¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)


— ¿Estás loco?

Edward se puso en pie, sin ni siquiera registrar el alivio de poder moverse de nuevo. Se volvió hacia la voz, se alegró de que Alice tuviera 16 años. Sobre todo, después de pasar el tiempo en medio de las chicas de secundaria de Forks, no tenía ningún reparo en contenerse un poco dadas las circunstancias.

La agarró por las muñecas, tirando de ella uno o dos pasos hacia él. —Dime que el día está mal.

Alicia lo miró, tirando de los brazos. —Por supuesto que está mal imbécil. ¿Qué estabas tratando de hacer poniéndote delante de la furgoneta?

— ¿Me estás diciendo que el día está mal porque me lastimé? —Edward preguntó, luchando por entender.

—Te pudo haber matado —gritó Alice.

—No importa lo que me suceda —dijo Edward, sintiéndose tan fuera de control que pensó que su cabeza podría explotar. Agarró los brazos de Alice con tanta fuerza que ella se quedó sin aliento por la sorpresa—. Alice. Dime. Dime que no cambié su vida sólo para que muera en frente de la escuela.

Alice lo miró a los ojos. — ¿Es por la chica?

— ¡Bella! —Edward rugió—. Dime que no se supone que deba morir. No ella. Ella es la única hija del Jefe Swan. Ella no ha hecho nada malo. No ella.

—Cristo —murmuró Alice, empujándolo con fuerza—. Cálmate. Ya te he dicho cómo funciona esto.

—Tengo que hacer lo que el destino quiere que haga. —Edward imitó sarcásticamente—. A la mierda el destino. Tengo que tener libre albedrío. Voy a ponerme delante de la furgoneta todas las veces que sean necesarias si eso significa que vivirá. —No podía soportar la idea de que su muerte totalmente prevenible estaba fuera de sus manos. Con lo de Jasper podía entenderlo... eventualmente. La gente se enferma todos los días. Pero esto...

Increíblemente, Alice sonrió. —Wow.

— ¿Qué? —Edward hervía, mantenía los dientes apretados.

—Te gusta —dijo Alice burlándose con su voz cantarina.

—Alice. —Edward gimió en sus manos—. Esto no se trata de algún estúpido flechazo de escuela. Esto está mal.

Con un poco de esfuerzo, Alice transformó su sonrisa en una expresión más seria. —Usa la cabeza —dijo con firmeza—. Lo que sea que el destino quiera, tú eres el catalizador de ese cambio. Tú eres el que está en medio de una segunda oportunidad. Si el destino te hubiera querido muerto, tu hermano estaría organizando tu funeral en este momento.

—Yo no… —Edward comenzó a discutir, pero Alice lo interrumpió.

—Cállate —exigió ella, dando un paso hacia él. Se puso de puntillas para estar a la misma altura que su rostro—. ¿Qué te dije antes? Recuérdalo. Todo sucede por algo.

Con eso, ella lo empujó fuertemente. Edward se dio cuenta, demasiado tarde, que estaba parado cerca del borde de la piscina. Se tambaleó hacia atrás, intentando y fallando en mantener el equilibrio. Golpeó el agua con un terrible splash, sumergiéndose instantáneamente.

~26 de Enero, 1999~

Edward se despertó gritando y sentándose en su cama. Se agarró el pecho, tenía la sensación de que no podía recordar cómo respirar.

La puerta se abrió. —Es hora de levantarse y brillar, Ed… —Esme empezó a decir cuando entró en la habitación, pero se detuvo cuando lo vio—. ¿Edward? —preguntó preocupada, dejando caer el montón de papeles de sus manos y lanzándose a su cama—. Cariño, ¿estás bien?

No lo estaba. Realmente no lo estaba. Había demasiado en su cerebro para manejarlo. A pesar de que no había sucedido, ser golpeado por un auto era un evento traumático, especialmente cuando había aplastado la mitad de su cuerpo. Además de eso, presenció a una chica que le importaba, aunque sea un poco, ser aplastada hasta la muerte. Y para ser más frustrante, no podía luchar contra su destino, además de que estaba sorprendido de que aún no había perdido la cabeza.

—Respira, Edward —murmuró Esme, frotándole la espalda. Lo golpeó fuertemente provocando que el aire saliera de sus pulmones—. Voy a traer a papá.

— ¡No! —Edward gritó entrecortadamente, tomando otra bocanada de aire. Desesperado, agarró el brazo de su madre, de repente e irracionalmente asustado de muerte porque iba a salir de la habitación, desapareciendo. Se sentía como si todo estuviera fuera de control.

