N/A: ¡Al fin un update para esta historia! Espero que la espera haya valido la pena, pues la verdad es que me tarde bastante con este capitulo. Sin más, ¡espero que sea de su agrado!

Aclaraciones:
—Diálogo
"Pensamiento"
Énfasis.


La estilizada figura de aquella flor que desconocía acuñada en la moneda era un tanto fascinante, o simplemente era el brillo de las luces que reflejaba lo que la hacía ver bonita. Se tomó su tiempo para examinar ambas caras y el canto de ese redondo objeto dorado y metálico, que ya había tomado algo de temperatura a causa de estar en sus manos por tanto tiempo. La miraba como si supiera algo de monedas, además que servían para comprar cosas, de todas formas, aquel pedazo de metal era inservible en América.

— Cuando ustedes se casen —habló suavemente aun con la vista fija en el pequeño objeto— seguro ponen esta flor rara en el ramo.

Mary se ahogó con su bebida y empezó a toser frente a semejante tontería que había dicho Vanessa. Aunque podría haber sido peor.

— ¡Qué cosas dices! ¡No voy a casarme, no seas tonta! —exclamó entre risas, mirándola incrédula.

— Igual, no vas a negarme que esta planta es tan rara como él —Vanessa le devolvió la moneda y continuó—, espera, seguro me dices algo como que es de una belleza exótica, ¡como él! —la pelirroja no pudo evitar reírse de su propio chiste malo, alentada también por la expresión de fastidio y vergüenza en la cara de Mary.

— Es…es lindo —dijo tras desviar la mirada y darle un sorbo a su cerveza.

Vanessa sonrió sin contestarle, le gustaba bromear con ella y ahora que tenía Yamazaki como una suerte de fuente de chistes lo aprovechaba, pero sabía cuándo detenerse. No iba a ofenderla molestándola hasta el cansancio, por supuesto que no, y además, podía darse cuenta que el sujeto realmente le interesaba a la rubia. Mary no lo negaba, pero tampoco había dicho con certeza que le gustara o tal vez algo más, solo se limitaba a decir que le gustaba tenerlo cerca o que le gustaba verlo, y esas respuestas eran un tanto vagas y hasta desesperantes.

— ¿Y cómo van las cosas? —preguntó mientras tomaba un poco de nueces del pequeño cuenco en el centro de la mesa, comiéndolas una por una en lo que Mary pensaba cómo contestar.

— Hace un par de días me dijo que me quería —habló despacio, con una pequeña sonrisa en sus labios y la mirada gacha, como si le diera vergüenza. Vanessa no se hubiera imaginado que fuera a contarle algo así, por poco se sintió mal de desconfiar de él. La música que ambientaba el bar en el que se encontraban casi la hizo perderse de lo que la chica continuó diciendo—: Aunque no le contesté nada al instante y después…cambió de tema cuando intenté decirle algo al respecto, acabé por volver a casa y…y no lo he vuelto a ver, tenía cosas que hacer según dijo.

Agitó la cabeza, incapaz de procesar aquello, pues le parecía una tontería. Yamazaki le parecía del tipo que se aprovechaba y se largaba, pero Mary, aunque le costara creerlo, parecía ajustarse más a esa descripción dentro de la extraña relación que ahora tenían. No se molestaba con frecuencia, sin embargo la respuesta de la joven había sido tan rara que logró descolocarla.

— ¿Qué rayos mujer? ¿No te gusta? —Mary abrió la boca para defenderse pero ella siguió con su regaño—: Hasta pareces enamorada, ¿y de verdad no le has dicho nada?

— ¡Tranquila! No le dije nada porque… ¡no esperaba que me dijera algo así! Me tomó por sorpresa, ¿entiendes? —contestó mientras se encogía de hombros, queriendo justificarse.

— Ya, ya, pero…tengo la sensación que ni vas a alcanzar a decirle algo —Mary la miró curiosa, temiendo porque Vanessa bromeara con aquello que la traía preocupada, pero no fue así—: Me imagino que no vas a verlo por un tiempo hasta que pase el alboroto por lo de la estación, ¿no?

