Akio contuvo un bostezo. Ah… Que relajado estaba. Tumbado en la hierba y mirando pasar las nubes. Sin tener que preocuparse por la comida ni por donde iba a tener que dormir esa noche. Eso era casi el paraíso.
La misma noche que ambos fueron aprobados y admitidos en la academia, les habían dado una habitación. Lo malo es que era compartida, y que los chicos y las chicas estaban en dormitaros separados, así que tenía que aguantar a su nuevo compañero de cuarto, y su acompañante durante todo ese tiempo, Ayame, había tenido que irse al otro bloque de habitaciones, para decepción de los dos chicos. Pero, tal y como dijo Akio, no había nada que pudieran hacer. Además, si había una cosa que quería hacer Ayame era conocer a gente nueva. Había llevado una vida tan clausurada por culpa del capullo de su padre que la única persona con la que había tenido la oportunidad de hacer amistad era el propio Akio. Sigh. Cada vez que lo pensaba se ponía malo.
Olvidando el tema de momento, había una cosa que había disfrutado mucho esos días. ¡Una cama! ¡Tenía una cama para el solo! No es que los futones en que se había acostumbrado a dormir todos esos años fueran malos, ni nada por el estilo. Pero volver a poderse echar en una cama, tal y como hacía antes de… morir, era una bendición. Y le recordaba que no debía nunca volver a dar las cosas por sentadas. Disfrutar de ellas mientras las tengas, pensaba, no sea que volviera a quedarse sin ellas.
Y la comida… La cafetería que les habían enseñado… Menudo gustazo no tener que hacerse su propia comida (ni tener que cazarla, todo sea dicho). Resumiendo. Que estaba en el séptimo cielo.
"Estoy de acuerdo."
Al escuchar esa voz, se levantó de golpe y miró alrededor. ¿Había alguien cerca? Pero no, no había nadie. Se lo habría imaginado. Y con ese pensamiento se volvió a recostarse en la hierba, aunque un poco intranquilo. Era el último rato que tendría para poder hacerlo, porque le darían en breve nuevas ropas, y no podía permitirse mancharlas con el verde de la hierba.
Por desgracia, todo eso tenía un punto negro. Al día siguiente empezaban las clases. Si, sabía que no iban a ser lo mismo que las que había tenido cuando estaba vivo, pero… ¡agh! No se podía quitar de encima la sensación de que se estaba metiendo en algo gordo. ¿Por qué razón? Ni idea. Solo tenía esa sensación agarrada al cuerpo. Había sentido algo parecido el día en que empezó la universidad, pero no tan acentuado. Suponía que era porque estaba empezando algo nuevo que le cambiaría de por vida, pero…
¡Bah! Sería mejor que le dejara de dar vueltas a lo tonto a esa mala sensación… ¿no? ¿Debía? ¿No debía? ¡Arg! ¡A veces no se aguantaba a si mismo!
-¿Sabes, Akio? Si la gente te viera sacudiendo la cabeza así, alguien podría acabar pensando que estás loco.
El susodicho echó la cabeza para atrás, mirando a su interlocutora.
-¿Es que tu piensas que estoy loco, Ayame?
La chica rió mientras se sentaba a su lado.
-Yo no lo pienso, Akio. Yo se que lo estás.
Akio hizo una mueca ante el golpe directo a su ego.
-Vaya. Solo me faltaba ser comparado con Shoten.-Suspiró el chaval. Antes de que Ayame pudiera saltar a defenderlo, cambió de tema.- ¿Qué tal la academia?
La sonrisa de la cara de la chica lo dijo todo por ella.
-Mi compañera de cuarto es bastante maja. Aunque no habla mucho…
Akio rió. A Ayame le encantaba hablar, aunque tenía que concederla que sabía mantener la boca cerrada sobre los asuntos que no convenía que se supieran. Suponía que era una consecuencia de los años que había pasado… sin tener prácticamente ninguna relación con la gente. Aunque, siendo sincero, tampoco es que la mayor parte de la gente con la que le tocó convivir mereciera la pena lo suficiente para molestarse en tener un mínimo de contacto con ellos.
