Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 11

Cargo de conciencia.

Bella se sentó en el borde de la silla para asimilar la situación. No tuvo tiempo de retocarse de nuevo los labios cuando Aro entró nuevamente al despacho. Su rostro tiene que haberse puesto pálido por los pocos segundos de diferencia que hubo desde que Edward salió, pero lo supo fingir bien.

Aro le echó un vistazo.

—Bueno, supongo que me tienes una explicación lógica.

Aún le faltaba el aire, aún pensaba en lo que Edward y ella habían hecho.

—No.

—¿No?

—No sé qué esperas que te diga.

Aro movió los dedos sobre la mesa.

—No puedes irte cuando se te da la gana, no con un desfile a puertas, caramba.

—Me sentía mal, por el amor de Dios. ¿Es que acaso no tengo permiso para sentirme mal?

—¿Tanto te costaba avisarme?

Ella frunció los labios. Este chasqueó la lengua y se perdió en sus pensamientos.

—¿Te llamaron por teléfono, no? —asintió— ¿Quién?

Hubo un corto silencio.

—La esposa de Félix.

Ese corto silencio se volvió una pesada carga para ambos.

—Nunca llama a menos para buscar su sueldo. —dijo ella.

Aro sonrió, apenas.

—Quería saber cómo iba el negocio.

—Ah.

El ambiente no mejoró. Si existía algo en lo que podían Aro y ella entenderse, era eso. Así que, por alguna razón, Aro dejó el tema por la paz.

—Asegúrate de avisarme la próxima vez que decidas desaparecer de la faz de la tierra.

Ella se levantó de la silla, echándose el pelo hacia atrás.

—Estoy segura que, si algún día me raptan, pediré a mis secuestradores que te avisen antes.

Lo dijo con sarcasmo. Aro lo sabía.

Subió al segundo piso y se quedó de pie frente a la puerta en donde dormía Edward. No sabía si él se encontraría allí, pero necesitaba aclarar la situación lo antes posible. Suspiró. Volvió a recordar los labios de él mordiendo los suyos y algo dentro de ella se estremeció.


Edward no estaba en su habitación, sino en la cocina, apoyándose en la mesa de desayuno con un cuenco de frutas y la mirada perdida.

Alice se aclaró la garganta e hizo sonar los platos sucios en el lavavajillas, llamando su atención.

—¿Su hijo se encuentra bien?

—¿Mi hijo?

—Pensé que podría estar preocupado por su hijo, como lo veo tan desconcentrado. Apuesto que ni sabe lo que le dije hace cinco minutos.

—Discúlpame, Alice, yo no…

—¿Ve? No le dije nada hace cinco minutos.

Ella tenía espuma de loza hasta en las mejillas y con una sonrisa genuina, volvió a su tarea.

—Vendrá un amigo a visitarme, ¿te importaría si...?

—¿Quiere que les lleve algo para tomar? No hay problema.

—Tú siempre adivinas todo ¿no?

—Como si usted no fuese un Vulturi más, señor Edward.

No supo si eso era un alago o un insulto.

Alice meneó la cabeza.

Mientras esperaba a Jasper, se le ocurrió sentarse en el sofá de la sala y hojear las revistas de la mesa. Todas las revistas pertenecían a la compañía de Aro. Las revistas con Isabella de portada eran fabulosas. A Edward le pareció increíble como el maquillaje resaltaba lugares imprescindibles en su rostro. Estaba su cara impresa como una princesa, o mejor dicho, una muñeca.

Tan concentrado estaba en ella, que no se dio cuenta cuando alguien ingresó a la sala.

Su padrino se veía visiblemente incómodo.

—Edward, ¿recuerdas a Rachel Lewis? La esposa de Félix Lewis.

Este hizo memoria en su cabeza, y lo único que le recordaba Lewis, era aquel hombre de mala fama amigo de su padrino, y del dinero. Lewis había muerto hace mucho tiempo.

Edward le ofreció la mano a Rachel, una mujer de cuarenta y tantos años.

—La recuerdo. —mintió— Es bueno verte de nuevo, Rachel.

—Lo mismo digo. —respondió ella mirándole la camisa abierta.

Aro y Rachel estaban intercambiando algunas palabras cuando Isabella hizo acto de presencia. A Edward se le olvidó que todavía traía las revistas consigo y ella se dio cuenta de inmediato. Hicieron contacto visual lo suficiente para saber que tenían una conversación pendiente. Ni siquiera supo cuál era el tema de plática entre los tres, ya que lo único que tenía en la mente era de haber probado los apetitosos labios de Isabella Vulturi.

La esposa de su primo Alec.

La nuera de su padrino.

Esto estaba yéndose al carajo.

Tras una larga introducción, los tres se retiraron de la sala sin despedirse.

Jasper no tardó en llegar.

Edward y él eran amigos desde hace mucho tiempo, junto a Jacob. La diferencia es que Jasper era más tranquilo, el razonable del grupo, así que no era extraño que llegase con un traje de dos piezas y los botones de la camisa bien abrochados.

