

—Está bien, me quedaré aquí contigo, seguiré el tratamiento y las instrucciones de tu padre —dijo en medio del llanto.

La abrazó con fuerza, presionando la cabeza de ella contra su pecho —Fri... Casémonos.

Se separó de él —Zeke, estamos a punto de casarnos —dijo confundida.

—Me refiero a, ¡Ya mismo! Mañana... —se quedó pensativo unos segundos. —De acuerdo, es demasiado rápido, pero sí este mismo sábado.

—Amor, hoy es jueves —alzó la ceja.

La tomó de las manos —Frieda, vas a quedarte aquí en Mare, la boda es en un mes y —se sonrojó —cuando mi padre te hacía esas preguntas... —Aclaró su garganta antes de proseguir —te conozco, Fri, sé que no querrás tener sobre ti las suspicacias ni murmuraciones de nadie.

—Eso no me importa...

—¡No mientas! —dijo, interrumpiéndola. —Eres una mujer decente y conservadora, es una de las muchas cosas que amo de ti, y si bien quiero que te quedes, no quiero exponerte a los rumores de esos buitres de la nobleza... Y yo, Fri, no quiero pasar un día más sin ser tu esposo.

Tomó el rostro de él entre sus manos, y entre lágrimas que, ahora eran de alegría, lo besó en la frente —casémonos ya, entonces.

—Mañana arreglaré para que todo esté listo, tú no te preocupes por nada. —La besó en los labios con ternura.

—Sé que lo harás —le devolvió el beso.


Después del desayuno, los príncipes se reunieron en la sala de estar con Keith y Erwin; así también, con Colt, Galliard y Pieck.

Frieda estaba sentada en un sofá de una plaza, mientras Zeke se encontraba de pie a su lado, con su mano sobre el hombro de ella.

—Los he reunido aquí por una importante decisión de último minuto. Ayer nos acompañaron a la clínica de mi abuelo —volteó a ver a la princesa, quien dobló el brazo para tocar la mano de él. —La salud, incluso la vida de la Princesa Frieda está en riesgo, y debe estar bajo un estricto control médico.

Se quedaron estupefactos ante la notica.

—Alteza, ¿Qué pasa?

—¿Qué tiene la princesa?

Preguntaron Colt y Galliard al mismo tiempo, mientras que Pieck, Erwin y Keith luchaban por conservar su expresión seria y solemne.

—Por favor, esto es importante —dijo Zeke, estrechando la mano de ella. —Como dije, Frieda debe estar bajo un estricto control médico, así que se cancela su regreso a Erdia de la próxima semana; ella se quedará aquí en Mare para ser atendida por mi padre y mi abuelo, y por esto mismo es que nos casaremos mañana aquí en el jardín de la mansión.

—Comandante Shadis, Capitán Smith —dijo Frieda. —Necesito que vayan a Erdia y notifiquen a mi padre sobre todo esto, y que traigan a mi hermana a Mare cuanto antes.

—P-pero, alteza —dijo Shadis, dando un paso al frente —tenemos la misión de protegerla y llevarla a salvo a Erdia, ¡No podemos volver sin usted!

—Comandante, estoy en Mare, y me casaré con el Príncipe de Mare —volteó a ver a Colt y Galliard, a quienes conocía de años atrás; y también a Pieck ya que, obviamente, no olvidaba que fue quien les dejó el caballo a ella y Zeke para escapar de aquel atentado. —Tengo a estos valientes soldados que me protejan, y de hecho ¡A todo el ejército de Mare! Además —volteó a ver a su prometido —el Príncipe Zeke es el hombre más fuerte y diestro en combate que conozco, ¿Cree que podría correr algún riesgo si estoy aquí?

—Alteza... —dijo Shadis, titubeante.

