XI. Treta.
Gohan esperaba algún tipo de respuesta de aquellos dos muchachos, pero no tardó en darse cuenta que no tenían intenciones de contestarle. Frunció el cejo, llegando a la conclusión de que algo no estaba del todo bien.
-¿No me van a decir qué es lo que pasa?- preguntó –su silencio de da a pensar que es algo malo.
-No sé si podríamos decir que es malo- Kirano se encogió de hombros –simplemente… es…
-Tienen que decirme, la hija de un gran amigo mío también está metida en esto, no pueden ignorarme y continuar como si no intuyera nada.
-No se trata de eso- negó Shun, después de unos momentos –es sólo que… bueno, en cada batalla se hacen sacrificios y nosotros, aunque seamos dioses, también debemos realizarlos, queramos o no…- el peliverde notó la mirada de preocupación que Gohan tenía –no te preocupes tanto, si Marron está aquí es porque ella lo acepta.
-… Bien, como digas…- dijo Gohan. No muy convencido aún.
-Creo que ya es hora de empezar, Apolo- apuró Shun, dándose cuenta que habían perdido demasiado tiempo con explicaciones.
-Sí, tienes razón, Shun- asintió Kirano, que luego le sonrió a Gohan –vamos, es mejor estar adelantados.
Gohan asintió, y miró de reojo a Piccoro, que había observado todo en silencio. Por los breves momentos que se vieron, la misma idea pasó por su cabeza: aquellos jóvenes estaban ocultando algo, y no sólo a ellos, sino que también a aquellos jóvenes guardianes que los protegían. Y pareciera, además, que no era nada bueno.
Gohan y Kirano se sentaron en el piso, piernas cruzadas. El joven dios encendió su cosmos y el color dorado de pronto los inundó todo, incluido el interior del saiya, que de pronto comenzó a sentirse bastante extraño.
Piccoro observaba con atención a su pupilo, Shun se puso a su lado, también mirando la escena tranquilamente. El Nameku lo vio de reojo.
-Si piensas que me quedaré tranquilo con la respuesta que le diste a Gohan, estás equivocado, Hades- le dijo, el otro le sonrió con picardía.
-Lo sé, por eso dejé a Gohan con Apolo, así no podrá escuchar lo que conversamos.
-Me parece curioso- dijo de pronto Piccoro –hace unos meses por poco y destruyes todo, sobre todo con ese eclipse… ahora que lo recuerdo, esa tarde fue el cumpleaños de Bulma e hizo una fiesta… Marron se comportó muy extraña ese día, hasta a Vegeta le llamó la atención.
-… El punto es…
-El punto es que ahora estás luchando para salvar lo que ayer querías destruir. Eso me parece curioso.
-Creo que a ti te pasó lo mismo- gruñó Shun, Piccoro sonrió un poco –además, si piensas que estoy haciendo esto por salvar la Tierra o el Olimpo, estás equivocado, para eso están Atenea, Artemisa y Apolo. Yo me conformo con que dejen mi reino en paz, al igual que Poseidón con el suyo.
-Sí, claro- sonrió Piccoro, cruzándose de brazos –hagamos que te creo- Shun rodó los ojos –en fin, cuando estábamos en la superficie Marron se mostraba reacia a que nosotros participáramos en esto, en un comienzo. ¿Por qué?
-En parte porque temía que a Gohan le pasara algo malo, y es lógico que se preocupara, después de todo, es un mortal.
-Sus cuerpos también son mortales- replicó Piccoro –el mismo daño que podría sufrir Gohan sin mi protección, lo podrían sufrir ustedes sin su divinidad.
-Bien pensado, eso mismo es lo que pasará- Piccoro lo miró con suspicacia.
-Pero ustedes son dioses.
