1 de Julio de 2009 Hora 10:14 A.M

DIARIO: P.O.V Michelangelo

Las calles se encontraban llenas de adornos, música y puestos de comida. El curso escolar ya había acabado para todos y el uno de Julio en modo de celebración, se preparaban las calles y plazas centrales para un festival de actividades con feria incluida. Todos los clubes de la ciudad sin importar el género se exhibían para atraer nuevos miembros y eso suponía muchas cosas por hacer. También aprovechaban los bares para exponerse convirtiéndose en la fiesta de la primera borrachera de cualquier adolescente debido a la poca vigilancia entre tanto gentío.

–Perdón por la tardanza–me disculpe.

Había quedado con Yuuhi y Lith, esta última iba a traer también a sus dos amigos del instituto, pero solo pudo venir un chico muy alto, su amiga tenía asuntos que atender y no pudo venir en el último momento.

– ¿Cómo se puede tardar media hora en bajar de casa? –me preguntó Yuuhi.

–Ni esperándole en la puerta de casa llega a una hora decente-le informó Lith a su amigo señalándome.

– ¡Oye! No me hagas quedar mal ante las personas recién conocidas.

– ¡Tú eres el que queda mal!-me recriminó señalándome con su dedo índice apoyado en mi frente–. En fin Mikey, este es Donatello. Donnie, este es Michelangelo.

–Es un placer, Lith suele hablarme de ti-dijo Donatello

–Lo mismo digo-contesté, pero hubo algo en ese chico que me asustó– ¡¿Qué te paso en los dientes?!

–Es de nacimiento-me contestó el chico llorando-¿Por qué todo el mundo reacciona así?

–No se puede evitar la pregunta Donnie, es raro–dijo Lith riéndose.

Emprendimos la marcha los cuatro entre bromas, Donnie me caía bien aunque a veces hablaba muy raro. En más de una ocasión por el camino se paraba cerca de una máquina y nos explicaba todas sus características como si estuviera enamorado. Tenía la sensación que era un extraterrestre pero en caso de serlo no lo veía problemático.

En primer lugar fuimos a ver en una tarima a varios grupos de baile, algunos de los tipos de baile que vimos fueron hip-hop, tango, bailes de salón, salsa, danza árabe,…El que me pareció más aburrido fue bailes de salón y el que más me gusto fue salsa, en verdad pidieron voluntarios para que subieran al escenario y lo intentaran bailar, pero Lith me lo prohibió a pesar de mis quejas. Después fue el turno de un deporte de lucha llamado taekwondo que se realizó en una zona vallada compuesta por tatamis. Me llamó mucho la atención y me dieron ganas de practicarlo, pero enseguida desistí, jamás lo había probado pero estaba claro que no tenía madera de luchador, en el colegio muchas veces me perseguían y pegaban aprovechándose de lo poco que sabía defenderme. Al principio los chicos de taekwondo saludaron al maestro y comenzaron a dar puñetazos en el aire entre gritos, después el maestro que tenía el cinturón negro se colocó una especie de almohadillas en los brazos. Los alumnos hicieron una fila y de uno en uno se acercaron corriendo para de un pequeño salto y alzar el pie lo suficiente como para darle en las almohadillas que sostenía el maestro en alto. Todo el público se emocionó y comenzó a dar gritos de ánimos.

–Siempre me gustaron ver estas cosas–comentó Lith.

–A mí también pero seguro que no sirvo-dijo Donatello.

–Podríamos apuntarnos a taekwondo–les dije emocionado.

–Yo no me apuntaría ni loco, odio las peleas–nos informó Yuuhi.

Ya acabada la exhibición, Yuuhi nos llevó a un pequeño puesto de comida, al parecer dos amigos suyos del colegio trabajaban allí.

– ¡Hombre Yuuhi! –masculló uno de los chicos de la paradita. Tenía unos ojos azules y el cabello rubio como yo.

–Hola Evans–saludó Yuuhi– ¿Qué tal va todo?

