Capítulo 11
Los personajes de Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling.
N/A: Advertencia... lemon.
Harry se acercó por el ya conocido pasillo. Hacía ya un mes que tenían a Narcisa internada y su salud seguía igual. Esta vez iba solo. Draco no había podido salir del Instituto a tiempo y no podía hasta una hora más tarde. Por eso le había pedido a Harry que se adelantara y le hiciera compañía a su madre, no quería dejarla sola si no era necesario.
El moreno había accedido con gusto. Con el transcurso del tiempo había descubierto que Narcisa Black era mucho más agradable de lo que alguna vez le hubiera podido parecer antes. La rubia de fríos ojos era tan viva y apasionada como cualquier Black que se respetara y eso le traía gratos recuerdos de su padrino, Sirius. Además, Narcisa había sido lo suficientemente amable como para contarle de las travesuras de sus primos, Sirius y Regulus cuando de pequeños jugaban con ella y con su hermana, Bella.
Llevaba un ramo de hermosas magnolias, la flor preferida de Narcisa según le había comentado una vez Draco. También llevaba algunos dulces, los más finos que había podido conseguir en tan poco tiempo. No quería llegar con las manos vacías, menos cuando sabía que Narcisa siempre esperaba que su Draco le llevara algunos antojos.
Cuando llegó a la habitación la encontró dormida por lo que arregló las flores con habilidad en uno de los jarrones vacíos.
"¿Dray?" Susurró la mujer cuando sintió que había alguien más en la habitación.
"Lo siento… Narcisa. Dray tardará un poco más hoy. Tiene unos exámenes que terminar antes de poder salir. Pero mientras esperamos a que llegue, te traje estos. Espero que te gusten." Dijo el moreno al tiempo que le presentaba una primorosa cajita. La rubia la tomó con una sonrisa de agradecimiento y Harry se sentó a su lado. Sin saberlo, a Narcisa se le resbaló lo que tenía en la mano y el moreno, al escucharlo, le hizo el favor de recogerlo. Lo tomó curioso luego de escucharlo sonar contra el suelo como una canica.
Al ver lo que realmente tenía en la mano Harry se quedó pensativo. Le parecía haber visto ese pendiente en algún lugar.
"¿Harry?" Narcisa le observaba curiosa al notar su mirada fija en el objeto, un pendiente en forma de colmillo. Era el pendiente que había encontrado en la habitación aquella donde había amanecido sin memoria de lo que había hecho durante la noche y que había terminado con ella embarazada. Seguramente la había arrancado de la oreja de su compañero por una noche pues el alfiler de la misma tenía algo de sangre seca. Su esperanza al conservarlo había sido el poder identificar de alguna forma al hombre pero sus esfuerzos habían quedado en nada y ahora, confinada al hospital, menos podía buscar. Lo había limpiado y lo había puesto en una cadenilla que generalmente guardaba bajo su vestido pero algunas veces, por alguna razón que no entendía, el objeto le brindaba consuelo con sólo tenerlo en la mano.
"¿Dónde consiguió este pendiente, Narcisa?" Preguntó mientras lo balanceaba del delicado cordón. "Parece un diente de dragón." Musitó para sí mismo. Narcisa extendió la mano y lo tomó mientras lo miraba como si el pendiente pudiera hablar y revelarle su más profundo secreto.
"Es... un recuerdo perdido." Estuvo un rato en silencio antes de poner el pendiente a un lado sobre la cama y abrir la cajita que el joven le había traído. Tomó uno de los dulces y sonrió al probarlo. "Gracias, están deliciosos."
La rubia disfrutó en silencio el dulce mientras Harry, en un silencio confortable, la observaba. Al final, la mujer le pasó la cajita al joven para que la guardara a un lado. "¿Harry, alguna vez has ido de compras para un bebé?" Musitó Narcisa mirándole con una sonrisa incierta. Harry negó compulsivamente.
"No, la verdad… nunca podría imaginarme qué cosas comprar para un bebé. Una cuna, biberones, ropa… ¡pañales!"
"Sí, todo eso. También hay que comprar baberos, paños, cobijas, zapatitos, toallas, juguetes, cepillo de cerdas muy suaves… son muchas cosas." Harry le devolvió una mirada entre confundida y alerta.
"Supongo que habrá que hacer una lista."
