Regina entró con paso firme en el restaurante, miró hacia las mesas hasta que reconoció las figuras de Mary Margaret y David. Se acercó y observó que junto a ellos había otra chica a la que no conocía.

- Hola, chicos. – Regina saludó a sus amigos y se giró hacia la desconocida – Hola.

- ¡Regina! ¡Qué guapa estás! Mira, ésta es mi prima Kathryn – señalando a la otra chica – Kathryn, ésta es Regina.

- Encantada.

Resultó que Kathryn también había estudiado derecho. Vivía en Boston, pero estaba allí para entrevistarse con el director de un bufete de abogados de la ciudad el lunes siguiente.

- ¿Y tú qué, Regina? ¿Qué piensas hacer ahora?

- En septiembre comienzo un máster en Derecho Penal.

Al finalizar la cena, Regina y Mary Margaret se dirigieron al baño.

- ¿Qué te parece Kathryn?

- Mmm es simpática.

- ¿Solo eso? ¿Tienes una rubia despampanante delante de ti y lo único que se te ocurre decir es que es simpática?

- Espera, ¿intentas liarme con ella? – Mary Margaret sonrió ampliamente, no le importaba que su amiga hubiera descubierto su trama – Mary, no creo que le gusten las chicas o, al menos, yo no le gusto. No se ha fijado en mí en toda la noche.

- Regi, cariño, ella ya se había fijado en ti antes de conocerte. David y yo ya le habíamos hablado de ti… y le habíamos enseñado algunas fotos. Además, ¡mírate! Estás guapísima, hasta a mí se me están yendo los ojos. – Regina se sonrojó. La verdad es que se sentía guapa esa noche, llevaba un vestido nuevo color aguamarina, palabra de honor y hasta por debajo de las rodillas, junto con unos tacones altísimos blancos. La joven se miró al espejo del baño y se repasó el maquillaje – Mmm ¿te estás poniendo guapa para Kathryn?

- Puede – y sonrío pícaramente.

Cuando las dos chicas salieron del baño, David y Kathryn ya las esperaban en la puerta. Regina decidió observar bien a la chica, ahora que la veía de pie se daba cuenta realmente de lo despampanante, como había dicho Mary Margaret, que era. Kathryn era rubia, pelo largo liso con algunas ondas y ojos azul claro, "el patrón se repite" pensó resignada Regina. Era más alta que ella y el vestido blanco que llevaba permitía ver unas largas piernas y se intuía un cuerpo esbelto, "pues no está naaada mal". Kathryn se dio cuenta del escrutinio al que la había sometido Regina y en lugar de avergonzarse o enfadarse, la miró desafiante, colocó su melena sobre el hombro derecho y giró sobre sí misma para mostrar y lucir su cuerpo, consiguiendo que la única en darse cuenta de ese acto presumido fuera Regina.

- Bueno, chicas, ahora toca fiesta. ¿Preparadas para mover el esqueleto? Os voy a enseñar un par de pasos en la pista de baile que vais a flipar. – Las chicas rieron su gracia, David solía ser bastante serio, pero en su interior se escondía un joven fiestero y risueño que hacía aparición en ocasiones contadas y con gente de confianza.

Llegaron a la discoteca. Entraron y se dirigieron a la barra. David se pidió una cerveza, mientras que Regina, Mary Margaret y Kathryn optaron por un cóctel con sabor a fruta.

Tras acabar su bebida, Kathryn agarró a los demás y los arrastró a la pista de baile. Empezaron bailando los cuatro juntos, el chico y Kathryn se desmelenaron al ritmo de David Guetta, mientras que Regina y Mary Margaret bailaban más tímidamente. Al acabar la canción, David se dirigió a su novia, la cogió por la cintura y comenzó a bailar con ella. Este hecho dejó a Kathryn y Regina solas. Ambas se miraron y siguieron moviéndose al ritmo de la música, con distancia entre ellas. Regina observaba a la mujer que tenía delante, la verdad es bailaba bien, se contorneaba segura de sí misma, era muy sexy. Nuevamente, las miradas de la chica no pasaron inadvertidas para Kathryn, que se acercó a ella y le susurró al oído "¿te gusta lo que ves?", a lo que le respondió "¿tú qué crees?" mientras arqueaba una ceja.

- Voy a pedirme una cerveza. ¿Te traigo algo?

- Sí, tráeme otra a mí.

Katheryn se alejó rumbo a la barra, seguía moviendo sus caderas al compás de la música y Regina no pudo dejar de mirarla. En ese momento, Mary Margaret y David se acercaron.

- ¿Cómo va la cosa? Veo feeling. – David estaba inspirado.

- Jaja sí, no sé. Estamos flirteando, nos lo estamos pasando bien.

David continuó bailando, solo, a varios pasos de las chicas. Realmente estaba disfrutando de la noche.

- Me gusta verte así, Regi.

- ¿Así cómo?

- Sonriente, abierta, segura de ti misma. Te sienta bien coquetear, no recuerdo que lo hicieras antes.

- Pues no, nunca he coqueteado de verdad hasta ahora. Kathryn me lo pone muy fácil, no es un gran sacrificio intentar ligar con ella.