– ¡Bien! Estamos haciendo mucha caja, mi padre estará feliz–nos explicó con una sonrisa inundando su cara– ¡Eh Alfred! Ha venido Yuuhi con unos amigos.

El otro chico hizo un gesto de que enseguida iba para allí porque estaba atendiendo a unos clientes. Yuuhi nos explicó de mientras que los padres de Evans tenían un bar y que Alfred era hijo de una de las camareras. Cuando venían las fiestas los dos ayudaban en las paradas que el padre de Evans montaba.

– ¿Queréis que os ponga algo? –preguntó Evans.

Yo pedí una bolsa de patatas y una Coca-Cola, Lith un Cacaolat y Donatello y Yuuhi una Fanta. Nos sentamos en unas sillas de alrededor de la paradita para estar cerca de los amigos de Yuuhi, aunque también había mesas alrededor.

Finalmente Alfred encontró un momento para acercarse a nosotros e intercambió unas cuantas palabras con Yuuhi, aunque tanto él como Evans tenían que parar su conversa de tanto en tanto para atender a clientes. Lo hacían muy bien sinceramente, tenían espíritu de vendedores, solían dar conversa a la clientela para buscar un punto donde hacerles reír y ganar su simpatía.

– ¿Qué deseas pequeña? –preguntó Alfred a una clienta pequeña.

–Un zumo de naranja.

–Marchando un zumo para la señorita–dijo Alfred buscando por la nevera y entregándoselo. La niña se sentó sola en la barra para tomárselo allí y Alfred se extrañó– ¿No tienes padres o a amigos contigo?

–No. Me he escapado de casa para venir.

Alfred abrió la boca de la impresión formando una "o", Evans se acercó desde atrás porque había escuchado la conversación.

–Oh, que valiente. Mola mucho, yo no sería capaz, solo de imaginar la cara de enfado de mi madre al volver tiemblo–dijo Evans.

– ¿Es lo único que tienes que decir? –le recriminó Alfred dándole una colleja en la nuca, Evans se quejó pasándose la mano por la zona adolorida pero no se mostró sorprendido, al parecer le echaba bronca a menudo.

– ¿Eres tú Kotori? –preguntó Yuuhi a la niña, todos extrañados nos giramos hacía él.

–Sí ¿tú quién eres? –preguntó la niña a Yuuhi, al parecer ella no le reconocía.

–Soy Yuuhi Miyagi, mis padres y tu madre son amigos por asistir a reuniones de la biblioteca japonesa y a celebraciones de Japón. Alguna vez has venido a mi casa.

–¡Ya me acuerdo! –exclamó la niña emocionada–. No te recordaba porque apenas hemos hablado, en verdad solo recuerdo haberte dirigido la palabra para saludarte.

–Esta es Kotori Meiji–nos comenzó a explicar Yuuhi–, la he visto pocas veces pero la recuerdo porque a pesar de ser japonesa tiene rasgos occidentales como yo. Además, su nombre significa pajarillo y su apellido es una era de Japón, siempre me pareció muy extraño.

–¿Por qué te has escapado de casa? –preguntó extrañado Donatello.

–Mi madre se niega a llevarme a sitios con mucha gente y quería ver este sitio–nos dijo haciendo un puchero.

Alfred comenzó a echarle bronca a Kotori pero Evans se interpuso diciéndole que era un exagerado. Yuuhi aprovechó ese momento para hacernos señas a Lith, Donnie y a mí para que nos acercáramos.

–Según mis padres la madre de Kotori es muy paranoica y tiene ciertos problemas mentales. Kotori en verdad siempre les dio bastante pena por vivir sola con una madre así.

Donatello tras escucharlo se levantó como un resorte y se acercó a Kotori colocándole las dos manos sobre los hombros, la niña fijó su vista en él extrañada.

–Entiendo cómo te sientes pero no es razón para preocupar a una madre, es la persona que más se preocupa por ti y nunca sabes cuando la puedes perder.