"Así es. Una larga lista." La mujer sonrió un poco soñadora. "Recuerdo que cuando supe que estaba embarazada de Draco lo primero que hice fue arrastrar a Lucius a las más finas tiendas parisinas. Ni siquiera sabía que iba a ser un varón, aún cuando él dijera que su primer hijo sería varón, no le creí demasiado en ese momento pero recuerdo que todo lo que me interesaba era para niño." Harry sonrió al escucharla. "Así que llegamos a la casa con ropa de niño y un tren de felpa, para ponerlo en la cuna."
"¿Pero cómo pudo saber que sería un niño?" Preguntó con curiosidad.
"Instinto. Las madres sabemos de eso." Respondió la rubia levantando un poco la barbilla pero con una amena sonrisa en sus labios.
"¿Y ahora?" Susurró Harry, maravillándose al pensar en el posible milagro.
"Ahora…" La mujer cerró los ojos, como si imaginara y Harry casi pudo hacerse a la idea de una Narcisa, con sus cinco meses de embarazo, elegantemente vestida con un hermoso vestido, guantes y una sonrisa reflejada en su rostro, visitando una por una todas las tiendas parisinas buscando todos aquellos detalles que llenarían el cuarto de su bebé. "Creo que estoy interesada en encajes y volantes. Nubes rosadas y mariposas."
"Entonces… es una niña." Musitó maravillado.
"Eso parece." Harry se sintió extrañamente emocionado. Era la primera vez que estaba tan de cerca de una embarazada. Si bien había estado cerca de Ron en su momento, el pelirojo nunca le había dicho nada y había ocultado su estado negándoles a sus amigos la posibilidad de ayudarle o encariñarse con la criatura desde ese tiempo. En eso Narcisa se quejó levemente. Harry la miró asustado pero la mujer sonrió. "¿Quieres sentirla? Está moviéndose." Susurró Narcisa y Harry asintió de inmediato.
Narcisa le tomó la mano y la puso encima de donde su ya prominente barriga le decía que estaba su hija. El moreno abrió los ojos cuan grandes eran y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios. La puerta se abrió en esos momentos y un Draco algo falto de aire entró sin avisar. "¡Dray¡Se está moviendo!" El rubio se acercó de inmediato mientras se quitaba a prisa la elegante túnica de viaje que aún traía puesta y los guantes. Se acomodó al lado de su madre y Harry guió su mano hasta donde había sentido a la criatura moverse la última vez. Unos segundos después Draco sonreía como un desquiciado. Se inclinó y besó el vientre de su madre con ternura antes de acomodar su oído sobre ella.
"¿Dray, bebé, qué haces?" Preguntó su madre.
"Estoy esperando una respuesta." Harry dejó escapar una risita alegre mientras Narcisa arrugaba el ceño. "Secreto de hermanos." Volvió a decir y esta vez Narcisa también se echó a reír junto con Harry.
La casa de Molly Weasley rebosaba a más no poder. No había lugar en el interior que no estuviera ocupado. Una larga mesa estaba puesta en el patio trasero, cubierta convenientemente y preparada con más comida de lo que Lucius jamás había visto. Dos mujeres pelirojas que el rubio nunca había visto antes junto con Molly iban y venían en la cocina con una habilidad que no hacía más que impresionarlo.
Los temibles pelirojos... como le había apodado a la familia, hacían que sus cabellos y los de su hijo parecieran menos llamativos de lo que estaba acostumbrado. Al principio había levantado la barbilla con molestia por el detalle, pero una sonrisa de su prometido y si había leído bien los ojos azules, la promesa de compensarlo más tarde, le había hecho olvidar el supuesto agravio.
Sentados a la mesa como estaban y habiendo ya anunciado el propósito de la fiesta, todos parecían estar más preocupados por celebrar que porque un Weasley se estuviera comprometiendo con un Malfoy. Eso al parecer no era ningún problema. Había visto a Ronald y a Blaise. El pequeño Michael jugaba con sus tíos y demás familia. Su hijo y su novio también estaban presentes, invitados tanto como por el evento como por la relación que ahora tenían. Los pelirojos parecía que habían adoptado a Draco en la familia no sólo por ser novio de Harry sino por la estrecha amistad que tenía con el padre de Michael.
A su lado, Percy, aunque con un poco de timidez, conversaba con sus hermanos que sentados frente suyo, le molestaban. Eran los gemelos Weasley. Aquellas terribles criaturas que habían abandonado Hogwarts en una ya legendaria forma y habían de alguna forma fundado un negocio que actualmente era muy lucrativo.
