High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
RedSS: jajajaja, habra otros momentos belicos. La historia humana esta llena de ellos XD
ThePhenx: pedazo cabron XDDD
THE BLACK SHIELD: bueno, falta un poquitin para Alejandro, pero espero disfrutes de este.
RJRP: oye, empezaste tu diciendo que me gustaba tocarte las pelotas XP XD Me alegra que te siga gustando, para el arco principal aun faltan dos mil seiscientos años de historia... poquico XDDD
Morphos: hostias ! Cuanto tiempo tio XD ! Ciertamente la peli tiene sus fallos historicos, cosa que deje aclarada al final, pero aun asi a mi me gusta :) Ese maldito dragón le dio en su punto mas vulnerable. Estrategia marrana o acertada ? Depende de cada uno. En la guerra no hay trampas o golpes bajos, o eso me dijeron.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
-comentarios.
-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
Os invito a leer mis demás historias, buscadlas en mi perfil
Capítulo 9:
ENTRE GRIEGOS Y PERSAS – PARTE 03
Nuevamente vuelvo a escribir. Muchos años han pasado desde la última vez que lo hice... después de la victoria contra lo que quedaba del ejercito de Jerjes en Hélade. Yo me marché de Atenas nueve años después de este suceso, por lo que pude presenciar cosas de lo más interesantes.
Luego de la victoria contra los persas en Platea, los atenienses comenzaron a reconstruir su ciudad, bajo la guía de Temístocles. Deseaban restaurar las fortificaciones de Atenas, pero los espartanos se opusieron, con el argumento de que no debía dejarse ningún lugar al norte del istmo que pudiera ser utilizado como fortaleza por los persas. Temístocles urgió a los ciudadanos para que finalizaran las fortificaciones lo antes posible, y después viajó a Esparta para responder a las acusaciones. Allí, les aseguró que no se estaba llevando a cabo ningún trabajo, y les propuso enviar emisarios a Atenas para que lo comprobaran con sus propios ojos.
Para cuando llegaron los embajadores espartanos, los atenienses habían finalizado los trabajos de construcción, y demoraron a los embajadores espartanos cuando estos se quejaron sobre la presencia de fortificaciones. De este modo, Temístocles dio a los atenienses suficiente tiempo para fortificar la ciudad, previniéndose ante un posible ataque espartano para evitar la reconstrucción de los muros de Atenas. Más aún, los espartanos se vieron obligados a repatriar a Temístocles para liberar a sus propios embajadores.
Debido a estos sucesos Temístocles empezó a ser mal visto por los espartanos. Después de este incidente, Temístocles regresó entonces a su política naval, y a otros proyectos más ambiciosos que servirían para incrementar la posición de dominancia de su estado natal. Amplió y fortificó el puerto de El Pireo, y comunicó la ciudad con el Pireo, y la tierra con el mar. Temístocles buscaba convertir a Atenas en la potencia naval más importante del Egeo.
Un año después de la guerra contra los persas, Atenas crearía la liga de Delos, unificando así el poder naval de las islas del Egeo y Jonia bajo el liderazgo ateniense. Temístocles introdujo exenciones de impuestos sobre mercantes y artesanos, para atraer población y comercio a la ciudad, y convertir así a Atenas en un gran foco comercial. Instruyó además a los atenienses a construir veinte trirremes nuevas al año, para asegurarse de mantener la posición dominante en el mar. Y para mejorarlo todo aun mas, Temístocles propuso asimismo en secreto, destruir los barcos varados de sus aliados navales, para asegurarse así la supremacía naval completa, pero sus planes fueron vetados por Arístides y el Consejo de Atenas.
Durante todo ese tiempo, y años venideros, Temístocles había comenzado a acumular enemigos, y se había hecho arrogante, del mismo modo que sus ciudadanos se mostraban más celosos de su prestigio y poder. Los espartanos trabajaron activamente en su contra, apoyando a Cimón, hijo de Milcíades, uno de los héroes de Maratón, como su rival. Además, tras la traición y desgracia del general espartano Pausanias, los lacedemonios intentaron implicar a Temístocles en el complot. El ateniense, no obstante, fue absuelto de los cargos.
En la misma Atenas, perdió adeptos con la construcción del santuario de Artemisa cerca de su hogar, como patente referencia a su propio rol en liberar a Grecia de la invasión persa. Al final, en unos siete u ocho años luego de la batalla de Platea, fue condenado al ostracismo. Esto no era un castigo, sino un modo de pacificar y aliviar los celos, que buscan la humildad de los eminentes, para que purgasen su malicia durante ese periodo.
Temístocles marchó primero al exilio en Argos. Percibiendo que disponían de una oportunidad única para hundir a Temístocles, los espartanos resucitaron las acusaciones sobre él de complicidad en la traición de Pausanias. Exigieron que fuera juzgado por el Congreso de los Griegos y no por el ateniense, aunque finalmente fue llamado de vuelta a Atenas para defenderse de los cargos.
Quizá sospechando que tenía pocas esperanzas de sobrevivir a este juicio, Temístocles huyó, primero a Córcira y luego ante Admeto de Epiro, Rey de Molosia. La huida de Temístocles sólo sirvió para convencer a los acusadores de su culpabilidad, siendo declarado traidor en Atenas, y sus propiedades confiscadas. Es digno de mención que tanto Diodoro como Plutarco consideraban los cargos falsos, creados únicamente con el propósito de destruir a Temístocles. Los espartanos enviaron embajadores ante Admeto, amenazándole con una guerra con el resto de Hélade a menos que les entregara a Temístocles. No obstante, Admeto permitió que Temístocles escapara, dándole una cuantiosa suma de oro para ayudarle en su camino. Temístocles huyó de Hélade, para no volver jamás, acabando así con su carrera política.
Huyó a las fronteras del Imperio Aqueménida, y allí se puso bajo el mando del nuevo soberano persa, Artajerjes I, que junto a sus influencias y el acérrimo odio que ambos sentían por Hélade, se decide avanzar hacia las costas griegas para someterla definitivamente bajo el dominio persa.
Poco después de la marcha de Temístocles decidí dar por terminada mi vida en esta ciudad.
XXXXX
Me encontraba en casa de Aesop. Su esposa se encontraba reunida con unas amigas en una parte de la casa junto a sus hijos. Estaba esperando la llegada de mi viejo amigo. Habíamos pasado muchos años juntos y era el momento de la despedida. Metrodona había sido muy a amable al no preguntarme nada. Ella ya sabía a lo que venía. Nos preparó una mesa y algo de comida y bebida. La cena aún estaba lejos, pero nos vendría bien llenar algo el estómago.
Al contrario que con Buda y otras tantas veces, esta vez mi despedida era más dolorosa. Demasiadas cosas que habíamos vivido junto.
-Oh amigo mío, no te esperaba.
Con su típica sonrisa, Aesop entró en la sala. Nos abrazamos y sentamos. Durante largo rato charlamos de cosas amenas, disfrutando de una larga y tranquila charla. Hace unos años que Aesop había comenzado su propia tierra y ya no trabajábamos juntos. Por eso yo ya tenía preparado un documento.
La cena había acabado y era el momento de despedirnos. Saqué el documento y se lo pasé. Intrigado, Aesop dejó la copa de vino en la mesa, leyendo el documento. Según iba leyendo su rostro se volvía más serio e incrédulo.
-No pienso aceptar esto. – dijo con seriedad rechazándolo.
-No tienes elección. Ahora es tuyo sin rechistar.
-¿Por qué? Explícamelo.
No pude evitar soltar un suspiro y señalarme.
-No hace falta que te lo explique, Aesop. – hacía años que no usaba un tono tan duro con el – Tus mismos ojos te lo muestran pero tú no quieres aceptarlo. ¿Cuántos años han pasado ya desde que nos conocemos? Tú has crecido, te has hecho hombre, tienes esposa e hijos e hijas. En cambio yo… - nuevo suspiro – yo no he cambiado en absoluto. Desde que nos conocimos lo único que ha cambiado es el largo de mi cabello y barba. Nada más. No he envejecido. La gente no tardará mucho en fijarse, si es que no lo han hecho ya.
-Pero podríamos…
Alcé la mano, haciéndole callar. Se lo que pretendía, pero llevaba así muchos siglos y eso no iba a cambiar.
-No, amigo mío. Esto es algo que he hecho siempre. Pasar un tiempo en una ciudad y luego ir hasta otra. Así funciona mi vida. Es lo mejor, no solo para mí, sino para ti y tu familia también.
-…
Nos quedamos callados unos largos minutos. Dejé que Aesop organizara sus pensamientos y dirigiera esta noticia.
-Has sido como un padre para mí. – Murmura mirando la mesa – Desde que nos conocimos allá en la frontera oriental de Persia me has cuidado, incluso cuando llegamos a Hélade. – entonces fija su mirada en mí, con las lágrimas cayendo por mis ojos – Me has enseñado todo lo que sé. Te debo más de lo que crees y jamás podría pagártelo. Yo… yo…
Me levanto y le abrazo, apoyando su cabeza en mi pecho, dejándole llorar con libertad. A mí también me duele. Veo a Metrodona de reojo. La mujer sonríe con tristeza. Nuestra relación no es tan profunda como la que tengo con Aesop, al igual que la mía con él no es tan profunda como la que tiene con su esposa, pero así es como debe ser y realmente estoy contento. Me hace feliz la gran amistad que tengo con ellos dos.