Kotori se sintió un poco incomoda por los ojos cristalinos de Donnie y balbuceó un débil "lo siento". Apenada dijo que volvería a casa pero Lith le propuso que viniera con nosotros, yo estaba de acuerdo, no me gustaba la idea de que se perdiera la fiesta. Yuuhi decidió llamar a sus padres para que se pusieran en contacto con su madre y así explicarles la situación.

Mientras esperábamos a que terminara la llamada, cerca del bar comenzaron a hacer una actividad de aerobic y Kotori pidió ir, yo también tenía ganas y entre los dos pusimos ojitos de cachorro para que nos dejaran realizarla. Lith y Donnie nos dijeron que no había problema y los dos nos dirigimos corriendo como balas. Nos colocamos el uno al lado del otro y comenzamos a movernos tal y como nos enseñaban las monitoras, estuvimos así largo rato, más de diez minutos, entonces Yuuhi llegó y llamó a Kotori para que se pusiera al teléfono. Yo también dejé el aerobic y me acerqué a Donnie y a Lith, los dos estaban riéndose.

–Jaja, os movéis muy bien, creo que sois a los que más miraba la gente–nos informó Donatello.

–Es normal, los dos eran los que hacían los movimientos más exagerados y como los dos son rubios por detrás parecen gemelos. Ha sido muy tierno–dijo Lith.

–Está bien–nos dijo Yuuhi acercándose a nosotros–. La madre de Kotori nos ha dado permiso para llevarla con nosotros, pero costó bastante convencerla, por suerte mi madre estaba de nuestra parte para que se relacionara con personas.

–¿No exagera esa mujer? –pregunté.

–Más de lo que pensaba. Me ha obligado a dejar el móvil a Kotori para llamarla y así comprobar que está bien.

Intercambiamos unas palabras más y por último nos despedimos de Alfred y Evans, como el año que viene iba a ir al mismo instituto que Yuuhi me dijeron sonrientes que ya nos veríamos de nuevo. Fuimos por diversas paraditas y por muchos eventos más, incluso participamos en concursos, Donatello ganó uno de un videojuego de informática y yo quedé cuarto que no está nada mal en una carrera. También hay que destacar el momento cuando viendo tenis una pelota fue a parar a la cara de Donatello y bromeamos sobre si había perdido otro diente. Después decidimos dejar aparcada un momento la zona de actividades y nos dirigimos a la zona de la feria. Kotori y yo no parábamos de babear ante los productos de las tiendas y las atracciones, íbamos gritando de un lado a otro sin saber que comprar o probar. Kotori me cayó bien desde el primer momento, siempre quería hacer lo mismo que yo y no se reía de mis comentarios, al contrario, parecían divertirle. Parece que nuestra actitud les despertó por un momento a Lith, Donnie y Yuuhi un poco de ternura, por lo que nos dijeron que si queríamos algo lo pidiéramos y nos lo pagarían, los dos saltamos de alegría y salimos corriendo hasta las tiendas dejando a nuestros amigos atrás con cara de terror, al parecer sabían que no fue buena idea.

El resultado de todo: Kotori y yo felices, mi amiga sujetando un peluche del pato Donald de gran tamaño conseguido en el puesto de tiro y yo con un peluche de un charmander conseguido en la máquina de pinzas. Donatello, Lithany y Yuuhi se encontraban en una esquina con un aura negra alrededor mirándose los monederos mientras unas lagrimillas se les escapaban de los ojos. Lithany y Donatello además intentaban recuperarse del trauma de subirse a una atracción que consistía en dar una vuelta de 360º sobre si misma dejándote a una altura tan alta que conseguías ver la ciudad entera poco antes de caer a gran velocidad.

–Podíais haber tenido más consideración ¿no? –Dijo Yuuhi que tenía una serpiente enroscada en el cuello ganada en la misma paradita que el pato Donald–. Por lo menos con Donatello que os ha conocido a los dos hoy.

–Lo siento…–susurró Lith a Donnie.

–¿Por qué han abierto la zona de feria por la tarde? Si la hubieran abierto por la noche me hubiera ahorrado este mal rato. Odio las máquinas–dijo Donatello que no había escuchado el comentario debido al shock provocado por la atracción.

