Hiiii!
Hoy estoy tan sumamente cansadita y vaga, que le mandé a Chibi Rukia betar XDDD No me hago responsable... jajajajaja
Así que os doy mi amor eterno a cambio de que me perdonéis lo cutre de la NA y el no responder reviews... Pero las agradezco y Cocoa-chan, apoyo la idea, ¡hazte una cuenta!
Divido el capi y os dejo con él.
Kss!
~Capítulo 11~
Ya habían pasado unos días desde el comienzo de la apuesta, y eso había llevado a Irene a tomar una decisión.
No quería volverse loca, pero una parte de ella quería volverlo loco a él. Quería que perdiera. Eso le demostraría (a él y también a ella) que era un crío. Y alguien era perfecto para conseguir matar dos pájaros de un tiro. Se aseguró de estar lo bastante cerca de la mesa donde Lavi comía con sus amigos al alcanzar corriendo a Tyki.
-¡Eh!
El joven se volvió con un gesto de sorpresa que pronto se transformó en una sonrisa cortés y seductora.
-Vaya, hola- saludó-. ¿Otro café?
-No, tengo algo mejor- él alzó una ceja-. ¿Una cena?
-¿En tu casa?
-Mmm... Tal vez- guiñó un ojo con descaro, espiando por el rabillo del ojo al pelirrojo-. Ya veremos.
Tyki esbozó una mueca satisfecha.
-Cierto, ya veremos. Quizás la mía sea mejor.
Ella soltó una carcajada coqueta y amistosa.
-O quizás el restaurante sea mejor. Dependerá de tus modales en la mesa.
Tyki pasó por su lado como si hubiera olvidado que se dirigía en la dirección contraria segundos antes.
-Tranquila. Si depende de eso, acabaremos incluso comprando una casa nueva- le susurró casi al oído.
Ella se rió otra vez al verlo alejarse y siguió su camino, bandeja en mano, sintiendo tanto el ojo verde de Lavi como los grises de su amigo, que le indicaron que, como siempre, el pelirrojo había acertado con él: era quien los había visto, no cabía duda. Y sabía lo del trato.
Se preguntó de parte de quién estaría. No era fácil saber qué pensaba.
Lavi soltó un gemido ahogado al que Kanda respondió con una patada por debajo de la mesa y Lenalee con un dulce interés por sus preocupaciones que le costó muchísimo esquivar.
-¿De verdad estás bien?
-Sí, no es nada. En serio. Mucho tiempo sin chicas- comentó encogiéndose de hombros-¿Podemos volver a visitarte en el trabajo?- inquirió voviéndose hacia Allen.
-Ah... No hace falta, en serio... No es necesario que os molestéis.
-No es molestia, en realidad sólo quiero volver por la camarera- admitió Lavi aparentando ilusión.
Allen bufó y le dio otro mordisco a su enorme bocadillo, algo molesto por la actitud de Lavi. No quería que le hiciese daño a Akimi, era una chica muy ingenua y enamoradiza, y no quería que su amigo se dedicase a jugar con sus sentimientos sólo por estar aburrido y llevar "mucho tiempo sin chicas".
-¿Allen?
-Podéis venir cuando os de la gana- respondió-. Pero por favor, Lavi, no le hagas daño. Es muy buena chica, pero muy ingenua... Además, si le rompes el corazón y la haces llorar, su hermano mayor te matará.
-Puedo correr el riesgo- se lamió los labios con una sonrisa-. Y me parece muy mono de tu parte que te preocupes taaanto por ella. Ten cuidado no te vayan a encelar...
-¿Eh? ¿Quién demonios iba a celarme?- soltó una leve risilla.
El ojo verde de Lavi se dirigió disimuladamente hacia Lenalee, que estaba mirando en otra dirección- muy oportunamente- mientras terminaba su zumo.
-No sé, nunca se sabe, Allen. A veces, las personas que te pretenden están mucho más CERCA de lo que crees- soltó un quejido cuando la bota de Lenalee se le clavó en una de las espinillas.
-Lavi, deja de molestarlo con eso- la chica tenía una sonrisa tan abierta como temible, que hizo que el pelirrojo tragase lentamente.
-Lo que tú digas- alzó la pierna para frotarse el lugar dolorido-. Pero no me metas patadas por debajo de... ¡AUCH! ¡Joder! ¡Que no me pegues! ¡AUCH!- recibió un capón por parte de Kanda, que estaba sentado a su lado- ¿Y tú por qué me pegas ahora?
-Haces demasiado ruido.
-Estáis todos en mi contra, lo sé.
Allen lo miró con algo de lástima y riéndose nerviosamente.
-Bueno, entonces, ¿vais a venir?
-No querríamos molestar.
-No molestáis. Mientras Lavi no monte la escenita del otro día- le miró con ojos amenazadores.
-¡Sólo te liberaba de tus acosadoras!
-Hay mejores formas de lograrlo que haciéndoles pensar que soy gay, Lavi.
