Capítulo 11

The reason

Habían pasado varios segundos en silencio. Luthor solo sintió que las cuerdas alrededor de su cuerpo se aflojaban, pero concluyó que aquello podía ser creado por su mente. Quizás estaba pronta a morir y su cuerpo había decidido bloquear el dolor. Era probable que estuviese entrando en una especie de alucinación

Alguien jaló su cuerpo con fuerza y sus piernas se movieron hacia adelante por inercia. Estaba a punto de abrir los ojos cuando sintió unos brazos a su alrededor y caricias en su cabello. Las lágrimas comenzaron a bajar con más rapidez por sus mejillas. Por un instante pensó que quizás había muerto, pero reconoció el aroma de Arias y suspiró aliviada.

-No puedo creer que esté haciendo esto; debería estar golpeándote.- murmuró Samantha y Lena soltó una risa. Para ese momento la pelinegra no sabía si quería seguir llorando o solo colapsar en el suelo.

-Pensé que ibas a...

-Solo dime que todo tiene una explicación, por favor.- pidió Arias y Luthor sintió como la castaña estaba limpiando el mercurio de sus nudillos con manos temblorosas.

-No soy el topo, Sam. - repitió la pelinegra y Samantha suspiró abrazándola más fuerte.

-Te creo, bebé, te creo. Estás a salvo.- susurró la castaña y Lena se aferró a ella ignorando que aun quedaba algo de mercurio molestando sutilmente sus nudillos.

La ojiverde tenía demasiados sentimientos encontrados. En esos momentos aferrarse a la castaña parecía ser lo más correcto. Quizás esta había estado a un paso de asesinarla, pero era Sam, la mujer era como su segunda madre. Una segunda madre abusadora y un poco siniestra pero...una madre después de todo.

-Oh Rao...agradecería que saques tus manos de mi novia.- habló una voz a espaldas de ambas.

Ambas mujeres dieron un salto alejándose ante la voz de la recién llegada. Arias sacó su espada amenazando con ella a la rubia que vestía pantalones y suéter negro con una capa azul. Lena suspiró aliviada al ver a Kara, pero cuando iba hacia la ojiazul Sam colocó una mano delelante de ella obligándole a permanecer lejos.

-¿Quién es ella?- cuestionó Samantha con desconfianza. Luthor estaba por responder cuando la princesa menor de Kripton le interrumpió.

-Su novia, futura esposa y madre, quizás padre, de sus trillizos.- respondió la rubia con ceño fruncido.

La pelinegra le miró sin saber si debía añadir algo a aquella presentación. Arias se había quedado inmóvil y luego de procesar lo escuchado bajó la espada. La castaña se giró hacia la ojiverde. Sus ojos cargados de confusión y preguntas.

-¿Te metiste con una kriptoniana?- cuestionó Samantha y Luthor casi podía verla arrepintiéndose de haberle perdonado la vida. Ser novia del enemigo era igual una traición.

-No, ella es mutante.- explicó Lena. No estaba mintiendo del todo. La rubia delante de ellas era ambas cosas. Kriptoniana, pero mutante. De cierta forma Luthor no había roto completamente las reglas de su pueblo.

-Kara Zor El.- se presentó la princesa dejando salir una sonrisa amable mientras extendía una de sus manos.

Arias miró la mano ofrecida como si fuese la de un espécimen raro. Lena miró a la rubia y negó con el gesto para que la princesa retirase aquella mano. Sam no parecía estar muy contenta con lo que estaba escuchando.

-¿La maldita hija del rey, Lena? ¿Tú estás loca?- preguntó Samantha ignorando a la ojiazul para enfocar su enojo en la pelinegra que con su túnica limpiaba sutilmente sus nudillos.

-Es una larga historia. Kara me dio el amuleto que ustedes encontraron, fue un regalo. - murmuró Luthor.

- Así que es tu culpa que casi quemáramos a Lena.- acusó Sam mirando a la kriptoniana como si fuese la causante de todos sus males.

-Espera ¿quemarla? ¿Ibas a quemar a mi novia?- preguntó Kara avanzando hacia Samantha con rostro cargado de enojo. Lena se metió en medio para impedir que aquella conversación derivase en una pelea.

-Estoy bien, cariño. Mírame.- le pidió la pelinegra sujetando el rostro de Kara. La rubia le miró a los ojos antes de abrazarla fuerte. Luthor le acarició la espalda.

-Sabía que era un grave error que te fueras.- susurró Zor El

-En realidad es una suerte que saliese del palacio. Ahora mismo deben estar por atacarlo.- comentó Samantha.