Lo que le sorprendía de todo aquello era que su amigo y padrino de Draco hubiera aceptado su invitación. Algo acerca de compensar por la desventaja numérica que dos malfoy contra tantos Weasley representaba. Claro que Lucius le había dicho a Severus en broma que un Malfoy valía por más de un Weasley pero sabía que i su Weasley /i valía por todos.
Por esa razón, Severus estaba sentado a su lado izquierdo. Molly había ignorado todos y cada uno de sus intentos por rechazar sus amabilidades y aunque había tocado mucho su comida, no significaba que no hubiera disfrutado de ella. Severus simplemente no era de mucho comer.
"Percy." Susurró uno de los gemelos tapándose un poco la boca con la mano, evidenciando así que se secreteaba con su hermano. Percy volteó los ojos pero se inclinó un poco hacia él. Si era Fred o George, no podía diferenciar cuál de los dos, habían crecido demasiado. "¿Es cierto que tú y Malfoy...?" Hizo un movimiento sugestivo con los ojos y el otro hermano le dio una mirada pícara, sabiendo perfectamente qué era lo que preguntaba su gemelo. Percy enrojeció hasta la punta de los cabellos. El que había preguntado le dio un codazo a su hermano quien sonrió más ampliamente.
"Yo creo que sí, hermano. ¿Recuerdas alguna vez haber visto a Percy con las orejas tan rojas?" Ambos recibieron un buen golpe en la cabeza, cortesía de Charlie que en esos momentos llegaba a la mesa.
"Dejen de estar molestando a su hermano. Si mamá se entera…"
"Siempre ha sido un misterio para mí cómo es que Molly puede controlarlos a todos desde la distancia." Murmuró Severus en dirección de Lucius con una sonrisa en su voz más que en sus labios.
"Es una habilidad impresionante... te lo aseguro." Contestó Lucius con liviana afabilidad. Estaba a punto de sonreír cuando alguien puso un vaso frente a sí con algo de fuerza.
Cuando levantó la vista vio a Charlie Weasley que sonreía abiertamente. "Señor Malfoy¿me acepta un trago de bienvenida a la familia?" Exclamó el pelirojo sin pena ninguna y Lucius tomó el vaso ofrecido sin pensarlo demasiado. "Me alegra mucho que mi hermanito finalmente recapacitara, aún cuando sea bajo estas circunstancias." Charlie se fue sentando a un lado de los gemelos. "No digo que no sea interesante tener otro Malfoy en la familia porque Draco es como de la familia pero tenía que suceder de esta forma para que el testarudo de mi hermano se acordara de nosotros. Se le puede llevar agua al dragón... pero si este no quiere beber..."
Justo en esos momentos Lucius se llevó el trago a la boca y sus ojos casi se cruzaron. "¿Leche?" Exclamó haciendo un extraño puchero. Charlie y los gemelos levantaron sus vasos sonriendo con malicia y el primero exclamó un brindis que Severus no pudo entender.
"¡Por los viejos tiempos!" Lucius enrojeció y los tres hermanos, muy a pesar de los gritos de Percy, estallaron en carcajadas y risas.
Harry estaba en la cocina de la casa, o más bien, observando cómo las pelirojas tías de los Weasley preparaban con admirable rapidez la comida.
"¿Harry, qué haces aquí adentro? Te estás perdiendo la diversión. Estamos organizando un partido de quidditch¿quieres entrar?"
"Seguro, Bill." Respondió Harry. "¿Quién será el otro buscador?"
"¿Cómo sabes que serás el buscador? No eres el único buscador que tenemos." Exclamó Bill de buen ánimo ya camino del patio trasero donde se veía a los chicos probar sus escobas.
"No soy el único, pero soy el mejor." Exclamó en respuesta el moreno sabiendo que en la familia Weasley había un par de buscadores.
"Lamento diferir." Musitó Draco con una sonrisa haciendo que Harry se detuviera en seco para luego darle una sonrisa retadora.
"¿En serio? Tú mejor que nadie deberías saber que soy el mejor." Respondió Harry cuadrándose frente a Draco en una postura que quería ser amenazante y que le recordaba sus tiempos en Hogwarts.
"En la escuela, tal vez. Pero olvidas que hemos... cambiado." Draco sonrió de medio lado y Bill no pudo menos que imitarle. Ron se acercó con un bate en la mano.
