Original: Spanish 2 Was All For You

Por: Polkahotness

Traducción: Tsubasaglz

Nota de traductora: Este fic en su idioma original se encuentra en inglés. La autora Polkahotness me dio el permiso para poder traducirle su excelente trabajo al español y espero poder hacer una buena adaptación a nuestro idioma, será algo difícil, ya que ella utiliza los dos idiomas, y aquí lo estaría traduciendo al español. Espero se entienda que es una clase de español y que los estudiantes no lo hablan del todo bien, para diferenciar lo que se encuentra en español desde la historia de origen he utilizado asteriscos (*). Hey Arnold! No me pertenece ni mucho menos el fanfic original (Spanish 2 was all for you). Yo solo estoy haciendo labor de traducción. Espero lo disfruten.

Capitulo 11: Experiencias cercanas a la muerte bajo las estrellas

Emergí del agua con un gran jadeo por aire, las aguas jalándome lejos de la tierra en la cual desesperadamente quería estar. Me retorcí intentando nadar hacia la costa, pero con poco éxito.

"¡¿Arnold?! ¡Arnold!" Grité sobre el sonido de la corriente de agua, y empecé a entrar en pánico mientras nadaba; buscando por esos mechones rubios que sabía debían de estar peleando contra el agua en algún lugar alrededor mío.

Recordé saltar, la mano de Arnold sostener fuertemente la mía mientras nos dejamos caer en lo que podía haber sido una muerte segura. Era una sensación extraña saltar sin la garantía de que estarías bien. Por una fracción de segundo mientras caía libremente en el aire, solo para tener el agua fría regresarme a la realidad. No recuerdo cuando Arnold soltó mi mano, pero no estaba en ningún lugar a la vista y estaba empezando a preocuparme que su idea de saltar se había vuelto contra él.

"¡¿Arnold?! ¡Criminal! ¡¿Dónde estás?!" El agua estaba forzando su camino a mi boca y hacia mis pulmones donde traté de toserla fuera mientras peleaba contra la fuerte corriente.

"¡Helga!" Lo escuché gritar desde dónde, no sé. Miré a mí alrededor pero no pude encontrar su cabeza saliendo del agua.

"¡¿Dónde estás?!" Pregunté de nuevo, mi cuerpo comenzando a cansarse de tratar de mantener mi cabeza fuera del agua.

"¡Agarra esto!" Gritó sobre el rugido de la cascada que solo estaba salpicando más agua a mi boca y a mis pulmones. Estaba comenzando a mecerme bajo el agua mientras se hacía más y más difícil mantenerme a flote.

Mis ojos desesperadamente buscaron a mí alrededor por lo que él quería que agarrara. Finalmente, una rama agitándose al frente con Arnold empapado en el otro lado de ella. Estiré mis brazos arriba para tratar de agarrarme a la rama, pero justo cuando mis manos la habían tocado se resbalaron y me fui rio abajo en su trayectoria aparentemente interminable.

El agua me estaba aventando hacia un lado y otro, empujándome como si fuera una muñeca de trapo con la fuerza de la corriente. Mi cabeza estaba bajo el agua ahora, mi cerebro comenzando a sentirse sumergido conmigo mientras sentí mi cuerpo hundiéndose más hondo bajo el peso de la enfurecida agua. Mis pies tratando de tocar el piso, pero parecía no haber fin para este rio en ninguna dirección.

Tal vez esto es todo. Pensé para mí misma mientras la poca fuerza que me quedaba continuaba peleando para mantenerme a flote… pero no tenía caso. Me estoy ahogando. Me voy a ahogar. En San Lorenzo. Y nadie nunca lo sabrá.

Bueno, Arnold lo sabría.

Al menos había sido con él. Al menos asi sería como terminaría, con Arnold cerca, aún si no podía verlo. Traté de imaginar la manera que me miró cuando acababa de llegar solo hacia unas horas. Él se veía tan feliz de verme y era un recuerdo al que quería aferrarme hasta que todo hubiera acabado.

Me enfoqué en esa memoria, en la manera en que sus ojos verdes habían brillado con la alegría que sabía que yo le había dado.

Me enfoqué en justo antes de que hubiéramos comenzado a correr por nuestras vidas cuando él casi me había besado. Se había sentido como que FINALMENTE todos mis sueños con cabeza de balón se estaban volviendo realidad.

Me enfoqué en los recuerdos de cada cosa amable que había hecho o palabra que me había dicho.

Me enfoqué en cada cosa tonta que había pasado entre nosotros, aún esta que estaba pasando ahora.

Nunca había querido vivir sin Arnold en mi vida, aun si no era más que la extraña amistad que de alguna manera habíamos desarrollado a través de los años. Me enfoqué en eso, en la amistad y en como él había salvado mi vida solo tantas veces antes que esto y ni siquiera él lo sabía.

Él no tenía que salvarme. Él ya lo había hecho. Él lo había ESTADO haciendo desde que éramos unos pequeños infantes luchando en el preescolar urbano.

El agua me mantuvo abajo bajo su superficie, determinada a asfixiarme con todas las memorias y secretos disparando ante mis ojos mientras me rendía de lugar por primera vez en toda mi vida.

La última cosa que vi detrás de mis párpados fue el hermoso y sonriente rostro de Arnold antes de que el mundo a mí alrededor se desvaneciera y dejara que la corriente finalmente pudiera ganar.

- línea…..

Creo que recuerdo un brazo alrededor de mi cintura.

Creo que recuerdo ser arrastrada a través de de las furiosas aguas y jalada a la costa.