–Siendo tú ese nuevo odio se te pasara al primer ordenador que veas–le dijo Lith.

–Oh chicos, sois los mejores amigos del mundo–grité emocionado.

–Os adoptaría como hermanos–prosiguió Kotori.

Lith, Donnie y Yuuhi mostraron expresión de enfado, Kotori y yo desviamos la vista y gritamos a la vez "volvamos a ver las actividades" para disimular. Por suerte todos estuvieron de acuerdo en volver a la zona donde no se pagaba para disfrutar. Llegamos otra vez a una zona con tatamis y vimos a chicos con el kimono, pero no parecían los mismos de la mañana. Había bastante público y nos acercamos expectantes para descubrir que les atraía tanto. Pero personalmente no me gusto, estaban haciendo un combate y no era bonito de presenciar. Los chicos se pegaban con mucha violencia, parecía que se quisieran matar, hubo un momento en el que uno le propino al otro una fuerte patada en el estómago que lo dejo noqueado en el suelo, pero lejos de parar le dio mientras estaba retorciéndose de dolor dos puñetazos en la cara. Muchas personas del público abuchearon lo que presenciaron pero había otro grupo numeroso que lo aplaudía. Yo tiré hacía atrás asustado hasta topar con alguien.

–Perdón–dije girándome, había topado con una chica de larga melena pelirroja.

–No te preocupes, es normal retroceder con este espectáculo–dijo con asco.

–Larguémonos–le ordenó un chico de ojos azules al lado de la chica.

–Anda, pero si eres tú Leonardo–dijo Yuuhi–¿Te gustan estas cosas?

–Para nada–contestó–. Es solo que…

–¡Tú eres el chico que lloraba en el parque! –exclamó Kotori.

Yuuhi y la chica miraron sorprendidos a Kotori como si hubiera dicho que los marcianos existían.

–¿Tú te llamabas Kotori no? –Dijo el chico de ojos azules–. Me acuerdo perfectamente de ti, gracias por ayudarme aquella vez ¿Has mejorado tu pronunciación?

–¡Por supuesto! Ya soy totalmente neoyorquina–espetó haciendo una señal de victoria con los dedos.

–Yuuhi, Mickey…–murmuró Lith.

Nos giramos para ver que quería y me quedé pálido. Uno de los siguientes luchadores era Rouse, el chico pelirrojo que nos atacó en el parque y que iba al mismo instituto que Yuuhi, y lo peor, también iría al mío. Su contrario le miraba con temor y sudando, pronto descubrimos el porqué. Después del grito inicial de su entrenador Rouse se abalanzó a gran rapidez sobre su adversario y le propino múltiples puñetazos y patadas por todo el cuerpo, a tal velocidad que apenas veía cuando sus puños impactaban. Su rival cayó rápidamente al suelo adolorido, no había tenido tiempo ni a defenderse. Esta vez no hubo gritos de ánimo o desprecio, solo murmullos, todos se habían quedado demasiado sorprendidos. Rouse se dirigió rápidamente al maestro, un hombre pelirrojo como él.

–Que bestia–gimoteó Donnie.

–Es de un dojo que práctica diferentes disciplinas: kung-fu, taekwondo, karate... El maestro es el padre de Rouse–explicó Leonardo a Yuuhi.

Me fijé que al lado del padre de Rouse se encontraba otro chico con los brazos cruzados y con cara de hastió. El hombre le dijo "A ver si aprendes un poco de tu hermano" en tono lo suficientemente elevado como para que se escuchara sobre la multitud. El chico solo giró la vista con expresión neutral aunque por un momento sus ojos verdes parecieron mostrar tristeza.

–También está Raphael. Ese chico jamás me ha transmitido buenas sensaciones, además, los rumores que corren sobre él no son buenos–le confeso la pelirroja a Leo.

–Yo nunca le he caído bien aunque no hemos hablado mucho entre nosotros, pero no creo que sea un mal chico–dijo Leonardo–.Creo que su mala reputación se debe a su hermano mayor y a su actitud arisca, pero nunca le he visto acosar seriamente a un alumno como lo hace Rouse.