-Y hace un rato dije que algo hay que sacrificar…
Podían coincidir en que se sentían extraños, aunque no estaban seguros de decir i poder explicar de qué manera se sentían extraños. Al momento de abrir los ojos se dieron cuenta que todo continuaba igual… al menos por fuera…
Porque por dentro algo les gritaba que les faltaba una pieza importante en su vida…
-Me alegra ver que ya despertaron- dijo Mnemosine, que estaba sentada en la tarima -¿se sienten bien?- les preguntó, con preocupación fingida. En silencio los tres la quedaron mirando, convenciéndose definitivamente que algo había ocurrido, aunque no podrían explicarlo del todo bien.
-Ya me cansé de estupideces- dijo Vegeta, reaccionado. Se convirtió rápidamente en Súper Saiyajin y se dispuso a atacar a la Titán –no me interesa qué fue lo que nos hiciste, pero te aseguro que de esta no saldrás bien librada.
-Dime Vegeta… ¿por qué vives en la Tierra?- le preguntó Mnemosine, el Saiya abrió los ojos, deteniendo el ataque que pensaba hacer -¿qué fue aquello que te olvidaras de aquella vida que tanto amabas, de nómade asesino?
Ikki y Kanon miraron con preocupación al Saiya, que había comenzado a sudar al no encontrar respuestas a las preguntas de la Titán. Eso le trajo la conclusión que sí les había hecho algo, aunque en un comienzo ellos no se dieran cuenta.
-¿Es acaso por un hombre o una mujer?, ¿o una niña?. Tienes que ayudarme, estoy un poco confundida…
"Demonios" Vegeta sintió que sus manos temblaban, nervioso, a la vez que pensaba y pensaba para buscar entre sus recuerdos aquella persona tan importante para él "es… es… ¡maldición!, ¿¡cómo es que no puedo recordar a nadie!?"
-Memoria…- murmuró Ikki, de pronto –juegas con la memoria de los demás, de esa manera crees que puedes destruirlas…
-Corrección, Fénix- sonrió Mnemosine –no lo creo, lo hago. ¿Cuánto crees que te afectará el no recordar a ese niño por el que darías tu vida?, ¿es algún familiar tuyo, quizás algún primo?... pero… ¿estás seguro que es hombre?, ¿qué tal si es una niña?... ¿y cuál era su nombre? ¿Sean?, ¿Shaina?... ¿y tú no dices nada, Kanon?, me extraña, con lo elocuente que eres…
Kanon quedó mirando con frialdad a la Titán, y encendió su cosmos, lo mismo que los otros dos. Ella los miró con el ceño fruncido.
-Estás equivocada si piensas que eso podrá detenernos- le dijo el General Marino –nosotros tenemos una misión, por sobre cualquier cosa, y de ninguna manera evitarás que la cumplamos.
El poder de los tres se incrementó. Mnemosine retrocedió unos pasos, asustada. Comprendió en esos momentos por qué Hades los había enviado a ellos a luchar en su contra: eran tan fríos que nada podría detenerlos, aunque les hiciera un daño irreparable.
-Aunque no puedo recordar a aquel a quien le debo lo peor y lo mejor de mi vida, eso no me va a detener. Prepárate, Mnemosine, que de ésta no te salvas…
A las palabras de Kanon, los tres atacaron a la vez, con todas sus fuerzas.
Ni Goten ni Seiya sabían del todo qué hacer. Poco a poco habían dejado de estar en guardia, mirando a Saori y a Crío, que continuaban hablando. No tardaron mucho en darse cuenta que en esa ocasión, la lucha sería con palabras, no con poderes. Y bueno, no podrían decir que tenían muchos deseos de luchar, pero estaban seguros que al menos estarían mucho más entretenidos.
Al menos se dieron cuenta que Crío no tenía intenciones de herirlos o matarlos, lo que era un gran avance.
-¿Y qué se supone que hacemos ahora?- preguntó Goten al aire, ya ni siquiera escuchando la conversación de la diosa y el Titán. Seiya los miró unos momentos, y luego se encogió de hombros.
-¿Esperar?- preguntó el Santo de Pegaso –de alguna manera uno de ellos será el que gane, deberíamos estar atentos por si acaso quieren atacarnos.
-Eso sería un buen punto- sonrió Goten.
