Llego a la viñeta número 11, con un escrito que yo considero romántico, pero no siempre acierto con las definiciones.
GENIO Y FIGURA
Dulces sueños
Aunque empezó con una llamada Koushiro odia el teléfono, como concepto. Uno no puede tomarse su tiempo para responder, tal y como hace por chat, pero tampoco posee la espontaneidad del cara a cara. Un entremedias. Un sobrante.
Koushiro solo utiliza el teléfono para cosas importantes. Concretar citas, emergencias. Y una vez por semana llama a sus padres.
Koushiro odia el teléfono. Pero no ese teléfono. No puede odiarlo, por feo que le parezca. Marrón brillante, torpe imitación de la madera. Con botones azules y forma de rueda, de sonido estridente y cable enrollado.
Nunca podría tirarlo.
―El primer regalo que me hiciste como novios.
No entenderá del todo por qué Mimi tiene la costumbre de asociar sentimientos a objetos, pero no olvida las palabras que le llevaron a comprarlo.
―Me encanta. Es como antiguo y moderno. Hortera y ¡lo quiero!
Parecía que lo había querido desde siempre.
Se convirtió en uno más en su relación.
Mimi lo usaba para hablar con Koushiro todos los días, no importaba saber que se verían al día siguiente. Necesitaba escuchar su voz para poder dormir. Se había acostumbrado tanto a ese ritual que le era imposible hacerlo de otra manera. Cuando colgaba, se acurrucaba al lado del teléfono, como si su voz siguiese ahí, velando su sueño. Su madre entraba por la noche en el cuarto, se llevaba al Koushiro eléctrico.
Al principio Koushiro huía de esas llamadas, tenía miedo de decir algo inapropiado. Cuando Mimi hablaba en uno de sus monólogos, él se perdía, y entonces cualquier respuesta podía desembocar en una pelea a distancia.
Sin embargo, a veces, sonríe al marcar los números azules.
Koushiro fija la vista en su teclado. En las pausas logra escuchar pedazos de la conversación que Mimi mantiene con su madre. Con el mismo teléfono. Con la misma voz irregular, que pasa de reírse a estar enfadada. Siempre en la misma oración.
Mimi habla de él como si no estuviese presente, como si el teléfono la aislara. Dice:
―Está tan estresado. Yo le digo que se tome unos días de descanso pero no me hace caso, mamá. Ya sabes cómo es… ¡Oh! Realmente no sabe disfrutar. Estaba pensando en hacer la cena, pero no me apetece ir al supermercado… Hace tanto frío, ya, entiendo ¡Ya lo sé! No seas pesada. No sé por qué te llamo, la verdad.
Koushiro a veces se molesta con eso. A veces ríe. Y vuelve a reírse recordando que cada vez se comporta de un modo menos lógico. Aunque ella parece no darse cuenta.
Ella no lo hace. Por eso no quiere ir al supermercado, se coge una manta suave y prepara palomitas en el microondas, mirándolo de reojo, sonriendo. Espera sus reproches. Quiere escuchar que podía ayudar más en casa. Si no funciona, siempre puede darse un baño con agua muy caliente, y dejar que la desnudez envuelta en vapor llame su atención. Si todavía sigue enfrascado en el trabajo, le abrazará por la espalda y le pedirá directamente que duerma con ella. Nunca se ha negado a eso.
Una vez dormida, él se desliza de la cama y vuelve a su proyecto. Ella no lo sabe. Descansa profundamente creyendo tenerle al lado. Koushiro desconecta el teléfono, para que nada interrumpa su sueño.
Dedicada a los que personifican los objetos, a los que tratan de entenderlo, y a los que se pierden tras la línea por el camino. No me olvido de los que se excusan con el frío para poder dormir unas horas más; tampoco de los que se preocupan por su sueño ¿qué sería del mundo sin ellos? Y, como siempre, a los que les gusten estos MISHIROS (GENIO Y FIGURA)