-Hay que llegar al palacio.- anunció Kara, pero Lena le sujetó del brazo.

-Kara, si ya estan atacando no hay mucho...

-¡Es una trampa, Lena! Mi gente los esta esperando en el área subterránea. - admitió la rubia y el agarre de Luthor se hizo débil.

-¿Cómo que es una trampa?- cuestionó Arias, la preocupación y el enojo evidente en su rostro.

-Teníamos a un hombre metido entre ustedes. El plan siempre fue que hoy les trajese hasta el área subterránea. Los capturaríamos ahí. - explicó la kriptoniana.

-Van a matarlos a todos, hay que detenerles.- anunció Samantha, pero Lena le sujetó del brazo impidiendo que comenzase a correr en dirección al otro bosque.

-No podrás llegar a tiempo...- susurró Luthor.

-Puedo hacer algo por detenerlo. Si logramos llegar al palacio puedo hablar con mi padre. - habló la kriptoniana.

-¿Hablar sobre qué? ¿Decirle que nos perdone la vida? ¿No tendrías que haberlo hecho antes?- preguntó Samantha enojada.

-¡Estaba pensando en Lena! ¡Solo quería encontrarla! - respondió la rubia dando un paso hacia Sam.

Luthor permaneció entre ambas. Su cuerpo era la única separación entre las enojadas mujeres que se miraban con coraje una a la otra. Luthor entendía a Sam, pero también comprendía la preocupación de la kriptoniana. En el lugar de la ojiazul, probablemente Lena hubiese también pensado en encontrarle primero y luego en solucionar el resto.

-Kara no creo que tu padre te escuché.- susurró la pelinegra, de cierta forma se inclinaba más hacia la idea de permanecer en el bosque.

-Voy a decirle que soy como ustedes, Lena. Entonces me escuchará.- respondió la rubia sujetando las manos de la ojiverde y mirándole a los ojos.

-¿Le dirás? Te odiará, Kara.- susurró la ojiverde subiendo sus manos al rostro de la pelirrubia. La kriptoniana cerró los ojos y suspiró.

Samantha las miraba, pero pronto pareció sentirse un poco incómoda y les dio la espalda alejándose varios metros. Lena acarició las mejillas de Zor-El mientras esta tenia sus ojos cerrados. La pelinegra esperó pacientemente a que la rubia abriese sus ojos y en estos vio el miedo, y la determinación ante su decisión.

-Quizás me odie, pero...no puedo permitir que siga matando inocentes. Lena, tengo tanto miedo de perderte. Quiero estar contigo y sé que acabar con esta guerra es el inicio de ello.- habló Kara apoyando su frente de la de Luthor.

La pelinegra se acercó un poco mas, la distancia entre sus cuerpos desapareciendo por completo. Luthor le dio a la ojiazul un beso suave y corto que Kara no tardó en responder. Permanecieron en silencio durante algunos segundos, respirando el mismo aire.

Habían palabras y sentimientos aun no expuestos, pero todo era tan real y profundo que no hacían falta palabras. Todo el miedo y la tensión que Lena había estado experimentado desde que abandonó el palacio comenzó a menguar. Bastaba la presencia de Kara para hacer surgir la calma en su desesperante tormenta.

Estaban disfrutando ese instante de paz cuando un rayo atravesó los árboles. Ambas mujeres se separaron y Samantha sacó su espada poniéndose alerta de inmediato. Estaban todas preparadas para defenderse. Pero entre los arboles salieron varios de los hombres del reino. En el furor de su enojo todos fallaron en reconocer a Kara.

-No queremos pelear.- habló la kriptoniana levantando sus manos, Lena recordó dicho por la rubia. La nueva ley real dictaba que todo mutante que no pusiese resistencia debía ser llevado frente al rey.

El cazador que dirigía el grupo debía saber aquello, porque miró con el ceño fruncido a la rubia. Lena pensó que reconocería a la princesa aun sin su traje real, pero no era así. El hombre no parecía tener la minima idea de quien estaba delante suyo.

Sam miró a los cazadores con desconfianza. Su mano sujetaba firmemente la empuñadura de su arma. Los hombres estaban fijos en ella, esperando que bajase el arma o que decidiese defenderse. Luego de un tenso momento de silencio Arias lanzó su espada al suelo pensando que había luchado tanto para morir en manos de un montón de cazadores poco expertos.

Le colocaron esposas en las manos a todas. Lena gimió de dolor cuando uno de los cazadores la empujó con la empuñadura de su espada para que caminase. De inmediato Kara intentó defenderla pero fue empujada lejos de ella.