Una vez que Aesop ha terminado me aparto y camino hacia la puerta. No hay más palabras… no hacen falta. Ahora Aesop tiene tierras, un negocio próspero y dos casas. Yo ahora solo me tengo a mi y su amistad, lo cual me es suficiente.
XXXXX
Un tiempo después de mi partida me llegaron nuevas noticias sobre la guerra entre helenos y persas. Cimón, enterado de las intenciones de Artajerjes I, avanzó hasta Jonia y derrotó al ejército persa en la batalla del río Eurimedonte dos años después del exilio de Temístocles.
Tras esta gran victoria, Cimón decide que se debe de nuevo promulgar la amistad y paz con el pueblo espartano, pero los atenienses no consideraron esa opción de igual manera y lo destierran por orden de Efialtes, cuyo mandato no duró mucho y fue sucedido por Pericles, que gobernó Atenas hasta su muerte. Pericles continuó la guerra contra Persia, en la que destacan dos decisiones que realizó, la primera la de solicitar a Cimón su vuelta del destierro y la segunda, la firma de un tratado de paz con Artajerjes I, el cual aceptó, llamado Paz de Cimón diecinueve años después, que estipula ciertas condiciones para ambos pueblos y que es presidido por éste, razón por la que fue mandado de vuelta del exilio, aunque realmente demostrado que fue presidido por Calias, ya que en el año del tratado, Cimón ya había muerto, por lo que se piensa fue realizado en su honor y recuerdo.
Las guerras entre griegos y persas llegan a su fin mediante las condiciones impuestas por los griegos a los persas, a saber:
Obligación a los persas de desistir definitivamente en su conquista y expansión a Hélade.
No volver a navegar por el mar Egeo.
Se les permite comerciar con las colonias helenas de Jonia.
Casi diez años después llegó la noticia de que Temístocles había fallecido. Tras su muerte, sus huesos fueron transportados al Ática como solicitó, y enterrados en su tierra natal en secreto, pues era ilegal enterrar a un traidor a Atenas en el Ática. Los magnesios construyeron una tumba espléndida en su plaza del mercado para Temístocles.
Olimpo – hogar de los Semi Dioses Olímpicos
Otro día más en el Olimpo. Otro día de aburrimiento. ¿Cuánto ha pasado ya desde la última vez que estuve en Hélade? Me siento muy letárgica. Tengo que hacer algo o moriré de aburrimiento. Es curioso ver cómo mientras pienso en mi aburrimiento, Atenea hace acto de presencia, apareciendo en mi Salón.
-Afrodita, tienes que venir al Pabellón del Panteón. Zeus quiere mostrarnos algo importante.
No puedo evitar asombrarme un poco. Esta sería como pocas veces. Parece ser que el viejo realmente tiene algo interesante para mostrar. Me levanto de mi cama y camino junto a ella. Mi instinto me dice que va a pasar algo de lo más interesante.
Atravesamos la ciudad hasta llegar al Salón del Panteón, donde los principales y más importantes nos reunimos para hablar de temas serios y, la gran mayoría, absurdos. Como siempre, ahí estaban todos a excepción de Hades. Seguramente debía estar en el Reino de los Muertos disfrutando con el maltrato a alguna pobre alma. Pero bueno, realmente ¿qué me importa a mí?
El Salón del Panteón era una amplia sala abovedada sostenida por gruesos pilares, todo de mármol blanco. Al menos alegra la vista ver cortinas, jarrones y plantas. Todo blanco es aburrido. ¿Cómo los ángeles de Elohim no se suicidan viviendo en el Cielo? Tengo entendido que todo es del blanco más puro.
-¿De qué querrá hablarnos Zeus? – Preguntó Ares con obvio disgusto – La guerra contra los persas ya acabó. No hay nada interesante para habernos llamado.
-Silencio Ares. Calla y escucha. – le dijo Apolo.
-¿Qué se calle y escuche? Se lo estás diciendo a Ares. – se burla Dioniso.
-¡Cállate maldito borracho! – chilla Ares furioso.
Uhhh, esto se está poniendo interesante.
-¡Silencio! ¡Callaos de una vez! ¡Así no hay quien cuente nada!
Y hablando del mandamás, aquí llega Zeus vestido con la típica túnica griega. No me quejaré, nos gusta mucho la cultura griega, no por nada nuestra ciudad se parece a una. Incluso yo me visto como ellos.
-Y bien hermano, ¿qué es eso TAN importante de lo que tenemos que hablar? – pregunta Poseidón mientras apoya su barbilla en su puño.
-Es de esto de lo que quiero hablar.
Avanzó hasta la inmensa mesa central y creó un holograma. Hum, nada interesante. Otra vez la segunda guerra entre helenos y persas. ¿Qué hay con eso? ¿Qué hay interesante?
-¿Esto es lo que querías mostrarnos? – pregunta aburrido Hermes.
-Fijaos bien. ¿No notáis nada raro? A mí me pareció en un principio y desde entonces he estado investigando. Fijaos bien.
Todos concentramos nuestra mirada en las imágenes. Yo no veo nada raro. Lo mismo de siempre. Hombres, griegos y persas, luchando entre sí.
-¿Qué hay? ¿Qué debemos ver? Si nos lo dices sería más fácil. – murmura aburrida Deméter.
-Fijaos en ese hombre.
Señalando a un humano en particular, todos centramos nuestras miradas en nuestro ahora objetivo visual. Callamos y observamos la batalla. Uh, no me había dado cuenta hasta ahora. Ciertamente esto sí que parece raro. Un hombre con armadura griega luchando con una habilidad superior incluso a la de Aquiles.
-Su habilidad con la espada es buena, pero no puedo decir lo mismo de la lanza. Fijaos que manera más magistral de blandirla. Hay gran diferencia. – Analiza Atenea – Y fijaos en eso. Esa fuerza no es de un hombre normal, aunque tampoco es tan fuerte como Heracles.
-Exacto. Ese humano no es normal. ¿Os suena su rostro? ¿Es hijo de alguno de vosotros?
Hace el holograma más grande, dejándonos ver perfectamente el rostro del humano. Hum, no me suena haberlo visto antes. Todos negamos luego de analizarlo concienzudamente.
-Hum. Esto es extraño. – Murmuró Apolo – Este humano… ¿quién es? ¿De quién se trata?
-No lo sé. – Respondió Zeus – Creía que podría ser alguno de nuestros vástagos, pero parece ser que estoy acabado. No sé quién es, por lo que esto me llama aún más la atención.
-Quizás sea vástago de algún otro Panteón. – Comentó Atenea – Aunque haya pocas probabilidades sigue siendo la opción más probable.
-Hum. Es posible, pero no le preguntare a ninguno de ellos. Ya sabes cómo están las tensiones entre nosotros y el resto de Panteones, por no contar algunas guerras, como la de los ángeles y demonios. – dijo Poseidón.
-¿Y qué más da este humano? – Preguntó Hera con disgusto – Un humano un poco mejor que el resto. ¿Acaso realmente importa? – Dicho esto empezó a abandonar el Salón – Avisadme cuando sea algo realmente importante.
Zeus rodó los ojos mascullando algo mientras Poseidón se reía divertido.
-Entonces que harás, hermano.
-Padre, déjame enviar a uno de nuestros Dioses menores. Tengo la sensación de que contra los humanos no hemos visto su potencial. Creo que realmente oculta su poder o sus verdaderas habilidades… su potencial.
Zeus observó con atención a Atenea. No era un secreto que era su hija preferida. La consentía más que a cualquier otro de sus hijos.
-Está bien. Envía a uno.
Oh, esto se está poniendo aún mejor. Uno de los Dioses menores. Esto será muy divertido. Observo a mi hermana marcharse para buscar al elegido mientras los demás observamos a nuestro líder. Zeus observaba a Atenea pero luego volvió a mirar a la mesa holográfica.
-¿Y ahora?
-Voy a ver si puedo localizarlo.
-¿Si puedes?
-Sabes que buscar a un solo humano, y encima de todo uno que no sea un vástago nuestro, es de las cosas más difíciles que puedo buscar. Tendremos suerte si consigo localizarlo.
Invocó un mapa de Hélade y empezó su larga búsqueda. Algunos se marcharon, como Ares o Hermes, quedándonos solo Zeus, Poseidón y yo.
-Aun siendo un humano extraño, te veo muy excitado con este.
-No es feo, es fuerte y parece interesante.
Yo rodé los ojos. No le veo problema alguno a que dos personas del mismo sexo se acuesten. Yo misma lo he hecho innumerables veces, pero no me interesa escucharles hablar de ello en mi presencia.
-Pero, por lo que he podido descubrir, me parece que al contrario que los demás griegos, él no está interesado en los hombres de esa manera.
-Es extranjero, así que no es extraño que no tenga los mismos gustos.
-Pero ha convivido entre ellos muchos años humanos.
-Hum, un humano misterioso.
-¿Y qué va a pasar si el guerrero de Atenea derrota al humano? – pregunté manteniendo mi mirada en el humano.
