When you defeat the last

Cuando el pasado te derrota


CAP X

"Un batido de soja con cereales"

BENEDICK

Observaba al detenido a través del espejo de la sala de interrogatorios. Era el lugar más seguro de que disponía la pequeña comisaría de Cicero donde mantener encerrado al peligroso criminal.

El joven había sido encadenado a la mesa y permanecía rígidamente sentado con la mirada fija en un punto imaginario.

No había abierto la boca en ningún momento desde que lo trajeron. No había hablado aún desde que Valley consiguiera detenerlo.

Lo ocurrido durante la detención era su mayor motivo de preocupación. Estaba tan cansado de la vigilancia de la noche anterior que irrumpió en la habitación disparando como un idiota descerebrado.

El agente del FBI se lo había dejado muy claro, otra estupidez más y no lo devolvería a su unidad sino que le arrancaría las tripas de cuajo. No volvería jamás a cometer un error semejante, ahora encima tenía que agradecer al detenido que no hubiese ocurrido una tragedia.

Berenice Sanders se situó a su lado sin mirarle.

- Has estado a punto de matarme, si no me lanza a la cama como lo hizo, ahora estaría herida o muerta por tu culpa.

- Lo se. Siento lo ocurrido

Los ojos negros y brillantes de la joven lo taladraron

- Que no vuelva a suceder

DICK VALLEY

Desconectó los altavoces de la sala de interrogatorios ante la sorpresa de Sanders y Benedick. Entró sólo en la sala y cerró la puerta.

- ¿Estás bien? – preguntó al detenido.

- Estoy bien

- ¿Necesitas algo?

Se situó entre el prisionero y el espejo para que los agentes que vigilaban al otro lado no pudiesen leerle los labios. El joven captó la maniobra y le miró con curiosidad.

- Voy a ayudarte Sam, te sacaré de aquí.

Notó la desconfianza en los ojos del cazador así que le enseñó el tatuaje que se hizo meses atrás en la muñeca, copia del que vio en el pecho del otro cazador cuando se encontraron en Nazareth.

- Se supone que si llevo esto, no estoy poseído por ningún demonio ¿no?

- Se supone – respondió el chico sin saber a dónde quería llegar.

- Te repito que te sacaré, aunque puede que tarde un poco pues aún no se cómo.

- Hay algo más urgente. ¿Mi hermano te reconocería? – el agente podía ver como el joven luchaba entre la duda y la necesidad de un aliado.

- Creo que sí, me vio un par de veces en el San Lucas, aunque no creo que me recuerde con cariño – ahora era él quién no sabía dónde quería llegar el otro

- Necesito que le lleves la Colt que había en el bolso de deporte que habéis requisado

- ¿Sin sacarte de aquí?

- Esto es más urgente, la criatura que perseguimos es muy peligrosa y sólo se puede parar con ese revólver.

- Lo haré

El joven, aún algo reacio le contó dónde estaba su hermano

- No se fiará – le explicó que el otro cazador estaba herido – dale el arma y vete

- OK

- Valley, si esto es una trampa para coger a mi hermano le juro que no habrá lugar en la tierra dónde se pueda esconder de mí – y el tono que usó el muchacho no dejaba ningún lugar a la duda.

Por un momento se sintió ofendido, pero recordó contra qué se tenían que enfrentar aquellos cazadores, era normal que no se acabara de fiar del todo. El joven parecía angustiado e hizo lo que pudo por tranquilizarlo.

- Lo tendré en cuenta, pero puedes estar tranquilo. Y ahora, ¿necesitas algo? ¿comida? ¿bebida?

- Si pudieras conseguirme un batido se soja con cereales…

BERENICE SANDERS

Entró en la sala de interrogatorios llevando un batido de soja para el detenido. Éste musitó un gracias y se puso a leer la composición calórica. No pudo evitar pensar que alguien tan meticuloso con la comida no aguantaría mucho tiempo en prisión.

Abrió la bebida y se la tomó casi al trago, dejando el envase sobre la mesa. Se retrepó en el sillón y la miró a los ojos con toda franqueza, aguardando a que comenzara el interrogatorio. La puso nerviosa.

Se sentó frente a él iniciando puerilmente un duelo de miradas, no consiguió que bajara la vista, sólo que sonriera valorativamente.

- Te llamas Sam Winchester, se te ha dado por muerto dos veces y tu nombre está relacionado con robos de tarjetas de crédito, profanación de tumbas, atraco a entidades bancarias, secuestros y asesinatos.

