¡¿Qué hay Fanfiction? Bienvenidos a otro episodio de…
Lo siento, creo que debo dejar de mirar WhatDaFaq Show xD
Bueno, aquí otro capi, un poco atrasado pero ya que. Debo decir que me sorprendió ver que ya lleva un año aquí en la pagina… y que lo estoy continuando! :D nunca me había dedicado tanto a un fic!
Así que, de todo corazón, muchas gracias a todos por sus comentario, su apoyo en cada capi :)
Gracias a maryroxy, xOgnAdOra, Princesa Lunar de Kou, Jade Flowright, The English Miko, animemaniaca97; por sus tantos reviews desde el principio :D Nakumi, Rubi-chan Phantomhive, stephanyluna, dayanaduarte, Sthelle Cuerve Kuran, Ritsuu'Drew, Kagome Phantomhive, Carolina Phantomhive, Cassandra Phantomhive Hale, Chibi-tan, angeluz, Lonie, Tany, xXNiiKiiZz-cHaNXx, Andrea, msboleyn, y a todos! muchas gracias por seguir este fic :'D
¡WOW! Me siento feliz! :'D *lagrimita* so… no se diga mas!
AL FIC!
Capitulo XI: Ese mayordomo, desafía
"Esta mal, que todas estas peleas sean las que me tengan satisfecha"
Love the way you lie (part 2) – Rihanna ft Eminem
o.o.o
-¡Elisse! ¿A dónde vas? –preguntó Springs, mientras yo pasaba a su lado, corriendo tan rápido como las piernas me permitían. No le hice caso, por primera vez en mi vida, no le hice caso al Monstruo Springs, pero no me importó. No me importó ni siquiera un poco.
Me apresuré por los pasillos, buscándolo con la mirada, desesperadamente. El corazón me palpitaba tan rápido que sentí que se me saldría del pecho y estaba asustada. Tan asustada y no entendía porque estaba así, porque estaba tan aterrada de que Rachel llegase a Sebastian antes que yo.
Era algo estúpido, porque él era un demonio, debía tener agregado algún tipo de radar demoniaco para detectar las presencias sobrenaturales hostiles, pero en ese preciso momento, necesitaba decirle lo que sabía. Además, ¡Él tenía que estar pendiente de que nada me pasara! Es decir, si no sabía donde iba a estar Rachel o que iba a hacer, ¿Cómo podría cuidarme y llevar a cabo el contrato? No, señor, tenía que decirle.
-¿Dónde estas, tonto? –preguntaba en voz baja, echando miradas hacia los camerinos y por los pasillos del salón de maquillaje y tras bambalinas. Llegué a la parte trasera del escenario, pero no pude encontrarlo.
Comenzaba a desesperarme y decidí detenerme en seco, allí en medio del salón. Había un montón de gente, caminando, sentados en grupos platicando, otros mas estaban simplemente parados, mirándome con curiosidad.
"Esta bien", pensé, tratando de calmarme, "Sebastian debe estar a salvo, Rachel no puede haber tomado cartas en el asunto tan pronto. Avancé corriendo hacia el camerino principal, el mío, pero no estaba allí y fue entonces cuando realmente comencé a preocuparme. No me quedaban más de un par de minutos ara encontrarlo, ya que no faltaba mucho para que comenzara la siguiente escena y la obra siguiera su curso. Obviamente, Springs no iba a empezar un acto si hacia falta algún miembro de los actores principales y si encontraba a la loca maestra de teatro, hallaría a Sebastian.
Claro, hacia un par de minutos había visto a Springs, en efecto, la había ignorado olímpicamente. Demonios, eso complicaba mis planes, pero volví, aun sabiendo lo que me esperaba cuando la viera de frente, a buscarla y preguntarle por Sebastian, pero cuando regresé al escenario, ya no estaba.
¡Era como si se hubiera evaporizado!
Continué mi búsqueda, con la esperanza de encontrar a Springs o a Sebastian o, siquiera, a Angelina, para que me ayudasen a hallar a mi estúpido demonio.
Me acerqué a la parte donde estaban los técnicos, vigilando las luces y todo ese tipo de cosas, pero tampoco lo vi. Era un área similar a un pasillo largo y negro, pero lleno de cables y luces y más cables oscuros y de distintos grosores. Trabajaban en las maquinas de humo, y parecía que una se había descompuesto. El grupo de técnicos estaba reunido alrededor de uno, buscando la forma de componerlo. Estaba observando al grupo de personas, cuando, a lo lejos, algo se movió, al fondo del pasillo.
Llena de curiosidad y con la esperanza de que Sebastian estuviera por allí, me deslicé tras los hombres, sin que me vieran y caminé hacia el fondo, esperando encontrar a mi estúpido mayordomo por allí. Estaba a unos siete metros de aquello que se había movido y cuando distinguí que era lo que se estaba moviendo, me quedé en una pieza.
Se trataba de Claude Faustus, quien estaba con una mano apoyada en la pared y sonriendo de una manera engreída, confiada y con la ropa negra que llevaba, se camuflajeaba entre la oscuridad del pasillo. Los ojos le brillaban, dorados, y en la negrura, parecían un par de luces destellantes.
Pero no era eso lo que me dejó más pálida que un fantasma, sino que Sebastian… Sebastian estaba en el medio de Claude y la pared, mirando fijamente al profesor, con recelo y hablaba con severidad. Se miraban de igual modo que aquel día de las audiciones, como dos bestias, dos seres sin conciencia a punto de devorarse.
Era extraño, porque Claude parecía sumamente divertido, mientras Sebastian lucía como si en cualquier momento fuera a golpearlo y a desmembrarlo pedazo por pedazo…
Sin embargo, a primera vista, no pude evitar tener aquel extraño pensamiento de esos dos tan juntos en un lugar oscuro… era algo "comprometedor"… y muy raro. Demasiado raro.
¿Acaso…?
La sangre se me subió a la cabeza de solo imaginarme "aquello" y sentí que el cerebro se me saldría por la nariz, seguido por los cuatro litros de sangre de los cuales constaba mi cuerpo…
¡Ah, maldita sea! ¡Elisse Phantomhive, mantén la cabeza fría, desgraciada pervertida!
Me golpeé mentalmente (y físicamente) por haber pensado semejante barbaridad, alejando esa imagen poco decente para mí y suspiré resignada, alejándome lo más rápido posible de ese lugar, ya que ahora sabía, al menos, donde estaba mi estúpido mayordomo.
Ahora me sentía menos nerviosa, mas no podía dejar de preguntarme que era lo que hablaban. Sebastian era mi mayordomo, debía estar a mi servicio y no podía guardarme secretos, pero, en cierto modo, él también podía tener secretos y problemas con otros demonios, ya fuera por vidas pasadas, traiciones antiguas y simplemente enemistades. Quizás él y Claude no se agradaban y eso era lo que discutían…
¡Exacto! Si el profesor Faustus y Sebastian no se agradaban, quizás tenían una disputa sobre porque tenían que estar los dos en un mismo lado.
Me enfurruñé. Sonaba ridículo, pero era lo único que se me ocurría sobre el tema y la única explicación que tenía para esa extraña relación entre esos dos. Cada vez que se veían, era como si alguno de ellos fuese a encenderse en fuego o a hacerse astillas. Parecía como si se odiasen profundamente. Muy, muy profundamente. Yo no tenía mucho derecho a saber, aunque fuera su contratista, pero el no tener ni siquiera una idea de porque se trataban a sí, me hacía sentir, no sé, intranquila.