Escuchó con una sonrisa en la boca mientras la chica contaba sobre todo lo que había visto en esos días. Era buena cosa ver como ella podía empezar a avanzar sin que su pasado la arrastrase para atrás.
De pronto, la puerta del edificio que se veía desde allí se abrió, y empezaron a salir personas. A diferencia de la ropa blanca que llevaban los alumnos, estos estaban ataviados con túnicas negras. Shinigamis.
-Esos deben de ser nuestros profesores, ¿no es cierto?-Ayame miraba curiosa a los hombres y mujeres que suponía que la enseñarían a ser un shinigami.
-Supongo que si.-Akio se había erguido y los contemplaba también con interés. De todas formas, el que más le llamaba la atención era el único de ellos que llevaba una ropa distinta. Una capa blanca.
-Oye…-Murmuró Ayame, que parecía un poco insegura.- ¿Ese no es el mismo que estuvo en el primer examen?
-Si, es el mismo.- Akio lo miraba atentamente. La sensación de presión que notó de ese hombre en el examen seguía allí, pero atenuada. Pero, ahora que se fijaba… Si. ¿Se lo parecía a el o el resto de los shinigamis le provocaban esa misma sensación? Seguramente era una cosa suya.
-¿Qué anda discutiendo? No parece muy contento con lo que le están diciendo.
-¿Euh?- Akio regresó pronto de sus pensamientos al mundo real.- ¿Perdón?
-Que me preguntaba que anda discutiendo ese profesor con el de la capa. Por la cara que tienen parece que es algo importante.
Akio aguzó el oído, para ver si podía escuchar algo de lo que decían. Pero entre que el viento estaba en contra y que no hablaban muy alto, Akio solo pudo captar unas pocas palabras. Tampoco es que lo que hablaban fuera de su incumbencia, pero Ayame le había picado la curiosidad.
-Lo único que he oído era algo de "discurso", "decisión" y "Director".
Ayame lo miró con los ojos abiertos por la sorpresa.
-Que oído que tienes… Yo no he podido escuchar nada. ¿Seguro que es eso lo que han dicho?
-Si hubiera estado mas cerca y les hubiera visto mover los labios te lo podría garantizar. Pero como no es el caso…Puede ser que el director haya dado un discurso en el que habrá anunciado una decisión que no les ha gustado. O puede ser cualquier otra cosa. Estoy haciendo cábalas porque si.
-Vaya… Pero Akio, ¿Quién es el "Director"?
-Eh… es la persona encargada de dirigir colegios o academias.
-Ah…
-Oye. ¿Me lo parece a mí o el de la capa nos está mirando?
-Es que nos está mirando, Akio.
Y no era una mirada agradable. El tipo los estaba atravesando con la vista y uno de los hombres con los que hablaba también los estaba mirando, curioso. Pero este pronto dejó de mirarlos y se volvió a dirigir al de la capa blanca, que volvió a centrarse en el.
-Creo que es el momento de una retirada honrosa, ¿no, Ayame?
-… Creo que si. Ese hombre me da escalofríos.
Y con toda la calma del mundo, Shitotsu se levantó, se colocó bien la espada en el cinturón de conchas que le habían regalado, y tranquilamente, a pesar de las prisas que Ayame intentaba meterle, se dirigió con ella a su lado hacia la cafetería.
Como el mismo le dijo a ella mas tarde, no estaban haciendo nada malo, y, por lo tanto, no tenían nada de lo que avergonzarse. ¿Por qué salir corriendo entonces? Aunque la respuesta de ella de que el tipo ese daba miedo era lo suficientemente acertada como para que tuviera que darle la razón.
-Ayame, hazme el favor de dejar de bostezar, ¿quieres?
-¡No puedo evitarlo! ¡Tengo sueño!- Y la chica completó la frase con otro fenomenal bostezo.
Como ya os habréis dado cuenta, Ayame no es precisamente una persona madrugadora. Y siendo el primer día de clase, su estado era aún peor de lo habitual. Akio también estaba un poco incómodo, pero por otra razón. Esa mañana se había puesto por primera vez el traje de la academia… ¡Y los pantalones eran un soberano coñazo! Había perdido la cuenta del número de veces que los había pisado y había estado a punto de caerse de boca no se cuantas veces.