El joven no dejó de mirarla a los ojos, ni de sonreír, pero no dijo nada.

- El último suceso con el que se te relaciona, es la muerte hace dos noches de un pescador en el Lago Morse.

Ella estaba mucho más incómoda que el atractivo detenido, le sudaban las manos y su pie no paraba de tamborilear en el suelo. El joven seguía echado hacia atrás en su sillón, los codos en los reposabrazos y las manos entrelazadas y esposadas sobre sus bien formados abdominales, marcados bajo la camiseta.

- ¿No tiene nada que decir?

- ¿Cómo se llama? – le preguntó con una serena autoridad que le hizo contestar sin pensar.

- Sanders, Beren… Berenice Sanders

- Espero que no por el relato de Poe.

Le sorprendió, odiaba aquella tétrica historia, pero su padre que era un fanático de los cuentos de Edgar Alan Poe, le había puesto su nombre precisamente por aquel cuento. El otro interpretó su expresión acertadamente.

- Lo siento. A usted le cuadra más la leyenda griega. Tiene un pelo precioso – sonrió abiertamente a modo de disculpa encandilando a la muchacha a su pesar.

- Sam, no pareces un asesino, ¿no quieres contarme tu versión? – le tuteó intentando romper el hielo.

- No me creerías

- Esta mañana, al detenerte, posiblemente salvaste mi vida

- Tu compañero es de gatillo fácil

- ¿Y?

- No tengo nada que decir

SAM

No las tenía todas consigo. Le preocupaba que Valley pudiera haberle mentido y le hubiese hecho entregarle a Dean. Sabía que su hermano en esos momentos no estaba en condiciones de ser detenido ni interrogado.

La joven agente se había ido algo decepcionada, era simpática, y guapa. Presentía su presencia al otro lado del espejo. Iba a ser difícil quitarse las cadenas y escapar si estaba siendo observado ininterrumpidamente.

Los sucesos de las últimas cuarenta y ocho horas se agolparon en su mente. Se concentró en lo que consideraba lo más importante. Dean conocía al demonio que poseía al metamórfico. Le había hablado de "ella" cómo si él también la conociera. No podía ser Rubi (estaba definitivamente muerta), tampoco Meg… pues en este último caso Cicero estaría sitiado de demonios.

Su expresión se endureció peligrosamente y sus manos se crisparon al recordar en qué condiciones había encontrado al herido. "No se quien eres, pero no podrás escapar de mi".

VALLEY

Si alguien descubría lo que estaba haciendo ya podía prepararse para pasar una temporadita en una prisión federal. Abrió la bolsa de las armas y sacó una caja de madera. Dentro, perfectamente empaquetada, con su munición, estaba la Colt.

- Era un arma magnífica. Una pieza de museo.

- Impresionante – el sheriff de Cicero se acercó a echar un vistazo – debe tener más de doscientos años y parece estar perfectamente engrasada.

- Poco más de ciento cincuenta años en realidad – abrió el tambor y comprobó lo que había dicho el otro agente de la ley, estaba lista para ser usada – es un arma de coleccionista, quizás valga más de cien mil dólares.

- Una lástima que no esté en un museo

- Cierto – dijo el agente del FBI volviendo a guardarla en su caja.

- ¿Entonces va a enviar ambas bolsas a la oficina forense del FBI?

- Exacto

- Necesitaré que me firme un recibo.

- Sin ningún problema

WALT BENEDICK

Salió al aparcamiento a fumar un poco. El ambiente tras la detención se había enrarecido bastante. Al fondo vio salir a Valley con dos bolsas de deporte. Se escondió, no quería otra "charlita" del prepotente investigador.

"Pero, si esas bolsas…" ¿Era posible que el agente del FBI estuviese de acuerdo con los Winchester? Apagó el cigarrillo y decidió seguirle.

Por un momento estuvo tentado de avisar a Sanders, pero la joven podía estar al tanto de esto, además, habían perdido la corriente de simpatía del principio a causa de su acción estúpida de esa mañana.

Valley subió al Sebring negro. Necesitaba un vehículo, así que "tomó prestado" un Ford Explorer del depósito. Localizó el Chrysler del sospechoso federal en la carretera de Cicero sentido Arcadia.

Puede que fuese un inepto, y que la hubiese cagado esa mañana, pero no iba a quedarse de brazos cruzados permitiendo que el "infalible" Dick Valley ayudase a dos fugitivos y echara por tierra toda la investigación.