—Está bien, está bien. —Esme lo tranquilizó, poniendo sus brazos alrededor de él otra vez—. Cariño, me estás asustando. Me tienes que decir lo que está mal. ¿Estás enfermo?

Girando su cuerpo, Edward enterró su cabeza en el hombro de su madre. Estaba temblando, pero al menos podía respirar de nuevo. Lágrimas de miedo y frustración brotaron de sus ojos y Edward no pudo hacer nada para evitar que bajaran por sus mejillas. —No estoy enfermo —dijo con palabras temblorosas. Sabía que tenía que recuperar la compostura.

— ¿Fue... una pesadilla?

Edward podía imaginar cómo se veía. Allí estaba él, casi un adulto, y estaba temblando y llorando como si fuera un niño de nuevo. Volvió a respirar. —Pesadilla... Sí. Fue real. Demasiado real, quiero decir… —balbuceó, sintiendo como la vergüenza crecía dentro de sus frenéticos pensamientos—. Lo siento.

—No lo sientas —Esme dijo en voz baja, acariciando su cabeza ligeramente—. Vamos. Levántate. Te voy a dar un respiro hoy si me ayudas a hacer el desayuno.

Edward dudó. Ahora que la cordura volvía a él, necesitaba detener a Bella de ser lastimada. Había querido decir lo que dijo. Se pondría delante de la furgoneta todo el tiempo necesario si eso le daba otra oportunidad.

Su corazón se empezó a acelerar de nuevo, la furia corría por sus venas por lo que le era difícil pensar. Si el destino quería matar a Bella a pesar de sus esfuerzos...

Pero entonces, Alice no se lo había confirmado ¿Verdad? Ella nunca había respondido a su pregunta de una manera u otra, de hecho.

—Está bien —le dijo a su madre—. Déjame tomar una ducha primero.

Esme lo abrazó, desordenándole el cabello cariñosamente. —Bien. Estaré abajo.

Una vez bajo el agua caliente, Edward se tomó el tiempo para analizarlo, usar la cabeza, como Alice se lo había advertido. Tenía que creer que había una manera correcta de pasar este día sin que incluyera la muerte de ninguno de los dos.

Unió las pocas pistas que tenía, recordando cómo Alice le había dicho que nada preventivo iba a funcionar. Se obligó a dejar de lado los planes improvisados acerca de deshabilitar la furgoneta, la furgoneta de Tyler Crowley, o de tratar de convencer a Emmett para recoger a Bella antes de la escuela. Ninguna de esas cosas iba a funcionar porque si no hubiera sido una parte activa de esta segunda oportunidad, no hubiera sabido que Tyler iba a causar un accidente. No podía hacer nada, si no sabía lo que venía.

Edward apoyó su frente contra los azulejos de la ducha, tomando respiraciones largas y profundas. Estaba atrapado entre la ira y la desesperación, odiaba sentirse como un peón en medio de este estúpido juego. Él no era el títere de nadie y estaba resentido porque no podía elegir nada. Le molestaba ser un prisionero en su propia vida.

Por otra parte, estaba lo que había hecho cuando tuvo libre albedrío.

~0~

Nervioso, pero mucho más tranquilo, Edward se las arregló para afrontar la mañana sin volverse loco.

—Yo. Fenómeno —dijo Emmett, pisándole el pie bajo la mesa. Edward lo miró, tirando su pie de debajo del de su hermano. Había estado rebotando la pierna inconscientemente, todo su cuerpo estaba lleno de ansiedad—. ¿Puedes relajarte con el baile de tap?

No fue difícil empezar una pelea con Emmett después de eso. Como había ocurrido la primera vez, Edward pensó, volvía a suceder. Estaba ansioso por ver a Bella con vida y tenía la intención de mantenerla de esa manera. Hasta que Alice le dijera sin una sombra de duda que ella estaba destinada a morir, iba a hacer todo lo posible para asegurarse de que sobreviviera en su segunda oportunidad.

Esta vez, sin embargo, Emmett parecía tener un poquito más de paciencia. Discutía con su hermano, pero no lo amenazaba con echarlo del coche. — ¡Detente! —Edward exigió finalmente, desesperado.

Emmett sólo se burló de él. — ¿Qué? ¿Por qué?

—Lo digo en serio, Em. No quiero ir contigo —insistió Edward. Cuando Emmett no le hizo caso, Edward abrió la puerta del pasajero, mirando a la carretera. No era como si estuvieran yendo muy rápido...