Creo que sentí como el pasto picaba mi piel; frio por el baño improvisado que acababa de tomar en la jungla.

Pero yo había muerto, ¿o no?

Estaba muerta, flotando en el rio… ¿cierto?

Mis ojos se abrieron de repente para ver a Arnold sobre mí suplicándome por despertar. Sus manos estaban presionando fuerte contra mi pecho y después de un momento, mi cuerpo respondió tosiendo el agua que había tratado de llenar mis pulmones.

No pude evitar más que sentarme derecha y toser con todo lo que tenía hasta que mi garganta no pudo con la quemazón más. La mano de Arnold estaba gentilmente descansando en mi espalda mientras yo traté de recuperar el aliento.

"¿Estás bien?" Preguntó después de que me detuve de toser, su respiración también pesada de lo que fuera que hizo solo para salvar mi vida.

"¿Cómo… hiciste… tu-"

"Salté por ti." Respondió de inmediato, una pequeña sonrisa en su rostro. Exprimió su corra de agua que de alguna manera había logrado mantener a través de toda esta prueba.

"¿Por qué… harías… eso? ¡¿Eres-eres… TONTO?!"

Sus ojos se abrieron en señal de confusión ante mi reacción. "Te acabo de salvar la vida, y tú… ¿me estás llamando tonto?"

Me alcancé arriba para jalar mi cola de caballo de mi desordenado, (y ahora enredado) mojado cabello y agité la cabeza para dejarlo caer lacio y poder agruparlo junto y exprimirle el agua. "¡Tú… pudiste haber… muerto!"

Arnold cruzó sus brazos, claramente no divertido con lo que acababa de decir. "Y tu lo estarías si no te salvaba."

Suspiré y arrojé mi cabello hacia atrás; alcanzando a agitarlo un poco para que cayera de alguna manera lacio alrededor de mi cara. "Necesitas… encontrar a tus padres." Dije, mi respiración comenzando a ganar control de ella misma una vez más.

"Encontraré a mis padres, Helga… Pero no voy a dejarte morir en el proceso."

"Estaba bien, Arnold. ESTOY bien… en serio. No… no te preocupes por MI… cielos."

Arnold permaneció callado mientras yo peleaba con mi cabello, pero estaba comenzando a 'esponjarse' y mi fleco no cooperaba cayendo en una línea diagonal en mi frente en la manera usual que solía hacer cuando se secaba. En su lugar, insistía en curvarse hacia un lado, cubriendo mí ojo como una molesta cortina que no parece que puedas deshacerte de ella cuando todo lo que quieres es un poco de luz.

"Lo que tú digas, Helga. Lo que tu di-" Pero se interrumpió abruptamente en el momento que me levanté y me giré para encararlo.

Levanté una ceja y coloqué mis manos en mi cadera mientras lo miraba. "¿Qué?" Pregunté, sus ojos bien abiertos mientras continuaba mirándome fijamente.

Él me observó de cabeza a los pies, luego sus ojos se dirigieron a mi rostro de nuevo donde se entrecerraron en concentración por un largo momento. "Tú…" trató, pero solo negó con la cabeza con una risa de incredulidad. "No. No puedes ser."

Arrugué mis cejas juntas en confusión. "No puedo ser… ¿qué?"

Sus parpados se cerraron un poco antes de pestañear un par de veces y girarse para comenzar a caminar más adentro en la selva; dejándome atrás aún aturdida.

Dándome cuenta que no iba a regresar, corrí detrás de Arnold. No estaba por perderme con ese hombro loco La Sombrero y sus amigos tan cerca. "¡Oye Arnold! ¡Espera!"

Los pasos de Arnold se alentaron, pero continuó caminando hacia delante con determinación. Fruncí el ceño, trotando ligeramente para llegar a su lado. "¿Cuál es el problema, huh? ¿Estabas a punto de… deshacerte de mí allá atrás para valerte por ti mismo? ¿Abandonarme o algo? ¿Tirar el 'peso muerto'?" Me sentí al a defensiva de repente, mis palabras dejando ver mis inseguridades.

"¿De qué estás hablando? Tú no eres peso muerto. Y difícilmente diría que te abandoné, Helga. ¿Realmente crees que yo te haría eso?" Respondió, su atención aún puesta al frente mientras caminábamos juntos.

"Bueno… bueno NO, pero eso es solo porque eres un santurrón." Escuché su pequeña risa y continué. "Entonces respóndeme esto Arnoldo el Explorador – solo, ¿por qué fue la mirada?" Insistí, pero él no estaba a punto de dejar salir nada.

"¿Qué mirada?"

"Qué mirada." Repetí con irritación. "Tú sabes qué mirada. La MIRADA. La mirada que me diste en la cascada allá atrás."

Arnold miró hacia mí brevemente antes de regresar su atención al frente pisando sobre algunas ramas; yo lo seguí. "Necesitamos encontrar un lugar para sentarnos y pensar en lo que vamos a hacer."

"Estás evadiendo mi pregunta, Arnold…"

"Eduardo dijo que solo pasando la cascada habría un altar, pero no veo nada…"

"Bien. Así que solo ignórame. Eso está genial también." Dije, más para mí misma ya que Arnold estaba ahora (a propósito) perdido en sus pensamientos.

Gruñí y planté mi pie en la tierra suave debajo de mí. "Arnold. No me voy a mover un solo paso más hasta que tú y tu rara cabeza respondan mi pregunta."

Sus hombros se levantaron y dejaron caer mientras suspiraba y se giraba para verme con los brazos cruzados. "Solo estaba tratando de recordar algo. Eso es todo."