—Entiendo que tengan órdenes de proteger a Frieda —dijo Zeke. —Pero en ese caso, comandante, designe un grupo de sus hombres para que vayan a Erdia y avisen al Rey Rod sobre la boda, y también para que traigan a la Princesa Historia.

—Comandante Shadis, confío en usted y en sus hombres para notificar a mi padre y traer a mi hermana. —Tomó un sobre que estaba entre su pierna y el descansabrazos del sofá, levantándose para entregárselo a Keith, quien tomó el sobre lacrado con el escudo de armas de los Fritz. —Entregue esto a mi padre, por favor.

Inclinó la cabeza con respeto ante ella —como ordene, alteza, yo personalmente entregaré su carta al Rey Rod.

—Y un último favor —desvió la mirada, y sonrió —si va a volver a Erdia con más de sus hombres, por favor deje aquí a Petra, voy a necesitarla.


En una sala de descanso del palacio, Eren Kruger se encontraba leyendo un libro, aprovechando ese breve momento libre que tenía antes de proseguir con sus obligaciones como Rey.

—Majestad —dijo un sirviente desde la puerta. Aguardó por la respuesta del monarca, quien sólo lo miró, e hizo un movimiento con la cabeza para que el sirviente prosiguiera —su alteza real, Zeke Jaeger, Príncipe de Mare y Duque de Liberio le busca; majestad.

—Hazlo pasar. —Cerró el libro, y lo colocó en la mesa de centro.

Zeke entró en la sala de descanso, e hizo una reverencia ante su tío —Su majestad.

—Zeke, ¿Qué te trae por aquí tan repentinamente? Y por cierto, ¿Y Frieda? ¿Está bien? Supe que Grisha la tomó como paciente.

—Sí, de hecho, es por eso que vine. —Dio un paso más al frente —la salud de Frieda es delicada, mi padre ha dicho que debe estar bajo un estricto tratamiento médico; y es por eso que hemos decidido que ella permanezca en Mare de modo permanente, y por lo mismo es que mañana mismo nos casaremos.

—¡¿Cómo?! ¡¿Tan pronto?!

Asintió con la cabeza —tío, Frieda vivirá aquí en Mare, y no quiero que la gente hable de mal de ella por estar conmigo sin que estemos casados; además, de todas formas íbamos a casarnos pronto, y seguimos con el plan de llevar a cabo la gran boda en Erdia dentro de un mes, pero con lo de su enfermedad... —se encogió de hombros.

—Comprendo, ella debe quedarse para estar en tratamiento con tu padre y tener su salud bajo control. —Se quedó pensativo unos instantes —no se casarán en la mansión Fritz.

—¡Tío Eren! —exclamó, sorprendido.

—Zeke, eres el futuro rey de Mare, y ella es la heredera al trono de Erdia; se casarán mañana en la catedral de Liberio, y haremos una recepción aquí en el palacio —sonrió —los dos son príncipes, deben casarse como tal.

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Zeke —gracias, majestad.

Caminó hacia la puerta de aquella pequeña sala, siendo seguido por el joven —enviaré de inmediato una carta a Rod al respecto.

—De hecho, tres soldados de la escolta de Frieda volvieron a Erdia hace una hora para avisar al Rey Rod; ella misma hizo una carta para su padre explicando todo.

—Bien, entonces tú y Frieda prepárense, mañana se casan —aceleró el paso, deteniéndose para mirar a su sobrino por encima del hombro —por cierto, esta noche ella dormirá aquí en el palacio.

—¿Qué? —preguntó desconcertado.

—Zeke, no nací ayer, seguramente ustedes ya se adelantaron a la luna de miel; pero al menos sepárense por esta noche, ya mañana volverán a estar juntos. —Siguió su camino, dejando atrás a un avergonzado y sonrojado Zeke.


Se quedaron boquiabiertas al verla salir de aquella puerta de madera, portando aquel vestido; las más emocionadas eran Carla y la Sra. Jaeger.

—Alteza... —pronunció una impresionada Petra.

