Como sabéis los personajes no son míos son todos obra de la reina JK. Si hay algún error en la ortografía lo siento de veras, espero que no se me haya escapado nada.

Antes de empezar a leer AGRADECER a todos los que me mandáis vuestros mensajes de ánimo, los leo todos, TODOS y de verdad me alegran el día y me motivan para seguir escribiendo.

Me he fijado que los capítulos cada vez me quedan mas largos, si os parecen demasiado largos hacérmelo saber. Espero que este capítulo os guste, como veréis Merlín no está de parte del pobre Lucius al que no le sale nada bien. ¡Espero que me dejéis un mensajito contando que os parece!

Sin más a leer.


"De como Lucius Malfoy se convenció de que Granger no era un capricho de Draco. Y vio lo que no debería ver, por cotilla"

Lucius miraba fijamente a su hijo que pasaba olímpicamente de él. Draco llevaba exactamente 23 días fuera de casa. Los tenía contados porque hacía 23 días que Narcissa le había prohibido entrar en la habitación haciéndole dormir en el sofá de su despacho que si bien era enorme, era bastante incómodo.

Lucius tenía un gesto de enfado muy marcado en su cara, pero es que estaba cabreado. Llevaba allí más de dos horas, pidiéndole a su hijo que volviera a casa para que así Narcissa le perdonara y su espalda no se destrozara más de lo que ya estaba, pero nada. No había conseguido nada, solo miradas orgullosas.

- Draco deja de hacer el tonto y vuelve a casa – había dicho nada más entrar por la puerta de la nueva casa de su vástago recibiendo una mirada de ira y un par de improperios, lo que desencadenó en una pequeña trifulca solucionada por la metomentodo de Granger.

Y ahora estaba allí, frente a su hijo y la impura de su novia, suplicando como un vil perro porque su hijo entrara en razón.

- Hijo, de verdad, es necesario que vuelvas a casa.

Los grises ojos de Draco se clavaron en él, negó y volvió a dirigir su mirada al libro que tenía entre las manos. Lucius se tensó, ese maldito mocoso solo le estaba desafiando.

- ¡Al menos contéstame! – gritó furioso Lucius.

- ¿Qué diablos quieres maldita sea?

- ¡Que vuelvas a casa necio!

Draco se levantó de su asiento como un resorte pero esto no intimidó a Lucius que seguía de pie justo en frente del sofá que antes había ocupado su hijo, con su gesto altanero y su mirada de orgullo. Se había enfrentado a la ira del señor tenebroso, ¡por Merlín! Su hijo jamás podría darle miedo.

- No pienso volver, lo siento por mamá pero no voy a volver. Este es mi hogar ahora, con mi novia – Lucius puso un gesto de asco en su cara cuando nombró a Hermione y Draco sintió la rabia hervirle en las venas – No pongas esa cara cuando estoy hablando de Hermione padre.

Lucius puso una falsa sonrisa en la cara – ¿Qué esperabas? ¿Qué me pusiera a bailar la conga? Sabes de sobra lo que opino de ella.

- ¿Ves? Por esto no vuelvo a casa – dijo Draco cansado – Hermione es mi novia padre, algún día me casaré con ella, asúmelo. Cuanto antes lo aceptes, antes te perdonare y antes volverás a dormir en una cama – esto último lo dijo con burla consiguiendo que Lucius sintiera ganas de asesinarle con sus propias manos.

Su hijo, carne de su carne, el chico que antes le respetaba y jamás le desobedecía había sacado las piernas del tiesto y no solo le retaba, ¡sino que le burlaba! ¡Era inaudito!

- No te atrevas a burlarte de mí Draco, soy tu padre.

Draco se cruzó de brazos – Pues respeta mi relación.

- ¿¡Cómo voy a respetar tu relación!? ¡Por Circe hijo! ¡Estas con una sangre sucia!

La voz ofendida de Hermione resonó por la sala produciendo un hastío en Lucius que solo sentía cuando ella estaba cerca – Por si no se ha fijado, sigo aquí.

Lucius la miró con desdén – Sí que me he fijado, es imposible no fijarse, tu vulgar presencia me molesta de sobremanera.

Draco dio un paso más al frente con el rostro rojo de cólera – ¡Lárgate de aquí!

- Hijo vamos, tu y yo sabemos que ella solo es un capricho.

- ¡Que te largues!

Lucius rodó los ojos y tomo su bastón entre sus manos – Mira, no quería terminar así de mal. Eres mi único hijo, mi heredero y te conozco. Ella solo es un capricho Draco, una forma de llevarme la contraria, de castigarme por lo que te hice – miró por encima del hombro de su hijo a la impura que tenía por nuera y sonrió con burla – tarde o temprano te dará la patada. Y yo diré "os lo dije"

Draco estuvo a punto de lanzarse al cuello de su padre, pero Hermione se levantó rápidamente agarrándole el brazo para intentar calmarle – es mejor que se vaya señor Malfoy.

El asintió – Si, no me es agradable esta situación, solo piénsatelo.

- No hay nada que pensar – dijo Draco con un leve tono de odio en su voz que le hizo bastante gracia a Lucius.

- En una semana os iréis a Hogwarts ¿no? – Hermione asintió – No te voy a mentir, si vuelves a casa eso llevaría a que ella – señalo a Hermione con su bastón – Pasara tiempo en casa, y créeme que eso no es de mi agrado.

Draco soltó un gruñido – Por eso te pido, que antes de irte, vas a casa, te despidas de tu madre y le digas que hemos tenido una conversación civilizada y que me has perdonado, pero que no merece la pena que vuelvas a casa pues estás a punto de irte de nuevo.

- ¿A dónde quieres llegar? – preguntó Draco.

- Estoy harto de ese maldito sofá, tu madre ha encantado todas las puertas del resto de habitaciones de la mansión para que no pueda entrar en ninguna – soltó con enfado Lucius y miró con recelo a Hermione – por lo visto, alguien le dijo que las mujeres muggles, castigan así a sus maridos por así decirlo y le pareció algo fascinante.

La pareja se miró entre ellos y Hermione bajó la vista avergonzada ante la sonrisa del rubio – entonces me estás pidiendo que vaya a casa y le diga a mamá que estamos bien, para que puedas volver a dormir en la cama ¿no?

- Veo que lo has entendido.

Draco puso una ladina sonrisa en su rostro y su padre se temió lo peor. Esa sonrisa maligna era la que le había enseñado a poner a su hijo desde bien pequeño. Esa sonrisa que ponían los Malfoy cuando iban a salirse con la suya. Esa sonrisa altanera que el siempre lleva pintada en el rostro, de la que se sentía orgulloso.

- Olvídate – contestó simplemente Draco.

Lucius notó su ya tan conocida vena en la frente hincharse y comenzar a latir furiosa, tan furiosa como estaba el. Ese muchacho le sacaba de sus casillas, su hijo le había tomado la delantera y eso no podía ser ¡seguía siendo su padre!

- ¡Mira mocoso insolente! ¿Quieres que te deje en paz a tu impura y a ti? ¡Pues haz lo que te digo!

- No.

Ante la negativa rotunda de su hijo apretó su bastón fuertemente fantaseando que era el pálido cuello de Draco – Mira, hagamos un trato, tú haces eso y yo convenzo a tu madre de que al volver de Hogwarts vivas solo.

Draco le miró con incredulidad y el asintió – Lo juro, no me mires así. Tu hazme ese pequeño favor y yo convenceré a tu madre de que ya eres mayor y que tú y… esa necesitáis intimidad. Tu no quieres volver a casa y yo tampoco tengo ganas de que vuelvas si vas a meter a tu noviecita todo el día en ella – su hijo soltó un gruñido – ¿Qué dices? ¿Aceptas?

Lucius extendió la mano para acercarla a su hijo con una sonrisa segura en su cara, los ojos grises de los hombres se peleaban por ver quien aguantaba más la mirada. Una batalla por la superioridad. Para él, su hijo a era un hombre y como hombre quiere demostrar que es el mejor, como un buen Malfoy.

A sus ojos su situación no era muy diferente a la de los animales salvajes, el león joven se quiere enfrentar al viejo para empezar a ser el quien mueva el cotarro, pero el león viejo cuenta con la experiencia de la vida ¡Un momento! ¿Estaba pensando en leones? ¿Qué diablos era? ¿Un Gryffindor? ¡Mejor serpientes! ¡Eso! El y su hijo eran una serpiente joven y una vieja, peleando por la superioridad.

Draco bajó los ojos rompiendo el contacto visual y Lucius sonrió victorioso. Su hijo era un digno aprendiz, él le enseñó desde la cuna a no dejarse intimidar y siempre había sido un gran alumno. Pero como había dicho antes, la serpiente vieja tiene el plus de la experiencia y nadie ganaba a Lucius Malfoy en una pelea visual. Ni siquiera su propio hijo.

- Esta bien – dijo Draco estrechando la mano de su sonriente padre.

- Bien, pues quedamos en eso, tú consigues que tu madre me deje dormir en la habitación de nuevo y yo cumplo mi promesa.

Su hijo lo miró con ojos fríos de desconfianza – más te vale cumplir tu promesa.

Lucius que se había girado para irse, freno en seco y giró su cabeza con una expresión burlesca en su cara – No te preocupes hijo, Lucius Malfoy siempre cumple su palabra.

Y salió por la puerta con la esperanza renovada, no solo había ganado una pelea silenciosa contra su hijo, sino que además muy pronto estaría de nuevo en su enorme y cómoda cama. Aunque Cissy le matara a patadas por las noches mientras dormía, no le importaba, solo quería dormir en su cama y abrazar a su mujer. Porque aunque Lucius lo negara, no echaba de menos el cómodo y carísimo colchón, lo que echaba de menos por las noches era a su Cissy.