"¿Bueno, qué? Debe haber sido important-"

"Lo fue. Lo es, en realidad. Pero… pero no ahora."

Reflejé su postura mientras nos veíamos a la cara. "Sabes que eso no tiene sentido, ¿verdad?"

"Lo que no tiene sentido es Eduardo diciéndome las indicaciones hacia el altar de los Ojos verdes AHORA y no hace MESES cuando empezamos a buscarlos por primera vez…"

Me callé, al darme cuenta del punto de Arnold.

"¿Quieres decir…?" Pregunté, sin necesidad de terminar mi oración para que Arnold entendiera la pregunta.

"Si. Eduardo… me mintió." Su mirada bajo hacia el suelo, donde cerró los ojos en claro dolor y decepción. "Pero… ¿por qué?" Era una pregunta abierta, una a la que no tenía respuesta.

¿Por qué alguien, de hecho, que alguna vez había sido tan cercado a aquellos que supuestamente estaban buscando buscaría retener tal información?

Quería alcanzarlo. Quería envolver a Arnold en un abrazo cálido que se llevaría todo el dolor; algo de esa traición.

Pero él se giró de nuevo, sus ojos ahora arrastrándose desde la tierra hacia el cielo; las estrellas brillando arriba de nosotros. "Deberíamos acampar."

"¿Acampar? ¡Estás loco! Ellos están JUSTO DETRÁS DE NOSOTROS." Gesticulé hacia la negrura general de la selva de donde habíamos salido.

Arnold negó con la cabeza y comenzó a caminar de nuevo, esta vez buscando cuidadosamente en nuestros alrededores. "Saltamos de una cascada. No vendrán tras nosotros – al menos no esta noche. Nadie quiere estar en la jungla solo después de oscurecer."

Lo cual era genial considerando cual era nuestra exacta posición en la que estábamos.

Solos, en la selva cuando DEFINITIVAMENTE había anochecido.

Casi al instante fui dolorosamente consciente de los sonidos que nos rodeaban que no conocía, sonidos que odiaba admitir que me asustaban. No tenía conocimiento sobre insectos y vida de la selva como Nadie. No había estado en la selva por meses como Arnold. Todo lo que yo tenía eran mis dos puños, mi ingenio increíble y mi mirada molesta, lo cual no me llevaría muy lejos de aquí.

Arnold sintió mi malestar.

"Estará todo bien." Aseguró, deteniéndose en un área semi-abierta rodeada con árboles tan altos como rascacielos. "Nos quedaremos aquí esta noche y cuando nos levantemos en la mañana, podremos pensar en un plan."

"¿Y qué pasa si nosotros NO PODEMOS pensar en un plan? ¿ENTONCES qué, Einstein?"

Se quitó la mochila de los hombros y abrió el compartimiento principal para dejar caer un montón de papeles empapados (ahora inservibles) en el piso de la selva; un familiar libro forrado en piel hacia el suelo con ellos. Rápidamente, tiró la mochila y alcanzó el diario, abriéndolo con una sonrisa y girándose para mostrarme sus páginas casi secas. "ESTE es nuestro plan, Helga."

"¿Y esas bolas de papel?" Apunté hacia los papeles mojados abajo que Arnold había estado tan decidido en reunir antes de dejar su choza en nuestra huida salvaje. Miré hacia mi blusa abajo para ver las pocas páginas que había logrado sacar de su choza habían desaparecido hacía mucho tiempo después de mi excursión por el rio.

Arnold se encogió de hombros, no preocupándose en lo más mínimo - o al menos no lo estaba mostrando. "Pensé que los necesitaríamos, pero no. La mayoría de esos consejos eran falsos de todos modos."

Me moví para sentarme en una roca grande cubierta por una fina capa de vegetación. "¿Así que estas intentando decirme que todo lo que tenemos es una mochila mojada, un fajo de sinsentido mojado y ESE diario?" Apunté un solo dedo hacia donde él sostenía el libro de piel apretado contra su pecho.

"Y el uno al otro." Aún en la oscuridad pude ver su sonrisa brillante iluminando hacía mi dirección.

Mis mejillas se encendieron con fuego debajo de mi piel e imaginé que estaban rojas por su comentario. Sin duda Arnold se habría dado cuenta de no haber sido por la total oscuridad de la noche.

Di gracias al cielo por la noche.

"¿El uno al otro, he?" Arnold asintió su cabeza ante mi declaración. Golpeando mis manos sobre mis muslos, me levanté para dar un suspiró profundo tembloroso. "Está bien, Cabeza de balón. ¿Qué tenemos que hacer?"

- línea -

Nos tomó a Arnold y a mi menos de una hora y media construir una choza de hojas, ramillas, ramas y otras cosas diversas de la naturaleza para que pudiéramos tener un 'refugio' para la noche.

Arnold hizo casi todo el trabajo, por supuesto, viendo que yo no tenía idea de lo que estaba haciendo. Pero no pareció importarle; solo disfrutó de tener alguien con quien hablar, aunque solo fuera yo.

Aunque probablemente fui una compañía bastante mala con mi falta de conversación.

Mi mente continuaba vagando mientras miraba a Arnold construir la choza. Me enfoque en la manera en la que los músculos e sus brazos se trenzaban mientras amarraba ramas juntas usando la 'cuerda' que yo había hecho pelando la parte flexible de las ramas como si fueran trozos de queso – por su instrucción. Me maravillé ante su ahora piel bronceada, pareciendo más oscura en las sombras de la noche. El tono más oscuro de su piel cubriendo su cuerpo suavemente; como un satín al que quería alcanzar y acariciar.