— ¡Mierda! Bien —dijo Emmett deteniéndose—. ¿Por qué demonios estás siendo un bebé?

Sin responder, Edward saltó del jeep, cerrando la puerta detrás de él, buscando a Bella. Emmett se alejó, acelerando el motor más de lo necesario por su irritación. Edward se sintió mal, pero pensó que no sería la última vez que él y su hermano pelearían.

Pasó un minuto más o menos antes que la camioneta de Bella apareciera.

Edward estaba infinitamente agradecido de que no hubiera sido capaz de ver el cuerpo destrozado de Bella mientras yacía en el asfalto. Pero a pesar de eso, el sonido de su grito interrumpido por el crujido del metal se quedaría con él hasta el día de su muerte... la de verdad. Eso no quería decir que no haya podido maginar su cuerpo aplastado y sin vida.

Mientras subía a la camioneta cuando ella se detuvo, lo único en lo que se concentró fue en mantener sus manos quietas. Quería tocarla, asegurarse de que era real. Se alegró solo con la forma en que ella se echó a reír cuando volvió a contarle la historia de la pelea que había tenido con su hermano.

—Siempre quise un hermano mayor —dijo Bella pensativa mientras entraba al estacionamiento.

—Toma el mío —bromeó Edward.

Ella sonrió, mirándolo por el rabillo del ojo. —Mi casa solo tiene dos habitaciones. Paso.

—Hey, ¿por qué no te estacionas allí? —Edward dijo, señalando un lugar que estaba cerca de la escuela y a la vez al frente del estacionamiento donde ocurría el accidente.

Bella frunció el entrecejo. —Porque no quiero.

—Pero está más cerca —presionó Edward.

—Sí, pero me gusta este —respondió Bella, deteniéndose en el temido lugar.

Edward resopló. Por supuesto, ella no podía hacérselo fácil. La chica era terca. Rápidamente, se bajó del camión, patinando un poco mientras sus pies intentaban encontrar el equilibrio en la carretera helada. Se las arregló para mantenerse de pie mientras llegaba a su lado de la camioneta.

—Oh, Dios mío —murmuró Bella, su voz fue baja y llena de emoción mientras miraba a los neumáticos de su camioneta.

Un poco impaciente, Edward tiró de la manga de su chaqueta. — ¿Qué? Vamos. —Era evidente que no le estaba prestando atención porque ella seguía mirando sus neumáticos, con una extraña sonrisa en su rostro—. Bella, ¿qué?

Su voz fue un poco más dura de lo que pretendía por lo que llamó la atención de Bella. Levantó la vista, su rostro se convirtió en una máscara. —No es nada. Lo siento —murmuró avergonzada.

Sintiéndose mal por apresurarla, Edward puso una mano en su brazo con la intención de disculparse.

Pero luego ahí estaba ese terrible sonido chirriante, neumáticos arrastrándose sobre hielo y asfalto.

Estaba fuera de tiempo.

Actuando principalmente por el instinto, Edward agarró a la congelada chica junto a él, arrojándola al suelo. Cayó de espaldas, su mano agarró su brazo arrastrándolo hacia abajo junto con ella. Se escuchó un repugnante thunk cuando su cabeza golpeó el pavimento, pero luego la suya lo golpeó medio segundo después. Un dolor cegador rebotó en su cráneo, haciéndose peor con el sonido de neumáticos chirriando, metal retorcido y cristales rotos. Edward mantuvo los ojos cerrados fuertemente, su mano encontró y apretó la de Bella mientras esperaba la inevitable oscuridad.

Por uno, dos, tres segundos, hubo escalofriante silencio.

Entonces, el caos.

Chicos gritando, sus voces sonaban amortiguada de alguna manera. Oyó las pisadas de muchos pies viniendo en su dirección. Eso sólo podía significar...

Estaba vivo.

Los ojos de Edward se abrieron de golpe y jadeó sorprendido por lo que tenía en frente de él. Estaba de espaldas en el suelo, mirando directamente hacia la parte inferior de un vehículo. Había partes de automóviles a menos de un centímetro de su nariz. — ¡Mierda!

Sus ojos se giraron un poco a la derecha y casi le da un ataque cardiaco cuando vio las ruedas del auto, o furgoneta, adivinó, a poco más de un centímetro de su cara. — ¡Mierda! —gritó de nuevo.

Un gemido bajo atrajo su atención y Edward miró a su izquierda, vio por el rabillo del ojo que Bella estaba mirando fijamente, con los ojos muy abiertos, la misma vista que lo había saludado un momento antes. —Mierda —dijo en un susurro.