Pasaron los días y Draco no dio señales de vida por casa y por ende el seguía durmiendo en el incómodo sofá de su despacho. Lo recordaba bien, habían pasado cinco días desde que había ido a hablar con su hijo y su espalda ya no lo soportaría más. Llego de su visita rutinaria del ministerio dispuesto a visitar de nuevo a su maldito vástago cuando Twinky le avisó que su mujer quería verle. Rápido como una centella subió y Narcissa le explicó como Draco le había dicho que las cosas estaban resueltas y que podía volver a dormir en la habitación.

Y ahí estaba, tumbado boca arriba en su enorme cama, con la espalda agradeciéndoselo pero sin poder dormir. Narcissa le había levantado el castigo sí, pero apenas le dirigía la palabra y cuando lo hacía era muy fría y eso crispaba los nervios de Lucius.

La luz de la lámpara que estaba en la mesita de noche de su esposa le daba en toda la cara a pesar de que la sombra de esta le protegía bastante. La miró un momento de reojo, su perfil serio mientras devoraba un inmenso libro le parecieron sumamente atrayentes. Para su edad, su mujer estaba de muy buen ver.

Pero claro, ella le ignoraba olímpicamente, enfrascada en ese viejo libro y enfadada hasta el alma con él. Por eso decidió intentar que al menos su Cissy y el hicieran las paces. Al menos intentarlo.

- Cissy, querida.

Recibió un gruñido como respuesta.

Lucius puso un gesto de enfado en su cara pero decidió quitarlo rápido. Estaba intentando hacer las paces con ella no cagarla aún más. Se incorporó un poco y apoyó una pequeña parte de su espalda en la almohada – ¿Qué lees querida?

Los azules ojos de su mujer se clavaron en el haciéndole temblar de miedo. Cuando Cissy estaba enfadada sus ojos ardían de ira, y al igual que Medusa si te miraba fijamente a los ojos sería capaz de volverte piedra.

Narcissa con un tono de voz seco respondió – La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne.

Lucius puso cara de asombro, pues no había escuchado en su vida tal nombre – ¿Quién?

- Julio Verne. Es un gran escritor muggle.

El hombre suspiró enfadado, ahí estaba de nuevo la sombra de esa sangre sucia manchándolo todo. Intentando joderle la vida una vez más – Que nombre tan ridículo para un libro, ¿y de que va?

Narcissa resoplo poniendo los ojos en blanco – Se llama "la vuelta al mundo en ochenta días", por lo que trata de un perro que nada por el mar en quince minutos y medio.

Lucius infló las mejillas en un gesto de ofensa bastante gracioso a los ojos de su mujer – Perdóneme su señoría por no saber nada de muggles.

- Pues deberías – contestó secamente retomando su lectura – La literatura muggle es interesantísima. De verdad que me fastidia mucho que mis padres no me dejaran nunca tocar nada muggle. Me apasiona leer y esto es oro.

- ¿Desde cuándo te interesan a ti los libros muggles?

- Desde que no me interesa el que dirá la gente ni los estúpidos prejuicios.

Lucius la miraba alucinado, su Cissy, su querida y perfecta Cissy se había convertido en lo que el más detestaba: En una traidora a la sangre.

Era como si se hubiera transformado en una Weasley, curiosa por todo lo muggle, amante de ello una vez lo descubre y lo gusta y como no, adoradora de esa niñata que había jodido su perfecto y puro hogar – No me digas más, esa muggle que tu hijo tiene por novia te lo presto.

Narcissa le dio una rápida mirada severa y volvió a posar sus ojos en el libro – Su nombre es Hermione, Lucius. Y sí, me lo prestó ella. Los niños vuelven mañana a terminar su último curso de Hogwarts y me da dejado algunos libros.

Lucius le miró con un tic en la ceja, literatura muggle en su casa, en la cabeza e imaginación de su mujer ¡inaudito! Él quería hacer las paces con Cissy, ¡claro que quería! Pero le resultaba imposible hacerlo cuando ella estaba enfrascada en un apasionante libro de un escritor con menos magia que un squib.

- ¿Cuántos libros te ha prestado?

Sin apartar la vista del libro, agarró su varita de la mesita de noche e hizo un rápido movimiento. En medio de la cama, justo en el enorme hueco que les separaba un montón de libros, grandes y pequeños cayeron estrepitosamente haciendo a Lucius pegar un bote tan grande que casi se cae de la cama. Apoyando sus manos en el suelo para mantenerse, miró incrédulo la cantidad de libros que había desperdigados por la cama.

Se reincorporó a duras penas y quedo perfectamente sentado paseando sus ojos por los libros - ¿pero cuantos hay?

- Cuarenta y dos.

Lucius contó rápidamente y en silencio los libros para verificar tal cifra – Hay cuarenta y uno.

En la cara de su mujer se dibujó una sonrisa y antes de que Lucius pudiera hacer algo un enorme libro de tapas gruesas cayó sobre su cabeza aterrizando en el regazo de este, que lo cogió con la mano derecha mientras que con la izquierda se sobaba la cabeza.

- Faltaba uno – dijo entre risas Narcissa.

Lucius decidió no discutir con ella, sabía que ese castigo había sido la forma de enterrar el hacha de guerra y poder comenzar otra vez. Masculló entre murmullos algunas maldiciones mientras veía a Narcissa sonreír. Se había llevado un gran chichón en la cabeza, pero al menos Cissy ya le sonreía y había quitado ese tono frío.

Leyó el título de aquel armatroste que casi le parte la cabeza como un melón – La Odisea…

- Ese es buenísimo según Hermione.

Lucius se enfurruñó un poco y apartó el libro de mala gana. Narcissa puso una sonrisa, Lucius estaba intentando aparcar ese mal entendido, jamás pidió perdón pero saber que había dejado a un lado su orgullo para ir a hablar con Draco por ella, había conseguido que su corazón se ablandara y decidiera dejar esa discusión a un lado.

- ¿Vas a ir a la estación a despedirte de los chicos? – preguntó Narcissa ahora con un tono normal.

Lucius negó con la cabeza y se cruzó de brazos – una cosa es hacer las paces con él y otra muy diferente es aceptar de buena gana todo y comportarme como un hipócrita.

Narcissa rodó los ojos – No tienes remedio querido. Mañana tu hijo vuelve a Hogwarts, estaremos un tiempo sin verle. Anda, vete.

El soltó un suspiró y la miró. Se arrepintió al instante que lo hizo. Su Cissy le miraba con unos grandes ojos azules de cordero degollado, esa mirada que usaba cuando quería enredarle en algo, pues sabía que con ella Lucius acataría sus deseos sin protestar.

- Esta bien ¡iré!- dijo de mal humor mientras se tumbaba en la cama tapándose hasta arriba ignorando la sonrisa de triunfo que ponía su mujer – Maldita tramposa.

Ella rio y dejó su lectura a un lado mientras apagaba la luz. Se tumbó a su lado y le abrazó por la espalda, consiguiendo que el corazón de Lucius se acelerará. Podrían pasar mil años, pero el amor de su Cissy siempre le hacía temblar.

- Gracias querido – dijo mientras le daba un beso en la espalda y se acomodaba – No te preocupes, tarde o temprano Hermione te conquistará a ti también.

Lucius soltó una sonrisa escéptica – Seguir soñando – y aunque el tono que usó era de un completo enfado y desagrado sus manos buscaron las de su Cissy a la altura de su corazón y las entrelazó con una pequeña sonrisa.

Para el, saber que a pesar de las discusiones su Cissy siempre estaba ahí le hacía feliz, y aunque fuera un orgulloso que no muestra sus sentimientos su mujer sabía que ella era su mayor tesoro. Porque pasara lo que pasara el siempre estaría ahí para ella como ella lo estaba para él.


Lucius caminaba del brazo de su mujer por King Cross. Su cara llevaba dibujada una mueca de profundo asco mientras que su mujer iba encantada de la vida. La miró de reojo y masculló una maldición entre dientes.

¡No lo podía creer! Hace apenas unos años, Narcissa se quejaba de lo repugnante que le parecía ese lugar plagado de muggles, y ahora lo miraba todo con unos ojos de admiración que le revolvieron las tripas.

Aceleró el paso casi arrastrando a su mujer y cuando vio el andén nueve y tres cuartos sintió un alivio apoderarse de él. Prefería estar en un andén mágico lleno de idiotas que en una estación muggle repleto de esos seres tan asquerosos.

Cuando cruzaron el andén Narcissa se soltó de él y le dio un golpe en el brazo – ¿Estás loco? Casi me matas.

La observó colocarse el pelo rubio en su sitio y sonrió – Lo siento querida, pero estaba impaciente por salir de ahí.

- Idiota, casi me estampo contra cuatro carritos por tu estúpida prisa.

Iba a respondes cuando unos destellos pelirrojos se cruzaron ante él. Sintió las tripas revolvérsele de nuevo y puso un gesto de desprecio en su rostro. Ante el los Weasley sonreían tontamente mientras los saludaban.

- ¡Malfoy! ¡Narcissa querida! – gritó Molly, la matriarca Weasley.

- Molly, querida que alegría verte – respondió Narcissa olvidando su pequeño enfado con su marido mientras abrazaba a la regordeta mujer ante la estupefacta mirada de su marido.

- Lucius – Arthur Weasley le miraba con una sonrisa, sonrisa que desde luego no le fue devuelta.

- Buenas Arthur.

- ¿Han venido a despedir a Draco y a Hermione? – preguntó con alegría Arthur. El pelirrojo sabía perfectamente que Malfoy no estaba pasándolo nada bien con esta situación, y decidió aprovechar para desquitarse un poquito todos esos años de desprecio.

- No, solo hemos venido a despedir a Draco, a esa que le parta un rayo.

-¡Lucius Malfoy! – gritó colérica Narcissa captando la atención de algunos transeúntes que pasaban por allí.

- ¿Qué? No voy a mentir, esa niña no es de mi agrado y tanto tú, como Draco incluida ella misma saben que no me cae bien – los azules ojos de su mujer brillaban de ira mientras que en la cara de los Weasley se formaba una mueca de desagrado.