–Pues yo siempre que lo veo en el pasillo con esa expresión de enfado siento miedo, sobretodo porque lo suelo confundir con Rouse–confesó Yuuhi–. Aunque con el hermano que tiene me da algo de pena.

–A mí me da más miedo el padre, no tiene pinta de ser el típico padre amoroso y más si enseña esas barbaridades a los alumnos. De algún sitio tiene que haber sacado ese carácter Rouse–comentó Lith.

Otro combate terminó, nuevamente fue bastante cruel y esta vez fue una niña la que perdió recibiendo una gran cantidad de golpes, en su bello rostro comenzó a formarse un morado a gran velocidad. Al ser del sexo femenino el rival se llevó el mayor abucheó de la tarde. Decidimos entre todos, incluyendo los dos chicos con los que nos habíamos topado, salir huyendo para no ver ese espectáculo.

–Yo me he de ir yendo Leo–escuché decir a la pelirroja–. El concierto de violín de mi hermana comenzará en breve.

–¡Un concierto! –Exclamamos Kotori y yo–¿Podemos ir? Preguntamos poniendo ojitos.

–Obviamente que no–contestó Lith–. Esta oscureciendo y en poco hemos de volver.

–¿Eeeeh? –gritamos entre pucheros.

–Yo también me tengo que ir, lo siento pero no podré ver el concierto de tu hermana–comunicó Leo a la pelirroja.

–¿Entonces porque no te vienes con nosotros? –le propuso Kotori.

–¿Eh? Claro que no, sería una molestia, después de todo he hablado poco contigo y con Yuuhi y a los otros no les conozco.

–No pasa nada, si yo también me he apalancado en el grupo. No los conocía de nada antes–dijo Kotori con una gran sonrisa.

–Y lo dice como si nada–susurró Donatello.

–Por mí no hay ningún problema si se vuelve con nosotros–comenté.

Tras decirlo sentí un escalofrió por todo el cuerpo y mi corazón se comenzó a acelerar repentinamente a gran velocidad. No era la primera vez que me pasaba, desde que conocí a Lith me sucedía muy a menudo pero jamás le presté atención, pero en esa ocasión fue diferente, mi corazón golpeaba con más fuerza de lo normal y mi cuerpo estaba rígido. Me sentía como si estuviera congelado del miedo, pero no entendía la razón, después de todo, no había nadie cerca amenazándome con una pistola, no había ninguna razón para paralizarse.

Una mano pasó por delante de mi cara balanceándose y me hizo salir del trance. Era la de Lith que me preguntaba si estaba bien, Yuuhi, Donatello, Kotori y el chico de ojos azules también me miraban con curiosidad, no había rastro de la pelirroja por lo que deduje que había pasado más tiempo empanado de lo que desearía.

–¡Estaba pensando que me muero de hambre! –Grité, aunque no era cierto porque a pesar de lo glotón que era, yo también tenía un límite y me había pasado el día comiendo todo lo que encontraba en los bares o tiendecillas de golosinas. Pero tenía que disimular.

Lithany, Yuuhi y Donatello gritaron a la vez que no había más comida, seguramente no tendrían ganas de gastarse ni un solo dólar más. Decidimos entre los seis que nos encontrábamos en el grupo que miraríamos tiendas una media hora más y que nos iríamos. Intenté aparentar normalidad pero seguía nervioso y caminaba notándome el cuerpo pesado.

–¿Era tu novia la pelirroja? –preguntó Lith a Leonardo por el camino.

–¡Para nada! Thalia es mi mejor amiga, y precisamente lo es porque no le atraigo nada. Esta enamoradísima de uno del equipo de fútbol del instituto–le contestó.

–Pero a cambio de la amistad con Leo, Thalia es famosa por ser el anticristo del sexo femenino en el instituto–explicó Yuuhi–. Ya sabes lo exageradas que son las chicas a esa edad.