—Bella.

Antes de que pudiera preguntarle si se encontraba bien las voces se acercaron.

— ¿Los golpeó? ¿Están muertos?

— ¡No los veo!

— ¡Tyler! ¡Tyler! ¿Estás bien?

— ¡Llama al 911!

— ¿Dónde están Edward y Bella? ¡Estaban ahí!

Edward tiró de la mano de Bella ligeramente, acercándose a ella. — ¡Estamos aquí abajo! —gritó, apretándole la mano. Se dirigió a Bella—. ¿Estás bien? ¿Estás herida?

Sus ojos, un poco asustados, encontraron los de él. —Estoy bien.

Alguien se tiró al suelo, mirando debajo del coche. — ¡Carajo! Están aquí abajo. ¡De una sola pieza!

— ¡Muévete! —Edward oyó la voz de Emmett exigiendo, entonces Emmett estuvo sobre su vientre, mirando debajo del coche—. Mierda. ¡No! ¡Edward, no te muevas! —Edward se congeló al instante, por una vez no quería discutir con su hermano mayor—. Hay vidrios por todas partes. ¿Estás bien?

—Estoy bien. ¿Se puede mover Bella?

—No. No. No, hay cristales alrededor de su cabeza. Sólo... manténganse unidos, ¿de acuerdo? Quédate ahí —ordenó Emmett, poniéndose de pie.

—Es fácil para él decirlo —murmuró Bella—. Hace frío.

Edward se rió. No pudo evitarlo. Sólo un pequeño giro del destino y ambos pudieron ser hamburguesa, pero lo único que ella notaba era el frío. — ¿Estás realmente bien? Creo que te golpeaste la cabeza.

Ella se quedó en silencio. —He tenido peores —dijo con desdén. Pasó un momento—. Yo debí tomar ese espacio que me dijiste —dijo en voz baja, su voz temblaba.

—Está bien —murmuró Edward, acariciando su pulgar sobre sus nudillos—. Estás viva. Es todo lo que importa.

—Me salvaste —susurró.

—Y luego tú me salvaste —contestó.

Antes de que pudieran hablar sobre el asunto, otra voz los interrumpió. — ¿Chicos? —Escucharon la voz del Director Greene—. ¿Cómo están ahí abajo?

—Nos gustaría levantarnos, señor —dijo Bella.

—Sólo manténganse juntos —ordenó—. Estén lo más quietos posible. Vamos a tratar de levantar la camioneta para que puedan salir sin problemas.

Cuando un grupo de profesores y algunos de los estudiantes más grandes, incluyendo a Emmett, fueron capaces de levantar el coche, tanto la ambulancia y un enfadado Charlie llegaron a la escena.

— ¡Bella! —gritó tan pronto como la furgoneta se alejó lo suficiente—. Quédate ahí.

—Estoy bien, papá —insistió Bella.

—Isabella, quédate abajo —dijo con una voz que no dejaba lugar a discusión.

Bella gruñó pero obedeció. Edward hizo todo lo posible para ocultar su sonrisa, pero Bella la vio y lo fulminó con la mirada. Le dedicó una sonrisa torcida, emocionado ahora que el peligro había pasado, trató de levantarse.

—Na-uh. ¿A dónde crees que vas? —Jasper le dijo, apareciendo a su lado junto con Emmett y empujándolo hacia abajo—. Deja que los paramédicos te echen un vistazo antes de que te muevas.

En su mayoría, Edward mantuvo sus ojos en Bella. Obviamente ella estaba odiando cada momento. Todo el mundo los miraba. Pero entonces, sus ojos se movieron hacia arriba, encontrando los suyos, dándole una pequeña sonrisa.

Hasta que los paramédicos lograron ponerle un cuello ortopédico. Bella trató de alejarlos pero fueron persistentes. Edward encontró gracioso su rostro nervioso hasta que le hicieron usar uno también.

—Hey, ¿chicos? —Brett, el paramédico, dijo, mirándolos divertido—. ¿Les importaría soltarse lo suficiente para que podamos llevárnoslos?

Edward y Bella lo miraron confundidos, hasta que señaló entre ellos.

Todavía estaban tomados de la mano.

Se soltaron rápidamente, y no fue solo Bella la que se sonrojó.

~0~

Cuando llegaron al hospital, Carlisle no dejó solo a Edward ni por un minuto. No dejaba de apuntar una luz a sus ojos mientras le hacía preguntas, claramente estaba a punto de entrar en pánico.