Arnold ya no era el pequeño niño del cual me había enamorado por primera vez tan tiempo atrás y tan joven. Había crecido a un joven varón, un HOMBRE, y no fue hasta ahora que realmente me había tomado el tiempo para notarlo. Había pasado tanto tiempo observándolo desde mi memoria, sueños y fantasías locas específicas que nunca me tomé el tiempo para mirar hacia Arnold por todo lo que se habría convertido desde nuestros días de primaria en la PS 118.

No ayudaba que estaba tan decidida a mantener mi amor por él en secreto que raramente me encontraba capaz de mirar hacia él por largos periodos de tiempo. Nunca había una OPORTUNIDAD de observar o confirmar al hombre en el cual había crecido en mi memoria. Siempre me había atrapado cuando me quedaba observándolo y yo siempre desviaba la mirada, un insulto, un girar de ojos o algo más que pudiera pensar en lugar de decirle la verdad o confesar los sentimientos que frecuentemente eran polizón de mi oscuro corazón.

Un oscuro corazón que siempre había encontrado su luz en el resplandor de los ojos perforantes de Arnold y su sonrisa acogedora.

Él se levantó de su posición agachada previa y se limpió sus manos cubiertas de tierra en los muslos de sus jeans. Cuando se giró para recoger algunas ramas más flexibles de la pila que habíamos recogido, me mordí el labio y silenciosamente me tomé el tiempo para inspeccionarlo de arriba hacia abajo.

A pesar de su apellido, Arnold había crecido como hierba en su pubertad; ya no un hombre pequeño si no situado casi en los nada despreciables 1.79 metros. Solo podía suponerlo basado en mi propia altura que era 1.72 así que él no era MUCHO más alto que yo, pero aún así tenía que bajar la mirada cuando miraba hacia mí.

Tenía esta clase de efecto extraño en mi, él mirando hacia abajo en lugar de arriba hacia mí. No era demasiado aficionada al sentimiento de debilidad o de que necesitara protección como alguna frágil damisela en una película de Disney, pero cuando Arnold bajaba la vista hacia mí desde los pocos centímetros que tenía arriba de mí – me sentía segura. Su altura no me hacía sentir débil, inferior o como una pelele quien necesitaba protección y ser rescatada, sino más bien como un IGUAL quien era DIGNA de protegerse y un PRIVILEGIO salvar.

Rodé los ojos ante el festejo en mi pecho por el pensamiento.

La otra cosa sobre el camino a través de la pubertad de Arnold fue que tan pequeña su cabeza parecía verse. Había gastado nuestras vidas completas llamándolo 'Cabeza de balón' en una forma extraña basada solemnemente ante su inusual forma de su cabeza, pero ahora que él había madurado y… llenado un poco más (esos hombros… esa fuerte espalda… tragué saliva), no se vería tan inusual. Casi como si él hubiera… crecido en ella. Aún tenía su forma oblonga, sin embargo, un recordatorio reconfortante de lo que había sido como un niño y probablemente de lo que siempre sería.

Mi ángel con cabeza de balón.

"¿Helga? ¿Podrías traerme esas hojas enormes que encontraste? Quiero usarlas como techo…" Dijo, su tono ligeramente preocupado mientras sostenía junto la parte de arriba de la choza esperando para que yo llevara las hojas.

"¿Ajá? ¿Y qué obtengo yo a cambio?" Pregunté juguetonamente, llevando un mis brazos llenos de ellas hacia él.

Me miró con suspicacia, por una razón que no podía entender, y comenzó a tomar las hojas una por una para solaparlas en la parte superior de la choza; haciendo un techo muy eficaz y bastante resistente.

"¿Una cabeza seca? A menos…" Su voz de apagó.

Ladeé la cadera y puse la mano sobre ella. "¿A menos…?" Repetí, haciendo girar una mano en círculos como gesticulando para que él terminara la frase.

"… A menos que quieras mirar a las estrellas o algo. Son… son impresionantes aquí afuera." Miró hacia la negrura que nos rodeaba, sus manos estirándose como tratando de enseñarme algo. "Sin luces y todo. Realmente brillan." Explicó, casi tratando de venderme la idea de dormir bajo las estrellas. Después de un momento, dejó caer sus brazos a los costados de nuevo.

Su tono era suave como mantequilla. La voz de Arnold había desarrollado una calidad baritonal desde que se había comenzado a romper cuando estábamos en sexto grado. Sonreí internamente ante la memoria. Había estado tan avergonzado cuando hablaba; un constante sonrojo en sus mejillas cada vez que lo veía. Pero yo sabía, como todos los demás, que florecería en ella.

Y chico, que tan correcta había estado.

Su voz casi me recordaba al hot butter brandy (bebida) que Miriam a veces tomaba en las noches frías de invierno. Una vez me había dejado probarla; era una combinación reconfortante y tranquilizadora que recubría la garganta mientras se deslizaba hacia mi esófago. Es curioso como la primera cosa en la que pensé fue en la voz de Arnold, la forma en la que me reconfortaba y me tranquilizaba aún contra mis propios deseos en ocasiones. Tenía un poder sobre mí, especialmente con esa voz suya. Sensual, atractiva, calmada, profunda y cálida – tonos de ámbar dorado bailando a través de las ondas del sonido de su voz que bailaban su camino hacia mis oídos.

Me tuve que sacar a la fuerza de mis pensamientos solo para obtener una respuesta. ¿Qué había dicho de nuevo?

"Uh…" Conseguí decir, pero Arnold se encogió de hombros.