-Depende de cómo sea la lucha. Si realmente tiene un gran potencial escondido, puede que entretenga al siervo de Atenea. En caso contrario solo quiere decir que nos topamos con un humano un poco más hábil que el resto.
-Pse. No creo yo que pase nada interesante. – Comento encogiéndome de hombros mientras me marcho de vuelta a mi Salón – Avísanos si logras encontrar a ese humano tan interesante. – digo con tono de burla.
Hélade
-¿Cuánto falta? ¡Estoy cansado! – chilló un hombre.
-¡Por los Dioses! ¡Cállate ya! ¡Llevas quejándote desde la tarde! – recriminó furiosa otra voz masculina.
-¡Pero no hemos parado desde entonces!
-¡¿Y qué?! ¡¿Acaso nos has visto cansados?! ¡Maldición con los jónicos! ¡Panda de débiles!
-¡Oye!
-Chicos, calmaos los dos. No estamos muy lejos. – dijo otra voz más calmada.
Oh, cierto, aún no he dicho quiénes son esas tres voces que me acompañan. Bueno, creo que lo mejor será explicar que ha pasado desde que la guerra contra los persas acabara.
Ocho años después del fin de la guerra contra los persas… otra guerra estalló. Hacía poco que había estallado la guerra entre la Liga de Delos, conducida por Atenas, con la Liga del Peloponeso, conducida por Esparta. Me provocaba pena saber que tan grandes aliados en el pasado ahora batallaban entre ellos. Pero bueno, ya no me importa. Mi viejo amigo y esposa ya no están entre nosotros. Espero sus descendientes no perezcan en la guerra.
-Espero que este Rey nos ofrezca un lugar de descanso. La noche se cierne sobre nosotros.
-¡Comida, bebida y mujeres! ¡¿Qué más puede pedir un hombre?!
-¡Quizás un poco de tranquilidad y no un imbécil que no ha dejado de quejarse en todo el viaje!
-¡Cállate maldito espartano!
-¡¿Acaso quieres que te ensarte con mi espada, jónico?!
Pero ahora tenía algo más importante en que preocuparme. Hacia unos años había creado un grupo, no por decisión propia, de mercenarios formado por mí y otros tres hombres; Tideos, un hombre de Tebas, Phylon, un espartano y Theron, un jónico.
Theron era conocido por ser un hombre callado y que evitaba la pelea si era posible, pero que cuando estallaba de furia no había rival para él. Tideos era el más alegre de nosotros. Phylon por su parte, era actualmente el más temido de los cuatro. La fama de los espartanos le seguía a cualquier lugar.
-¡Quiero verte intentarlo!
-¡¿Cómo tú quieras?!
Vale, no aguanto más.
-¡Queréis callaros de una maldita vez, par de imbéciles! ¡Estoy más que harto de vuestra estúpida discusión! ¡Si no cerráis el pico yo mismo os lo cerraré a golpes! ¡¿Ha quedado claro?! – no pude evitar gritar, pues estaba más que cansado de estos dos el día de hoy. Ambos asintieron y enfundaron sus armas – Bien, ahora haced el favor de callaros a menos que sea realmente algo importante.
Dicho esto di media vuelta y volví a caminar siendo seguido por mis tres compañeros. Bueno, como iba diciendo, durante estos años nos hemos ganado nuestra fama como grandes mercenarios. Hemos luchado contra ladrones, asesinos e incluso monstruos. Actualmente íbamos camino a Tracia, pues él ReySitalces había pedido nuestra presencia por algún asunto importante.
-¿Qué creéis que nos pida ese Rey? - preguntó Phylon.
-Quien sabe. Desde la llegada de ese Rey al Trono de Tracia hace unos años, ha conseguido un gran Reino. Ciertamente es extraño que mande llamar a un grupo de mercenarios cuando posee tanto poder. – comentó Theron.
-Por la guerra entre Atenas y Esparta. – Expliqué – Casi toda Hélade está batallando en un bando u otro. Incluso Sitalces ha tenido que intervenir. Por ese motivo nos ha llamado.
-Pero, ¿de qué crees que se trate el trabajo?
-Ahí no se decirte.
-¿Acaso espera que luchemos en la guerra? – Masculló Tideos – No pienso meterme en medio de esta guerra.
-Ninguno quiere meterse en esa guerra. – Admitió Phylon – Si mis antiguos compatriotas me vieran me harían todo tipo de cosas que solo los espartanos conocemos. Y os aseguro que no es bonito.
-Me lo imagino.
-Entonces solo nos queda esperar a que lleguemos y saber que nos va a mandar… y cuanto pagara.
Entonces todos nos reímos. Como mercenarios que éramos, y éramos los mejores de toda Hélade, nuestros precios eran altos. El camino hasta la capital de Tracia fue larga, pues no teníamos caballos y teníamos que ir a pie.
Por suerte, una vez allí, nos sentimos aliviados de la larga caminata. Frente a nosotros estaba la capital de Tracia. Sus altos y fuertes muros custodiados por centinelas que nos observaban preparados para intentar aniquilarnos.
Sonriendo retadores avanzamos hasta la puerta principal de la ciudad. Allí nos detuvieron varios guardias armados. Era una actuación normal. Después de todo… nosotros no íbamos desarmados.
-¿Quiénes sois? – exigió saber el Capitán de la guardia de la puerta.
Mis tres compañeros me miraron, esperando a que contestara. Ahhh, ser el líder a veces era algo aburrido.
-Hemos sido llamados por el Rey Sitalces. Somos los mercenarios. Yo soy Issei y ellos son Phylon, Theron y Tideos.
El Capitán miro al resto de sus hombres y asintió. Al instante dejaron de apuntarnos con sus lanzas y los arqueros con sus arcos.
-Gracias. Es usted muy amable. – el sarcasmo era más que obvio en la voz de Phylon.
Mascullando algo, el tracio nos condujo a través de la ciudad. Los habitantes nos miraban al pasar con algo de temor. Las madres metían en sus casas a sus hijos mientras los varones se mantenían atentos a nuestros movimientos.
Es curioso que siempre causemos esas sensaciones a cualquier ciudad que vayamos, ya sea grande o pequeña. La ciudad no tenía mucho de sí, ya había visto otras iguales. Nos condujeron al palacio y a través de los pasillos hasta el Salón del Trono. Allí nos esperaba el Rey Sitacles junto a algunos de sus ministros.
-Mi Rey. Aquí están los mercenarios que mandó llamar. – anunció el Capitán con una reverencia.
-Gracias Capitán. Ahora puedes volver a tu labor.
-Mi señor.
Haciendo una nueva reverencia el hombre se marchó no sin antes mandar una mirada amenazante a nuestro grupo. Phylon no pudo evitar sonreír retador. Ahhh, espartanos.
-¿Que quiere de nosotros, Rey Sitacles?- pregunté.
Muchos se asombraron al no vernos hacer una reverencia y los murmullos empezaron a escucharse por toda la sala. Sitacles no hizo mucho caso a nuestra actitud.
-Estoy seguro de que sabéis que os he llamado para contrataros para un duro y peligroso trabajo. – Asentimos - Si completáis la misión que os voy a encomendar, os daré vuestro peso en oro.
Al principio nos sorprendimos enormemente, pues era una cantidad descomunal para cualquiera. Pero sabíamos perfectamente que una misión como aquella tenía que ser muy dura para la magnitud de la recompensa. Aun así, todos permanecimos en silencio para que el Rey continuara. Este ordenó a una mujer que le trajese más vino.
-Quiero que consigáis el cinturón de la Reina Amazona.
Bien. Ahora si sabíamos el motivo del por qué tan alta recompensa. Todos sabían lo que deparaba a aquellos que osaran intentar asesinar a una Reina Amazona y de cómo acabarían sus cuerpos. Heracles se lo había robado a la Reina Hipólita pero luego las Amazonas recuperaron dicho cinturón. Podía notar como mis compañeros querían preguntar el motivo de tener tal objeto, pero no era asunto nuestro. Aunque posiblemente fuera para la guerra.
-¿Y por qué no enviáis a vuestros propios hombres? – pregunté.
-Es obvio que conocéis la guerra entre Atenas y Esparta. Mis tropas están combatiendo, y previeron contratar mercenarios a enviar a mis hombres a tan arriesgada misión.
-Con todo el respeto, no sé si nos veríamos capaces de tal misión, su alteza. – masculló Therón.
Era normal que pensara de esa manera. Estamos hablando de las Amazonas. No eran precisamente damas débiles. Eran temidas por todos por obvios motivos. Y querer conseguir su cinturón no era algo precisamente fácil.
El Rey nos observó con una ceja levantada. Se aclaró la garganta e hizo como si no hubiese escuchado nada.
-Cómo iba diciendo, quiero el cinturón de la Reina Amazona. Y si lo conseguís, bueno, ya sabéis cual será vuestra recompensa, además del título de Héroes.
-Pero si las Amazonas de por si son un reto, se trata de la Reina, hija del Dios Ares, Dios de la Guerra. - dijo Tideos tragando saliva pues estaba rechazando una oferta muy jugosa.
Sitacles se comenzó a reír junto con todas sus concubinas que rápidamente lo imitaron. Le dio la copa a una de ellas y se levantó mirándonos con aires de grandeza.
