Los personajes son de Meyer; la historia, mía.


10. TENTANDO

Aún no salía de mi asombro frente a lo que mencionaban las que al parecer eran las memorias del bisabuelo Charlie, narrando "todo lo que había aprendido" en sus viajes a la India. ¿A caso la bisabuela habría disfrutado de aquel conocimiento de su esposo, o solamente lo habría reservado para sus amantes? Supongo que por lo poco que conocía de los hombres me inclinaba más por la segunda opción, aunque, asumir era un mal negocio.

En mi cabeza se estaba formando un plan macabro para acabar con las ideas descabelladas del señor Masen de hacer que yo fuera su esposa. Aunque debía ser muy cuidadosa para que solamente él lo creyera sin comprometer realmente mi reputación. La idea era casarme algún día, muy, muy, muy, muy lejano y con alguien que fuera de mi agrado; bueno él es de mi agrado, pero no me conviene estar cerca de un hombre capaz de hacerme perder la cabeza y de romperme el corazón al mismo tiempo.

Sí, lo cierto es que ya no lo podía negar más. El amor no era una fantasía, era una realidad, una enfermedad que no siempre resultaba bondadosa con quien la padecía. Mis padres habían sido bendecidos con un amor recíproco y dentro de su propio hogar, pero la mayoría de las veces no era así.

Bien lo decía el bisabuelo Charlie que jamás pudo superar su desenfrenado amor por la esposa de un mercader de especias con quien tuvo trato por varios años, a quien nombraba por el diminutivo de Sue, y con quien vivió la armonía del amor y la pasión correspondida, mientras que con la bisabuela René tenía la tranquilidad del apacible hogar guiado por una mujer digna de su admiración y confianza, pero claro, no de la plenitud de un amor como el que le inspiró aquella otra mujer.

Lo peor es que ni siquiera le fue fiel al recuerdo de su amada, sino que una vez que Sue se marchó con su marido y perdió todo contacto con ella, lo que hizo fue tener más y más amantes tratando de llenar el vacío de su partida, y además de todo se jactaba de ser un conquistador al haber conseguido ganar el amor de la bisabuela René y con este su eterna devoción. ¿Sería o no descarado? No sé como Alice podía sacar de contexto su historia con Sue; ella sólo veía el lado romántico del asunto. ¿Y la bisabuela? ¿Cómo pudo ser la vida de René? ¿Amando con locura a su esposo sin ser realmente correspondida?

Empecé a pensar en todas las parejas que conocía; recordé a mis abuelos, Victoria y Riley. Hacía ya cinco años que el abuelo había muerto y solo unos pocos meses después lo siguió la abuela; ella decía que no se imaginaba una vida sin él y efectivamente no fue capaz de seguir viviendo. ¿Se amaban? La abuela Vicky lo amaba eso era cierto, pero el abuelo Riley siempre fue algo distante y hasta el último día de su vida más preocupado por cumplir sus metas y hacer crecer los negocios que otra cosa.

Bueno el matrimonio Webber parecía ser feliz, aunque creo que al igual que mi abuela y mi bisabuela, la que está perdidamente enamorada es Amanda. Rose y Emmet, ya sabemos que pasa allí aunque Alice siga teniendo fe en los sentimientos de nuestro hermano. Los Stanley, conveniencia. Los Black, tolerancia. Los Newton, avaricia. Los Tayler, costumbre. Los Hale, nadie lo entiende. Los Masen, por un lado amores perdidos y por el otro, amores no correspondidos. Y la verdad cada pareja hace el panorama más desesperanzador.

Y luego estoy yo. Y está él. No pude evitar pensar en lo que significaría ser su esposa. Lo cierto es que yo le gustaba, me deseaba, pero no me amaba. Al leer el falso Dell'Arcano de Alice, pude comprender a Rose. Edward era igual que mi hermano, buscaba una esposa ideal: de buena familia, recatada, sumisa, con buen humor, que no discutiera sus decisiones y siempre bien dispuesta a complacer sus deseos. Y qué mejor que garantizar tales cualidades y reducir a cero el riesgo que algún día quisiera buscar un amante que asegurarse que estuviese perdidamente enamorada de él. Así le seguiría hasta la eternidad, como Rose, Amanda, la bisabuela René y la abuela Vicky.