"Probablemente tienes razón," dijo rápidamente, a pesar de que no tenía la razón en nada – ni siquiera había respondido apropiadamente. "Probablemente deberíamos tener un techo. En caso de que llueva."

Estrellas.

De repente recordé qué era lo que me había preguntado.

Él había querido mirar las ESTRELLAS.

Me revolví intentando salvar mi oportunidad para observar las estrellas con Arnold, una oportunidad que podría nunca volver a tener; especialmente bajo las circunstancias. "No. No, no. Estrellas… quiero decir, LAS estrellas…" Aclaré mi garganta, el aire a mí alrededor de repente sintiéndose pesado en mis pulmones.

Intenté de nuevo. "Podríamos… podríamos mirar hacia ellas. Las estrellas."

Una gran sonrisa iluminó su rostro ante esto. "¿En serio?"

Me encogí de hombros cansada, envolviendo mis brazos alrededor de mi cuerpo, en un esfuerzo por calentar mis fríos brazos desnudos que ahora lucían una piel de gallina. "S-seguro, porque no. Digo… SUPONGO que podemos. Viendo que tú dices que son tan lindas y todo."

La selva estaba resultado un escape agradable del mundo en el que habíamos crecido. Aquí afuera en el medio de la nada, éramos libres de ser lo que estábamos obligados a ser.

Y mientras la selva tenía un montón de cosas aterradoras – como animales, plantas venenosas y hasta la tierra misma con su impredecible naturaleza – era aun mejor que nuestro mundo civilizado.

'Nuestro mundo' era un mundo lleno de contaminación, basura, gente llena de odio y decepción. 'Nuestro mundo' no era nada como el mundo de la selva de San Lorenzo.

A pesar de la amenaza de La sombra acechando a la vuelta de la esquina en alguna parte, parecía que las personas de odio existían en cada esquina del plañera – aun en los rincones 'sin tocar' por el hombre.

Pero el hombre no podía tocar las estrellas, sin importar cuando lo tratara. Podíamos arruinar la Tierra, matar la única cosa que nos mantuviera vivos, pero no podíamos destruir las estrellar que brillaban intensamente hacia nosotros; imparciales de lo que habíamos hecho o lo que haremos.

Eran intocables. Pero hermosas a la vista. Incluso si era solo a través de una pequeña 'ventana' en la aún más pequeña choza en el medio de una gran selva. Una pequeña choza con apenas suficiente espacio para dos personas adultas.

Bien por mí, pensé para mí misma, tratando de acurrucarme lo más cerca de Arnold mientras él se recostaba a mi lado con sus brazos sosteniendo su cabeza como una almohada. No pude evitar más que mirarlo mientras él observaba hacia las luces parpadeantes en el abismo negro del cielo. Una sonrisa suavemente descansando en sus labios, sus ojos buscando los cielos arriba.

Con esfuerzo, alejé mi mirada de Arnold para hacer lo mismo y mirar a las estrellas más brillantes que había visto en toda mi vida.

Arnold tenía razón. Eran impresionantes.

Las mismas viejas estrellas que había visto toda mi vida, solo más brillantes aquí. Vibrando.

Me sentí como una estrella brillando en la penumbra de la selva. Si las mismas estrellas que parecían tan débiles desde mi ventana en casa podían brillar tan resplandecientes en este ambiente diferente… ¿No podía yo brillar resplandeciente también? ¿Brillar a mi máximo potencial?

Incluso la luz del pequeño fuego que ardía justo afuera de la choza no podía atenuar las estrellas aquí.

La voz de Arnold captó mi atención.

"¿Sabes lo que siempre he pensado sobre las estrellas? ¿Cuándo miraba hacia ellas mientras crecía?" Preguntó, su voz tan lejana como las brillantes luces parpadeantes en el cielo.

"¿Y, en qué es eso?" Pregunté, mi atención enfocada en su voz mientras hablaba.

"Siempre me pregunté," empezó, sus palabras cuidadosas y lentas como si tratada de hilarlas juntas en una manera específica. "Siempre me pregunté si mis padres estarías mirando hacia arriba en el mismo momento que yo. Allá en Hillwood. Me hacían sentir… más cercano de alguna manera. Es reconfortante pensar que alguien allá afuera está compartiendo algo contigo, aunque sea tan simple como las estrellas."

Sus ojos se miraron lejos del cielo casi avergonzado. "Eso suena tonto, ¿no?"

Negué con la cabeza, sin hablar ante sus palabras. "P-para nada…" Mi voz de apagó, junto con mis pensamientos.

Mis pensamientos eran sobre el poema que juré que le leería a Arnold cuando hicimos nuestro trato hace meses atrás. Él me enviaría su música, y yo le leería un poema.

Había pasado incontables horas memorizándolo, esperando que cuando mi oportunidad llegara para recitarlo, pudiera decirlo sin esfuerzo en alguna manera de hacer llegar el mensaje. No estaba familiarizada con leer poesía en voz alta, después de todo. Todos mis poemas se quedaban encerrados en diarios que nadie se atrevía a mirar. Los únicos que habían visto la luz del día habían sido por ese maldito loro y mi primer libro de poemas… el que creía que Arnold aún tenía con él… en alguna parte.

"¿Arnold?" Pregunté, mi voz pequeña y asustada mientras me preparaba a mi misma por un muy, muy valiente movimiento.

"¿Si, Helga?"

"Yo, uh… he pensado en eso antes… antes también." Instalé, su cabeza se giró para verle mientras estaba acostada a su lado.

"¿En serio? ¿Sobre la cosa de las estrellas? Huh" Sonrió hacia mí, luego regresó su mirada arriba hacia las estrellas, su mente perdida en algún lugar.