Esperando allí afuera del pasillo, me crucé de brazos, mientras pensaba todo esto y, de la nada, una voz obviamente enardecida, gritó mi nombre;
-¡ELISSE! ¡MALDITA SEA! –rugió alguien y cuando volví la cabeza para ver quien era, me encontré con Springs, pero por alguna extraña razón, su cara se veía enorme, roja y las aletas de la nariz se contraían y extendían una y otra vez.
No tuve tiempo siquiera de correr, moverme… o temblar, porque me tomó de la oreja (si, ¡de la oreja!) y casi me arrastra hasta el escenario, mientras mascullaba palabrotas entre dientes.
-¡Pr-profesora Springs, e-espere! –tartamudeé, tratando inútilmente de lograr que me soltase, porque se veía mas furiosa que nunca. Ella giró su enorme y enrojecido rostro hacia mí y sentí que se me iba a lanzar a la garganta. Toda la sangre se me fue a los pies…
-¡Tu, no te vas a ir a ningún lado, Elisse Bennett! –rugió, acercándome mucho a su cara enorme y juró haber visto dos colmillos largos de vampiro- ¡Si acabas con el futuro de esta obra, te lo aseguro, niña; NO TENDRAS FUTURO! ¡¿COMPRENDES?
Me erguí y saludé con firmeza, tanto que un soldado me hubiera respetado, pero la verdad era que, de enfrentarme a un Poltergeist enfurecido a Godzilla Springs... no, en realidad, prefiero enfrentarme a Springs, pero en ese momento realmente lo pensé dos veces.
-¡SI, SEÑORA!
Entonces se alejó bramando otras cosas y pensé que era el momento perfecto para escabullirse, cuando el telón se abrió otra vez. Maldije mi suerte, aunque, luego de razonarlo unos momentos, me di cuenta de que quizás, no era algo tan malo.
En aquella escena, dividían el escenario en dos; de un lado, presentaban a los monstruos mirando la fuente, por la cual ven como le va a Jack en su tarea navideña, mientras que del otro lado, vemos al mismo Jack haciendo lo suyo. Si era lo suficientemente lista, que si lo soy, podría darle algunas señales a Sebastian de que algo pasaría, al menos así comprendería y si no lo hacía…
Bueno, ya vería como me las ingeniaba para ello…
Salí a escena, donde ya estaba un grupo de monstruos mirando la fuente, hecha de cartón y papel metálico que resplandecía de tal modo que sí parecía el agua de una fuente. Caminé sin mucho animo, hacia donde estaba el grupo de monstruos murmurando sobre lo bien que se veía el trineo de Jack volando sobre la ciudad, mientras que tras de nosotros, una vez que comenzó la música navideña –un poco dramática, debo decir-, saltó Sebastian, sobre las casas hechas de madera, cortadas transversalmente de manera que el publico veía todo lo que ocurría en ellas. En dos, se veían salas y una puerta al fondo, mientras que en las otras dos, había dos camas y niños durmiendo, junto a una chimenea y un árbol de Navidad.
Lo miró desde donde estoy, con ansiedad, pero el muy imbécil no lo ha notado o quizás solamente actúa. Los demás miran la fuente y se regocijan, mientras yo realmente necesito hablar con mi mayordomo.
"Vamos, idiota, mírame" pienso, apretando los dientes.
-¡Mira que me trajo Santa, mami! –exclama un niño, corriendo con un regalo por su habitación con su madre al lado y cuando lo abre, un pato ensangrentado con dientes filosos, brinca sobre el niño y lo persigue por la habitación. La idea de usar juguetes a control remoto fue, por lo que veo, todo un éxito, y la gente del público ríe por el humor negro de la escena.
Pero yo no me reía, porque estaba a punto de tener un colapso nervioso por culpa de mi estúpido demonio. Lo miré de nuevo, rogando que dirigiera sus ojos hacia mí, por solo un segundo, y que entendiera mi mensaje.
Sebastian brincó a la segunda casa, bajando por la chimenea, y dejando un par de juguetes envueltos en paquetes negros y un niño se le acercó por detrás, mirándolo tan ansiosamente como yo.
A diferencia de mi, al pequeño si lo observó y le sonrió de manera maliciosa, entregándole un paquete pequeño de su enorme saco rojo.
-¡Feliz Navidad, pequeño! –y corrió hacia la chimenea, dejando al niño confundido por esto. Abrió el regalo, y un monstruo brincó sobre él, provocándole gritos de terror.
Fue hasta ese momento en que noté el escritorio y al policía que dormía, casi al frente del escenario, del lado contrario a donde estábamos los monstruos. El teléfono sonó con fuerzas y el hombre despertó de sobre salto. Era el profesor de matemáticas, Nicolás, robusto y bigotón que levantó el objeto y respondió.
-Bueno… ¡No hable tan fuerte! ¡No grite, por favor, no entiendo lo que dice! –exclamó, haciendo gestos como si alguien a través de la bocina fuese a reventarle los tímpanos. Entonces escuchó unos segundos y se rascó la cabeza.
En los segundos que esto pasaba, Sebastian dirigió sus ojos hacia mi rostro y yo únicamente le clavé la mirada, como tratando de decirle algo sin palabras. Dudo que haya entendido, pero al menos ya sabía que necesitaba que buscase una forma de escabullirse.
-¿La atacó un regalo de Navidad? ¡Vaya, es la segunda vez que alguien llama por esto! –exclamó Nicolás, con obvio sarcasmo y colgó.
Se escucharon mas gritos en el teatro, y varios niños pasaban corriendo, por las casas, seguidos de carros a control simulando serpientes, niños mas pequeños de muertos y juguetes oscuros, correteándolos con risas siniestras. Los monstruos miraban la fuente y se reían, felicitándose entre sí. Yo aun estaba un poco tensa, pero traté de actuar lo más adecuadamente posible.
Era difícil, muy difícil, debo decir. Ahora que me había quitado el peso de encima, de hablar con Sebastian, había vuelto a mi la preocupación de donde estaría Rachel y como planeaba atacar ahora. Levantaba la vista por todos lados, tratando de encontrar su cabello negro, sus ojos malvados, su sonrisa chueca.
Me tensaba aun más, el hecho de pensar que nos atacase en el teatro. Con tantas estructuras, tanta gente y cosas que podrían provocar un incendio, sería muy complicado luchar con ella. Complicado y riesgoso, por no decir imprudente. La gente sospecharía de Sebastian y comenzarían a hablar, probablemente también Claude se viera involucrado y sería un verdadero problema explicar que era lo que hacíamos. Obviamente, nadie nos creería si decíamos que luchábamos contra un ente de energía negativa que pretendía matarnos. No habríamos terminado siquiera la frase y ya estaríamos en camino al manicomio.
El policía ahora hablaba por cuatro teléfonos a la vez, los monstruos reían más fuerte y más niños corrian en el escenario, gritando y pataleando.
-¡Si, ya lo sé, señora!... ¡No se asuste!... ¡Si, si, un esqueleto!... ¡Cierre todas las puertas! –gritaba a cada uno, tratando de poner atención a todos, y otros dos teléfonos mas sonaban sin parar en el escritorio.
Mi mente trabajaba al doscientos por ciento, pensando en cada una de las posibilidades y que hacer en cada una de ellas. Los gritos, los teléfonos sonando y la música de navidad, sumando los aplausos del público y las carcajadas, no me estaban ayudando mucho.
¿Qué debía hacer?