Mientras los otros hablaban Kotori me iba enseñando cosas que encontraba para comprar, pero yo seguía distraído y solo asentía para quedar bien porque no la escuchaba. Estaba tan metido en mi mundo que perdí el peluche de charmander y no recordaba donde se me había caído. Comencé a lloriquear y a llamarme estúpido a mí mismo, con el dinero que se gastaron mis amigos en las pinzas mi error no les hizo ninguna gracia y comenzaron a ayudarme a buscarlo. Fue inútil. Al cabo de quince minutos de buscar nos rendimos, Lithany me dijo que era misión imposible, cualquiera se lo podía haber llevado.

–Bueno, no pasa nada por seguir buscando, podemos quedarnos un cuarto de hora más–dijo Leonardo.

–Tranquilo no hace falta. No servirá de nada, se lo habrán llevado y es imposible localizar donde está en un festival tan grande. Además, si lo han metido en una bolsa nos será imposible verlo–explicó Lithany.

–¿Te pasa algo?

La pregunta se la hizo Donatello a Yuuhi, mi amigo llevaba un buen rato mirando a la multitud interrumpidamente y no hizo en ningún momento ninguna señal de que estuviera buscando el peluche.

–Siento que nos observan–nos dijo Yuuhi con un tono de voz preocupado.

–Será alguna de mis fans, no te preocupes suele pasar–aseguró Leo.

–Ahora entiendo porque sentía tantas miradas asesinas en la nuca–espetó Lith.

–No…–susurró Yuuhi–. Os equivocáis.

Miré de un lado a otro pero no notaba a nadie que me observara, sinceramente no creo que esa fuera la razón de mi incomodidad. Pero todo cambio.

Sentí como algo me aprisionaba el estómago con mucha fuerza y antes de reaccionar mi cuerpo se alzó a gran velocidad. Repentinamente me encontraba con la cabeza mirando hacía el suelo y apoyado en la espalda de alguien, antes de poder mirarle la cara, la persona que me sujetaba comenzó a correr. Grité con todas mis fuerzas a mis amigos para que me ayudaran, pero entre tanto gentío no podía localizarlos.

Intentaba que la persona me soltara moviéndome con todas mis fuerzas, pero era inútil, no servía de nada y solo recibí a cambio un fuerte pellizco en la pierna. Finalmente salimos de entre la multitud sin que nadie viniera en mi ayuda, nadie hizo caso a mis gritos y me sentí decepcionado con toda esa gente pasando de mi situación. Me llevaron por unos callejones y finalmente sin previo aviso me lanzaron con fuerza al suelo recibiendo una gran sacudida de dolor por todo el cuerpo. Cuando abrí los ojos me encontré a la persona que menos quería ver, Rouse y su banda me estaban mirando a escasa distancia con miradas llenas de malicia. Estaban todos los del parque más algunos que no me sonaban como dos chicas, también pude ver a lo lejos examinándome con sus ojos verdes al hermano de Rouse.

–Bien hecho–dijo Rouse a un chico con cara de roedor, por su ropa fue el que me agarró y me trajo a esa situación.

–¿Qué quieres de mí? –balbuceé–. Creía que ya te habías vengado lo suficiente la última vez.

–Ya, pero me aburría y he visto en ti una gran fuente de distracción cuando te he visto en el festival–comenzó a explicar con una sonrisa y una voz calmada y vacía–. Además, tu grupo de amigos me hace hervir la sangre y me molesta su presencia, sobretodo la tuya, y quiero descubrir el porqué.

Antes de que pudiera decir nada Rouse se giró hacía sus amigos y con un grito bien estridente les preguntó a todos si querían usarme como muñeco de pruebas. La contestación no se hico esperar y miles de gritos se alzaron en la noche aceptando la petición. Yo no sabía cómo reaccionar, estaba bloqueado y en mi cabeza no paraban de acudir imágenes de lo que había presenciado una hora atrás, imágenes de ese estilo de pelea tan salvaje. Uno finalmente me cogió por el pelo y se preparó para propinarme un golpe, una chica a menos de un metro se reía con malicia como una hiena y mis ojos se cerraron, esperando el primer golpe.