Porque era obligatorio usar esas ropas, si no… ya se habría buscado unos pantalones en condiciones. Si. Estaba muy refunfuñón, pero que se fastidiara el resto del mundo. Era su ánimo estándar el primer día de clase.
Cuando se abrió la puerta de la clase todos se giraron para ver quien era su primer profesor. Era un tipo de pelo oscuro y vestido con el atuendo de un shinigami normal. Tenía una expresión simpática en la cara y parecía bastante tranquilo.
-Buenos días.- Esperó unos momentos a que todos se callaran y le prestaran atención.- Me llamo Dbssdb y voy a ser su profesor de kidô.- Al ver las caras de sorpresa de todos los alumnos suspiró, sabiéndose ya la copla.- Y antes de que me queráis preguntar nada, si, ese es mi nombre, no, no es una broma, y no, tampoco acepto preguntas sobre como me llamo, ¿entendido?- Sonrió ligeramente al ver las caras de decepción de muchos de sus alumnos. Ya eran años con siempre las mismas preguntas.
-Bueno, siguiendo con el tema, yo soy el profesor tanto de teoría del kido como de las prácticas de esta materia.- Empezó a hacer unas anotaciones en las pizarras que, siendo sinceros, para Akio no tenían ningún sentido.
-Imagino que algunos de vosotros ya sabréis de lo que os voy a hablar,-Curiosamente, el profesor Deese… lo que sea, había desviado la vista de la pizarra hasta un alumno, pero, antes de que Akio pudiera girarse a ver quien era, el profe había roto el contacto visual. Interesante…- pero como otros tantos no sabrán a que me estoy refiriendo…
Sacó de un cajón una especie de diana, y la colgó de un sitio que parecía que había sido diseñado específicamente para eso. El profesor se alejó unos pasos y extendió la mano. La postura era dolorosamente familiar para Akio.
-No puede ser…-Susurró Akio.- Es…
-Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso, toda creación, batir de alas, aquellos que llevan el nombre de hombre, verdad y temperamento. A través de este muro sin destino de sueños desatados pero con la leve ira de tus garras. Hadou 33 – Soukatsui.
Tal y como esperaba Akio, una llamarada azul redujo a cenizas la diana. Algunos alumnos, como Ayame, estaban sorprendidos. Otros no mostraron ninguna sorpresa, como si fuera algo común. En cuanto a Akio, estaba sorprendido. Así que era… como magia ¿eh? Y era exactamente lo mismo que el había visto el día que lo salvaron. Exactamente el mismo hechizo. Ni más, ni menos. Una sonrisa expectante le cruzó el rostro. La cosa se estaba poniendo interesante.
-Akio, es… ¡increíble! Es… ¡Magia! ¡Magia de verdad!- A Ayame le brillaban los ojos. Era normal. En cualquier otro momento, Akio estaría igual, pero… No sentía sorpresa, solo excitación. Curioso…
-Menudo espectáculo ¿eh Akio?
-Podría decirse así, si.
Ayame estaba bastante sorprendida. Ciertamente, la primera clase había sido increíble. Porque daba igual como lo llamara ese hombre, eso era magia. ¡Magia! Tenía unas ganas tremendas de empezar a aprender eso. De todas formas, la siguiente clase había sido un poco… especial.
El profesor de historia parecía majo y todo eso, pero… La clase había ido bien en su mayor parte. Un poco de presentación, alguna broma ligera para aliviar la mala tensión de conocer a un nuevo profesor… Por lo poco que ella sabía, todo iba bien. Pero cuando la única persona que había llegado tarde a clase apareció, las cosas se desmandaron. Ella salió corriendo como si hubiera visto un fantasma, un alumno salió tras ella, no sin antes insultar al profesor. Y luego salió otro después. Decir que después se produjo un tremendo revuelo en la clase no era muy acertado, ya que el profesor lo cortó de golpe, pero…
-Va a haber problemas.
-¿Eh?- El seco y preciso comentario de Akio la descuadró.- ¿Por qué lo dices?