- Deberías conocerla consuegro – comentó Molly haciendo que Lucius pusiera un gesto de odio en sus facciones – es una niña estupenda, y hace muy feliz a Draco.

- Exacto, estoy de acuerdo – dijo Narcissa – Pero es el hombre más cabezota de la tierra.

Lucius miró enfadado a su mujer frunciendo el ceño – Como que vosotros no sois cabezotas, empeñados en que acepte ese capricho.

-¿Capricho? – Preguntó sorprendido Arthur – ¿Crees que lo que Draco siente es solo un capricho?

- No lo creo, lo sé.

Narcissa rodó los ojos – Pues no lo es, tu hijo está enamorado de Hermione y ella de él. Asúmelo.

Molly asintió dándole la razón – Es cierto, ayer en la madriguera, deberíais verles estaban tan cariñosos el uno con el otro.

- Si, cuando pasaban tiempo en casa – dijo esto mirando acusadoramente a Lucius que se hizo el desentendido – estaban muy cariñosos el uno con el otro. No se pueden quitar las manos de encima.

- Como están haciendo ahora mismo – dijo divertido Arthur Weasley mientras apuntaba con un dedo hacia la derecha.

Los cuatro adultos miraban hacia donde señalaba el pelirrojo, y ante los ojos de Lucius su hijo estaba dando un descarado espectáculo que hizo que su bilis se arremolinara en su garganta.

¿Pero que se creían esos dos? ¿Qué espectáculo era ese en medio de una estación plagada de niños?

No solo la situación le provocaba repulsión, sino que la ira que le recorría el cuerpo le nubló la mente. Ya no estaba en el andén, ya no estaba en una incómoda situación con dos paletos a los que despreciaba, sino que ahora lo veía todo rojo. A su alrededor todo había desaparecido. Solo podía ver como Draco y la sangre sucia se besuqueaba sin ningún pudor en medio del andén. Se quedó paralizado por la ira, su mandíbula se tensó y casi se rompe los dientes por la presión que ejercía.

Su hijo apoyado cómodamente sobre su carrito besaba a esa impura sabelotodo que estaba más que encantada la muy descarada, enredados en un beso que causaba incomodidad a aquellos que les miraban. La muchacha rodeaba con sus brazos el cuello de Draco mientras este la abrazaba firmemente por la cintura.

- Que monos por Merlín – suspiró Molly mientras su mujer sonreía abiertamente.

¿Monos? ¡¿MONOS?! ¡Descarados más bien! Su hijo no solo se enredaba con una sangre sucia sino que ahora también los ponía en vergüenza en público. ¿Es que no pensaban respirar nunca?

Observó con desagrado como el beso se tornaba más y más apasionado y sintió ganas de vomitar, su hijo le estaba limpiando las muelas a esa muchacha y él estaba al borde del colapso mental.

- Lucius amigo, respira que te va a dar algo – se burló Arthur Weasley ganándose una fulminante mirada de desprecio por parte del rubio.

- Weasley, cállate si sabes lo que es bueno.

Cuando volvía a posar su mirada en tal descarado espectáculo, observó a punto de sufrir un ataque al corazón como las manos de su hijo se posaban descaradamente en una parte de la anatomía femenina que sin lugar a dudas no era su espalda.

Sin poder aguantar más semejante espectáculo gritó – ¡Draco!

El gritó retumbó por todo el andén consiguiendo que la empalagosa pareja se separara asustados. Cuando Draco vislumbró quien le había llamado con tanto enfado rodo los ojos. Su padre. Su estúpido padre acababa de cortarle el beso más perfecto del mundo.

Con la respiración acelerada y los ojos desorbitados, Lucius miraba fijamente a la pareja. Hermione estaba roja como un tomate por haber sido vista por sus casi padres y suegros de esa forma, mientras que Draco solo miraba a su padre con indiferencia.

Tras un choque de pupilas padre e hijo, Draco negó con la cabeza aburrido mientras volvía a abrazar a la castaña que intentaba separarse de el avergonzada. Los músculos de Lucius se tensaron producto del bochorno y la rabia y creyó explotar en el momento en que su hijo tomaba de la barbilla a Granger para volver a besarla como si su padre no estuviera a pocos metras matándoles con la mirada.

-¡Esto es inaudito! – gritó mientas se aceraba a ellos a paso acelerado.

- Lucius por Merlín – decía Narcissa avergonzada siguiéndole.

Cuando llegó a la altura de la pareja, estos le miraron. Lucius rojo de ira estaba que iba a reventar como una tetera demasiado caliente.

- Padre, si no respiras y te tranquilizas te saldrá humo de las orejas.

El rostro de Lucius se crispó aún más – Encima no intentes reírte de mí niñato idiota – Draco le miró sorprendido – ¿Qué diablos pensáis que estás haciendo? ¡Maldita sea! ¡Estamos en un andén! ¡Un sitio público con niños!

-Solo era un beso señor Malfoy – susurró tímidamente Hermione.

Los duros ojos grises se posaron con reproche sobre los castaños de Hermione que temblaron un momento debido al temor pero se recompuso rápidamente, ante todo era un Gryffindor y Lucius Malfoy no la iba a acobardar.

- ¿Solo un beso? ¿¡Solo un beso!? Merlín, estabais dando un espectáculo de lo más desagradable, casi os rompéis el cuello.

Narcissa que llegaba en ese momento junto a los Weasley dijo – No es cierto, no le hagáis caso.

Draco sonrió – Hola mama, señores Weasley.

Molly puso un puchero que hizo reír a la pareja – ¿Cuántas veces te hemos dicho que no llames por el nombre? Draco querido, ya eres un Weasley más – y miró a Narcissa – somos una gran familia.

- Lo que me quedaba ya – susurró Lucius entre dientes ganándose un pisotón de su mujer. El aullido que pegó asusto a los presentes que pusieron una sonrisa maliciosa al ver los vagos intentos de resistirse a echar unas lágrimas de dolor – que manía… te ha entrado con eso – dijo Lucius con voz débil y entrecortada debido al dolor. Su mujer casi le rebana un dedo con su tacón.

- Te lo has ganado, por mal educado.

El silbido del Hogwarts Express llamó la atención de los presentes, era hora de partir. Narcissa abrazó a su hijo y a Hermione con fuerza mientras les daba besos a ambos – Cuidaos mucho y portaos bien.

- No hace falta que nos lo digas mamá, además Hermione es una buena influencia ¿a qué si Granger?

Hermione sonrió – Así es Malfoy.

Un torbellino pequeño y pelirrojo llegó corriendo arrastrando a una mancha morena que al frenar en seco se transformó en Harry Potter. La pequeña pelirroja le tenía bien abrazado por el brazo y las gafas de este estaban descolocadas – Hermione, Draco ¿compartimos vagón?

- Ginny, Harry ¿Dónde estabais?

El chico de gafas se puso colorado consiguiendo que una sonrisa maliciosa se pintara en la cara de Draco – Creo que estaban revisando que lo llevaban todo.

- ¡Malfoy! – gritó colorado Harry.

Arthur que estaba abrazando a Ginny dijo – bueno no importa, lo importante es que ya estamos todos y que debéis subir al tren.

- ¿No vuelve a Hogwarts señor Potter? – preguntó con amabilidad Narcissa que seguía abrazando a su hijo por un brazo.

Harry negó – No señora, Ron y yo vamos a trabajar en el Ministerio, para prepararnos como aurores y por cierto – dijo mirándola con una sonrisa – No me llame señor Potter, solo Harry.

Ella asintió – Entonces llámame Narcissa querido.

Lucius estaba separado observando sin poder creerse lo que sus ojos veían. El mundo se había vuelto loco, Potter y Weasley aurores, Draco con la sangre sucia y su mujer tan amiga de los pobretones ¿Pero que había hecho el para merecerse eso? Ah, sí, ser seguidor de Voldemort, los asesinatos y todo eso… claro.

Pero había pedido perdón, había colaborado, no merecía tan duro castigo ¡Por Merlín! Que solo quedaba que se casaran para dar la campanada final a la desastrosa vida que llevaba en ese momento. Entonces recordó un pequeño detalle. Draco estaba en Slytherin, Hermione en Gryffindor. Por mucho que pasaran juntos en clase u horas libres, a la hora de la verdad cada uno estaría en su casa y Draco estaría rodeado de bonitas muchachas de sangre limpia que podrían ayudarle a terminar con ese tonto capricho…

Sus ojos se abrieron ilusionados y una gran sonrisa se formó en su cara. ¡Ya está! Hogwarts era la solución a sus problemas. Tanto tiempo separados terminaría con esa boba relación y su vida volvería a ser perfecta.

- ¡Lucius! – el grito de Narcissa le devolvió a la realidad.

Llevó una mano a su oído derecho y miró a su mujer con la frente arrugada - ¿Qué diablos haces?

Cissy estaba cruzada de brazos – El tren se va y no te has despedido de Draco.

Lucius giró su cabeza para mirar a su rubio hijo que estaba en la misma posición que si madre. Brazos cruzados, barbilla alta y ojos orgullosos. ¡Si no fuera por su noviecita sería el perfecto Malfoy!

Se acercó a su hijo dando un gruñido y le dio unas palmaditas en el hombro – Adiós.

- ¡Lucius Malfoy! – gritó su mujer ofendida. Su marido era un idiota integral, su hijo se iba y no le verían hasta navidad ¿¡Y LE DABA UN GOLPECITO EN EL HOMBRO Y UN TRISTE ADIOS!? Definitivamente iba a matarle.

-Déjale mamá – suspiró aburrido Draco – Tiene la sensibilidad de un ladrillo.

Se giró dejando a su padre con la palabra en la boca y tomó a Hermione por los hombros en un abrazo para subir al tren. Lucius bufó molesto, ese idiota que tenía por hijo le iba a matar un día de un disgusto.

Menos mal que ahora se separaría un poco de esa sangre sucia y volver al buen camino.

- ¡Ay Narcissa querida! – Dijo de repente la señora Weasley mientras decía adiós a su hija que estaba sentada ya junto a Draco y Hermione – Estoy preocupada por la situación de los chicos.