— ¡Papá! —Edward finalmente protestó—. Estoy bien. Te lo juro. ¿Puedes por favor quitarme esta estúpida cosa ahora? —dijo, señalando el cuello ortopédico.

Carlisle suspiró, calmándose un poco. —Está bien, pero te vas a hacer una radiografía por ese golpe en la cabeza. Me hace gracia —dijo antes de que Edward pudiera protestar. Sonrió ligeramente—. Sé que eres un adolescente relativamente fácil, por lo que no debería quejarme, pero te agradecería si distanciaras los episodios que me asustan de muerte. Dos veces en un mes es demasiado.

Edward rodó sus ojos, pero sonrió. —Veré lo que puedo hacer.

Como era obvio que él y Bella no estaban en peligro inmediato, los dejaron tranquilos mientras esperaban que la máquina de rayos X esté disponible. Al parecer, Tyler no había logrado salir del accidente tan intacto como ellos estaban.

—Con todos los rayos X que he tenido, los hospitales me va a provocar cáncer antes de que muera de otra manera —Bella suspiró en voz baja.

— ¿Es un hábito ser casi atropellado? —Edward preguntó, un poco más alto de lo que quería.

Bella lo miró e hizo una mueca como si no hubiera querido decir eso en voz alta. —No otros encuentros con coches, a menos que incluya caerse de ellos —dijo vagamente.

Edward resopló. —A decir verdad, estoy un poco sorprendido de que no haya terminado en la sala de emergencia antes —confesó, sin saber muy bien por qué estaba admitiendo eso—. Tropiezo por todas las malditas partes.

— ¿En serio? —preguntó, empezando a sonreír. Eso... eso hizo que su leve vergüenza valiera la pena.

—Sí, y eso me molesta como la mierda. Estaba pensando en conseguir que mis padres me inscribieran en taekwondo o algo así. —Balbuceó—. Ya sabes, ayuda con el equilibrio y los músculos.

Bella lucía divertida. —Creo que eso es yoga. —Señaló.

Edward frunció el ceño. —Sí, pero... taekwondo suena más violento que yoga. —Bella se rió de eso y él estaba tan absorto en lo mucho que le gustaba el sonido por lo que no pensó en las siguientes palabras antes de que salieran de su boca—. Tal vez podrías venir conmigo.

Los ojos de Bella se abrieron, y Edward se encontró a sí mismo luchando contra el impulso de gritar, "¡es broma!" Sus ojos se movieron hacia sus manos, jugando con el borde de la manta antes de que finalmente hablara. —Sí. Tal vez eso sea genial.

Antes de que Edward pudiera reaccionar, la voz del Jefe Swan resonó en el pasillo. Le estaba dando a alguien una buena reprimenda.

— ¡Papá! —Bella gritó irritada. Charlie apareció en la puerta un segundo después—. ¿Quieres parar? Tyler no ha teniendo un gran día que digamos.

Charlie no pareció muy contento al respecto, pero estuvo de acuerdo. Entonces lució claramente nervioso por algo más. —Bella... si todavía estás esperando, tal vez tengas un segundo para llamar a tu madre...

Carlisle apareció detrás de él. —Qué gran coincidencia. Venía para avisarte que tu madre —miró a Edward—, probablemente aparecerá aquí en los próximos dos minutos.

— ¿Llamaste a mamá? —Edward y Bella exclamaron juntos. Se miraron el uno al otro un poco sorprendidos.

Charlie hizo una mueca, Carlisle sólo rodó los ojos. —Eso es solo un tecnicismo porque la habría llamado de todos modos, pero fue Emmett quien la llamó. Estoy seguro de que mantendrás esto entre nosotros, pero se iba a salir de su piel por la culpa. Aparentemente, ¿te echó del Jeep camino a la escuela?

Edward frunció el ceño, estuvo a punto de decirle que él fue quien había exigido que lo dejara salir del Jeep, pero fue interrumpido por la voz extrañamente tranquila de Charlie. —Si él no lo hubiera hecho, Edward no hubiera estado allí para poner a Bella a salvo. Esa furgoneta la habría golpeado.

—Eso es correcto. —Carlisle golpeó el hombro de Charlie—. Considerando todas las cosas, supongo que fue un feliz accidente del destino.

Destino.

Entonces Edward se perdió en sus pensamientos, preguntándose si era así como el día en se suponía que debía ir. No quería pensar en las alternativas, porque si el destino insistía en la muerte de Bella, simplemente no sabía lo que haría, pero dejó una pregunta más interesante.

¿Qué tiene el destino en mente? ¿Y por qué parece centrarse en esta chica?