-Ha perdido el control de la clase. Un alumno lo ha insultado a la cara y no ha podido hacer nada. Una chica ha salido corriendo, huyendo de el como si fuera un demonio. Resumiendo. Ante los ojos de la clase, ha demostrado no tener autoridad, que se le puede ningunear sin consecuencias… ¡Y en el primer contacto con ellos! La primera impresión es fundamental… Y aquí la ha pifiado. Si no consigue que lo acepten a la primera, mal vamos.
-Suena como si lo supieras por experiencia.
-Créeme, lo se. Y vamos a pasar un curso muy, muy malo con este profesor, me da a mi. Una clase descontrolada es inaguantable.
-No es tan malo como lo cuentas, ¿verdad?
-Es peor, créeme. Ya he sufrido unas cuantas clases con las que pasó lo mismo, y son inaguantables.- La mueca de desagrado de Akio era mas que clara, por lo que Ayame decidió dejar el tema.
-¿y ahora?
-Tocaba Cuerpo a cuerpo, si no me acuerdo mal.
-¿Combate? Vaya. Eso suena bien.
-Ju. Para ti si. Para mi, solo suena a mas moratones.
Los dos chicos iban hablando tranquilamente por el pasillo, junto con el resto de la clase, ya que, tras el desastre de la clase anterior, los estaban llevando a lo que suponían que sería el gimnasio. Estaban teniendo tiempo para darse cuenta de que el edificio de la academia era bastante más grande de lo que había supuesto.
Eso le estaba provocando a Ayame un importante ataque de charlatanería, pero Akio estaba empezando a quedarse un poco descolgado de la conversación. Desde hacía un rato, estaba empezando a escuchar un zumbido en los oídos. Era tan bajo que a veces no sabía si se lo estaba imaginando o lo escuchaba de verdad. Pero aún así lo estaba distrayendo cosa mala.
Apenas prestó atención a la presentación del profesor, un tal Vrinzack o Vriznak o algo parecido. El tipo imponía, eso era verdad, y era un profesor que sabía mandar, ya que en un momento había puesto a toda la clase a hacer lo que el quería. La mayor parte de la clase consistió en ejercicio físico, cosa que Akio, por lo menos, agradeció, ya que le permitía intentar ignorar ese zumbido y el subsecuente dolor de cabeza que le estaba provocando.
A pesar de todo, cuando terminaron los ejercicios, incluso el, que estaba mas que acostumbrado al ejercicio físico, estaba jadeando. Pero había algunos que estaban tirados por el suelo, agotados. Ayame, por otro lado, estaba relativamente bien, aunque cansada.
-Muy bien caballeros. Este es el primer día, así que esto ha sido un calentamiento ligerito.- A su pesar, Akio esbozó una sonrisita por las caras de espanto de sus compañeros, porque todos aquellos que tenían dos dedos de frente habían deducido lo que eso significaba.- Ahora, júntense con un compañero, el primero que pillen para practicar un poco de lucha a mano limpia. No espero perfección, ni siquiera que la mayor parte de vosotros haga algo más que agitar los puños en el aire. ¡Así que moveros ya!
Todos los alumnos dieron una rejudía por el inesperado grito del profesor y se levantaron como pudieron para ponerse en parejas. Ayame fue raptada por un chico antes de que Akio pudiera acercarse, y el fue encasquetado con otro chico.
Akio estudió a su oponente. Era un chico bastante más joven que la mayoría, y tenía todas las pintas de ser un adolescente como mucho. Tenía los ojos carmesíes y el pelo claro y unos rasgos bastante aniñados. Pero…Akio estaba bastante acostumbrado a leer el lenguaje corporal de la gente. Servía para ver si una persona lo quería muerto o no, después de todo. Y este chico, si algo, estaba muy seguro de sus habilidades (y la sonrisa confiada que tenía lo demostraba más aún). De toas formas, al ver la sonrisa se fijó en que tenía unos colmillos muy afilados. Mal asunto…
Akio sacudió la cabeza para concentrarse, ya que ese dolor de cabeza provocada por el zumbido le estaba impidiendo concentrarse. Se preparó para luchar, pero… en el momento en que se dio el comienzo del duelo, el zumbido en sus tímpanos aumentó en intensidad, lo que le forzó a hacer una mueca de dolor y perder la concentración un segundo. Y el chico no necesitó nada más. Era rápido como un demonio y antes de que Akio pudiera reaccionar había empezado a recibir una paliza.