Lucius puso atención de forma muy poco disimulada al parloteo de esa señora regordeta que trataba a su Cissy como una igual – Sí, yo también estoy un poco preocupada, pero he hablado ya con Draco.

Arthur interrumpió – Bueno, son jóvenes y no harán nada que nosotros no hiciéramos a su edad.

Lucius sintió un escalofrío recorrerle la espalda al imaginarse situaciones poco decorosas en las que su hijo y esa impura podrían verse envueltos, pero era poco probable pues como Lucius estaba seguro, la distancia entre ellos haría mella en su relación.

- Sí Arthur, pero para nosotros era más complicado ¡ellos compartirán torre!

Lucius casi se cae para atrás de la impresión, su cuello giró a tal velocidad que su mujer y los Weasley le miraron asombrados. Sus grises ojos estaban abiertos de par en par ¿¡COMO QUE COMPARTIR TORRE!?

-Disculpa, ¿Qué has dicho? Creo que me pitan los oídos y…

- No te pita nada Lucius – contestó Narcissa – Los chicos fueron nombrados Premios Anuales. Compartirán torre todo el curso.

- ¿¡QUE!? Pero… pero…- el mundo fantasioso y perfecto que Lucius había creado en su mente se destruyó en un segundo.

- No seas melodramático Lucius.

Arthur sonrió abrazando a su mujer por los hombros – No os preocupéis, los chicos son inteligentes, sabrán cuidarse.

- ¿Cuidarse de qué? – preguntó Lucius al borde de un ataque de nervios.

- Pues ya sabes consuegro – dijo entre risas el pelirrojo – Estarán solos todo el año, son jóvenes y sanos y las hormonas son un peligro.

Lucius se puso blanco - ¿¡Estas insinuando que mi hijo se acostará con esa impura!?

- ¡Lucius me tienes harta! – Gritó Narcissa – Pues claro que lo insinuamos.

- Pero… pero… no pueden ellos…

Antes los balbuceos catatónicos de Lucius Narcissa suspiró – Lucius, como Arthur dice son jóvenes, se quieren y las hormonas están ahí. Pero bueno, he hablado con Draco y me ha dicho que estemos tranquilos que saben de sobra los riesgos que corren y que medidas seguir.

-¡¿Pero cómo hablas de eso con el crío?! – preguntó Lucius desesperado.

- Hombre consuegro, ya no es un crio. Ya es todo un hombre y como hombre tiene sus necesidades, al igual que nuestra Herms – comentó tranquilo Arthur.

- Ah no, eso sí que no… ¡me niego! ¡Lo que me quedaba ya! ¡Un nieto mestizo!

Molly formó una graciosa mueca de desagrado en su regordeta cara – Señor Malfoy, los chicos se quieren y es normal que tengan…- Molly no pudo continuar porque se tapó las orejas con las manos y cantaba "LALALALA NO OS ESCUCHO" a todo lo que le daba la garganta para vergüenza de su mujer.

-Querido eres peor que un crio – dijo con una mano en la cara y roja.

Arthur soltó una carcajada viendo como Lucius seguía en su mundo cantarín negándose a escuchar lo evidente – Bueno, lo importante es que hemos hablado con ellos y son conscientes de los riesgos así que no dudo que sepan ponerle las precauciones necesarias a esta situación.

-¡LALALALALALA NO OIGO NADA! – gritó Lucius mas fuerte ante el comentario de Arthur.

Narcissa harta del espectáculo de su marido agarró su brazo y le destapo una oreja - ¡Deja de hacer el ridículo nos está mirando todo el mundo! ¡Y vámonos a casa antes de que me enfade de verdad y vuelva a mandarte a dormir a tu cómodo sofá!

Lucius se calló al instante y afirmó, primero muerto que volver al sofá. Tras despedirse de los Weasley (Narcissa al menos, pues de Lucius solo recibieron una mirada altanera y soberbia) los Malfoy se aparecieron en su casa.

- Por Merlín Lucius, que vergüenza he pasado por tu culpa.

-¿Mi culpa? Yo no era el que se estaba comiendo la boca con una sangre sucia frente a todos ni insinué cosas tan poco decorosas como las que habéis insinuado vosotros.

Tras un fuerte resoplido Narcissa habló – Lucius, sabes tan bien como yo que compartiendo torre para ellos ninguno de los dos dormirá solo en sus camas a partir de esta noche.

- No si yo puedo impedirlo – dijo furioso Lucius dando un golpe en el suelo con su bastón.

- ¿Y qué harás? ¿Presentarte en Hogwarts y dormir con ellos?

-Mira, no es mala idea. Cualquier cosa antes de que eso pase – dijo Lucius ante la divertida mirada de Narcissa – El capricho de tu hijo nos va a salir muy caro Cissy.

La rubia rio – Eres peor que un crio Lucius – recibió un gruñido de su marido – Mira haz lo que quieras, he intentado advertirte para que no te dieras de bruces contra la realidad pero me rindo. Haz lo que quieras y descubre por ti solo que Hermione no es un capricho.

-¡Claro que lo es! – dijo Lucius antes de salir por la puerta - ¡Me encargaré yo mismo de abrirle los ojos!- y cerró la puerta tras de sí yendo directo a su despacho. ¡Estaba harto! Nada le salía bien, sus intentos por separar a esos dos habían sido inútiles ¿y por qué? Porque había sido siempre idea de otro.

- Si quieres un trabajo bien hecho debes hacerlo tú mismo- dijo antes de encerrarse en su despacho a pensar en su nuevo plan al que más tarde llamaría "Operación Rompe Capricho"


Hermione caminaba a toda prisa por los pasillos de Hogwarts, pero sin llegar a correr, era prefecta y premio anual debía dar ejemplo. Se dirigía a toda prisa al lago pues había quedado con Draco después de clases. Ella se había quedado un rato en la biblioteca con Ginny ayudándola con una asignatura y él había ido a pasar rato con Nott uno de sus mejores amigos.

Cuando le vio a lo lejos en el lago sonrió como una tonta al igual que hizo el cuándo la vio a ella – Siento la tardanza, pero debía acabar con Ginny.

Él sonrió y le dio un pequeño beso en los labios – Tranquila, acabo de llegar. ¿Qué tal te ha ido?

- Bien – sonrió – Ginny es muy inteligente, pero le da pereza estudiar. Es la mezcla perfecta de todos los hermanos Weasley.

Draco sonrió, admirando a su novia hablar. Era preciosa, a sus ojos el ser más bonito del mundo. Siempre lo creyó así y siempre lo haría. Estaba enfrascada en contarle todo lo lista que era su mejor amiga y sonrió. Ella no lo sabía pero cando contaba algo con pasión se le arrugaba la frente, hablaba muy rápido y gesticulaba mucho.

¡Cuántas veces tuvo que esquivar un golpe debido a los gestos de entusiasmo de esta! La sonrisa se ensancho y entonces Hermione posó sus castaños ojos en el – No me has escuchado ¿verdad?

Sabía que no estaba enfadada, él lo sabía pues aunque su cara era un gesto serio su voz sonó juguetona – Lo siento, pero no.

- Gracias Malfoy. He desperdiciado tiempo y saliva para nada.

Él sonrió con malicia y le tomó la mejilla con la mano derecha – Pues ven, que te ayudo a recuperar el tiempo y la saliva – susurró mientras ella reía.

-Eres un sucio Draco Malfoy.

- Solo contigo Granger, solo contigo – y la besó. La besó con ansia, con hambre, con las ganas que tenía desde que las clases no le permitieron tocarla o besarla. Sonrieron en medio del beso olvidándose de donde estaban o quienes eran, solo les importaba demostrarse su amor.

A una distancia prudencial escondido entre los setos, un rojo Lucius Malfoy observaba el romántico espectáculo con asco. Su hijo, su único hijo y heredero era una vergüenza para la familia. Verle ahí comiéndose la boca con una sangre sucia le revolvía las entrañas. Había conseguido que Macgonagall, la nueva directora le diera un permiso especial para entrar en el colegio (obra de una magnífica y elaborada mentira que Lucius había creado y contado a la mujer) y ahí estaba ahora, escondido entre las plantas, espiando al besucón de su hijo. Conteniéndose las ganas de lanzarles un maleficio.

- ¿Me va a pagar ya o no? – susurró una jovencita que tenía a su lado.

Lucius desvió su atención de su objetivo y el clavo en su acompañante. El primer intento de la operación estaba justo a s lado mirándole con avaricia. Había planeado tentar a Draco con una mujer como Merlín manda. Y ahí estaba su arma para acabar con semejante espectáculo. A este intento lo había llamado "La tentación es la solución"

Buscó a la Slytherin más guapa del colegio (llevando a cabo un estudio exhaustivo y un montón de preguntas a adolescentes hormonales) y la elegida había sido Martha Lymers una chica de sangre pura dos años menor que Draco, morena y con unos impresionantes ojos verdes.

La chica estaba más que interesada en aceptar el trato, no solo ganaría al chico más deseado de Hogwarts, sino también 15 galeones que le iba a pagar Malfoy padre.

Lucius bufó y sacó los 15 galeones de su túnica – Toma, y ahora ve y cumple tu parte del trato.

La chica se levantó elegantemente agitando su larga melena negra y se acercó a paso decidido hacia la pareja que seguía dándose arrumacos. Arrastrándose como una serpiente se acercó a un escondite más cercano a la pareja para poder escuchar mejor.

-Hola Draco.

La pareja se desapegó por fin para alivio de Lucius que estaba a punto de echar hasta la primera papilla y miraron a la recién llegada – ¿Te conozco?

Martha rio de forma coqueta mientras se tocaba el pelo – Claro que sí, vamos a la misma casa – dijo señalando su túnica verde.

- Muy bien – susurró Draco un poco ido y mirando a su novia que solo se encogió de hombros – ¿Necesitas algo?