—Luce muy bien, su alteza —dijo Pieck con una sonrisa.

—Gracias — dijo la princesa con emoción, y una sonrisa en los labios. Subió a un escalón redondo para mirarse en los espejos, y sus ojos comenzaron a ponerse acuosos.

—Mi niña, ¡Te ves preciosa! —dijo la Sra. Jaeger con lágrimas en los ojos.

—Te queda muy bien —dijo Carla, sonriendo.

La costurera comenzó a rodear a la princesa —es una suerte que le haya quedado tan bien el vestido que tenía como exhibición, su alteza.

—Sí. —No podía dejar de mirarse, y llorar de alegría mientras lo hacía. Aunque el vestido era sólo un poco más revelador que el que se estaba confeccionando en Erdia, no se sentía incómoda ni nada, al contrario, le gustaba bastante.

El corsé con escote de corazón le quedaba perfecto, y se ceñía sin problema a su figura; los hombros descubiertos, y mangas con encaje le daban un toque sensual; el cinturón con diamantes daba ese toque especial que, aunque simple, reflejaba la elegancia y majestuosidad de la princesa erdiana; y la amplia falda del vestido completaba perfectamente todo el cuadro.

La costurera fue hacia un costado de su tienda-taller mientras las cuatro mujeres contemplaban a la princesa, regresando rápidamente. Subió al escalón, cuidando de no pisar el vestido —creo que esto quedará perfecto con su vestido, alteza. —Colocó un velo en el cabello de Frieda, y pasó la tela hacia el frente, cubriendo el rostro de la princesa.

En el momento en que Frieda se miró nuevamente, ahora con el velo sobre su rostro, su llanto acrecentó.

"Zeke, amor, en verdad está pasando... Mañana nos casaremos. ¡Oh, Zeke! Tengo tanto miedo de dejarte, de que tu padre no pueda curarme de lo que sea que tenga. Zeke, mañana por fin seré tu esposa... Será el primer día de muchos años más, te lo prometo, Zeke."

Carla y la Sra. Jaeger se acercaron a la princesa, preocupadas por la forma en que lloraba —¿Qué sucede, mi niña? —dijo la mayor mientras abrazaba a Frieda de manera maternal —¿Acaso no te gusta el vestido?

—Me encanta —respondió entre sollozos.

—Entonces, ¿Qué pasa, Frieda? —preguntó Carla.

Deshizo el abrazo, y se limpió las lágrimas con el dorso de la mano —es sólo que, no sé qué habría pasado si Grisha y el Sr. Jaeger no hubieran descubierto mi enfermedad —tragó saliva.

—Tranquila, mi niña —dijo la Sra. Jaeger, quien volvió a abrazar a Frieda. —Mi esposo y mi Grisha son los mejores, vas a estar bien, mi niña.

—Es cierto —dijo Carla, sonrió. —Hace años, antes de casarnos, Grisha y yo viajamos a mi pueblo natal que está a un par de horas en carruaje. Había una epidemia, y Grisha salvó a todo el pueblo de esa enfermedad.

Observó a las dos mujeres, y sonrió —tienen razón. —Volteó su rostro hacia donde las dos jóvenes se encontraban —Pieck, Petra, vengan por favor.

Ambas se acercaron a la princesa, quien limpió las lágrimas que aún quedaban en sus mejillas. —¿Si, alteza? —dijeron al mismo tiempo.

—Quiero pedirles que sean mis damas mañana —enfocó sus ojos en la de cabello cobrizo —Petra, gracias a ti es que ahora estoy con este nuevo tratamiento, y —miró a la de cabello oscuro —Pieck, gracias a ti, Zeke y yo pudimos escapar del atentado. Las dos me salvaron la vida, las quiero mañana, no como parte del cuerpo de seguridad, sino como mis damas.

Se sorprendieron —Princesa Frieda... Sí —dijo Petra.

