Aclaración: La señora J K Rowling es la dueña de lo todo lo que tiene que ver con los libros de Harry Potter.
N/A: Muchas gracias a mi beta Neko90 por su inmensa ayuda. Miles de disculpas por los meses que me he tomado en bajar otro capítulo. Es muy largo para explicar. Que quede claro: no pienso abandonar mi historia ni a los pocos que la siguen. Trataré no tardarme tanto con el próximo capítulo. Muchas gracias por vuestra paciencia. Elena.
Capítulo 11: Lo Dicho, Dicho Está.
Esta vez, Ginny decidió aparecerse la parte posterior de La Madriguera, el lugar más remoto y menos vigilado por la matrona de los Weasleys. Además, de esa manera podría dar un vistazo usando las ventanas y comprobar quién estaba presente y en qué lugar de la casa. Con suerte podría evitar tropezar con su madre, refugiarse en su habitación y esconderse hasta la hora en la cual, se suponía, regresaría a casa.
Sigilosamente se aproximó a la casa, cubriendo el perímetro de la misma en cuclillas. Mamá estaba en la cocina, entretenida con la preparación de la cena. Continuó su investigación en la parte frontal de la casa subiendo los escalones de la veranda y miró por la ventana. El salón comedor estaba desierto. Irguiéndose se aprestó a abrir la puerta cuando Harry apareció de la nada, impidiendo su paso.
–Un poco temprano, ¿No te parece? ¿No sueles ayudar a George a cerrar la tienda? –preguntó Harry en voz baja desafiándola con su mirada.
La inesperada aparición de Harry la desconcertó impidiendo ocultar su sorpresa o tener la presencia de ánimo para elaborar una respuesta satisfactoria. Una media verdad fue todo lo que pudo conjurar.
–Mildred está más que capacitada para cerrar la tienda. Además, tal como le prometí a George, hoy fui temprano a la tienda, casi tres horas antes–. Para ganar tiempo y distraerlo, Ginny intentó darle un beso pero Harry la esquivó. Sus ojos verdes, más oscuros que lo normal, desplegaban irritación.
–Me estás mintiendo Ginny. No dudo que hayas ido temprano a la tienda. Lo que me molesta es que no me vas a decir de dónde vienes o por qué intentaste escabullirte en tu propia casa.
Desafiante Ginny le contestó mirándolo directamente a los ojos. –Y a mí me molesta cuando dudas de mí y me interrogas como si fuera una delincuente.
–Tú estabas con Hermione –afirmó Harry. Esta vez no iba a jugar al gato y el ratón con Ginny.
–¿Y qué si estaba con ella? –Ginny apenas podía contener su furia–. Yo te dije que la quería buscar pero tu preferiste esperar por vaya a saber qué señal del más allá y, francamente Harry, yo esperaba otra reacción de tu parte.
El intercambio entre la pareja se estaba llevando a cabo en el dintel de la puerta principal. Harry tenía sus brazos extendidos, impidiendo el acceso a Ginny, lo cual incrementó la furia a punto de desbordar de la pelirroja. A pesar de que ambos hablaban en susurros, la discusión no iba por buen camino; la joven decidió dar media vuelta y distanciarse tanto de la puerta abierta como de la ventana de la cocina la cual se encontraba a un costado y a un par de metros de la puerta de entrada.
Ginny se marchó a secas. Su novio juró por lo bajó y la siguió. Ginny no pudo ir muy lejos, porque Harry no esperó a que se diera vuelta tomándola del brazo y obligándola a girar sobre sí misma. Entonces agregó.
–Me mentiste. Me mentiste a propósito, pudiste haberme dicho la verdad pero elegiste engañarme, engañarnos a todos.
Sumado a su enojo, Harry se encontraba frustrado, porque por primera vez desde que se convirtieron en pareja, Ginny no parecía requerir o estar interesada en su opinión.
Entre dientes y a punto de perder sus estribos, Ginny respondió a las acusaciones de Harry.
–He hecho una promesa y no la pienso romper.
Sosteniendo la mirada de Harry, a los oídos de Ginny llegó el sonido muy particular de una de las bisagras de las ventanas de la cocina. Molly, alertada por los murmullos llevados por el viento intentaba tener mejor acceso a lo que acontecía a unos pocos metros.
En un abrir y cerrar de ojos Ginny se libró de la mano en su brazo y a paso rápido incrementó la distancia entre ellos y su casa. Harry volvió a jurar y procedió a seguirla hasta la cerca que circundaba la propiedad.
Una vez satisfecha la distancia entre ellos y La Madriguera impediría que Molly escuchara lo que con toda seguridad resultaría en una discusión Ginny giró y enfrentó a Harry. En sus ojos color miel un torbellino de emociones giraba sin cesar; una en particular atemorizaba al Héroe de Hogwarts: la determinación de Ginny. Harry aceptó el duelo y ofreció a Ginny el despliegue de su rabia, temor y frustración los cuales danzaban tal cual fuegos artificiales en sus hermosos ojos verdes.
–Harry Potter, yo hice una promesa y de ninguna manera te voy a permitir que interfieras –las palabras de Ginny escaparon de sus labios amenazantes, frías, como si el recipiente de las mismas fuera un extraño y no el hombre de quien estaba enamorada. Con las manos en sus caderas, Ginny esperaba desafiante por una respuesta.
El tono de Harry no dejaba lugar a dudas, el verde de sus ojos oscureció producto de los conflictivos sentimientos que lo dominaban. –Ella es mi amiga Ginny. ¡Mi amiga mucho antes que tú te aparecieras!