Pero esto era. No podía acobardarme ahora.

Tú sabes el poema, Helga. ¡Lo recitaste cada día en el espejo como un bufón! Puedes hacer eso, Helga, chica…

"¿Recuerdas… recuerdas ese trato que hicimos? ¿Por la cámara web?"

Arnold asintió con su cabeza, una sonrisa expandiéndose en su cara. "Por supuesto que lo recuerdo. Ibas a leerme un poema como pago por mi música."

Me quedé impresionada ante su respuesta inmediata como si hubiera estado pensando sobre eso todo el tiempo.

"Cierto…" Arrastré, "¿y el otro trato? ¿En el que te digo a donde iría si pudiera desaparecer en cualquier lugar?"

Su cabeza lentamente se giró hacia mí, sus ojos curiosos por hacia donde iba de repente con este tema. "¿Qué pasa con eso?"

Las estrellas parecían girar sobre mí, un remolino de luces bailando ante mis ojos; provocándome para seguir adelante con mi trato. "Aún… ¿quieres saber?"

"¿Cuál de las dos?"

"Ambas." Tragué el peso seco de mi garganta que había estado construyéndose en mi garganta con cada palabra que hablaba.

"¿Al mismo tiempo?"

Criminal, ¿qué parte de esto no estaba entendiendo?

"Ajá… algo así como… que mate dos pájaros de un tiro."

Asintió con su cabeza, sus ojos enfocados en las estrellas sobre nosotros.

"¿Así que quieres escucharlo, o qué?" Solté, más con miedo que enojo.

Arnold dio una risita, "Me encantaría escucharlo."

"¿No ve vas a hacer que lo traduzca, o si? Poooooorque estaba algo así como esperando que me dejaras saltar esa parte. Viendo que ya soy MUCHO mejor en Español que cuando empezamos al inicio y con nuestra situación actual y quien sabe cuando regresaré a clases de todas formas…"

Parecía que lo había convencido porque no intento siquiera pelearme. "Puedes decirlo en Inglés, Helga. Solo somos tu y yo aquí de todas formas."

Ajá, Arnold. Como si necesitara que TÚ me recuerdes eso. Mi corazón ya lo hizo cada vez que veo tu dulce y diabólicamente guapo rostro. Ese rostro por el cual he esperado con cada momento pasado para alcanzarlo y atraerlo para así poder besar esos dulces, suaves labios y-

"¿Así que voy a escucharlo o qué?" Preguntó, imitando la manera que yo había dicho esas mismas palabras hace un momento.

"Mira, mira. Te has vuelto descarado, Melenudo."

"Ajá… y TÚ te estás demorando."

Él tenía razón, sin embargo – Yo lo estaba demorando.

No estaba muy deseosa de soltar mis sentimientos en una forma poética por el momento, pero ahora era un buen momento como ningún otro. Al menos con poesía podía decir lo que fuera que quisiera… y luego dejar que el LECTOR analizara el resto; si eso deseaban.

Con una respiración profunda, preparé los nervios ahora salvajes en mi cuerpo por lo que estaba apunto de hacer. No era como si él no hubiera leído mi poesía antes, solo que… él no sabía que era mía, eso es todo…

¿Qué clase de consecuencias esperan? ¿Qué dirá él? ¿Lo entenderá todo? Por supuesto que él lo hará, no es un COMPLETO idiota…

Mis pensamientos vagando salvajemente, tratando de distraerme de la tarea en cuestión.

Una respiración más, adentro… afuera… Arnold esperó pacientemente para que yo empezara, claramente sabiendo que esto no era algo que hubiera hecho antes.

Estrellas, Helga… solo enfócate en las estrellas. Me dije a mi misma, pegando mis ojos hacia arriba en los puntos de luz mirando hacia abajo con un raro sentido de aliento.

La adrenalina bombeo a través de mí y antes de que lo supiera… estaba hablando.

"Sombríos sueños me despiertan.

Besos de pesadillas me agitan.

Luz de estrella sangrando en el cielo;

Es en su luz que encuentro tus dulces ojos.

Brillan como tus estrellas de mundos distantes,

Mientras yo, prisionera, contemplo

Si esas estrellas que tú miras hacia arriba

Tienen algún consuelo ahora que ya no estás.

Centellan, brillan, y yo no puedo evitar mirar.

Mi mente empieza a preguntarse si brillan por allá.

¿Centellan para ti de la misma manera que lo hacen para mí?

¿Te ofrece consuelo el saber qué observas

el mismo grupo de estrellas iluminando el cielo

de los que hace tanto tiempo las vieron y se fueron?

Pero las estrellas, oh las estrellas, guardan recuerdos y sueños –

Guardan deseos y quereres en la luz que desprenden.

Si esa luz fuera alas que pudieran llevarme lejos

Solo cerraría los ojos y escaparía de este lugar.

Volaría entre la noche con la luna como guía;

Dejando mis inseguridades y mi orgullo.

Es la selva a donde correría; a tu lado me quedaría.

Porque solo la luz de estrella en tus ojos puede los malos sueños alejar."

Cerré mis ojos fuertemente mientras me acostaba congelada al lado de la musa de cada uno de los poemas que hubiera escrito; incluyendo el que acababa de recitar para él.

Sin embargo él no habló, lo cual solo me asustó más. Lentamente abrí mis ojos y di un vistazo a Arnold quien tenía sus ojos puestos sobre mí.

Toda la noche había estado alternando su atención entre nuestra plática y esas estrellas arriba, pero justo ahora – su atención estaba en mí… su mandíbula abierta un poco.