Martha volvió a reír tontamente desesperando a Lucius, podía ser muy guapa pero le faltaban luces ¿es que no había una Slytherin medio inteligente aparte de Daphne Greengrass?

- Bueno, me preguntaba si querías pasear un rato conmigo.

Hubo un breve silencio y Draco dijo – No gracias, estoy ocupado.

- Vamos – insistió Martha – seguro que a tu… ¿amiga? No le importará que te robe unas horas.

- No es mi amiga – dijo la potente voz de Draco – es mi novia, y por si no lo sabes has interrumpido un momento importante, así que puedes largarte.

Lucius gruñó un momento captando la atención de Hermione que se giró hacia donde había sonado el gruñido. Para no ser descubierto se pegó totalmente al suelo y se mantuvo muy quito.

- Venga Draco, ¿en serio prefieres la compañía de una sangre sucia a la mía? – dijo coquetamente terminando con la paciencia de Draco.

- Mira niñata – escupió con odio – Primero de todo respeta a mi novia, no vuelvas a llamarla así o juro por mis antepasados que te lo haré pagar. Por culpa de gente como tú y posiblemente tu familia en el mundo mágico hay tantos prejuicios – Lucius, Martha y Hermione escuchaban atentos y asombrados el discurso de Draco – segundo, no te conozco ni tampoco tengo ganas porque no sé qué te crees pero tampoco eres tan guapa como para pensar que enamoras a simple vista – la moren le miró ofendida pero no dijo nada, mientras que Lucius se daba cabezazos desesperados contra la hierba – y tercero lárgate de aquí para que yo pueda seguir demostrándole a mi chica lo mucho que me gusta y que la quiero. Así que si no te importa te largas y buscas a otro que te aguante.

Hermione sonrió con suficiencia mirando a la morena mientras se apoyaba en el hombro de Draco. La "tentación" puso una cara de ofensa peor luego se encogió de hombros – bueno, pues nada, tú te lo pierdes. Total, ya me han pagado – dijo dándose la vuelta y yéndose dignamente.

Al oír sus últimas palabras a Lucius casi le da un patatús ¿es que esa muchacha era idiota? Se contuvo para no mandarle un maleficio que le arreglara su estúpido cerebro, no, mejor, que le otorgara uno y dio un puño al suelo.

- ¿Pagarle? – preguntó Hermione mirando a Draco.

Este que se había puesto más tenso que un tabique de hormigón comenzó a temblar de ira – Mi padre…

Hermione abrió los ojos y comenzó a reír – Espera, no puede ser.

Se separó entre carcajadas de él y Lucius se preguntó que le parecía tan gracioso. La escuchó acercarse y la alarma de su cabeza se encendió. Intentó desaparecerse pero fue inútil, recordó que la nueva directora había vuelto a colocar el hechizo que impide aparecerse o desaparecerse dentro de los terrenos de Hogwarts.

Los pasos cada vez estaban más cerca y él era hombre muerto. Hermione movió las hojas de un arbusto y comenzó a reír – Vaya, que tenemos aquí.

Draco se acercó corriendo y vio la platinada cabellera de su padre, tan igual a la suya y la ira comenzó a recorrerle el cuerpo – Padre ¡¿Qué diablos haces aquí?!

- Buenas tardes hijo – comentó levantándose dignamente con una mirada de soberbia, como si no hubiera pasado nada.

Su hijo le miraba alucinado – No puede ser ¿le has pagado a esa idiota para intentar que dejara a Hermione? ¿En serio? Es patético.

Lucius frunció el ceño – Bueno, quería comprobar que… ella – dijo mirándola con desdén – no era un capricho. Tu madre está empeñada en que es amor.

- Lo es padre – dijo contundente Draco tomando a Hermione de la mano.

-Sí, sí, bueno… quería probarlo – puso una falsa sonrisa en la cara y se giró – ya está comprobado, ya me puedo ir. Disfrutad de… la vista – y se fue a paso acelerado. Se había librado, por ahora. Su plan había fallado estrepitosamente pero no importaba, habría más oportunidades. La operación sería un éxito, como no serlo si el mismo la creó.

Draco y Hermione miraban anonadados como Lucius se iba tranquilamente de allí, como si no hubiera estado espiándoles, como si no hubiera pagado a una idiota para que los separara – Te juro por mi madre que le asesinaría – dijo enfadado Draco.

Hermione rio con ganas, sin darle importancia a ese asunto. Con el tiempo había asumido que Lucius Malfoy estaba en desacuerdo con su amor y que jamás lo estaría, por eso decidió aceptarlo y dejarlo pasar. Total, no necesitaba la aprobación de nadie para estar con Draco – Me da la sensación de que le veremos a menudo.

Draco gruñó y Hermione rio de nuevo ganándose una mirada de regaño por parte de su novio – Muy gracioso, me parto de risa.

- Vamos, no es para tanto. Sabes tan bien como yo que está convencido de que esto no durará, está convencido de que yo para ti soy una forma de castigarle a él. Debemos demostrarle que se equivoca.

- Un día le mato – dijo Draco aún enfadado.

Hermione le dio un corto beso en los labios que disipo un poco el enfado del chico – Antes de que tu padre y su intento de separación nos interrumpiera tu y yo estábamos en algo.

Draco sonrió con picardía – sí, te estaba contando una cosa… importante.

- Pues ya puedes continuar – dijo antes de que su boca fuera atacada por la de un divertido Draco. Esa mujer era su debilidad, su mayor debilidad. Era imposible enfadarse con ella pues su simple presencia le calmaba y le convertía en un cachorrito domesticado. Y él no haría nada para evitarlo.


Lucius iba hacia la biblioteca de Hogwarts a paso decidido, agradeció a Merlín el permiso concedido por esa vieja bruja para entrar y salir a sus anchas. Ya que tentar a Draco con otras no había servido de mucho, la siguiente idea que le vino fue evitar a toda costa que tuvieran un acercamiento romántico. Quizás así se enfriaría la situación y el capricho de Draco desaparecería.

A este plan lo llamo "Cortar el rollo para terminar con el embrollo". Por eso ahora se dirigía a la biblioteca, para vigilar bien de cerca a esos dos y actuar al menor indicio de situación romántica. Blaise se había chivado (por un módico precio) de donde estaba Draco y salió como alma que lleva el dementor.

Al pasar por la enorme puerta de la biblioteca escaneó con sus ojos grises la sala pero no los vio, miró en cada una de las mesas pero ni rastro de esos dos. Entro con sigilo pero llamando la atención de los estudiantes que ponían cara de susto al verle pasar.

Cabe decir que eso fue un chute de egocentrismo para él. Vio que en una mesa había un montón de cosas pero que estaba vacía y entonces lo vio. La carísima mochila de su hijo, junto a un bolsito hortera lleno de libros. No cabía duda, esos dos estaban ahí ¿pero dónde?

Decidido se adentró entre las estanterías buscándolo, pero nada. El corazón de Lucius iba a toda pastilla. Por un lado quería encontrarlos para molestar pero por otra temía lo que sus pobres y puros ojos llegarían ver.

Una risita tras la estantería llamó su atención y salió volando hacia allí. Prestó atención y el sonido de lo que parecían unos besos le hicieron sonreír. Ahí estaban esos dos desgraciados, pues que lo disfruten bien que se les había acabado la diversión.

Puso su mejor cara de enfado y salió de su escondite - ¡¿Qué HACEIS?!

Unos pequeños alumnos de no más de tercer curso pegaron un bote y un grito de tal magnitud que hicieron gritar también a Lucius al darse cuenta de su error.

Madame Pince les llamó la atención pero Lucius seguía pálido por lo que estaba viendo. Dos alumnos bastante pequeños, de Ravenclaw él y Slytherin ella estaban temblando como una hoja frente a la imponente figura del rubio.

Su misión era otra, claro que sí, pero no iba a permitir que una Slytherin hiciera tales actos con un tonto Ravenclaw, ¡y menos una tan joven! ¿Pero desde cuando la juventud era tan espabilada? ¡En sus tiempos eso era inconcebible!

- Vosotros, mocosos – susurró pero con tono autoritario – ¿Qué se supone que hacéis?

- Nada señor – susurró tímido el chico bajando la cabeza al igual que la roja muchacha.

-¿A qué curso vais?

- Segundo señor.

Lucius abrió los ojos escandalizado -¿SEGUNDO? –Volvió a gritar llevándose un nuevo regaño – ¿Pero es que estáis mal de la cabeza? ¡Sois niños por Merlín!

Los jóvenes avergonzados no dijeron nada – Largaos de aquí antes de que me entere de vuestros nombres y escriba a vuestros padres para contarles a que os dedicáis.

La joven pareja negó rápidamente y salió de allí. Lucius bufó siguiéndolos con la mirada mientras se cruzaba de hombros, ¡Qué vergüenza! Esta juventud cada vez iba a peor.

Unas pequeñas risas y un carraspeo le hicieron voltearse y ante sus ojos su hijo y la impura que tenía por novia se reían por lo bajo crispándole mas los nervios y aumentando su mal humor – ¿De qué diablos te ríes mocoso insolente?

Draco siguió riendo con gana – Me apuesto un brazo que pensabas que esos dos éramos Hermione y yo.

- Te estaba buscando – contestó ignorando a su hijo.

- ¿Para qué?

Lucius apretó sus puños al observar que su hijo tomaba la mano de la muchacha que se estaba aguantando la risa – Para verte, soy tu padre.

Draco puso una mueca graciosa en su cara – Mira, padre – dijo lo último con un tono de burla – en todo el tiempo que llevo aquí no me has venido a visitar por gusto. Nunca.

Lucius trago saliva con nerviosismo, la boca se le había quedado seca – Bueno, he decidido que deberíamos retomar nuestra relación.

- Ya claro – dijo escéptico – padre no finjas, has venido aquí a buscarnos para molestar, intentas cortarnos el rollo.

La cara se le tenso por completo, maldito mocoso sabelotodo, esa impura tenía la culpa de ello, seguro – Pues claro que no hijo.