Escucharon un ruido y se miraron entre ellos, luego miraron a Kanda, que tenía la mano cubriéndole la boca y el ceño fruncido.
-¡Ah! ¡Te has reído! ¡Esto es para celebrarlo! ¡Desde que nos conocemos, te habré visto reírte dos veces!
-No digas tonterías- murmuró-. Es que me he atragantado con la comida, eso es todo.
-Ya, ahora lo llaman así... Pues si no te importa, iremos esta tarde. Y no, te prometo no volver a montar el numerito de la otra vez. ¡Mejor te echo a Lenalee para que se crean que es tu novia!- subió las piernas prudentemente al banco y le sacó la lengua a la chica, que lo miraba con malos ojos.
-Está bien- respondió, algo avergonzado-. ¿Sobre qué hora os pasaréis?
-La tarde es larga y joven.
-Eso no es una respuesta- dijo Kanda.
-Bueno, pues sobre las seis, ¿te parece?
-Deberías preguntarnos a todos. Podríamos tener planes- objetó Kanda antes de que Allen pudiera responder.
-Yu, todos sabemos que tu vida social es menor que la de una anémona, así que no finjas.
Se ganó una patada en el mismo lugar que antes de la que no le libró ni el tener la pierna encima del banco. La velocidad de Kanda para levantarse y pegar era tan increíble como la de recomponer su expresión y sentarse una vez más.
Gimió ruidosamente y Allen y Lenalee se rieron a carcajadas.
-A las seis, Moyashi- sentenció Kanda con tal aire que les dio más risa.
-Os esperaré allí.
Todos asintieron, y Kanda se levantó de pronto.
-Voy a entrenar- respondió a las miradas sorprendidas.
-Te acompaño.
-No, te quedas.
-No, Yu, te acompaño.
-Tsk.
Se alejó seguido de Lavi, que cojeaba de la pierna derecha.
-Creo que se ha pasado con la patada, pobre Lavi...
-Sobrevivirá. Está acostumbrado a los malos tratos a estas alturas de su vida.
-Supongo- concedió Allen, desentendiéndose del tema y cogiendo su mochila-. ¿Nos vamos también? Puedo acompañarte hasta casa antes de ir a trabajar.
-No, no te preocupes, llegarás tarde. Vete ya. Nos vemos a las seis.
-Como quieras. Chau.
-Hasta luego.
El chico también se marchó, dejándola pensativa en la mesa. Estaba segura de que Lavi y Kanda se traían algo entre manos. Les había pillado un par de miradas y gestos extraños, y estaba intrigadísima.
-¿Tú viste lo que acaba de hacer?- preguntó Lavi en tono incrédulo ni bien cerró tras de sí la puerta del viejo gimnasio.
-Sí.
-¿Y qué te parece? ¡No entiendo cómo puede estar con ese tío!
Kanda se limitó a sacarse la camiseta y descalzarse.
-Hace un par de días me besa hasta morirse en una clase y ahora esto. Sencillamente no puedo entender que se haya olvidado de mí tan rápido... Yu, ¿me estás haciendo caso?
-No.
-Bien- Lavi asintió sabiendo que cualquier respuesta era un sí-. Ahora va a ver lo que es bueno. Yo tengo más chicas con las que estar que hombres tendrá ella en su vida.
-Tsk- se hizo con una espada de bambú de los viejos armarios y comenzó a practicar movimientos mientras Lavi no paraba de explicar en alto cómo haría para ligar por la tarde y al día siguiente y al siguiente.
Kanda se detuvo, dejándole la espada a dos centímetros de la nariz.
-De hecho, sólo ha dicho que iría a cenar con él, idiota.
-Venga ya, Yu, por favor. Se lo va a cenar a él, que no es lo mismo.
-Tsk. ¿Y?
-¿Cómo que "y"?
El japonés emitió una especie de gruñido de incredulidad.
-¿Qué insinúas?
-No significa nada, estúpido. Te está provocando y tú estás cayendo. Ahora cállate y déjame entrenar en paz.
Los ojos de Lavi se abrieron tantísimo que llegaron a asomarle las pestañas por encima del parche, y eso que era amplio.
-Joder, Yu... No piensas nunca, pero cuando lo haces te luces- se maravilló con voz lenta y pausada.
Se ganó un espadazo de bambú.
-Qué carácter- suspiró el pelirrojo apretándose donde había sido golpeado-. De todas maneras, me liaré con esa chica. No está de más hacer como que pico y de paso copiarle el truco.
-No te va a ver.
-Ah, no importa, se enterará.
Kanda no contestó. Era cierto. Cuando Lavi se liaba con una chica, todas las del colegio se enteraban, incluso si la chica en cuestión era de otro colegio, de otra ciudad o de otro país. A veces pensaba que se enterarían incluso si era de otra galaxia, tal habilidad tenía para que los chismes sobre él corriesen como la pólvora. Movió la cabeza un par de veces para sacarse esas tonterías y continuó con su entrenamiento. Lavi siguió farfullando cosas a sus espaldas a las que no prestó casi ninguna atención. De pronto se detuvo en seco, sorprendiendo también a su amigo, que se calló.