-Y dicen que sois los mejores mercenarios de toda Hélade. - bajó los escalones lentamente para ponerse nuestra altura; aunque todos superábamos - No os estoy preguntando si aceptáis o rechazáis la misión. Os estoy preguntado si queréis la recompensa, que entiendo que no rechazaréis. Pero estoy decepcionado. No esperaba que fuerais unos cobardes.
Theron apretó la mandíbula del odio y Tideos los puños con los que le gustaría estar golpeando en ese momento al Rey. Incluso Phylon miraba al Rey con desprecio. Yo les miré de reojo, preguntándoles con la mirada. Ellos asintieron. Aceptaríamos aquella misión.
-Bien, aceptamos esta misión. – le dije.
-Tienen seis meses para traerme el cinturón. - dijo contento encaminándose nuevamente a su trono - Podéis marcharos, aunque dado que la noche es cerrada en el exterior podéis hospedaros esta noche.
Asentimos con la cabeza y nos marchamos del Salón del Tono. Pero mis tres compañeros salieron con la certeza que esa iba a ser su última misión. Una que les llevaría hacia una vida llena de lujos o hasta su propia muerte.
-Veo dos posibilidades. O bien morimos o bien nos cubrimos de oro. – Sonrió Phylon – Ambas me atraen como una buena mujer.
-Para ti es fácil aceptarlo. Para vosotros, los espartanos, una muerte contra una Amazona es gloriosa. Pero yo prefiero seguir vivo y disfrutar de mi recompensa. Ya me lo imagino. Una casa cerca del mar rodeado de mujeres y la mejor comida y bebida. – comentó Tideos.
Theron se mantuvo callado, con su vista en el frente, mirando a ningún punto en particular.
-La muerte nos aguarda. – murmuró.
-¿A qué te refieres? – le preguntó Tideos.
Theron frunció el ceño mientras a su mente venían las historias que había escuchado sobre esa tribu de mujeres guerreras.
-En una región frontera de Terma, cerca del Mar Negro, está el Reino de las Amazonas. Todo ser inteligente que vive allí son mujeres. Son conocidas como 'las que luchan como varones'. Ningún varón tenía permiso para mantener relaciones sexuales ni tampoco residir en el país de las Amazonas; sin embargo, hay épocas en las que las Amazonas visitaban a los gargarios, una tribu vecina, para seleccionar a los varones más aptos para el 'amor colectivo'.
-Eso es cierto. Las Amazonas son conocidas por ser amantes insaciables y feroces. – dijo Tideos con un tono jocoso.
-Así mismo, los varones que resultaban de los encuentros sexuales, son devueltos al hogar paterno, y las niñas; sin embargo, son criadas por su madre y adiestradas en las labores del campo, la caza y la lucha.
-Si. Ahora que recuerdo, también me suena haber escuchado sobre eso. – Murmuró Phylon llevándose una mano a la barbilla – Como ha dicho ese maldito Rey, todo aquel que conseguía derrotarla es considerado un Héroe, como el gran Heracles.
-Exacto. Por eso son retadas y buscadas por la mayoría de hombres que quieren obtener dicho título. Por supuesto, ninguno se atreve a meterse, por mucho que quieran ser nombrados Héroes. Supuestamente son hijas del Dios de la Guerra, Ares.
-Tengo la sensación de que ya hemos hablado de esto.
-Bobadas Phylon. Los golpes y la edad ya te están afectando.
-¡Cállate desgraciado! Pero bueno, eso no es algo que asuste a nuestro buen líder, ¿no es así Issei? – sonrió retador Phylon.
-Cierto. El que no cree en los Dioses no tiene nada que temer.
-Ya os lo he dicho, ¿no? – Pregunto con un suspiro – No niego que existan, pero sí que sean Dioses.
-Lo sabemos, lo sabemos. Solo espero que no cabrees a ninguno con esos comentarios.
-Bah.
Aquella noche comimos y bebimos para luego descansar. El viaje iba a ser extremadamente largo y necesitábamos fuerza. Nuestro viaje comenzó a la mañana siguiente sin demora, pues nos ocuparía más de un mes en llegar a la tribu de los gargarios, que sin duda era el pueblo que más información podría darnos sobre las mujeres tan temidas en todo el continente.
El mes que estuvimos viajando hacia el lugar fue la calma antes de la tormenta. En cada pueblo donde dormíamos, tenían fiestas en tabernas y muchas veces conseguían la compañía de alguna que otra mujer hermosa durante la noche que nos hospedábamos.
XXXXX
Estábamos cerca de llegar al Reino Amazona, pero para nuestra desgracia… nos habíamos equivocado de camino.
-¡Os dije que debíamos haber girado a la izquierda en el sendero! – chillaba Phylon furioso - ¡Pero nooo! ¡Tuvimos que girar para el lado contrario!
-¡Ya he dicho que lo siento! ¡Cállate de una maldita vez! – exclamó Theron furioso.
Solo pude suspirar aburrido. Hacia una semana que nos habíamos perdido. Desde que salimos de Tracia habíamos seguido los caminos que conducían al Reino Amazona, pero debido a una tremenda lluvia repentina y una densa niebla, al final habíamos acabado perdiéndonos, equivocándonos al orientarnos, errando en el camino. No sabemos cuánto nos habíamos desviado, pero ciertamente la paciencia hacía tiempo se había agotado.
-¡Maldito bosque y maldito seas Theron!
-¡Cállate de una vez, Phylon! ¡Eres un pesado! – grité ya harto de las protestas del espartano – No sé si lo habéis notado, pero no estamos solos en este bosque. – ante mis palabras mis tres compañeros se detuvieron de golpe.
-¿A qué te refieres? ¿Hay alguna tribu cercana? – preguntó Tideos entrecerrando los ojos y llevando su mano a la empuñadura de su espada.
-No… no es una tribu. Es algo peor.
Nos pusimos espalda contra espalda, permitiéndonos ver y vigilar toda la zona. Las armas en las manos y los sentidos alertas. Había algún tipo de criatura sobrenatural. Podía sentirlo levemente. Ojala tuviera mis habilidades totalmente recuperadas. Pero no podría usarlas con mis compañeros aquí.
-¿Qué creéis que sea? ¿Qué criatura? – preguntó Theron.
-Bueno, ya nos hemos enfrentado a casi todo tipo. Dudo que sea algo nuevo.
Entonces, entre los árboles y la niebla, pudimos distinguir una serie de siluetas. Usando algo de mi Magia, la cual había recuperado gracias a la liberación de parte de mi Circuito Mágico, hice que la niebla disminuyera lo suficiente como para permitirnos ver varios metros. Lo que vimos provocó gemidos de indignación, pues frente a nosotros no había solo una criatura… sino dos de ellas.
Una tenía el cuerpo de una cabra, la cola de una serpiente y tres cabezas; una de león, otra de macho cabrío, que le salía del lomo, y la última de dragón o serpiente, que era la que nacía en la cola. Una quimera.
El otro era un ser enorme con un solo ojo en su frente. Un ciclope.
Bueno, el peligro mayor era la quimera, pues no tenía buenos tratos con los humanos. Además, era más que obvio el sentimiento asesino que nos mandaba. Por otro lado los ciclopes no son supuestamente malvados… pero este no nos miraba precisamente con aire amistoso.
-En menudo lio hemos venido a parar. – Murmuró Theron - ¿Qué más?
Y si no teníamos poco con una quimera y un ciclope, a estos se les unió un gigante. Al contrario que los gigantes primigenios, estos solo eran increíblemente altos, robustos y fuertes. Los gigantes primigenios tenían serpientes en las piernas, pero este gigante no.
-No podías mantener esa bocaza cerrada, ¿verdad? – masculló Phylon.
-¿Dónde demonios hemos venido a parar? ¿Y cómo es que hay una quimera, un ciclope y un gigante aquí, juntos? – se preguntó Tideos
-No es momento para andar haciéndose preguntas. Tenemos enemigos duros que vencer. – les advertí mientras observaba a nuestros tres oponentes.
Un gigante de enorme fuerza física, un ciclope más bajo pero también poderoso y una quimera escupe fuego. Ciertamente enemigos peligrosos para mis compañeros.
-Bien, yo me ocupo del gigante. Phylon, Tideos ocupaos de la quimera. Theron, mantén al ciclope distraído. ¿Creéis poder hacerlo?
Theron fijó su vista en el ciclope mientras Phylon y Tideos en la quimera. Habían entendido mi plan.
-Sin problema alguno. Este es el rival más peligroso que he enfrentado hasta ahora. Derrotarle será glorioso. – sonrió retador Phylon.
-Me pregunto si seremos tan aclamados como Belerofonte, aquel que derrotó a la original. Estoy seguro de que esta debe ser algún descendiente. – sonrió Tideos.
La quimera exhaló gran cantidad de ardiente fuego. Tideos y Phylon lo esquivaron hábilmente, manteniendo la distancia con la criatura.
-Tsk, como desearía tener una lanza en mis manos. – masculló Phylon.
-Venga compañero. Con las espadas será más sencillo. – se rio Tideos.
-¡Intenta acercarte tú con esa maldita serpiente!
-No prometo que lo intentaré… pero intentaré intentarlo.
