** EL HUMANO CON TODA Y SU INTELIGENCIA ES TAN VULNERABLE COMO LOS DEMÁS ANIMALES; LA CONDICIÓN QUE SE HA OTORGADO, NO LO EXENTA DE LAS EMOCIONES **
Todos queremos y a todos nos quieren, aunque no siempre es de la forma que deseáramos.
«Ya ha pasado demasiado tiempo. Tengo que actuar de inmediato, él tiene que estar conmigo. Soy el único que lo entiende», se iba diciendo un hombre alto; delgaducho; de cabellos negros y aplastados por demasiado gel; cara alargada y pálida. Que caminaba mirando a todo el mundo desdeñosamente.
Se trataba de Franco Rodríguez. Aquel con quien Kurt estuvo a punto de huir, pero ahora sostener quedaba el recuerdo, algo que para él no le era suficiente.
—Deténgalo por favor —le pidió una mujer, ya que las puertas del elevador se cerraban.
Pero para él fue como si no le hubiesen dicho nada.
«Estúpida. Para la otra deja de tragar donas, a ver si así puedes correr», se burló mentalmente de ella, a la par que sonreía de lado.
A Franco se le podría describir como alguien egoísta, obsesivo, afectividad mal desarrollada, cruel, hipócrita, codicioso y en fin… no era una buena persona. Pero sobre todo se descartaba el lado vengativo que poseía, el cuál en este momento estaba apuntando alarmantemente en dirección a Blaine Anderson.
Ya se había puesto cómodo al llegar a su casa, era alguien a quien le importaba mucho la posición económica. Por ello no es de sorprender que invirtiera enormes cantidades de dinero, ganado con el esfuerzo de la estafa, en lujos.
—Ese maldito estúpido ―dijo entredientes―. Debería buscar en sus expedientes, ningún médico es tan decente y él no será la excepción. Quisiera encerrarlo de por vida —comenzó nuevamente a descargar la ira en ilusas formas de destruir a Blaine.
Se podía decir que no era peligroso, pero tal vez habría que tomarlo en cuenta, y más cuando creía que le habían robado algo que, por el simple hecho de quererlo, era suyo.
—Espera Kurt, pronto estarás conmigo, tu verdadero amor. Y serás mío por toda la vida —comenzó a fantasear como el castaño lo vanagloriaría por haberlo rescatado de aquel infierno.
Y como no podía faltar en todas las fantasías que tenía, la fortuna de Kurt. Eso lo hacía indudablemente más deseable.
• • •
África era algo más realista, pero por decir ello y que se le pueda catalogar como normal, no lo es todo. Nadie que se considere equilibrado se aferraría a un amor que no existe y nunca ha tenido razones para ser.
—Yo sé que él me quiere. Ese beso fue… mejor de lo que soñé. Pero debo ayudarlo a deshacerse de ese maldito estorbo discutía con su amiga mientras tomaban una taza de café con galletas.
—No lo sé Waka —ese era el apodo que se había ganado en referencia a su nombre y una canción sobre el mundial de fútbol que se había llevado en Sudáfrica—. No suena a que él esté interesado.
África golpeó la mesilla, de la sala se estar, al dejar la taza con mayor fuerza de la necesaria.
—¿Cómo puedes decir eso? Es obvio que nacismo para estar juntos —siempre le tenía que repetir lo mismo a su amiga, ya que ella veía las cosas desde un punto que chocaba con la visión de África—. El que tú no hayas sabido pelear por Joaquín, no quiere decir que yo haré lo mismo, quiero a Blaine y será mío —soltó ácidamente.
—A lo que tú llamas falta de valor, yo lo llamo sensatez. Él no me quería como yo, únicamente me veía como amiga. Y eso es algo de lo que no quieres darte cuenta, Blaine es gay y nunca va quererte como mujer —respondió a la defensiva.
—Eso es porque no ha encontrado a la mujer indicada, pero yo lo haré cambiar. Sé que él teme que yo no lo quiera por creer que es gay, y por eso no me confiesa el gran amor que tiene por mí —ahora no atacó, no se sentía de ánimos para discutir, simplemente se puso de pie—. Bueno, diría que fue un placer, pero… me tengo que ir —dijo dejando la taza medio llena de café y comenzó a dirigirse hacia la salida.
Su amiga la había seguido hasta la puerta.
—Nos vemos —se despidió dándole un beso en la mejilla.
—Tan sólo espero que te des cuenta de que…
—Otro día. Hasta luego Diana —la interrumpió y se fue.
«Sé que me tiene envidia porque yo voy a conseguir el amor de Blaine. Pobre, se quedó sola por falta de esfuerzos, eso no me pasará a mí, estaré con mi amor no importa lo que tenga que hacer», se alentaba mientras se dirigía a la parada del trasporte público.