Pero, a pesar de estar en desventaja de velocidad y pura y mera habilidad, Akio era mucho más resistente de lo que parecía y, sobre todo, tenía más masa corporal que el chico. En condiciones normales podría haberle por lo menos devuelto los golpes, porque estaba acostumbrado a las peleas, pero ahora… casi no era capaz de pensar. Así que el siguiente movimiento que hizo fue mas por instinto que por pensamiento, y el fue el mas sorprendido por sus resultados.
El chico se quedó totalmente sorprendido al ver como Akio, que se había movido prácticamente todo el rato a trompicones, lo agarró de pronto por la manga con una fuerza inesperada. Aunque intentó escapar de ese agarre, los dedos de Akio eran de acero y, con un brusco tirón, le hizo perder el equilibrio y con su otra mano lo agarró del brazo. Acto seguido se giró sobre si mismo y volteó al joven por encima de el, pillándolo totalmente por sorpresa.
Se apartó unos pasos, llevándose la mano a la cabeza, y rezando porque tanto el zumbido como el dolor pararan de una vez. Pero no tuvo suerte. El chico al que acababa de derribar se había levantado y tenía una sonrisa en la cara, como si estuviera contento de tener un desafío. Desgraciadamente, Akio solo pudo recibir golpes, uno tras otro y fue incapaz de devolverle ninguno.
Al final, el profesor detuvo lo que se había convertido prácticamente en una paliza unilateral y, preocupado, pero también un poco decepcionado, se acercó a Akio. Este estaba pálido y sudando, y estaba seguro que al día siguiente iba a tener unos cuantos moratones en el cuerpo, pero lo que mas le preocupaba era esa pedazo de jaqueca que estaba cargando.
-¿Cómo te encuentras?- Preguntó el profesor, que se había agachado para ver como estaba. Y su preocupación aumentó al ver la palidez de Akio.
-Tengo una tremenda cefalea ahora mismo, y estoy seguro que mañana voy a ser un mapa de moratones, pero creo que sobreviviré.-Gruño el aludido.
-¿Ce-que?- Preguntó el que había sido hasta ese momento el apalizador de Akio, confundido.
-Dolor de cabeza.- Aclaró Akio con la mano en las sienes.
-Ya veo.-Interrumpió el profesor.- Será mejor que te vayas a tu habitación y te eches un poco. Si ves que sigue o que va a peor, será mejor que vayas al médico.
Akio se calló el hecho de que el era médico (o casi) y se levantó, gruñendo, desapareciendo lo mas rápido que pudo. En esos momentos no quería tener que aguantar a Ayame. Era una buena amiga, pero, en esos momentos, solo quería tranquilidad, lo que, con la naturaleza hiperactiva (solo por las tardes) de la mujer, sería bastante complicado.
Pasó primero por la enfermería para obtener algo de medicina para esa HORRIBLE jaqueca, y después se dirigió a su cuarto. Le costó un poco encontrarla, porque aún no conocía el lugar bien, pero acabó llegando. Por suerte, el zumbido había disminuido lo suficiente como para no irse dando de porrazos contra las paredes.
Cuando al fin llegó a su cuarto, suspiró aliviado al ver que no había nadie, ni siquiera su compañero de cuarto, así que se dejó caer en su cama, quedándose totalmente dormido en el momento en que su cabeza tocó la almohada.
A Akio solo le pareció que había pasado un segundo desde que cerró los ojos, pero, de pronto, se sentía totalmente lleno de energía, y sin rastro del dolor de cabeza que un rato antes tenía. Perocuando abrió los ojos, se dio cuenta de que había dos cosas que no cuadraban. La primera de ellas, es que estaba de pie, no tumbado. La segunda, y mas importante (porque la anterior se podía explicar simplemente por sonambulismo, o que alguien le había gastado un bromazo, que todo era posible), era que estaba en el exterior, cuando recordaba claramente haberse quedado en su cama.
Estaba en un jardín, que estaba muy bien cuidado. Había una gran cantidad de flores, de todos los tipos y todos los colores. Los setos estaban bien recortados, y, resumiendo, el lugar resultaba una alegría a la vista.