Volvieron la atención a los otros dos. Sin querer, el joven Son recordó lo que Gohan le había dicho una vez: que no todas las batallas necesariamente se ganaban con peleas, y un buen ejemplo de aquello era lo ocurrido con Majin Boo y Mister Satán. Como era sólo un niño, no había comprendido del todo lo que quería decir. Pero al observar a Saori y al Titán, comprendió todo de pronto. Curiosidades de la vida que justamente le tocara hacerlo en ese lugar.
-Crío, escúchame- Saori también se había dado cuenta de la particularidad de aquella batalla, y estaba decidida a ganarla –puede que tengas razón en eso que los humanos son de mentes frágiles y que nos olvidan con facilidad, pero esa no es razón suficiente para matarlos a todos.
-¿Eso crees tú?- le preguntó el otro, con cierto escepticismo –porque según mi modo de ver las cosas, si es que ellos se olvidan de los seres superiores, se olvidan de su propia humildad. Ellos mismos se creen dioses.
-En ese caso, y según lo que me dices, todo aquel que se olvida de la humildad debe ser aniquilado- el Titán asintió -¿y qué pasa entonces, con nosotros?
-¿A qué te refieres?
-A que si nos creemos con el derecho de acabar con los humanos cuando se olvidan de nosotros, pues también deberíamos considerar un tipo de castigo para nosotros mismos. ¿No es arrogante pensar que somos superiores que ellos?
-Pero lo somos, Atenea- replicó Crío. Goten y Seiya notaron que comenzó a dudar en sus palabras –no nos compares con ellos, muchacha. Somos inmortales, tenemos infinitos poderes más que ellos, y…
-Y cometemos los mismos errores- lo interrumpió ella, Crío esta vez no contestó –imagínate. Ellos viven muy pocos años y son capaces de perdonar, pueden ser felices y corregir sus errores. Pueden amar y entregar su vida en sacrificio, sin importar las consecuencias. Hay muchos que aún nos rezan y nos rinden algún tributo. Dime, Crío, ¿cuántas cualidades de esta somos nosotros capaces de hacer?
Esta vez Crío no contestó, simplemente bajó el cabeza, pensativo. Goten y Seiya se miraron, sonriendo. La pelea había terminado.
Ella supo inmediatamente que esa pequeña distracción que había tenido durante la batalla lo iba a pagar caro. ¡Pero es que no tuvo otra opción!, fue inevitable para ella voltear a ver por qué Trunks había gritado de una manera que hacía tanto no escuchaba… y estuvo a punto de ir con él cuando aterrizó en el suelo después de recibir aquel Meteoro Pegaso, si no fuera por un pequeño y, a la vez, gran problema: Gea.
Al dar un paso hacia Trunks, Marron sintió algo frío en su costado, y a la vez, un dolor agudo en el mismo lugar. Contuvo el aliento, mientras sentía que su cosmos comenzaba a consumirse y parecía, de pronto, bloqueado, imposibilitándola para utilizarlo. Momentos después se dio cuenta que Gea estaba detrás de ella.
-¿Te duele, Artemisa?- le preguntó, sonriendo, a la vez que se alejaba.
-¡Marron!- el grito de Trunks llamó la atención tanto de Gokú como de Touma, que vieron justo el momento en que ella quedaba tendida sobre el hielo, sangrando. Fueron sólo unos instantes en que ellos no pudieron reaccionar, debido a la sorpresa de la imagen -¡Marron, Marron! -Trunks se acercó a ella, angustiado, y tomó su mano -¡contéstame, por favor, contéstame!
-¡Maldición!- Gokú, furioso, encendió su ki bruscamente y en cuestión de segundos se deshizo de todos los Guardianes de dioses que estaban cerca de él y, después, se lanzó sin pensarlo demasiado sobre Gea, tomándola del brazo y obligándola a hincarse en el suelo, debido a la presión que ejercía. En un primer momento, ella lo miró asustada, ya que había pensado que él sin pensarlo demasiado la iba a matar. No tardó en darse cuenta que eso no sería así.