—Hace mucho tiempo que no entrada a esta casa.

—¿En serio?

—¿Desde qué te fuiste? Más de siete años. —razonó— ¿Cómo están las cosas con Kate?

Edward puso mala cara.

—De mal en peor.

—¿Y Aiden? ¿Le contaste a tu madre que Aiden no es tu hijo biológico?

—No lo he decidido aún, es tan difícil.

Alice vino con una bandeja de plata y el plumero dentro de su delantal en la cadera derecha.

—Traje cervezas para los señores.

—Disculpa, pero vengo manejando. —explicó Jasper.

—Oh. ¿Le ofrezco otra cosa? ¿Té, café…? ¿Agua? La que tenemos está limpiecita.

—Un té estaría bien.

—¿Cuánto?

—¿Cuánto qué?

—¿Cuánto de azúcar? —aclaró agitando el plumero de la cadera y haciendo que el polvo cayese dentro de la bandeja— Ups.

Jasper frunció el ceño.

—Sin azúcar, gracias.

Ella se echó para atrás.

—¿Qué tan amarga puede ser su existencia para tomar té sin azúcar, señor?

—Alice… —reprendió Edward.

—Ya sé, ya sé, no puedo ser tan confianzuda con las visitas. Regresaré con su té en menos de lo que canta un gallo. ¿Le ofrezco alguna galleta para pasar el trago amargo? Oh, espere... ¿es que acaso sufre de diabetes? ¿por eso toma té sin azúcar? ¡Jesús! ¡Mejor voy por su té, señor! ¡Discúlpeme!

Jasper seguía riéndose para cuando Alice desapareció de la sala.

—¿Siempre es así?

Edward puso los ojos en blanco.

—Pregúntale a cualquiera de los que viven aquí, todos te dirán que sí.

Después de que regresara con el té, se dio prisa para arrancar de la sala sin mirarlos ni una vez.

Cuando Jasper se fue, Alice estaba todavía con el plumero en la cadera.

—Señor, disculpe mi tan desubicado comentario, no tenía idea que su amigo sufría de diabetes. Sé que a veces digo las cosas sin filtro, pero pensé que yo había aprendido a…

—Jasper no tiene diabetes, Alice. ¿Es que acaso no sabes que la gente toma el té como quiere?

Se quedó pensando en ello.

—Tiene razón, es que la última vez que serví un té con azúcar a una visita esta sufría de diabetes y fue un desastre. Me quedé de patitas en la calle.

—Bien, pues no tienes que preocuparte más.

Ella sonrió y cogió el plumero.

—Tengo que limpiar la habitación de la señora Isabella, si me permite, señor.

—Es imposible que puedas tutearme ¿no?

Apuntó el índice hacia él en el umbral.

—¡Acertó, señor Cullen!


Isabella vio a Rachel Lewis despedirse de Aro en la puerta.

Podía notar lo mucho que a Aro le molestaba la presencia de esa mujer, que solo venía a visitarlos cada mes para recibir su cheque.

A Bella no le importaba, de todos modos.

Esperó a que él volviese. Se quedó en una esquina a observar como la puerta se cerraba en un chirrido. Cuando Aro se dio la vuelta, le señaló con la barbilla el despacho.

—Piensa salir del país por un tiempo.

—¿Eso te conviene?

Negó con la cabeza.

—Tengo que seguir pagándole. Ya sabes que, al ser la viuda de Félix, tiene derechos.

—Deberías pagarle más.

—¿Más?

—Lo que le pagas no es suficiente con todo lo que…

—Isabella, guarda silencio. Se supone que ese tema está cerrado. —Bella sintió un clic en el corazón— Querida, no te preocupes por nada. Deja de atormentarte.

No estaba tan segura de ello, por eso odiaba cuando Rachel los visitaba a menudo.

Edward la llamó desde lejos cuando salió del despacho, pero ella corrió a encerrarse en su habitación.

Recordó como era Félix Lewis, el mejor amigo y socio de Aro Vulturi, y el responsable de convertir la agencia de modelos en el lugar más concurrido de la ciudad, hace tantos años.

Tomó una bocanada de aire.

El mismo Félix Lewis que ella había matado de un solo disparo.

Y que, para su desgracia, Aro sabía.


No pueden quejarse conmigo porque les he subido los capis bien seguiditos. Se me empezaron a juntar tantos capítulos listos de este fic que me dije: estos deben ver la luz ya!

¿Cómo quedaron con ese final? ¿Más confundidas que antes, verdad? En el próximo capítulo tendremos la explicación. Ahora, ¿se imaginaron que ese era el motivo por el que Aro dominaba tanto a Bella? ¿La está chantajeando? Prontito, prontito sabremos.

Mil gracias como siempre por su apoyo incondicional y por manifestarse con un review. GRACIAS!

Que tengan linda noche.