El camino era arrenoso y estaba húmedo. Los cazadores hablaban del ataque al palacio, lo cual les garantizaba que ya todo había ocurrido. Lena lo único que deseaba era que estuviesen a tiempo. Que tuviesen la oportunidad de hablar con el rey. A medio camino los cazadores les colocaron algo en la cabeza para que no pudiesen ver.

Ante la falta de visión, los sentidos de Luthor se multiplicaron. Su cuerpo estaba tenso y casi podía escuchar los gruñidos de Samantha. Intentaba descubrir donde se encontraba Kara, pero era difícil hallarla en medio de los ruidos y las pisadas.

El cambio en el tipo de suelo fue lo único que hizo que Luthor supiese que habían abandonado el bosque. Era mucho mas sencillo caminar cuando los árboles y las ramas no les obligaban a tomar curvas a tropezarse. A medida que avanzaban el calor aumentaba al igual que los ruidos. La pelinegra supuso que debían estar atravesando ya el pueblo.

La ojiverde deseó sujetar la mano de Kara. Decirle a la kriptoniana que todo estaría bien, que ella le quería y le apoyaría hasta su último aliento. Deseaba abrazarla fuerte y que las divisiones que tanto hacían que sus pueblos se odiasen desaparecieran.

Apesar de tener calor y estar un poco asustada, Lena sabía que su ojiazul la protegería de todos. El solo pensamiento de que la princesa estaba ahí la llenaba de confianza y tranquilidad. Kara no permitiría que le hiciesen daño: no había porque temer.

Luthor estaba segura de una cosa en esos momentos: El rey amaba a su hija. No había forma alguna de que Zod-El asesinase a Kara, y eso les daría una ventaja. El mismo rey se vería obligado a cambiar sus leyes por amor a su hija. Aun asi, una pequeña sección en la cabeza de la pelinegra le hacia pensar que el odio por los mutantes quizas iba mas allá del amor de padre, pero la ojiverde intentó ignorar ese pensamiento.

-Tenemos mutantes para que el rey decida su destino.- habló uno de los cazadores.

Estaban en el palacio. Lena sintió un nudo en su estómago mientras las llevaban por los pasillo seguramente al trono del rey. Su cuerpo está tenso y sentía el calor recorriendo su cuerpo. Alguien la empujó con fuerza al tiempo que le sacaba lo que le impedía ver. Lutjor cayó de rodillas a pocos metros del trono.

-¡Que broma es esta! ¿Como se atreven a tratar a si a la princesa de kripton?- el primero en hablar había sido Kal-El y no el rey.

Lexa los miró desde el suelo. El rey estaba sentado, con rostro mostrando una expresión cargada de enojo y a su lado derecho estaba el primo de la princesa. Tres guardias reales se acercaron de inmediato, obligando a los cazadores a retroceder mientras otro desataba a Kara.

-Ella andaba con mutantes.- habló uno de los cazadores intentando reparar el error cometido.

Los ojos del rey se abrieron desorbitadamente. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando mis ojos se encontraron con la azul mirada del padre de Kara. Él se puso de pie. Kara se acercó unos pasos antes de caer de rodillas delante del: su rostro inclinado hacia el suelo en señal de reverencia.

-¿Trajiste a una mutante a mi casa? ¿La hiciste comer conmigo? ¿Vivir bajo mi techo?- preguntó Zor-El, su voz estaba cargada de coraje.

Kara levantó el rostro, su padre la mirada de pie, lleno de enojo y decepción. La princesa asintió y su padre le pegó una cachetada con fuerza. Lena se levantó de golpe, aun con las manos inmovilizadas. Pero uno de los guardias le empujó de vuelta al suelo.

-¿Te atreves a pararte delante de mi, luego de haber estado acostándote bajo mi techo con esa abominación?- gritó el rey sujetando el cabello de la princesa.

-¡Kara no tiene la culpa!- gritó Luthor, pero solo recibió un golpe en el estómago de parte de un guardia.

-Mas respeto delante del rey.- le indicó el hombre.

-Padre, no... que no la lastimen. - suplicó Kara.

Estando en el suelo, con un horrible dolor por el golpe, Luthor podía captar el desespero en la voz de la princesa. Podía imaginar sus ojos cargados de súplica y lágrimas. Sintió miedo, pero no por su vida sino por la de Kara.

-¡Si querías una ramera me la podías haber pedido! Hay mejores que ella en el reino.- habló Zor-El con enojo.