En ese instante, en la tercera casa, un par de niños encendieron el televisor y sintonizaron el canal de noticias. La voz de una mujer se escuchó claramente, severa, en todo el teatro.
-Tenemos noticias nuevas, de todas partes del mundo; un impostor se esta haciendo pasar por Santa Claus, causando caos y desesperación en estos días de alegría- murmuró la mujer y los monstruos a mi alrededor se pusieron a vitorear de alegría, aplaudiendo y haciendo escandalo, celebrando su triunfo. Yo acerqué la cabeza a la fuente, pretendiendo escuchar lo último. Realmente estaba ansiosa por escucharlo, porque podría irme de escena y hablar con Sebastian. La voz de la mujer siguió siendo severa, pero tomando una leve nota de triunfo en la frase siguiente-. Las autoridades han tomado la decisión de movilizar unidades militares, para atrapar al autor de este perverso crimen.
-¡Oh, no! ¡Jack! Tenemos que ayudarlo –exclamé, por sobre todos los ruidos de la sala y, mirando a ambos lados, pregunté en voz alta, antes de salir corriendo- ¿Dónde tienen a ese Santa Atroz?
Pasé a un lado de Springs, pero únicamente me tomó del hombro y me dijo;
-Prepárate para la siguiente escena –parecía ansiosa y vi que, a su lado, estaba el profesor Claude, con una mirada inquisitiva y me pregunté si debía decirle a él también o no -. Sigue el intento de rescate de Santa Atroz…
-¿Ahora? –interrogué, pensando seriamente en ahorcarla si me decía que si. Pero negó con la cabeza.
-No, aun falta el ataque a Jack y su caída en el cementerio.
Suspiré aliviada; podría hablar con Sebastian y me quitaría un peso de encima.
Habían acomodado el final de la obra de la siguiente manera, para evitar demasiados cierres de telón, ya que había muchos cambios de escena.
Después de que Sally va a buscar a Santa, sería una escena dedicada completamente a Jack, hasta que es derribado del trineo. Allí habría un corte de luces y se cambiaría la escenografía a la del cementerio. Luego de que Jack entra en razón y vuelve a Halloween, se haría la parte en la que Sally trata de engañar a Oogie, fallando y siendo atrapada por el mismo, continuando con esta misma escenografía hasta que Jack llega a rescatarlos, lucha con el Oogie y son encontrados por el Alcalde y los chicos de Oogie Boogie. Seguidamente habría un cierre de telón para acomodar toda la escenografía del final y allí acabaría todo…
Con la escena final de Jack y Sally en la montaña de nieve…
Un escalofrío me recorrió la espalda de solo pensarlo. Y es que, bueno, pensaran que debíamos haber practicado esa escena unas diez veces antes de la obra, pero la verdad es que nunca lo hicimos. Ni una sola vez. Honestamente, en cierto modo hubiera preferido hacerlo, porque estoy totalmente consiente de que en momento en que deba hacerlo, frente a cientos de personas, compañeros y maestros en el publico, iba a convertirme en una paleta de hielo y a derretirme allí mismo por los nervios. El problema fue mi estúpida e idiota directora Angelina, quien pensando en lo romaaaantico que sería un beso improvisado al final, decidió no ensayarlo ni una sola vez, dejando todos mis nervios, dudas, temblores y pánico escénico para ese momento.
Y no es que Sebastian no sea, bueno, ¿atractivo? ¡No lo sé! Si no que nunca me había puesto a pensar en que haría en ese momento.
¿Dónde demonios se suponía que pusiera mis manos? ¿Qué rayos iba a hacer? Porque dudo que sea algo normal que uno se quedé parado como estatua mientras otra persona esta hurgando en su cavidad bucal… ¡¿y si se supone que debía ser a lo francés? ¡Yo jamás he besado a lo francés! ¡¿Y porque demonios estaba pensando en besar a lo francés?
¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡MALDITA SEA!
La sangre se me subió toda al cerebro y a las mejillas, mientras que estas preguntas y pensamientos daban vueltas en mi cabeza, creando imágenes en mi mente nada agradables para mí. Agradezco de todo corazón que las luces hayan estado apagadas, porque en esos instantes, mi rostro era casi fosforescente.
-Espero que no falles esa escena final, Elisse –masculló Springs, mientras yo musitaba de mala gana un "aja" y me alejaba rápidamente hacia la parte trasera del escenario, esperando encontrar con mi mayordomo, que ya debía haber salido de escena para el cambio rápido de escenografía.
Unos pasos apurados se escucharon claramente y no pasaron ni cinco segundos para que Sebastian apareciera corriendo, a unos metros de mí. Caminé hacia él con velocidad, hasta que estuvimos a una distancia considerable para que nadie nos escuchase.
-¿Qué pasa, joven ama? – preguntó, con el ceño fruncido, pero bastante calmado. Que ganas de ahorcarlo…
-Esa estúpida, ¡esa poltergeist! Eso es lo que pasa –mascullé, apretando todos los dientes y realmente furiosa-. Acaba de hablar conmigo; tiene planeado atacar…
Él abrió mucho los ojos.
-¿Ahora?
-¡No lo sé! –exclamé, con los puños cerrados –lo único que sé, es que si llega a hacerlo aquí, va a ser un verdadero problema con tanta gente y dudó que la detenga ese hecho.
El miró a ambos lados, disimuladamente. Un grupo de actores pasó a nuestro lado y una vez que se alejaron, respondió;
-Ciertamente, no la detendrá –pensó unos momentos. Escuché que alguien dijo que el escenario estaba listo-. Si no salimos nosotros ella vendrá.
-¿En cuanto tiempo es el siguiente corte? –pregunté apresurada. Se me acababa de ocurrir algo que podría funcionar.
-En unos veinte minutos, media hora –respondió y sonrió a medias-, ¿Qué esta planeando, mi lady?
Ladeé la cabeza, asomando tras de Sebastian y sentí fría la columna vertebral. Claude nos miraba fijamente desde lejos y tuve la sensación de que sabía de que hablábamos.
-Es una idea arriesgada, pero podría funcionar –dije, decidida. Las luces ya estaban encendidas-. Apenas sea el corte, saldremos a la explanada principal y allí la enfrentaremos. Tenemos que ser rápidos si queremos que todo terminé antes de que continúen con la obra, porque, sino, vamos a tener problemas. Aunque es muy probable que entre tu y Claude…
Él torció el gesto y endureció los ojos. No sé porque lo hizo, ¡yo soy la que debería estar molesta por su retraso y su falta de atención a su ama!
-¿Quiere incluir al señor Faustus en esto? ¿Por qué querría la joven ama hacer tal cosa?
A él no le agradaba Claude, era fácil deducirlo, pero tenía que hacerlo. Si eran dos demonios y ella planeaba matarlo, era mas seguro pelear así. El problema era que no quería decirle porque que lo hacía. Era demasiado orgullosa como para admitir que lo hacía por alguien mas que no era yo, y mucho mas orgullosa como para decirle que ese "alguien" era él.
-¡Va a ser mucho mas fácil! –bramé, sin pensarme mucho una respuesta, realmente molesta y le respondí mientras lo empujaba hacia el escenario- ¡No tenemos tiempo para discutirlo y vamos a necesitar su ayuda! ¡Ahora termina tu acto para terminar con esto de una buena vez!
-Joven ama… -comenzó a decir, algo molesto, pero continué empujándolo, sin hacerle mucho caso.
-¿Qué?
-¿Hay algo más que quiera decirme?