"¿Oigan, van a jugar o no?" El pelirojo les dio una sonrisa y Draco y Harry tragaron en seco, especialmente por la forma en que movía el bate y porque bajo la camisa que llevaba se marcaban más que claramente sus músculos. Si Draco no estuviera con Harry… y Ron no estuviera con Blaise… a Harry las neuronas simplemente le hicieron corto circuito. "¿Qué hacen?" Preguntó al verlos echar suerte con piedra, papel y tijera. Harry le respondió.
"No pienso estar en el equipo perdedor pero tampoco quiero recibir un golpe tuyo." Musitó Harry intentando cubrir su desliz y evidentemente el de Draco. Ron se echó a reír, incapaz de imaginar que sus amigos lo que realmente estaban haciendo era echar suertes para ver a quién le tocaba hacerle contra a Ron y así poder tocarle mínimo una vez sin que existieran represalias de por medio.
"Ya, no se hagan los mojigatos, no habrá buscadores, ya saben las reglas. Esto es entre todos, nada de escaparse por ahí diciendo que andan buscando la snitch." Exclamó agarrándolos de los cuellos. "Además deberían temerle a Bill o a Charlie, especialmente a Charlie. Recuerden que trabaja con dragones. Yo prometo no golpearlos demasiado."
La tarde continuó placenteramente. Los chicos jugando y Lucius agradecido de haber sido dejado en paz por un rato de los temibles gemelos. Molly se había asegurado ya de que ambos estuvieran cómodos y Percy, levemente recostado de su pecho en el asiento, parecía dormitar. Últimamente estaba más somnoliento. Lucius no recordaba que Narcisa hubiera estado tan cansada en esos meses pero quizás el tiempo había borrado sus recuerdos de esa época.
"Aquí vienen de nuevo." Le advirtió Severus al notar que el partido de quidditch se terminaba y los gemelos Weasley regresaban a la mesa como si en ella se estuvieran repartiendo regalos. Lucius arqueó una ceja, Percy no se movió demasiado. Los gemelos llegaron jadeantes, con aquellas sonrisas que de inocentes no tenían un pelo. Sus cabellos largos hasta el cuello, algo revueltos por el viento y felizmente jadeantes. Uno de ellos se tiró sobre la silla mientras el otro se sentaba de lado en el borde de la mesa observando a Percy.
"Señor Malfoy, tal parece que nuestro hermanito ya está cansado. ¿Por qué no lo lleva a su antigua habitación? Seguro le apetece dormir un poco."
"Sí, ma no le perdonaría que lo obligara a soportar todo este ajetreo." Comentó el otro gemelo con inocencia mientras ponía sus codos sobre la mesa y hacía todo un teatro de simpatía a favor de su hermano.
"¿Percy, te gustaría descansar un poco?" Susurró Lucius en su oído y el pelirojo asintió. Con cuidado lo ayudó a levantarse y disculpándose con Severus se alejó camino a la casa. Molly muy amablemente le indicó dónde se hallaba el antiguo cuarto de Percy y hacia él se dirigió.
Desde allá se podía escuchar aún la risa de los invitados y se podía ver el mar de cabezas pelirojas que componían el clan Weasley moviéndose imparables por todo el lugar. Suspiró al hallarse a solas con su pelirojo. "¿Cómo te sientes?" Murmuró cerca de su oído con ternura mientras lo llevaba a la cama que había allí.
"Cansado y agotado. Siento que en cualquier momento me iré de boca al suelo." Lucius le desabrochó la capa que escondía su embarazo y le acarició el vientre levemente abultado con suavidad haciendo que Percy gimiera por lo bajo y cerrara los ojos.
Lo bajó a la cama y lo hizo recostarse de lado, apoyando la peliroja cabeza en su regazo sobre una de las almohadas mientras su otra mano continuaba las suaves caricias. "Eso se siente tan bien, Luce." Ronroneó Percy estirándose y permitiendo que Lucius continuara con sus caricias.
Lucius agradeció que nadie los molestara en todo aquel tiempo aún cuando la noche se acercaba con rapidez y la mayoría de los invitados ya se había retirado. Percy dormía tranquilamente en su regazo mientras él meditaba los eventos del día. El único que lo interrumpió fue Severus mismo.
"¿Severus?" Inquirió Lucius al verlo entrar con algo de prisa a la habitación y cerrar la puerta de inmediato a sus espaldas. "¿Algún problema?"