-¡No hay ninguna como ella! ¡Es mi mitad padre!- gritó la rubia

El salón quedó en total silencio. Lena escupió un poco de sangre al tiempo que levantaba el rostro hacía Kara. Su rubia estaba llorando, pero seguía con el rostro levantado hacia Zor-El. Se veía tan rota y frágil en ese momento. Como si clamase piedad con cada fibra de su ser. Las garras salieron de las manos de la pelinegra al ver a su novia tan herida.

-¿Tu mitad?

-¡Sabes a lo que me refiero! ¡Yo también soy mutante padre! ¡También soy una abominación!- gritó la rubia y para probar su punto se escapó con facilidad del agarre del rey y de sus ojos salió un rayo que golpeo la pared del fondo.

El rey retrocedió un paso. Luthor esperaba ver asco y odio en el rostro de aquel hombre que con tantas fuerzas menospreciaba a los que eran diferentes a él. Pero el semblante de Zor-El solo mostraba dolor y culpa. Había algo oculto en aquel rostro. Lena supo de inmediato que, eso que el rey escondía, era precisamente el motivo por el cual odiaba tanto a los mutantes.

-¿Por qué no lo seguiste ocultando?- preguntó Zor-El mirando con dolor a la princesa.

-Tio...- interrumpió Kal-El, había estado inmóvil en todo momento. Pero en esos instantes había bajado el pequeño escalón que separaba el suelo del trono del rey y se estaba colocando junto a su prima.

-¿Kal...

-Yo también soy como Kara, tío.- admitió Kal-El apretando el hombro de su prima. La ojiazul lo miró con agradecimiento ante el apoyo que le estaba brindando.

-Padre, entiendo que me odie...

-No te odio, Kara. Por Rao, eres mi hija. Alex y tu son lo único que me queda de...de tu madre.- susurró Zor-El girándose.

El silencio estaba cargado de tensión. Para ese entonces, Lena ya no estaba segura sobre que pasaría mas adelante. Pronto el rey estaba ordenando a los guardias y cazadores que abandonasen en lugar.

-¿Y las mutantes? ¿Las llevamos al calabozo con los demás?- preguntó uno de los guardias antes de que abandonasen el salón del trono.

-¡No...- comenzó a decir Kara, pero guardó silencio de inmediato y bajó el rostro.

Su padre la miró y luego suspiró diciendo que podían dejar a ambas mutantes donde estaban. Era difícil descubrir cuales serian las siguientes acciones que cada persona en la habitación tomaría. El silencio en la sala era aun peor que los gritos que habían estado intercambiando minutos atrás. El rey se había servido una copa y se acomodó en su trono a mirar a los dos primos que estaban uno junto al otro.

-La sangre mutante siempre ha corrido en la sagre El...- fue lo primero que dijo Zor-El

-¿Por que entonces...

-Déjame hablar Kara.- le interrumpió su padre.

Todo volvió a quedar en un incómodo silencio. Todos los ojos, a excepción de los de Samantha estaban en el rey. Una parte de Lena sentía curiosidad sobre la historia del padre de Kara, la otra parte solo quería ir a rescatar a su gente. Pero el rey no tenía prisa y pensaba contar toda la historia en ese preciso instante.

-Luego de varias generaciones pensamos que habíamos superado esa etapa. No nacieron mas El con...habilidades especiales. En un inicio yo no odiaba a los mutantes. Pero tu madre...ella tenía una mutación genética que...la llevó a morir. Yo Kara, Kal...nunca quise hacerlos sentir como si fuesen... cosas anormales y horribles. Si hubiese sabido...

-¿Todo esto es por...

-Desde la muerte de tu madre...me sentí tan enojado. Quise salvarla pero no podía defendarla de algo que era parte de ella. Decidí que exterminar a todo el que tuviese esa condición sería lo más sencillo.- admitió el rey ante la sorprendida mirada de los dos kriptonianos delante de él.

-Padre...este odio desmedido es irracional y egoista. - habló Kara.

-¿Por que no...

-Tenía miedo, padre. Miedo de que me odiaras tanto como odias a todos los mutantes. - interrumpió la rubia y bajó la mirada.

El rey se puso de pie dejando la copa olvidada. A cada paso que daba parecía despojarse de los prejuicios que lo separaban de su hija. Ante la sorprendida mirada de Arias y Lena, Zor-El envolvió a la rubia entre sus brazos. Besó su frente y acarició su espalda.