-Además – continuo ignorando a su padre – es inútil que intentes eso padre, tu solo podrás molestar por el día, pero por la noche no estarás aquí.

Hermione le dio un golpe en el brazo con el libro roja como un tomate y por una vez Lucius estuvo de acuerdo con ella, aunque él se lo habría estampado en la cabeza – Hijo, soy tu padre no debería enterarme de esas cosas.

Draco se encogió de hombros – Que más da, deberías tener claro que al compartir torre dormimos juntos todos los días – miró a Hermione que estaba roja – y lo que no es dormir ¿verdad nena?

Hermione abrió la boca en una perfecta "O" y empezó a golpear con más fuerza a Draco que se desternillaba de risa ante un impresionado Lucius.

-¡Descarado! – gritaba entre murmullos Hermione.

-Por primera vez estoy de acuerdo con ella – dijo Lucius - ¡descarado! Soy tu padre y sabes lo que opino de esta… ¡cosa a la que llamáis relación!

-Pues te aguantas – dijo Draco una vez controlo a la pequeña fiera que tenía por novia – así que te pido amablemente que te vayas, tenemos mucho que estudiar. Buenas tardes.

Lucius se quedó mirando la espalda de su hijo y su novia que habían pasado por su lado rumbo de nuevo a su mesa. La cara se le deformó en una mueca de ira descontrolada, deseaba acabar con esa maldita insufrible que había convertido a su mujer e hijo en unos traidores a la sangre.

Tembló producto de la rabia y de las ganas que tenía de maldecir a su vástago, pero no podía hacerlo. Tomó el primer libro que vio y comenzó a apretarlo entre sus manos, imaginando que era el blanco cuello de su hijo y la sangre sucia. Sus dientes estaban tensos y se apretaban mientras su ya tan famosa vena se marcaba más que nunca en su frente.

Un Gryffindor que pasaba por allí sin saber que pasaba al lado de un demonio, recibió un golpe en la cabeza con el libro quedándose anonadado, pero al ver esa furia en el rostro de Lucius decidió no decir nada y salir pitando de allí.

Lucius respiro con calma intentando tranquilizarse entre las estanterías. Desde su posición veía a su hijo y a esa chica estudiar en su mesa, pero observó como el descarado de su hijo posaba su mano en la rosilla de la chica y como esta se removía entre avergonzada y enfadada causando la risa de Draco.

Lucius notó como su autocontrol se iba al caño y volvió a apretar fuertemente el libro entre sus manos a la par que su rostro se ponía rojo. Al poco rato Draco besó con cariño a Hermione y el libro ya no aguantó más presión por lo que terminó partiéndose a la mitad.

Raudo y veloz salió de allí ante la mirada de burla de su hijo que se despedía de el con la mano. Debía salir de allí o lo asesinaría, además debía pensar otro plan pues este tampoco había funcionado.


Los meses pasaban y Lucius cada vez estaba más harto. No había avanzado nada, sus planes anti-encaprichamiento salían siempre mal, y había probado muchos. Después del desastre de la biblioteca probó el "Tira la sangre sucia al lago y problema arreglado" que constaba de lanzarle un hechizo por la espalda a esa mocosa, que se cayera al lago y sirviera de aperitivo al calamar gigante. Lo hizo, le lanzo un hechizo por la espalda que la impulso varios metros hacia delante, pero claro tenía que estar su hijo en medio para joderlo todo. Lo que prometía ser un deleite para sus pupilas se transformó en un infierno en la tierra pues la impura cayó encima de Draco, acabando ambos en el lago jugando y besuqueándose. Asqueroso.

Otro intento fue "Perderla en el bosque prohibido será pan comido". Con sus contactos en Hogwarts (Zabini era un mocoso avaricioso) se enteró de que una tarde de marzo su hijo y esa chiquilla irían al bosque prohibido a da run paseo. No lo entendía, ¿Qué podía tener de atractivo el bosque? Aun así los siguió y cuando llegaron a un claro tranquilo se sentaron a hablar y a darse amor. Lucius tuvo que aguantarse las ganas de vomitar ante tales muestras de afecto. Su hijo, su duro heredero, el que prometía ser un gran Malfoy se había convertido en un cachorro domesticado, ¿desde cuándo un Malfoy llamaba a su pareja "mi amor"? Patético.

A la cabeza de la sangre sucia vio un enorme panal de Acroavispas (las cuales fueron una mutación genética de cierto guardabosques idiota) bastante peligrosas. Sus grises ojos le iluminaron, si le tiraba el panal en la cabeza no solo echaría a correr y se perdería por ahí sino que además quedaría deformada. Su cara hecha un cirio sería ambrosía para él.

Con una sonrisa malvada lanzó un hechizo contra el panal, que cayó justo cuando Draco tomaba de las manos a Hermione y echaban a correr por el bosque entre risas idiotas. Se puso en pie y a grandes zancada se dirigió al panal caído. Lo tomó y lo lanzó con fuerza hacia donde estaba la pareja, pero nada. No escuchó gritos ni nada. Solo se escuchaba u gran zumbido a sus espaldas. Blanco y tembloroso se giró y vio el enorme enjambre amenazante a pocos centímetros de él y comenzó a sudar. Echó a correr todo lo que sus piernas daban gritando a todo pulmón, corrió tanto que incluso pasó a la joven pareja que la verle se quedó parados.

-¿Padre? – preguntó anonadado Draco al ver el torbellino rubio agitando las manos, seguido de un furioso enjambre de Acroavispas made in Hagrid. ¿Qué paso? Pues que en su mansión un inflamado Lucius era curado por una Narcissa que se desternillaba de risa mientras le decía "eso es el Karma querido" o le soltaba un sarcástico "pobrecito, tu que lo hacías con buena intención"

Al poco decidió llevar a cabo el plan "Conquista el terreno y se acabara el juego" ¿Qué hizo? Se plantó en la Torre de Premios Anuales al finalizar las clases y picó con todas sus fuerzas. Estaba decidido a echar la puerta abajo. Las quejas del exasperante cuadro no eran nada para un alterado Lucius que picaba y picaba.

Abrió su hijo con cara de malas pulgas y a medio vestir, esto encendió aún más la ira de Lucius que entró sin pedir permiso a trompicones llamándoles degenerados y viciosos. Parecía un perro rabioso echando espumarajos por la boca pero se dio cuenta tarde de que Hermione no estaba en la sala.

- Está en la biblioteca, yo estaba punto de entrar en la ducha, ¡hoy tuve quidditch!

Tras una serie de improperios padre-hijo, una discusión y una vaga amenaza a la que Lucius no pensaba hacer caso, salió por la puerta dignamente, dejando atrás a un colérico Draco que estaba a punto de ahorcar a su padre. Cuando se cerró la puerta de la torre, una Hermione a medio vestir y con el pelo demasiado alborotado bajó las escaleras de los dormitorios – Te dije que íbamos a tenerle aquí muy a menudo – dijo con una pequeña sonrisa al llegar al lado del rubio.

- Lo mato – decía dando vueltas como un león enjaulado – cualquier día Hermione, cualquier día le mato.

Hermione sonrió perversamente mientras le abrazaba por la espalda – No deberías, sino terminarías en Azkaban y eres demasiado guapo como para pudrirte en la cárcel Malfoy. Además de que te echaría de menos.

Draco sonrió igual que ella y se dejó abrazar – ¿Me está diciendo que no iría a verme Granger?

- Bueno, si me lo pides con mucha gana – soltó una risita que erizó la piel de Draco. Dio un suave beso en la espalda de su novio – Creo que tú y yo estábamos en algo antes de que el neurótico de padre nos interrumpiera.

El rubio amplió su perversa sonrisa mientras se daba la vuelta y la cargaba como un saco de patatas mientras Hermione soltaba una carcajada y se dejaba llevar arriba – Tienes razón Granger, no debemos retrasarlo más.

Y entre besos y risas llegaron al cuarto de ella, el que normalmente usaban para dormir, y no dormir y cerraron la puerta. Nadie sabe que hicieron exactamente pero no bajaron a cenar esa noche.


Lucius buscó a su mujer por toda la mansión pero nada, ni rastro de su mujer. Debía partir para Hogwarts pues la final de quidditch entre Slytherin y Gryffindor era hoy y no podía faltar. Además de que debía seguir intentando acabar con esa tontería con la que Draco se empeñaba en castigarle.

Cuando estaba por irse un estruendo en la chimenea llamó su atención y por el salió una elegante Narcissa con muchísimas bolsas. Lucius rodó los ojos con una pequeña sonrisa. Su mujer podría haberse vuelto muy liberal pero en el fondo seguía siendo la misma mujer soberbia y orgullosa que tanto le gustaba. Toda una Black.

- Oh, querido

- Hola Cissy, ¿Qué tal la tarde? – preguntó Lucius.

Ella sonrió mientras que con un movimiento de varita sacó todas las bolsas – Muy bien, he ido con Molly a comprar unas cositas.

La sonrisa en la cara de Lucius se borró al segundo de decir la palabra "Molly" – ¿Me pitan los oídos? ¿Has dicho Molly?

- Sí Lucius, Molly, Molly Weasley.

- No creo que ella pueda permitirse nada de lo que tú si querida – comentó Lucius con desprecio observando las bolsas de su mujer. Eran todas de tiendas carísimas en las que un jersey valía por lo menos 100 galeones el más barato.

- Ya lo sé, ella no, pero yo si – contestó tranquila la mujer quitándose el abrigo.

- ¿Disculpa? – preguntó Lucius sintiendo sus nervios crisparse – ¿Estas insinuando acaso que le has comprado ropa a esa… cosa llamada mujer?

Narcissa frunció el ceño ofendida – Mira Lucius, estas Navidades Draco no ha querido venir a casa por tus constantes intentos de romper su relación – el rubio puso una cara de aburrimiento – no me mires así, que sabes que es tu culpa.

- Según él tenía mucho que estudiar y en casa se distraería, yo no he hecho nada.