"Sí. Pero no es un problema... es un i doble /i problema. Parece que tendré que retirarme por el día de hoy, Lucius. No pienso seguir siendo el blanco de la atención de esos dos..." Severus dio un profundo suspiro y sacudió la cabeza. "Prefiero una de las reuniones del Lord." Lucius dejó escapar una corta risa.
"Nunca pensé que un par de mocosos te haría poner pies en polvorosa, Sev. Si de intimidar se trata, eres un maestro, no al revés."
"El problema con ese par es que están mal de la cabeza. No puedes intimidar a quien tiene desórdenes mentales. Cada vez que lo intento me miran como si..." Lucius arqueó una ceja intentando descifrar la expresión de Severus porque era imposible que aquello que le enrojecía las mejillas a su amigo fuera un sonrojo.
"¿Te miran cómo?"
"Como... como..." Severus gruñó y Percy se removió levemente sobre el regazo de Lucius. El rubio le hizo señas para que bajara la voz. "Lo siento, Lucius." Dejando la puerta se acercó y pudo ver el avanzado estado en el que estaba el pelirojo. "¿Cuánto tiempo tiene?" Susurró intrigado.
"Cuatro meses a lo sumo. Pero Molly piensa que podría adelantarse de la misma forma en que Ronald se adelantó."
"Aún viéndolo me es difícil creerlo."
"Percy me aseguró que todos los varones en la familia tienen esta habilidad."
"¿Todos?" Lucius asintió con media sonrisa.
"Imagina lo que pasaría si los tormentos gemelos..." Severus levantó una mano para hacerlo callar.
"No necesito ese tipo de imágenes, Lucius."
"Cuando Draco me habló de Ronald Weasley, no pude menos que sentir una enorme curiosidad. ¿Imaginas lo que hubiera pasado si hubiera tenido esa información antes de casarme con Narcisa?"
"En vez de una docena de Weasley tendríamos una docena de Malfoy con cabellos rojos. Un prospecto nada envidiable."
"Arthur no era mi tipo." Severus no pudo menos que arquear una ceja incrédulo. Si mal no recordaba, Arthur no había sido un joven nada despreciable. Pero había pertenecido a la época de Lucius y no a la suya. "Lo que quiero decir es... que me habría ahorrado algunas penurias y no sólo yo, Narcisa también. Pero eso es algo que ya no se puede cambiar y no me arrepiento de Draco."
"Es un alivio escucharlo."
"Luego me encontré a Percy... y recordé sus palabras. Admito que en un principio, más que nada era curiosidad." Acarició con ternura los cabellos del pelirojo en su regazo antes de susurrar. "Pero yo lo vi concebir. Sev, yo lo vi y desde entonces..."
"Ya. Ahórrame el drama." Musitó Severus con su usual desdén haciendo que Lucius sonriera. "Indudablemente has perdido gran parte de tu razonamiento."
"¿Y qué si lo he perdido? Estoy mejor sin él." Severus sacudió la cabeza dejándole saber que ya no tenía remedio.
"Tal vez... viejo amigo. Tal vez. Me despediré de Molly¿quieres que le pida algo para ti? Llevan mucho tiempo aquí escondidos." Lucius negó.
"No, estoy bien, creo que comí todo lo que podía comer en una vida hace un rato y no creo que Percy vaya a despertar aún. Gracias por acompañarme, Severus."
"La próxima vez... invítame a una relajante y real sesión de tortura en cualquiera de tus mazmorras. Una fiesta con los Weasley no es algo que mis nervios puedan soportar por mucho tiempo."
"Pues aún te queda otra fiesta." Musitó Lucius con media sonrisa. "Y espero que seas el padrino de nuestro pequeño."
"¿No fue suficiente tormento con Draco?"
"Sé que estás encantado, Severus."
"Claro... te veré más tarde."
"Bill... ¿acaso no tenías un pendiente?" Preguntó Harry cuando ya, a la hora de la cena estaban todos excepto Lucius y Percy a la mesa. El pelirojo que estaba sentado a su lado se encogió de hombros.
"Creo que lo perdí en una pelea. El maldito que lo hizo me lo tuvo que haber arrancado." Gruñó levemente. "Lo peor es que tenía uno de mis mejores hechizos de protección en ese pendiente." Suspiró levemente. "El muy bastardo debe estar pensando ahora que ha tenido mucha suerte."