-Siempre serás mi hija, Kara. No importa si te gustan las mujeres, si odias ir a las reuniones reales, si te quedas a dormir en el ala del palacio que pertenece a la servidumbre...o si eres una mutante...siempre serás mi hija.- le aseguró el rey besando su frente nuevamente.

Kara sollozó. Un llanto claro y desgarrador que sacudió el alma de Luthor. Era como si la kriptoniana hubiese estado conteniendo el llanto por mucho tiempo. Como un grito de alivio luego de estar preparada para el desprecio y odio de una de las personas mas importantes de su vida.

-Padre grac...

-shh, no tienes nada que agradecer, Kara. Quizás...llevé mi coraje demasiado lejos. Pero ahora mismo debemos actuar con precaución. Mucha gente no aceptará que simplemente liberé a los mutantes. Mañana reuniremos a todo el pueblo ofreciéndoles un tratado de paz a aquellos que hemos considerado nuestros enemigos por tanto tiempo.- ofreció Zor-El

-Los cazadores intentarán desatar una rebelión.- comentó Kal-El.

-Estaremos listos para ello.- sentenció Zor-El.

-Debo hablar con el ejército y prepararlo entonces.- sentenció Kal-El.

-Padre los mutantes...- comenzó a decir Kara.

-Están en las mazmorras. Algunos...pusieron resistencia y fueron asesinados. La mayoría se rindió y simplemente los aprisionamos.- relató el rey.

Lena desde su posición podía ver el coraje de Arias. Claro que habían imaginado que aquello había pasado, pero confírmalo era doloroso. Aun cuando el rey fuese a ofrecer paz, el daño había sido hecho.

-Las mutantes serán llevadas a la celda. Mañana serán puestas en libertad con el resto si aceptan nuestras condiciones de paz.- habló Zor-El sacando a Luthor de sus pensamientos.

Los ojos verdes de Lena conectaron con los de Kara ante las palabras del rey. Las cosas podrían ser peores así que la pelinegra no pensaba quejarse. No estaban en posición de poner peros. Los mutantes estaban ya en el extremo de aceptar cualquier trato, por miserable que fuese.

-Padre, permita que me haga cargo de Lena.- pidió la princesa.

Hubo un largo momento de silencio luego de las palabras de la joven kriptoniana. Luthor no esperaba una buena respuesta ante aquella petición. La mirada de la ojiverde permaneció en la de Kara varios segundos, luego se dirigió hacia el rey. Esperaba encontrar un semblante enojado, pero para su sorpresa, Zor-El parecía meditar la petición de la rubia.

-Kal El, lleva a la castaña. - ordenó el rey señalando con el gesto a Samantha.

Arias se tensó, Luthor pudo leer la preocupación en sus ojos cuando el primo de la princesa se acercó a ella. Lena estaba nerviosa al sentir la mirada del rey. Pronto, los únicos en el salón eran la pelinegra, Kara y el padre de la rubia.

El silencio era incómodo, cargado de una tensión evidente y tangible. Kara estaba delante de su padre, los hombros tensados y la cabeza inclinada en señal de respeto. Zor-El estaba también de pie, pero sus ojos no estaban en su hija sino en la pelinegra.

-Te recibí con los brazos abiertos, joven Lena.- habló Zor El pasando junto a su hija.

Kara le siguió con la mirada. Luthor levantó la barbilla aún de rodillas sobre el duro suelo. Sus rodillas dolían al igual que su espalda, pero no estaba dispuesta a romper el contacto visual con el padre de su novia.

-Lamento haber entrado a su casa con engaños, su majestad.- susurró Luthor con gesto impenetrable.

-¿Conoces las leyes de Kripton, joven Lena?- preguntó el rey.

-Algunas.- susurró la ojiverde.

-Padre, ella no es culpable...

-Silencio, Kara. Para cortejar a la princesa es necesario no solo mi aprobación sino pasar la prueba de las tres lunas sin verse. No solo haz mentido en mi rostro sino que haz ignorado nuestras tradiciones.- le regañó Zor-El con el ceño fruncido.

-Lo lamen...

-Espero que al menos hallas respetado a mi hija.- le interrumpió el rey.

-Claro que sí, señor. - respondió de inmediato Luthor.

-¿No has intimado con ella entonces? Tenemos métodos para comprobarlo.- amenazó el rey.

-Yo... ¿que? ¿Métodos? - comenzó a murmurar Lena mirando hacia Kara, pero la rubia miraba al suelo directamente.

-¿Conoces la condena por robar la virtud de una de las princesas de Kripton? - cuestionó Zor-El

-Yo no he robado nada. - habló con rapidez la pelinegra.

