Nota: Este capitulo esta dedicado de todo corazón a mi querida amiga Daniela Pachao, es un pequeño regalo un poco atrasado por tu cumpleaños. Te quiero mucho.
Gracias por sus comentarios :D
*o*O*o*
Se encuentra sentada con la espalda apoyada en las baldosas del baño, se abraza las piernas intentando calmar el frenético latir de su corazón. Por primera vez desde hace ya varias semanas siente algo distando al dolor y a la tristeza. Todo eso se ha visto opacada por otros sentimientos muy distintos, aunque aun no los comprenda del todo, podría decirse que dejando a un lado el miedo y shock inicial, este inesperado suceso la hace… ¿Feliz?
A su alrededor dispersos por el piso están varios frascos con pociones de un color azul turbio y no solo eso hay varias pruebas de embarazo muggle de varios tamaños y tipos, tambien esparcidos a su alrededor y descartando aquellas pruebas que no fueron concluyentes hay mas de un 90 % de ellas que le confirman que en efecto esta embaraza.
Sentada en el piso trata de asimilar la idea, no se siente capaz de levantarse, sin tener miedo que le temblaran tanto las piernas que terminara de bruces contra el suelo. No sabe que hacer o que opinar al respecto, solo sabe que tiene que contarle a alguien porque si no explotara de un momento a otro, el problema es ¿A quién decirle?
*o*O*o*
Era bastante tarde, pero por la manera en que tocaban la puerta debía ser algo sumamente urgente. Bajaba con rapidez los escalones anudándose la bata y por mera costumbre llevaba a bien resguardo la varita escondida por su necesitaba ocuparla de improviso. Sabía que ya no estaban en guerra, pero no podía quitarse ciertas costumbres.
Cuando abrió, se encontró con una hermosa mujer que no veía desde hacía ya bastante tiempo.
-¿Hermione?
-Hace tanto que no nos vemos, que ya no me conoces. -Bromeo.
-Sabes que eres imposible de olvidar, pero me sorprende que me visites, mucho mas a estas horas.
-Lo siento. –Se disculpo. –Si quieres mejor regreso otro día.
-No digas tonterías. –Le dijo tomando su mano para hacerla entrar a la casa. –Sabes que siempre eres bienvenida.
-Gracias.
Sonrio con timidez, un poco avergonzada. Fue demasiado impulsiva, no había pensado que no era una hora adecuada para irrumpir sin ser invitada.
-¿Estás bien? –Le pregunto preocupado.
-Tengo un problema. –Reconoció, pero creo que antes tendría que contarte una larga, muy larga historia.
-Pues entonces ponte cómoda en lo que prepara un poco de café.
-Preferiría un poco de té.
-Entonces té para ti y café para mí. –Sonrió, alejándose hacia la cocina.
No tardo en regresar con una bandeja llena de galletas y dos tazas de humeante líquido. Hermione estrujaba sus manos con nerviosismo todavía sin saber si era buena idea contarle precisamente a el, lo que estaba pasando. Pero después de todo ya se encontraba ahí y tenía la imperiosa necesidad de desahogarse con alguien.
Después de beber un poco de té, dejo la taza de nuevo sobre la mesa. No paso desapercibido para su acompañante que estaba temblando, pero no quiso interrogarla, espero paciente a que ella encontrara su voz para contarle lo que tuviera que decirle.
-Se que han pasado muchas cosas entre nosotros que poco a poco nos han distanciado. Han sido muchas cosas, aunque supongo que todo fue a partir de mi compromiso con Draco.
-Fue demasiado inesperado. –Le dijo con una punzada de arrepentimiento.
-Lo sé. Yo tampoco esperaba enamorarme del hombre que había amargado nuestra existencia todos los años de escuela pero así fue. Pero ahora lo que vengo a contarte es algo mucho más grave y aunque sé que posiblemente no lo merezco quiero pedirte por favor que me escuches hasta el final. Es solo que te necesito más que nunca.