Lo miré, fijamente, solo durante un par de segundos. Decirle que iban a tratar de matarlo sería algo estúpido. Pensé en hacerlo, pero me parecía tan infantil y tan estúpido que únicamente atiné a gritarle;
-¡ES UNA ORDEN, SEBASTIAN! –juró haberlo escuchado rechinar los dientes, pero únicamente respondió un rápido "si, mi lady" y salió corriendo apresurado hacia el escenario, mientras yo, pasándome una mano por el cabello, me decidía a hablar con Claude.
Sabía que debía hacerlo, pero… era realmente difícil hacer que mi menta aceptara la idea de que tenía que cruzar palabras con él. Bastante complicado, por cierto. Había momentos en los que sentía que no era difícil hablar con él, hacerle entender las cosas, pero, ¡claro! Antes yo no sabía que era un demonio devorador de almas. Para mi solamente era un profesor antes de todo esto y yo era una alumna a la que tenía que tratar como alguien normal…
Bueno, no hay ningún motivo para que me trate de una manera distinta a como lo hacía antes. Yo soy una dama, una señorita y una alumna a los ojos de los demás y, aunque sea un maldito demonio devorador de almas, yo tengo derecho de ser tratada decentemente.
Así que, armándome de valor, hinché el pecho y me dirigí hacia donde él debía estar; en su camerino.
Me detuve en seco.
Quizás no era tan buena idea entrar en el camerino de un demonio, después de todo, ese tipo de comportaba de una manera bastante extraña conmigo últimamente. Ofrecerme el papel de Sally, una nueva audición, la forma en que se me acercó hoy en mi propio camerino. Antes, no hubiera pensado mas que él profesor era un simple pedo-enfermo…
Ahora, sabiendo lo que sé… es complicado creer que todo sea una simple coincidencia. Comenzaba a preguntarme si sus motivos iban más allá de un simple interés profesor-alumna. Tal vez, la realidad era que buscaba una relación mas como un tipo comensal-cena.
Pero, ¡que locura estoy pensando! Sebastian es mi contratista y, hasta donde sé, deben haber leyes entre demonios que regulen estos tratos. Y, aunque no los haya, sé que Sebastian nunca dejaría que ese tipo se inmiscuyera en nuestros asuntos. Sería algo bastante imprudente que tratase de hacerlo.
Igual de imprudente que yo misma, parada en el medio de la estancia tras el escenario, observando la nada, pensando en estupideces, mientras la obra avanza y avanza.
Me enfurruñé conmigo misma, diciéndome que eran tonterías, nada más que pensamientos sin sentido que daban vueltas por toda mi cabeza. Continué mi camino, tratando de evadir mis ideas sin fundamentos y llegué a la puerta del camerino de Claude. No se porque, pero desde que me enteré que es un demonio, se me hace complicado llamarle "Señor Faustus o Profesor Faustus". Había perdido un cierto grado de respeto cuando supe lo que realmente era.
Toqué a la puerta tres veces, sin titubear. Debía estar dentro; podía ver la luz cálida del interior del mismo colándose por debajo de la puerta color caoba. Sin embargo, nadie respondió y volví a tocar, ahora un poco molesta.
Esperé casi un minuto entero y comencé a zapatear. Tras de mi escuchaba los sonidos claros provenientes del escenario. Había comenzado el bombardeó al trineo de Jack. Faltaba poco para que terminase el acto y estaba empezando a desesperarme, porque si entrabamos a escena, iba a ser mas complicado comunicarme con Claude y no quería ni imaginarme lo que pasaría si Rachel se atreviera a aparecer en plena escena. Sería una verdadera catástrofe.
-¿Se le ofrece algo? –preguntó alguien tras de mi, tan repentinamente que me di la media vuelta de un solo salto y sentí que el corazón se me fue a la garganta, rebotó hasta mis pies y volvió a su lugar de un solo golpe.
-¡Ah, Claude! –exclamé, gruñendo entre dientes. Él me miró de esa extraña forma que me hacia sufrir escalofríos e hice un esfuerzo por parecer indiferente a sus maneras-, necesito hablar con usted.
-¿Por eso casi derriba la puerta de mi camerino? –preguntó, abriendo la puerta y dejándome pasar primero. Entré de mala gana, con los puños apretados a los lados del cuerpo. Un perfume pesado, madero, me golpeó cuando entré y vi claramente, al fondo del cuarto, una varilla de incienso consumiéndose.
-¿Va a escucharme, o va a burlarse de mi? –repliqué, dando un paso hacia él, desafiante, mientras cerraba la puerta. Un último golpe del aire fresco de fuera me llegó antes de que toda rendija estuviera cerrada. Las palmas de las manos comenzaron a sudarme bajo los guantes de encaje negro y, repentinamente, el aparatoso traje de muñeca fue muy caluroso.
-Mil perdones, señorita –dijo, inclinando un poco la cabeza. Ese comportamiento era extraño. Muy extraño.
Nos quedamos mirando unos momentos, momentos en los que el tiempo se detuvo y todo rastro de bochorno se borró. Él tenía unos ojos muy extraños, era la primera vez que realmente observaba sus ojos ambarinos, los intrínsecos colores dorados que giraban en su iris, la pupila levemente rasgada, las largas y negras pestañas que los enmarcaban.
-¿Qué es lo que desea entonces? –preguntó él, de repente, pero no de una manera como si se sintiera incomodo con mi presencia, sino como si la curiosidad lo estuviera carcomiendo por dentro.
Yo moví la cabeza levemente, despertando del trance.
-Quiero…no, insisto en que nos ayudé con esa Poltergeist… -admití, negándome a usar la palabra "quiero o necesito que me ayude".
Esperaba que se negara rotundamente y me mandara al diablo. Sabía que quizás convencerlo sería algo que tardaría horas, pesé a que le convenía.
Fue que sucedió algo que ni yo me había esperado.
-De acuerdo –respondió, luego de un momento de silencio y yo me quedé en una pieza.
-¿Qué?
-Acepto su propuesta.
-¿Esta hablando en serio?
-Puedo negarme, si lo desea.
Me llevé una mano a la barbilla. Si que era un tipo interesante, pero yo quería saber mas.
-¿Por qué lo hace?
Él sonrió despreocupadamente, clavando sus ojos en mí, mientras levantaba una ceja.
-Usted quiere saberlo todo, ¿no es así?
-He aprendido a que es mejor así –respondí, cruzándome de brazos, esperando a que dejara de sonreír. No entendía por que actuaba de ese modo y, finalmente, para mi alivio, volvió a adquirir su seriedad que lo caracterizaba.
-Ya le he dicho que me conviene que esa chica desaparezca del mapa antes de que los Shinigami la rastreen –dijo, con voz clara-. Si llegan ellos y nos ven, ese mayordomo, Sebastian y yo, tendremos problemas. Y usted, señorita, también. Es mejor trabajar en equipo, por mucho que usted no le agrade.
Entrecerré los ojos.
-Entonces, ¿va a aceptar mi ayuda? –preguntó, dando un paso hacia mi y tuve la sensación de que todas las calaveras que colgaban de su ropa me miraban. Temblé y él se dio cuenta; lo supe cuando entreabrió los labios y los dos blancos colmillos brillaron bajo la palidez de su piel.
Desvié mis ojos de su rostro, buscando otro punto de atención, pero no lo hallé. Así que, apretando los parpados, me encaminé a la puerta, dispuesta a salir de allí.
-Acepto, pero será después del acto que sigue –mascullé entre dientes, tratando de no demostrar mi falta de autocontrol.