-¿Yu?
-Sh. Viene alguien.
-¿Qué? ¿Cómo puedes saber que...?
No terminó la frase cuando la puerta del gimnasio se abrió lentamente, dejando entre ver la figura de Lenalee, que penetró en el lugar con mucha calma, cerrándola tras de sí. Ambos muchachos la miraron un instante. Luego Kanda se giró y volvió a lo suyo, pasando olímpicamente de los dos, al menos aparentemente.
-Lenalee, ¿qué haces aquí?
-Nada en concreto- mintió-. Vine a estar con vosotros hasta la hora de irnos con Allen.
-Guay. Hacía tiempo que no estábamos los tres solos. Desde que vino Allen, de hecho.
-Cierto. Ha pasado casi un año ya. Parece mentira, ¿verdad?
-Sí. ¿Te acuerdas el día que lo conocimos?
Lenalee soltó una carcajada.
-Cómo olvidarlo...
Ciertamente era algo difícil de olvidar, tanto para ella como para todos los que habían presenciado aquel extraño y, en cierto modo, cómico encuentro...
Era muy de mañana. Ese día había amanecido especialmente caluroso, y Kanda, Lavi y Lenalee caminaban juntos al instituto, como todos los días del año. La muchacha avanzaba alegremente entre los dos, vestida con ropa bastante fresca, al igual que Lavi, que llevaba unos piratas y una camiseta sin mangas. Kanda llevaba una camisa muy fina de manga larga, unos vaqueros y a penas si cruzaba una palabra.
-¡Y entonces, plof!- su risa la acompañó la de la chica- Fue tremendo, os lo juro. Nunca había visto un golpe semejante contra el suelo.
-Cómo eres. ¿Fuiste a ayudarle?
-Sí, cuando conseguí dejar de reírme a carcajadas.
Lenalee lo empujó suavemente, riéndose también.
-Vaya, hoy hace calor, ¿verdad, Kanda?
-Un poco sí.
-Un poco sí. Y míralo, con la camisa esa de manga larga. ¿No te asas?
-No.
-Tenemos que seguir practicando lo de "cómo entablar una conversación agradable", ¿eh, Yu?
-No me llames Yu.
-Lo que tú digas, Yu- repitió su nombre con algo de recochineo.
Lenalee agarró a Kanda de la manga de la camisa, avisándole de que no se abalanzase sobre el pelirrojo, y el japonés respondió con un gruñido molesto.
-Tengamos paz, por favor, que últimamente estaba yendo todo muy bien. Y Kanda, hace ya casi tres años que os conocéis, ¿por qué no lo dejas que te llame Yu?
-Porque no me gusta. Tú me conoces de antes y no me llamas Yu.
-Porque sé que no te gusta.
-Pues eso.
-¡Pero es que a mí sí que me gusta tu nombre, Yu!
-Serás…
-¡Chicos! ¡Ya, por favor!
Ambos se miraron un instante; Lavi sonriendo, Kanda con el ceño fruncido. Luego cada uno giró la cara en otra dirección. Lenalee suspiró sonoramente y alzó la vista al cielo. Paciencia era lo que necesitaba. En ese momento, entrando por la puerta del instituto, vio a alguien que le llamó muchísimo la atención. Era un chico de su edad, más o menos; tenía el pelo de un blanco que relucía tremendamente bajo el sol, la piel clara, e iba vestido con ropa aireada también, sujetando una sudadera gris bajo el brazo. Parecía bastante despistado; se rascaba la cabeza mirando un papel blanco y parecía desesperado por encontrar algo.
Sonrió suavemente y se acercó a él trotando, dejando atrás a Kanda y a Lavi, que la miraron extrañados. Al llegar junto a él le tomó del hombro, llamándole la atención.
-Disculpa, ¿puedo ayudarte en algo?
El chico se dio la vuelta, y la verdad es que se sorprendió un poco al verle el rostro. Tenía unos ojos grandes y grises, muy brillantes, el izquierdo atravesado por una extraña marca rosada; los rasgos del rostro muy dulces; una sonrisa despistada y un aire amable y agradable.
-Pues… un poco sí… Es que me he perdido y no sé muy bien dónde estoy.
-¿A dónde quieres llegar?
-Aquí.
Le tendió el papel. Lenalee lo cogió suavemente y lo examinó.
-Eh… Estás aquí…- le señaló el sitio con una sonrisa nerviosa- Ya has llegado a donde querías ir…
-¿Eh? ¿En serio?
-Sí…
-¡Vaya! Menos mal, y yo que pensé que me había perdido. Qué alivio saberlo.
-¿Eres nuevo?
-¡Sí! Me llamo Allen Walker.
-Encantada. Yo soy Lenalee Lee.
-¡Lenalee!- Lavi apareció, colocándose a tu derecha- ¿Chico nuevo?
-Sí. Se llama Allen. Este es Lavi- le indicó.