Mary movió un poco su vaso, concentrándose en el remolino de cerveza que allí se formaba, Vanessa tenía razón. No había considerado que Yamazaki tal vez estaba haciendo de las suyas del otro lado del mundo hasta que pudiera volver a South Town y seguir con su agenda de crímenes habitual, no era un idiota después de todo, aunque ella sí lo era. Había ido a verlo precisamente por aquel problema que sería noticia por varios días, un secreto a voces por el cual se había molestado ridículamente. Le dio un sorbo a su cerveza, imaginando que el amargo sabor de la bebida no se comparaba al rato que le había hecho pasar a Yamazaki lloriqueando en su departamento al portarse como una niña inmadura. Si él fuera a volver pronto, lo primero que haría sería disculparse por eso y por creer que le había dicho lo que sentía solo para lavarse las manos al largarse de la ciudad, dejándola a la espera como una tonta.

La joven se veía muy consternada, tan metida en sus pensamientos se encontraba que ni siquiera notó cuando una camarera se acercó a traerles otra botella a pedido de Vanessa. Decidió no interrogarla más, ya sabía que Mary solía pasarse un rato pensando y dándole vueltas a un asunto, intentando responder las preguntas que ella misma se planteaba; y ella le había dado algo perfecto en lo que pensar: Yamazaki y su partida. Se sirvió algo de cerveza, cuestionándose el haberse puesto juiciosa en vez de seguir bromeando.

Perfectamente audibles a pesar de todo el ruido, un silbido y una voz masculina fueron escuchados por las chicas que estaban sentadas en una mesa junto a la pared. Mary salió de su ensimismamiento para levantar la vista y buscar de dónde provenía aquello, pues reconocía perfectamente esa forma de llamar su atención. Vanessa la imitó pero no consiguió ver mucho y, ante la leve frustración, se acabó su cerveza de un trago, restándole importancia a lo que fuera que había provocado aquel momento de leve incertidumbre.

Un lobo se abrió paso entre mesas y gente, enseñaba los dientes y caminaba con seguridad, llegando rápidamente hasta donde se encontraba su caperucita. Echó a reír sin haber mediado palabra y le sonrió contento de verla, después de algún tiempo.

— ¡Mary, qué bueno verte! —exclamó de buena gana el legendario lobo de South Town, Terry Bogard, mientras se inclinaba apenas para que pudieran hablar un poco a pesar del ruido en el ambiente. Mary le sonrió ampliamente al verlo, pues hacía semanas que no tenía noticias suyas.

— ¡Vaya, vaya! ¿Dónde has estado, Terry? —Preguntó animada y luego señaló a la pelirroja— ¿Recuerdas a Vanessa del torneo, verdad?

— ¡Pues claro, como olvidarla! —contestó fingiendo seguridad, a decir verdad no la recordaba en lo absoluto, pero no planeaba hacer el ridículo frente a Mary—. ¡Y pues, hoy volví de Japón y me traje a Mai y Andy conmigo!

Vanessa dio un sorbo a su cerveza y aprovechó la distracción del hombre para repasarlo de arriba a abajo. Su larga y rubia cabellera que estaba sujetada desprolijamente daba la idea que era un holgazán o que estaba demasiado ocupado en otros asuntos como para fijarse de su cabello, pero por Mary sabía que más bien la opción que correspondía era la primera. Era un sujeto bien parecido, su joven y atractivo rostro se adornaba con una amplia y sincera sonrisa, y sus brazos descubiertos dejaban en evidencia años de entrenamiento intenso. Bajó un poco más la vista y descubrió que traía su siempre presente gorra en el bolsillo trasero de sus jeans azul claro, que junto a su blanca camiseta sin mangas le daban una apariencia bastante informal. Vanessa rio por lo bajo, pensando en lo diferente que era de Yamazaki. Mary no conocía de grises, sus intereses eran polos completamente opuestos.

—…y ahora debería volver con los chicos, la verdad es que escapé un instante para venir a verte —alcanzó a escuchar que decía Terry—, pero preferiría hablar contigo en un lugar donde no haya tanto ruido —concluyó mientras reía.