-…
El ciclope, que tenía un mazo enorme, supongo que sería parte de un grueso árbol, atacó a Thedon, pero el tebano lo esquivó hábilmente. El gigante, por su parte, se quedó mirando a mi persona. Yo me crucé de brazos, observándole también. Tanto mis compañeros como las otras dos bestias seguían su lucha particular.
-¿Quién os ha enviado? Es de lo más extraño que tres criaturas como vosotras estén juntas y atacándonos. No creo habernos adentrado en vuestro territorio, pues sois independientes unos de otros, ¿verdad? – le pregunté sin obtener respuesta – No dirás nada. Bien. Entonces, ¿por qué simplemente no nos vamos cada uno por nuestro lado?
Entonces el gigante frunció el ceño e intentó golpearme con su gran puño, pero pude esquivarlo. Un animal gruñido surgió desde su garganta. No parecía estar de buen humor.
-Hmph. Como quieras. Vosotros lo habéis querido. – murmuré mientras desenfundaba mi espada.
El gigante rugió e intentó aplastarme con ambas manos. Yo rodé hacia adelante, aprovechando que estaba inclinado por el intento de aplastamiento. Dio un salto y clavé mi espada en su ojo derecho. Los jugos del ojo empezaron a salir, manchando la hoja de la espada. Con un grito de dolor el gigante volvió a incorporarse, llevándose las manos a su ojo herido.
-Empezamos bien.
Entonces oigo varias cosas. Primero el rugido de la quimera. Parece ser que Tideos y Phylon habían logrado herirla. Por su parte, Theron mantenía al ciclope a distancia.
XXXXX
-¡Eh! ¡Aquí monstruo! – exclamé mientras Phylon avanzaba hacia el lado contrario.
Esa bestia tiene tres cabezas, pero solo un cuerpo. Si conseguimos atravesarle en un punto vital, por mucha quimera que sea, morirá.
-¿Qué es lo que tienes pensado, Tideos?
-Pues ahora mismo no sé. Con tu lanza podrías atacar, pero está – esquive un ardiente torrente de fuego – ese maldito fuego.
-Creo recordar que exhalaba fuego por sus tres bocas y el trasero. – masculló mi amigo espartano.
-Eso es así. Seguro que tiene que tener el culo muy escocío. ¡Jajajaja!
-¡No es momento para chistes! ¡Cuidado!
Por los pelos conseguí esquivar las mandíbulas de la serpiente y la garra del cuerpo. Phylon corrió con su escudo hacia delante, evitando las mandíbulas del león. Clavó su lanza profundamente en la carne de la quimera, pero eso no sería suficiente. Las tres bocas rugieron de dolor.
La serpiente intentó morderle, pero Phylon lo esquivó. Bueno, al menos hemos podido hacerle su primera herida.
XXXXX
Hacía mucho que no nos enfrentábamos a monstruos, pero esta es la primera vez que lo hago contra un ciclope. No puedo enfrentarme contra el cuerpo a cuerpo. Como bien ha dicho Issei, lo mejor será distraerle. Su punto más vulnerable es el ojo. Ojala tuviera un arco.
El ciclope sujetó un árbol y lo arrancó de cuajo, usándolo luego para intentar aplastarme. A pesar de ser muy grande, era bastante lento, por lo que podía anticipar sus movimientos. Yo solo era incapaz de siquiera acercarme, pero tal y como ha dicho Issei, el objetivo es mantenerlo ocupado mientras los demás acaban con sus respectivos.
XXXXX
ROAR
Rugiendo furiosa, la quimera volvió a exhalar fuego.
-¡Phylon! ¡Haz como Belerofonte! ¡Entierra la punta de la lanza encendida por el fuego de la quimera en su cuerpo!
Phylon observó a su compañero y luego a la quimera. No era mala idea, y era lo mejor que podían hacer. El fuego aumentaba demasiado la temperatura del escudo y lo hacía casi insostenible, pero de esa forma podría funcionar.
Tideos volvió a provocar a la quimera para que exhalara fuego, lo cual aprovechó Phylon para meter la punta de la lanza entre las ardientes llamas. Dejándola lo suficiente para que estuviera al rojo vivo, pero también lo suficiente como para que no ardiera, el espartano tuvo la temperatura perfecta. Nuevamente Tideos despistó a la quimera. Phyon se lanzó hacia ella, bloqueando la mordedura de la serpiente con el escudo y…
SLASH
Atravesando profundamente la punta de la lanza al rojo vivo en el costado de la quimera. Esta rugió de dolor por sus tres fauces y se sacudió violentamente para pocos segundos después caer al suelo inerte.
Los dos mercenarios respiraron repetidas veces para recuperar el aire.
-Esto ha sido muy intenso, ¿no crees?
-Una buena batalla. Pero ahora tenemos que ayudar a Theron. – La vista del espartano fue a su compañero y luego a Issei – Nuestro buen líder parece ocuparse bastante bien del gigante.
-¡Pues a por el ciclope entonces!
Fuimos corriendo a ayudar a nuestro compañero. El ciclope parecía nervioso luego de ver como asesinábamos a la quimera, pero aún más al ver como el gigante no podía derrotar a nuestro líder.
-¡Venga muchachos! ¡El que derribe al ciclope gana y los otros dos invitan! – apostó Tideos.
-¡Yo lo veo! – sonrió colmilludamente Phylon.
-Adelante pues. – Theron también sonrió.
XXXXX
PAM-PAM-PAM
El sonido de fuertes pisadas y manotazos era lo que más recibían mis oídos, y su cercanía los hacia aún más ensordecedores. Este gigante no dejaba de intentar aplastarme con la furia asesina relampagueando en su único ojo sano. Ser tan grande provocaba que el suelo temblara a cada pisotón o manotazo y que el polvo y la poca nieve existente se elevaran y se hicieran bastante densos, creando una leve neblina.
PAM-PAM-PAM
Habiendo aprendido la lección, el gigante no intentaba volver a agacharse, pues estaba temeroso de mi espada. La seguía en todo momento, intentando no perderla de vista aun cuando me ponía a sus espaldas. Pero no parecía darse cuenta de que le estaba llevando a una pequeña cuesta donde la zona elevada me daría una ventaja.
PAM
Intentó golpearme nuevamente con el puño cerrado, pero yo rodé hacia adelante, concentré Touki en mi mano y rayos creados con mi Magia en mi espada y salté hacia el enorme monstruo.
PUM
El puño se enterró en la grasienta piel del gigante, pero el golpe fue más que efectivo. Gritando de dolor cayó de espadas. Aproveché ese impulso para saltar hacia su pecho.
ZAS
TROMP
Enterrando mi espada entre la grasa y carne, dejando que la electricidad de la espada penetrara en el interior de su cuerpo, electrocutándolo.
El aullido de dolor y sufrimiento casi hace que me explotaran los oídos, pero por suerte no duró mucho. La descarga directa en su corazón ya dañado por el golpe de Touki había sido más que suficiente para matar al gigante.
Respirando profundamente observé a mis compañeros. Los tres habían logrado acabar con la quimera y el ciclope había salido corriendo al ver a sus dos compañeros muertos.
-No se vosotros, pero estoy por pedirle un aumento al Rey de Tracia. – bromeó Tideos.
-A no ser que quieras cargar con estos cuerpos cuando volvamos, yo prefiero no decir nada. – comentó Theron.
XXXXX
Tardamos un total de cuarenta días, desde nuestra salida de la capital de Tracia y contando nuestros desvíos y encuentros, en llegar a la que se hacía llamar la tribu de los gargarios. Nos sorprendimos al ver que era casi como un pueblo, pues era una tribu bastante amplia que tenía mayormente varones por lo que observaron por las calles. Tampoco parecía que fuese peligrosa y que repudiasen a los extranjeros; al contrario, nos recibieron con gentileza, pues era continuo el caudal de hombres que venían curiosos por las amazonas ya sea para derrotar a una de ellas o para compartir una noche de pasión en sus épocas de apareamiento. Esto sin duda daba trabajo para los herreros, para los posaderos, para las prostitutas y para prácticamente todos los habitantes.
Lo primero que hicimos al llegar fue ir a alguna posada donde poder alejarnos. No sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar allí, por lo que mejor prevenir que curar. Para nuestra suerte había alojamiento, por lo que pidieron dos habitaciones con dos camas. Obviando las miradas entrecerradas que nos daban algunas mujeres sonrojadas por el efecto del alcohol, subimos a descansar de nuestro largo viaje. Phylon y yo y Tideos y Theron.
Durante los siguientes dos días buscamos todo tipo de información sobre las amazonas. Ciertamente teníamos algunos conocimientos por las leyendas, los cuchicheos y otro tipo de información verbal o escrita. Pero este era el pueblo de los gargarios. No existía lugar mejor para conseguir información fiable.
Encontramos a un hombre de avanzada edad que estaba dispuesto a darnos todo tipo de información sobre las amazonas. Los cinco nos sentamos en una mesa y pedimos algo para beber.
-¿Qué información tienes de las amazonas? – le pregunté al anciano entregándole dos monedas de plata.
Sonriendo contento, este cogió las monedas y se las guardó.