-¿Estás segura, joven? Mentirme dos veces sería imperdonable.- advirtió el rey

-Literalmente hablando...no la he robado...- murmuró Lena sintiendo el sonrojo comenzar a subir por su cuello con rapidez.

-Padre deja de asustar a Lena.- suplicó Kara, Luthor desvió la mirada hacia ella y se relajó al ver a la princesa sonriendo.

-Bueno...al menos espero que pretendas casarte con mi hija cuando todo esto se arregle.- advirtió Zor-El sujetando a Luthor del brazo para que se levantase.

-Sería un honor, su majestad.- respondió la pelinegra.

-Vayan a decansar, mañana sería un día complicado. Debemos prepararnos para lo peor.- aconsejó el rey.

Kara se acercó de inmediato a Lena. Luthor suspiró aliviada al sentir los brazos de la kriptoniana alrededor de su cuerpo. Sintió los rosados y cálidos labios sobre su frente. Se sintió nuevamente segura. En el fondo sabía que las cosas comenzarían a mejorar desde ese momento. Lena estaba segura de que muchos se revelarían contra el reino cuando Zor-El anunciase que planeaba un tratado de paz. Muchos odiaban de forma genuina a los mutantes, y su único plan de vida era exterminarlos.

Con un suave tirón la kriptoniana rompió las esposas que mantenían a Luthor aprisionada. Los brazos de la pelinegra viajaron de inmediato hacía la princesa, pasando sobre los hombros de esta mientras Lena escondía su rostro en su pecho. Kara le acarició la espalda con suavidad y besó su cabello.

-Estaremos juntas en esto.- susurró la kriptoniana.

-Gracias Kara.- murmuró Lena.

Los pasillos estaban vacíos en su mayoría. Algunas personas de servicio se encontraron con la princesa y Luthor mientras estas caminaban. Los de servicio saludaban con sonrisas a ambas. Muchos habían desarrollado un auténtico aprecio por la pelinegra; la kriptoniana se emocionaba cuando los veía sonreírle a la ojiverde.

-Winn terminó el traje. ¿Quieres verlo?- preguntó Kara mientras caminaban.

Lena tenía la cabeza en su gente. No se sentía muy bien estar caminando libre mientras aquellos que habían luchado a su lado por años estaban en un calabozo. Pero ellos estaban con vida y no había nada que pudiese hacer además de esperar. Saber que el rey estaba cediendo a su odio, y planeaba ofrecerles un tratado de paz le brindaba algo de tranquilidad.

-Claro.- susurró Luthor entrelazando sus manos con Kara y dejándose dirigir por ella.

Lena la miraba sintiéndose la mujer mas afortunada del mundo. Kara Zor-El se había convertido en una persona importante en su vida. Ella se deleitaba en su presencia, en su sonrisa, en sus ojos cargados de vida y alegría

Cuando estuvieron delante del rey, y la rubia se mostró tan rota y frágil, Luthor solo deseó abrazarla y protegerla. Lena cada día amaba un poco mas a Kara. Se sentía emocionada al imaginar un mundo donde hubiese tranquilidad, donde estuviesen en paz. Y ahora que el rey parecía dispuesto a aceptar a los mutantes, ese mundo comenzaba a parecer posible.

Llegaron al laboratorio sin que la ojiverde fuese consciente. Las luces y el equipo parecían estar encendido. Con un suave ruido el panel central mostró sus luces de colores indicando que podía ser utilizado. Lena observó el suelo plateado, las paredes, los detalles en azul y rojo.

Recordaba la primera vez que puso sus pies en aquel lugar. Sus ojos vagaron hacia el traje a prueba de kriptonita dentro de una capsula y luego hacia la nave que estaba del otro lado de un cristal polarizado. La kriptoniana a su lado le sujetó la mano y le arrastró para que le siguiese. Lena la agarró con fuerza, amando el calor que emanaba de aquella mano que era apenas un poco más grande que la suya propia. La princesa le miró con una sonrisa que Luthor le devolvió.

Se soltaron cuando estuvieron delante de un panel, la kriptoniana golpeó varios botones mientras la pelinegra le miraba. Lena amaba ver el rostro de concentración de Kara; ver como sus dedos se desplazaba con facilidad y rapidez por el enorme panel.

La cápsula que contenía el traje se abrió y Kara fue a tomarlo. Luthor la siguió, primero con la mirada, sus ojos siguiendo el movimiento de la retaguardia de la rubia. Con una sonrisa, Lena caminó tras la princesa. Cuando la kriptoniana sujetó el traje, la pelinegra le rodeó con sus manos por la cintura.