Pero conmigo no le funcionaría, jugaría su juego y él terminaría perdiendo. Tenía completamente claro tres cosas: primera, no sería su esposa, eso nunca; segunda, jamás me iba a casar con un hombre del cual me pudiera enamorar, y tercera, tenía que reconocer que aunque siempre pensé que esto no me iba a pasar a mí, estoy total y perdidamente enamorada de Edward.


Habían pasado tres semanas desde la última vez que nos vimos. Estaba a pocos minutos de nuestro reencuentro. Rose y Emmet habían organizado una cena para celebrar la nueva sociedad que había establecido mi hermano con Edward, y por lo tanto estábamos todos invitados; en este momento me parecía una desventaja tener una familia tan unida. Si he de confesarlo no estaba segura de si sería capaz de llevar mis planes a cabo, pero lo intentaría.

Fingía estar interesada en la biblioteca de Emmet ya que no sabía cómo disimular mi ansiedad. Cuando llamaron a la puerta y escuché los intercambios de saludos en el pasillo, no tuve más remedio que salir de mi escondite. Y allí estaba él. Tuve que morderme el labio para no emitir un suspiro ante su presencia. Señoras y señores ha empezado la función:

-Buenas noches Señora Elizabeth

-Bella querida cuanta formalidad. Ya te he dicho que me puedes decir Lizzi

-Gracias, pero…

-Pero nada.

Edward quedó frente a mí. Tomó mi mano y la besó:

-Buenas noches Bella

No pude evitar morderme el labio nuevamente:

-Buenas noches Edward

El continuó su camino charlando y sonriendo con Emmet. Cada vez parecía más cómodo en nuestro entorno, más relajado, más alegre. Tenía que detener el rumbo de mis pensamientos. Debía ser realista y tener en cuenta que las posibilidades de que un hombre como él se enamora loca y perdidamente de mí no eran las más altas. Lo mejor era evitar un dolor inmenso, y cuanto antes acabar con cualquier posibilidad entre nosotros.

No sé si gracias a mi buena ventura o a la intervención de mi hermanita (creo más en los segundo que en lo primero) estaba sentada entre Edward y Alice. Cómo era una cena prácticamente familiar estábamos en el pequeño comedor auxiliar cuya mesa redonda permitía que la conversación fluyera mientras tomábamos la cena.

Edward estaba conversando con Emmet. Yo estaba ligeramente inclinada hacia el lado de Alice, fingiendo prestar atención cierta anécdota que estaba contándole a Elizabeth. Crucé mi pierna y con la mayor discreción del mundo empecé a rozar la pantorrilla de Edward lentamente con la punta de mi zapato. Cómo era Emmet quien hablaba no podía saber su reacción ante mi breve contacto. Interrumpí mi tarea al ver que se acercaban con el primer plato.

Le miré fugazmente para evaluar los resultados de mi pequeña tarea y no vi nada. Al parecer pensó que yo estaba distraída y que quizás había sido un accidente. Creo que debía ser más directa. Aprovechando que Rose se encontraba diagonal a mí y al hablar con ella podía inclinarme un poco hacia Edward, le pregunté sobre si pronto podría reanudar su viaje de bodas aprovechando la buena racha de los negocios de Emmet. Ambos empezaron a contarme sobre sus planes, los que al parecer si incluían esa posibilidad, y por un momento tuve la impresión que quizás la equivocada era yo y Alice tenía razón sobre mi hermano. Por el bien de Rose, espero estar equivocada.

Edward también intervino en la charla haciendo bromas sobre Emmet y aprovechando la distracción de mi presa, con un veloz movimiento de mi pie, me quité el zapato. Primero acerqué mi pie a su tobillo rodeándolo y subiendo un poco la bota de su pantalón. En ese momento me miró fugazmente y me pareció ver una advertencia en su mirada. Creo que ya no creía que fuera un error.

Papá les preguntó algo del negocio, y se turnaban para hablar tanto Emmet como Edward, quien ignoraba que mi pie seguía subiendo y bajando por su tobillo. En el momento en que papá empezó a explicarles algo sobre el viaje que aún estaba en curso y nuevamente fingiendo prestarle atención, dejé de su tobillo y me dispuse a acariciar sobre su pantalón su pantorrilla. Debía tener cuidado porque aunque el mantel era larguísimo al igual que mi vestido Alice podría notar lo que estaba haciendo, si me prestaba más atención de la necesaria.

Dejé a Edward por un rato, ubiqué mi zapato bajo la mesa y volví a conversar con Alice.