Mi mano se deslizó a la perilla de la puerta, cuando escuché que dijo, claramente tras de mi;
-Te atraparé…
Fue un murmullo, tan suave que pensé que había sido el viento. Pero como he dicho, fue demasiado claro y conciso y su aliento, cálido, me golpeó el cuello de una manera como si hubiese hablado a unos centímetros de mí.
Miré de reojo y apreté los dientes al darme cuenta de que él estaba demasiado lejos de mi como para haberlo dicho. Mi mente entró en trance, porque sabía que, siendo él un demonio, podía moverse tan rápido como quisiera…
Pero… ¿y si era Rachel?
Salí de allí lo mas rápido que pudo, apretando los dientes, con los músculos tenso, rezando en mi mente una y otra vez la frase "lárgate de aquí", mientras caminaba hacía los lados del escenario.
Sentía la cabeza pesada, las manos heladas y las piernas temblorosas. Apreté los ojos, sabiendo que algo me seguía de cerca. Podía sentirlo; la frialdad en mi espalda, esa presencia tras de mi.
Busqué una manera de librarme de ello, de alejarlo de mi y entonces vi a Lucy sentada cerca de las piernas del teatro y, sin pensarlo dos veces, me abalancé hacia ella, quien estaba anonadad con la obra que veía. Me senté de golpe a su lado, derrumbando mi cabeza sobre su hombro y me miró preocupada.
-Ellie, ¿estas bien? –preguntó, muy bajito, porque Springs estaba allí y si alguien hacía demasiado ruido desataría su cólera sobre esa persona.
-Si, no es nada… -le solté rápidamente, abriendo los ojos lentamente y mirando la escena. Había un frío que me resultaba cómodo, distinto a esa heladez que sentía sobre mis hombros. Me incorporé, con una mano sobre mi frente.
Era bastante raro, porque de pronto me sentía mucho mejor. Creo que la causa de mi dolor de cabeza, era en realidad el pesado aroma del incienso en el camerino de Claude. El frío que sentía igual se había ido.
-Ten –me dijo Lucy y vi que me ofrecía un trozo de chocolate. No había notado que estaba comiendo una enorme barra hasta ese momento-. Creo que tuviste un bajon de azúcar y esto te va a ayudar.
-Gracias –dije sin más, mirando el chocolate, resignada y me lo metí a la boca de un solo mordisco. Se me quedó mirando, de esa manera como observa la gente a los cachorros en la tienda de mascotas y me pregunté que tanto me veía, cuando lo que transcurría en el escenario debía ser muchísimo mas interesante que mi cara- ¿Qué?
-Nada –dijo, riéndose un poco y dirigiéndome una de sus sonrisas empalagosas. Era una chica bastante rara, quizás mas de lo que yo pensaba, ¡y miren que yo soy bastante rara! Hablando con demonios y Shinigami.
Volvió los ojos al escenario luego de unos segundos, donde Sebastian interpretaba el momento en que Jack despierta, después de la caída en el cementerio. Pude ver, desde donde estaba, la alta estatua del ángel de piedra que sostenía el cuerpo inconsciente de mi mayordomo. Su cuerpo se doblaba en un Angulo extraño sobre los brazos de ese ángel, que parecía mirarlo con bondad, como si no supiera que tenía a un demonio en su regazo. Las piezas de lo que había sido el trineo estaban regadas a su alrededor, junto con los demás juguetes, ennegrecidos por las llamas de los estallidos.
Entonces, Jack empezó a despertar, lentamente, mirándose las ropas rasgadas, las mangas sucias y el desastre a su alrededor. Buscó con sus ojos los restos del trineo, los esqueletos de los renos que lo habían guiado y, al ver las lapidas frente a él, supo lo que había pasado. Zero, la proyección, se acercó a él, con sus ojos tristes y la boca torcida en una mueca.
Se llevó una mano a la cabeza y luego la otra y se apoyó en ellas, escondiendo el rostro, mientras negaba con la cabeza, como no queriendo aceptar su culpa.
Escuché un sollozo repentino y miré a Lucy, sorprendida, porque no podía ser posible que estuviera llorando… ¡pero lo estaba!
-Lo siento… -me dijo, limpiándose las lágrimas rápidamente, sollozando de manera infantil-. Él es muy bueno…
-Si, claro… -mascullé, con obvio sarcasmo. La verdad era que si era bastante bueno actuando, pero no iba a admitirlo así como así. Sería muy extraño decirlo.
Él empezó a cantar, había escuchado el intro de su canción, pero no le había prestado atención debido a la llorona a mi lado. Sin embargo, cuando pretendía prestarle atención, Lucy volvió a hablar.
-No, en serio. Es muy buen actor y, por lo que veo, por su trato, supongo que es una buena persona.
-Ni te imaginas… -respondí sin mas, tratando de escuchar la canción.
Sebastian se había bajado del ángel, sentándose a los pies del mismo, sobre la base en la que estaba parado y, con una mirada sumamente melancólica, observó como se había derrumbado su deseo.
-Pero tu debes saberlo… -agregó ella, con un tono de voz que me molestó, pero no la volteé a ver. Una parte de mi mente estaba totalmente atrapada con la actuación prodigiosa de Sebastian, quien caminaba entre la nieve, golpeándose el pecho, con los ojos muy abiertos y una actitud de derrota que lo hacía ver patético y lastimoso.
Él se derrumbó, sentando a los pies de ese ángel, con la cabeza recostada sobre las rodillas de la estatua y lo miró como si deseara que este lo tomase y lo borrara de la tierra. Realmente pensé que quería morir y recordé las frías palabras de Rachel.
-Debes saberlo por la forma en que lo miras… -terminó Lucy y esas palabras me hicieron volver a la realidad de un solo golpe. La miré, con los ojos abiertos de la sorpresa y a punto de abofetearla por esa blasfemia… ¿me estaba diciendo que YO miraba a Sebastian de una forma…?
-¿Eres idiota? –pregunté repentinamente, sin pensarlo y ella se llevó las manos a la boca para no carcajearse- ¡¿De que tanto te ríes?
Ella dijo algo, pero entre su mano, las risas y su ridícula forma de hablar no le entendí. Pequeña estúpida… ¡maldita fuera la hora en que pensó esa tontería! ¿Quién se creía que era para decirme eso? ¿Qué sabía ella de lo que yo había vivido para pensar que podría mirar a alguien como Sebastian de la forma en la que ella pensaba?
Volví los ojos al frente, justo en el instante en el que Sebastian parecía haber recuperado el sentido común. Abrió los ojos, confundido, apretando los puños y mirando a Zero, a la estatua y al mismo publico.
Ahora ya no estaba más deprimido. Había ahora en su rostro, en su forma de mirar que cambió. Lucia furioso, decepcionado y bastante confundido.
Y se puso de pie, con un brillo en sus ojos que lo hacía ver inspirador. Ya no estaba mas deprimido, ya no estaba vacío ni necesitado de calidez. Ahora estaba de pie, fuerte y decidido. Ahora comenzaba a lucir como lo que había sido alguna vez el rey calabaza.
-¿Te parece vergonzoso? –preguntó Lucy nuevamente. En ese instante, Jack recuperó un poco de su nostalgia pasada y yo, un poco de la furia que se me había pasado-. Yo creo que es lindo…
-No es lindo –dije entre dientes, frunciendo el ceño-. Ahora, si valoras en algo tu lengua, cerraras el pico y me dejarás ver la obra, ¿comprendes?