-Lena...- susurró Kara girando el rostro, la ojiverde escondió su rostro en el cabello rubio. Disfrutando del suave aroma.

-Puedo desvestirte.- pidió la ojiverde. La rubia tembló entre los brazos de Luthor y la pelinegra sonrió.

-Pensé...

-Para que te pruebes el traje...- explicó Lena.

Kara giró sobre sus pies con una sonrisa antes de colocar el traje en el suelo. Lena la observó en silencio, sus ojos bebiendo la imagen de la rubia. Algo se incendiaba en el corazón de ambas, un deseo por confirmar de toda forma posible que la otra estaba bien.

-Desnúdeme...señora de Zor-El...- pidió Kara.

La intensidad de su mirada logró que una corriente recorriese el cuerpo de la pelinegra. Las manos de la ojiverde fueron de inmediato al suéter de la princesa. Sus dedos comenzaron a subir la prenda con calma, acariciando el bajo vientre de la rubia.

-Señora Zor-El...usted me gusta mucho.- susurró Lena y la rubia sonrió.

Pronto la camisa estaba en el suelo. Luthor sostuvo la respiración durante varios segundos al contemplar el vientre firme, ligeramente marcado. Su mirada subió hasta los pechos, perfectos para sus manos, resguardados tras un sujetador rosa con muy poco relleno.

La princesa solo observaba, sus ojos azules fijos en las acciones de Luthor. Las ávidas manos de la ojiverde pronto estaban en los botones del pantalón de Kara. Los abrió con cuidado, tocando la piel del vientre de la kriptoniana con la yema de sus dedo. Bajó la cremallera del pantalón y pronto este estaba tocando el suelo.

-¿Me pongo el traje o...

-Sabes...debido a la tela que utilizamos, el traje a prueba de kriptonta queda mejor si quitamos esto.- susurró Lena trazando con sus dedos el borde del sujetador.

-¿No es una excusa para ver mis gemelas?- preguntó Kara levantando una de sus cejas. Luthor sonrió al ver a la otra intentar imitar aquel gesto que le caracterizaba a ella.

-No necesito una excusa para querer verlas, princesa...- susurró Lena pegándose a la kriptoniana.

Sus bocas se encontraron en un beso hambriento. La lengua de Lena entró en la boca de la rubia y la princesa gimió llevando sus manos a las caderas de Luthor. Las manos de la pelinegra fueron al broche del sujetador mientras su boca seguía sacando dulces jadeos de la ojiazul.

-Lena quizás no deberíamos...- susurró la rubia tomando profundas respiraciones.

-No deberíamos...pero...necesito olvidar todo por un momento Kara. - murmuró la pelinegra dejando caer el sujetador de la kriptoniana.

-Por Rao, bésame.- pidió Zor-El tirando de Luthor para volver a besarla. Chupando la punta de su lengua y recorriendo la cavidad de Lena cuando esta le dió permiso. Kara amaba ponerse en las manos de la otra, pero en ese instante simplemente deseó tomar. Tomar todo lo que la ojiverde quisiese darle.

-Bendito Rao...- susurró Lena separándose para mirar la piel expuesta.

Kara respiraba profundamente. Con cada respiración, su pecho subía y bajaba. Los ojos de Luthor pronto se detuvieron en los pechos de la pelirrubia. Lamió sus labios a la vista de los rosados y erectos pezones que orgullosamente se alzaban en busca de atención.

-¡Lena! No me mires así.- pidió la kriptoniana, sus manos subieron para cubrir su pecho, pero Luthor le sujetó antes de que lograse hacerlo.

-No...ahora mismo son mías...no las cubras.- susurró Lena con ojos dilatados antes de inclinarse y lamer un capullo.

Las manos de la princesa subieron al cabello de Luthor. La pelinegra podía sentir las fuertes manos sujetando su cabello, incitándole a continuar. Pronto la ojiverde estaba chasqueando su lengua, rodeando el capullo con ella y chupando el errecto pezón. Disfrutando de los temblores que recorrían a la rubia. Kara gimió, mordiendo su labio interior mientras la pelinegra intercambiaba un capullo por el otro. Atacando el segundo con menos misericordia y mas intensidad.

-Lena...deberíamos ir al cuarto...

-No, primero hay que probarte el traje.- susurró Luthor.

La pelinegra mordisqueó uno de los pezones mientras apretaba suavemente el otro con una de sus manos. Habrían pasado minutos, pero eso a Lena no le importaba mucho. Pasó un rato más disfrutando de torturar a la rubia, sonriendo al levantar la mirada y ver sus ojos cargados de deseo.