Una Mary Margaret aún más sonriente volvió al lado de su novio cuando Kathryn ya volvía. En ese pequeño intervalo de tiempo en que Regina se quedó sola, un chico se le acercó y comenzó a rodearla mientras bailaba.

- ¡Eh, chaval! La morena es mía. – Kathryn le tendió su cerveza a Regina y la cogió por la cintura con la mano que le quedaba libre, consiguiendo que el chico se alejara.

- ¿Soy tuya? ¿Desde cuándo?

- Esta noche, morena, tú eres mía y solo mía. – Y se colocó delante de Regina, con la mano aún en su cintura, la acercó hasta que sus cuerpos se juntaron y Regina puso un brazo alrededor del cuello de Kathryn. Y así, ambas volvieron a bailar, ajenas a las miradas y sonrisas de Mary Margaret y David.

La noche continuó y Regina y Kathryn cada vez estaban más cerca y las bromas eran menos inocentes. Regina se sentía tan cómoda que no le preocupaba que alguien conocido la viera en esa actitud con una chica. Casi por primera vez, estaba haciendo lo que realmente le apetecía sin pensar en los demás, sin pensar en el qué dirán. Simplemente estaba allí, bailando con una chica que le gustaba, con su mejor amiga cerca y el resto del mundo le daba igual.

- ¿Quieres salir un rato? Así cogemos aire y podemos hablar sin tener que gritar.

- Claro. Voy a avisar a David.

Ya fuera de la discoteca, las dos jóvenes caminaron los 5 minutos que las separaban del muelle y se sentaron en un banco, contemplando el mar y los barcos.

- Tienes que enseñarme a bailar así, todos se quedaban mirándote.

- No exageres, Regina, tú no bailas nada mal tampoco. Además, para qué quieres que todos se te queden mirando?

- A una le sube el ego cuando se siente deseada – Regina se mordió el labio, intentaba mandarle alguna indirecta a la rubia, pero no sabía cómo hacerlo.

- ¿Esta noche no te has sentido deseada? – parecía que a Kathryn no le hacían falta las indirectas.

- Bueno, sí… pero todo es mejorable. – Regina se incorporó y miró directamente a los ojos de Kathryn. La morena acarició la cara de la rubia y fue acercándose muy lentamente. Quería besarla, no sabía si era adecuado o no, pero llevaba buena parte de la noche esperando por un beso. Ambas chicas quedaron estáticas hasta que Kathryn abrió ligeramente su boca, acto que Regina tomó como una invitación. Y ocurrió, sus labios se besaron y sus lenguas bailaron juntas como si siguieran dentro de la discoteca. Ninguna de las dos sabría decir cuánto tiempo estuvieron así, se separaban, se miraban a los ojos y volvían a fundirse en un beso. De pronto, el móvil de Regina sonó, era Mary Margaret.

- Regi, la discoteca acaba de cerrar, nos vamos a casa. ¿Dónde estáis?

- En el muelle, esperadnos por ahí, ya vamos para allá. – Colgó el teléfono y se dirigió a la otra chica – Kathryn, tu primo y Mary Margaret nos reclaman.

Regina y Kathryn se levantaron del banco y comenzaron a andar.

- Me gusta que me llamen Kat. Lo de Kathryn es demasiado formal.

- Lo tendré en cuenta, Kat. - Se hizo el silencio – Mira, yo no suelo ser así, no me voy besando con chicas que apenas conozco… No digo que me arrepienta ni nada de eso. Pero eso, que no estoy acostumbrada a comportarme así. – Era cierto, cuando comenzó la noche, Regina no esperaba que terminara así - Me gustaría conocerte, espero que consigas el trabajo.

- Lo conseguiré, ya verás. – Le guiñó un ojo a la morena - ¿te apetece tener una cita conmigo? ¿Mañana, por ejemplo?

- Me encantaría.

Siguieron caminando en silencio, cada una pensando en sus cosas. Vieron a David y Mary Margaret dejándose llevar por la pasión al lado de la discoteca. Cuando consideraron que ya habían esperado lo suficiente, se acercaron "podéis respirar". David y Mary Margaret se separaron, avergonzados. Regina esa noche se quedaría en casa de su padre, que estaba cerca, así que los demás la acompañaron hasta el apartamento. Por el camino, David preguntó a Kathryn y Mary Margaret, a Regina. Ambos parecían emocionados con la idea de que esa relación estuviera saliendo bien.

- Bueno, yo me quedo aquí. Gracias por acompañarme. – Regina se despidió de sus amigos y subió al apartamento de su padre. Tras darse una pequeña ducha y lavarse los dientes, se acostó en la cama. Estaba pensando en Emma, seguía allí a pesar del tiempo y a pesar de Kathryn. Si Kathryn se quedaba en la ciudad y decidían darse una oportunidad, tenía que ser sincera con ella. Regina, con ayuda de su padre y su amiga, llevaba bastante bien el hecho de que le gustaran las mujeres. No estaba preparada para gritarlo a los cuatro vientos, pero sí estaba preparada para aceptar sus sentimientos hacia una mujer, quería enamorarse de una mujer. Y si se daba la ocasión con Kathryn, no la iba a desaprovechar.


Lo de Kathryn es arriesgado, lo sé. Espero que os haya gustado el capítulo!