-¡Hola, chico! ¡Bienvenido!- le tendió la mano.
-Hola.
Kanda apareció, colocándose a la izquierda de Lenalee y mirándole con no muy buenos ojos.
-Ah… ¿Y ella?
-¿Cómo dices?
Al escuchar el timbre de la voz de Kanda, a Allen se le pusieron todos y cada uno de los pelos de su cuerpo de punta. Mucho más al contemplar la mirada asesina que le estaba dedicando, que no hacía más que aumentar gracias a la risa frenética de Lavi, que Lenalee intentaba frenar en vano, aguantándose también su propia risa.
-¡L-lo siento! ¡Ha sido un error! ¡Perdón!- intentó excusarse con un hilillo de voz.
-¡Tú…! ¡Que no eres más que un brote de habas!
-¡M-me llamo Allen!
-¡Cierra la boca, estúpido moyashi!
-Tsk- Kanda los miró un segundo con un tic en la ceja-. Maldito Moyashi.
-Venga, Yu, admítelo, esa camisa era lo más femenino del instituto.
El japonés le lanzó rayos por los ojos de tal manera que Lenalee se rió en un intento de cargarse la tensión ambiental.
-Y al final resultó que iba en mi clase y acabamos todos tan amigos.
-Más o menos- bromeó Lavi señalando a Kanda.
-Tan amigos- insistió la chica-. Y bueno, ¿qué contáis?
-¿Cómo que qué contamos?
-Sí, eso.
-Nada- Lavi parpadeó llenito de inocencia-. Si estamos todos los días contigo y yo ya te cuento todo. Como no tenga algo oculto nuestro afable Yu...
-No lo tengo- afirmó en un gruñido descontento. Le daba igual no decir las cosas, pero odiaba la sensación de estarlas ocultando expresamente. Sobre todo a Lenalee.
-Ah. ¿En clase todo bien?- interrogó con insistencia.
-Como siempre.
-Sí, yo sigo teniendo suerte y Yu sigue siendo el más aplicado y responsable, no sé de dónde saca toda esa paciencia en clase. Yo creo que la agota toda allí y luego así lo tenemos que aguantar.
-No seas idiota. Lo que pasa dentro y fuera de clase es diferente- le dirigió una sonrisa algo retorcida-. La clase es un trabajo, no se mezcla con la vida personal. Se cumple y ya está.
-¿Ves? Lo que yo te decía, un ejemplo para todos nosotros- suspiró y se encogió de hombros-. Aunque tú eres igual, y Allen se lo curra mucho. Pobre de mí, estoy solo en el lado de los cuerdos.
Lenalee se rió ante su aire trágico.
-Pobre Allen. El otro día...- dudó, pensándose si podía contarlo o no, pero el chico no había hablado como si fuera un secreto- Me contó de dónde venía. La verdad es que ha tenido una vida muy dura.
-¿Sí? Cualquiera lo diría, parece que lo de ahora es su mayor castigo.
-Es que según él...
Les refirió todo lo que había hablado con su amigo, sin omitir palabra.
-Vaya- dijo Lavi cuando hubo terminado, incapaz de encontrar algo más inteligente.
-Tsk- Kanda aprovechó para sacarse la coleta y volver a hacerla, bajando la cara un momento.
-No lo ha tenido fácil, desde luego. Ahora entiendo que coma de esa manera. Pobre.
-Ya- Lenalee se dio cuenta de que tenía los ojos humedecidos, y se los limpió rápidamente con la manga.
-Mira que eres llorica- criticó Lavi, rodeándola con un brazo para confortarla.
-Lo siento.
-Da igual.
Kanda se limitaba a mirarlos sin decir nada. Él no sabía hacer esas cosas que a Lavi le salían tan naturales, así que no se metía. Tampoco se sentía incómodo allí, no era como si sobrara. Ahora ya no.
-Gracias- Lenalee sacó una mano del abrazo de Lavi y la dirigió hacia la de Kanda, agarrándola antes de que este pudiera apartarse-. Soy una estúpida, siempre tenéis que cuidarme- se rió débilmente.
-Tsk. No eres estúpida- aclaró, mirando a un lado. No le gustaba que lo tocaran, pero con Lenalee podía hacer una excepción de vez en cuando.
Ella sonrió y se levantó de pronto.
-¿Damos un paseo antes de ir a ver a Allen? Como... En los viejos tiempos.
-Me pregunto qué pensaría Allen si estuviera aquí, da toda la impresión de que quieres que se vaya otra vez- bromeó el pelirrojo acercándose a la puerta.
-No seas idiota.
-Eso es como pedirle a un árbol que dé manzanas violetas.
-¡Eh! ¿Cómo supiste que el viejo me dijo una vez que había manzanas violetas?
-Tsk.
-¿Manzanas violetas?- preguntó Lenalee, sin comprender del todo.
-Cosas del panda- alzó los hombros y abrió la puerta, dejando pasar a Lenalee y a Kanda-. Como ha visto y leído mucho, se cree que me puede decir cosas de esas y que me las crea. ¡JA!