"¿Le pusiste un hechizo de protección a tu pendiente?"
"Claro, Harry. Cuando se tiene un trabajo como el nuestro... uno que otro artículo con hechizos de protección adicionales puede ser la diferencia entre estar maldito por un mes o ser un maldito suertudo." Harry sonrió.
"¿Si lo vieras lo reconocerías?"
"Reconocería el pendiente. Además, tiene mis iniciales en la base del colmillo pero están cubiertas por el metal en el cual está engarzado. Claro que quien lo tenga no podría verlas a menos tuviera el cuidado de separar el colmillo de su moldura. Pero dudo que reconozca las iniciales. WW, parece más un dibujo de colmillos que unas iniciales."
"Sí... seguramente no darían con ellas en primer lugar."
"Perce..." Susurró Lucius a su adormilado acompañante.
"¿Ummhh?"
"Te llevaré a tu habitación. Estás agotado."
"Sí, pero fue una fiesta magnifica. Gracias, Luce."
"Las gracias se las tienes que dar a tu madre. Ella fue quien se encargó de todo." Percy sonrió mientras Lucius le ayudaba escaleras arriba.
"Quiere acompañarme a comprar las cosas de la boda." Lucius le quitó la túnica que ocultaba su embarazo tan pronto estuvieron en la habitación y acarició el vientre de Percy con suavidad haciéndole cerrar los ojos.
"Definitivamente tienes un arte para esto..." Ronroneó el pelirojo al sentir las caricias.
"Vamos, mejor acuéstate o te quedarás dormido de pie." Percy obedeció y se movió en dirección a la cama mientras Lucius continuaba desvistiéndole. Era ya una costumbre del rubio, desvestirlo y volverlo a vestir. Si bien en un principio esto le había deprimido ahora pensaba que era la mejor forma de mimarlo que a Lucius se le hubiera ocurrido. Sonrió levemente al sentir las manos masajeando también sus hombros. ¿A dónde había ido a parar el hombre aquel que lo había amenazado con quitarle a su niño? Pero no se quejaba, estaba feliz de que aquel hombre hubiera desaparecido y en su lugar le dejara a ese Lucius tan atento y cariñoso.
"Me siento tan cansado." Musitó quejándose para su propio beneficio. Lucius sonrió terminando de desnudarlo y guiándolo a una cómoda posición para luego él mismo desvestirse y meterse a la cama. Acarició el vientre de Percy mientras la espalda del pelirojo contra su propio pecho y hundió su rostro en el espacio que se formaba en el cuello de Percy.
"Tu madre estuvo hablándome." Le dijo en un susurro.
"Mhh…" Ronroneó sintiendo que tocaba el paraíso sólo con sentir los labios de Lucius en su cuello.
"Ella piensa que dado el historial de tu padre y tu hermano podría ser posible que dieras a luz antes de lo esperado."
"¿Antes?" Preguntó Percy algo sorprendido, pero Lucius tenía razón. Su hermano había dado a luz a los seis meses y él mismo había sido seismesino.
"Sí. Probablemente a los seis meses, es lo que imagina. Está preocupada por ti y no quiere que pases por lo mismo que tu hermano que se vio muy mal en ese momento."
"Iré al medimago…" Musitó con lentitud sin querer realmente pensar en lo que eso significaría pero Lucius se le adelantó y sacó el tema con firmeza.
"No, ya es tiempo de que pidas ese descanso en el trabajo. Hablaré con Fudge."
"Pero…"
"Nada de peros, Perce. Lo prometiste. Ya es tiempo y lo sabes." Insistió Lucius abrazándole fuerte contra su pecho. Percy dejó escapar un suspiro cansado, no le iba a servir de nada discutir con Lucius, menos cuando sus manos continuaban rozando la piel de su vientre de aquella forma tan deliciosa. Intentó mantener su mente alerta aunque era difícil en esos momentos.
"Está bien… ¿pero qué harás tú¿Serás mi niñera por dos meses más?"
"Un mes aquí… uno en la mansión… luego de la boda. Tu madre tiene razón y no voy a dejar la boda para más tarde y arriesgarme." Lucius hablaba tan normalmente que todo parecía ser un hecho.
"¿Arriesgarte?" Preguntó confundido.
"Sí, a que pienses que puedes estar sin mi y cuidar al niño sin su padre…" la voz de Lucius ocultaba un tono juguetón y Percy sonrió.
"Oye, ya te dije que sí."