"Helga… eso fue-"

Pero todas mis inseguridades estaban de regreso inmediatamente y con toda su fuerza.

Le levante de rápido para sentarme y gatear fuera de la choza en completa vergüenza por lo que básicamente acababa de admitir a través de palabras escritas. "¿Tonto? ¿Estúpido? ¿Sin inspiración? ¿Sin imaginación?" Estaba ahora fuera de la choza, tratando de escapar del aire incómodo que había dejado atrás con Arnold.

Las palabras seguían fluyendo de mi boca mientras trataba de terminar la oración de Arnold por él. "¿Vergonzoso? ¿Patético? ¿Lamentable? Toma una, tengo bastantes." Finalicé, girándome para ver hacia él ya que me había seguido afuera de la choza en dirección hacia el fuego que aún no habíamos apagado.

Una sonrisa estaba en su rostro mientras me observó, sus ojos careciendo de cualquier tipo de juicio o dureza.

Esperó por un momento para ver si yo había terminado, lo cual había hecho, y luego metió sus manos en sus bolsillos con un (e increíblemente sexy) encogimiento de hombros mientras me miraba a través de sus pestañas. "Maravilloso". Me miró ahora por completo, sonriendo casi tímidamente. "Iba a decir maravilloso."

Miré hacia él con estupor, mi corazón deteniéndose un momento. "Espera… ¿en serio?"

Él asintió con la cabeza, su sonrisa volviéndose más grande. "Si, Helga. En serio. Fue… increíble. No sabía que podías escribir así."

Las sombras del fuego que habíamos hecho danzaron en su rostro mientras lo veía.

"Ajá, bueno, en realidad hay MUCHAS cosas que puedo hacer que tú y esa cabeza tuya posiblemente no puedan imaginar, ZOPENCO." Apunté con un dedo amenazando hacia él, estrechando los ojos ligeramente.

Maravilloso… pensó que mi poema era- MARAVILLOSO…

Estaba emocionada, pero demasiado miedosa por demostrarlo.

¡No puedo creer que dijo que era MARAVILLOSO!

Pero entonces de nuevo, ¿Qué había realmente esperado que dijera él?

No había esperado un 'maravilloso', pero sabía que al menos él diría que era bueno. Más que nada porque aunque él lo hubiera ODIADO, nunca lo diría. Es solo quien era Arnold.

Una hermosa, amable, compasiva y comprensiva persona con un corazón de oro puro para combinar con su maravillosamente desordenado e increíblemente con delicioso olor cabello.

"¿Realmente lo piensas? Preguntó de repente, mis labios curveándose hacia abajo en un gesto suave mientras le daba la espalda.

Era una pregunta cargada.

¿Realmente lo piensas?

Era generalizado; podía ser tomado en cualquier contexto que yo quisiera y con cualquier respuesta que decidiera dar. Él estaba siendo tramposo, ese Arnold. Tramposo e increíblemente pasivo.

La pregunta era… ¿Cómo él QUERÍA que yo respondiera?

"Es un poema, Arnold. Y YO creo que la poesía está para la interpretación del lector."

Él frunció sus cejas juntas en una frustración salvaje. "¿REALMENTE no vas a decirme?"

Lo pensé por un momento. Claramente estaba tratando de hacerme soltar la sopa sobre mis sentimientos que estoy segura que sabía que tenía. No era como si la idea no hubiera pasado por mi cabeza en ALGÚN LUGAR… la gente no solo olvida confesiones como la que le había dado a él hace nueve años.

Nueve años… ¿realmente había sido hace tanto? Y de alguna manera aun, se sentía como si solo hubiera pasado ayer.

"¿Helga?" Preguntó de nuevo, rogando con sus ojos. "¿Por qué no me dirás?"

"Porque." Dije simplemente, dándole un guiño juguetón. "Arruina la diversión. Te mantiene preguntándote. Soy todo más que suspenso y anticipación." Levanté mi ceja con una sonrisa y me senté junto a fuego que aún estaba bastante fuerte.

Escuchamos el crepitar el fuego; las flamas estallando en un ritmo impredeciblemente desordenado. Arnold se mantuvo donde estaba, su cuerpo una estatua de preguntas sin resolver.

Después de unos minutos habló con una inusual voz rasposa. "Tú querías venir aquí." Era una declaración, un hecho del que estaba seguro.

Me mantuve en silencio donde estaba sentada, mis ojos bailando con las llamas.

"Aún antes del deslave. Tú querías… por mí."

Su voz se quebró en su correspondiente pronombre. Estaba seguro… ¿o no?

"No deberías tener que haberlo hecho solo." Dije solo un poco más fuerte que un susurro.

"No esperé que nadie viniera a ayudarme. Era mi propio asunto… Nunca te pedí que me siguieras-"

"No tuviste que hacerlo." Me giré para verlo, pequeñas lagrimas en mis ojos. Esperé que él no las viera como estaba segura que brillaban con la luz del fuego que había estado mirando ciegamente. "Pero ni siquiera lo intentaste." Mis palabras estaban empapadas de rencor, en debilidad e inseguridad.

"¿Así que se suponía que debía de pedírtelo? ¿Tú, quien te habías reído de mí y llamado por apodos toda mi vida? ¡Pensé que me odiabas!" Su voz era más alta; defensiva.

"NO, Arnold." Me levanté enojada, mis pies cavando en la suave tierra debajo de mí. "No lo hacías. YO SÉ que no lo hiciste y no puedes decirme O a ti mismo de alguna manera. Tu SABES que yo no te ODIO."