Narcissa bufó – sabes tan bien como yo que eso ha sido una excusa. El niño no ha querido venir porque no quiere toparse contigo. Y por tu culpa no hemos podido cenar todos en la mansión en familia.

- Me muero del disgusto – pronunció Lucius con una falsa aprensión cabreando aún más a su mujer.

- Pues a mí sí que me molesta, pero no te creas que esto te servirá el año que viene. Quiero una bonita y elegante cena navideña en familia y le he comprado a Molly un precioso vestido para la ocasión. En las próximas navidades los Weasley vendrán a casa a cenar y punto en boca.

En los labios del hombre se pintó una sonrisa burlona que hizo que Narcissa sintiera ganas de hacerle tragar las bolsas de un guantazo – Si es que esa tontería que llama relación continúa.

- Lucius, por mucho que te fastidie lo de Draco no es un capricho, es amor.

Haciéndose el loco movió las manos – Si, si querida lo que tú digas, bueno me voy – a Lucius no le gustaba hablar del tema del amor, no le gustaba, le ponía nervioso y más si se trataba del supuesto amor de su hijo para con la sangre sucia. Era imposible, IMPOSIBLE.

Lo que pasaba es que Draco se estaba vengando de el por todo, eso era. Estaba convencido. De hoy no pasaba, hoy terminaría con ese encaprichamiento de una vez por todas. Le había costado planearlo pero al fin llevaría a cabo la última fase del plan, al que decidió llamar "Una bludger es suficiente para arreglar el problema reciente" que constaba de él, mirando el partido, una Hermione distraída, una bludger modificada y un golpe certero en la cabeza de cierta muchacha para crear amnesia permanente (aunque la muerte a Lucius le parecía más atractiva) y fin del problema. Tenía que funcionar.


En el campo de Quidditch de Hogwarts los alumnos se arremolinaban y cantaban los nombres de sus casas con alegría. Lucius sentado en la zona de los Slytherin observaba a una distraída Hermione que había aparecido en la grada de las serpientes en compañía de Daphne Greengrass.

Esta llevaba un estandarte de Gryffindor en las manos, y Lucius rio, a lo mejor su plan no hacía falta porque las serpientes la acababan linchando. La castaña no había visto a su suegro mientras subía a las gradas pero los azules ojos de Daphne chocaron con los grises de Lucius

- Señor Malfoy ¡que sorpresa! – dijo la rubia codeando a Hermione que se dio la vuelta a verle.

- Suegro, que grata sorpresa.

La bilis de Lucius subió por la garganta y notó que una úlcera comenzaba a salirle, o tal vez dos. Esa sangre sucia idiota le había llamado suegro frente a todos, como si se llevaran bien ¿Quién se creía ella que era?

- Buenas tardes Daphne una alegría verte de nuevo – contestó Lucius ignorando completamente a Hermione que le dedicó una mirada burlona. Lucius la observó con un gesto altanero que hizo sonreír más a la castaña. No entendía que era tan gracioso, pero no pensaba preguntar, quizás se le quitara la risa cuando acabara en la enfermería con la cabeza rota. Oh s, deseaba ver si esa niñata arrogante se reía entonces.

La observó fijamente ese pelo encrespado y castaño, esa cara, nada del otro mundo si la comparaba con las cientos de Slytherins que Draco tenía a sus pies, ese cuerpo menudo que ocultaba con un abrigo… ¡espera! ¿Por qué narices llevaba un abrigo si estaban casi en Junio? ¿Y qué narices hacía ella en la grada de Slytherin con Daphne si sus amiguitos estaban en el lado contrario? ¡Por fastidiarle a el seguramente! Se contestó a sí mismo.

Los jugadores de Gryffindor salieron al campo y entre ellos distinguió a Ginny Weasley y a un amiguito de la sangre sucia, Dean Thomas o algo así, el mago del padre muerto, lo recuerda bien.

Los Gryffindor saludaron con una sonrisa a Hermione aunque le gritaban entre risas "traidora" mientras la castaña reía junto con Daphne mientras movían las banderitas de Gryffindor.

Al poco salieron los Slytherin, su hijo capitán del equipo y buscador flanqueado por Goyle y Zabini y un par de muchachitos más. Lástima lo del joven Crabbe pensó Lucius, una verdadera lástima.

Los ojos grises de Draco se clavaron en la grada Slytherin y saludó alegre mientras se acercaba. Lucius respondió el saludo dispuesto a bajar un escalón para encontrarse con su hijo pero vio de mala gana que a quien Draco saludaba no había sido a él.

- ¿Pasándote al lado oscuro Granger? – preguntó Draco.

La chica soltó una risita tonta – Bueno, puede ser es que me he enterado que hay un cazador muy guapo entre las serpientes y he decidido apoyarle.

- Vaya, ¿y quienes le conozco? – preguntó juguetonamente Draco.

- Puede ser, no recuerdo bien su nombre. Era algo como Mafloy o Molfy… ¡Ah ya se! – se quitó el abrigo y enseñó la camiseta que llevaba. Draco miraba sorprendido y con los ojos brillantes la camiseta de su chica. Era su camiseta vieja de Quidditch, esa que ya le quedaba pequeña pero a ella le sentaba como un guante.

La chica sonrió abiertamente al ver la cara de tonto de su novio – Ya me acuerdo, el nombre era Malfoy.

Draco sonrió mostrando toda la dentadura perversamente – Sí que le conozco pero hoy no juega.

- Lástima – contestó Hermione siguiéndole el juego.

- Pero bueno aunque él no esté, estoy yo y soy igual de bueno que él.

Hermione sonrió y se acercó a el – Bueno pues te animaré a ti en su lugar.

- Deséame suerte ¿no?

- Claro guapo – subió sus pulgares con una sonrisa – Buenas suerte.

- No, no – respondió juguetón negando con la cabeza – Un beso de buena suerte, es lo justo.

Ella pareció pensárselo pero luego con gesto inocente asintió – si insistes – y se acercó a Draco que la recibió con un beso de película mientras la grada Slytherin, la Gryffindor y los jugadores les silbaban y reían ante la situación, haciendo sonreír a la pareja en el beso.

- Que enternecedor – dijo la sarcástica voz de Lucius.

Draco se separó de Hermione con cara de pocos amigos – Hola a ti también padre.

Lucius sonrió falsamente mientras arqueaba una ceja – Vaya, al final te has dado cuenta de que existo.

- Ya me había dado cuenta para mi desgracia.

- Vaya, que manera de recibir a tu padre.

Draco bufó y volvió a mirar a su novia antes de recibir el llamado de la profesora Hooch para que tomara posición – debo irme.

Se dieron otro pequeño beso mientras Hermione susurraba un – Buena suerte.

Lucius rodó los ojos y puso gesto de asco, esa niñata era insufrible. La castaña se colocó justo enfrente de Lucius para mirar el partido. Lucius se mordió la lengua muchas veces para intentar desviar sus ganas de darle una patada en la espalda y tirarla de la grada abajo. Cada vez que Gryffindor marcaba ella y Daphne eran las únicas que celebraban el punto en la grada de las serpientes.

Iba ganando Slytherin 40 - 70 y el partido estaba muy apretado. Ginny Weasley era muy buena, incluso Lucius que odiaba a toda su familia lo admitía, pero ella sola no podía controlar a todo Slytherin, quizás solo Thomas era de ayuda para ella.

Frente a la grada de Slytherin pasó una bludger y Lucius sonrió de manera perversa, era hora de llevar a cabo el plan. Hermione estaba atenta a los movimientos de Draco que se había lanzado en picado contra la pequeña snitch seguido muy de cerca del buscador de los leones.

Lucius hizo contacto visual con la bludger sin apenas parpadear mientras murmuraba el hechizo controlador para manejar la bludger a su gusto. Las gradas rugían, la tensión se palpaba, Draco a unos milímetros de coger la snitch, la bludger ya dominaba se acercaba a la grada, Hermione anima a Draco con histerismo, la bludger cada vez más cerca y Draco rozando la snitch.

Gritos y vítores, Draco atrapa la snitch, Hermione chilla de alegría y se abraza a Daphne, apartándose justo cuando la bludger se dirige hacia ella, Lucius abre los ojos y se le hace imposible esquivarla, y todo termina con la victoria de Slytherin y con Lucius Malfoy desmayado en las gradas a causa de una bludger loca.


Poco a poco volvía a la realidad, estaba en una incómoda cama, pequeña y dura, el techo le era familiar pero no sabía de qué y la cabeza le dolía a horrores. Recordó lo que había pasado y la furia toma todo su cuerpo, empieza a temblar y a ponerse rojo de rabia lo que hace que su cabeza duela el doble y se queje sonoramente.

-¡Lucius! Querido – la preocupada voz de Narcissa retumba por toda la habitación.

-Cissy querida, no grites – dijo dolorido.

-Lo siento querido, pero estaba muy preocupada.

Lucius miró por los ventanales y observó que fuera era de noche - ¿Cuánto llevo inconsciente?

- 5 horas – contestó compungida la mujer mientras se tiraba al cuello de su marido – Oh Lucius, que susto nos has dado.

El gruño por el dolor pero acarició levemente la espalda de su mujer – Ya, ya suéltame mujer, estoy bien.

Narcissa se apartó un poco quedándose sentada en la cama - ¿Pero cómo ha pasado?

- No tengo ni idea – siseó el entre dientes, molesto no solo por el golpe, sino porque su plan había fracasado.

- La señora Pomfrey dice que estarás bien, que solo necesitas reposar y que te saldrá un buen chichón pero nada más.

Asintió mientras se tiraba en la almohada – ¿Dónde está Draco?

- Celebrando la victoria en las mazmorras, estuvo aquí con Hermione hasta hace una hora que les dije que se fueran.

- Mal agradecido – murmuró Lucius – estúpida chiquilla.

Narcissa rodó los ojos – Pues esa chiquilla no se ha movido de tu lado mientras estabas inconsciente.

- Me da igual – dijo cruzándose de brazos mirando hacia el lado contrario de su esposa que rio.