— Bueno, podría verte mañana por la mañana en el parque cerca de mi casa, tengo el día libre —dijo Mary casualmente y lo miró esperando a que él le diera una respuesta positiva.

— ¡Ese tiene un aro de baloncesto, estupendo! —Dijo entusiasmado y luego saludo a ambas chicas— ¡Las dejo tranquilas y nos vemos mañana, Mary!

Esperó a perderlo de vista para echar a reír. ¿En serio habían quedado para verse y solo le interesaba hacer el tonto jugando al baloncesto? Trato de no mirar a la rubia mientras continuaba su carcajada pues seguro le dedicaría una mirada de reproche, o tal vez estaría avergonzada. La simple idea de que Mary arreglara una suerte de cita con él le resultaba interesante. Se había molestado ligeramente respecto a la actitud de la chica frente a su galán violento, que la perseguía e incluso había confesado sentir por ella algo que no parecía propio de alguien así, pero ahora el enfado estaba disperso y le picaba la curiosidad por lo que fuera a suceder con Terry. ¿Acaso aceptaría cortejo de dos hombres diferentes? Mary sí que sabía divertirse.

— Ya, ¿de qué tanto te ríes Vanessa? —dijo Mary en voz baja, con una mezcla evidente de molestia y vergüenza.

— Bueno, el lobo ciertamente sabe de romance —dio un trago a su cerveza y continuó— ¡Deportes! ¡Nada mejor para enamorar a una mujer!

— ¡Oye! ¡No seas mala! —Le dio un leve puntapié por debajo de la mesa— Además no me importa mucho el lugar, hace mucho que no lo veía.

— ¿Y para que vas a andar por ahí con ese cuando tienes a otro muerto por ti? —se inclinó un poco, frotándose la pierna donde Mary la había golpeado— ¿No dijiste que Terry es un torpe?

— ¡Ay, cállate mejor! —dijo riendo nerviosa antes de terminar su cerveza. No tenía muy claro que tan inocentes eran las expectativas por el encuentro con Terry al día siguiente, y a la vez le movía el corazón aquello que Yamazaki estuviera muerto por ella. Vanessa siempre decía tonterías que la dejaban pensando, pero no quería demostrárselo demasiado. Se levantó apresurada y le dejó algo de dinero, excusándose de que sería mejor irse a descansar para no quedarse dormida y perderse de ver a Terry. La pelirroja quiso argumentar contra eso, pero ella fue más rápida y tras tomar su chaqueta escapó entre las mesas y los clientes.

El cartel de neón que identificaba al Pao Pao Café se convirtió en un pequeño punto luminoso conforme Mary se alejaba a toda velocidad en su motocicleta. El fresco viento nocturno desordenaba su rubio cabello y refrescaba su rostro que mantenía la temperatura propia del rubor. Estaba un tanto dudosa frente a lo que haría en los próximos días, próximas semanas inclusive, pero estaba segura que no se permitiría sufrir, pasara lo que pasara. Hoy una cita con quien se había convertido en su mejor amigo, mañana una cita con su amante de medio tiempo. ¿Qué tan malo podía ser? No le quedaba más que disfrutar de la atención que le fueran a dar y sentirse como el premio mayor. Sería divertido.

Una reparadora noche de sueño era lo que necesitaba. Luego de guardar su motocicleta, caminó rápidamente a su departamento y abrió la puerta para ser recibida por su fiel mascota. Intentó no distraerse demasiado con el can para no perder el sueño, por lo que acarició a Anton un poco más y fue directo a su habitación.

La camiseta negra de Yamazaki estaba sobre la mesita de luz junto a su cama, justo donde la había dejado luego de despertar por la mañana. Se quedó viéndola por un instante y suspiró, tal vez estaba pensando como una egoísta y esperar un comportamiento diferente por parte de Terry era una mala idea. Los quería a ambos, aunque de formas diferentes, y probablemente eso estaba haciéndola pensar tonterías y luego la confundiría. Tomó la prenda y se la puso rápidamente, recordando con vergüenza la circunstancia en la que se había hecho de ella. Se recostó en su cama y se cubrió con las frazadas hasta la nariz, como si quisiera protegerse del fantasma de las emociones que le producían las torpes caricias de Yamazaki.