"¿Por qué? ¿Porque hace nueve años tú pensabas que me amabas? Teníamos NUEVE, Helga. ¡No sabías lo que es el AMOR, NADIE lo hacía a nuestra edad!

Mis músculos se tensaron ante sus palabras, cada una penetrando como pequeños alfileres bajo mi piel. Apreté los puños a mi lado.

"YO LO SABÍA. Lo sabía desde los TRES años, Arnold. ¡Supe lo que era el amor desde EL MOMENTO que puse mis OJOS en tu estúpida cabeza de balón!"

Maldita sea… Pensé una vez que las palabras habían pintado el aire entre Arnold y yo… ¿Lo hice otra vez, no?

"¿Y QUÉ era? Si estabas tan segura, ESTÁS tan segura, entonces ¿QUÉ ES?" Él ahora estaba gritando, no con enojo sino con determinación.

Determinación de obtener algunas respuestas, aun si solo eran sobre nosotros y nuestra pequeña relación subibaja.

"AMOR es…" Mi voz se perdió en el pensamiento distante mientras trataba de AYUDARLO a entender en lugar que esperar que lo hiciera.

Angela me dijo eso.

"Amor es," repetí con sinceridad "todo lo que no tenía en mi vida hasta que te conocí. Tú y tu estúpida sombrilla de esperanza."

Él se suavizó, su cuerpo relajándose como si mis palabras hubieran amasado sus rígidos músculos y extinguido las flamas de su fuego interior.

Su boca se abrió como si fuera a decir algo pero no tuviera palabras para explicar lo que quería decir. En su lugar, sus ojos buscaron los míos antes de hablar de nuevo. "¿Mi sombrilla?" Instaló, un tono falso de confusión en su voz.

"No tiene caso intentar explicártelo, Arnoldo. Si no lo recuerdas… bueno, esa es toda la respuesta que necesito. Así que gracias, supongo."

Regresé a mi lugar en el piso y estiré los brazos para calentarme las manos contra las ahora brillantes gemas de fuego.

Por el rabillo del ojo, vi a Arnold girarse vencido y hacer su camino hacia la choza. Justo antes de gatear adentro, se volteó y me miró hacia mi donde estaba sentada desafiante.

"Hubo un tiempo en mi vida cuando pasar una hora contigo a solas era peor que una pena de muerte," Dijo suavemente, solo lo suficientemente fuerte para que yo lo escuchara.

Giré mi cabeza para mirarlo mientras hablaba, sus palabras deliberadas. "Pero no es así ahora." Negó con su cabeza cerrando los ojos suavemente concentrándose en sus palabras, "Ahora… ahora es como si anhelara estar cerca de ti. Me GUSTA cuando hablamos y cuando me llamas todos esos apodos que solía odiar tanto. La cosa es… SIEMPRE supe que te gustaba, al menos en ALGUNA manera y tal vez siempre supe que me gustabas también pero…"

Su voz de apagó, llevándolo en otra dirección. "¡Dios! Desperdicie tanto TIEMPO tratando de entenderte y analizarte. Quería meterme dentro de tu cabeza y ver porque hacías todas esas cosas que hacías y porque nunca lo dejabas ir. Quería respuestas para todas mis preguntas ingenuas… Pero me doy cuenta ahora que realmente nunca importó porque TENGO mi respuesta y TODAVÍA no puedo dejar de pensar en ti. Estás… grabada en mi cerebro y no puedo hacer que me dejes solo, aún en mis propios pensamientos."

Nos miramos el uno al otro, el fuego pronto consumiéndose dejándonos a los dos en completa oscuridad; nuestros ojos aún fijos a pesar de él hecho de que no podíamos vernos en la noche de la espesa selva.

"Entonces solo deshazte de mí." Dije mordaz, mi tono duro.

"No quiero." Dijo en una manera bastante casual. Giré rápido para verlo mientras se mantenía en posición de gateo en la choza. "Me gusta tenerte allí. Me gusta tenerte AQUÍ."

Resoplé a pesar de mi obvio interés en lo que estaba diciendo. "Estoy segura."

"Bien. No me creas. Uno de estos días me voy a cansar de esperar a que te decidas a ser la chica a la que le sostuve la sombrilla hace todos esos años." Mis ojos se abrieron grandes ante su admisión de ese recuerdo al que me había aferrado mi vida entera. "¿Qué pasó con ella?" Preguntó antes de girarse y desaparecer dentro de la minúscula choza; dejándome a mí y mis pensamientos repasar todo lo que había ocurrido junto al ahora disminuido fuego.

Las palabras de Arnold reproduciéndose en un frenesí dentro de mi cabeza. Aquí estábamos con mi amor sobre la mesa y su propia confesión allí para recibir y AÚN así no podía hacer que yo misma le diera la atención, amor y apoyo que siempre había querido darle. Me senté obstinadamente en la noche que me rodeaba como una manta hecha de un abrumador vació y cosida con arrepentimiento.

¿Qué había por hacer ahora que Arnold lo sabía todo? ¿Ahora QUÉ? Pensé para mí misma mientras me recostaba para descansar en el frio piso que no ofrecía ningún soporte para mi, o mi espada o mi cuello.

Toda mi vida había imaginado como sería una vez que admitiera todo a Arnold de una vez por todas sin retractarme.

Solo que nunca imaginé que sería así.

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Nota de la autora original (Polkahotness): Siento el abrupto final, pero creo que queda. Además, como Helga, soy todo suspenso y anticipación

Manténganse cerca, esto puede haber sido bastante cursi, ¡pero no teman! La acción regresará lo suficientemente pronto.