–¡Mikey!

La voz de Lithany se escuchó sobre las risas y todos mis atacantes voltearon a mirar para encontrarse con mi amiga. En pocos segundos Yuuhi, Donatello, Kotori y Leonardo también llegaron. Al principio me alegre pero tras ver una expresión de victoria en el rostro de Rouse me di cuenta que esa alegría era un error, seguramente los gritos que habían dado eran para atraerles a ellos y todo era una trampa.

–Pégale–ordenó Rouse al chico que me sujetaba ignorando su llegada.

Mis amigos gritaron pidiendo que se detuviera, pero el resto del grupo de atacantes los agarraron y les tiraron al suelo dejándolos inmovilizados y sin opción de rescatarme. Rouse se encargó de Leonardo retorciéndole el brazo mientras decía "tenía ganas de esto". Otra vez me preparé para el golpe, pero otra vez fue detenido y en esa ocasión por una de las personas que menos esperaba.

Escuché un grito de rabia procedente de Rouse y cuando abrí los ojos me encontré el puño a escasos centímetros de la cara. La razón de que se detuviera: el otro pelirrojo había sujetado el brazo a mi agresor con las dos manos por el codo evitando el impacto.

–¡RAPHAEL! –Gritó Rouse acercándose al pelirrojo–¿¡se puede saber que estás haciendo maldito hermano subnormal!?

–No es más que un mocoso inofensivo, no puedes ir por ahí maltratando a la gente porque sí.

–Nadie ha pedido tu opinión de lo que está bien y de lo que está mal. Si no quieres mirar vete a nuestra puta casa pero no me vengas como héroe salvador del primer niñato que lloriqueé.

No me había dado cuenta pero tenía razón, estaba llorando y no sabía cuándo había empezado.

– ¡No quiero! –contestó Raphael con rabia.

–Está bien–susurró Rouse.

Lo que vino a continuación nadie se lo esperaba.

Rouse cogió a su hermano por el cuello y lo estampó contra la pared, después, sin previo aviso, le pego un puñetazo en la boca del estómago directo y a gran velocidad. A Raphael no le dio ni tiempo de gritar, se desplomó en el suelo y con la voz ronca comenzó a emitir una mezcla de tosidos y gemidos de dolor mientras sus manos se sujetaban el estómago, debió dolerle mucho porque sus ojos no tardaron ni medio segundo en derramar lágrimas.

El día ya se había oscurecido completamente, solo se escuchaban los gritos y quejas de mis amigos pero nadie venía a ayudarnos, quizás nadie quería meterse en líos y los vecinos los ignoraban. Habían derribado a la persona que me había salvado, en poco yo sería el derribado y después les tocaría el turno a mis amigos. Lo peor, no había escapatoria posible.

Por favor, que alguien nos ayude


Gracias por las reviews

–He de pedir disculpas por tardar tanto en actualizar. La razón de la tardanza es que estoy haciendo otra historia mucho mas complicada de escribir que esta y ya que estaba inspirada me dediqué a la otra. Pero eso estuvo mal, muy mal, lo sé y lo reconozco, no me volveré a olvidar de esta y me obligaré a publicar antes de que pase un cierto tiempo. La culpa es totalmente mía que nunca he escrito historias en mi vida y comienzó con dos de 4000 páginas de media TT.

–Este capítulo es totalmente diario y en los próximos también se centraran en época pasada. En capítulos como este es cuando noto el mayor error de toda mi historia que es poner a Mikey de narrador principal, queda demasiado raro y fuera del personaje verlo narrar de manera seria, pero tampoco puedo contar una historia desde las payasadas de Mikey y que se entienda (no tengo tanto talento xD). Pero bueno, no tenía mas remedio que hacerlo así y puedo usar un poco de excusa que el Michelangelo de los comics era un buen escritor que publicaba.

–Espero que no molesten demasiados personajes nuevos e inventados, lo digo porque no soy muy fan de personajes OC, pero los tres nuevos principales me eran obligatorios y necesito darles amigos para no dejar a todos como antisociales xD.