Ella sonrió de forma burlona y yo supe que no iba a detenerse allí. Volví los ojos a la obra. Jack se paseaba por el cementerio, recordando lo que había sentido cuando vio por primera vez la aldea navideña. Se pasaba las manos por los brazos, y juró haber visto a Springs sonreír con orgullo.
Pero algo cambió en él. Recuperó su furia, su poder, su rostro se volvió una mueca de ira y decisión y subiéndose sobre una de las lapidas, terminó la estrofa, con una sonrisa de oreja a oreja, y los rojos ojos relumbrando de dicha, una dicha retorcida debo decir y se arrancó el traje rojo, los pocos retazos que quedaban de él sobre su cuerpo y bajo los mismo, lució el traje negro de rayas, con el moño de murciélago. Su cuerpo se dobló por las carcajadas que lanzó y el público, sin previo aviso, rompió en aplausos, porque la emoción que desbordaba Sebastian era contagiosa y fue tal que incluso Springs, Angelina y varios profesores tras bambalinas aplaudieron también.
Y, antes de que yo pudiera hacer algo por mi misma, me vi aplaudiendo también, al tiempo que Lucy me miraba, con su inquisitiva ceja arriba. Volteé la cara para otro lado, mientras la empujaba con mis manos.
Sebastian corrió por el cementerio, levantando las lapidas, sacando un esqueleto de cartón que se había fabricado y puesto en ellas y simuló bailar con el mismo, mientras pateaba los muñecos del suelo y Zero daba piruetas en el aire, lleno de felicidad.
De pronto, se detuvo, sorprendido y estupefacto. Sus ojos estaban fijos en algo que yacía en el suelo y soltó el esqueleto de golpe. La gente se quedó fría y Angelina asomó para ver que veía Jack, lo cual era ridículo, porque ella había visto la escena cientos de veces.
Sebastian caminó hacia las lapidas, inclinándose a recoger algo pequeño, sucio y rojo que estaba cubierto de hielo seco.
El gorro rojo de Santa Claus.
¡Oh, no!
¿No será muy tarde para remediar?
Se apresuró hacia el ángel y, abriendo una misteriosa puerta a sus pies, con el gorro apretado en sus manos y Zero pisándole los talones, se sumergió en esa oscuridad, mientras que se escuchaban sus últimas palabras;
-¡Santa Atroz! –y el escenario se oscureció unos momentos, mientras la gente de escenografía corría a descolgar telones, poner los adornos de la casa de Oogie y completar todo lo que hacía falta para que se presentara la siguiente escena; el rapto de Sally y el rescate de Santa Atroz.
-¡Bien, apresúrense todos! –exclamó Springs, quien dirigía todo el movimiento. Angelina corrió a buscar a Claude y al chico Santa-, ¡tenemos menos de diez minutos para poner todo!
Yo… bueno, a mi me temblaban las manos. Sabía que la siguiente escena era decisiva, porque después de esto, en el corte largo, iríamos por Rachel. Estaba casi segura de que si salíamos, ella iría por nosotros, pero no quería que lo hiciera. En realidad, yo quería que no apareciera esa noche, ni la siguiente ni nunca. Mi verdadero deseo era que no se hiciera presente nunca más.
Pero, si no la enfrentaba, no podría saber sobre sus asesinos y era una pieza clave para atrapar al culpable de la muerte de Michelle. Si yo no lo hacía, nadie lo haría. Habían pasado tres meses y la policía había dejado de buscar con la misma insistencia. Sus padres ya no querían tener más que ver con ello y yo lo comprendía. Nadie quisiera que se les estuviera recordando constantemente que su hija menor murió; cualquiera quisiera únicamente continuar con su vida y tratar de superarlo sin presiones.
Todos menos yo.
Olvidar su muerte, era como olvidarme a mi misma y olvidar a Michelle, era como perder por completo la esencia de quien era yo. Quizás piensen que estoy exagerando, que es una locura hacer esto por un amigo…
Sin embargo, ella no era solo una amiga. Nadie mas estuvo allí para mi cuando quise llorar, cuando quise desahogarme. Nadie dio la cara por mi cuando yo no podía, nadie mas que ella me tomó las manos cuando tuve miedo, cuando me sentí derrotada, cuando sentía que ya no me quedaba mas en el mundo. Michelle era como mi hermana, casi como mi madre adoptiva. Ella era mi Ángel de la Guarda y saber que le había fallado como le falle, me devastaba. Pensar que olvidaría su muerte y viviría como si nada hubiese pasado, como si su sangre nunca hubiera manchado mis manos, me resultaba insoportable…
Creo que Lucy quiso decirme algo más, pero yo estaba tan nerviosa que se dio por vencida. Mi mente divagaba entre Rachel, Michelle y Sebastian… y Claude…y la obra…
¡Y ESE MALDITO BESO!
Repentinamente, alguien me tomó de las manos. Eran unos dedos cálidos, que me sujetaron y me trajeron de vuelta a la realidad. El rizado cabello de Lucy fue lo primero que vi, antes de ver su amable sonrisa en su boca y la expresión comprensiva que tenía en su rostro. Algo en ella, en ese tacto que, extrañamente, no rechacé, en ese trato, me resultó invasivamente familiar.
-Todo va a salir bien –me confió como un secreto, con una seguridad que me fue casi posible creer-. No temas, porque todo va a salir como esta planeado y al final, va terminar con un final feliz…
Le observé, sin poder creer lo que me había dicho. No había manera de que ella supiera de Rachel, así que supuse que lo decía por la obra. Debía verme sumamente nerviosa y asustada, porque, pesé a que trataba con ganas por esconder lo que sentía, era complicado hacerlo, sabiendo que esa maldita loca podía aparecer en cualquier momento. Pero ella había podido ver tras mi mascara y eso… eso me desconcertó.
Bajé la cabeza, sintiendo el corazón calmado, le respondí.
-Gracias, Luce…
-De nada –dijo, con su sonrisa más amplia y amable. Me sorprendió la forma en que logró calmarme y casi sentí empatía hacia ella, pero, súbitamente, su cara se volvió una mueca pervertida y me di cuenta que ella tenía también el gran talento de hacer que toda mi calma se fuera derechito a la mierda-. ¡Me cuentas si sabe usar la lengua!
Entonces, antes de que yo pudiera levantarme y ahorcarla, salió corriendo tan rápido que tuvo que sujetarse el tocado con ambas manos, mientras se carcajeaba y yo bailaba como un duende enloquecido y echaba humo por las orejas.
-¡ERES UNA DESGRACIADA, LUCY!
o.o.o.o
-¡Vamos a probar tu suerte, gordito! –canturreaba Oogie, con una risa gutural que, aun desde donde yo estaba, sobre una base de madera que simulaba la tubería, donde podía verse todo el escenario, me causaba escalofríos.
En esos momentos, yo debía tratar de sacar a santa de allí, para ayudar a Jack, pero debido a mis nervios, todo se veía sumamente alto. Mas de lo que en realidad era y sentía mi cabeza dar vueltas por todos lados.
La casa de Oogie estaba iluminada por focos opacos color rojo y naranja, que hacían ver todo sombrío, menos el centro de una base redondeada circular sobre la cual Santa estaba atado de pies y manos. Pronto, allí estaría yo también.
Para esto, debía arrojar unos dados brillosos, debido a que no iba a quitarme una pierna para llamar la atención de Oogie. Sería algo realmente raro y aunque Angelina había sugerido usar una prótesis, no encontraba la manera de explicar como me había pegado la pierna para cuando Jack nos rescatara.