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El suave trinar de los pájaros fuera de su ventana la había despertado antes de tiempo, por lo que había estado lista desde temprano, y ya que estaba bastante ansiosa, terminó saliendo de casa para dirigirse al parque cercano en un horario que creía que contaba como de sueño para Terry. Al llegar caminó rápidamente hacía el centro del mismo para ver que el lobo no estuviera practicando tiros de tres puntos mientras la esperaba. Como imaginaba, él no estaba ahí. Se hizo a la idea de que tenía bastante tiempo hasta que fuera a verlo, por lo que optó por dar una vuelta mientras esperaba.

Los senderos dentro del parque estaban delimitados por blancas piedras perfectamente colocadas una seguida de otra, y cada un metro aproximadamente había una pequeña planta llena de flores. South Town no era una ciudad muy linda pero había lugares de la misma en los que la belleza predominaba. Miró hacía un lado, viendo a los enamorados sentados juntos en las bancas y recordó como una noche había estado así con Yamazaki. Se dio un golpecito en la frente y apuró el paso, debía apartarlo de su mente.

Se frotó los brazos, nerviosa, aunque lo intentara le resultaba difícil evitar pensar en el criminal. Encontraba la forma de relacionar prácticamente cualquier cosa con él, y ahora que había estado viéndolo por semanas, tenía varios recuerdos intensos que repasar en momentos inapropiados. La forma en la que sus sentimientos habían cambiado a causa suya daban hasta algo de miedo, pues si no mal recordaba, al estar con él en ese parque se había sentido un tanto incomoda simplemente de pensar que aquello sería una especie de engaño a Terry, con quien no tenía nada más que una amistad. Y pensándolo así, al verse ahora con el rubio también debería sentir la misma incomodidad. Chasqueó la lengua y movió la cabeza de lado a lado, ignorando sus pensamientos.

Prosiguió con su caminata, jugando a esquivar parejas y situaciones románticas, después de un rato ya le había empezado a causar bastante gracia. No sabía cuánto tiempo había pasado dando vueltas, pero cuando volvió al punto de partida, Terry estaba ahí esperándola.

Se encontraba sentado al pie de la columna en la que se sostenía el aro de baloncesto, había llegado hacía algún tiempo. Escudriñaba la distancia, esperando a que apareciera su chica. No hacía mucho calor y la suave brisa le desordenaba apenas los cortos mechones de cabello que caían sobre su frente. Jugueteaba con el cierre de su chaleco rojo, llevándolo de arriba a abajo con rapidez, tratando de calmar su ansiedad por el encuentro. Lo invadió un mal sentimiento al creer que tal vez lo había dejado plantado, olvidándose de él o decidiendo no ir a último momento. Lograba consolarse en recordar la hermosa sonrisa de Mary la noche anterior en el bar de Richard, pero no le parecía suficiente y un prospecto negativo era más realista.

Terry bajó un poco la visera de su gorra, no le hubiera sorprendido en lo absoluto que ella no quisiera verlo, después de todo él había estado haciendo el tonto demasiado tiempo con el entrenamiento, o concentrándose en su venganza. Era muy torpe, tanto así que había necesitado que Mai le dijera que dejara de huir para darse cuenta que efectivamente eso debía hacer. Sus vacaciones en Japón le habían servido de algo al menos: se sentía más fuerte y más maduro. Se podría decir que había fortalecido su cuerpo y su mente, su padre seguro estaría orgulloso de él, eso le alegraba en sobremanera y le gustaba la idea de compartir eso con Mary.

Mary se acercó a Terry por detrás, caminando lentamente para no delatar su presencia y aprovechar para darle un susto al notar que parecía estar bastante distraído. Cuando estuvo lo suficientemente cerca él habló, sobresaltándola.