-¿Y por qué no iban a existir?
-Vamos, Lenalee, no seas crédula. Eso es algo imposible.
-Ya. Tan imposible como pensar que un chico que saca sobresalientes tenga el cerebro de un mosquito.
¡PLAF! A la china incluso le pareció percibir el aire frío de la bofetada verbal que acababa de soltarle el japonés a su amigo común.
-¡Eh! ¿Y eso a qué vino ahora?
-A nada. Me apetecía.
-A veces eres incomprensible, Yu.
Lenalee suspiró, observando cómo se enzarzaban en otra discusión que bien podía merecerse el título de "diálogo para besugos", pero sonrió al pensar que no habían cambiado casi nada, y eso le encantaba. Sin embargo seguía teniendo la extraña impresión de que le estaban ocultando algo, y estaba claro que Lavi no iba a decírselo. Fijó la vista en Kanda, sabiendo que, a tiempo y con los modos adecuados, conseguiría que le contase algo de lo que sucedía.
Pasaron por un pequeño parque, donde unos niños de unos diez años, que echaban un partido de fútbol, chutaron demasiado fuerte, y la pelota acabó rodando cerca de los pies del pelirrojo.
-¡Eh, Lavi! ¿Nos la pasas?
Era un grupito de pequeños con los que el chico solía acercarse a jugar de vez en cuando, y le tenían la confianza suficiente como para un trato tan informal.
-Veamos, tendría que pensármelo- la cogió con las manos y la elevó.
Los críos se acercaron corriendo a recuperarla, y daban pequeños saltos frustrados para intentar alcanzar a Lavi, que reía, alzando la pelota cada vez más y más alto.
-¡A la de tres! ¡Una! ¡Dos! ¡Tres!
Toda la panda se echó sobre él, tirándolo al suelo y recuperando el balón entre risas.
-¡Sois una panda de tramposos!- cogió al más pequeño de todos y lo retuvo contra él, revolviéndole el pelo- Mirad cómo me habéis dejado la ropa, grupo de cafres.
-¡Te pasa por no devolvernos la bola!
Se echaron a reír todos juntos.
-Bueno. Ya tenéis la pelotita.
-¡Eh! ¿Por qué no te quedas a jugar un rato?
-No puedo, chicos, he quedado dentro de un rato.
-¿Con una chica?
-No, pero casi.
-Puedes quedarte un rato- dijo Lenalee-. Sólo son las cinco menos cuarto, y desde donde estamos llegamos en quince minutos, como mucho.
-Uhm...- miró de reojo a los niños, que le observaban con los ojos brillantes- Ah, qué demonios. ¡Está bien! Jugaré con vosotros. ¿Qué dices, Yu?
-Paso- se sentó en un banco del parque, con los brazos y las piernas cruzados.
-Como quieras. ¡Vamos, peña!
Lenalee se sentó junto a su amigo, observando cómo los niños se colgaban de los brazos de Lavi al caminar.
-No sabía que se le diesen tan bien los niños pequeños.
-Tiene la misma edad mental, es normal.
-¡Kanda!
-Tsk.
-¿Seguro que no pasa nada? Lo noto más nervioso que de costumbre, y a ti de peor humor.
Se hizo un breve silencio. Kanda maldijo a Lavi por ser tan idiota y a Lenalee por conocerlo tan bien. Sabía perfectamente que presionando en los puntos necesarios podría hacerlo hablar lo suficiente como para olerse lo que sucedía. Sin embargo, decidió que no le contaría más de lo necesario.
-No pasa nada- insistió a pesar de su decisión. Su orgullo se resistía ante la idea de rendirse sin más aunque fuera una causa perdida.
-Si tú lo dices... Pero sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? Que me puedes contar cualquier cosa- le dirigió una dulce sonrisa con una mirada algo dolida que le sentó como un tiro en mitad del pecho.
Puta cría de ojos brillantes.
-Tsk. Ya lo sé- admitió a regañadientes.
-Bien.
Lenalee dejó que se hiciera entre ellos un cómodo silencio, dándole tiempo para relajarse un poco. Sabía que apurar las cosas con Kanda sólo servía para poner a prueba su poca paciencia e irritarlo más fácilmente, y de todas maneras se estaba bien allí, callada, escuchando sólo los gritos de Lavi y los niños jugueteando alegremente.
-Es tonto- masculló el japonés de repente.
-¿Eh?
-Ese usagi- aclaró mirándose las rodillas.
-Ah- la chica no agregó nada, segura de que diría todo lo que quisiera decirle si no lo interrumpía.
-Ha tenido un lío que se le está yendo de las manos- se calló y Lenalee vio cómo se destensaba un poco, por lo que supo que ese conciso comentario era todo lo que iba a sacarle.
-Ya veo. No te preocupes, aunque sea...- meneó la cabeza buscando la palabra, pero no la encontró- así, es Lavi. Siempre se las arregla para salir indemne.