-¿Qué bonito le quedó todo a Rose verdad?

-Sí Bella, todo está precioso y esos dos se ven tan radiantes

Los miré y pues la verdad era que sí, pero ojalá no fuera solo una apariencia fruto de lo guapo que era mi hermano y lo hermosa que es mi amiga. Muy bajito Alice me susurró:

-Has estado extraña esta noche, como ausente, pensativa. ¿Te pasa algo?

-Para nada hermanita. Sabes que a veces ni yo mismo me entiendo.

Alice lo dejó pasar y seguimos hablando de otras cosas, mientras servían el segundo plato. Mamá estaba hablando sobre la agitaba vida social que ahora iba a tener con las invitaciones a las que debía asistir Alice y empezaron a hacer planes con Elizabeth sobre las fiestas en común para asistir. Se acercaba el postre, así que haría mi última jugada por esta noche; nuevamente me quité el zapato e intenté apoyar mi talón en su rodilla, con algo de dificultad lo conseguí. Pero lo retiré nuevamente a toda velocidad, era demasiado arriesgado.

Una vez terminamos el postre nos dirigimos al salón de música, donde Alice y Rose se divertían cantando algunas viejas tonadas que papá estaba interpretando.

-¿Muy bien quien me supera?- Preguntó papá sabiendo que no era precisamente un as del piano.

-Yo creo que sé quién puede hacerlo, anda hija dale clases a tu padre.

-Mamá- exclamé quejumbrosa

-Ay Bella no seas tímida

Me levanté de mi asiento y me senté frente al piano. Empecé a interpretar la melodía favorita de mamá. Quien lo creyera pero en realidad tenía talento para la música. Cuando terminé la pieza, todos me aplaudieron, y me dispuse a volver a mi asiento.

-Ay no Bella espera, tengo una idea. ¿Hijo porqué no tocan algo juntos?

Me quedé allí, estática, expectante. Edward se levantó de su silla y se acercó el piano. Con un tono de desenfado me preguntó:

-¿Aceptas el reto Bella?

-Acepto

Nos sentamos frente al piano:

-Conoces el tercer movimiento de la Sonata No. 11 de Mozart

-¿Rondo Alla Turca: Allegretto? De memoria

-Me alegro porque es una de mis piezas favoritas. ¿Sabes que solo un pianista experto la sabe interpretar con la velocidad adecuada, verdad?

-¿Dudas de mis cualidades?

-Jamás dudaría de ti. Empecemos que nos esperan

Lo bueno de todo esto es que tocar el piano seguía siendo una experiencia embriagadora inclusive a su lado, corrijo, lo era más aún a su lado. Resultó ser mejor pianista que yo, pero eso solo hacía que la melodía sonará aún más vibrante y emotiva. Cuando terminamos de interpretar la pieza, nos levantamos y él tomó mi mano y cual concertistas hicimos una venía al público. Tuve que dejar de lado mis estrategias por un momento y me reí con total libertad. Había sido algo divertido, y al tener mi mano entre la suya me sentí cómoda y segura.

Nos separamos y cada uno volvió a tomar su lugar, mientras papá volvía al piano e instaba a mamá para que cantara. Así todos participábamos de la velada. En medio de las risas y hasta los bailes de Elizabeth y Alice, Edward se fue acercando hasta mi sitio:

-¿Porqué?

Seguí sin mirarlo.

-No entiendo

-Mírame y responde

Seguí sin mirarlo.

-Ya te dije, no entiendo a qué te refieres

-La cena. Y por favor mírame.

Seguí sin mirarlo.

-¿Qué pasó en la cena?

Con un tono muy bajito para que solo pudiera escucharlo yo me respondió:

-Tienes razón en la cena no pasó mayor cosa. Debajo de la mesa es otro tema. Te desconozco.

Me giré hacia su cara y haciendo señas como si le hablara sobre el piano, le dije:

-Eso es cierto. No me conoces, pero ya lo estás haciendo.

-No juegues con fuego Bella, te puedes quemar.

-¿Y qué pasa si justamente es lo que quiero?

-¿Jugar?

-Un poco… pero me gustaría aún más que me abrasara el fuego. Y para mí tú eres ese fuego.