-¿Qué?- le preguntó ella, con cierta burla -¿es que no vas a golpearme?
-No me gusta golpear a las mujeres- replicó Gokú, con seriedad y la mandíbula apretada por lo que había ocurrido. ¡Al que deseaba golpear era a Trunks!, le había dicho que tenía que cuidar de ella –a pesar que te lo merezcas…
-¿Y qué vas a hacer, entonces?- le preguntó ella, con el mismo tono -¿llevarme del brazo hasta el Tártaro?
-No, algo mucho mejor- contestó Gokú, sonriendo sólo un poco, y demostrándole con ese leve gesto que ellos le habían ganado.
Ikarus se acercó con rapidez hacia ellos, y antes que Gea pudiera reaccionar siquiera, Gokú la soltó, y sobre ella quedó la red hecha por Hefesto. Maldiciendo (a los dioses, los humanos, los Saiyajins y Ángeles de Artemisa), la Titán intentaba soltarse. El Saiya se quedó unos momentos ahí, y cuando se dio cuenta que era seguro, se acercó a los demás, para ver cómo estaba la hija de su amigo.
-¡Marron!- al llegar con ellos, vio que Trunks estaba a su lado, sosteniéndola en sus brazos, y bastante pálido… lo quedó mirando unos momentos, extrañado más que nada porque no soltaba su mano, pero trató de restarle importancia al asunto, centrándose en lo importante -¿cómo estás?
-No me siento bien- murmuró Marron, palidísima y respirando agitadamente, lo que más angustiaba a los demás –no puedo activar mi cosmos… no se qué ocurre… trai… traigan a Apolo… por favor…
-Al parecer la daga que Gea utilizó tenía algo raro- dijo Touma, e inconscientemente todos miraron a la Titán, esperando que hiciera algún tipo de comentario que los ayudara. Como permaneció en silencio, volvieron la atención a ellos mismos –si no puede activar su cosmos no puede curarse…
-¡Deja de hablar y llama a Apolo de una maldita vez!- gritó Marron, y del susto Trunks se alejó un tanto de ella, sorprendido. Gokú rió entre dientes, acordándose un poco de Milk por la reacción de ella.
-Gokú, ¿no sería más rápido que usted fuera por una semilla del ermitaño?- le preguntó Trunks, después de recuperarse de la impresión (no demoró demasiado)
-… ¿Eh?...- Gokú lo quedó mirando unos momentos, demostrando así que estaba un tanto distraído -¡ah!, sí, tienes razón, Trunks- sonrió, a la vez que ponía sus dedos en su frente. Antes que pudiera hacer la teletransportación, una voz lo detuvo.
-Yo me haré cargo- escucharon, y ambos vieron a Shun, que se acercaba a ellos con rapidez. Detrás de él estaba Radamanthis (no sabían si había estado siempre ahí, o había llegado con ellos nuevamente), aunque esa pregunta pasó a segundo plano, debido a la expresión que el peliverde tenía -¿Qué se supone que pasó?- gruñó, abriéndose paso –si la dejé con ustedes era para que la protegieran- se hincó a su lado, poniendo una de sus manos en la frente de ella.
-¿Dónde está Apolo?- preguntó Marron, débilmente.
-Está ocupado con Gohan- contestó Shun, y antes que Gokú alcanzara a preguntar al respecto, siguió hablando –te llevaré conmigo a Caina, pero necesito que uno de ustedes venga, por si acaso es necesario luchar allá también- dijo, mirando a los tres guerreros.
-Que vaya Trunks- dijo Gokú, rápidamente (temía que Touma se adelantara). El primogénito de Vegeta lo quedó mirando, intentando disimular la vergüenza que sentía en esos momentos.
-Está bien, que él venga- Marron con sólo escuchar sus tonos de voces, supo que habían segundas intenciones en todo eso.
-Desgraciado- le dijo a Shun, que sólo le guiñó un ojo.
-Radamanthis se quedará con ustedes- les dijo a Touma y Gokú –él los ayudará a continuar con la batalla. Nos veremos.