-Viven no muy lejos, en las grandes montañas del este. Pasan el tiempo aisladas y ocupadas arando, sembrando, plantando, pastoreando sus rebaños y, sobre todo, criando caballos. Las más valientes de entre ellas se dedicaban a cazar a caballo y a ejercitarse en las artes de la guerra. A todas les son amputado el pecho derecho de niñas, para que puedan usar su brazo derecho con más facilidad en todo, especialmente para lanzar la jabalina. También emplean el arco, la espada y un escudo ligero, y preparan cascos, ropas y cinturones de piel de animal. Tienen una Reina, la cual es la que guía y manda sobre el resto. Es la más poderosa de todas ellas. En primavera, celebran dos meses, cuando ascienden las montañas vecinas que las separan de nosotros, los gargarios. Siguiendo una costumbre antigua, nosotros también nos reunimos allí. Hacemos sacrificios juntamente con las Amazonas y nos unimos con ellas para procrear. Lo hacen con gran cautela y a oscuras, con discreción. Cuando se quedaban embarazadas, entonces vuelven a su tierra. Se quedan con las hembras, pero los niños son entregados a los padres para que los críen; todo el que recibía un niño se lo queda como si fuera suyo a pesar de la incertidumbre de su origen.
-Eso explica el por qué apenas hay mujeres aquí… mujeres que no sean prostitutas. Ni siquiera hay heteras. – murmuró Phylon.
-Es su forma de ser y el de su sociedad.
-¿Cuándo va a ser la época de apareamiento? – preguntó Tideo con ojos lujuriosos.
-Dentro de poco. ¿Por qué? ¿Tenéis prisa? Os digo que ciertamente es un poco extraño hacerlo con una mujer que solo tiene un pecho, pero merece la pena.
Me levanté y empecé a caminar hacia la posada. Los demás imitaron mi gesto, dejando al anciano extrañado, pero poco le duró. Una vez llegamos a la posada pedimos algo de beber y nos fuimos a una esquina.
-Bien, ¿qué haremos ahora? Nos quedan menos de cinco meses antes de que se acabe el plazo. – comentó Theron.
-Ciertamente tenemos ese tiempo. Este viaje nos ha retrasado por los encuentros que hemos tenido. – Sonrió Tideos - ¿Cuánto ha sido? ¿Cinco días? ¿Diez? No mucho más.
-En caso de que la vuelta sea igual de larga, eso nos da casi cuatro meses. Es muchísimo tiempo.
-¿Issei?
Yo me encontraba pensativo. Ciertamente teníamos un gran margen para conseguir el cinturón y volver tranquilamente hasta Tracia.
-No se vosotros, pero acostarnos con una amazona no suena nada mal.
-Tideos, baja tu lujuria un poco. – masculló Phylon.
-Casi cuatro meses. – Murmuré – Ese es el margen que tenemos. La época de apareamiento no tardará en llegar. Pero aun así, a pesar de ser amazonas, ¿qué pasaría si queda embarazada? No se vosotros, pero incluso tratándose de la Reina, yo no sería capaz de luchar contra una mujer que lleva una nueva vida en su vientre.
Mis tres compañeros se quedaron callados. No habían sopesado aquello. Los conocía bien y sabía que ellos tampoco cometerían un acto así. A pesar de ser mercenarios y haber asesinado, una cosa era enfrentarse a un contrincante normal y otro a una mujer embarazada. ¿Y si no estuviera embarazada? Entonces no le pondrían pega alguna y lucharían hasta salir victoriosos o morir.
-Me parece que este trabajo tendremos que hacerlo antes de esa época. – comentó Theron dando un largo trago a su bebida.
-Tienes razón. Pero después de conseguir ese cinturón, ¿podremos quedarnos un tiempo? – preguntó Tideos.
-No veo porqué no. Yo sabría ocultar bien el cinturón y no deberíamos preocuparnos por conseguirlo. – respondí con una sonrisa.
XXXXX
Han pasado cuatro días desde que llegamos a este pueblo y era el momento de realizar nuestro cometido. La época de apareamiento no tardaría en llegar, por lo que debemos darnos prisa y llegar a su capital antes de ese momento. Claro que no sabíamos dónde estaba la capital. Nadie lo sabía. Normalmente a todo aquel que entre en el Reino Amazona era encontrado por estas antes de llegar demasiado lejos. Nos llevó un día llegar a la frontera del Reino, o supuestamente donde comenzaba la frontera.
La zona era un espeso y profundo bosque de altos y gruesos árboles que limitaban con la extensa estepa por la cual habíamos llegado.
-Bien amigos míos, casi hemos llegado. – dije observándoles. A partir de ahora es aconsejable que vayamos juntos y que nadie se pierda. No sabemos qué pasará si ellas os encuentran. Posiblemente no esperen a mataros. Incluso si vamos juntos existe la posibilidad de un ataque sorpresa.
-Creo que habría que vendarle los ojos a Tideos, no vaya a ser que nos abandone buscando a las amazonas. – sonrió mordaz Phylon.
-¡Oh cállate! ¡Yo no me arrastro por cualquier bella mujer que me encuentre! ¡Y si es una amazona que intente atravesarme con un objeto punzante aún menos! – Los tres nos quedamos mirándole sin creernos sus palabras - ¡Malditos desgraciados! ¡Iros al infierno!
Nuestro lujurioso compañero avanzó a grandes trancos, mascullando insultos y maldiciones. Mire a mis otros dos compañeros con una sonrisa divertida y fuimos detrás de Tideos, no fuera a ser que acabara perdiéndose.
Caminamos durante largas horas por el espeso bosque hasta que la luz del sol empezó a brillar con menos fuerza.
-No queda mucho tiempo antes de que la noche nos alcance. Y esta noche no hay luna. No veremos nada. – dijo Theron observando el poco cielo que se podía ver a través de las altas copas de los árboles.
-Lo mejor será buscar un buen lugar para pasar la noche. – Sugerí – Y necesitamos hacer un fuego.
-¿Pero eso no llamaría la atención de las amazonas? – preguntó Tideos.
-Ellas ya saben que estamos aquí. Y me juego mis testículos a que nos vigilan desde la distancia. – comentó Phylon observando desconfiado a los alrededores.
Y ciertamente así era. He conseguido liberar mi Circuito de Vida, o por lo menos gran parte de él, y he podido sentir distintas energías vitales humanas. Unas veinte. Y no estaban muy lejos. Como había dicho, nos estaban vigilando desde poco después de entrar en el Reino.
-Sigamos andando mientras buscamos un buen lugar, pero no os separéis.
Dicho esto continuamos con nuestra caminata mientras las últimas luces del día nos permitían ver. Para nuestra suerte conseguimos encontrar un pequeño claro. Ahí podríamos descansar.
-Bien, Theron usa las ramas secas que hemos cogido por el camino para hacer un pequeño fuego. Phylon, levanta una defensa con lo que encuentres. Tideos, prepara una cena.
Una vez dadas las órdenes cada uno fue a su cometido. Yo me mantuve vigilando la distancia, observando los movimientos de las amazonas. En ningún momento se habían acercado, pero si nos estaban estudiando. No pasó mucho hasta que Theron consiguiera hacer arder la leña y conseguirnos un fuego. Tideos no tardó en cocinar algo con las provisiones que traíamos. Phylon no tuvo tanta suerte con su cometido.
-Es molesto no poder hacer tanto como hubiera deseado, pero no tenemos las herramientas adecuadas ni el tiempo suficiente para construirnos una defensa aceptable. – se quejó el espartano.
Una vez que todo estuvo listo nos sentamos a cenar mientras manteníamos la vigilancia.
-Tideos y yo haremos el primer turno. Phylon y Theron, haréis el segundo. Cuatro horas cada uno. ¿Alguna queja?
Los tres negaron.
Tal y como se acordó, Tideos y yo hicimos la primera ronda. Colocamos espada contra espalda. Así cada uno podía vigilar a uno de los dos durmientes y al mismo tiempo observar lo que teníamos delante y a los lados. De este modo conseguíamos tener una vigilancia casi total. El fuego era lo suficientemente grande como para darnos calor en la fresca noche e iluminar la zona.
-¿Crees que están ahí? – me preguntó Tideos en un murmullo.
-Te puedo garantizar que están ahí.
-¿Acaso no descansan?
-Tideos, piénsalo un poco. Estamos en su territorio. Posiblemente más de cien amazonas viven aquí. Obviamente tienen suficientes guerreras para mantener una vigilancia constante.
-¿Nos atacaran?
-No lo creo. Puede que sean muchas, pero es posible que sepan a que venimos.
-¿Y eso no les da motivos?
-Solo puedo especular. No entiendo la mente de una amazona.
La noche pasó sin mayores incidentes. En ningún momento las amazonas intentaron atacarnos, pero no dejaron su vigilancia. Cuando llegó el momento cámbialos el turno con Phylon y Theron, pero yo no necesitaba dormir, por lo que seguí manteniendo mi vigilancia.
Al día siguiente reanudamos nuestro camino con el ascenso del sol. Avanzamos por el profundo bosque hasta llegar a Temiscira, la capital amazona, cercana de la desembocadura del río Termodonte.
Temiscira era una enorme ciudad amurallada. Tenía tres puertas bien protegidas y un puerto al lado de la desembocadura del rio. No podíamos ver más allá, pues en cuanto nos acercamos a las murallas varias flechas salieron volando hacia nosotros.