—Será un honor, alteza —dijo Pieck, inclinando la cabeza con respeto.


Papá:

Los planes han tenido qué cambiar drásticamente. Sabes que no quería preocupar a Zeke con lo de mis jaquecas, pero su abuelo y su padre lo descubrieron; y Grisha ha dicho que incluso podría morir debido a esto.

Estamos a la espera de los resultados de unos análisis que me hicieron para saber qué tengo y cómo estoy, aun así, Grisha ha comenzado con un tratamiento en tanto tenemos más información; debo estar bajo un estricto control.

Tengo miedo, papá, no tanto por morir, pero tengo miedo de lo que sufrirían Historia, Zeke y tú si me voy de este mundo; y todo por mi necedad de no querer aceptar que tengo un problema.

Como dije, debo estar bajo control médico, y no hay mejores doctores en el mundo que el padre y abuelo de Zeke, lo sabes. Es por esto, que Zeke y yo hemos decidido que me quedaré en Mare, e incluso, nos casaremos mañana sábado aquí pues, obviamente, queremos vivir juntos siendo marido y mujer.

Perdón por la decisión tan apresurada, pero dadas las circunstancias, espero entiendas que es lo mejor para mí, y por ende, para ustedes. Espero verte mañana en mi boda y, obviamente, a Historia.

Con amor,

Frieda.

CONTINUARÁ.


¡Sorpresa! En efecto, Frieda ha vuelto. Hemos retrocedido en el tiempo, unas pocas semanas antes de que ella regrese a Erdia, durante su estadía en Mare.

¿No sé si han visto los gameplays de "Life is strange"? Es un juego RP (role play) donde, juegas desde la perspectiva de l aprotagonista, y tienes qué ir tomando decisiones que afectan el curso del juego; pero puedes revertir algunas de ellas. Entonces, eso es lo que está sucediendo aquí pero... ¿De verdad podrán ser felices Frieda y Zeke? Porque recuerden que soy Satanás con tacones xDDD

Respuestas a sus reviews

Esplandian: Lamento haberte hecho sufrir, pero si, a Zeke lo iban a forzar a casarse con Histo, pero luego de cosas que pasan en "La reina y el titan" pues, él y Pieck consolidan su amor y tienen esos lindos babys. Me alegra haber sido la primera XD

ParJeBin1203: Lo de Hanji y Levi fue entre la convivencia y la calentura XD Depende de cómo se desenvuelva el fic, puede que toque ese tema. Y si, Frieda debe estar feliz con Zeke en ese primer final.

Uri: Si, ¡Eren es tío! Al menos en ese primer final, y Zeke sí que le atinó, 2 de un sólo tiro! jajaja... bueno, fueron varios antes de atinarle :v

Y-mena: ¡Te dije! ¡Te dije! jajajaja, Ves como cumplí lo que comenté? Y si, en la reina y el titan, Pieck estaba embarazada, y de hecho asisten ella y Zeke a la boda de Histo y Reiner, y Pieck estaba ya casi a punto de parir... bueno no tanto pero casi xDD

Vane: Ya sabes que conmigo es una montaña rusa de emociones, si hasta por inbox lo es xDDD y si, gemelitos 3

Bri: Mi querida Bri, que me haces recordar lo doloroso que fue escribir la muerte de Frieda. Y como ves, esto todavía no se acaba, hasta que la "N" del fin se escriba jejeje. Besos linda!

Montse Juarez: Me alegra mucho ser un consuelo para tu depre. Qué lindo que tú y tu amor sean como Zeke y Pieck, me alegro por ustedes.

Y en este rewind, ¿Qué sucederá? ¿Frieda vivirá? ¿Podrá salvarla Grisha? Y si está Frieda, ¿Qué pasará con Pieck, Pokko y los demás personajes afectados por su muerte en el final anterior?

Pronto, la continuación. Por ahora, besos!

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