Así que, armándome de valor, tomé los dados, al tiempo que Oogie hacia girar la plataforma sobre la que estaba Santa y este daba vueltas como una salchicha sobre la misma. El chico tenía los ojos dilatados por el miedo y supuse que no habría superado aun lo de hacía un rato. Y es que Claude lucía especialmente maquiavélico con su sonrisa burlona y los ojos brillantes como un espectro.
Estiré el brazo, lanzando los lados tras unos trastos metálicos, y el ruido que hizo fue mayor al que yo había pensado, pero no pareció molestarle a nadie. Claude levantó la vista de Santa, mirando hacia donde había provenido el ruido y caminó hacia allí, un poco inquieto. Santa buscó con la mirada una forma de soltarse, mientras yo bajaba de la tubería, deslizándome por un tubo de bomberos lo mas rápido que pude y me acerqué a Santa, cubriéndole la boca con las manos para que no fuese a hacer ningún ruido. El chico dio un respingo cuando lo toqué; tenía los labios fríos. Me miró, como pidiéndome auxilio.
-Voy a sacarte de aquí… -murmuré, tratando de desatarlo, dándole la espalda al publico, cuando escuché la voz de Claude a un lado de mi y supe, que había llegado el momento de que comenzara la verdadera acción. Desgracia la mía…
-¿Con el permiso de quien? –preguntó, con actitud socarrona y yo me di la media vuelta, sorprendida por verlo allí, tan cerca de mí, con sus amenazantes ojos amarillos y los colmillos filosos asomando por sus labios. El chico tembló y yo retrocedí sorprendida, casi tropezando con unas cajas metálicas.
-¡U-usted va a lamentar lo que esta haciendo! –exclamé, como tratado de desafiarlo, avanzando sin poder darle la espalda, porque ese Claude, el que avanzaba hacía mi, empujando todo a su paso, con la sonrisa maléfica, me aterraba. Algo había, que me causaba pavor. Fruncí el ceño, tratando de alejarlo de mí con las manos- ¡Ya verá! ¡Cuando el pueblo sepa lo que esta haciendo, no se van a quedar con los brazos cruzados!
-Oh, ¡que tragedia! –exclamó, enseñando todos los dientes, abriéndose paso hasta llegar frente a mi. Yo di otro paso atrás y, sin darme cuenta, caí de espaldas sobre el suelo, sobre los trastos de metal y los esqueletos resplandecientes- ¿y quien se supone que se lo va a decir al pueblo?
-Eh…bueno… -balbuceé, realmente confundida. Me pregunté si Claude estaba actuando o realmente pensaba matarme.
-No creo que el gordinflón se escape de esta, y decirme que tu vas a decirle a todo el mundo lo que esta pasando aquí, no me parece una muy buena idea… -aclaró, cruzándose de brazos.
-¡El Rey Calabaza va a detenerte! ¡Lo diga yo, o alguien más! Aun si nadie más lo sabe, ¡él vendrá a ayudarnos! –respondí, enfurruñada, levantándome del suelo, arrojándole un cacharro que encontré en mi camino.
Pero él, veloz, lo atrapó en pleno vuelo y lo lanzó a un lado, activando una palanca que encendió todas las luces coloridas de aquel casino de la muerte. Cinco hombres con pistolas salieron de los lados, riendo de forma mecánica y con los ojos vendados, mientras la base sobre la que estaba Santa comenzó a girar de forma aleatoria.
-¡Palabras bastante fieras, para una muñeca de trapo! –exclamó, ahora malicioso, con las cejas completamente arqueadas sobre sus ojos y se lanzó sobre de mi, tomándome las dos manos por las muñecas, con una sola mano, levantándome hasta que quedé a la altura de su rostro- Dime, preciosa, ¿eres valiente o es que te sientes con suerte?
-¡Suéltame! ¡Déjame ir! –gruñí, pataleando, tratando de soltarme, agitando las manos, pero era imposible. Aunque realmente lo hubiera querido, Claude era demasiado fuerte como para que yo pudiera lograr mi cometido.
-¿Dejarte ir? ¡Pero si el juego apenas comienza!
Sujeta como me tenía, me llevó a la plataforma atándome con una soga las manos y fue que tomó ahora a Santa, que se retorció para escapar de él, pero no lo logró y Claude lo levantó hasta que logró colgarlo de una cadena que caía justo en el centro de lo que simulaba un horno de lava.
-¡Por favor, sé que hay algo de bondad en su corazón, señor Boogie! –clamó Santa, lloriqueando, mirando al suelo con sus ojos muy abiertos, la boca en una mueca de terror.
-Yo no apostaría eso con su suerte, Gordinator –respondió él, con ese aire de mofa que lo rodeaba. Me retorcí arriba. En parte, quería asegurarme de que estaba bien atada y que no iba a caerme a mitad del acto.
Levantó un pie sobre la plataforma y apretó un panel de metal, entonces la cadena comenzó a subir, hasta elevarnos casi al techo del teatro. La respiración se me agitó, el corazón me palpitó muy rápido.
-Él…él esta jugando, ¿verdad? –me preguntó el chico, temblando de miedo. Estaba totalmente histérico, fuera de si.
-Todo va a salir bien… -le musité, lo mas creíble que pude, porque yo también tenía miedo de caerme.
-Bueno, esto es lo que vamos a hacer –dijo Claude, desde abajo, lanzando los dados al aire y atrapándolos cuando caían, haciendo poses, moviéndose entre los trastos regados en el suelo, bailoteando con las figuras que se movían-. Hay unos…tres metros de donde se encuentran hasta la piscina de hierro derretido. El juego consta de esto; vamos a turnarnos para tirar y de acuerdo al número que aparezca en los dados, voy a bajarlos diez centímetros o subirlos, dependiendo de quien hala tirado.
-No estoy entendiendo… -balbuceó Santa, tartamudeando.
-¡Santa, tranquilo! –le dije y luego miré a Claude, desesperada-, ¡Oogie, esto es una locura!
-Tienen razón… -dijo, mirando los dados-. Para darles ventaja, ustedes usaran solo un dado…
-¡¿Qué?
-No entienden aun… -dijo un tanto molesto, pasándose una mano por el cabello oscuro-. Lo pondré de este modo; ustedes tiran, sale un dos y yo los subiré veinte centímetros. Si yo tiro… y sale un, no sé, ¡un doce! –y activó el botón con el pie, haciendo que Santa y yo descendiéramos violentamente la distancia indicada. Grité y el chico soltó un alarido que me lastimó los oídos-, significa que bajaran un metro y veinte…
-¡Esto es ridículo! –bramé, recuperando el aliento. Las luces rojas, el brillo del fuego artificial bajo nosotros y las luces intermitentes me desorientaban. Había demasiadas cosas en mi campo visual, mas de lo que yo podía ver- ¡¿Cuándo termina el juego? ¡¿Cómo ganamos?
-¡Eso es lo mas divertido de todo! –exclamó, abriendo los brazos y mirándonos triunfal- ¡el juego termina hasta que su suerte se acaba! Yo, solo soy un juez, ¡ustedes van a condenarse solos! Asi que, ¿Quién tira primero? ¿Las damas? De acuerdo, Gordito, tiraré por ti, ya que tienes las manos ocupadas –lanzó un solo dado, como había dicho, sobre la plataforma y este giró, bailando en la superficie brillante y se detuvo; un cinco-. ¡Bien, parece que no estas tan salado como dicen! ¡Ahora la muñeca! –lanzó de nuevo. Esta vez, fue un tres. Apretó el botón y subimos casi medio metro-. Bueno, bueno, va mi turno…
Arrojó los objetos, a la plataforma y se detuvieron, mostrándonos un pavoroso siete.