Cuando se giró, vio un gran edificio hacia el que desembocaban los jardines. El sitio le sonaba bastan… ¡Dama del Crepúsculo! ¡Allí era donde se había encontrado con ella! Pero… Era distinto. Si no se acordaba mal, esa vez, los jardines estaban secos y descuidados, y el edificio estaba mas sucio…
Tras unos momentos de contemplación, decidió dejar de atontolinarse a preguntas e irse a buscar las respuestas por si solo. Tardó un rato en llegar hasta la entrada, que, como la última vez, no tenía puertas. Miró con cuidado, no fuera que hubiese otro bicho raro dentro que quisiera arrancarle la cabeza. Como no había nada raro, entró.
La entrada de la biblioteca (porque con tantos libros no podía ser otra cosa), era igual a como la recordaba, con una gran escalera de piedra y el suelo de madera. Curioso, se acercó a una de las estanterías, y agarró el primer libro que vio, para ver que había. Cuando vio su contenido se quedó blanco de golpe.
-Pero si es… ¡El manual de segundo de carrera!- Dejó el libro en su sitio y fue a sacar el siguiente.
-Y ese es el libro que te leíste en tercero de primaria y que te gustó tanto. Y el del otro lado es el manual de instrucciones de una impresora.- La nueva voz le hizo pegar un respingo mientras se giraba a confirmar sus sospechas.
Esta vez, la figura estaba vestida de barrendera, pero los rasgos eran exactamente los mismos que recordaba. Dama del Crepúsculo. En su cara, a diferencia de la vez anterior, había seriedad y ¿un poco de arrepentimiento? Lo que estaba claro era que había algo de incomodidad en su postura.
-Dama.- Saludó Akio, tranquilamente (Si, su sangre fría en ocasiones puede llegar a ser un poco escalofriante, pero es lo que hay).
-Jefe.- Respondió la susodicha.
Hubo unos instantes de tenso silencio, ya que ninguno de los dos dijo nada. Hasta que al fina, Akio, sin ganas de alargar esa situación, decidió cortar por lo sano.
-¿Debo asumir que el hecho de estar aquí está relacionado con el dolor de cabeza que tenía antes?- Al ver como su interlocutora apartó la mirada, incómoda, Akio suspiró.- ¿Porqué pasó? Porque juraría haberte escuchado esta mañana también.
-No lo se, lo siento. Normalmente no deberías haberme escuchado, ni menos aún haberte afectado de esta manera. Pero parece que el hecho de haberme liberado una vez ha abierto la conexión mas de lo que debería.
El espíritu de la espada, al ver que Akio se estaba quedando un poco atrás, hizo un gesto con la mano. Cuando el chico terminó de parpadear, estaba en una especia de salón, sentado en un gran sofá.
Ante la mirada de estupefacción del chico, Dama esbozó esa sonrisa malévola que se le había hecho tan común en ella la vez anterior.
-Este es un sitio mejor para hablar, ¿no crees?
-… La próxima vez, antes de hacerlo avisa, ¿quieres?
Esta seca respuesta provocó una carcajada por parte de su interlocutora, pero eso era de esperar. Cuando la mujer se calmó, Akio decidió que, ya que estaba en situación, sacar todo lo posible de esta.
-Antes de cambiar de escenario, decías algo de una conexión. Y también quería saber mas cosas sobre mi… espada.
-Así que quieres saber más sobre mi, ¿eh?- La mujer respondió con una pícara sonrisa.
-No, yo…- En ese momento se rindió, y decidió dejarse de intentar explicarse. Conocía ese sistema, ya que su hermana, cuando estaba vivo, se lo hacía mucho. Sigh. Que recuerdos.
-Yo tengo una pregunta, antes de nada, jefe.-Esta vez la mujer estaba seria.- Tienes el poder, mi poder. Y, sin embargo, solo me has liberado una vez. Solo has usado mi poder una vez. ¿Por qué? ¿Es precaución… o miedo?
Akio contempló silencioso a la Dama. Por primera vez desde que Ayame se lo preguntó estaba pensando seriamente en la pregunta. Unos minutos después, contestó.
-Sobretodo precaución. Pero sí, también siento algo de miedo, no me da vergüenza admitirlo.