Harry se acomodo a su lado, tomando una de sus manos entre las suyas.
-Se que no he sido el mejor hermano estos últimos años, pero te quiero y pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo.
-Espero que sigas pensado así cuando termine de contarte. –Le sonríe triste.
-No sé qué está pasando pero te prometo que buscaremos una solución juntos.
Así fue como Hermione comenzó a contarle todo desde el inicio, desde el mismo momento que había descubierto que se enamoro perdidamente de Draco; le conto sobre lo que vino después con su compromiso, de cómo comenzaba a tener ciertas dudas, pues después e todo para los padres de Malfoy ella siempre seria una sangre sucia.
La frialdad de Narcisa era más que evidente, se notaba el desprecio en su rostro y tratado evitarla o ignorarla por completo, de esa misma manera se había comportado Lucius; o al menos asi había sido al inicio.
Tuvo que evadir la mirada de Harry cuando comenzó a narrar esos pequeños cambios que fue notando en el padre de su prometido.
La manera en que la miraba cambio radicalmente, era muy distinta, ya no había desprecio en sus ojos, pero encontró muchas otras cosas que no supo definir. Podía sentir la mirada de sus ojos grises tan parecidos a los de Draco, siguiéndola a todas partes, la desconcertaba encontrarse sintiendo como los vellos de su piel se erizaban solo con una mirada.
Trataba de ignorar como su corazón comenzaba a latir con fuerza al estar en su presencia, como la intimidaba la manera profunda en que la veía, la manera en que llevaba su copa de licor a sus labios como si se tratara de una muda invitación a que fuera ella en quien posara su boca.
Le asustaba y le excitaba por partes iguales estar en su presencia. Podía sentir una extraña electricidad espesando el aire de la habitación. Se asombraba de desear prolongar los pocos momentos de compartían juntos sentados a la mesa, todo parecía tan incomodo, pero en el fondo ella casi podía imaginarse que se levantaba de la mesa para tocarlo y asi descubrir que todo era una alucinación producto de su mente.
Pero todo empeoraba con el paso de los días. Antes hubiera evitado a toda costa poner un pie en la ancestral Mansión de los Malfoy, pero ahora se encontraba buscando cualquier pretexto para ir, incluso para pasar la noche ahí.
Podía Lucius nunca le hablara claramente sobre sus intenciones, pero ella era lo bastante inteligente como para darse cuenta que los estúpidos pretextos que ponía para evitarla, escondían algo más. Y era ese algo más, lo que también la tenía a ella desesperada, tratando de descubrir sus verdaderos sentimientos hacia el hombre que alguna vez había detestado.
Era una historia muy similar a que la unía con Draco, los típicos insultos por su origen y su sangre. Los mismos discursos hipócritas que buscaban lastimarla y dañar su confianza. Pero asi como había perdonado al hijo se encontraba perdonando al padre, aun cuando este nunca hubiera requerido su perdón.
A pesar de todo, lo que marco un antes y un despues, ocurrió una tarde que habian pensado que estaban solos y Draco la invito al despacho de su padre con el pretexto de mostrarle un par de libros de su colección. Curiosa se dejo llevar y termino semidesnuda sobre el escritorio fino de Lucius Malfoy mientras su prometido la tomaba desde atrás.
Tenía que ser sincera y clara con las cosas, Draco era sensacional en el sexo, pero esa tarde mientras entraba en ella desde atrás haciéndola gritar de placer, y ella sentía la madera del escritorio contra su pecho y vientre desnudos vio a Lucius en el umbral de la puerta, mirándoles. Encontró en sus ojos tanto fuego y tanto deseo como el suyo propio que sintió que solo con eso llegaba al orgasmo.
Ese día entendió que era lo que había cambiado, no era asco, odio o repulsión, era deseo, furia y excitación lo que lo hacían comérsela con la mirada y evitarla siempre que podía.