Simplemente bastó con que subiese al colectivo para reafirmar su postura. Al momento de subir, todos los hombres se voltearon a verla, con miradas curiosas, obscenas y gestos vulgares. Y no podía ser de otra forma con la ropa que llevaba: una minifalda de mezclilla deslavada, una ombliguera con un enorme escote y bien maquillada, pero en ningún momento caía en lo vulgar, siempre conservaba el porte y la elegancia.
«Si esta bola de salvajes incultos notan mi belleza, ¿Cómo va a ser posible que alguien tan culto como Blaine no lo haga?».
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Morder, masticar y tragar, eso era lo que había estado haciendo Blaine desde que habían terminado de cenar.
«Esta es la prueba de que si él hubiese querido aprender a ser más hacendoso, lo hubiese logrado», se alegraba Ever. «Aunque cada cosa inusual que hace, lo aleja más del Kurt que conocí y eso reduce la posibilidad de que volvamos a estar juntos como antes», y al mismo tiempo se entristecía.
Estaba a punto de comerse el último panque, pero prefirió ir por un vaso de leche a la cocina.
Salió al pasillo y cuando pasaba frente a la puerta de la habitación de Kurt, se detuvo.
«¿Estará dormido?», pegó cuidadosamente el oído a la puerta y no logró escuchar nada. «Debe estar dormido. Podría entrar a verlo dormir», la repentina idea le cruzó la mente y posó su mano sobre la perilla.
La respiración se le acompasó, sintió como una corriente recorría cada una de sus terminaciones nerviosas, desde los pies hasta la cabeza. Cogió con más fuerza el perno, haciendo que se tensara.
«Pero ¿si está despierto? Tendría que explicárselo ¿Qué le diría?», se imaginó entrar y ver el desconcierto de Kurt, esos ojos azules mirándolo acusadoramente.
Focalizó su vista en la mano que sujetaba el perno y de inmediato aflojó el agarré y la retiró, como si le quemara. Y con paso forzado se dirigió a la cocina.
Tomó aire profundamente y sintió que la razón volvía a su cabeza. Sacó un vaso de la repisa, lo colocó sobre la mesa, fue por la leche al frigorífico y la vertió hasta que casi se derramaba del vaso.
Y la bebió rápidamente, aunque para él haya sido un proceso lento, que le dio el espacio de clarificar aún más sus ideas.
—No. Yo no puedo hacer esto, él debe tomar sus propias decisiones —concluyó, colocó el vaso en la tarja y se fue al dormitorio.
Ya resguardado bajo las mantas, sin poder conciliar el sueño. Le vino a la mente las reacciones que había imaginado Kurt tendría en relación al beso con África.
—No pudimos hablar de ello. Y creo que en verdad no quiero saber qué es lo que piensa —se dijo con una apagada sonrisa—. Si no vuelve a ser el de antes… me conformaré con ser su amigo, con tenerlo cerca de mí —concluyó cerrando fuertemente los ojos, por los cuales salieron unas cuantas lagrimas que lo encaminaron al alivio del descanso.
• • •
Dentro de su habitación, y recostado con la luz apagada, pero no totalmente a oscuras, Kurt sacó el cuadernillo y el bolígrafo, preparado para escribir.
Cuando escuchó que alguien se detenía justo afuera de la puerta. Vio que el perno se tensaba. Y luego, cuando esperaba que alguien entrara, nada paso.
«Deben ser alucinaciones, por el "problema" que tengo con las puertas», pensó con humor y comenzó a escribir:
Hoy definitivamente fue un día totalmente extraño. Ir al consultorio con Blaine fue algo nuevo, diferente, al principio me sentía temeroso de salir, pero él me dio la confianza para hacerlo.
En su consultorio descubrí que es una persona muy buena, todos lo quieren; además de estar más que preparado para desempeñar su trabajo. Eso me confirma que es una muy buena persona y me hace feliz saber que es mi amigo.
Claro que no todo fue "miel sobre hojuelas" ya que nuevamente cometí una imprudencia al entrar en el consultorio sin tocar y lo vi besándose con África, su secretaria. Eso me hizo sentir algo… que no sé cómo nombrar, eran unas ganas de venganza, un odio, rencor. Y creo que me quedaré con la duda, ya que no considero conveniente preguntarle a Blaine sobre ello. Creo que es algo relacionado con lo que vi, quizás tenga que ver con África…
Bueno a parte de eso y también relacionado. Descubrí una forma de ayudar en el departamento, como un modo de disculpa hice unos panques y supe que puedo cocinar, eso le quitaría una tarea a Blaine y me agrada el sentirme útil.
Antes me daba mucha incertidumbre no saber quién era, pero ahora creo que ya no lo deseo. Quien soy, puedo ser y con quienes estoy, es algo que me agrada.
Abdiel.
Cerró el cuaderno, dejándolo encima del buró. Se cubrió con las mantas y sin ser totalmente consciente de ello, su último pensamiento fue: Blaine.
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