Dama, en este punto, mostró una auténtica cara de enfado y decepción.
-¿Sientes miedo de… mi? ¿De tu propia espada?- Estaba sorprendida y muy dolida, eso se veía claramente.- Yo…
-¡Eh, eh! ¡Para el carro!- Interrumpió Akio- ¡No quería decir eso!- El chico suspiró, meditando bien las palabras que iba a usar.- Mas que miedo… es aprensión. Porque no se nada de los poderes que tiene mi espada…tu… ¡Bleh!- Sacudió la cabeza en ese punto, para evitar perder el hilo.- A lo que iba, que no tengo ni idea de lo que puedes hacer, y no me apetece nada empezar a trastear con la espada y acabar organizando una que no debería.
A lo largo de la diatriba de Akio, la mujer pareció tranquilizarse un poco, pero seguía con la cara de mosqueo.
-Entiendo.- Dijo al fin.- Así que es eso… No se de que me extraño-gruñó la chica-No has cambiado en ese aspecto para nada desde que te conozco.
-¿Desde que me conoces?- Akio alzó la ceja, curioso sobre se asunto.- ¿Desde cuando me conoces?
Dama del Crepúsculo se quedó callada unos segundos. Pensándose bien lo que iba a decir.
-El primer recuerdo que tengo es de un monstruo. Un simio con una máscara blanca. Y mucho miedo.- Dama escogió ese momento para soltar una pequeña risita amarga.- Por aquel entonces, Jefe, no había nada. Nada de nada, solo oscuridad. Ni siquiera podía pensar.
Akio no pudo decir nada.
-Por no tener, no tenía ni conciencia de mi misma. Pero, mientras tú sobrevivías en el Rukongai, todo esto empezó a crecer.
-A… ¿crecer?
-No se como explicarlo. Un instante no había nada, al siguiente había un pequeño campo. Lo que si que te puedo decir es que poco a poco el campo ese empezó a crecer. Un camino, unas flores, un edificio. Y acabó siendo todo esto. Y entre medias, aparecí yo. No tenía ni nombre, ni forma, pero empecé a tener consciencia de mi misma. A saber que yo existía, aunque no sabía que era.
Su interlocutor no dijo nada. Después de todo, ¿qué podía decirse a eso?
-Aparecí como soy ahora el día en que te las viste con esa bruja. Y desde entonces, esto cambió para convertirse en lo que es ahora. ¿Contento?
-Wo.- Akio se había quedado sin palabras.
-Y antes de que digas nada más, jefe, no puedo contarte nada más. No porque no quiera, sino porque no se que mas explicar. Es… complicado.
-Déjalo. No hace falta que sigas.- Akio se levantó, nervioso, y empezó a dar vueltas por la sala.- De todas formas, supongo…- Y en ese momento se llevó la mano a la cabeza, al recordar una frase que le habían dicho hace tiempo.
"Akio. Tu espíritu guardián está despertando. Pero ten en cuenta una cosa. Por mucha sabiduría que tengan los demás, si quieres desarrollar toda vuestra fuerza, tendrás que escucharte mas a ti mismo que a los demás."
-Cachis en la mar.-Gruñó el chico entre dientes. -¿Es que todo el mundo me puede leer la mente y yo no me he enterado o que?
Obviamente, el espíritu de su espada lo miró como si estuviera majareta.
-Déjame aclarar una cosa. Si quiero aprender a manejar mi espada adecuadamente, eres tú a quien debería consultar sobre el asunto ¿cierto?
La mujer solo asintió con la cabeza, con una sonrisilla.
-El Cuentacuentos lo sabía… y estoy seguro de que Miral también.
-Te juntas con gente muy rara.
-No hace falta que me lo jures. En fin, volviendo al tema, no es momento ahora para ponerme a aprender sobre… ti. Llamaría mucho la atención. ¿Tienes algún inconveniente en esperar algún tiempo?