Al percatarse que el volumen de su voz había incrementado unos decibelios, Harry tornó su rostro hacia la casa. Lo último que él deseaba era que Molly Weasley se viera envuelta prematuramente en el conflicto entre la pareja.
– ¡Ella no es tu amiga ahora, Harry!–. Las mejillas de Ginny ardían. Tal parecía que hubiera estado al sol por horas pero la bruja había recibido la advertencia física de su cuerpo: controlar su temperamento le resultaba tan trabajoso como correr por kilómetros sin parar.
El joven mago no se quedaba atrás. Igual que su novia, su cuerpo le alertó de su estado de ánimo. Sus sienes temblaban y sus manos se transformaron en puños– ¿¡Qué demonios quieres decir!?
–Quiero decir que ella no está preparada para enfrentarnos a todos al mismo tiempo. Su dolor y desconfianza son profundos Harry, mucho más de lo que yo me imaginaba. Además, Hermione... –No. Ella no podía divulgar la realidad de la relación entre Hermione y Draco.
Afortunadamente Harry en su furia no se percató de la vacilación de Ginny. – ¿QUIÉN MIERDA ERES TÚ PARA IMPEDIR QUE YO HABLE O NO CON HERMIONE? ¿QUIEN COÑO ERES TU PARA TOMAR DECISIONES POR MI?
'Yo soy tu novia, imbécil', le increpó Ginny interiormente. Pánico y exasperación dominaban las emociones de la bruja. Pánico porque acosar a Hermione sin darle tiempo a digerir los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas resultaría un desastre. Exasperación porque tanto ella como Harry habían perdido control de sus emociones.
–Escúchame muy pero muy bien Harry James Potter. Hermione no quiere que nadie sepa de su paradero. Ella está confundida, herida y me hizo prometerle no decirle a nadie que la he encontrado. Si tú te apareces en frente de su casa la poca, y es muy poca confianza que me tiene, desaparecerá y yo jamás te perdonaré si eso ocurre.
Harry observó a Ginny de pies a cabeza como si la bruja de la que estaba enamorado fuera otra, solo que con el rostro y el cuerpo de su novia. Exasperado intentó por última vez aplacar su frustración. Sus dedos desaparecieron entre su indomable cabellera mientras caminaba de un lado a otro.
–Mientras tanto, ¿Qué hago? ¿Espero como un niño bueno a que tú me des permiso para contactarme con Hermione? –El sarcasmo en el tono de su voz era evidente.
–Algo habrá que puedas hacer mientras tanto, ¡Merlín sabe que lo que te sobra es tiempo! –le contestó Ginny entre burlona y molesta.
– ¡Y QUÉ MIERDA QUIERES DECIR CON ESE TONO! –le gritó provocando que las venas de su cuello aumentaran de tamaño. Su ira incrementaba segundo a segundo.
–Dímelo tú, Harry. ¡Todos los días pasas por la tienda sin falta! ¡Tal parece que no tienes nada mejor que hacer que mantener constante vigilancia de mis movimientos!
– ¡YO SOY TU NOVIO Y TENGO TODO EL DERECHO DEL MUNDO DE SABER DÓNDE ESTÁS Y CON QUIÉN ESTÁS! –volvió a gritar Harry iracundo.
– ¡TODO EL DERECHO, TODO EL DERECHO! ¡SUENAS IGUAL AL MACHISTA HERMANO MÍO! ASÍ ES QUE YO SOY LA RAZÓN POR LA CUAL NO TERMINASTE LA ESCUELA, NO SALES CON AMIGOS... ¡VIVES UNA VIDA DE ERMITAÑO, PORQUE NECESITAS SABER QUÉ ESTOY HACIENDO Y CON QUIÉN LAS VEINTICUATRO HORAS DE EL DÍA! –la ira de Ginny era tal que ya no le importaba quién escuchara sus gritos.
Harry mantuvo silencio, sin mover un solo músculo de su cuerpo. Las palabras de Ginny enunciadas con burla, frustración y rencor le confirmaron sus sospechas: su novia había cambiado. Ginny no estaba orgullosa de él. Él la ahogaba y finalmente Ginny lo admitía.
El pecho de Ginny se expandía y contraía rápidamente. Ni bien sus palabras escaparon de su boca se arrepintió pero sus problemas con Harry podían esperar. Su prioridad era Hermione.
Cuando finalmente Ginny habló lo hizo controladamente y suavemente. Su furia, sin embargo, monopolizaba sus pensamientos. Sus ojos color miel suplicaban, y al mismo tiempo amenazaban.
–Si arruinas mi amistad con Hermione, Harry, jamás te lo perdonaré.
Girando sobre sus talones, Ginny corrió hacia su casa. Su corazón se contraía y se expandía a velocidades inmensurables, mientras una solitaria lágrima adornaba una de sus mejillas. Dio un portazo al entrar a su casa y subió las escaleras de tres en tres dando otro portazo al llegar a su habitación.
Molly Weasley salió de la cocina tan pronto como escuchó el primer portazo. El duelo a gritos había terminado. La pelea fue una de las más intensas de la que fuera testigo. Harry, con toda seguridad había partido y ese último portazo era indicación que Ginny estaba en su habitación. Encogió sus hombros. La razón de la pelea la ignoraba pero de algo estaba segura: no sería la última entre ellos. Ginny y Harry se reconciliarían pronto, siempre lo hacían.