-Cuídense- les dijo Gokú, despidiéndose con la mano, antes que ellos desaparecieran.
-Para que vean- sonreía Saori, mientras caminaba junto con Seiya y Goten por el Inframundo –no necesariamente todas las luchas tienen que ver con la violencia. En ocasiones es mejor conversar y les aseguro que los resultados serán más satisfactorios.
-Shun se sentirá feliz cuando escuche esas palabras- suspiró Seiya, sin querer pensando con su amigo y su nuevo papel como dios. Estaba seguro que eso sería difícil para todos.
Goten no dejaba de pensar en sus manos. Él sabía que a Gohan nunca le había gustado luchar, y que había sido la urgencia de proteger la Tierra lo que lo había llevado a eso, y cuando le tomó casi una aversión fue después del Juego de Cell, por la manera en que había actuado. Gohan siempre decía que todo eso lo había superado, pero Goten sabía que eso no era así, su hermano llevaría ese dolor siempre con él, lamentablemente.
-¿Vas a dejarlo así nada más?- preguntó Seiya, mientras continuaban caminando. El paisaje no había variado mucho, continuaba componiéndose más que nada de dos cosas: nubes oscuras y rocas claras… -¿qué pasa si se arrepiente y decide volver a atacarnos?
-Eso no ocurrirá- replicó Saori –me dio su palabra y me dijo que iría al Olimpo. Yo confío en él, y sé que lo hará.
-Esperemos…- suspiró Goten –por cierto, ¿saben a dónde vamos?
-Sip- asintió Seiya, sonriente –a la Segunda Prisión. Ahí hay un templo egipcio.
-¿Templo Egipcio?- Goten frunció el ceño -¿no se supone que todo esto es de la mitología griega?
-Sí, así es- dijo Seiya, apoyando su respuesta con movimientos de cabeza –pero en ocasiones las culturas suelen mezclarse y dan por resultados situaciones y seres de lo más curioso.
-Entiendo- sonrió el otro.
Goten miró hacia el cielo oscuro, pensativo. Considerando todo lo que había tenido que ver y hacer en batallas anteriores, pensaba que no todo era tan difícil o complicado como todos lo habían imaginado en un primer momento. Estaban luchando contra los Titanes, y podía jurar que para los demás no sería tan difícil luchar contra ellos, sobre todo considerando que no había que matarlos. Incluso con la ayuda de los dioses todo era mucho más fácil. En ese caso, ¿en dónde estaba lo complicado?
Había otro punto en todo eso que lo tenía al pendiente: si los dioses (supuestamente) estaban tan preocupados porque los Titanes eran poderosos, ¿por qué razón no habían traído con ellos a sus guardianes más poderosos? Recordaba perfectamente cuando les escuchó decir que no era necesario que todos los acompañaran al Inframundo, teniendo la posibilidad que fueran más una carga que una ayuda…
Pensando fríamente todo eso, le daba la impresión que los dioses estaban planeando algo que nadie, aparte de ellos, sabían, ni siquiera sus guardianes… con excepción de su hermano Gohan y Piccoro.
Sin querer comenzó a preocuparse por su hermano mayor.
Holas!
Bueno, no tengo mucho que decir, sólo pedir disculpas por la demora, pero febrero fue bastante movido, al menos para mí. El último mes de vacaciones, salidas a la playa, con amigos y familia, y cuando pensábamos que sería el último fin de semana normal y tranquilo antes de entrar a clases nuevamente, pues la naturaleza nos dio una sacudida a los chilenos bastante fuerte (supongo que algunos sabrán). Espero me disculpen más que nada por esto último, jejeje, ya que a pesar de que no pasara nada tan malo en mi casa ni con mi familia, nos quedamos sin electricidad por varios días, y pues estuvimos todos durmiendo bastante mal, casi con uno de los ojos abiertos, por si las dudas (ustedes entienden, cierto?)
En fin, gracias a JhungYuki, FreezeLight, y a Marby, por sus comentarios.
Hasta la otra!