-Tu mandas, jefe.- Sonrió la chica.- Pero me gusta que por lo menos seas educado. De todas formas, cuanto antes aprendas a manejarme correctamente, mejor. Puedes necesitar mi poder en un momento dado, y sin ser capaz de manejarlo, puedes acabar haciendo un mal uso de el y provocarte muchos problemas. Pero, por otro lado, no estoy en desacuerdo con el hecho de que quieras ir por el camino de la precaución y tomarte tu tiempo para asegurarte de que puedes manejar esta situación. De todas formas, como dije antes… la decisión es tuya.- Dama del Crepúsculo alzó la vista en ese momento.- De todas formas, tenemos que cortar aquí y ahora. Te llaman ahí arriba.
-¿Euh?
-Ya hablaremos, jefe. Después de todo, vas a tener que aguantarme el resto de tu vida.
-¿¡EH!?
Antes de poder decir nada mas, sintió como si lo agarraran de los hombros y lo lanzaran para arriba como un cohete. Aunque si que le dio tiempo a gritar un par de maldiciones de camino.
-¡AKIOOOOOOOOOOOOOO!
-¡AHHH!
El tan vehementemente reclamando dio un tremendo bote en su cama. Era una suerte que ya no tuviera ese dolor de cabeza, porque si no seguramente hubiera soltado un buen guantazo. De todas formas, como odiaba a muerte que le despertaran de esa forma, se conformó con arrearle un capón a la susodicha que estaba gritando.
-Ayame…-Gruñó con un tono ciertamente homicida.-No. Vuelvas. Nunca. A. Gritar. De. Esa. Manera. ¿Entendido?
Akio se levantó de la cama y se puso las gafas para poder ver.
-Ayame, por amor de Dios. Me estaba doliendo la cabeza una barbaridad. Es una suerte que ya se me haya pasado, porque si no, te aseguro que hubiera habido consecuencias.
-Tu amigo tiene bastante mala leche.
-No es que tenga mala leche. Simplemente, me han despertado con el cuarto mayor grito que he escuchado en mi vida, después de haberme acostado con una cefalea espantosa. Créeme, si alguno de vosotros estuviera en mi lugar, su mala leche sería bastante peor.
-Lo siento…-Murmuró la chica.
-¿Y quien es tu compañero, por cierto? No lo conozco.
El susodicho suspiró. Estaba claro que, de una manera u otra, habría sido arrastrado por Ayame hasta allí.
-Uchiha Kyo.- Suspiró el chico mientras le extendía la mano.- Soy tu compañero de cuarto también, aunque no nos habíamos conocido.
-Vaya. ¿Entonces…?
-Si. Tú amiga buscó hasta encontrar al que compartía cuarto contigo y me hizo traerla hasta aquí.
Akio extendió su mano para estrechar la del chico.
-Y yo soy Shitotsu Akio, por cierto. Y siento que hayas tenido que molestarte por causa mía.
-No pasa nada, tranquilo.- Sonrió el chico.- Se nota que sois muy buenos amigos.
Tal como Akio lo veía, era bastante mas joven que el y que Ayame. Le echaría unos 13 o 14 años, de no ser porque en la Sociedad de Almas la edad era algo muy, muy relativo. Cuando se soltaron las manos, Akio se giró hacia Ayame.
-Perdona por no haberte dicho nada, pero no estaba para nadie hace un rato.-Ayame sonrió, pero Akio levanto el dedo para cortar su charla.- Pero, por favor, no vuelvas a levantarme nunca de un grito, ¿quieres? Has tenido suerte de que hoy estaba profundamente dormido, si no…-Akio no continuó.
-De acuerdo, Akio, lo siento.
-No pasa nada. Por cierto, ¿qué hora es?
-Es la hora de comer.- Respondió Kyo.
-Así que por eso vine a buscarte.- Aclaró Ayame.- ¿Vamos?
-De acuerdo.- Respondió Akio mientras se peinaba un poco y recogía su espada, recordando el rato que acababa de pasar en su mundo interior. Tenía mucho en lo que pensar, pero… Ya lo haría después.
-¿Te vienes con nosotros, Kyo?- El chico, que ya se estaba marchando por su cuenta, que quedó parado un segundo, pensando, Y luego se encogió de hombros.
-No tengo ningún problema. Después de todo, él no estará disponible, así que, tampoco es que tenga nada mejor que hacer.
-Vale, entonces vayamos.
Y los tres chicos se marcharon, charlando alegremente.