Me levanté de mi puesto dejándolo sin palabras. Lo peor del asunto es que venían a mi mente imágenes de algunas de las ilustraciones Dell' Arcano que definitivamente me hacían desear consumirme en su fuego. Necesitaba tomar aire. Aproveché la distracción de todos y me escabullí hacia el jardín trasero. Cerré mis ojos y empecé a respirar lentamente.

Sentí una mano recorriendo mi espalda, me giré rápidamente abriendo mis ojos y encontrándome de frente con esos ojos verdes que parecían obscurecidos por lo que debía ser pasión. En mi cabeza empezó a sonar nuevamente la Rondo Alla Turca, el puso su mano en mi mejilla, me acercó; pensé que iba a besarme pero lo que hizo fue apoyar su frente en la mía.

-¿Qué me has hecho que me atraes como un poderoso imán?

Alcé la mirada lentamente sin perder su contacto; acaricié su mejilla con todo el amor que el jamás sabría que sentía y lo besé con toda la pasión que nunca podría disfrutar. Me sentía vibrante, llena de vida, eufórica; el recorría mi espalda con sus cálidas manos, y yo hacía lo propio con su amplio pecho. Buscando un mayor contacto, rodeé su cuello con mis brazos acercando nuestros cuerpos aún más. Podía sentir el calor que su cuerpo emanaba por sobre su ropa, al igual que el podría sentir el mío. Rompí el beso de repente. El parecía confuso y vi una resolución en su mirada.

-No me importa que no te hayas presentado en sociedad. Pediré tu mano. Esto se está saliendo de control.

-No me casaré contigo

-¿Qué estás diciendo?

-Que no me casaré contigo

-¿Y qué es todo esto?

-Nada

-¿Nada?

-Nada que amerite que me lleves al altar

-Eres muy inocente si crees que esto no amerita un compromiso. Pediré tu mano

-No te la darán. Los Cullen no imponen matrimonios.

-Te casarás conmigo.

-No lo haré

Me giré y solo había avanzado unos pocos pasos cuando me tomó del brazo:

-No estoy jugando.

-Quizás yo si.

-Nadie juega conmigo.

-Pero yo lo estoy haciendo.

-Tú no estás jugando y te lo demostraré.

Extendió la palma de mi mano y puso sus cálidos labios en el centro. Rozó ligeramente mi mano haciéndome sentir un cosquilleo en el vientre que cada vez era más familiar en su presencia.

-Serás mi esposa, porque aunque no lo quieras admitir lo deseas tanto como yo.

Y se alejó tan rápidamente cómo había aparecido. Me giré nuevamente en sentido contrario a la casa. Creo que este plan de la seducción no iba a funcionar. No parecía decepcionado, al contrario mi comportamiento lo había alentado aún más. Y si seguíamos así la que iba terminar cediendo sería yo.

Regresé a la sala de música. Edward hablaba con Alice muy amenamente. Nadie me dijo nada. Parecía que no habían notado mi breve ausencia. Pues si no hacían comentarios no iba a decir nada. La clave decía Charlie, era no revelar más allá de lo posible, "respuesta no pedida, culpa aceptada", jamás se debía olvidar.

Me senté alejada del grupo, cuando Rose se me acercó y me abrazó:

-Que te pasa Bella, has estado más callada y ausente de lo normal.

-Rose, sólo hay dos caminos posibles: olvídalo o conquístalo.

-¿De de que te hablo; eres hermosa, inteligente, fuerte, con carácter, no pierdas eso, no dejes que aplaque tu espíritu, sé su igual y conquístalo.

Rose me sonreía. Pero era cierto, ya estaba casada, debía intentarlo o condenarse a una vida de eterna amargura, frustración y desamor. Por mí parte no tenía compromiso alguno, ni chance de conquistarlo, lo que le atraía era el reto, nada más; por eso mismo ya había tomado mi decisión: olvidarme de Edward Masen.


¡Actualicé pronto! ¡Yupi! He batido un record, je, je, je. Para las que quieran escuchar la sonata de piano este es el enlace quitándole los espacios. Es una de las más conocidas de Mozart y la verdad a mi me encanta: www (punto) youtube (punto) com / watch?v = vigXcs _ xrGc. En el próximo capítulo un nuevo personaje que complicará las cosas no se imaginan cuanto. Nos estamos leyendo y no olviden dejar sus comentarios, para mi es muy importante saber si les gustó o no, o lo que quieran opinar. Gracias a las nuevas lectoras por agregarme a sus alertas y favoritos y las que siguen la historia desde hace más caps. también mil gracias.