-¡Alto ahí! ¡¿Quiénes sois y que hacéis en nuestro Reino?! – exclamó una amazona desde la muralla.
-¿Quieres hablar tú, Tideos? Seguramente con tu labia conseguirás que te abran las puertas y las piernas. – bromeé.
-No me tientes amigo. Pero valoro bastante mi vida y se cuándo no debo hacer una estupidez.
-Muchachos. – masculló Phylon observando a sus espaldas.
-No te preocupes. – Murmuró Theron – Si quisieran matarnos ya lo habrían intentado.
-¡No lo volveré a repetir! ¡Quienes sois y que hacéis aquí! ¡Responded! – exigió saber nuevamente.
-Hemos venido por encargo del Rey de Tracia para conseguir el cinturón de vuestra Reina. – anuncié en voz alta.
Mis compañeros me miraron con curiosidad, pues no esperaban que fuera tan directo. Varias risas se escucharon desde el interior de la ciudad así como a nuestras espaldas.
-Eso es una insensatez, ¿sabes? – Se carcajeó la guardiana de la puerta – Podríamos mataros aquí y ahora por invadir nuestra tierra.
-Podríais, sin duda. ¿Pero qué es lo que perdéis si no lo intentamos? ¿Acaso no sería interesante ver si somos capaces de tal acto? Creo recordar que las amazonas son grandes guerreras. ¿O acaso os habéis acobardado?
Una flecha silbó en el aire y pasó a centímetros de mi rostro, pero no me asustó en lo más mínimo. Mis compañeros llevaron sus manos a sus armas y al instante un grupo de veinte amazonas salió de entre los arboles con arcos, lanzas y espadas apuntándonos.
-Cuida tu lengua si no quieres que te la corte. – amenazó otra amazona.
-¿Qué me la vas a cortar? Eso me gustaría vértelo intentar, amazona.
La susodicha se puso frente a mí mientras empuñaba dos espadas. La miré con burla, cosa que pareció enfurecerla. Sin sacar mi espada esquivé el primer tajazo y le agarré el otro, aplicándole una llave que le obligó a soltar la espada. Una vez desarmada la empujé para apartarla.
La cuerda de los arcos se tensaron y las lanzas se acercaron más. Desvié mi mirada de la desarmada amazona para volver a mirar a la mujer de la muralla.
-Volveré a repetirlo. ¿Acaso no nos dará la oportunidad de conseguirlo? Si ganamos nos iremos con él. En caso contrario podréis hacer con nosotros lo que os de la real gana.
-¡!
Sonrió divertido al notar la tensión en los cuerpos de mis compañeros. No parece haberles gustado ese trato. La mujer de la muralla frunció el ceño y habló con otra, que desapareció de mi vista.
-Oye Issei. – Phylon se acercó.
-Shhh.
-¡Nada de Shhh! ¡¿Qué demonios haces?!
-Conseguir que nos dejen entrar y luchar para conseguir el cinturón. ¿Acaso no es lo que queremos?
-¡¿Pero a qué precio?!
-Tranquilo. No vamos a perder.
Mi amigo espartano me mira cabreado, pero no dice nada. Los tres esperan tensos la respuesta de las amazonas mientras las que nos rodean no dejan de apuntarnos con sus armas. La que había desarmado había recuperado sus espadas y me miraba con ira.
Pasaron diez minutos hasta que nos llegó la respuesta.
-Dejadles pasar, pero manteneos atentas. – anunció la mujer de la muralla.
Giré mi cuello para mirar a mis compañeros y les guiñé un ojo. Tideos sonreía enormemente, Phylon tenía el ceño fruncido y Theron se mantenía atento. Las puertas se abrieron y nos permitieron acceder a la ciudad.
He de admitir que no estaba mal. Los edificios no eran altos ni tampoco había muchos. Estos eran de piedra, tenían una gigantesca plaza central, un par de templos para Ares y Artemisa y un pequeño puerto. El hogar de la Reina no parecía ser muy diferente al resto de hogares.
En medio de la plaza, junto al resto de habitantes, se encontraba la Reina, una mujer de larga cabellera escarlata y ojos azul claro. Era más alta que el resto y parecía ser más fuerte. Bueno, no es extraño que ella será la Reina. Pero nuestra vista fue directamente a un cinturón atado en su cintura.
Avanzamos hasta situarnos frente a ella, a una distancia de diez metros. A pesar de ello, aún seguían apuntándonos con las armas.
-He oído algo muy interesante. – Comentó la Reina mientras acariciaba el mango de su espada – Una oferta bastante interesante. ¿Has sido tú el que la ha hecho? – me preguntó.
-Así es. No quería hacer una matanza, así que creo que lo mejor sería hacer una oferta equilibrada, ¿no te parece?
-Mi cinturón si ganáis o vosotros si perdéis. Ciertamente es una oferta equilibrada.
-¿Acaba de decir que valemos lo mismo que ese maldito cinturón? – masculló Phylon.
-Es un cinturón entregado por Ares. – susurró Theron.
-¡Eso da igual!
-Exacto. – hice como que no oi al espartano – ¿Entonces qué te parece? ¿Hay trato?
Sonriendo confiada, la Reina asintió.
-Sí, hay trato. – Los murmullos se escucharon durante un rato - ¿Y quién de vosotros me enfrentará? Bueno, realmente no me importa enfrentarme a los cuatro.
-¿Phylon?
Mi buen amigo espartano se sorprendió ante mi oferta, pero asintió serio. Le dio su lanza a Theron y caminó hasta estar a cinco metros de la Reina. Esta sonrió arrogante al resto de amazonas y desenfundó su espada.
Se quedaron quietos durante un largo minuto, estudiándose. Phylon sostuvo su pesado escudo cuando la Reina atacó.
KACHIN
El golpe de la espada contra el escudo resonó en toda la ciudad. Los tres nos sorprendimos cuando vimos a Phylon tropezar. Incluso él mismo parecía sorprendido. Entrecerró sus ojos y volvió a colocarse en posición. La Reina siguió sonriendo mientras atacaba blandiendo con maestría su espada. Era rápida y ágil. Phylon tenía bastantes dificultades para defenderse adecuadamente. El fuerte de los espartanos era la lucha en grupo, aunque su experiencia era extremadamente alta.
KACHIN
POMP
El escudo cayó al suelo. Phylon tenía que tener el brazo sobrecargado. No por sostener el escudo, sino por los ataques de la espada amazona. Ahora, con menos peso, Phylon lograba mantener el ritmo de la Reina.
KACHIN-KACHIN
Hubo varios intercambios de golpes de espada, pero nos preocupamos al ver como Phylon tenía problemas para defenderse de los espadazos.
KACHIN
Con un potente golpe de su espada, la Reina Amazona golpeó la espada de Phylon. No dudo que esta mujer fuera muy fuerte, pero si me parece extraño que con tal golpe tirara a un rudo espartano al suelo y rompiera la espada espartana. Fijé mi vista en la espada de la mujer. Esa espada… no era una espada forjada por manos humanas.
-¡Phylon! – exclamaron Tideos y Theron al ver como la amazona intentaba atravesar con su espada el pecho de nuestro compañero.
Los ojos de Phylon eran serenos. Para él no era una vergüenza morir a manos de una amazona. Pero lo lamento amigo mío, no pienso dejar que mueras aquí.
Rápidamente convoqué a Ame no nuboko y salté hacia ambos, evitando la defensa de las amazonas.
KACHIN
El sonido del metal entrechocando resonó en toda la aldea. Mi lanza había detenido con éxito la espada amazona. La mujer desvió su mirada de su presa a mi persona, observándome con obvio instinto asesino.
-Lo lamento, pero no puedo dejar morir a uno de mis compañeros. – Le digo serio mientras realizo un movimiento que provoca a la amazona tomar una distancia segura - ¿Cómo te encuentras?
-He estado mejor. – murmuró Phylon.
-Estoy seguro. Venga, levanta y coge tu espada. Esta vez me encargo yo.
-¡No oses entrometerte en mi sentencia! – chilló furiosa la Reina.
-¿Qué no lo haga? Jajajaja. Esa es buena. – me burlo.
Me pongo en posición defensiva, esperando el ataque de la Reina.
KACHIN
Como suponía… está muy cabreada.
Olimpo
Ahhh, que buen baño me he dado. Hum, no hay nada mejor que el agua caliente. He salido de mi baño personal rumbo al Salón del Panteón. Tengo ganas de charlar con alguien. Pero es extraño. En todo el trayecto no me he encontrado con nadie. ¿Dónde estarán todos? Seguramente habrán vuelto a Hélade. Bueno, yo estuve hará un par de semanas.
Llego al salón y lo observo vacío. Esto sí que es extraño. A esta hora ese viejo de Zeus normalmente está buscando al humano.
-¿Zeus? ¿Atenea? ¿Poseidón? ¿Hay alguien aquí?
Pero no recibo contestación alguna.
TIN-TIN
Oh, esto es curioso. Me aproximo hasta la mesa, observando como el mapa holográfico de Hélade señala un punto. Una leve esfera brillante parpadeante avisaba de la presencia de un arma no humana, ni forjada por Hefesto, en nuestra zona de influencia. Supongo que no pasa nada por echar un vistazo.