-¡Bajan! –volvió a hacernos bajar tan violentamente como la primera vez. La piel de las muñecas comenzó a dolerme.
-¡Oogie, eres un ser despreciable!
-¡Muchas gracias, muñeca! –dijo, volviendo a lanzar y esta vez, no tuve mucha suerte, pues cayó un uno y el tiro de Santa, fue igual de malo-. ¡Oh, que lindo! Parece que la suerte los abandonó…
-¡Cállate! –le grité, respirando pesadamente- ¡Cuando Jack venga, te va a dar una paliza! ¡Tendrás suerte si…!
Oogie torció el gesto y juro que Claude, aun actuando, pareció realmente furioso de oír ese nombre. Y en ese momento, se escuchó al fondo un lamento pesado y chillón, era una voz que lloraba entristecida;
-… ¡Terribles, terribles noticias! ¡Hemos perdido al querido Jack!... ¡Han volado en mil pedazos a Jack Skellington!
Fingí tristeza, dolor y recordé la amenaza de Rachel. Pero Claude, Oogie, se quedó con su gesto congelado y lo que había sido una mueca de rabia se transformó en una de triunfo.
-Jack…
-¿Qué decías de un tal Jack, muñeca de trapo? –preguntó, acercándoseme y rozándome la mejilla con sus dedos fríos. No supe que hacer, más que mirarlo, como aterrada. Él se alejo rápidamente, arrojando sus dados de nuevo, mientras yo miraba desesperada para todos lados. Santa estaba paralizada y balbuceaba algo como "el dulce mundo de los conejitos", pero no puedo decir exactamente que.
-¡Otro siete! –bramó, apretando el botón poco a poco, para contarnos las veces que bajábamos-. Uno, dos, ¡tres, cuatro, cinco, seis, siete! ¡Polvo eres y en polvo te convertirás! ¡Me siento débil! –murmuró esto ultimo, con una voz frágil y luego, gruñó- ¡pero de hambre! ¡Solo un tiro mas y abajo estas!
-¡Espera! ¿Y nuestro turno? –pregunté tratando de ganar mas tiempo. Comenzaba a asustarme de verdad y no por Claude. Si no por Sebastian, porque no aparecía por ningún lado. Ya debía haber llegado o al menos, haberse asomado por la tubería. Pensar que Rachel podría haberlo interceptado…
Oogie me ignoró olímpicamente, carcajeándose e hizo su tiro, acercándose rápidamente para ver el número. Observé con cuidado y, aliviada, tres y un dos. Suspiré. Al menos eso nos daba más tiempo, pero entonces, Oogie enfureció.
-¡¿Qué? ¡¿Solo eso? –rugió y golpeó con un puño la plataforma, con tanta fuerza que los dados rebotaron, volteando sus caras. No pude ver el número, pero la expresión de triunfo en el rostro de Oogie decía más que mil palabras-. ¡ONCE! ¡Tengo el número ganador!
Su boca se volvió un gesto oscuro, una sonrisa más que malvada. Los colmillos brillaron con fuerza y las luces parpadearon, indicando una victoria. Vi su pie colocándose sobre el botón y me volví para ver la tubería. Sebastian aun no llegaba…
¿Por qué no llegaba? ¡Maldita sea! ¡Con que me hubiera abandonado otra vez! ¡Si me enteraba de que lo había hecho, iba a matarlo! ¡No se como pero lo haría!
-¡Hasta luego, Muñequita y Santa Atroz! –indicó, con una sonora carcajada gutural y sentí perder peso por la caída, preguntándome en que momento llegaría Sebastian. Apreté los ojos, deseando que no hubiera sucedido nada y que lo que el alcalde decía, algo ficticio, no se hiciera verdad…
Fue cuando algo me tomó por la cintura con fuerza, desprendiéndome de la cadena tan rápido que me causó dolor. Aquel tacto me apretó contra si, y aunque me zamarreé por el movimiento, no me hice daño.
Cuando el torbellino de movimientos terminó, abrí los ojos, mareada por toda esa acción y lo primero que vi, fue la piel pálida del cuello… ¡De Sebastian!
Me tenía sujeta con un brazo, cargándome contra su pecho como si yo pesara lo que una pluma y lucía más que furioso.
-¡Se—Jack! –exclamé, tragándome mis palabras, sintiendo que dejaban de oprimirme el corazón y me llené de alivio. Al menos estaba bien…
Él me puso en el suelo, al tiempo que respiraba agitadamente, cosa que no era normal en él, incluso el sonido, me desconcertó.
Entonces, todo mi alivio desapareció en un segundo, porque ahora que estaba lejos de él, pude ver lo que era su cuerpo, el traje. Tenía partes hechas jirones y, en su espalda, había una enorme rasgadura que iba de un hombro a su cintura. Su rostro estaba manchado de tierra y tenía rasguños en las manos. Lucía exactamente como si hubiese estado luchando con un cocodrilo o algo por el estilo.
Sentí, de nuevo, esa opresión en el pecho… ¿y si Rachel lo había atacado?
-¿Qué paso? –musité, acercándome a él, pensando en que quizás, mi miedo, se había hecho realidad. Pero únicamente dio un paso al frente, y me hizo un ademan con una mano, que temblaba frenéticamente.
-Mantente atrás, Sally –dijo, con una voz desafiante. Supe que estaba actuando, pero era difícil creerle cuando estaba jadeando de cansancio y parecía a punto de colapsar. No quería ni pensar que mas heridas pudiera tener bajo la ropa.
Claude, por su lado, ni se inmutó por esto. Parecía mas molesto por el hecho de que Sebastian había llegado, a que quizás esa Poltergeist estaba cerca. Se enfurruñó, al tiempo que entrecerraba los ojos y tomaba una espada que estaba por allí. Pensé que sería aquella espada demoniaca que usó antes, pero no. Esta era de madera, pero parecía realmente de metal.
-¡Jack! –exclamó, con tristeza y alivio fingido-. Dijeron que estabas muerto…
-Hola, Oogie… -dijo Sebastian, con una mirada amenazadora.
Aquella chispa de rivalidad común entre ellos salió a la luz e, incluso Santa, quien estaba tirado en el piso como un completo tonto, se dio cuenta, de que había un grado de enemistad entre ellos superior a la simple obra. El público se quedó en silencio y yo, sabiendo lo que ellos eran, retrocedí hasta que mi espalda tocó uno de los muñecos brillantes del Oogie.
Allí, en la luz roja, los ojos carmesí de esos demonios brillaron como metal al rojo vivo.
Ambos echando chispas, agazapados, listos para enfrentarse.
o.o.o.o.o
Soy una pésima persona T.T lo sé…
Mi idea era terminar este arco en este capi, pero, termino siendo un capi de longitudes insospechables, así que tuve que dividirlo en dos partes.
Aun estoy pensando que haré para el próximo arco :) sin embargo, Fudoutokuna, mi querido inner formado a base de pensamientos oscuros y pervertidos (y yaoi, ¡OH SI! Mucho yaoi :B) ya debe de tener algo muajaja
Ah! Lo olvidaba, alguien por allí me pidió mi msn xD, en realidad dejo el suyo pero se borró :S
marauder_1824 ¡nada mejor que socializar! :)
Nos vemos en la próxima!
Besitos!