-Tsk, como si me importara. Que haga lo que quiera.
Ella se rió ante el ceño fruncido de su amigo, y vio cómo Lavi se tiraba en plancha para parar un balonazo de uno de los críos.
-De momento creo que sólo se va a hacer un raspón o dos en las rodillas- dijo con sorna mientras el pelirrojo se levantaba y se limpiaba los pantalones, acercándose con una ligera cojera.
-¡Otro golpe en esta pierna! Siempre van a esta, de verdad, la voy a acabar perdiendo.
-¡Eres un desastre! ¿Te has hecho mucho daño?
-Nah, no es nada- levantó el pantalón para examinar la herida-. Un raspón sin importancia en un mal sitio- efectivamente, tenía raspado en medio de un moratón. Examinó la cara de uno y otro-. ¿Me he perdido algo?
-No. Hemos estado hablando- Lenalee le sonrió-. Algo así, en realidad.
Lavi soltó una carcajada y miró la hora.
-Con las bromas se nos ha hecho tarde y todo. Venga, ¡en marcha!
Empezó a caminar indolentemente delante de ellos, que se levantaron para seguirlo. Los niños le gritaron adiós agitando las manos y pidiéndole que volvieran a jugar otro día.
-Son una monada.
-Ya. Me lo paso bien jugando con ellos- clavó los ojos en Kanda como esperando un comentario desagradable, pero el japonés iba mirando hacia el frente como si nada y no abrió la boca.
-Ya se ve, ya, debes estar lleno de heridas de guerra.
-Sí, pero me viene bien, no creas. Lo de jugar con los niños. A las chicas les encanta.
-¡Lavi!
-Oye, que no lo hago por eso, pero si ellos me quieren echar un cable de vez en cuando...
-Muy bonito, vaya ejemplo les das- Lenalee le dio una colleja amistosa.
-¡Les enseño cómo disfrutar en el futuro!
-Ya, claro. En lugar de alentarlos a estudiar...- suspiró- No tienes remedio.
-No todo es estudiar en esta vida. Hay un montón de sitios en el mundo donde no estudian y se lo pasan bomba.
-Ya, y comen pan y agua.
-Ya ves... Pero les compensa. ¿Has estado en la India? Tienen algunos pueblitos realmente alucinantes donde comen cosas rarísimas que sacan de por ahí y no estudian y te lo pasas genial.
-No he estado, pero eso no viene al caso.
-Sí viene, porque te estoy explicando por qué estudiar tampoco es el centro de la vida.
-Ya, pero es que ligar tampoco.
-No, pero es divertido- se rió-. Y divertirse es muy importante.
-Sí, pero no a costa de nadie.
-Yo no me divierto a costa de nadie- replicó repentinamente serio.
-Venga, sólo estaba bromeando.
Lenalee sonrió para disculparse y él devolvió el gesto.
-Llegamos- anunció Kanda, interrumpiéndoles y entrando en el local.
Le siguieron rápidamente, y se sorprendieron un poco al ver lo llenísimo que estaba, casi todo chicas.
-No me jodas... ¿Desde cuándo en esta ciudad hay superpoblación de mujeres?
-¿Qué pasa hoy?
-Ni idea, será el día de la mujer en la cafetería. ¡Ey!
Akimi se acercaba a paso ligero, acomodándose el delantal y sonriendo amablemente.
-Buenas tardes.
-Buenas, preciosa. ¿Qué pasa hoy?
-Ohm, es cosa de mi hermano y de Allen.
-¿Me estás diciendo que esto está a rebosar por tu hermano y por Allen? Madre mía... Espera, reconozco esos uniformes... Son alumnas de la academia esa que hay por aquí cerca sólo para señoritas, ¿verdad?
-Sí. Y parece que no han visto un hombre en su vida... En fin, ¿dónde os queréis sentar?
-¿Dónde hay sitio?
-Seguidme.
Los condujo hasta una pequeña mesita para cuatro en una esquina algo apartada.
-¿Os parece bien aquí? Si no queréis os cambio, pero creo que aquí estaréis cómodos... Lo digo más que nada por vosotros dos- señaló a Kanda y Lavi-. Sólo necesitábamos más hormonas en el ambiente.
-Bien pensado- Lavi le guiñó un ojo.
-¿Queréis que os sirva yo u os mando a Allen?
-Como tú veas, Akimi.
-Entonces vuelvo en seguida.
Se dio la vuelta y salió corriendo hacia la barra, donde su hermano, Kentarou, la llamaba con el brazo. Era un chico alto, moreno y despeinado, de rostro maduro y afable, sonrisa amable y unos bonitos ojos verdes. Allen entraba y salía del almacén, bastante apurado y visiblemente nervioso.
-Vaya. Así que hermano cañón... ¿Qué? ¿Echándole el ojo tú también, Lenalee?- preguntó guasonamente, al ver que la chica se le había quedado mirando algo absorta.
-No digas tonterías... aunque sí que es cierto que es muy guapo...