Tocando la esfera, lo que aparece ante mí es la capital del Reino Amazona. Ah, las descendientes de Ares. Bueno, no es algo extraño que algún extranjero haya ido para intentar derrotarlas.
-Hum, cuatro hombres intentado derrotar a la Reina Amazona. Idiotas. – no puedo evitar burlarme.
Las amazonas poseen una fuerza superior a la de las mujeres humanas. Es una de las pocas cualidades heredadas de Ares. No poseen nuestra fuerza, pero ciertamente es superior al del resto de hembras humanas.
-Oh, así que es por esto que has pitado. No es algo esperado.
Amplio la imagen, observando el motivo del por qué ha sonado la alarma. Es ese humano. Pero, ¿acaso está sosteniendo una lanza sagrada? ¿De dónde la ha sacado?
-Puede que Atenea tuviera razón y sea el vástago de algún otro Panteón. ¿Pero quién? Son muy pocos los que tienen hijos con humanos. – murmuré para mí misma.
-Afrodita, ¿qué es lo que ocurre?
Zeus hace acto de presencia de golpe. Alzo mis ojos, clavando mi mirada en la suya.
-Parece que tu humano ha aparecido… en la capital de las amazonas.
No parece sorprendido, pero se acerca y observa la batalla. Poco a poco algunos de los demás, como Atenea o Dioniso, se acercan para observar mejor.
-Oh, parece que ha aparecido ese misterioso humano. ¿Cuándo vas a ir a darle por culo? – pregunta Dioniso agitando su vaso de vino.
No puedo evitar reírme ante la pregunta. SI no fuera porque sé que podría hacerlo, el asunto no hubiera sido tan divertido.
-No creo que lo haga, Dioniso. Atenea, ¿él está preparado? – le preguntó Zeus a la nombrada.
-Si. Desde el mismo día en que lo mostraste. Está deseoso de luchar contra él. Cito textualmente; 'aunque sea un mísero humano, si tu me lo pides, entonces iré gustoso'.
-¡Jajajaja! Pues creo que tu hombre se va a llevar una sorpresa. – le digo con burla – Solo fijaos como está dominando a la Reina Amazona.
Bien, ahora si estoy interesada en este humano. Heracles era parte de la familia, pero si este humano no es hijo de uno de nosotros… quizás me pueda divertir mucho.
-¿Crees acaso que pueda derrotar a un Olímpico? – el tono de Atenea muestra el disgusto que siente.
-¿Derrotarlo? Quién sabe. No sabemos nada de ese humano. Solo fíjate en la lucha. Pienso que puede darnos un poco de diversión. – me encojo de hombros clavando nuevamente mi vista en el misterioso humano.
Hélade
KACHIN-KACHIN
Bloqueo y bloqueo los espadazos de la amazona. Tiene una habilidad tan grande e impresionante con la espada que me ha obligado desde el primer momento a tomármela con toda la seriedad que poseo. Ahora entiendo el motivo de que solo Heracles pudiera vencerla. Sin duda está por encima de la gran mayoría de hombres que he conocido. Su fuerza, velocidad, reflejos y agilidad son superiores a los suyos. ¿Igualar los míos? Hum, podría ser.
KACHIN
PAM
Bloqueo un estoque directo a mi pecho, pero aprovecho el impulso y posición de la lanza para golpear a la Reina en las costillas. No voy a ser blando, así que todos mis golpes son duros.
-Tsk.
La mujer se llevó una mano a la zona golpeada.
-Tú… no eres un hombre normal. – murmura ahora con la mente fría.
Por la posición que adopta ahora se nota que el fuego de su furia e ira ha menguado, dejando paso a la mente guerrera.
-¿Eres descendiente de Heracles?
-No. No lo soy. ¿Por qué piensas tal cosa?
-…
-Hmph. Curioso que preguntes algo y luego no te expliques. Pero bueno, no estamos para charlar.
Nuevamente se lanzó contra mí con su espada y nuevamente bloqueé el estoque.
-Además de ser hijas de Ares, ¿también poseéis armas forjadas por esos Dioses vuestros?
-¿De qué hablas? – murmuró la Reina entrecerrando los ojos.
-Es obvio, por lo menos para mí, que esa espada no ha sido forjada por manos humanas.
-Esa lanza tampoco lo es.
-Me alegra que veas el motivo por el que he protegido a mi compañero. No tendría oportunidad contra un arma como esa… - giró sobre mi eje blandiendo la lanza en un movimiento vertical, el cual fue detenido por la espada olímpica – pero yo sí.
Apretando la mandíbula, la amazona contraatacó. Esta vez el combate estuvo más igualado. A pesar de ser poderosas mujeres guerreras hijas de Ares, las amazonas no poseían la fuerza de un Semi Dios. Ese fue el motivo de que tuviera la ventaja en esta batalla. Por mucho que ella tuviera una espada olímpica, yo no era un humano cualquiera blandiendo una lanza corriente.
KACHIN-KACHIN
Bloqueé un ataque descendente con la lanza. La amazona hizo presión apoyando su cuerpo. Aproveche eso para caer de espaldas, sorprendiéndola, golpeándola en el estómago. El golpe fue tal que hizo una voltereta cayendo de espaldas con dureza, soltando su espada.
Me levanté rápidamente, apuntándole con mi lanza en el cuello. Ella me miró con respeto. Las demás me apuntaban nuevamente, así como a mis compañeros.
-Bajad las armas. – ordenó con voz autoritaria.
Al principio, indecisas, sus subordinadas mantuvieron las armas en alto para poco a poco bajarlas. Aparté la punta de Ame no nuboko de ella mientras se ponía de pie. Llevó sus manos al cinturón, soltándolo, extendiendo su mano hacia mí.
-Un trato es un trato. No sé quién eres. Dices no ser hijo de un Semi Dios como Heracles, pero yo lo dudo. Espero veros en el pueblo.
-Quizás si, quizás no.
Dicho esto caminé hacia la salida junto a mis tres compañeros. Las amazonas no nos impidieron el paso y pude notar su mirada sobre nosotros hasta salir de su frontera.
-¿Qué haremos ahora? – Preguntó Theron - Ha sido más fácil de lo que esperaba.
-Tú no has estado a punto de morir a manos de la Reina Amazona. – gruñó Phylon.
-Nuestro buen líder te salvó la vida. Tal y como ha dicho la Reina, dices no ser hijo de un Dios, pero tus actos hace dudar de tus palabras. – comentó Tideos.
-Te puedo asegurar que no soy hijo de un Dios de los vuestros ni ningún otro. – Sonrió mientras observo el cinturón - ¿Qué es lo que queréis hacer?
Los tres me sonríen con sonrisa cómplice.
-Por cierto compañero, ¿de dónde has sacado esa lanza?
-…
Olimpo
-Definitivamente debemos probarlo. – sentenció Atenea mientras se disponía a abandonar el Salón.
-Espera un momento. – La detuvo Zeus sin dejar de mirar la imagen – Démosle un descanso. Si conozco a los griegos como los conozco, cuando reciban la recompensa cada uno ira por su lado a vivir entre gloria y lujos. Cuando eso pase y este humano este solo, entonces mandaremos a tu subordinado.
-¿Y eso por qué? ¿Qué más da si esos otros humanos ven a un Dios?
-Hace ya mucho que no aparecemos frente a los humanos y sinceramente prefiero las cosas como están.
-Pero deberemos esperar un mes, siempre y cuando no se queden en la aldea.
-¿Y que más da un mes o dos? Hemos vivido muchísimo tiempo. ¿Qué es para nosotros esperar hasta que vuelva a Tracia?
Dicho esto Atenea asintió y se marchó. Los demás nos quedamos observando un rato para poco después abandonar la sala. Yo preferí quedarme. Tenía algo de interés en este humano, y sentía curiosidad por saber que camino iban a tomar. ¿Volverían o se quedarían?
Hélade
Volvimos al pueblo de los garganos, pero mantuvimos el cinturón oculto para evitar problemas. La época de apareamiento llegó y las amazonas nos buscaron precisamente a nosotros. Fue un tiempo bastante animado. Luego de que pasara ese momento decidimos volver a Tracia y dar por terminado el trabajo.
El viaje de vuelta fue bastante más tranquilo que la idea. Una vez en Tracia le entregamos el cinturón al Rey, el cual nos dio la recompensa tal y como prometió. No hicimos preguntas sobre el cinturón, pues ahora no era asunto nuestro. A partir de aquel día cada uno se fue por su propio camino para vivir como le pareciese.
Pero a mí no me importaba el oro. Yo tenía algo más importante. Una noche me acerqué al mar alejándome de un pueblo griego en el cual me había quedado varios días.
Ahhh el mar… un lugar de descanso y paz. La luna nueva no ilumina un cielo iluminado por los astros más allá de nuestra imaginación. Inspiro y expiro pausadamente, relajándome. Invoco el Touki en mi mano y suelto un puñetazo. El Touki liberado crea una onda que parte el mar durante un instante. No puedo evitar sonreír excitado. Después de tantas décadas, por fin he logrado liberar mi Maná y Touki.
Al fin vuelvo a ser yo mismo.