"Pero eres muy independiente, Perce. No voy a arriesgarme. Un mes es mucho tiempo para no tenerte en mi casa, en mi cama…"
"¿Entonces iremos a vivir a tu casa finalmente? Pensé que serías tú el que se mudaría conmigo." Musitó Percy con una sonrisa más amplia.
"Si eso es lo que quieres…" Ronroneó Lucius mordiéndole levemente el lóbulo de la oreja.
"¿Vendrías a vivir conmigo en vez de vivir en la mansión?"
"Viviré donde estés y eso es lo que importa. La mansión no es nada, menos si te hace infeliz. No quiero que vuelvas a estar triste, Perce." Susurró Lucius esta vez con toda seriedad y algo de deseos en su voz. El deseo de que Percy jamás se alejara de él.
"Luce…" Le dijo Percy en un tono que bordeaba en regaño y sorpresa. "Te amo."
"También te amo, Perce. Ahora descansa. Mañana hablaremos de lo que tú quieras." Una vez más, Lucius utilizó su habilidad para hacerle perder la razón a Percy y pronto, ambos estuvieron profundamente dormidos.
"¿Amor?" Preguntó Draco preocupado cuando finalmente estuvieron de regreso en sus habitaciones en el Instituto de Aurores. En el semestre siguiente de haberse demostrado sus sentimientos por primera vez, Harry y Draco habían obtenido habitación una al lado de la otra. Si bien se habían tomado en serio sus estudios hasta el momento, siempre que tenían algo de tiempo libre lo pasaban juntos o acompañando a Narcisa en el hospital. "Estás extraño desde que salimos de casa de Molly." Comentó al tiempo que entraba a la habitación de Harry y se dejaba caer en la cama. Había notado a Harry pensativo en algún momento al finalizar la fiesta. Demasiado callado para su gusto y demasiado distraído.
"Es… algo de lo cual no estoy seguro aún. ¿Te ha dicho alguna vez Narcisa quién es el padre de su bebé?" Preguntó Harry en un tímido susurro acercándose a Draco. El rubio negó.
"No, madre nunca me ha comentado nada al respecto." Respondió Draco sin saber a dónde iba con aquella observación.
"¿No crees que es… extraño?" Susurró Harry.
"Es su privacidad." Respondió Draco de inmediato.
"Sé que es algo personal… pero Narcisa no parece el tipo de mujer que le ocultaría eso a su hijo. No tendría sentido menos cuando es algo que podría ser usado en contra de su bebé."
"¿A qué te refieres?"
"No creo que tu madre quisiera haber quedado embarazada. Ella sabía el riesgo."
"¿Te lo comentó?" Exclamó Draco sorprendido de que su madre le hubiera confesado tan particular situación, pero en el fondo no debía sorprenderse demasiado. Harry se había ganado la confianza de su madre en menos tiempo del que él mismo esperaba.
"Sí. Me lo dijo. Pero nunca, ni por casualidad, me ha mencionado nada del padre de su bebé, ni siquiera me ha insinuado un dato."
"A mí tampoco."
"¿Crees que sepa la identidad del padre?" Susurró tímidamente pero de forma insistente el moreno.
"¿Qué intentas decirme?" Preguntó Draco enojado, demasiado confundido por no saber aún a dónde se dirigía su novio con tantas preguntas.
"Oye, amor, no lo tomes así que eso no es lo que estoy diciendo. Me preocupa tu madre, eso es todo." Estuvieron unos minutos en silencio, Harry abrazado de Draco, acariciando los rubios cabellos. "Creo que… tengo una pista con respecto al padre pero… tengo que confirmarla con tu madre. ¿Me dejarías hacerlo?" La verde mirada del moreno se detuvo penetrante y firme en la de Draco. En esos momentos supo que Harry se traía algo entre manos, que probablemente estaba tras la pista correcta y que al final… tendría que estar cerca para cuando la verdad saliera a relucir, le gustara o no lo que saliera a flote.
"Sólo si ella está interesada en dejártelo saber." Harry asintió y le dio un beso en la frente. Draco suspiró. "¿Qué voy a hacer contigo, cachorro? Eres demasiado veloz para mí, no sé cómo podré alcanzarte." Susurró y Harry le sonrió.
Al final, se besaron con ternura y permanecieron abrazados por el tiempo que pudieron antes de separarse a sus respectivas habitaciones.
Gracias por leer.