-¿Ves? Ten cuidado no se vaya a poner celoso Allen.
-¡Deja de decir tonterías! ¿Por qué iba a ponerse celoso?
-¿Por qué iba a ponerse celoso quién?- la voz de Allen, algo cansada, sonó a su lado- Hola.
-Hola, Allen. – Lenalee se giró hacia él algo nerviosa, pero el chico ni lo notó.
-¿Qué pasa, Allen? ¿Atareado?
-Uf, no me hables. Esto es horrible. Nunca imaginé que hubiese tantas chicas con exceso de hormonas en la sangre... Es tremendo...
-¿Os molestan muy a menudo?
-Bueno, es que normalmente vienen en grupitos, pero hoy parece que se han puesto de acuerdo todas las chicas de 15 a 17 años para venir. Además, es un poco molesto que se nos rifen constantemente.
-Te pasa por ser TAN mono, Allen- dijo Lavi con voz de pito, pestañeando como una chica y juntando las manos junto a la cara-. Es que eres tan lindo, SIGH- exageró el suspiro.
-Lavi... Si no quieres OTRA patada en la espinilla- enfatizó en el otra-, déjate de chorradas, ¿vale?- la sonrisa dulce en el rostro de Allen no era pareja en absoluto con su aire asesino.
-Vale, vale, qué poco sentido del humor. A ver... Yo quiero un batido de chocolate con nata y sirope de fresa.
-Yo quiero un té, me da igual cuál, Allen.
-¿Con agua o con leche?- preguntó mientras anotaba.
-Con leche, por favor.
-Vale. Y Kanda…
-Café solo- dijeron los tres a la vez, antes de que el mentado respondiese.
-Iros a la mierda- comentó el japonés, algo sonrojado.
-Lo siento, Yu, es que eres tan predecible.
-Está bien- guardó el boli en el bolsillo-. Ahora mismo os lo traen.
-¡Tómate tu tiempo, Allen!
-¡No grites, Lenalee!- susurró.
-Oh, vamos, si estás deseando que te descubran, Lavi
-Ya, pero tampoco quiero que se note mucho- dijo, sonriendo.
Las chicas seguían a Allen y Kentarou con la mirada, soltando suspiros claramente perceptibles y alguna que otra risilla coqueta. Lenalee frunció el ceño al ver cómo una muchachita rubia le cogía de la mano a Allen, pidiéndole que saliese con ella varias veces, a pesar de que el chico siempre se apresuraba en soltarse y excusarse.
-¿Qué pasa, es que tienes novia?
-No es eso...
-¿Entonces? ¿Por qué no?- insistió una vez más.
-Es que... No puedo, lo siento... Discúlpame- hizo una reverencia y se fue.
Se escuchó un tremendo KYAH, seguido de risitas histéricas y algún que otro "¡Qué mono!" o "¡Dios, es que es tan adorable!"
-Lo que yo decía- dijo Lavi, mirando a Lenalee, que parecía muy disgustada-. Si te echo sobre ellas, te las comes a todas- rió.
-Cállate. Es molesto que hagan eso...
-Ayy, nuestra pequeña Lenalee-chan esta celositaaaa...
-¿Te gusta Allen?- Akimi apareció con la bandeja, sirviéndole a cada uno su pedido.
-Ah... Eh...- Lenalee la miró confundida.
-Sí, le gusta- respondió Lavi sin darle oportunidad de reaccionar-. Pero no esperes a que te lo diga, podrías morir antes y sería una auténtica desgracia- le rozó la mano como por casualidad mientras la chica le servía el batido y Kanda bufó, pillando el gesto.
-Vaya, eso es estupendo- replicó Akimi como si no se hubiera dado cuenta-. Deberías decírselo, Lenalee-chan. Estoy segura de que también le gustas, tendrías que ver cómo habla de ti- le dirigió una cariñosa sonrisa-. Y con razón, no ha dicho nada que no haya podido ver yo misma.
Lenalee pareció debatirse entre negar todo lo que estaban diciendo o comentar algo que siguiera el tema, y le pudo la curiosidad.
-¿Tú crees?
-Claro que lo cree, eres un encanto.
-No hablaba de eso...
-Sí, lo creo- afirmó la chica.
-Tsk. Todo el mundo- intervino Kanda echándole medio sobre de azúcar al café y revolviéndolo rítmicamente.
-Vaya, ¿tú también te habías fijado? Y yo que pensaba que pasabas de nosotros, Yu. Si va a resultar que tienes tu corazoncito y todo...
Akimi le rió la gracia y les hizo un gesto con la mano, alejándose.
-Es muy simpática- comentó Lenalee.
-Y está buenísima- apreció el pelirrojo con un silbido que hizo que unas diez chicas lo miraran primero a él y luego a Akimi, aunque de maneras más de diferentes, para pasar luego a examinar a Kanda y Lenalee.
-Lavi... Os han visto.