-Eres un niño grande Lucius. Hoy dormiré en la torre con los chicos, y mañana podremos irnos a casa.

Lucius la miró - ¿dormirás aquí?

Narcissa asintió – No puedo dejarte aquí solo, aunque esté con los niños al menos estaré cerca por si me necesitas, aunque yo prefiero quedarme aquí con…

- No querida, no, yo estoy bien, necesito descansar y tú también – le cortó rápidamente. Aunque el plan no hubiera salido bien y el que hubiera acabado con la cabeza medio rota había sido él, que Cissy se quedara a dormir con ellos era muy bueno. Con Narcissa por ahí danzando esos dos monos en celo no se atreverían a hacer nada indecoroso. ¡Les había roto la celebración! Oh si, Lucius Malfoy incluso sin querer es un genio.

Narcissa miró como la cara de su marido comenzaba a brillar con una gran sonrisa y ojos de satisfacción, como cuando uno de sus grandes planes ambiciosos sale bien y resoplo hastiada, sabía de sobra lo que pensaba y ya estaba un poco harta – Lucius querido, posiblemente en estos momentos estén… ¡celebrando! La victoria de Draco.

- Sí, con sus amigos en la mazmorra – contestó Lucius extrañado.

-No cielo, eso es lo que ellos me han dicho, pero posiblemente ahora estén dando rienda suelta a la pasión hasta que yo llegue y les corte el rollo – dijo Narcissa con una burlesca mueca en la cara.

Lucius la miraba con la boca abierta y los ojos desorbitados. Intentó ponerse en pie a toda pastilla para ir a terminar con el momento tórrido que el enfermo de su hijo posiblemente estuviera protagonizando en ese momento pero fue sujetado por la mano de Narcissa.

- ¿A dónde diablos vas?

- ¡A terminar con la vida de ese mocoso!

Narcissa suspiró y le inmovilizó con un Petrificus, se sentó a su lado hasta que se calmara un poco y la señora Pomfrey llegara para pedirle un sedante que le dejara frito – Deberías comenzar a aceptar, que Hermione no es un capricho. Viejo cabezota.

En medio de la parálisis Lucius a duras penas soltaba ruiditos sin sentido que Narcissa estaba segura de que era improperios hacia su hijo, su nuera e incluso su persona. Sonrió con burla una vez más y le dio un beso en la frente – yo también te quiero querido.


El tiempo había pasado, su cabeza se había curado y Draco y su novia casi hacían un año juntos. Lucius muy a su pesar empezaba a pensar que esa muchachita no era un capricho para su hijo. Empezaba a pensar que en realidad no era una manera cruel de castigarle, sino amor.

Por eso Lucius una vez más caminaba por los pasillos de Hogwarts directo a la Torre de premios anuales. Iba a hablar con Draco, le pediría explicaciones y le daría una última oportunidad para arreglar ese embrollo y aceptar a Greengrass o a cualquiera, cualquiera menos esa Sangre sucia.

Con otra de sus grandes excusas había convencido a McGonagall de que le diera la contraseña de la Torre pues debía hablar urgentemente con su hijo y no había tiempo para esperar a que le abriera la puerta.

Estaba nervioso, ese era el momento. Ese día o volvía a tener su maravillosa y pura vida o su hijo le condenaba a aguantar una sangre sucia para siempre. Llegó frente al cuadro que nada más enfocarle le fulminó con la mirada, por lo visto no le había perdonado que le aporreara la última vez que estuvo allí.

Murmuró la contraseña y entro sin hacer ruido. La sala estaba totalmente en silencio, parecía que no hubiera ni un alma – ¿Draco? – Preguntó, pero no obtuvo respuesta. Subió las escaleras y se asomó a las habitaciones con miedo de lo que pudiera encontrar, pero nada, ni rastro.

Entonces escuchó la risa de su hijo llegar desde una habitación, giró su cabeza y vio una enorme puerta de roble entornada, de ella salía la risa de su hijo y la de alguien más, la sangre sucia probablemente ¿Qué sería ese cuarto? ¿Y qué narices hacían que se reían tanto? ¿Sería una sala de estar?

Decidido y sin hacer ruido abrió la puerta un poco tembloroso pues desde dentro salían sonidos extraños que Lucius no llegaba a identificar. Una vez abierta la puerta del todo, la mandíbula se le cayó al suelo y sus ojos casi se salen de sus cuencas.

Ante él una enorme bañera blanca llena de espuma recogía los cuerpos de Draco y Hermione. Este apoyado en la bañera con los brazos por fuera, apoyado cómodamente. Ella apoyando su espalda en el pecho del rubio, cómoda dejándose mimar por él.

Como llevaba el pelo en un desarreglado moño, su hijo besuqueaba el cuello de la castaña haciéndola reír producto de las cosquillas. Esta visión fue demasiado para la cabeza de Lucius, que comenzó a verlo todo rojo y a temblar, pero esta vez no de nerviosismo sino de ira.

En el momento en que Draco abrazaba a Hermione y le mordisqueaba el lóbulo de la oreja Lucius no lo soportó más - ¡DRACO LUCIUS MALFOY!

El grito que pegó Hermione retumbó por toda la torre, Draco se dio la vuelta y miró a su traumatizado padre - ¡¿QUIERES SALIR DE AQUÍ MALDITO MIRÓN?! –gritó Draco intentando tapar con su cuerpo a su novia que estaba roja de vergüenza.

Lucius reacciono y se llevó las manos a los ojos mientras intentaba salir del baño a trompicones mientras su hijo le arrojaba todo lo que tenía a mano. Una vez fuera bajó a la sala común de los chicos y esperó a que bajaran.

Los ojos grises de su hijo centelleaban de rabia mientras que Hermione se escondía tras la espalda de Draco por la vergüenza, su suegro los acababa de pillar en una situación demasiado comprometida.

En cuanto bajaron se desató la tercera guerra mágica – ¿¡Pero qué diablos haces aquí!? ¿¡Como coño has entrado!? – gritó Draco fuera de sí.

- ¡Con la contraseña maldito degenerado!

- ¡¿Degenerado yo?! – Preguntó indignado – ¿¡Quien entró en mi baño mientras mi novia y yo estábamos desnudos!?

Lucius se quedó un momento pillado y luego volvió a hablar - ¡Ese no es el tema!

- ¡Claro que lo es! ¡Por Merlín! ¡Y si nos hubieras pillado foll…! – la mano de una avergonzada Hermione le tapó la boca.

-Señor Malfoy – habló avergonzada Hermione – ¿Qué hace aquí?

Lucius bufó rojo de enfado y miró a Draco – Tu, mocoso estoy harto ya de esta situación. Si este es un castigo que me quieres poner, está bien, lo acepto, ha sido bueno pero acaba con esta maldita tortura de una vez ¡y mándala a paseo!

Draco se llevó las manos a la cara mientras soltaba un grito de frustración – ¡Cuando te entrará en esa maldita cabeza tuya que la quiero! ¡No es un capricho! ¡No es un castigo! ¡LA QUIERO!

Lucius clavó sus grises ojos en los de su hijo intentando buscar ese brillo de maldad que ponen los Malfoy cada vez que mienten, pero no vio nada. Vio un brillo sí, pero uno diferente, uno que él ve en los ojos de Cissy cada vez que le mira, uno que está seguro que aparecía en los suyos cuando miraba a su mujer. Y lo comprendió todo.

- ¿Estás seguro de esto? ¿Estas dispuesto a terminar con siglos de pureza por ella? ¿Merece la pena?

Draco le miró con seriedad y segura y dijo un firme – sí padre, la quiero.

Lucius suspiro enfadado y se giró dispuesto a salir de allí pero antes de salir por la puerta dijo – Mas te vale que no te arrepientas, pero créeme que cuando esta tontería se acabe seré el primero en decirte "te lo dije" – Draco rodó los ojos y Lucius se giró para mirar a Hermione que se enderezó tensa – Y créeme muchachita, nunca será mi nuera, jamás te aceptaré en mi casa, pero si es lo que Draco quiere yo no diré nada.

- Padre…

- No, Draco, vamos a ser todos sinceros. No me meteré más en vuestros asuntos, sé que no estáis hechos el uno para el otro por lo que dejaré que sea el tiempo quien os lo muestre, no interferiré, pero no me pidas que la acepte.

- Mientras la respetes me importa poco lo que hagas – dijo Draco firme. Lucius puso una sonrisa burlona y asintió para después salir por la puerta sin decir nada.

En el pasillo decidió acelerar el paso, estaba enfadado pues Draco amaba a una sangre sucia, lo único que le pidió toda la vida él no se lo cumple, con toda su cara se junta a una hija de muggles ¡Merlín le odiaba seguro! Pero ya no pensaba hacer nada, no podía hacer nada.

Siguió caminando con un pensamiento en la mente, el recuerdo de su hijo con esa sangre sucia en la bañera. Un escalofrío le recorrió la espalda y sintió nauseas, su hijo ya no era un niño, era una hormona con patas y él lo había visto en una situación indecente. A saber que habrían hecho todo el curso solos…

¡Merlín! Prefería no pensarlo o sufriría un infarto y una embolia cerebral en medio de Hogwarts. Lo mejor ahora era ir a casa y encerrarse en su despacho a trabajar y despejar la mente, eso haría… y más tarde se acurrucaría en su enorme cama con su querida Cissy para intentar dormir sin tener pesadillas, no pesadillas de la guerra no, sino unas peores, más terroríficas, unas que le perseguían cada noche desde que Draco había vuelto a Hogwarts.

Unas en las que 6 niños rubios y con ojos marrones y pelo rizado le llamaban abuelo y le enterraban en una montaña de sonajeros, pañales y osos de peluche. Sintió un nuevo escalofrío solo de recordarlos.

Narcissa se moría por una boda y nietos, pero no podía ser, era imposible, aunque esa impura no fuera un capricho era simplemente impensable. Por encima de su cadáver. El tiempo le daría la razón, él lo sabía. O quería creerlo.