-Oh Rao, no sé si puedo.- susurró Kara, la pelinegra captó la necesidad en su tono de voz, modificar suavemente un capullo; luego detuvo la dulce tortura.

Luthor se acercó al panel que controlaba todo lo que ocurría en el lugar. En el tiempo que había trabajado con Winn había aprendido varios trucos. La pelinegra rápidamente bloqueó las entradas, asegurándose de que nadie pudiese entrar.

-¿Qué hiciste?- preguntó Kara cuando la ojiverde se giró hacia ella con una sonrisa.

-Solo me aseguraba de tener algo de privacidad...- explicó Luthor arrodillándose para agarrar el traje y comenzar a vestir a la rubia.

Lena estaba orgullosa de su trabajo. El material era muy elástico. Estaba ajustado a cada parte de Kara: después de todo había sido hecho a la medida. Mientras subía la cremallera, que se encontraba en la espalda del traje, Luthor disfrutó tocando la tela.

-Te queda muy bien...- susurró la ojiverde alejándose. Sus ojos fijos en el trasero de la princesa.

Kara se giró de inmediato, deseosa de hacer contacto con los ojos de Luthor. Por un instante, la pelinegra volvió a pensar que estaba delante de una diosa. Atraída no solo por la belleza, sino por la calidez de la kriptoniana, la ojiverde dio unos pasos y apoyó sus manos en las caderas de la princesa.

-¿Y si me lanzas una flecha? Me siento súper badass cuando las flechas de kriptonita rebotan.- comentó Kara, aunque sonreía, sus ojos estaban oscurecidos y Luthor sabía que estaba excitada.

-Luego...ahora solo quiero hacer esto...- susurró Lena y luego la estaba besando.

Besos hambrientos y cargados de deseo que la kriptoniana regresaba con gusto. La pelinegra la empujó con su cuerpo hasta que Kara estuvo apoyada del vidrio blindado polarizado que las separaba de la nave que Winn habia estado diseñando. La princesa gimió al sentir el cristal, jaló a la pelinegra para que se apoyase mas de su cuerpo y comenzó a pelear con sus ropas.

Kara apenas había tirado al suelo la camisa y el sujetador de Luthor cuando la pelinegra comenzó a atacar su cuello. La rubia se removió contra el cristal, golpeándolo varias veces con su trasero. La pelinegra bajó sus besos hasta los pechos de Kara. A través de la fina tela mordió un pezón y luego el otro, logrando que la princesa gimiese.

-¿Quién está ahi?- habló una voz que ambas reconocieron.

Lena se apartó de un salto, sus garras saliendo ante aquella voz que no esperaba. Kara apenas podía captar que había ocurrido. Solo atinó a girar el rostro hacia la voz. Winn se encontraba saliendo por la puerta de cristal. Aparentemente, había estado todo ese tiempo en el otro lado del vidrio, quizás dentro de la nave gris y azul.

-Oh Rao...- exclamó el joven mirando con la boca abierta a Lena.

Por instinto, Kara extendió sus manos agarrando los pechos de Lena para cubrirlos. La pelinegra ni siquiera se había percatado del espectáculo que había dado. Winn abrió y cerró su hoca ante las miradas de las dos mujeres.

-¡Winn date la vuelta!- ordenó Kara, quien fue la primera en salir de su sorpresa.

-Si, si... lo siento...- se excusó Winn dándoles la espalda.

- Y no le vayas a decir a mi padre lo que ibamos...

-¿Qué? ¿Iban a hacer algo? Yo solo...solo las vi probando el traje de kriptonita. Y Lena tiene buenas puntas...digo flechas...

-¡Winn!- le regañó la princesa mientras agarraba la ropa de Lena para que esta se la pusiese. La pelinegra había reído ante el último comentario mientras la rubia le ayudaba a vestir.

-Lo siento, Kara, no diré nada. Sabes que soy una tumba.- le aseguró el castaño.

-Claro... nosotras nos vamos.- murmuró la kriptoniana.

-Kara, debes quitarte el traje.- habló Winn girándose.

-Lo traeré de regreso mañana.- respondió la rubia intentando no hacer contacto visual con su amigo.

-Solo...asegúrense de limpiarlo bien antes de traerlo.- pidió el castaño.

-¡Winn! - le regañó otra vez Kara mientras su rostro se ponía rojo. Lena la agarró de la mano llevándola fuera de aquel lugar. En

Continuará...