-Oh, no, ¡es terrible!- se apartó el flequillo del pelo y sonrió a unas cuantas mesas repletas de jovencitas- Si se acercan, sé civilizado, Yu.
-Tsk. Todas tuyas.
-Venga ya, no seas aburrido. Ahí hay una que está realmente bien y se está planteando si hablar contigo o directamente quitarte la ropa.
-¡Lavi!- intervino Lenalee sintiéndose algo fuera de lugar en esa conversación de hombres- No deberías ligarte a ninguna, realmente le gustas a Akimi.
-Claro que no, ella sólo quiere pasárselo bien conmigo un rato- sonrió- .Eres muy inocente, Lenalee.
-No lo soy- se cruzó de brazos, ofendida.
Lavi suspiró.
-Como digas- concedió al ver que la chica de la que hablaba antes y una de sus compañeras se acercaban, al parecer para llevar a cabo el primer plan-. Ha decidido que lo de la ropa sería un poco brusco- susurró Lavi echando la lengua.
-Mierda- masculló el japonés acabándose el café y a punto de hacer un intento de fuga.
Lavi lo retuvo sujetándolo por el pantalón cuando se levantó.
-Ah, no, de eso nada, jovencito. Tú te quedas aquí, y Lenalee se va a buscar a su pequeño Moyashi. Pórtate bien- dijo todo con una sonrisa como si comentara el partido de ayer, y Lenalee, que no quería ni estar ahí con dos tías destilando auras asesinas ni con Kanda con ánimos de descuartizar a su mejor amigo, se largó rápidamente-. Ahora estate tranquilo y... no hables mucho o dejarás de parecerle adorable.
El japonés pareció a punto de replicarle o matarlo, pero las chicas llegaron antes. Una era alta y muy guapa, con una melena rizada de un bonito color chocolate, y la otra más pequeña y con unas sinuosas curvas, ojos oscuros y pelo negro, y unas facciones normales, aunque simpáticas.
-Hola, chicos, me llamo Mei y esta es mi amiga Nadia, ¿nos conocemos de algo? Me sonaba tu cara- empezó la alta con una voz bastante aguda mirando a Kanda a los ojos.
Lavi se rió.
-Uy, no creo que hayas visto a mi amigo en ninguna parte. Aquí donde lo ves, es un auténtico aburrido antisocial- le dio un amistoso codazo que le hizo ganarse una mirada fulminante-. Pero ahora ya nos conocemos. Yo soy Lavi, y él se llama...- dudó- Kanda.
Las dos los recorrieron de arriba a abajo, evaluándolos. No se les pasó por alto el atuendo muy moderno y descuidado de Lavi, con una camiseta verde oscuro que llevaba un dibujo con una cinta y un lápiz y el mensaje "I am from the manual rewind generation" y unos vaqueros desgastados y algo sueltitos, unas converse negras rotas y viejísimas y el original toque del parche; sin embargo tampoco les desagradó la imagen algo más seria de Kanda con unos vaqueros negros bastante más clásicos, camisa blanca con los primeros botones más abajo de lo normal y unos tennis bajos también blancos.
-Pues debo estar confundida, entonces- sentenció alegremente Mei- ¿A ti qué te parece?
-A mí lo mismo de antes, que a él no lo habíamos visto. Lo recordaría, seguro- replicó sonriente.
-¿A él?- preguntó Lavi, parpadeando antes de esbozar un gesto pícaro.- Así que a mí ya me habías visto, ¿eh?
-Alguna vez.- admitió la más baja.
-Vaya, vaya, y tuvimos que esperar a esta afortunada confusión para conocernos- suspiró mientras cogía su batido-. ¡Es imperdonable!
Las muchachas se rieron a conjunto, y Kanda tuvo que hacer cierto esfuerzo para no girar los ojos. Se conocía perfectamente las técnicas de ligoteo de Lavi: frases con un deje desinteresado, sonrisas, guiños, despreocupación... Suspiró y se cruzó de brazos y piernas, marcando un poco las distancias entre ellas y él.
-Y decidme, ¿de dónde me conocéis? Porque me voy a tener que castigar por no recordar a dos preciosidades como vosotras.
-Bueno, ¿frecuentas mucho el Pub Inmotion?
-De vez en cuando me paso, sí señor. Así que de ahí, ¿eh? ¿Qué edad tenéis?
-Dieciséis...
-¡Pero si sois unas gatitas! Qué lindas...- paseó uno de sus dedos desinteresadamente por el borde del vaso, llenándoselo de nata y chupándoselo luego- Pero dónde estarán mis modales, ¿por qué no os sentáis con nosotros?
-Oh, no quisiéramos molestar- mintió Mei, descaradamente.
-Tsk. Un poco tarde- murmuró Kanda.
-¿Cómo dices?- preguntó Nadia.
-Nada, déjalo, no le hagas caso. Y por favor, sentaos. No molestáis en absoluto.
Se fijó en que en la mesa de la que habían venido, varias chicas se revolvían, nerviosas y cotillas, mirándolos descaradamente, y no pudo evitar sonreír.