— ¿De verdad creíste que ibas a sorprenderme, Mary? —se volteó apenas y levantó la visera de su gorra para sonreírle, aliviado de que ella hubiera ido a verlo.

— ¡No es divertido si te das cuenta! —dijo entre risas mientras se sentaba a su lado y tomaba su gorra para ponérsela—. Se me ve bien, ¿no?

— Diría que me queda mejor a mí pero estaría mintiendo —dijo mientras le acomodaba un poco el cabello, haciéndola sonrojar apenas—, de todas formas, mientras la tengas tú no hay problema, sé que vas a cuidarla bien, después de todo ya lo has hecho.

Le sonrió melancólica al escuchar sus palabras, los sucesos del extraño torneo del año pasado habían quedado en lo profundo de su memoria y no los repasaba con frecuencia, es más, intentaba olvidarlos. El asunto de NESTS cada vez se enredaba más y más, con fieles servidores y traidores manejando los torneos de los últimos años, no había forma de predecir que rayos pasaría luego, así como no hubo forma de predecir la desaparición de Terry. Desvió la mirada en lo que recordaba el tiempo que había pasado buscándolo sin éxito, llevándose su gorra a todas partes con la esperanza de que podría devolvérsela.

— ¿Estás bien? —Preguntó de repente al notar el presunto malestar que tenía la chica—. ¿Qué te sucede?

Con los puños se frotó los ojos, acabando con las lágrimas que se agolpaban en ellos antes que se desbordaran y delataran su tristeza. La verdad es que ya formaba parte del pasado y no había caso en sentirse mal por ello. Terry no había muerto como había llegado a creer, no había nada por lo qué entristecerse.

— Bueno, sí, pero es que no quiero volver a tener que cuidar tu gorra, torpe —dijo mientras se la quitaba y se la devolvía, un tanto seria.

— ¿Y eso a qué viene? —Preguntó casualmente mientras se acomodaba un poco el cabello antes de ponerse la gorra, al final llegó a la conclusión de que tal vez se refería a lo que había sucedido el año anterior. No pudo evitar reír frente al ceño fruncido de Mary y su mirada de regaño, pero entonces le contestó—: ¡Mary, pero que linda te ves cuando estás enojada!

Su expresión de fastidio cambió por una de sorpresa, mientras se ruborizaba ligeramente. Mary no era linda solo cuando se enojaba, sino que lo era en todo momento. De verdad había sido un grandísimo tonto al pasar por alto la belleza de su encantadora amiga, y ya no quería seguir perdiendo el tiempo.

Mary movía la boca modulando palabras de una charla a la cual no estaba prestando atención, distraído en lo delicado de las facciones de su rostro, principalmente en sus rojos labios. No se lo pensó demasiado, se inclinó sobre ella rápidamente y sin mediar palabra la besó.

Sabía que la quería, pero tras el golpe que le propinó la chica al apartarse se quedó con la duda si ella lo quería a él. Terry se llevó una mano a la cara, tocando apenas su mejilla sintiéndola arder, imaginándose que tal vez quedaría marca de la pequeña, delicada y fuerte mano de Mary.

Bang-kyu —el susurro fue seguido por una suave risilla avergonzada, casi como si lamentara haber reaccionado de esa forma. Mary se levantó prácticamente de un salto y aprovechando que estaba aún aturdido, dijo—: En Illusion a las nueve, yo invito la primera vuelta.

Reaccionó demasiado tarde y antes que se diera cuenta, ella ya estaba perdiéndose en la distancia, entre el verde de los árboles y el colorido de los caminos con flores. Echó a reír, aun sin entender por qué su chica había reaccionado de tal forma, pero por el momento no importaba mucho, de todas formas iba a averiguarlo esa noche.

Se quedó un rato más sentado allí, dejando que el viento acariciara su rostro, refrescando el golpe. Qué bien se sentía estar de vuelta en casa.


N/A: Richard por Richard Meyer, el dueño del primer Pao Pao Café en South Town, para quien no sepa :-)

Hasta el próximo capitulo! Dejad review con cualquier duda, critica o sugerencia, lo apreciaria mucho.